ValeAsencio: Blaine... espero que te guste lo que sigue, porque sinceramente... las cosas realmente se ponen cada vez más triste, y este es el capítulo final... gracias por leer y comentar.
mayiklaine: no los abandonaré, y aquí está la actualización donde se responden todas tus preguntas, espero te guste, gracias por leer y comentar, saludos.
Gabriela C: eso es lo que todos quieren siempre, espero les guste este final. Gracias por leer y comentar =)
Aquí está el final de este fic que tan rápido salió y realmente me encantó escribir. Por cierto, por primera vez un fic mío llevará un epílogo, así que este es el "FIN", pero ya pronto les traigo el epílogo, el que pondrá un fin definitivo a todo esto, solo espero que les guste.
Fic completamente dedicado a Pinnita Criss-Anderson, te amo
Muchas gracias por leer!
Anixita
No tenía idea de cuánto tiempo les había tomado llegar hasta Ohio en el avión privado del congreso, pero tenía claro que había sido mucho más veloz de lo que pensaba. Ya que a penas bajaron de él se fueron en un auto hasta el hospital de Westerville. Su hijo se escuchaba muy alterado cuando le dio la noticia de que habían encontrado a Blaine en el cementerio del estado y que tenía principio de hipotermia, y tal vez algo más.
No había querido asustar a Ian, por eso se limitó a decirle que iban a ver a su padre al hospital de Westerville, donde lo habían internado. Nada más que eso, y parece que el muchacho entendió que no quería hablar del tema, porque tampoco preguntó más, solo si su padre, Kurt, estaba bien. Y ahí fue cuando Burt no supo que decir, porque en ningún momento le preguntó a su hijo cómo se sentía, solo se limitó a escuchar la noticia de Blaine. Pero ese silencio Ian lo interpretó a su modo y no preguntó nada más en todo el camino que tuvieron hasta Ohio.
Cuando ingresaron al hospital solo vieron los pasillos vacíos y las salas de esperas atiborradas de gente, todos esperando que les anunciaran cómo estaba su familiar. Por ningún lado logró ver a Kurt o James y eso lo hizo entrar en pánico por un momento, pero su nieto había salido más despierto de lo que todos esperaban y ya preguntaba en informaciones por Blaine Anderson, su padre, le dijeron que había sido llevado al tercer piso donde se le trataba y que podría entrar a verlo si el doctor no tenía problemas, él agradeció y junto a su abuelo subieron por el ascensor.
Al llegar al piso pudieron ver a Kurt sentado en una silla fuera de la habitación, lloraba desgarradoramente y James lo abrazaba, intentaba consolarlo, pero ni él tenía consuelo en ese minuto. No comprendían mucho de lo que ocurría, pero Ian sabía que no debía de ser bueno lo que estaba pasando. El muchacho se acercó a la habitación donde tenían a su padre e ingresó en silencio, seguido de Burt, quien sabía que debía ver a su hijo, pero también tenía que cuidar de su nieto.
Ian entró en absoluto silencio y cuando iba a llegar hasta la cama de su padre se detuvo, lo observó y se sintió nervioso al ver tantos tubos en sus brazos, por suerte no tenía ninguno en su boca. Aunque de algún modo el tener ese consuelo no lo tranquilizaba para nada. Su abuelo se puso detrás de él e intentó que salieran de ahí, porque por alguna razón Kurt y James no se habían quedado en el lugar.
-Ian, vamos...-susurró suavemente, pero vieron como Blaine abría los ojos lentamente.
-Papá-murmuró el castaño y se atrevió a coger una de las manos de su padre.
-Hijo ¿cómo estás?-dijo débilmente y con el cansancio pegado en su rostro.
-Bien, cómo estás tú-susurró asustado y notando como el moreno no era capaz de seguir hablando.
-¿Dónde está Kurt?-dijo mirando a Burt y a su hijo alternativamente.
-Está afuera-dijo el hombre suavemente-está con tu padre.
-¿Llegaron recién?-murmuró suspirando pesadamente.
-Sí, recién bajamos del avión y vinimos aquí-dijo Ian preocupado por la forma en que su padre los miraba-¿te han dicho algo los médicos?-preguntó el muchacho de solo 15 años.
-¿Quieres la historia larga o la corta?-dijo Blaine poniendo toda su atención en su hijo.
-La historia larga, hay tiempo para eso-susurró mirando por la habitación y dando con dos sillas que estaban alejadas de la cama.
-Toma-dijo el mayor de los Hummel y le entregó una silla a su nieto y la otra la ocupó él.
-Ingresé ayer aquí, pero me vine a Westerville porque sabía que este era mi único hogar, donde Kurt no me haría sentir miserable porque no he sido buen padre contigo, porque no cumplí como debía en su momento.
-No has sido malo, solo las cosas no se dieron como debían y sé que la falta de papá te hizo mucho daño en su minuto, pero...
-Nada justifica el abandono que tuviste que sufrir por mi culpa, si no fuera por tus abuelos, tú seguirías siendo víctima del bullying en la escuela que estabas-sentenció seriamente-cuando llegué a Ohio estuve un par de días en la casa de papá y recordé cada cosa que pasé ahí, desde cuando le confesé a mis padres que era gay, hasta la muerte de mamá y eso me hizo reaccionar e ir a verla al cementerio-suspiró algo nostálgico y continúo contando-luego fui donde la señora Hummel, muchas veces acompañé a Kurt a verla cuando estábamos en Dalton y fueron esos los momentos en que más nos compenetramos el uno con el otro, cuando más unidos estuvimos, por eso me mantuve ahí durante tres días. Y creo que luego de eso me dormí junto al árbol y para cuando desperté estaba en esta cama de hospital-finalizó mirándolos tranquilamente.
-¿Qué te han dicho los doctores?-dijo Burt intentando entender por qué su hijo lloraba tan fuerte en el pasillo.
-Entré con un principio de hipotermia, tardaron unas cuantas horas en estabilizarme, pero también encontraron algo más-dijo suavemente y evitando mirarlos.
-¿Qué más encontraron?-dijo Burt cogiendo la mano de su nieto y manteniéndolo lo más cerca de él, sentía que algo muy duro se venía para ellos.
-Primero perdí la memoria-suspiró fuertemente- y por unas horas no fui capaz de saber por qué estaba aquí y creía que papá era el mismo que cuando yo tenía 17 y que Kurt solo era un chico que debía cambiarse a Dalton porque le hacían bullying en su escuela, jamás recordé que tengo 40 años y que ya nada es lo mismo-susurró suavemente.
-¿Todo eso fue ayer?-dijo Ian extrañado.
-Sí, luego me encontraron unas...-se contuvo de seguir hablando, no sabía si era lo más correcto continuar, y si realmente Kurt estaría de acuerdo con contarle algo así a su hijo.
-¿Qué cosa encontraron?-dijo el menor preocupado.
-No es...-intentaba decir que no era grave, que no se preocupara, que saldría de eso... pero ni él estaba seguro de que sería así, porque los médicos habían dicho todo lo contrario y eso le daba miedo, ya que si él moría todo podía desmoronarse para su familia.
-Dinos, qué es lo que te sucede-lo instó Burt, quien siempre había preferido la verdad ante todo, no le gustaba que le escondieran lo que sucedía, si la verdad dolía así era, pero no debía ser escondida, porque cuando se descubría era capaz de causar el mayor dolor del mundo.
-Tengo cáncer-dijo el moreno de una vez y sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas, como su hijo soltaba su mano y se ponía pálido, vio la preocupación y la confirmación de lo inevitable en el rostro de su suegro y eso fue lo que lo hizo sentir el peso del miedo en su cuerpo, eso lo hizo entender lo qué realmente estaba por ocurrir.
-¿Qué?-dijo Burt intentando confirmar lo que ya había escuchado y entendido-¿Está confirmado?-susurró casi en un hilo de voz.
-Sí, hoy...-intentaba hablar, pero ver como su hijo lloraba en silencio le dolía profundamente, porque así no debían suceder las cosas, así no tenía que ser todo eso-hoy en la mañana me dieron los resultados de un examen que me hicieron ayer.
-Pero no es posible, eso...-intentó decir Burt, pero fue interrumpido.
-Eso tiene solo un 20 por ciento de ser así, pero tratándose de cáncer no hay que ser un genio para no notar que hay casi un 100 por ciento de probabilidad de que mi hijo muera de cáncer al hígado-dijo James en el marco de la entrada de la habitación.
-No puede ser, mi esposa tuvo y...-intentaba hablar Burt, pero intentaba entender cómo esa situación se les salía de las manos, primero Kurt estuvo en coma por nueve años y ahora Blaine podía morir por un cáncer no detectado a tiempo.
-Hay indicios en nuestra familia y eso eleva todo a un 40 por ciento-sentenció el mayor de los Anderson-uno de mis hermanos murió de cáncer, por eso te lo digo, aunque mi hijo se estuviese chequeando constantemente por problemas al corazón ya que mi mujer murió de eso, debió también hacerlo por el cáncer, así como lo hace Kurt con ambas enfermedades-dijo seriamente y sintió como su cuerpo temblaba, porque no era sencillo dar esa explicación cuando sabía que su hijo menor podía morir en cualquier momento de una enfermedad tan ruin. Además, no era sencillo saber que en el peor de los casos tendría que sepultar a su hijo, siendo que lo correcto era que los padres murieran primero y no un hijo, eso jamás sería correcto ni lo indicado.
-Los resultados los tendremos en un par de días, pero ya es casi definitivo el diagnóstico-dijo el doctor ingresando-lamento mucho la forma en la que se enteraron de esto, pero haremos lo posible por darle el mejor tratamiento.
-No, me lo llevaré al instituto del cáncer de Westerville, ahí lo sanarán y no quedará ni rastro-sentenció James de forma autoritaria-si puede entregarme ahora el alta de mi hijo para marcharnos lo más pronto de aquí-dijo saliendo con el médico de la habitación y caminando rápidamente muy lejos de ahí.
Había estado escuchando toda la conversación y aún las lágrimas no se detenían, no podía dejar de llorar y mucho menos de sentir que a Blaine lo perdería en cualquier minuto, no era capaz de entrar y tomarlo por la mano, ni decirle cuánto lo amaba, porque sentía que había perdido el tiempo, que eso jamás debió haber ocurrido.
Por eso no estuvo cuando a Blaine lo trasladaron al instituto del cáncer y no vio a su hijo durante una semana, porque no podía aceptar que su marido, el hombre con el que había compartido años de su vida estaba muriendo en una cama de hospital de forma irremediable. Pero no duró mucho tiempo ese modo de vida, porque su padre, Burt Hummel, se encargó de ir a buscarlo a su antigua casa en Lima y lo llevó hasta el instituto donde Blaine llevaba más de una semana. Una vez estuvieron ahí, pudo ver a Ian y saludar a James y Cooper, para luego ingresar solo a la habitación de Blaine y sentarse en una silla junto a él.
Estuvo en silencio por más de media hora, no se atrevía a despertarlo, mucho menos a pensar positivo o a creer que todo eso pasaría en algún momento. Luego de mucho pensarlo sujetó su mano y la presionó levemente, fue ese mínimo gesto lo que hizo que sus lágrimas se agolparan en sus ojos y cayeran rápidamente por sus mejillas.
-Creí que te daba asco-susurró Blaine suavemente y presionando la mano de su esposo.
-¿Qué?-dijo Kurt sin comprender nada y mirando los ojos miel que se descubrían ante él.
-Cuando les dijeron que tenía cáncer que saliste de la habitación y no volviste a entrar, luego no te vi por una semana y ahora... me tomas la mano ¿qué creías que iba a pensar?-dijo intentando que su tono no fuera molesto.
-¿Es broma que estás peleando justo ahora?-dijo Kurt alzando una ceja con la indignación en el rostro-no te entiendo, Anderson-dijo de forma dura-realmente eres todo un caso, te estás muriendo y apenas me ves, peleas, eres increíble-dijo molesto.
-Y por eso mismo me amas-dijo con una sonrisa suave y entendiendo que lo mejor era no pelear y olvidarse por un momento de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
Se quedaron en silencio por varios minutos y fue Kurt quien se atrevió a acercarse un poco más y acarició el rostro de su marido, luego posó su mano en el mentón de él y se atrevió a acercar su rostro, lo besó suavemente y continuó con la caricia hasta que el aire se hizo necesario, luego pegó su frente a la del moreno y cerró los ojos, sintiendo la respiración de Blaine chocando contra su rostro.
-Jamás dejes de besarme, por favor-susurró el moreno suavemente y volviendo a atrapar los labios del ojiazul, se besaron más lentamente, disfrutando de la caricia y Kurt se fue acomodando junto al pelinegro, sintió como la mano de su esposo se posaba en su cintura y lo atraía más hacia él, lo pegaba y hacía sentir protegido, algo que extrañaba tanto de su relación, la protección que se daban incondicionalmente el uno al otro.
-Disculpen-dijo Burt entrando a la habitación, pero no lo escucharon, por lo que cuando la mano de Kurt fue bajando por el cuerpo de Blaine el mayor de los Hummel habló más alto-dudo estar preparado para ver como mi hijo manosea a su esposo.
-¡Papá!-dijo algo alterado el castaño y con un fuerte sonrojo en el rostro, se separó lentamente y volvió a la silla.
-Lamento interrumpir, pero el médico me pidió que entrara primero en caso de que una escena así estuviera ocurriendo, cuánta razón tenía-dijo con una sonrisa-Blaine es hora de que comiences con...
-Ya dijeron, no hay tiempo para...-intentó no decirlo delante de Kurt.
-¿Qué?-dijo el ojiazul mirándolo atentamente-para qué no hay tiempo-dijo seriamente y sin comprender.
-Kurt, hijo-dijo Burt suavemente y poniendo una mano sobre el hombro del castaño-el médico ya desahucio a Blaine, y cualquier médicamente o terapia que intenten hacer solo alargará un poco más su vida, pero no será efectiva para que se recupere-sentenció el hombre.
-Blaine-susurró Kurt sujetando su mano fuertemente-Blaine-dijo sintiendo como comenzaba a perder el aire y sus ojos se inundaban de lágrimas, sentía una presión en su pecho y dolía su alma-no Blaine, no puedes dejarme, no...-murmuraba mientras lo miraba, no se había dado cuenta, pero su esposo estaba más delgado y sus ojos habían perdido el brillo que los caracterizaba.
-Hace unos días me dijeron y...-intentó hablar Blaine, pero no pudo seguir, su voz se rompía de solo pensar en lo que podría ocurrir en un par de días-perdóname-murmuró presionando la mano del ojiazul-sí hubiese dejado de beber, si solo hubiese cuidado mi salud como correspondía, nada de esto habría sucedido.
-Blaine, sabes que eso no es así-dijo Burt-el cáncer ya estaba en tu sistema, se activó antes de que comenzaras a tomar, el alcohol solo lo adelantó unos años, nada más-dijo el hombre intentando permanecer impasible en ese momento, pero no podía estar ajeno a lo que le ocurría a un integrante de su familia, porque después de tantos años eso eran, una gran y extraña familia, pero se preocupaban y querían mutuamente.
-Tú no te vas-dijo Kurt mirándolo a los ojos-no puedes dejarme solo, no Blaine, te lo prohíbo-dijo firmemente y dejando que las lágrimas cayeran libremente.
-Me encantaría que dependiera de ti, Kurt-dijo suavemente y notando como el castaño hacía lo imposible por no lanzarse a sus brazos y llorar en su pecho como tantas veces lo había hecho en situaciones tan críticas.
-Tú no te vas ¿me escuchaste?-dijo el ojiazul abrazándose a él y absorbiendo su aroma y manteniéndose lo más pegado a él, no quería soltarlo, todo en él le era esencial para vivir y si Blaine no estaba ¿qué sería de su vida? Nada, realmente lo necesitaba hoy más que nunca y una enfermedad se lo iba a quitar, no lo iba a permitir.
-Ojalá dependiera de ti-susurró Blaine y lo abrazó con fuerza, comenzó a escuchar el llanto de su marido contra su pecho y se permitió hacer lo mismo, necesitaba a Kurt junto a él y lo tenía, no quería dejarlo solo, pero la vida no le daba más opciones, en cualquier momento él se iría y lo tendría que abandonar, no porque quisiera sino porque así eran las cosas ahora.
Y lentamente fue perdiendo el color de su piel, su energía, su vida. Lentamente Blaine Anderson dejó el mundo, se aferró lo que más pudo a él, pero nunca logró mantenerse más de lo que los médicos habían anunciado, sin quererlo él dejo un esposo y un hijo sin un apoyo, los abandono a mitad del camino y no supo cómo continuar junto a ellos. Se fue irremediablemente, tal vez en un futuro lejano se volverían a reunir en el cielo y podrían ser felices los tres juntos, pero por ahora no sería así.
El mayor de los Anderson fue quien se encargó de todos los arreglos para el funeral, desde el lugar donde sería enterrado su hijo hasta los gastos que traía todo eso. Citó a todos los amigos de la juventud y a los del trabajo, hizo todo lo posible para alejar a los fotógrafos y para mantener el lugar lo más tranquilo y limpio posible, sin problemas y sin nadie que pudiera perturbar el descanso de su pequeño, porque a final de cuentas, a pesar de todo el dolor y el daño que se habían hecho, era su hijo y como tal lo amaba, el estar enterrándolo era un dolor que no se lo cedía a nadie y realmente necesitaba gritar y llorar, pero no podía hacerlo, no con su nieto llorando junto a su padre y con toda la familia ahí mismo, debía seguir siendo fuerte como siempre, como su hijo lo merecía. Ya lloraría en la soledad de su hogar, porque ahí sí podría desquitarse sin necesidad de preocupar a nadie, pero por el momento debía mantener la compostura, debía respetar la memoria de Blaine.
Cooper había dado el discurso para su hermano. Jamás pensó que su hermanito se iría de esa forma y eso lo hizo saber a todos en sus palabras, lloró y pidió una razón para que alguien como Blaine se marchara de ese mundo de esa forma, pero en los segundos de silencio la respuesta no llegó y él fue uno más de los presentes que se deshizo en llanto y debió aguantar las ganas de maldecir todo eso, porque era condenadamente injusto.
Kurt e Ian no habían hablado, solo se mantenían en silencio, llorando de la misma forma y con lentes oscuros para que nadie notara lo demacrados y dolidos que estaban, aunque todos lo suponían y no sería una novedad que estuvieran así, porque una parte de su familia se desmoronaba y los dejaba completamente solos, a la deriva. Ahora más que nunca necesitaban el calor y las sonrisas de Blaine, su forma tan alegre y compuesta de ser, lo extrañaban y necesitaban ahora más que nunca, pero se había ido.
No hubo nadie que no llorara cuando el cajón comenzó a descender por la abertura hasta llegar al final del foso, nadie dejó de mirar el lugar y sentir que el mundo perdía un poco de brillo y que todo era demasiado injusto para esa pequeña familia que intentaba darse apoyo de algún modo, pero ¿quién puede sentirse bien o darse fuerza cuando un padre o un esposo se ha ido? Nadie, y eso era lo que estaba pasando con ellos, tenían el alma rota y desgarrada, algo que simplemente no debió haber ocurrido, pero que ahora se hacía realidad, Blaine Anderson estaba muerto y sepultado en el cementerio de Westerville.
Todos habían cambiado su vida luego de su muerte. James y Cooper se habían encerrado en sus respectivos trabajos, Kurt e Ian seguían su vida en New York, pero debían reconocer que era un ritual llorar todas las noches por la memoria de Blaine, cada uno en la soledad de su habitación. Burt, simplemente se limitaba a cuidarlos, para que no dejaran de lado sus vidas ni el cariño que realmente los unía, porque de ahora en adelante estarían sin una de las personas que más habían amado.
-¡No!-gritó asustado y bañado en sudor, estaba sentado en su cama y respiraba de forma agitada, intentó enfocar su mirada, pero la habitación que estaba completamente a oscuras no se lo permitía. Luego de unos segundos vio entrar a su hijo apresuradamente a la habitación.
-Papá-susurró tomando una de sus manos, se veía preocupado-¿estás bien?-murmuró suavemente.
-Sí-respondió notando que Kurt llevaba otro corte de cabello, algo antiguo como para lo que solía usar en New York.
-Me asustaste, no es normal que grites a las 5 de la mañana de un día de escuela-dijo con una sonrisa-me iré a dar una ducha y me arreglaré para ir a McKinley, luego haré el desayuno ¿sí?-murmuró levantándose del lugar.
-¿Y Blaine?-dijo frunciendo el ceño el mecánico.
-Hoy no vendrá por mí, pero nos veremos en la tarde, luego de clases-dijo suavemente y con una sonrisa-¿Por qué preguntas por él?-dijo extrañado el ojiazul.
-Me gustaría hablar con el padre de ese muchacho-dijo seriamente y notando como su hijo volvía a sentarse en la cama.
-¿Por qué?-dijo frunciendo el cejo notoriamente-¿Qué ocurre?
-¿Acaso no puedo hablar con el padre del novio de mi hijo?-dijo suavemente e intentando quitarle seriedad al asunto.
-El señor Anderson no querrá hablar contigo, siempre que Blaine intenta hablar del tema él lo esquiva.
-Bueno, entonces no le digamos para qué es, solo déjame contactarlo y ya veré qué ocurre-dijo de forma suave e intentando convencer a su hijo.
-Está bien, hablaré con Blaine en la tarde y le pediré su teléfono.
-Gracias-dijo con una sonrisa y sintiéndose algo más aliviado por lo que había hecho, porque sinceramente lo aterraba que algo como su sueño fuera a ocurrir con su hijo, ya que ¿quién le decía que no era posible toda esa pesadilla que había tenido? Probablemente era una advertencia para detener una enfermedad que estaba pronta a ocurrir o tal vez eran locuras suyas, pero aún así, no estaba demás ser precavido.
Fin
