Dani DC: espero puedas seguir leyendo, me alegra crear intriga entre mis lectores, eso significa que lo voy haciendo bien. Pero no te decepciones, de algún modo debo continuar con los otros fics... en una de esas pronto vienen más capítulos de otros fics. Espero te guste lo que sigue, gracias por leer y comentar! =)

ValeAsencio: Muchas gracias por tus palabras y sí, amo el drama =) espero te guste lo que sigue, gracias por leer y comentar, un abrazo!

Gabriela C: Hay más capítulos y este es el segundo, gracias por comentar! =)

Sinceramente este fic va bastante rápido, no sé si es porque va dedicado a mi pareja o porque la idea está fresca en mi mente, pero como sea Pinnita Criss-Anderson TE AMO!

Espero que les guste lo que sigue, gracias por leer y comentar!

Anixita


Kurt Elizabeth Hummel, ese era su concepto de felicidad, ese chico era todo lo que había querido en la vida. Aunque tenía que reconocer que durante un tiempo fue bastante ciego, tal vez debió haber hecho caso al cosquilleo en su mano al momento en que corrían por el pasillo el día en que se conocieron en la Academia Dalton o tal vez al palpitar de su corazón cuando le cantó Teenage Dream, pero cómo fuese eran una pareja, estaban juntos y por sobre todo se amaban.

Aunque él no pudiera decir que había sido el mejor novio del mundo, porque quién en su sano juicio engaña al "amor de su vida", si bien había dicho que se sentía solo ¿eso justificaba su actuar? En ningún caso era admisible, pero aún así Kurt había sido lo suficientemente valiente como para darle otra oportunidad y él no le había fallado en ningún momento después de eso. Fue por eso que cuando le pidió matrimonio en su cumpleaños, el castaño no tardó en darle el sí, a pesar de que él no tenía dinero como para comprar el diamante que su novio merecía, pero hacía lo posible por complacer sus gustos.

Se habían casado cuando Kurt tenía 21 años y él 20, todo fue realizado en una hermosa ceremonia junto a familiares y amigos, con un futuro y proyectos prometedores, uno sería actor y el otro un cantante famoso; por eso no fue sorpresa cuando lo lograron y comenzaron a ser la pareja más cotizada por los noticiarios y comentaristas de farándula. Aunque debía reconocer que nunca lograba adaptarse a eso, a pesar de que siempre había querido ser conocido, pero cuando había llegado a ese punto se dio cuenta de que no tenía nada de emocionante.

Luego, cuando habían logrado adoptar a Ian su mundo era perfecto, al fin tenían un hijo, después de tantos trámites hechos en distintos centros de adopción. El pequeño era todo lo que ellos necesitaban para ser felices, porque su situación económica era buena y como pareja no tenían mayores líos que los que podían sostener dos adultos de 30 y 31 años, pero eso probablemente estaba por cambiar, ya que sus problemas iban aumentando conforme pasaban los días, porque él, Blaine Anderson, estaba más hiriente y sensible que nunca, lo que provocaba que descargara todas sus molestias con Kurt en cosas mínimas.

Era por eso que había discutido con el castaño en el centro comercial y ahora estaban en una clínica junto a Ian. En ese frío lugar tenían a su marido, el equipo de rescate y los paramédicos le dijeron que no se salvaría, que había perdido mucha sangre y que en un par de horas iba a morir. Él solo pudo congelarse y mostrar su lado más fuerte, sujetó a su hijo en brazos y fueron en completo silencio a la antesala del lugar, pero aún cuando esperaba hace dos horas, nadie le había dicho lo que pasaba con su esposo, solo sabía que intentaban operar y sacar la bala que se había insertado en su cabeza, eso a pesar del pronóstico de su muerte.

¿Qué debía hacer en ese momento? ¿Era mejor irse a casa y esperar allá? Eso lo pensaba por Ian, ya que no quería que sufriera un trauma con la situación que vivían, aunque tampoco podía alejarlo de su padre como si nada estuviera ocurriendo. ¿Papá? ¡Debía avisarle a Burt Hummel lo que estaba ocurriendo! No fue hasta ese minuto en el que fue totalmente consciente de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, los médicos corrían de un lado a otro y su teléfono permanecía guardado en su bolsillo, fue ahí cuando lo sacó y marcó el número de su suegro. La conversación no duró más de cinco minutos, en los que monótonamente le dijo lo ocurrido en el centro comercial y le indicó en dónde se encontraban. Luego colgó y sintió como Ian se bajaba de sus piernas y comenzaba a caminar a una gran puerta.

-¡Papá!-gritó mientras intentaba correr.

-¡Ian!-lo llamó Blaine caminando hasta él y tomándolo nuevamente en brazos-hey-susurró colocándolo contra su pecho y meciéndose suavemente-tranquilo, ya nos dirán lo que ocurre.

-¿No te preocupa?-dijo arrastrando las palabras por el llanto y mirando con sus ojos miel los de Blaine-papá se va a morir-susurró bajando la mirada y el moreno sintió que por primera vez el mundo se derrumbaba a sus pies y que la vida era descaradamente cruel con ellos. No podía negar lo que su hijo afirmaba, pero tampoco podía permitir que perdiera las esperanzas, aunque estas fueran nulas.

-Amo a tu papá-dijo con una sonrisa y levantando el rostro de Ian con una de sus manos-y los médicos nos dirán qué va a pasar.

-Pero sí...-dijo con los ojos nuevamente inundados en lágrimas.

-Esperemos, Kurt es fuerte y tal vez nos dé una sorpresa-dijo con una leve sonrisa, calmando así al pequeño que se veía visiblemente más tranquilo con esas palabras.

-¿El abuelo?-dijo suavemente el niño y Blaine lo miró por unos segundos.

-Viene en camino, no sé cuándo llegará, pero por ahora estamos nosotros dos-dijo sonriendo y sintió el cuerpo del niño pegándose al suyo en un abrazo protector y necesario, como los que le solía pedir Kurt cuando volvía del trabajo o necesitaba un consejo. Realmente Ian se parecía mucho al castaño, sus actitudes eran casi las mismas, aunque de algún modo tenía un extraño parecido a él también.

Volvieron a pasar un par de horas más en torno a ellos, cuando habían ingresado al lugar el moreno pidió que revisaran a Ian para descartar cualquier daño que hubiese recibido, afortunadamente la sangre que tenía en su piel era la de Kurt y no presentaba ningún tipo de lesión, por lo que se podía considerar con suerte.

-¿Los familiares de Kurt Hummel?-dijo un médico saliendo por una puerta y observando el pasillo vacío, donde solo estaban Blaine e Ian.

-Aquí estamos-se levantó el moreno y caminó con su hijo en brazos hasta donde estaba el hombre.

-¿Quién es usted?-dijo el hombre con una ficha en mano.

-El marido de Kurt Hummel, Blaine Anderson y su hijo Ian Hummel-dijo seriamente-dígame cómo está-dijo lo más frío y compuesto posible.

-Logramos extraer la bala-dijo seriamente y notando como el rostro del ojimiel se relajaba un poco-pero él está en un coma inducido.

-¿Qué quiere decir con eso?-murmuró intentando no perder el control y afirmando aún más el agarre en su hijo.

-No sabemos qué ocurrirá con él en las próximas horas, por lo que al inducirlo a un coma logramos que su sistema trabaje lo más lento posible y se recupere por completo, claro, si es que realmente está bien, de no estarlo...

-¿Lo pueden sacar de ese coma?-dijo seriamente.

-Después de unos días lo sacaremos del coma y veremos qué ocurre-dijo seriamente y mirándolo con detención.

-¿Puede morir?

-Sí, deben estar preparados para todo-dijo mirando al pequeño y notando como las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

Blaine dio media vuelta y comenzó a caminar con su hijo en brazos, no soportaba tal noticia, no podía creer lo que estaba sucediendo, de un momento a otro pasó de estar discutiendo con su marido a estar en un hospital esperando noticias buenas, esperando que se recuperara, no que le dijeran que podría morir.

-¿No lo verán?-dijo el médico sorprendido por la reacción del muchacho.

-¿Podemos o solo yo puedo entrar?-dijo suavemente.

-Pueden pasar ambos-dijo indicando la puerta y caminando hasta ella para abrirla. Una vez ahí vio como Blaine se había quedado quieto y miraba a su hijo por unos cuantos segundos antes de comenzar su marcha hacia ese infinito pasillo que se revelaba ante ellos.

Después de que cruzó la puerta se dio cuenta de que tal vez había sido una mala idea entrar con Ian, era muy pequeño como para ver algo así, pero si lo pensaba bien su hijo era muy pequeño para demasiadas cosas y ya había visto cómo le disparaban a su papá ¿sería justo que le impidiera verlo después de que estuvo en sus brazos al momento en que lo dejaron debatiéndose entre la vida y la muerte?

No tenía idea en qué momento el médico los había dejado frente a una puerta blanca, no se atrevía a abrir realmente ¿en qué estado estaría el ojiazul? ¿Realmente era bueno entrar con Ian? Pero el médico había dicho que sí y si se estaba equivocando y no era...

-¿Papá está ahí?-susurró Ian mirando a Blaine con sus ojitos aguados-¿Papi?-murmuró suavemente, a lo que el moreno hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

-Vamos-dijo suavemente y abrió.

En ese momento se dio cuenta de que la vida le estaba jugando una muy mala broma, de las peores. Kurt Hummel estaba rodeado de máquinas y cables que mantenían sus latidos estables, se veía más pálido de lo normal y su cabello estaba cubierto por la venda al igual que la frente, no podía creer lo que tenía delante de ellos.

-Papá...-susurró a lo que Blaine caminó hasta donde estaba el castaño y lo miró con atención, se veía tranquilo, como si estuviera durmiendo ¿era un sueño lo que vivían o qué? Porque estaba seguro de que en cualquier minuto Kurt abriría sus ojos y se levantaría de esa cama. Pero después de unos minutos se dio cuenta de que eso sería imposible. Sintió como sus piernas flaqueaban, como su pecho dolía y sus ojos se aguaban, no sabía por qué, pero ahora podía llorar libremente abrazando a su hijo que derramaba iguales lágrimas por su padre que estaba recostado, en coma.

No supo en qué momento, pero caminó hasta un pequeño sillón y se sentó ahí con el pequeño, quien no dejaba de abrazarlo, mientras observaba en dirección a su padre, quien no parecía dar mayores señales de vida, quien de un momento a otro podría morir en ese lugar. De momento parecía ser que no había nada que pudieran hacer para evitar pasar por todo eso, por lo que debían ser fuertes y enfrentarse lo mejor posible a lo que vendría de ahora en adelante.

Habían pasado un par de horas y una enfermera había ingresado a ver los signos vitales del ojiazul y les había traído una frazada para que se pudieran tapar y el pequeño Ian no pasara frío, lo que Blaine agradeció y se volvió a acomodar, ya que su hijo había caído profundamente dormido en sus brazos, mientras él comenzaba a sentir el peso del cansancio sobre sus hombros. Lentamente sucumbió ante el sueño y sin quitar la vista de su marido, se durmió.

-Blaine-escuchó como alguien le hablaba-Blaine-era un susurro algo lejano, pero aún así no lograba distinguir la voz-Blaine, despierta-dijo una voz femenina junto a él y al abrir los ojos pudo ver a Carol Hudson, quien sostenía a Ian.

-Señora Hummel-murmuró sobresaltado y mirando el lugar-Burt-dijo levantándose rápidamente y caminando hasta donde se encontraba el mecánico, quien cogía la mano de su hijo y lloraba junto a él.

-Kurt-dijo Burt con la voz rota y sin soltar a su hijo, lo miraba con detención y por primera vez en mucho tiempo se permitía llorar, en silencio, pero lo hacía mientras sentía que el mundo se derrumbaba a su alrededor, mientras todo comenzaba a ser tan feo y frío como cuando se enteró de que su pequeño había sido amenazado de muerte por un chico que solo le ganaba en cuerpo y no en inteligencia.

-Señor-murmuró Blaine acercándose y quedando junto a él-yo...-intentaba hablar, pero ver a ese hombre destrozado junto a su hijo, junto a Kurt, su Kurt, no era algo que le podría dar a alguien, no era algo que desearía nunca.

-¿Estás bien?-dijo con la voz rota el mecánico-¿el niño, está bien?-dijo mirando a Ian.

-Señor-intentó hablar de nuevo-fue...-trataba de decir Blaine, pero las lágrimas rompían su voz.

-No-dijo Burt suavemente-no te culpes, Blaine, no fue tu culpa, en ningún caso lo fue-dijo tomándolo por los hombros y luego abrazándolo con fuerza-no lo fue.

-Lo fue-murmuró amargamente contra el pecho de Burt-me puse a discutir con Kurt y cuando él se iba con Ian-siguió llorando aún más fuerte, mientras Carol escuchaba atenta sus palabras-él cayó al suelo y...-Burt no podía hacer nada más que cobijarlo contra su pecho y decirle al oído que estuviera tranquilo, aunque ni él mismo podía estarlo, porque el que estaba en esa cama era su hijo.

-Papi-dijo el pequeño Ian llamando a Blaine-Papi-volvió a decir y el moreno secó sus lágrimas para ir por su hijo, ahora él lo necesitaba, ahora estaban solos los dos, porque no sabía cuándo podría volver a despertar Kurt y eso era algo que lo empezaría a matar por dentro.

-Blaine-susurró Carol y lo miró con atención-cuenta con nosotros para todo, estaremos con ustedes.

-Gracias-dijo suavemente y se permitió seguir llorando abrazado a su hijo.

-Blaine-murmuró Burt poniendo una mano sobre la espalda de su yerno-por favor, no permitas que te quiten a Ian.

-¿Qué?-dijo girando a verlo con sorpresa y un poco de miedo.

-Solo te digo que no lo permitas, nosotros estaremos en todo momento con ustedes-dijo suavemente.

-¿Por qué piensa que me lo pueden quitar? Es hijo mío y de mi esposo, Kurt sigue vivo y no pueden…

-Aún no lo sabemos, Blaine-susurró Burt con un nuevo nudo en la garganta-no sé si mi hijo despertará y legalmente Ian es de él, lleva su apellido primero.

-Yo soy su otro padre-murmuró el ojimiel con la rabia naciendo en sus ojos.

-No ante la ley-dijo el hombre mirando a su nieto-al menos yo no permitiré que te lo quiten, hijo-dijo suavemente y volvió junto a Kurt.

Sí, esa era una de las cosas que nadie había pronosticado, que en el momento en que Kurt Elizabeth Hummel faltara en el mundo, no solo sus seres amados llorarían de pena, sino que las dos personas que más había amado debían separarse inevitablemente.