ESTO. ES. ¡SEKAIICHIIIIIIII!
Tan solo escasos segundos hicieron falta para que se desencadenara un absoluto y completo caos. Los piratas del Sekaiichi comenzaron a correr de un lado para el otro, cuan viajas locas en un almacén de rebajas del 70%. Rápidamente, comenzaron a preparar los cañones a toda prisa y recogieron todo tipo de armas: cuchillos, puñales, pistolas, espadas, sartenes, objetos punzantes, objetos no punzantes, fotos de Justin Bieber en bikini(?),tanques y ametralladoras estilo Rambo(¿?) … ¡lo que fuera! Todo con tal de no perder ante el Junjou.
Poco sabían sobre el barco enemigo, salvo que era bastante más viejo que el Sekaiichi. Por todos era conocido que el Junjou ya navegaba por el mar del Ya-oi incluso antes de que se diseñara como iba a ser el Sekaiichi. Desde que ambos barcos navegaban por los mismos océanos, cada vez que se encontraban tenía lugar una temible y extravagante batalla. Una guerra para comprobar quien era el verdadero rey de los mares.
- ¡No disparéis hasta tenerlos a tiro! ¡Acorraladles! – gritó uno de los jefes de sección del barco más joven. – Rodeadles y exponed su punto débil.
Las quejas de diversos piratas no tardaron en hacer aparición:
- ¡No tenemos suficientes balas de cañón! ¡No hemos atracado en un puerto neutro desde hace mucho tiempo, por lo que no hemos comprado armamento ni pólvora, y apenas tenemos munición! ¿Cómo vamos a hacerles frente?
- ¿Crees que ahora es el momento de echarse atrás? Lo que debemos hacer es-…
- Silencio – Una voz autoritaria resonó entre la multitud, logrando que todo el mundo se callase al instante. Ante todos apareció la solemne figura de un hombre alto, de cabellos castaño oscuro e impresionantes ojos violetas. Llevaba ropas más llamativas y elegantes que el resto de la tripulación, además de un gran sombrero con el mismo emblema que la bandera del barco ... es decir, con el dibujo de la caravela y el conejo ese con medias, alas y una varita ... y no sé que horteradas más ...
Al lado de ese hombre había otro joven muy serio, de cabellos castaño claro y ojos del mismo color. No parecía alejarse de su lado ni por un instante.
- C-Capitán – Murmuraron varios piratas, contemplando al hombre de penetrantes ojos violetas. – Capitán … I-Isaka.
Asi es. Era el capitán del barco: Ryūichirō Isaka. Se decía que en su día había sido tripulante del Junjou, pero se había pasado al bando de Sekaiichi y se había convertido en su capitán gracias a la influencia de su padre, un importante noble de Marukawa.
El capitán los miró muy seriamente, lanzándoles una mirada casi mortal. Pero de repente, para desconcierto de todos, sobre todo de Onodera, el capitán se apoyó despreocupadamente contra el mástil de la vela mayor y bostezó aburrido, no sin antes agregar:
- Aff. Que fastidio … Justo cuando estaba durmiendo tienen que ponerse a hacer escándalo. Estaba teniendo un bonito sueño, ¿lo sabían? ¿Qué demonios pasa ahora?
- Mi señor – habló Hatori, uno de los miembros del grupo Esmeralda. A pesar del caos de la situación, su voz permanecía calmada: - Es el Junjou. Nos atacan.
- Oh~ El Junjou. Hacía tiempo que no sabíamos nada de ellos. Ya les echaba de menos. Qué bueno que hayan decidido hacernos una visita~ - contestó su superior con evidente sarcasmo, mientras sonreía ampliamente. - ¡Me pregunto si Usami estará contento de verme nuevamente!
- Con el debido respeto, señor. No creo que hayan venido a tomar el té y cotillear amistosamente. – contestó con igual sarcasmo el hombre de cabellos castaños que se encontraba al lado del capitán. Era la mano derecha de Isaka: el comandante Asahina. Siempre se encontraba al lado del capitán, velando por su seguridad. – ¿Cuáles son sus ordenes, mi señor?
- Si no tenemos suficiente munición no vale la pena malgastar lo poco que tenemos. Debemos cambiar de estrategia. Si no podemos hacerles frente con un combate naval debemos acercarnos, esquivar sus golpes y abordar su barco. ¿Me han oído bien todos, incluyendo los jefes de sección?
Con un sonoro alarido, los piratas asintieron y se dispusieron a planificar y preparar el abordaje, algo que sin duda no era fácil. Y menos cuando el barco enemigo tenía sus cañones cargados y se acercaba peligrosamente hasta ellos …
Sin embargo, todo el mundo en este barco parecía muy dispuesto a dar guerra, por muy en desventaja que estuvieran frente al enemigo. Onodera ,por otro lado, no se sentía tan valiente y decidido como el resto de los aguerridos piratas, ya acostumbrados a la crueldad de guerra y la destrucción. Le temblaban las piernas y el sudor recorría su frente. Jamás había estado en una batalla y se encontraba muy inseguro. Trataba de ocultar esto intentando ayudar en todo lo que podía y manteniendo una actitud confiada y animada. Lo daba todo en el trabajo, poniendo especial énfasis en su labor, para así ocultar sus dudas y preocupaciones.
Takano se dio cuenta de ello casi al instante, y decidió permanecer a su lado, tratando de idear algo que aliviase la tensión del menor. Pero a pesar de estas buenas intenciones, no supo que decir para disminuir la angustia del noble …
No supo escoger las palabras adecuadas para tranquilizarle.
Solía pasarle eso muy a menudo cuando se encontraba con Onodera, y eso le frustraba aun más.
Lo que él no sabía es que esa misma frustración era mutua.
La tormenta se desató con furia. La lluvia lo empapaba todo, los truenos retumbaban mientras los rayos iluminaban el horizonte. La misteriosa niebla lo cubría todo con su espesor ...
Las enormes olas agitaban ambos barcos rivales en medio de un mar sombrío y embravecido, de modo que los dos navios no solo tenía que luchar el uno contra el otro, sino que también debían pelear contra la ira del océano.
Con el violento vaivén de las olas azotando los barcos de un lado a otro, era difícil moverse por cubierta. De hecho, sus tripulantes apenas podían mantenerse en pie, ya que el barco no paraba de inclinarse de un lado a otro, hasta el punto en el que todos lo que iban a bordo empezaron a pensar que volcaría. Era casi imposible cargar los cañones o realizar cualquier acción que pusiera a prueba el sentido del equilibrio (y prueba de ello era la decena de piratas sin dientes que se habían pegado la hostia de su vida contra el suelo, justo cuando el barco se había inclinado bruscamente hacia un lado y no habían sido capaces de mantenerse erguidos). Pero a la vez, esta misma dificultad era una ventaja para el Sekaiichi, ya que, entre las sacudidas de las olas que desestabilizaban el navío y la niebla que impedía la visión, el Junjou no era capaz de atinar con el disparo de sus cañones, y la mayoría de las balas se perdían en el fondo del océano en vez de chocar contra el barco.
Rodeando al Junjou para esquivar sus cañones, el Sekaiichi se abrió paso entre las agitadas olas y se acercó peligrosamente a su adversario. Solo debían aguantar un poco más y podrían abordar al enemigo.
Sin embargo, el Junjou nunca se daba por vencido tan fácilmente:
-.-.-.-.-.-
En el interior del Junjou:
- ¡Señor Usami! ¡Están intentando abordarnos! – gritó uno de los chicos a bordo del Junjou. Sus enormes ojos verdes, como los de Onodera, brillaban con preocupación. Su nombre era Mikami. Frente a él se encontraba otro hombre de cabellos ligeramente plateados, que parecía tener un rango superior. Sus ojos eran violetas de una intensa tonalidad.
- Maldito Isaka traidor … Vamos a ver quien aborda a quien … - susurró el susodicho Usami con un tono de voz mortalmente enojado. - ¡Shinobu, reparte las armas a la tripulación como buen terrorista que eres!
- ¡Ug! ¡Lo que sea! – respondió con fastidio el menor, dejando de lado la sartén con la que pretendía cocinar algo de repollo para esa noche(?). Mientras, un hombre mayor, alto, moreno y con un cigarro en la boca, de nombre: Miyagi, suspiró con puro alivio al ver el repollo lejos de él. Gracias a dios ... la cara se le iba a poner verde como siguiera comiendo esa cosa todos los días. Gracias dios, gracias ...
Usami, ignorando el drama de Miyagi y las quejas del joven 'terrorista', comenzó a dar órdenes, apresurando su estrategia de combate. Debian darse prisa o acabarían perdiendo, o peor, siendo engullidos por las olas que cada vez se alzaban con mayor fuerza.
- ¡Miyagi, prepara el abordaje! ¡Nowaki, carga la última tanda de cañones!
- Si, señor.
- Sí, señor.
- ¡Hiroki, ayúdales!
- Si señor.
- ¡Misaki, déjame hacerte de todo esta noche!
-Si, seño- … espera, ¿QUÉ?
- ¡Y por último, pero no menos importante! ¡Kyo Ijuuin, vuelve a intentar tocarle el culo a Misaki y te castro!
-.-.-.-.-.-
De vuelta al Sekaiichi:
- ¡Van a disparar! –Gritó Onodera conteniendo la respiración -¡Tiraos al suelo! ¡Tiraos al suelo!
- Y el suelo se quedo preñado … - respondió uno de los piratas muy contento, como si contar un chiste tan malo en medio de una horrible batalla fuese absolutamente normal.
- ¡No es el momento de hacer chistes malos sobre marinos! ¡Por dios, no estamos en una reunión de amigos!
- Aw~ Onodera … Como se nota que esta es tu primera batalla … Pero no te preocupes, ya te acostumbrarás. Tómatelo con calma. - le dijo Kisa a la vez que le daba unos golpecitos amistosos en la espalda.
- ¿ESTAMOS EN MEDIO DE UNA BATALLA EN LA QUE PODIAMOS MORIR TODOS DE LA FORMA MÁS INHUMANA POSIBLE Y TÚ ME DICES QUE ME LO TOME CON CALMA?
- Sip~
- …
'Dios mio … ¿qué clase de barcos pirata eran estos?' – pensó el menor mientras una gotita resbalaba por su frente.
- ¡AL ABORDAJE! – oyó gritar de pronto. Ahora los barcos estaban suficientemente cerca y pronto se desencadenaría la autentica guerra.
- ¡Vamos! ¡Enseñémosles a esos idiotas que ESTO. ES. SEKAIICHI! – gritó otro pirata en plan espartano, mientras gritaba como una vieja loca y se echaba a correr en dirección al barco enemigo. - ¡ESTO. ES. SEKAIICHIIIIIIIIII!
- Pues claro que saben que esto es Sekaiichi … Por eso mismo nos están atacando, porque somos Sekaiichi, su enemigo … - respondió Onodera, con doble gotita resbalando por su frente. – Dios mío, esto es absurdo. ¿Se puede saber en qué clase de barco me he metido?
- ¡Si! ¡Vamos! ¡A por ellos! - gritaron varios al unisono antes de desenvainar sus espadas y disponerse a atacar.
Justo cuando se disponían a abordar, una inesperada y enorme ola arrastró al Sekaiichi con una fuerza descomunal, y al final, Junjou y Sekaiichi chocaron el uno contra el otro. El impacto destrozó parte de las defensas del costado de los navios, e hizo que todos los marinos que estuvieran de pie cayeran al suelo o directamente al mar embravecido, perdiéndose en sus oscuras aguas.
Cuando los piratas consiguieron ponerse en pie y reponerse de tan brutal golpe, aprovecharon la proximidad para saltar e invadir la embarcación rival. La mitad de los miembros trataron de abordar al enemigo, mientras que la mitad restante se quedó a defender el propio barco. Así fue como muchos miembros del Junjou acabaron luchando en la cubierta del Sekaiichi, y los del Sekaiichi en el Junjou, entremezclándose en una maraña en la que costaba distinguir quien era amigo y quien enemigo.
Pistolas.
Espadas.
Palos.
Puños.
Todo era valido a la hora de atacar y defenderse. Esto era la guerra y aquí no habían normas ni leyes, solo las ansias de salir victorioso.
- Takano ... - susurró Onodera antes de que los gritos de los primeros heridos le ensordecieran y el fragor de la batalla nublara sus sentidos.
- Onodera ... - susurró una voz simultáneamente, en la otra esquina de la popa. En el tono de su voz se ocultaba un miedo atroz. - Por favor. No mueras ...
El miedo a la posibilidad de perder a un ser querido ...
El sonido de los cañones retumbó con más furia que los imponentes truenos de aquella noche tormentosa.
El chasquido de las espadas al chocar con rabia …
Los gritos y alaridos de guerra …
… la lluvia empapándolo todo, limpiando la sangre derramada en aquella noche fría …
Ahora de aquella gran batalla tan solo quedaba el desagradable olor a sangre y pólvora, sin contar con los numerosos daños que había recibido el Sekaiichi. Sin embargo, tampoco podían quejarse, ya que el Junjou tampoco había salido bien parado.
Ambos barcos se habían visto obligados a rendirse y retirarse, considerándose esto un nuevo empate. Otro más sumado a la larga lista de empates que habían vivido ambas embarcaciones al lucha la una con la otra.
Esta inútil batalla había causado más daños y desperfectos que beneficios, pues pocas cosas consiguieron robar del barco enemigo y demasiadas cosas quedaron dañadas en el barco propio. Había trozos de madera quemada o desquebrajada repartida por todos lados, pequeños agujeros creados por las balas de cañón que destruyeron una parte de la cubierta y varios desperfectos más de menor importancia. Aparte de eso, el barco estaba en buena condición para seguir navegando, ya que no recibió daños en diversas zonas vitales que le permitían mantener el rumbo y surcar los mares en dirección a Marukawa. Allí podrían arreglar los desperfectos.
La tormenta que les había acompañado durante toda la batalla se había calmado ligeramente, aunque amenazaba con estallar de nuevo más adelante. Pero de momento, las olas se mantenían en dudosa calma, dando a los piratas un tiempo para tranquilizarse y descansar.
Por fin, tras la ardua guerra, todo había quedado en paz, calma y tranquilidad …
-¡Takanooooo! ¡Estupido h*** de tu p**** madre! ¿Cómo demonios se te ocurre mandar a abordar antes de que el barco este en posición? Me ca**** en tu ****
- ¿Y que querías que hiciera? ¿dejar que nos masacren? ¡Teníamos que atacar justo en ese momento si no queríamos que nos mandaran un p*** cañonazo! ¿Acaso eres i****?
- ¿A quien estás llamado i***, hijo de *** [Dialogo censurado por contenido violento y obsceno]
- ¡ESO LO SERÁ TU MADRE P***-... [Dialogo HIPER censurado por contenido traumatizante]
- ¡Insultos! ¡Guerra! ¡Pelea! ¡Sangre! YAY~
- Capitán, por favor. Deje de animarles y detenga esta pelea antes de que les dé a todos por colocar la tabla y empezar a lanzar gente a los tiburones Antiyao-Istas… - sugirió Asahina al capitán Isaka, que lo contemplaba todo atentamente.
- ¿Qué dices? Esto es demasiado entretenido para detenerlo ahora. Cuando lleguen a la parte en la que intentan sacarse los ojos con el garfio, entonces ahí me avisas de nuevo y los detenemos. ¿Vale? .Limpiaremos la sangre, les invitaremos a unas cañitas y tan amigos como siempre~
- … Capitán … - susurró Asahina con una mano tapando su rostro mientras trataba de reunir la paciencia necesaria para soportarle.
Mientras los marineros seguían a lo suyo, es decir, a dedicarse dulces palabras de apoyo y consuelo tras una dura batalla:
- ¡j***! ¡No tienes ni p*** idea de navegación!
- ¡****hf%j#jfef!
…
En fin … Lo dicho: Tras la guerra, esto era un remanso de paz …
Esta era una situación que se repetía después de absolutamente TODAS las batallas y TODAS la reuniones de los jefes de sección. Y es que, tras el caos de la batalla, se avecinaba un caos mucho peor: una especie de apocalipsis. Cada jefe de sección echaba la culpa al otro de los diferentes errores que se produjeron en batalla y comenzaban a insultarse, haciendo uso de su más "delicado" y "refinado" lenguaje marinero.
- ¡Metete tus p*** palabras por el ***!
Si …
Una cosa así …
...
Normalmente, esto acababa en sillas volando por los aires y barriles incrustados en la cabeza de los marineros.
Mientras los insultos iban y venían, el pobre Ritsu estaba allí, petrificado como una estatua y más pálido que un muerto, mirándoles a todos con la misma carita de miedo que pondría un niño en casa de Pedobear. Se sentía bastante inseguro y ligeramente asustado. Quería detener la discusión, porque creía firmemente que no llevaba a ningún lado, pero tenía el presentimiento de que iba a salir muy mal parado si intervenía.
Todos estaban tan concentrados en la pelea que no notaron su nerviosismo en lo más minimo, a excepción de Takano, que al ver a Ritsu en aquel estado decidió dejar de lado su disputa y se acercó a él, dejando que los demás pelearan a gusto con quien les diera la gana.
- Hey, Onodera. ¿Te encuentras bien?
- Siento que si me atrevo a abrir la boca me comerán vivo. – contestó el castaño con inesperada sinceridad.
- Bueno … yo te "comería" de todas formas.
- ¡TAKANO-SAN! - gritó a pleno pulmón. Ante ese grito desgarrador, la tripulación se sobresaltó y quedó sumida en un silencio mortal. Todos se giraron para contemplar fijamente a un avergonzado y enrojecido Ritsu, que al convertirse en el nuevo centro de atención, se enrojeció aun más de lo que ya estaba. La vergüenza fue tan grande que juraría que hasta el pelo lo tenía rojo, como sus mejillas sonrojadas a más no poder.
De pronto, unos fuertes pasos interrumpieron la escena, para el gran alivio de Onodera, que casi pareció echarse a llorar de alivio y felicidad. La discusión y el incidente con Onodera y Takano pronto quedaron olvidados cuando llegaron algunos piratas de la tripulación a paso apresurado. Cargaban con algunos cofres, sacos, y unas cuantas baratijas que consiguieron robarle al barco enemigo.
Rápidamente todos comenzaron a sacar los tesoros y comprobar el botín.
- ¡En este saco hay un montón de monedas de oro!
- En este hay joyas.
- En este hay … un pulpo … - dijo un pirata confundido.- ¿Por qué trajeron a este bicho?
- Es que no nos dio tiempo a mirar que era lo que robábamos. Tomamos todo lo que encontramos a nuestro paso y echamos a correr … - se justificó Kisa con una gotita en la frente mientras veía como el animal recorría la cubierta.
- Hey. Aquí hay esmeraldas.
- Y aquí revistas porno gay …
-¡DAMELAS! ¡DAAAMMMEEEEEEE! – gritó toda la sección de Zafiro a unísono, asustando a toda la tripulación.
- ¡Y aquí hay un rehén! – gritó victorioso un enorme y fornido pirata, que se acercaba hacia allí a paso firme y decidido junto a otros tres piratas casi tan enormes como él. De inmediato, se ganaron la atención de todo el mundo, excepto de Zafiro, claro ... ellas estaban demasiado 'ocupadas' ...
Pero pronto, hasta la sección se Zafiro prestó atención al grupito de piratas fornidos recién llegados, pues traían consigo a un hombre desconocido, vendado y atado. El cautivo parecía mantenerse sereno a pesar de su difícil situación, cosa que llamaba bastante la atención.
- ¿Habéis capturado a un tripulante del Junjou? – preguntó el capitán ligeramente impresionado.
- Así es. Y parece tener un alto rango. – dijo el pirata más alto con aires de superioridad. Dicho esto, dio un pequeño tirón a la cuerda que usaban como correa y que mantenía al rehén junto a ellos, sin posibilidad de escapar. Otra gruesa cuerda aprisionaba ambas muñecas a la espalda, mientras que una venda rojiza cubría gran parte del rostro.
En cuanto al preso, era un hombre muy alto, de hermosos cabellos castaños ligeramente desaliñados, cuyos finos mechones caían despreocupadamente en varias direcciones. A través de sus ropas rasgadas se podían ver un buen cuerpo bien formado. La mayoría de sus rasgos faciales permanecían ocultos tras la venda que cubría sus ojos. Lo único de su rostro que podía apreciarse con claridad, ya que la venda no lo cubría, eran ... sus finos labios.
- ¿Cómo lo atrapasteis? - Preguntó Takano un tanto extrañado.
- En realidad yo iba a raptar a un tipo de ojos verdes. Creo que se llamaba Misaki o algo así. Cuando estaba a punto de atraparlo apareció un hombre llamado Ijuuin. Ese hombre quería rescatar al mocoso, así que este chico se dejó capturar para dejarlos marchar. – alegó el enorme pirata mientras se rascaba la nuca tratando de recordar los detalles. – Al final decidí capturar a este tipo. Quizás los del Junjou nos paguen algo por él. Como es de alto rango …
- No – afirmó el capitán – Incluso aunque sea alto rango, en un barco pirata eso no importa. Toda persona puede ser remplazada fácilmente de su cargo. – le encerraremos y luego decidiremos qué hacemos con él.
Dicho esto, Isaka se giró y encaró a Yokozawa, que parecía extrañamente ausente de todo a su alrededor. Incluso en el campo de batalla, había estado con la mente en otro lado, lo que le había costado un par de heridas superficiales causadas por el enemigo. Viendo esto, Isaka decidió darle un poco de trabajo para mantenerlo distraído.
- Ey , Yokozawa. Coge al preso y enciérralo en la celda de la bodega. Vigílalo toda la noche. Y mira a ver si le sacas información nueva sobre el Junjou.
- Si capitán … - Yokozawa simplemente asintió, acatando la orden.
Se acercó hacia el prisionero, lo tomó del brazo para ayudar a levantarlo. Ignoró por completo la correa que colgaba del cautivo, ya que considera que era suficientemente humillante el ser capturado, para encima tomar la correa y arrastrarlo como si fuera un perro. No había necesidad de ser tan bestia … un prisionero también tenía su dignidad, cosa que no parecían entender los fornidos piratas que llevaron al chico hasta aquí.
El cautivo no intentó huir ni una sola vez, por lo que Yokozawa dedujo que se trataba de una persona que no se dejaba cegar por el miedo. Pero sabía que en el fondo debía estar asustado. Sería de locos no sentirse así. Después de todo, estaba en un barco pirata enemigo … si les daba la gana, podrían torturarlo hasta la muerte. Muchos presos anteriores habían sido muy conscientes de ese hecho, y al ver que no tenían escapatoria habían entrado en pánico y comenzaban a patalear y gritar como gorrinos directos al matadero.
Sin embargo, este hombre parecía tan tranquilo. A pesar de la situación en la que se encontraba, emitía un aura de absoluto control, y enmascaraba bajo una apariencia despreocupada todos sus miedos. Parecía ser un hombre hábil, astuto … muy astuto ...
Al contemplarle, Yokozawa se sintió inquieto …
Algo en su interior le decía que debía tener cuidado con este tipo …
Sin más demora, ignoró al resto de la tripulación y guió al preso por la cubierta, de camino a la puerta donde se encontrarían con unas escaleras que descendían hasta las celdas …
Poco a poco, guardián y preso comenzaron a descender dichas escaleras. Yokozawa tenía que ayudarle, ya que sus ojos aun estaban vendados. La razón era simple: no era conveniente que un prisionero de un barco enemigo viese el interior de aquel lugar, con sus puntos fuertes y débiles, y lo memorizara.
- ¿Tu nombre? – Preguntó Yokozawa tratando de sonar tan impasible como le fuera posible.
Para sorpresa de Yokozawa, el prisionero le sonrió con cierta burla. Luego añadió:
- Vaya,vaya … eres muy curioso. ¿Desde cuándo el nombre de un simple rehén es importante?
El tono arrogante que utilizó aquel hombre irritó profundamente a Yokozawa. De hecho, el tic en su ojo indicaba claramente que no estaba saltado de alegría hecho, Yokozawa puso una expresión amarga ... Un tipo de expresión que, viniendo de él, no era tan inusual, ya que, de por sí, Yokozawa no era el tipo de hombre al que verías dando saltitos felizmente por una pradera rodeada de flores, un brillante arcoíris y un sol radiante de fondo …
No. Definitivamente NO. Incluso cuando estaba de buen humor seguía teniendo un aura ligeramente intimidante, así que cuando estaba enojado, el efecto de esta aura se multiplicaba por mil.
Y ahora mismo estaba enojado; No sabía exactamente si era por los eventos que habían ocurrido durante el día, por la 'charla' que tuvo con Takano, o por la molesta personalidad del preso, pero lo estaba. Por eso mismo lanzó una mirada fulminante al prisionero, aunque sabía de sobra que era en vano, ya que el otro estaba vendado y no le podía ver. ¡Pero daba igual! … ¡la cuestión era lanzarle una mirada fea y punto!
Sin embargo, a pesar de no poder ver, aquel desconocido pareció percibir el mal humor de su guardián, ya que rió un poco por lo bajo y luego añadió:
- Bueno, ya que te mueres de ganas por saber mi nombre te lo diré. No sufras por eso.
- ¡NO SUFRO POR ESO! ¿¡Y quién ha dicho que tenga ganas de saberlo!?
- Tú, cuando me lo preguntaste~ – respondió con total naturalidad.
- ¡Oh cállate!– No sabía exactamente porque, pero este hombre le sacaba de sus casillas. Si tan solo supiera su nombre para poder mandarlo a la m… oh espera. ¿Su nombre? ¿por qué estaba tan obsesionado con eso? ¡No hay forma humana posible de que él deseara saber su nombre de verdad! ¡maldita sea!
- Tan solo camina callado y déjame tranquilo. No estoy de humor para tus tonterías y tú no estás en posición para desobedecer a nadie.
- Si me dices tu nombre te diré el mío. – insistió el preso. Por alguna razón, este hombre parecía encontrar divertido el mal humor que desprendía su guardián.
Mientras, Yokozawa se dedicó a mirarle con el ceño fruncido. Le inquietaba la sutil forma en la que esos finos labios se curvaban cuando aquel hombre embozaba una de sus sonrisas irónicas.
Yokozawa le lanzó otra mirada irritada, pero, sin saber muy bien por qué, finalmente dijo:
- Yokozawa Takafumi
El preso sonrió.
- Kirishima Zen … -susurró suavemente con un tono ligeramente sugerente. - Encantado de conocerte ... Yokozawa ...
N/A: ¡Y aquí está Kirishima! :3 Un personaje que aparece por primera vez en el manga de Junjou Romantica (por eso lo puse como tripulante del Junjou, que se pasa al Sekaiichi xD), y que se convierte en el encantador amante de Yokozawa en la novela de 'Yokozawa no Baai'. Es capaz de ukear a Yokozawa, asi que para mí, es el ULTRASUPERSEME de todo el universo Sekaiichi /Junjou. Amén.
Con solo ver el anime, nunca hubiera predicho que Yokozawa pudiera ser tan ... lindo. En serio, es muy lindo owO "A su manera", pero lo es y me encanta xD
Por otro lado, sé que la aparición del Junjou fue cortita, pero aparecerán muy pronto, lo aseguro x3
