Hola a todos, aquí traigo los tres nuevos capítulos:
Lanyera: Hola, Muchas gracias por tú comentario, aquí te traigo otros tres capítulos más ;) Me alegra saber que te gusta más esta versión que la anterior jeje. Me temo que esta sustituirá a la otra. No estaba muy conforme con ella y por eso la reescribí.
Sin embargo, no estaba segura de que os gustase más esta versión que la anterior por eso no la borre, pero parece ser que sí que gusta más, así que cuando llegue al capítulo dieciséis los sustituiré y los otros desaparecerán.
Espero que no os enfadéis por ello, pero no estaba muy satisfecha con la historia, y me sentí obligada a cambiarla.
Disfruta de estos capítulos, y nos vemos lo más pronto posible.
Buybuy y muchas gracias por comentar y darle una oportunidad a esta versión ;)
MariPotterG: Hola, muchas gracias por comentar, ahora pasaré a explicarme:
Lo de subir los tres capítulos de a una, es solo para ponerme al día con otras páginas donde estoy subiendo este fic, y así no teneros con la espera que sería si subiera solo de uno en uno.
Esta última vez me tardé un poco más en subir los capítulos, porque tuve unos cuantos acontecimientos y me fue imposible subirlos, pero como ves, no ha pasado tanto tiempo desde la última vez jeje ;)
De todas formas, muchas gracias por tú advertencia, se agradece mucho, creo que esta y la siguiente, son las últimas tandas de tres, y espero poder subir la siguiente esta misma semana.
Me agrada saber que te gusta la historia, en estos tres capítulos, veras algunas cosas interesantes jeje.
Sobre la pequeña Luna, en el catorce creo que es, que entenderá algunas cosas;), en esta ocasión creo que subo hasta el doce.
Bueno, muchas gracias por tomarte la molestia de leer y comentar, pero sobre todo de aconsejarme, un saludo y nos vemos pronto buybuy y hasta la siguiente tanda.
GRACIAS A TODOS LOS QUE LEEÍS LA HISTORIA, Y SOBRE TODOS A LOS QUE COMENTÁIS, BUYBUY Y HASTA LA SIGUIENTE TANDA.
¿Cómo hemos llegado a esto? 2º parte:
-GRANGER.
Sintió que tiraban de él, y desapareció la imagen de la estúpida sabelotodo para ser sustituida por la sala del cuartel de la orden.
Su grito se escuchó en toda la casa. Escuchó un quejido de dolor y una maldición por parte de un hombre. Cuando miró a su lado descubrió a Kinsgley, el cual dejaba a Luna encima de un sillón y después se agarraba con fuerza el hombro.
-Tenemos que regresar, ella se quedó allí, no…
-No pienso regresar a ese infierno. Remus solo me dijo que os recogiera, nada de que había mortifagos.
-¿Mortifagos?, no solo estaban ellos, y tú la has abandonado allí con el señor tenebroso.
-¿De qué hablas Malfoy?
-¿Cómo que de que hablo?, Granger, ella estaba allí, y el señor tenebroso la estaba persiguiendo, tienes que ir a ayudarla.
-Eso es imposible, estoy herido, no podría ayudarla aunque estuvieras diciendo la verdad, fui solo hasta allí. Mundungus le dijo a Remus, que habíais aparecido allí y él me mandó que fuese a buscaros. Nadie hablo de mortifagos y mucho menos de Voldemort.
-¿Piensas abandonarla allí?, muy bien, regresaré solo.
Temía lo que le pudiera pasar a esta, él mismo había sido testigo de innumerables torturas a sangres sucias como ella. Pero para ella sería peor, era, después de todo, la gran amiga de san Potter.
A pesar de las diferencias que pudiese tener con ella, no le deseaba esa clase de sufrimiento a nadie.
-No irás a ninguna parte.
La voz de Kinsgley sonaba furiosa, y lo miraba a punto de lanzarle una maldición.
-¿Le negarás la ayuda?, ¿LA DEJARAS MORIR?
-¿Qué está pasando aquí?
La voz de Lupin se hizo escuchar en el lugar:
-Es este maldito, que no para de decir estupideces.
-¿Malfoy diciendo estupideces?, eso no es algo extraño, ¿qué se le ha ocurrido ahora?
Quien habló fue San Potter, este entró detrás de Lupin, lo miró y declaró:
-Con que estupideces, muy bien Kinsgley, dile a vuestro héroe a quien has abandonado a su suerte en el callejón Diagon.
-¿Abandonado?, ¿A quién?, ¿Qué está pasando Kinsgley?, Creí que solo tenías que recoger a Malfoy y su sobrina del callejón Diagon.
Preguntó Remus, más él solo le respondió a lo más inmediato e importante.
-Sí, abandonado, este de aquí la dejó sola para enfrentarse al que no debe ser nombrado.
-Eso dices tú, pero yo no la vi. - Recriminó Kinsgley furioso, y era verdad, sus ojos claramente le decían que era cierto, que no había distinguido a la chica a la que Voldemort estaba torturando, mirando a Remus añadió: -Eso creí yo también, pero cuando llegué allí, había algunos mortifagos, sin duda deseando cazar a este por traidor. Mundungus, fue asesinado, y cuando conseguí llegar a ellos solo pude desaparecerme del lugar y ya.
-Pues estaba allí, ella desapareció de aquí junto con Luna y conmigo, sino me crees pregunta al resto.
-Es cierto, estaban discutiendo cuando de repente, la sobrina de Malfoy comenzó a gritar y sin más, los tres desaparecieron de aquí.
Quien acababa de hablar, era uno de los pelirrojos, de los gemelos.
-Eso es imposible, nadie que no sea de la orden puede aparecerse o desaparecerse de aquí. Y vosotros definitivamente no lo sois, tan solo sois refugiados y ya.
Sentenció Kinsgley furioso.
-Pues te puedo asegurar que se desaparecieron sin más. Mi madre, junto con mi padre, Bill y Ron, que no pudieron dejarlo fuera, salieron a buscarlos.
-¿Ron?, ¿Qué pinta Ron en todo esto?
Escuchó a Potter preguntar.
-Potter, espero que estés preparado para despedirte de la sangre sucia de Granger para siempre, porque aquí, el gran auror, la abandono en el callejón Diagon, estaba siendo perseguida por el señor tenebroso.
Se sorprendió al ver como este se quedaba estático. Su mirada perdida, y su respiración completamente cortada.
-NO.
La voz de Elkins fue la que retumbó en el silencio de la sala, rápidamente se acercó a Potter, pero este levantó la mirada hacía él. Lo que sus ojos vieron lo hicieron retroceder en el acto.
Sin que nadie se lo esperara, Potter, desapareció del lugar sin más.
-Harry N…
Lupin se quedó con la palabra en la boca, pues no terminó de hablar. En mitad del silencio se escuchó un fuerte sonido, sino fuera por lo aturdido que se encontraba, juraría que se trataba del ladrido de un perro.
"OPV"
A pesar de la presencia de Elkins, él, prefirió ignorarla por completo, tras ver que Remus comenzaba a discutir con ella, decidió entrar en la casa él solo. Remus no la dejaría pasar, así que no se molesto en avisarlos si quiera.
Entro en la casa y tras sentir un pequeño escalofrío recorrerlo, se decidió a dar el primer paso en el interior de la misma. Le resultaba en cierto modo algo desagradable estar allí.
¿El motivo?, Sentía la presencia de Sirius por todas partes, no es que se notase en la casa, sino que él las sentía sin control en su mente.
Se acercó a la cocina y sin entrar, se apoyó en la puerta de la misma, a su mente vino el recuerdo de la pelea de Sirius y la señora Weasley, ambos velando por sus intereses y seguridad. Cada uno a su manera, pero en ese momento, él creía que la señora Weasley se había equivocado al callar a Sirius.
Apreciaba mucho la preocupación de esta hacía su persona, y no solo por parte de ella sino de todos los Weasley en realidad, pero si esa noche a él le hubiesen dicho exactamente qué ocurría, muchas cosas se podrían haber evitado.
Suspiró, no consideraba a la señora Weasley responsable de todo eso, ni mucho menos, pero su mente no dejaba de pensar en todo lo que podría haber sido y no fue. De hecho podría vivir en esa casa en esos momentos, en compañía de Sirius y el resto.
Dejó de mirar la polvorienta mesa y se dirigió a la sala. Recordó la fiesta de cumpleaños en la misma, y la foto que Moddy le dio, ¿dónde tenía esa foto?, tendría que buscarla en su baúl. Era estúpido, pero desde que había visto a Elkins en el invernadero, no paraba de pensar en su madre.
Y deseaba por todos los medios verla, necesitaba una foto de ella, pero solo de ella, le valía una con su padre. Pero si estaba ella sola sería mejor.
Se había sorprendido al mirar el álbum que Hagrid le había creado, porque en este había muchas fotos cierto, pero sobre todo de su padre. ¿Y qué había de ella?
Frunció el ceño, ¿quién sería la mejor amiga de su madre?, ¿quién podría hablarle de ella?, ¿cómo era posible que nunca se hubiese hecho todas esas preguntas al respecto?
Sus pasos lo llevaron a la habitación que ocupó con Ron, la discusión que mantuvo con ellos el primer día que llegó, y otras situaciones menos agradables le asaltaron. Recordó, la impotencia que había sentido al saber que Ron y Hermione, habían estado allí, juntos, los dos siendo conscientes de todo, mientras él, estaba aislado de todo y todos.
Cerró la puerta y fue a la planta superior, allí encontró el cuarto de los gemelos, descubrió enseguida algunas marcas de las explosiones que estos habían provocado. Sonrió, se alegraba lo indecible, de que a esos dos, las cosas, les estuviesen yendo tan bien.
Ellos creaban sonrisas, y eso no tenía precio, no se arrepentía ni un poco de haberles entregado el dinero del premio.
Subió una planta más y se quedó parado, esa era una planta que no deseaba explorar, en ella se encontraba la habitación de Sirius y la de su hermano menor. Recordaba perfectamente las veces que había visto a Sirius quedarse mirando la puerta al lado de la suya, pero nunca la había abierto. Al menos no delante de ellos.
¿Qué habría estado haciendo Sirius en esa casa cuando estaba solo?, prefirió explorar la misma después, decidió ir primero al desván. Allí recordó la conversación que él y Hermione habían tenido, cuando creyó que era el responsable de lo que le había sucedido al señor Weasley. Sonrió con cierto pesar, la estancia no estaba muy limpia, dio unos pasos al interior y se sorprendió al ver que allí había algunas cajas.
¿De dónde habían salido las mismas?
Se acercó a ellas y las miró. ¿Podría mirar en el interior?, la casa era suya, ¿eso no hacía que todo lo que había dentro le pertenecía?
Al menos eso le había dicho Kreacher cuando lo llamó la última noche en Hogwarts, recordando esa noche, frunció el ceño. El elfo parecía estar demasiado asustado, y según le hizo saber Dobby, se debía a que unos alumnos habían sacado de las cocinas a este, a la fuerza.
¿Por qué habrían hecho eso?, quizás se tratase de Malfoy, tendría que preguntarle, sino, intentaría averiguar de quien se trataba, el elfo no podía mentirle así que eso haría, le preguntaría.
Pero no en ese momento, se arrodilló ante las cajas y abrió una, el polvo invadió un poco el lugar, pero se disipo enseguida en el aire, y después se aposentó lentamente en otros rincones del suelo.
Sacó unos libros algo viejos y los miró, reconoció el de historia de Hogwarts, solo que este parecía tener bastantes años. Abrió el mismo y descubrió que había un nombre gravado en él.
La letra era cuidada y delicada. Pero a la par parecía trasmitir algo de paz. Lily Evans.
El corazón le dio un pequeño vuelco, con cierta excitación, dejó el libro en el suelo y comenzó a sacar cosas de la caja. Encontró unas gafas redondas, unos cuantos libros más, algunos traían el nombre de James Potter grabados en ellos.
Según iba sacando cosas, una pequeña sacudida lo iba recorriendo, ¿qué hacía todo eso ahí?, ¿Por qué nadie se lo había mostrado antes?
Después de vaciar esa caja, rebuscó en la que había debajo, metió en esta todo lo que había sacado, claro que no de la misma forma ordenada, pues sus ganas por ver más cosas eran casi incontrolables.
Cuando ya había abierto cuatro cajas diferentes, se encontraba sentado en el suelo, sus ojos tenían unas cuantas lágrimas, pero no se había permitido dejarlas salir. Se sentía furioso, eso era de él, todo le pertenecía, ¿cuánto tiempo llevaban esas cosas ahí y nadie se lo había hecho saber?, Apretó una pequeña carpeta que había encontrado entre sus manos.
En ella había varias cartas, parecían ser dirigidas a varias personas diferentes, también había respuestas a las mismas, ¿sería una falta de respeto leerlas?
Se había sorprendido al descubrir que había cartas dirigidas a su madre del puño y letra de Alice Longbottom. También había cartas escritas por su madre a un remitente mudo. Solo que estas al parecer nunca habían sido mandadas, ¿qué significaba eso?
Quizás su madre era de esas personas que escribían cartas a nadie. Y las guardaba. Se las quedaría, después de todo no le haría daño a nadie con ello. Miró la última caja que le quedaba por abrir y tras resignarse se acercó a la misma.
Al abrirla se encontró con una foto de un pequeño pueblo, en esta salían Sirius, Remus y Pettigriw, los tres con bolas de nieve, en la foto; las bolas de Remus y Sirius se estrellaban en el rostro de Pettigriw y ambos estallaban en risas.
Seguramente el que tiraba la foto era su padre, no reconocía ese lugar, dejó la foto encima de las otras cosas y siguió revisando la misma. Encontró una capa, que otra vez supuso pertenecería a su padre en el pasado. Una pequeña tarjeta de Halloween, y algunas notas sueltas.
Se sorprendió al encontrar un pequeño peluche; este tenía forma de lobo, su pelaje era gris, y sus ojos de un color verde claro. Su sorpresa fue mayor al descubrir otros tres peluches más.
Uno en forma de ciervo, (que estaba disfrazado con un curioso gorro de navidad), otro una rata, que tenía unos ojos saltones y llamativos, y por último un perro negro. Sonrió al ver que este en particular, era mayor que el resto.
Sin ninguna duda, Sirius, deseaba resaltar. No pudo evitarlo, cogió los tres peluches y los colocó donde la carpeta que pensaba llevarse con él. El peluche en forma de rata lo dejó encima de las otras cajas.
Siguió buceando en las cajas y se encontró con una caja de madera, reconoció la misma en el acto. ¿Cómo era posible que el joyero de tía Petunia se encontrara allí?, lo cogió con cuidado y lo sopesó, sintió y escuchó como algunos objetos se movían en el interior de la misma.
Se sentó bien en el suelo y la abrió, en esta, se encontró con algunas joyas, entre ellas algunos colgantes. Uno en especial llamó su atención.
Se trataba de una pequeña hada, estaba tallada en madera y se podía distinguir perfectamente la sonrisa traviesa en la misma. Sintió un pequeño dejavu que le hizo sonreír.
También lo había visto con anterioridad, Tía Petunia tenía otra igual, solo que la de ella miraba al lado contrario. ¿Quién les habría regalado esas cosas a ambas?, era curioso, pero nunca había visto a Tía Petunia más enfadada con él, que cuando descubrió la caja y lo que había en su interior.
Y de hecho, solo ese colgante se encontraba en la caja. ¿Sería muy especial para ellas?, Podría ser. Después de todo, por mucho que Tía Petunia quisiera, ellas eran hermanas. ¿Se habría arrepentido en alguna ocasión de no haber hablado con su madre?, ¿La echaría de menos?, ¿La recordaría al mirarlo a los ojos?
Negó frustrado y sintiéndose idiota, ¿por qué nunca había preguntado?, Tía Petunia siempre se había negado a hablarle de su madre, y ahora, ya no tendría esa posibilidad nunca. Porque ellos ya no estaban cerca. Ni siquiera sabía su paradero, y tampoco habían querido que se lo dijesen.
Así que él no preguntó a las personas que los habían trasladado a aquel lugar.
Guardó el colgante en la caja y miró otros objetos, había anillos, todos de estilo fino y nada llamativos. Solo uno resaltaba, y estaba seguro que era el anillo que su padre usó para pedirle a su madre que fuera su esposa.
Lo cogió en su mano y lo observó con cuidado, algún día ese anillo reposaría en la mano de Ginny. Porque sin duda, ella, era la elección acertada. Sobre todo porque Hermione pertenecía a Ron.
Esa estúpida sensación de quererla a su lado desaparecería sin duda. Si no era así, él la haría desaparecer, así tuviese que irse, él mismo, lejos.
Bueno considerando que saliese airoso de todo aquello. Porque no estaba dispuesto a herir a Ron. Y ya le había quedado claro, que aunque no fuese a durar para siempre, había un fuerte candidato más.
Evans, ella, se lo había dejado claro la noche de la fiesta, y ese mismo día se había atrevido a pegarle una bofetada. Era la primera vez que ella hacía tal cosa, sin embargo por ese sujeto, lo había hecho.
Guardó el anillo en la caja y cerró la misma con fuerza al recordar eso. Tras golpear con fuerza la tapa, sintió que la parte baja de la misma se desprendía. Sorprendido giró la misma.
¿Esa caja tenía un compartimento secreto?
Cuando terminó de desencajar la misma, unas cuantas notas cayeron en sus manos. ¿Más cartas?, ¿Por qué estaban separadas de las otras?
Miró las mismas y frunció el ceño:
"Querida Lil, sabes perfectamente que no puedo hacer tal cosa. Por favor no sigas escribiéndome, no quiero tener que preocuparme por ti aún más."
No había firma, pero algo se le hacía familiar de esa nota.
Abrió otra:
"¿Qué asista a ese estúpido teatro?, lo has escogido para tu vida, pero nunca consentiré que la inmiscuyas en la mía. Tomaste una decisión, la equivocada, y no seré el idiota que se quede siempre a tú lado."
¿Qué significaba eso?
"¿Cuántas veces he de decírtelo?, lo intenté, lo hice con todas mis fuerzas, pero me fue imposible lograrlo, el resultado es este. No puedo impedir decirte lo que pienso de tus decisiones."
Harry cerró la última que había leído y la agrupo con el resto. Tras un rato de pensarlo muy bien se decidió. Las guardó en el mismo lugar y colocó la caja con el resto de las cosas que deseaba llevarse consigo.
Tras colocar todo en cierto orden, se prometió volver en otra ocasión para ver mejor todo aquello. Al colocar la última caja en su sitio una foto resbaló. Al recogerla leyó la nota tras esta y se quedó paralizado:
"Nuestro nuevo hogar en el valle de Godrig.
Espero tu pronta visita Sev."
Sev. Sev. Ese sobrenombre se repitió en su mente una y otra vez, ¿de qué demonios le sonaba a él ese sobre nombre?, Miró la foto y descubrió que era el mismo lugar en donde Remus, Sirius y Pettigriw salían jugando con la nieve. En esta foto solo salía su madre. Ella estaba abrigada de pies a cabeza, casi no se la podía distinguir entre tanta ropa de abrigo.
Detrás de ella había una fuente, y justo detrás una pequeña iglesia.
Con el resto de las cosas ya en sus manos, y sosteniendo la foto con la otra mientras la miraba, salió de allí. Solo le quedaba un lugar por visitar y se marcharía de allí.
-HARRY, HARRY ¿DÓNDE ESTAS?
La voz de Remus lo sacó de su ensimismamiento, en lugar de detenerse siguió hasta el piso de abajo, ¿qué habría pasado?
-¿Qué sucede?
-Mundungus me ha mandado avisar de que en el callejón Diagon ha aparecido Malfoy, una niña, y sin previo aviso su Patronus ha desaparecido, lo mejor es que vaya a buscarlo y comprobar que está sucediendo.
Harry frunció el ceño, aún quería ver la habitación de Sirius.
-¿Qué es todo eso?
La voz de Elkins lo sacó de sus pensamientos.
-Todavía quiero mirar algo más, ¿qué significa que un Patronus desaparezca sin dar su mensaje al completo?, ¿por qué no vas y ya regreso yo después?
-No, de eso ni hablar. Sobre el Patronus, puede haber muchas posibilidades, puede que Mundungus hiciera un Patronus muy débil y el viaje ya lo disipase un poco, después de todo ese encantamiento, no es su fuerte, lo obligamos a aprenderlo para poder comunicarse con nosotros cuando le hiciera falta. ¿Qué te falta por mirar?
Harry miró hacía el piso de arriba, la verdad es que podía regresar en otra ocasión, más una pequeña punzada lo golpeó. Era cierto que había otro lugar que quería visitar, ¿se lo negaría?
-Quiero ir al valle de Godrig.
-A…-Remus pareció perder su voz por un momento, al ver que no le respondía, Harry se giró para mirarlo y ver que le sucedía. Se lo encontró observando con atención las cosas que tenía en sus manos. -¿Crees que deberías?
-¿Cuántas veces has ido tú?
Preguntó como si nada, Remus se quedó callado un buen rato, Harry lo miró extrañado por su silencio:
-Tienes que entender que no es un lugar con gratos recuerdos para mí.
Sorprendido por las palabras que acababa de susurrarle, preguntó:
-¿Cuántas?
-Tres, quizás cuatro.
¿Solo?, ¿esas eran las visitas que sus padres habían tenido a lo largo de todos esos años?
-¿Cómo es posible?
Se escuchó susurrar a sí mismo. Remus miró hacia otro lado parecía avergonzado por sus palabras.
-Avisaré a Kinsgley que recoja él a Malfoy. Te acompañaré al valle de Godrig.
Sin más salió de la casa, él se quedó allí plantado. La verdad es que ahora no sabía si deseaba de verdad pisar ese lugar. ¿Cómo sería?, ¿Qué habría allí esperándole?
Sintió un escalofrío por todo su cuerpo. El único recuerdo que tenía limpio de allí, era una cegadora luz verde esmeralda.
-¿Qué hay en el valle de Godrig?
Escuchó que Elkins le preguntaba con curiosidad.
-Mi hogar.
Susurró como respuesta, sin decirle nada más salió de la casa, escuchó los pasos de Elkins tras él.
Cuando salió de la casa Remus se encontraba mirando con cierta distracción al cielo, al parecer ya dentro de poco sería de noche.
-¿Vamos?
Preguntó él, Remus por toda respuesta asintió, sintió como Elkins se agarraba de su manga, y antes de desaparecerse de ese lugar fijó su vista en ella, esta formó una sonrisa en su rostro, como infundiéndole ánimos, más lo que llamó su atención, fue el brillo de cierta inquietud que brillaba en sus ojos.
¿Qué temía ella?
La sacudida de la aparición los golpeó a ambos y cuando Harry abrió los ojos, se encontró ante la fuente que había visto en la foto en que salía su madre.
La calle estaba completamente nevada, se notaba por todas partes las fiestas que eran. Detectó como Remus se giraba y comenzaba a caminar hacia el lado contrario, él lo siguió, sintió como Elkins cogía su mano y ambos caminaron tras Remus.
Los pasos de este eran lentos y para nada decididos, era evidente que no deseaba seguir, suspirando y dándose cuenta de que no quería hacer a Remus pasar por eso, declaró:
-Puedo seguir yo solo desde aquí. ¿Por qué no me esperáis en la posada?
Remus se detuvo, parecía luchar contra sí mismo, él dio unos pasos hasta alcanzarlo y cuando lo vio, se quedó helado. ¿Por qué no había pensado antes en lo que Remus podría sentir?
Era evidente que no podía resultar nada fácil para él, guiar al hijo de dos de sus personas preciadas, hasta el lugar donde fueron asesinados.
-No tardaré.
Le dijo, mientras le entregaba la caja en la que él había guardado las cosas que quería tener a su lado. Soltó la mano de Elkins y sin más se giró. Se sentía bien, prefería desde lo más hondo de su ser hacer eso completamente solo.
Sus pasos enseguida lo guiaron al lugar adecuado, ante él, se encontraba una casa a medio destruir. Con cierta inquietud comenzó a acercarse aún más, estaba por entrar en la casa cuando sintió miedo de hacerlo.
Tras dudar un rato, se decidió y dio el primer paso para adentrarse en la misma.
Lo primero que encontró fue un gran vestíbulo, totalmente destrozado, por lo que supuso, el duelo de su padre y Voldemort. Su vista repaso todo el lugar, sintiéndose mal por no poder recordar nada que allí hubiese pasado.
Delante de él, se encontraba un mueble en el que había un espejo, uno que estaba roto, faltaban trozos del espejo, que estaban esparcidos por el suelo.
Camino por encima de trozos de madera y se fijó que todo estaba lleno de polvo. Cada paso que daba, era como si le clavaran un cuchillo en el alma, pensar que allí habían vivido él y sus padres.
Negó, pensar en ello provocaba un dolor demasiado grande.
Llego a lo que supuso era el salón, tal vez se encontraban en este cuando ese miserable llego a su casa, y quien sabe y hasta estaban jugando en él, o tal vez lo estaban durmiendo, eso es algo que nunca sabría.
Miró a su alrededor, y había unos cuantos muebles, todos llenos de polvo, uno de ellos era una vidriera, dentro de esta, innumerables libros. Se pregunto cuál de los dos era el aficionado a la lectura, algo le decía que era su madre.
Camino hasta esta y la abrió, le costó un poco, tal vez, por haber estado cerrada durante tanto tiempo. Cogió uno de los libros y lo abrió, se llevo una sorpresa al descubrir que no era un libro, sino un álbum de fotos.
¿Por qué nadie lo había sacado de allí y se lo había dado?
Miro de nuevo las pastas y se extraño pues al reverso traía:
"Hechizos, de cocina para el mal cocinero."
Sonrió, pues no sabía que su madre o su padre, fueran malos en la cocina.
Había tantas cosas que desconocía de ellos. Volvió a abrirlo, y vio que en las primeras páginas había efectivamente un montón de hechizos para la cocina, pero si lo mirabas de atrás a adelante, lo que encontrabas eran fotografías, que aunque quería verlas no lo hizo, quería ver la casa primero, conocer las habitaciones por que las había visto en persona, no por unas fotografías.
Salió del salón, un lugar que le había parecido muy acogedor y donde, estaba seguro, pasaría mucho tiempo, si hubiese vivido en esa casa.
Salió de este y no busco la cocina, siguió por las escaleras y comenzó a subirlas.
Al llegar al piso de arriba, vio que el techo estaba completamente destrozado, podía ver a trabes de él, el poco sol que quedaba, iluminando los escombros de la casa. Se fijó en el cuarto que tenía delante y dedujo que había sido ahí donde su madre y Voldemort, se enfrentaron, y donde ambos, encontraron su final.
Esa era la habitación que peor estaba, una cuna totalmente volcada en el suelo, todo por medio, un montón de juguetes por el suelo, algunos destrozados, otros llenos de polvo, había sabanas que suponía que en una ocasión habían sido blancas, totalmente ennegrecidas.
No pasó dentro de este, no quería entrar en él, además de que había tantas cosas en el suelo que le sería difícil caminar. Miro hacia otro lado y se encontró con una puerta cerrada, le costó un poco de trabajo abrirla, pero lo consiguió.
Sin lugar a dudas, era el cuarto de sus padres, en este sí que entro, no había nada tirado, ni roto. Camino por el cuarto lentamente, en una de las paredes había un mueble con cajones, en otra un gran armario, y enfrente de la puerta, una ventana y debajo de esta la cama.
Se acercó a la cama y se fijo que a los lados había dos fotografías, cada una en una mesita.
Miró primero la del lado derecho, era una foto de él con su madre, los dos sonriendo y saludando a la cámara. Seguidamente, se fijo en la otra y sonrió un poco más, pues en esa, salían él y su padre, igual que en la otra foto, ambos sonriendo y saludando.
Al parecer ambos habían querido tener una foto solo con él.
Cogió ambas fotos con la mano derecha, pues en la otra tenía el álbum que había encontrado abajo y miró las fotos mientras se sentaba en la cama. No pudo evitar que su corazón gritara por no poder recordar ese día.
Se quitó las gafas, pues le picaban los ojos. Se dejó caer hacía atrás, mientras miraba las fotos, no quería dejar que ni una sola lágrima cayese de sus ojos.
Los cerró mientras que apretaba un poco las fotos en su mano, se incorporó de la cama y una pregunta le vino a la mente.
¿Dónde estaban las tumbas de sus padres?, ¿dónde los habían enterrado?
Pensó en que más tarde los buscaría, ahora solo importaba el donde estaba y lo que veía. No supo cuanto tiempo había pasado allí, pero se dio cuenta de que la luz estaba empezando a faltar, eso le hizo suponer que la noche ya había llegado definitivamente.
Miró su reloj de pulsera, y sonrió al ver que las agujas estaban paradas en las doce y media, lo que le recordó, la segunda prueba del torneo, no entendía cómo era posible que aun, ni lo hubiese arreglado, ni lo hubiese cambiado.
Una vez más fijo su vista en la foto.
-Suponía que estarías aquí.
Harry levantó la vista y se encontró con unos ojos negros y el pelo canoso de una mujer mayor, enseguida se puso en pie alarmado.
-¿Quién es usted?
-Hola. — Esa fue la respuesta que obtuvo, mientras que lo miraba de forma tierna y con una triste sonrisa en el rostro, ella, señalo las fotos en sus manos y declaró:
-Esas fotos están hechas en la montaña de un poco más arriba, fue un día que te llevaron de camping, tú padre, se empeño en que tú madre lo preparada todo, aun sabiendo que no era lo suyo.
Recuerdo que tú madre vino a pedirme ayuda, no sabes lo desastre que era en la cocina, me resultaba raro porque en pociones era sin duda la mejor.- Harry no dijo nada de nada, siguió con la vista fija en la mujer sin entender su presencia en el lugar.
-¿Sabes una cosa?, cuando vi a Remus antes, me quede tan sorprendida que no fui capaz ni a hablar.
Harry ahora la miró con intriga, ¿conocía a Remus?, la miró, ella sonrió y comenzó a acercarse a él.
-Me quede así porque creía ver un fantasma, él se sentó, lo acompañaba una muchacha, cuando le pregunté, por qué estaba aquí, él solo pudo decirme que había llegado el momento de enfrentarlo.
En un principio no lo entendí, pero después la chica dijo que deseaba reunirse contigo.
Cuando le pregunté a Remus, si era cierto que estabas aquí, me ofrecí a venir a verte. Hace mucho tiempo que deseaba conocerte.
Tus padres se mudaron aquí a los veinte años, se llevaban de maravilla con todo el mundo. Sin duda si hubieses llegado a una hora más temprana, no habrías podido pasar desapercibido. Todos aquí desean poder contarte alguna anécdota de ellos.
Me alegro que los de la posada no se dieran mucha cuenta de quien acababa de entrar.
La mujer no se perdía detalle de Harry, mientras que él, no dejaba de observarla a ella, sin saber porqué decidió confiar en ella, y sin pensar comenzó a hablar:
-La verdad es que nunca me había planteado venir aquí, al término de mi sexto año en Hogwarts, fue que me plantee esa posibilidad, pero hoy vi una foto de mi madre y no pude contener las ganas. –Se quedó un momento callado y mirando otra vez las fotos y sentándose añadió:
-Quería ver donde fue que comenzó toda mi pesadilla, pesadilla que tiene dos finales y sinceramente ninguno agradable para mí. Sin embargo, hay uno de ellos que me llama más que otro, pero no es el adecuado. –sonrió de medio lado y fijó su vista en sí mismo en la foto:
-Pensar que alguna vez sonreí de esta forma junto a ellos, y ver que no soy capaz de recordar nada, ni un solo momento con ellos, salvo ese maldito resplandor verde.
Ese es el único recuerdo que tengo de esta casa, y algunas voces de lo que aquí sucedió.
Irónico, -su sonrisa ahora se volvió en cierto modo sarcástica: -escucho a mis padres, a los que nunca he podido escuchar o al menos recordar escucharlos, cuando un Dementor se me acerca.
Y a pesar de que es la última vez que los escuche, pues es cuando fueron asesinados, no soy capaz a dejar de escucharlos, hay veces, que deseo no levantar mis barreras contra ellos para poder disfrutar sus voces.
Sé que eso me puede llevar a la muerte, pero después de todo, ¿Qué es la muerte sino una nueva aventura?, esas fueron las palabras de Dumbledore, una buena descripción de esta.-Harry sonrió con pensar, la mujer se había sentado a su lado a escucharlo.
Una luna casi llena estaba ya en el cielo, pero no arriba del todo.
-No puedo dejar de pensar que no pinto nada aquí, este no es mi sitio, o al menos no lo considero como tal, pero no deja de ser el lugar en el que mi vida cambio totalmente, el lugar que vio a mis padres morir.
Me siento de mil maneras diferentes en esta casa, pero ninguna está ligada a un sentimiento de felicidad, no me extraña, pues sin recuerdos no puedo tener ningún sentimiento parecido a ese.
Harry miraba la fotografía pero no parecía verla, su mente estaba intentando recordar algo más que no fuera ese resplandor verde, pero le era imposible.
-Tú madre adoraba esa fotografía, decía que en ella estaba reflejada toda su felicidad, que toda su vida, era lo que esa foto mostraba.-dijo la mujer mientras que señalaba en la que salía él con su padre.
-Mientras que tú padre decía, que esa foto era lo que le había otorgado la mayor felicidad en este mundo y que estaba dispuesto a morir por las dos personas que en ella salían.- señalo la que salían su madre y él.
-Aunque no eran los únicos que decía cosas de esas fotos, recuerdo al joven Black, él las juntaba las dos, y sonriendo me decía:
-¿Ve estas tres personas que salen aquí?, son todo mi mundo, y de veras lo más preciado para mí.
Mi hermano, mi sobrino y por supuesto la pelirroja esta de aquí, que va en el lote.
Harry sonrió con pesar mientras escuchaba lo que esa mujer le decía atentamente.
-Sinceramente no creo que fuera Black, ese joven os quería demasiado, hubiese muerto por cualquiera de vosotros tres, pongo la mano en el fuego por él y estoy segura de que me quedaría con ella.
Tú madre y él, se llevaban como el perro y el gato, pero cualquiera de ellos hubiera dado la vida por el otro.
Tu padre y tú erais su nexo común.
Harry recordó a su padrino una vez más, y ahora ya sí, sus lágrimas comenzaron a caer, lágrimas silenciosas, que no pasaron desapercibidas para la mujer que lo miraba atentamente, pero para que él no se sintiera incomodo apartó la mirada y siguió hablando, cosa que Harry agradeció infinitamente.
-Recuerdo otra vez, en la que Remus y Sirius decidieron gastarle una broma a tú padre, tu madre se apunto sin dudarlo, ahí encontré una de las cosas que hicieron que tu padre amase a tu madre de esa forma.
Pobre James, cuando llegó a la posada, todos estaban riéndose como locos, y el pobre no sabía el motivo, claro que, es que él no se había dado cuenta, de que la ropa que llevaba no era la que él creía.
Se habían dedicado a embrujar las gafas de tú padre, para que este viera que la ropa de tú madre, era la suya, claro que solo él veía su ropa, los demás veían una falda rosa chillón, y un top rojo fuego, como podrás imaginarte, no era algo muy lindo de ver.
Harry no era capaz de imaginarse a su padre en tal situación, pero sonrió deseando poder imaginárselo.
-Pero ese día no fue el mejor para escoger hacer esa broma, tu padre traía malas noticias, unas muy nefastas, por lo que podía ver en su rostro.
No sé de qué se trataba, pero desde ese día ya no les vi más, hasta el 31 de Octubre, que vi desde mi posada una gran explosión aquí, en tú casa.
Cuando llegue era demasiado tarde, Sirius Black, llegó a la vez que yo, se bajó de su moto, y cayó de rodillas maldiciéndose a él mismo una y otra vez.
Es por eso que no puedo creer que fuese él.
No dejaba de llorar, ambos escuchemos movimiento en la casa y cuando estábamos a punto de entrar, apareció Hagrid, te llevaba a ti en brazos.
-Harry.-eso fue lo único que dijo él, corrió hasta ti y Hagrid, le pidió que lo dejara cogerte, pero Hagrid, le dijo que tenía órdenes de Dumbledore, Sirius no se resistió mucho, y le ofreció su moto voladora.
Cuando Hagrid se perdió de vista, se acercó al cuerpo de tú padre y lo vi apretar los puños, cuando se giró y mis ojos y los suyos se encontraron, sentí un escalofrío, solo se veía culpa y tristeza en ellos.
Le pregunté que a donde iba y solo me contestó.
-Me las pagará por esto.
No sé a quién se refería, pero si iba a por el que no debe de ser nombrado, pensé que no regresaría con vida.
Cuando al día siguiente leí los periódicos me quede helada, y yo testifique a su favor, pero no sirvió de nada, ni siquiera le hicieron un juicio.
El pobre fue mandado a Azkaban, cuando se escapo me alegre mucho, si hubiese venido a mí, lo habría ocultado encantada, pues como antes, sigo pensando que él es inocente.
Al no estar mirando a la mujer, Harry, no pudo apreciar la sonrisa que se formaba en sus labios.
-Él lo es, pero se consideraba culpable por no haber sido él, el guardián de mis padres, y dejar ese puesto al verdadero traidor.- dijo Harry en un susurro.
No obtuvo respuesta a sus palabras y eso lo hizo mirar hacia ella:
-Si quieres ver las tumbas de tus padres, están en el cementerio del pueblo, yo misma podría guiarte.
-¿Le importaría decirme solo el lugar donde se encuentran?
Deseaba verlas, pero ansiaba hacerlo solo, quería poder hablar con ellos sin que nadie pudiera verlo o escucharlo, pues se sentía con deseos de dedicarles unas cuantas palabras solo para ellos.
-Por supuesto. Te esperaré abajo y te señalaré el camino que tienes que tomar.
Sin más, ella se puso en pie y salió de la habitación, la vio detenerse unos segundos para después comenzar a bajar. Decidió mirar el cuarto con más detenimiento y al abrir el cajón que correspondía a la mesita de su madre se sorprendió
Dentro del mismo, se encontraba un sobre, era evidente que los años habían pasado por él, pero lo que lo dejó completamente paralizado fue lo que en este traía escrito:
-"Para mi pequeño, ya no tan pequeño. Harry"
Su respiración se detuvo en seco, ¿qué significaba eso?
Alargó su mano y cogió el mismo, debajo de este había una bolsita de terciopelo, la miró unos segundos, pero la dejó ahí. Sin poder contener las ganas de ver lo que ese sobre ocultaba en su interior, rasgó el mismo.
Encontró un trozo de pergamino, enseguida reconoció la letra de su madre, le dio un pequeño vuelco en el corazón y con ansia comenzó a leer:
"Hola:
Sé que sin duda estarás confundido, pero no lo estés. No busques una razón para que hayas encontrado esta carta en el momento en que lo has hecho.
Ante todo, quiero que sepas que lo que hice, lo hice, siendo consciente de lo que pasaría, por lo que no te culpo en absoluto.
Cuando amas algo, das todo por esa persona, aunque ese todo, signifique la soledad para esa misma persona. La verdad es que calculé mal, esperaba que tú padre pudiera vivir a tu lado. Incluso pensé, en que podríamos conseguir que Sirius estuviese ahí.
¿Lo conseguimos?, deseo de corazón que así fuese.
Harry, lo que esa bolsita contiene, es algo muy preciado para mí. Deseo se lo regales a esa persona importante para ti.
A la persona que sientes que merece tenerlo, no te dejes cegar por cosas insignificantes y haz lo que te pido.
Es importante que llegue a quien tú deseas realmente dárselo, así que no te guíes por tú orgullo.
No siempre los segundos pensamientos son equivocados cariño.
Deseo que puedas vivir una vida plena, y recuerda que puedes contar conmigo para lo que necesites, incluso en este momento, aunque tú no lo creas, YO Y LOS DEMÁS, estamos presentes y a tú lado.
Mira bien, no te vayas a perder. Con amor, tú madre."
Sin poder aún creerse lo que acababa de leer, miró detenidamente la bolsita de terciopelo, ¿qué sería lo que abría en su interior?
Con ciertas dudas alargó su mano hacía el mismo. Cuando consiguió abrirla se encontró con una caja, abrió la misma y descubrió unos cuantos papeles, al parecer era un objeto mágico, pues estos parecían ser instrucciones.
Las apartó y se encontró con una esfera plateada, esta tenía grabada una L, "Deseo se lo regales a esa persona importante para ti.", su primer pensamiento fue Ginny.
Fue a coger la misma, pero se detuvo en seco. Eso había pertenecido a su madre. Era un objeto valioso para ella. Parecía decidida a que perteneciese a alguien que pudiese valorarlo en verdad.
Era un objeto mágico, sin embargo parecía ser una joya común y muggel, parecía ser una de esas cosas que engañan a la gente.
Era tal y como Hermione era, una pequeña caja de sorpresas. Sonrió ante ese pensamiento. Ella podría apreciar ese objeto más que ninguna otra persona.
Ella, entendería todo del mismo, desde las cosas simples, hasta sus usos mágicos. ¿Quién mejor que su mejor amiga para cuidarlo?
Ella le había pedido que lo regalara, por lo tanto no deseaba que se lo quedara, y a pesar de que Ginny, podría ser quien se convirtiese en la mujer que compartiría su vida futura.
Hermione era la que había compartido su pasado, y la que aún estaba compartiendo su presente, pues era ella, la que estaba en todo momento ahí, pendiente de si podía ayudarle o no.
Ella podría no ser para él, pero no creía que existiera otra persona en el mundo a quien pudiera entregarle ese objeto, quizás en un futuro lo lamentase.
Negó, no, nunca lamentaría darle semejante presente a ella. Además, nadie lo valoraría como ella. Podría ver lo que ese objeto significaba para él, comprendería sin necesidad de palabras, lo que le estaba confiando con ese regalo.
Rozó la esfera con los dedos mientras sonreía. ¿Qué día era?, al no poder recordarlo, prefirió recoger todo y guardando la carta de su madre en su bolsillo, sacó las fotos de los marcos, las doblo y también se las guardó.
Por último sostuvo la pequeña bolsita de terciopelo en su mano y salió de allí. Ya solo le quedaba ver un lugar y se marcharía sin más.
Cuando salió de la casa se sorprendió al ver que la mujer estaba acompañada por Elkins, ella parecía estar muriéndose de frío. ¿Qué hacía allí?
-El camino de la derecha, cuando llegues al final de la calle, verás que se divide, la de la izquierda te llevará a la iglesia, y allí hay un jardín enorme, ese es el cementerio del pueblo.
-¿Cementerio?
La voz de Elkins, sonó con miedo, miró a la mujer ante ella, para después mirarlo a él. Sin decirle nada a ella susurró:
-Muchas gracias señora…
-Puedes llamarme Grace, todo el mundo lo hace, soy la responsable de la posada. Le diré a Remus donde estás, él irá a buscarte.
Asintió a sus palabras y comenzó a caminar, se sorprendió al sentir los pasos de Elkins tras él. ¿Por qué lo estaba siguiendo?, ¿por qué había ido con ellos?
Intentó ignorarla y siguió hasta el cementerio. Una vez allí se detuvo en seco, ¿cuál de todas sería la de sus padres?
Suspiró y sacó su varita, ya había oscurecido del todo, y lo mejor era sacar su varita:
-Lumos.
Elkins, parecía haber pensado como él, pues también había sacado su propia varita y había dicho el hechizo. Comenzó apuntando a las lápidas, una por una y descubriendo varios nombres diferentes, más ninguno el que él buscaba.
Al fin, las localizó, sus ojos se quedaron pegados en las lápidas de piedra de sus padres, en ellas traía escrito; sus nombres, la fecha de fallecimiento y una frase:
"Morir por las personas que amas, nunca será un sacrificio, sino un acto de amor sincero."
Se sintió desfallecer, y sin poder contenerse se dejó caer de rodillas ante la lápida de los mismos. Escuchó que Elkins se detenía a distancia de él, al menos parecía tener la consideración de dejarlo solo.
No sabía el motivo, pero le enfadaba que ella estuviese ahí, y a la par lo reconfortaba. ¿Por qué no le había pedido a Hermione que lo acompañase?
Miró ambas lápidas y tras guardar la bolsita en su bolsillo, alargó la mano hacía las mismas. Repasó el nombre de cada uno de ellos, y mientras acariciaba el nombre de su madre susurró:
-Te debo demasiado, y regalaré el colgante a una persona que estoy seguro aprobarías sin dudar. Algún día, si todo termina bien, vendré con ella, te la presentaré. Quizás de alguna manera puedas hacerme saber si aceptas mi elección.
Confieso que pensé en dárselo a la chica que quiero comparta mi vida, pero la escogida, sin duda será de tú agrado también. Ella, ha estado siempre ahí, en todas y cada una de las cosas que yo he vivido, desde que tengo once años, ha sido una constante en mí vida. Y deseo que siga siéndolo siempre. Por ello, llegado el momento te las presentaré a ambas.
Solo espera por mí.
-¿Qué te pidió que regalases?
Escuchó que le preguntaba Elkins, suspiró, quizás:
-Un colgante. Se trata de una esfera de plata, traía una L, grabada en ella.
-¿Una esfera de plata? - La voz de ella sonó distante: -¿A quién, a quién vas a dársela?
-A Hermione. Creo que ella sabrá apreciarla como es debido.
No miró a esta, por lo que no pudo ver como ella sonreía de medio lado y declaraba:
-Estoy segura de que es la elección acertada. Después de todo, no siempre los segundos pensamientos son equivocados,Harry.
Sorprendido por esas palabras y completamente desconcertado, se puso en pie y se giró a mirar a Elkins. Un escalofrío lo recorrió, allí plantada, con toda esa ropa para cubrirse del fuego, de modo que solo sus ojos y parte de su rostro se podía ver, una vez más se le hacía presente su madre.
¿Qué le estaba pasando?, Era como si ese maldito año la viera en todas partes, ¿qué pasaba?, ¿querría ella decirle algo?, ¿Por qué Elkins usaba sus mismas palabras?
Negó, seguramente estaba cansado. De repente sintió un fuerte dolor en la frente y se llevó la mano donde tenía la varita hasta ese lugar.
-No, ¿qué demonios está pasando?
El dolor incrementó, él estaba furioso, no, podría ser incluso algo peor, unas cuantas imágenes asaltaron su mente, unas que lo dejaron helado. ¿Por qué ese despreciable estaba reviviendo la muerte de sus padres?
-Aggg.
Una nueva punzada lo terminó de derribar, cayó de rodillas al suelo:
-HARRY, ALÉJATE DE AHÍ.
Sintió que la vista se le nublaba y sus ojos se llenaban de lágrimas, lo peor de la situación es que sabía que las lágrimas no se debían al dolor que estaba sintiendo sino a las imágenes que este le estaba mostrando. ¿Sabría él, que se encontraba en el valle de Godrig?
¿Lo estaría haciendo intencionadamente?
-HARRY TE VA A ATACAR, POR FAVOR HAZME CASO LEVÁNTATE DE AHÍ.
La voz de Elkins, alarmada y cargada de miedo lo hizo intentar por todos los medios centrarse. Sintió como alguien rozaba su mejilla, asustado se alejó, intentó enfocar la vista en quien estaba cerca de él, pero le era imposible.
-No es posible, esto es… -La voz asustada de Remus consiguió despejarlo lo suficiente, cuando sus ojos enfocaron al fin a quien lo había tocado pensó que ahora sí, se había tenido que desmayar del dolor.
Unos ojos Grises y enormes lo miraban con cierta tristeza, vio como una vez más se acercaban a él y aguantó la respiración. Cuando sintió una lengua grande y espesa en su mejilla supo que no era un sueño, ni siquiera una pesadilla.
Esos ojos grises y ese perro negro y enorme que había ante él, era sin duda alguna Hocicos.
-¿Hocicos?
El perro lo miró por un momento y seguidamente se sentó, era como si le estuviese preguntando de qué lo conocía. ¿Por qué no tomaba su forma de humano?, tal vez fuese porque estaban en un lugar público, sin pensar se lanzó al cuello del perro con fuerza:
-Estás vivo, estás aquí, no me lo puedo creer, es todo tan…
-Irreal, Harry aléjate de él, es imposible que sea Hocicos y lo sabes, tú al igual que yo lo vimos morir hace dos años.
Cuando soltó el agarre del cuello del enorme perro, miró hacía Remus y se congeló al ver a este con la varita en alto y señalando a este. Sin pensar se puso delante del mismo y apuntó a su vez a Remus.
-Ni se te ocurra. Es él, y se viene con nosotros.
-Harry, ¿no te das cuenta de que puede tratarse de una trampa?
-No, lo conozco, es él, estoy seguro.
-NO, NO LO ESTÁS, LO QUE ESTÁS ES DESESPERADO POR AFERRARTE A ALGO QUE NO EXISTE.
Apretó su puño furioso, y fulminó a Remus con la mirada, colocó una de sus manos en el cuello de Hocicos y declaró:
-O nos llevas a ambos al cuartel, o me marcharé de aquí solo y con él.
Remus, se quedó congelado en el lugar, Harry pudo apreciar como este miraba primero a él, y después al perro. Vio las dudas en él, tampoco estaba seguro de que no se tratase de Sirius:
-¿Quién es ese enorme perro?
-Eso no te importa. Muy bien, nos largamos de aquí.
Remus sonaba claramente furioso, y sabía que acababa de abrir una brecha entre su relación y la de Remus, pues acababa de apuntar a este con su propia varita. ¿Se lo perdonaría en alguna ocasión?
La que ahora llevaba la caja que contenía las cosas que él quería guardar, era Elkins, todos aparecieron en el vestíbulo de la casa que ahora era el cuartel de la orden.
Elkins lo miró unos momentos y susurró:
-Dejaré esto en tu cuarto.
-Gracias.
Susurró él sin más, se iba a arrodillar ante Hocicos para verlo ahora a la luz de la casa, pero unos gritos procedentes de la sala le llamaron la atención, curioso se acercó a esta, sintió como Hocicos lo seguía de cerca.
-¿Piensas abandonarla allí?, muy bien regresaré solo.
-No irás a ninguna parte.
La voz de Kinsgley sonaba furiosa:
-¿Le negarás la ayuda?, ¿LA DEJARAS MORIR?
-¿Qué se supone pasa aquí?
Escuchó que Remus preguntaba, entró tras de él:
-Es este maldito, que no para de decir estupideces.
-¿Malfoy diciendo estupideces?, eso no es algo extraño, ¿qué se le ha ocurrido ahora?
Cuando Malfoy lo vio, formó una sonrisa cargada de cierta desesperación y diversión:
-Con que estupideces, muy bien Kinsgley, dile a vuestro héroe, a quien has abandonado a su suerte en el callejón Diagon.
-¿Abandonado?, ¿A quién?, ¿Qué está pasando Kinsgley?, Creí que solo tenías que recoger a Malfoy y su sobrina del callejón Diagon.
-Eso dices tú, pero yo no la vi. - Recriminó Kinsgley furioso, y era verdad, sus ojos claramente le decían que era cierto, mirando a Remus añadió: -Eso creí yo también, pero cuando llegué allí, había algunos mortifagos, sin duda deseando cazar a este por traidor. Mundungus fue asesinado, y cuando conseguí llegar a ellos solo pude desaparecerme del lugar y ya.
-¿Entonces qué…?
-Pues estaba allí, ella desapareció de aquí junto con Luna y conmigo, sino me crees pregunta al resto.
-Es cierto, estaban discutiendo cuando de repente, la sobrina de Malfoy comenzó a gritar y sin más, los tres desaparecieron de aquí.
Añadió George, el cual acababa de llegar a la sala, al escuchar todo el escándalo:
-Eso es imposible, nadie que no sea de la orden puede aparecerse o desaparecerse de aquí. Y vosotros definitivamente no lo sois, tan solo sois refugiados y ya.
Sentenció Kinsgley furioso.
-Pues te puedo asegurar que se desaparecieron sin más. Mi madre, junto con mi padre, Bill y Ron, que no pudieron dejarlo fuera, salieron a buscarlos.
-¿Ron?, ¿Qué pinta Ron en todo esto?
Preguntó él, se había perdido por completo:
-Potter, espero que estés preparado para despedirte de la sangre sucia de Granger para siempre, porque aquí, el gran auror, la abandono en el callejón Diagon, estaba siendo perseguida por el señor tenebroso.
Todo en él, desapareció, lo único que funcionaba eran sus ojos y lo único que veían era la verdad en los de Malfoy. Su corazón se comprimió, como si alguien lo estuviese estrujando entre sus manos, un miedo superior al que lo había asaltado en el pasado.
Incluso superior al que sintió cuando Lestrange o Dolohove, la atacaron precisamente a ella. El miedo se mezcló rápidamente con la desesperación y una tristeza casi insoportable.
Ella no, ella no podía desaparecer de su mundo. Si ella no estaba. ¿Qué más podía tener sentido?, ¿Qué le importaba a él, el resto del mundo?
Consiguió meter algo de aire en su cuerpo, pero eso fue peor, el sentimiento en su interior creció.
Miró a Malfoy a los ojos, y desapareció del lugar, nada ni nadie importaba ya, solo deseaba verla, saber que estaba bien. Cuando abrió los ojos se encontró enfrente de la tienda de túnicas del callejón Diagon.
La noche era oscura, parecía que las nubes habían decidido tapar a la Luna por completo, el silencio en todo el callejón lo asustó. Miró a ambos lados de la calle, ¿dónde estaban?, ¿Cuánto hacía de lo que Malfoy le había dicho?
Comenzó a gritar su nombre a pleno pulmón, ¿qué importaba si había alguien más en el callejón?, ¿Y si era un mortifago?, nada importaba, mientras la encontrase lo demás carecía de valor e importancia.
Comenzó a correr por todo el callejón, el miedo era lo único que lo impulsaba, ni siquiera la esperanza, ¿quién podría tenerla si lo que Malfoy decía era cierto?
Negó, no podía pensar así, ella era una chica lista, seguramente lo había conseguido, Hermione era capaz de enfrentarse a él y salir airosa. Estaba seguro de ello.
Sus pulmones le exigían detenerse en su carrera, y su garganta que dejase de gritar su nombre con desesperación, pero no lo hizo, cada paso que daba sin encontrarla lo torturaba cada vez más.
Cada grito sin respuesta era un fuerte golpe en todo su ser. Su carrera lo llevó hasta uno de los muchos callejones, cuando entró en el mismo se detuvo en seco.
Todo él lo supo en el acto, la figura tirada en el suelo era ella, no había sitio para la duda, ni siquiera el más pequeño, reconocería su figura en cualquier lugar. Y la que se encontraba tirada en mitad del mismo, era ella sin duda.
El cuerpo que no se movía, del que no parecía salir ni es más leve de los suspiros, era el de ella. Sabiendo lo que encontraría caminó hasta ella, se dejó caer a su lado.
No sabía en qué momento sus ojos le habían traicionado y habían soltado lágrimas que no debían caer. Porque si las dejaba caer, era que estaba admitiendo algo que sabía que no podía admitirse a sí mismo.
Con un temor mayor a cualquier otro alargó su mano hasta el rostro de ella, cuando lo rozó ahogó una maldición, no, no, no era posible.
-Hermione, venga, Hermione, no puedes hacerme esto, no puedes dejarme solo, sabes que te necesito, sabes que…
Sin poder aguantarse la cogió entre sus brazos, al hacer ese gesto, se percató de que ella, tenía ambas manos en su vientre. Por la oscuridad del lugar, no podía distinguir bien casi nada.
Llevó una de sus manos hacía las de ella y rápidamente la apartó, cuando miró la misma se asustó.
Esta estaba impregnada de sangre, sangre de ella, de su mejor amiga. ¿Por qué había hecho eso?, ¿Por qué no había podido limitarse a acabar limpiamente con ella?
Por él, si ella había terminado así, era por su culpa. Se aferró a ella y comenzó a gritar, a la par que las lágrimas ya corrían por sus ojos.
Ni siquiera sabía lo que estaba gritando, más de lo que sí estaba seguro era de que no gritaba lo que deseaba decirle a ella. Lo que acababa de entender en ese momento.
Su dolor, fue tomando forma de odio, uno casi abrasador y sin duda un odio que lo acabaría por destruir. Aferrado a ella aún, gritó a pleno pulmón el nombre del ser más despreciable en el mundo.
Lo llamó con la voz impregnada en odio, después con dolor y angustia, por último, su tono era de súplica. ¿Qué suplicaba?, Fácil, que apareciera y terminara con todo de una vez.
Que hiciera con él, lo que había hecho con ella. ¿Era mucho pedir que llegara el fin?
