Holo! Siento haber tardado, mi router suele trollearme.
Nael Tenoh: Ni yo misma lo sé porque a medida que hago la historia se me van ocurriendo cosas.
Emi: En este capítulo se sabe todo...
Disclaimer de los cohonéh:
vocaloid no me pertenece a mí, si no a la empresa Yamaha.
Vale, ya lo he dicho, ahora baja el arma.
-Por favor... no la abras, Len...
Y entonces noté un golpe brusco y ruidos de la bolsa. La había abierto.
Los ruidos de la sala pararon de pronto, era muy probable que ahora Len me iría a odiar, y en ningún momento pensé que podría perdonarme.
-Len... Ábreme.
Len abrió cuando yo sólo dije ab. Abrió la puerta soltando un suspiro y cuando pensaba entrar, él me dio un abrazo. Estaba llorando.
-Len -dije yo conteniendo la calma, aunque sin saber por qué lloraba-. Esto... Puedo explicarlo.
-No, no es así, Rin, no hace falta.
Yo aparté sus brazos y le miré a los ojos.
-¿Y eso por qué?
-Si me lo hubieses dicho, yo te habría aceptado, hermanita.
Ese hermanita me llegó al alma. ¿Me estaba perdonando por robar?
-¿En serio? No lo creo, Len, habrías montado otro drama diciéndome que me has críado mal.
-Ya, pero yo no te he criado, eres tú. ¿No?
-Eso sería lo que habría respondido yo -contesté. No sabía si sonreírle, ante aquel ajetreo de que me hubiese descubierto.
-¿Por qué lo hiciste?
-Yo... Aún no te lo puedo decir.
Aquello fue muy extraño. En ese momento le leí la mente a mi hermano. Con su expresión podía decir algo como: -¿En serio? ¿En serio me estás ocultando todavía cosas?
-Quiero decir, -rectifiqué, y la expresión de mi hermano volvió a cambiar- que te lo puedo contar. Pero no ahora. Como comprenderás tienes que ser mi cómplice ahora mismo o puedes delatarme.
-¿Yo? ¿Delatarte? -dijo ofendido.
-Sí -afirmé.
-¡Pero...! Soy tu hermano, ¿cómo te delataría? ¿no confías en mí? -volvió a ofenderse.
-Quién sabe -puntué, parecía que me divertía fastidiarle-. Si nos enfadamos en algún momento, podrías soltar que soy una ladrona.
-Rin -me dijo.
-¿Sí?
-¿Para qué querías al gato?
No lo he dicho pero sí, robé un gato. La preciosa mascota de Gumi. Eso y más cosas, como dinero, un teléfono y unas llaves. Era todo muy valioso para Gumi.
-Es mi gato.
-¿Eh? -preguntó confuso.
-Una vez, en preescolar, fui al campo y vi a este gatito tan precioso. Entonces, lo alimenté, yo lo guardaba detrás de la piscina, donde habitaban las serpientes, las arañas y orugas. En un sitio horrible, lo sé, pero nadie iba allí, y yo, pues, bueno -no paraba de repetirme-. ¿Te acuerdas esas veces que me iba de casa a los seis años?
-Sí.
-Pues era allí. Le hice un refugio y este gatito era mi único amigo -le miré a la cara-. Le alimentaba, hasta que un día...
-¿Sí?
-Conocí a Gumi, nos hicimos amigas y le enseñé al gatito. Ella se sabía el camino, y esa noche me lo robó. Yo entonces tenía 12 años y 6 tenía el gatito desde que lo conocí. Fue una desgracia tremenda perderlo, así que le pedí explicaciones.
Esos días yo iba como si nada, aunque cada vez que veía a Gumi y ella se juntaba conmigo y tal y yo fingía ser su amiga, intentaba decirle que dónde tenía a mi gato porque, no había duda, era Gumi quien me había robado al gato. Un buen día la pillé por el cuello de la camisa y le dije amenazadoramente:
-Dónde tienes al gato -le dije, sin exclamaciones ni puntos ni nada.
Al principio ella quiso defenderse diciendo que qué gato y que no lo iba a robar, pero era obvio que lo había hecho.
-Ya no es tuyo -me contestó.
El caso es que en ese momento, movida por la rabia y la confusión, me intenté hacer amiga de ella y le dije que no pasaba nada para después jugársela robándole de nuevo al gato. Luego, una tarde que iba por un atajo, conocí a Kaito, con quien quedaba luego, porque nos hicimos muy amigos, y me empezó a gustar. Yo tendría unos 13 años, el año pasado fue cuando sucedió. Él solo me veía como una amiga, y bueno, yo esperaba el momento justo para decírselo. Era un mago robando. Puede parecer una mala influencia, pero yo sólo veía lo positivo en él y me enseñó a robar pequeñas cosas como material escolar. Poco después Kaito tuvo enemigos y ya robaba cosas grandes. Él y yo compartíamos ese secreto.
Len me miraba estupefacto. Parecía que estaba decepcionado por mí.
-Una vez, habíamos salido por la noche los dos a pescar y estábamos en el puerto, tranquilos, cuando empezó a contarme su vida.
-¿Sabes qué?
-Qué.
-Estoy enamorado -miró al cielo.
Yo no sabía si alegrarme porque estaba enamorado y a lo mejor era yo, o entristecerme porque sabía que yo no era.
-De una chica... -continuó- Lista. Simpática. Divertida. Alegre. Es única.
No sabía qué pretendía. ¿Estaba declarándome su amor? O no.
-Es mi amiga desde hace tiempo y la quiero mucho.
Mi corazón estaba palpitando en ese momento. ¡Era yo! Definitivamente, estaba jugando a ver si la adivinaba.
-Y creo que ella también me quiere -jugó con el hilo de pesca.
Era precioso ese momento, no sabía cómo había sacado el valor Kaito para contarme lo que sentía por mí.
-Y... también es muy guapa. Y sus chistes hacen gracia -cuando lo contaba, estaba riendo como si lo recordase.
Era real. ¡El chico que me gustaba estaba enamorado de mí!
-La quiero. -dijo finalmente.
Yo sonreí. No sabía que hacer en ese momento, esperé a que prosiguiera para decirme: Sí Rin, eres tú, te quiero
-Y esto te lo digo porque confío en que no se lo dirás a nadie.
Mi rostro cambió. ¿Estaba jugando todavía? Nah, lo estaba haciendo. Me quería, ese momento era perfecto.
-Confío en que serás tú la que guarde el secreto, porque por muy enamorado que esté de esta chica, tú siempre serás mi mejor amiga.
No. No. ¡NO! ¡NO PUEDE SER! ¿Qué acababa de decir? ¿Había alguna chica mejor que yo? ¡Nadie le podía querer mejor que yo! ¿Qué le había visto a esa chica que no me había visto a mí? Kaito... Todas las historias que me había imaginado con él... A tomar por culo mis sentimientos. Y además, ¿cómo no se pudo dar cuenta? ¿No se notaba ya? ¡Yo...!
Mi rostro iba enrojeciéndose, y unas lágrimas estaban intentando salir de mis ojos. Yo disimulé sentándome al lado de Kaito, parando de mirarle. Abrí los labios para hablar, pero mi garganta me avisaba de que me iba a temblar los ojos. Aclaré mi garganta y pregunté.
-Bueno... ¿Y quién es esa chica? ¿La... conozco? -mi voz tembló un poco, pero pude disimularlo y creo que él no se dio cuenta. Yo tenía en la mano el anzuelo.
-Gumi.
Abrí los ojos del todo, lo que hizo que ya no pudiese reprimir las lágrimas. Algo me dio una punzada en el corazón. Paré de respirar por momentos. Me escondí en mi pelo y fingí que no estaba llorando. Estaba... Enamorado de Gumi. De Gumi. ¡Pero si le odia! ¡Gumi! ¡Esa perra que me robó al gato! ¡De esa se tiene que enamorar!
-Rin -dijo él, lo que hizo que me escondiese todavía más-.
Hubo una pausa, hasta que él se movió bruscamente dejando caer en hilo a sus pies.
-Rin... ¡Estás llorando! -se sentó enfrente de mí- ¡Oh! -ahora se dio cuenta el tío que yo le quería más que a nada en el mundo y él se había enamorado de una zorra- Pero Rin... Podrás superarlo, seguro que encuentras a más chicos mejores que yo.
Una ola de cólera revolvió todo mi ser, haciendo que le mirara a los ojos con furia. Él me estaba sujetando por los hombros, lo que yo le aparté de repente con los pies haciendo que retrocediera. Yo me levanté para soltarle el sermón de su vida, con el anzuelo y el hilo en la mano izquierda.
-¿MEJORES QUE TÚ? -grité- ¿Me... mejores? ¡ENCIMA! ¡Encima que te enamoras de la más puta del barrio!
-La más... ¿puta?-dijo él sin comprender- Ella me había dicho que érais amigas...
-¿AMIGAS? ¿De la zorra que me robó al gato? -seguí gritando- ¡Yo pensaba que eras el amor de mi vida! ¡Ni siquiera me comprendes! -mi voz dejó de temblar para transformarse en una voz dura y directa- ¡Eres un capullo! ¡Podrías tener compasión!
-Y la tengo, Rin.
-¡QUE LA TIENE, DICE EL CAPULLO! -le grité en la cara, haciendo que medio pueblo se despertara- ¡TÚ LO SABÍAS! ¡TÚ LO SABÍAS Y AÚN ASÍ ME RESTRIEGAS EL AMOR POR ESA PUERCA!
-¿Que lo sabía? Yo no lo sabía, Rin, yo... -me cortó de pronto- ¡Si lo hubiera sabido yo...!
-¡Me habrías olvidado! ¡Me tendrías asco, Kaito, como todos! ¡Porque eres como todos, un repelente de mierda! -me acerqué a él, y cada vez él se echaba hacia atrás.
-Rin, tranquilízate, Gumi no tiene la culpa de todo.
Eso fue el colmo. ¡Encima quiere que me tranquilice el cabrón!
-¡¿QUE ME TRANQUILICE?! ¿DE QUÉ VAS, CAPULLO? -alcé el anzuelo, lo que hizo que el capullo de Kaito se cayese al suelo y se tapase la cara con las manos.
-¡NO! ¡No lo hagas, Rin! ¡Haré lo que quieras, te lo prometo! -al poco tiempo descubrí que estaba llorando de pánico.
-Eras mi amigo, Kaito, y te has vuelto en una persona digna de odiar.
-¿Me vas a clavar ese anzuelo por salir con una chica que te robó un gato enfermo?
No era del todo así. Era mi amigo, lo era, pero ahora me la había jugado, yo estaba llena de cólera y lo menos que podía hacer ahí era matarle.
-¡AAAAAAAAHHH! -grité, sosteniendo el anzuelo en alto, que poco a poco fue precipitándose hacia el tentador cuello de Kaito.
pues eso, como os dije, a parte de yuri y shojo habrá gore... Espero que os guste! comentad y tal.
