DISCLAIMER: Vocaloid no es mío, yo sólo he tenido la idea de hacer esta historia. Los personajes de Vocaloid pertenecen a Yamaha.


¡Holiii! Aquí os traigo el segundo capítulo de Vacaciones Eternas que ya os enteraréis porqué son eternas.

Nael Tenoh Sí, puedes publicarla

Alchemya Me alegro que te guste

Ahora era más difícil mantener una conversación normal entre ellas, pero suponieron que se arreglaría con el tiempo. Miku fue al baño a peinarse, descalza, hasta que fue hasta la bañera, y descorrió lentamente la cortina. El rostro de Miku cambió por completo. La bañera estaba llena, y no sólo eso, si no que había un cable dentro de ella. Miku soltó el peine del susto. Había un bulto debajo del agua. Unas lágrimas brotaron de los ojos turquesa de Miku. Una cabellera azul oscura yacía en las profundidades de la bañera. Kaito había muerto.

-¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Luka abrió la puerta corriendo desesperada.

-¿Qué ha pasado, am…? -no llegó a terminar la frase.

Miku giró la cabeza hacia Luka.

-Ka…Kaito…

-¡No puede ser! -exclamó Luka, corriendo hacia su amada y abrazándola mientras que le acariciaba el pelo.

Kaito había muerto en la bañera de Miku, electrocutado, aún había marcas de sangre en su cuello, dignas de haberse rascado la garganta por el dolor que sufría al ser electrocutado. Tenía una expresión sorprendida, como si no se esperase nada de lo ocurrido. ¿Qué hacía Kaito en la habitación de Miku? No la compartía con nadie, ¿acaso las espiaba?

Miku sollozaba, pero no porque era débil, sino por el hecho de que uno de sus amigos de la infancia había muerto en su habitación. ¿Se lo dirían a alguien? ¿Lo ocultarían? Y si ese era el caso, ¿qué harían?

Miku salió de los brazos de Luka y corrió saliendo por la puerta. Luka corría por detrás:

-¡MIKU! ¿A DÓNDE VAS?

-PUNTO DE VISTA DE LUKA-

Esa noche fue épica. Yo había perdido mi virginidad con la mujer que amaba, y ella también, eso me hacía feliz, yo era feliz. Pero tuvo que ocurrir. Kaito ha aparecido en medio de todo el momento placentero, en la ducha, electrocutado. ¿No podía haber muerto en otro sitio? Nah, no debería comportarme así, una persona ha muerto, no tendría que haberme comportado así, pero bueno, nunca había sido tan amigo mío, y además no había manchado nada al morir. Bah, soy una egoísta, ha muerto, ¡pues ha muerto! Joder, debería tener compasión pero, ahora, ¿qué ha pasado? esto va muy rápido… Podría haber meditado en cuanto a mi relación con Miku pero, esto ya lo ha fastidiado todo… Y aquí me encuentro, corriendo detrás del amor de mi vida, en busca de alguna respuesta.

-¡MIKU! ¿No querrás decírselo a alguien? Yo… ¡PARA, POR FAVOR!

Ella seguía corriendo, ignorándome, sabiendo a dónde iba, estuvimos así un minuto, hasta que comprendí a dónde quería huir. Fue a la terraza del octavo piso, subiendo todas las escaleras, abriendo la puerta de una patada y dirigiéndose hacia el balcón, que no daba ni más ni menos que a la calle.

-¡Miku! ¡PARA! ¡NO ME HAGAS ESTO, NO LO HAGAS, NO!

Entonces, cuando yo estaba subiendo ya el último piso, ella ya había abierto la puerta y estaba posando su pie descalzo en el balcón. Yo, sorprendida, con los ojos abiertos como platos, le hice que parara con la mano, haciéndole una señal, pero era demasiado tarde, yo me había tropezado y ella estaba poniendo el segundo pie en la barandilla. Poniendo los brazos en cruz.

-¡MIKU! -dije sollozando.

Ella se giró mostrándome su cara, ella también llorando, y sonrió.

¿Por qué me hizo esto…?

Una sensación de culpa recorrió todo mi ser… Si me hubiese asegurado de cerrar la puerta con llave para que no entrase nadie mientras dormíamos, yo… Había impedido esto, había impedido que Miku se hubiese culpado por la muerte del que una vez fue su enemigo y que ahora le caía bien, su amigo de la infancia, el enamorado de su primer amor Gumi… Ahora ya no tiene sentido, yo estaba tumbada en el suelo, ya en el octavo, con la rodilla sangrando, y Miku seguía sonriéndome, triste, pero mostrándome su expresión de culpabilidad. Pero yo… Yo no me podía quedar así, yo la amaba. ¿Quién soy? ¡Soy Luka! Y no me puedo dar por vencida, la amo… ¡AMO A MIKU! Me levanté con el rostro rojo de rabia, despeinada, sangrando por la rodilla, y corrí hacia el balcón. Miku se había dejado caer, y seguía sonriendo, y a pesar de que me amaba, quería dejarme. O no. Entonces lo comprendí. Ella no quería ser una carga para mí en estos momentos, no era porque me quería dejar sola con el muerto, si no que pensaba que yo la empezaba a odiar. Pero no era eso. Yo la quería, y sigo queriéndola. Entonces, corrí hacia el balcón, y Miku se había lanzado ya. Entonces, puse mis rodillas en el balcón y con toda la rapidez que pude, cogí a Miku por el brazo. Yo tenía medio cuerpo fuera, ella estaba colgando, y la tenía sujetada por la muñeca. Ni siquiera la había mirado. No quería que me viese llorar. Era embarazoso por mi parte, pero yo la quería, y quería que me viese como había arriesgado mi vida por ella, como había subido un octavo corriendo y me había quedado suspensa en el aire por un momento. Miku me miró, pero esta vez sonriendo de verdad, mientras que yo, también la miré, ella mostró una expresión de sorpresa, nunca me había visto llorar.

-¿Estoy viva? -comentó ella.

Yo simplemente le sonreí, e hice un esfuerzo sobrehumano para alejarla de aquel paisaje tan peligroso. La subí, lo que hizo que me cayera al suelo por el impulso y ella encima mío, y en vez de apartarse, me abrazó con todas sus fuerzas. Estaba llorando mucho. Me estaba demostrando que me quería, y que eso fue un ataque de histeria por su parte, no quería verse culpada ni a ella ni a mí por la muerte de su amigo. Y allí estaba yo, consolando a la chica a la que quería en este momento.

-No pasa nada… No te culparé, Miku -dije yo, porque sabía que se sentía culpable.

-Luka… No es verdad, cúlpame, no he tenido por qué comportarme así, lo siento -dejó de mirarme y se volvió a acurrucar en mí.

-No lo sientas -correspondí al abrazo-. Yo soy una insensible.

-¡No es verdad! -me dio un poco de miedo- Eres una persona increíble.

Se acercó a mi mejilla lentamente y me dio un beso.

-Miku… ¿te das cuenta de lo que ibas a hacer?

-Sí… -asintió sin mirarme.

-Mírame cuando te hablo -cogí su barbilla y la acerqué ante mí-.

No le dije nada, me había quedado sin argumentos al verla así. Sabía lo que había hecho, yo no tenía porqué reñirla. Ella no apartó la vista ni un momento. La besé. Era un acto reflejo, ¡tuve que hacerlo! era Miku, ¿quién no lo haría?

Después de un rato hablando, quedamos en hacer un pacto, no nos costaría nada coger el cuerpo de Kaito y trasladarlo a otra habitación de los que todavía dormían. Era un acto cómico, ridículo y cruel a la vez, el hecho de: ¡que cargue con el muerto otro! Miku no volvió a llorar, a pesar de ver a su amigo muerto entre sus brazos mientras lo transladábamos. Cuando lo pusimos en otra bañera, limpiamos todo de muestras, aunque eso nos hacía más culpables de la muerte que simplemente, encontrarlo muerto. Miku dejó de entristecerse, y cuando estaba desprevenida, me empezó a besar, arrastrando mi mano hacia su cintura. Yo la apoyé contra la pared del vestíbulo, mientras que la besaba y recorría mi mano por su piel, suave, tan fácil de tocar, tan calentita… Luego empecé a besarla por el cuello, mientras que recorría con mi otra mano por debajo de la blusa. Miku se dejaba, a veces gimiendo, no tan fuerte como la otra vez, estábamos felices, intentamos olvidar la muerte de Kaito con el sexo, pero no resultó, ya que empezamos a oír ruidos de otras habitaciones. Miku se separó de mí, ya estábamos a punto de desvestirnos, ella encima de mí cogiéndome las manos y poniéndomelas arriba de mi cabeza. Eso nos cortó todo, y tuvimos que recordar de nuevo que los dueños de la habitación donde habíamos dejado el muerto se irían a despertar y tendrían que verlo. La habitación donde habíamos dejado al cadáver era la de Gumi. Era la única que tenía la puerta abierta, sin cerrar, y además que Miku empezaba a odiar un poco a Gumi, ya que ya iban perdiendo su amistad.

El caso es que preferimos bajar a desayunar, pasando por las escaleras de antes, pasando por el jardín a un compartimento que era el comedor, y nos sentamos en la mesa de siempre, una que daba hacia la ventana, que a su vez daba a un bosque de pinos verdes oscuros, estaba lloviendo a cántaros y había unas goteras en el centro del sitio, que venía a ser una casa de todos los compartimientos que había en la academia, que al otro lado daba al establo y más allá, pasando por rampas estaba el campo de tiro con arco, donde solía practicar Miku.

Escogimos chocolate caliente, éramos las primeras, toda la cafetería estaba para nosotras. Nos sentamos la una en frente de la otra, y estuvimos mirándonos sin decir nada, hasta que me asaltó una duda.

-¿No lo ha visto ya?

-Eh... -su expresión cambió y se puso a remover su chocolate- Supongo que no necesitará entrar en el baño todavía.

-Entiendo -contesté yo.

-O puede que lo haya visto -pausa dramática-, pero lo haya ocultado.

-Miku... -no era justo, ella podía hacer pausas dramáticas y yo no- ¿Gumi comparte habitación con alguien?

Durante un momento pensé que le había dolido que hubiese dicho su nombre, ya que ella le había causado bastante daño, pero la expresión de sorpresa se debía a que ella sólo quería darle a cargar con el muerto a Gumi, no a otra persona.

-No sé... Puede. -sorbió el chocolate- Tiene que ser una chica por narices.

-Gumi ya es mayorcita para acostarse con alguien... Igual que nosotras, ¿no? -le sonreí.

Ella también sonrió, pero se dispuso a darme un codazo.

-Calla... Aquí hay gente muy maruja.

Me reí un rato.

-Pero no... Gumi no puede acostarse con nadie -siguió ella-, me lo podría haber dicho.

-¿Pero seguís siendo amigas? Si lo fuerais, no habrías decidido darle el muerto a ella.

-No, no lo somos -pensó-... Tanto. Es decir, ella se piensa que se lo cuento todo... E igualmente, ella si tuviese novio ya lo contaría a los cuatro vientos.

-Tienes razón. Pero, ¿no somos un tanto crueles?

-Cualquiera habría hecho lo que hicimos nosotras.

Me sorprendía que Miku razonara tan rápido, nunca la había creído tan capaz. Ya nos íbamos acabando el chocolate, cuando ya bajaba la gente de las habitaciones. Len se sentó con nosotras, se le veía muy alegre.

-¡Hola, enamoradas!

Len bromeaba normalmente con que estábamos enamoradas, sin saber que en realidad sí lo estábamos.

-Hola, Len -dijo Miku.

-Eh, ¿sabéis qué?

Obviamente no lo sabíamos.

-Bueeeeeno, que estas vacaciones la piscina... ¡Se abrirá!

Teníamos una piscina al otro lado del bosque, que nunca se abría, y que tenía el agua en perfectas condiciones y siempre estaba tibia. Todo el recinto había oído a Len gritando esa noticia, y bueno, después de eso, hubo mucho bullicio. Yo creo que exageraron demasiado, el agua no era mi debilidad. En cambio la de Miku sí.

Después de un rato hablando de tonterías con Len, Miku aprovechó para irse, ya que le entraba claustrofobia en los sitios llenos de gente.

-Me voy al tiro con arco -me dirigió una sonrisa y se fue-.

No sé cómo lo hice, pero me sonrojé con verla feliz.

-Etto... ¿Luka? -Len.

Tuve que mirarle a la cara y me vio roja.

-¡Te sonrojaste, pendeja! -nos reímos.

A veces, Len imita el sonido sudamericano para hacerme reír. Me lo paso bien con él.

-PUNTO DE VISTA DE MIKU-

Salí del recinto, aunque al salir por patas, descubrí un mechón verde bajando por las escaleras. Esto era inquietante. ¿Gumi lo había visto o no? Bueno... La verdad es que no la odio tanto. Respecto a puntería, soy genial con la izquierda. Tiro con arco, billar, escopetas de bolas (no eran mías, no soy tan agresiva)...

El caso es que ya llevaba una ropa para el tiro con arco. Bueno, me encantaba llevarla, era como un disfraz, se podía practicar sin tanto ornamento. Llegué a la diana, y cogí la vaina donde dejaba las flechas en mi espalda, mi arco y me puse a recargar el arma con la flecha. Entonces oí pasos y una respiración que no era la mía. Simplemente fingí que iba a disparar a la diana y me giré dando la vuelta impulsándome con la pierna apuntando al oponente. Parecía muy peligrosa en ese momento, pero no iba a disparar, si no me expulsarían de la academia enseguida. El oponente, cubierto por la sombra del árbol, levantó los brazos. El sol me venía de cara y era imposible de saber quién era.

-Sal o disparo -advertí.

Si no disparaba fuerte las flechas no iban a matar a nadie. El individuo no se movía, así que tensé la cuerda todavía más y pregunté.

-¿Quién eres?

Entonces, esa persona, aún con los brazos en alto, se dispuso a caminar hacia delante, no iba armado, y tampoco era agresivo. Pero sólo alguien que conociese podía encontrarme. Supuse que no era Luka, ya que me habría avisado, igual que Len.

Entonces salió. La chica de la que estuve enamorada dos años.

-Mi...Miku. -dijo sorprendida.

-Hola, Gumi -contesté, sin disculparme por haberla amenazado.

-¿Me odias? -dijo con la voz un poco ronca y temblorosa.

-No. ¿Por qué lo dices? -eso me sonó a que pensó que yo le había dado el muerto.

-Ya no te juntas conmigo... -suspiré por mis adentros.

-¿Me espiabas, Gumi? -comenté yo, sin contestar a la pregunta retórica de antes.

-¡No! -pensó- Bah... sólo quería hablar contigo.

-Bien... Hablemos. -entonces me giré para apuntar a la diana.

Entonces supongo que ella comprendería que yo quería practicar y mientras yo contestaría a sus preguntas.

-Bueno... ¿Qué hay de Luka?

Me giré hacia ella. Creo que quería hacer otra pregunta seguida, pero no le dio tiempo.

-Nada. ¿Por qué lo quieres saber?

Ella retrocedió haciendo gestos con las manos.

-¡No! Me has interpretado mal. Quiero decir que... -estaba nerviosa y le faltaban argumentos.

Me sentía mal por contestarle tan cortada y groseramente.

-Lo siento, la contestación no iba a malas

Noté que se aliviaba al ver que sonreía, y volví a apuntar a la diana.

-Bueno...

Disparé y me giré a ver qué soltaba ahora.

-La verdad es que estoy un poco deprimida.

-¿Y eso? -contesté sin mirarla, cogiendo otra flecha de mi vaina. La verdad es que no me importaba.

-Etto... -creo que me quería explicar lo del muerto. El hecho de que había venido es que necesitaba consejos- No encuentro a Kaito por ningún lado.

Me giré sobresaltada. ¿No había entrado en su baño desde hace cuánto? Puede que estuviese utilizando el de Rin, ya que últimamente la espiaba para ver qué tramaba, y siempre iba a la habitación de Rin.

-Sé que no te gustan estos temas -me comentó-, pero necesito hablarlo. Desde anoche que no le veo, y he ido a su cuarto y no le he visto.

Entonces me asaltó otra duda. ¿Por qué Kaito fue a nuestra habitación? No, ya había pensado esa pregunta antes, pero ahora quería razonar con Gumi sobre esto.

Dejé la vaina en el suelo y conduje a Gumi hasta los bancos que había a unos metros, ya a la sombra.

-Pues... La verdad es que no lo sé.

-Entiendo -miró al suelo-. Era esto lo que te quería contar.

Efectivamente, no había visto a Kaito, no había entrado en su baño.

-Bueno Gumi hace tiempo que no hablamos -comenté.

La verdad es que quería estar segura de que me lo contaba todo. Entonces, como sé sonsacar, me dispuse a hacerme la amable todo lo que pude.

-Oh -sonrió también, ya que me vio interesada en esas cosas-. Entonces, ¿quieres hablar conmigo?

-Sí, y me gustaría que me lo contases todo.

Creo que se pensó que yo pensaba que me ocultaba algo, pero seguí sonriendo para disimular.

Estuvimos hablando durante horas, sobre cosas de poca importancia, como las clases, los exámenes que habría el año que viene (estábamos en vacaciones de verano) y cosas así. Llegamos a hablar de cotilleos de otras chicas que se habían acostado con gente. Nunca habría pensado que en tanto tiempo podríamos sacar tantos temas.

-Oye Miku, ¿eres virgen?

Me quedé sorprendida. No quería rebelarle el hecho de que no lo era, porque si se lo decía, me preguntaría con quién y por qué, cuándo fue y dónde. Me quedé con los ojos abiertos como platos, ella parecía divertida y feliz ante la pregunta, pero yo estaba realmente asustada.

-No. -miré al suelo- No lo soy.

-Oooooh -comentó con ganas de más-. ¿Con quién? Eh, ¿con quién?

Parecía ser que se había olvidado del hecho de que yo era lesbiana y tal... Bueno, el caso es que me armé de valor.

-Con Luka. -observé su reacción- Sí, con ella, ayer, las dos. Pues eso.

Estaba sorprendida por dentro, pero luego hizo una mueca como si dijese: Bah, se veía venir...

-¿Y tú? -comenté para seguir con el tema.

-Hehehe... Tampoco lo soy -me dijo.

-¡¿Cómo?! ¿No me lo has dicho? -grité.

-Lo mismo digo ewe.

Ahí me había pillado.

-¿Con quién? -le pregunté.

-Con Kaito.

Entonces vi su rostro de tristeza. Tal vez fuera porque no le veía desde anoche. Bueno, era un poco triste por mi parte no sorprenderme de que una de mis amigas fornicase frenéticamente con el amor de su vida.

Justo cuando iba a seguir con mis preguntas, Gumi se echó encima de mí, me abrazó y comenzó a llorar.

-Pero Gumi... -la abracé también- No te pongas así... No le has visto desde hace sólo unas horas, no significa que te esté engañando con alguien.

Gumi me miró, con la cara llena de lágrimas, los ojos brillantes y temblando.

-¿Sabes, Miku? -se levantó- yo... -limpió su cara con la manga- te miento. Sí, sí, te miento. La verdad es que quería saber si tú sabías algo, si tú eras inocente, si tú eras tan cruel de... echarme las culpas.

Aquello fue una explosión. ¿Cómo era que...? Sí que había entrado en su baño, y encima me lo había contado. No había trasladado el muerto a otra habitación, se había hecho cargo de él. Aunque... ¿Eh? Hay algo que no cuadra. Sí... ¿cómo sabía que le iba a echar las culpas? quería llegar a ese punto, pero primero tenía que fingir que no sabía nada de su muerte.

-¿De... de qué hablas, Gumi?

Creo que fingí mi asombro bien. Ella sollozó y continuó.

-Kaito ha muerto.


¡OH DIOS, GUMI SE HA ENTERADO!

Bueno, ya sabéis, si queréis que siga, comentaaaad~