Disclaimer: Los personajes de Resident Evil no me pertenecen si no a CAPCOM.

Así como tampoco me pertenece la trilogía de 50 sombras propiedad de E.L James

Espero que les este agradando este historia:3

Capítulo6

—Estoy ansioso por leer el artículo, señorita Valentine —murmura Kennedy y se vuelve hacia mí, de pie junto a la puerta.

— ¿Podría caminar conmigo, señorita Redfield? —pregunta.

—Claro —digo, totalmente desconcertada. Miro ansiosamente a Jill, quien se encoge de hombros. Me doy cuenta de que Steve tiene el ceño fruncido detrás de ella.

—Buen día para todos —dice Kennedy mientras abre la puerta, parándose a un lado para que yo pueda ir primero.

Infierno Santo... ¿qué es esto? ¿Qué quiere? Me detengo en el pasillo del hotel, moviéndome nerviosamente mientras Kennedy sale de la habitación, seguido por el Sr. corte de militar en su traje impecable.

—Yo te llamo, Kenny —murmura a corte de militar.

Kenny camina por el pasillo y Kennedy vuelve sus ardientes ojos celestes hacia mí.

—Me preguntaba si te gustaría acompañarme a tomar café esta mañana.

Mi corazón salta de golpe hasta mi boca. ¿Una cita? Leon Kennedy me está pidiendo una cita. Pregunta si deseo tomar un café. Tal vez piensa que no te has despertado todavía, mi subconsciente gime en un modo burlón otra vez. Me aclaro la garganta tratando de controlar mis nervios.

—Debo llevar a todos a casa —murmuro en tono de disculpa, retorciendo mis manos y dedos frente a mí.

—¡Kenny! —llama, haciéndome saltar.

Kenny, que se había retirado por el pasillo, se da la vuelta y se dirige de nuevo hacia nosotros.

— ¿Regresan a la universidad? —pregunta Kennedy, su voz suave e inquietante. Asiento con la cabeza, demasiado aturdida como para hablar.

—Kenny puede llevarlos. Es mi chofer. Tenemos un amplio 4x4 aquí, así que podrá también con el equipo.

—¿Señor Kennedy? —pregunta Kenny cuando llega hasta nosotros, dejando algo de distancia.

—Por favor, ¿puedes llevar al fotógrafo, su ayudante y a la señorita Valentine de vuelta a casa?

—Por supuesto, señor —responde Kenny.

—Ahí lo tienes. Ahora, ¿puedes acompañarme a tomar un café? —Kennedy sonríe como si fuera un hecho.

Frunzo el ceño ante él.

—Um, Sr. Kennedy, eh… esto realmente... mire, Kenny no tiene que llevarlos a casa.

Le doy una breve mirada a Kenny.

—Puedo cambiar de vehículo con Jill, si me da un momento.

Kennedy muestra una deslumbrante, descontrolada, natural y gloriosa sonrisa mostrando los dientes.Oh mi...y abre la puerta de la suite para que pueda volver a entrar. Me deslizo alrededor de él para entrar en la habitación, encontrando a Jill sumergida en una discusión con Steve.

—Claire, creo que definitivamente le gustas —dice sin preámbulos. Steve me mira con desaprobación—. Pero no confío en él —añade. Levanto mi mano hacia arriba con la esperanza de que deje de hablar. Por algún milagro, lo hace.

—Jill, si tomas el Beetle, ¿puedo quedarme con tu auto?

— ¿Por qué?

—Leon Kennedy me ha pedido que vaya a tomar un café con él.

Su boca se abre. ¡Jill sin palabras! Saboreo el momento. Me toma por el brazo y me arrastra hacia el dormitorio fuera de la sala de estar de la suite.

—Claire, hay algo en él. —Su tono de voz está lleno de advertencia—. Es hermoso, estoy de acuerdo, pero creo que es peligroso. Especialmente para alguien como tú.

Él sonríe.

—Después de usted, señorita Redfield.

Se endereza, extendiendo su mano para que pase primero. Hago mi camino por el pasillo, con mis rodillas inestables, mi estómago lleno de mariposas y mi corazón latiendo en mi boca con un dramático ritmo desigual. Voy a tomar un café con Leon Kennedy... y odio el café.

Caminamos juntos por el pasillo del hotel hasta los ascensores. ¿Qué debo decirle? Mi mente está paralizada repentinamente con aprensión. ¿De qué vamos a hablar? ¿Qué diablos tengo en común con él? Su voz suave y cálida me saca de mi ensueño.

— ¿Cuánto tiempo hace que conoce a Jill Valentine?

Ah, una pregunta fácil para empezar.

—Desde nuestro primer año. Es una buena amiga.

Hmm —responde, sin compromiso. ¿Qué está pensando?

En los ascensores, presiona el botón de llamada y suena el timbre casi de inmediato. Las puertas deslizables se abren revelando a una joven pareja en un abrazo apasionado. Sorprendidos y avergonzados, se separan de un salto, mirando con aire de culpabilidad hacia todos lados excepto a nosotros.

Kennedy y yo subimos al ascensor. Luchando por mantener un rostro serio, miro hacia el suelo, sintiendo mis mejillas volverse rosadas. Cuando fisgoneo a través de mis pestañas hacia Kennedy, observo una sonrisa en sus labios, pero es muy difícil de decir. La joven pareja no dice nada y viajamos hacia el primer piso en un silencio embarazoso. Ni siquiera tenemos un pretencioso hilo musical que nos distraiga.

Las puertas se abren y, para mi sorpresa, Kennedy toma mi mano, apretándola con sus largos y fríos dedos. Siento la corriente a través de mí y el latido de mi corazón se acelera. A medida que me ayuda a salir del ascensor, escuchamos la erupción de carcajadas reprimidas de la pareja detrás de nosotros. Kennedy sonríe.

— ¿Qué es lo que tienen los ascensores? —murmura.

Cruzamos el amplio y animado vestíbulo del hotel hacia la entrada, pero Kennedy evita la puerta giratoria y me pregunto si se debe a que tendría que soltar mi mano.

Afuera, es un templado domingo de mayo. El sol brilla y el tráfico es ligero. Kennedy gira a la izquierda y camina hacia la esquina, donde nos detenemos a esperar a que cambie la luz del semáforo para peatones.

Todavía está sosteniendo mi mano. Estoy en la calle y Leon Kennedy está tomando mi mano. Nadie ha tomado mi mano. Me siento mareada y con un hormigueo en todo el cuerpo. Intento sofocar la mueca ridícula que amenaza con dividir mi rostro en dos. Trata de ser genial, Claire, mi subconsciente me implora. Entonces, el hombrecito verde se enciende y comenzamos a caminar otra vez.

Caminamos cuatro cuadras antes de llegar al Café de Portland House, en donde Kennedy me suelta para mantener la puerta abierta para que pueda entrar.

— ¿Por qué no eliges una mesa mientras voy a buscar las bebidas? ¿Qué le gustaría? —pregunta, amable como siempre.

—Voy a tomar... um, un té English Breakfast, con la bolsa afuera.

Levanta las cejas.

— ¿No café?

—No estoy interesada en el café.

Sonríe.

—Está bien, bolsa de té. ¿Azúcar?

Por un momento, estoy sorprendida, pensando que es una palabra de cariño, pero afortunadamente, mi subconsciente se activa con los labios fruncidos. No, estúpida. ¿Tomas azúcar?

No, gracias. —Miro hacia abajo a mis dedos cruzados.

— ¿Algo para comer?

—No, gracias. —Niego con la cabeza y se dirige al mostrador.

Lo miro disimuladamente desde debajo de mis pestañas mientras se encuentra en la línea de espera para ser atendido. Podría mirarlo todo el día... es alto, de hombros anchos, delgados y la forma en que los pantalones cuelgan de su cadera...¡Oh Dios! Pasa una o dos veces sus dedos largos y elegantes por su cabello seco, pero todavía desordenado. Hmm... Me gustaría hacer eso. El pensamiento viene espontáneamente a mi mente y mi rostro quema. Me muerdo el labio y miro abajo hacia mis manos otra vez, sin gustarme el curso de mis pensamientos rebeldes.

— ¿Un penique por tus pensamientos? —Kennedy está de vuelta, sorprendiéndome.

Me pongo color carmesí. Sólo estaba pensando acerca de cómo pasaría mis dedos por tu cabello y me preguntaba si se sentiría suave al tacto. Niego con la cabeza.

Está cargando una bandeja, la cual coloca en la pequeña y redonda mesa de abedul. Me da una taza y un plato, un vaso de agua pequeño y una bandeja que lleva una solitaria bolsita de té etiquetada comoTwinings English Breakfast… mi favorito. Él tiene un café que lleva una maravillosa imagen de hoja impresa en la leche. ¿Cómo lo hacen? Me pregunto sin decir nada.

También se compró un muffin de arándanos. Pone la bandeja a un lado, se sienta frente a mí y cruza sus largas piernas. Se le ve tan cómodo, tan a gusto con su cuerpo, lo envidio. Aquí estoy yo, toda torpe y descoordinada, apenas capaz de ir d sin caer de bruces.

—¿Tus pensamientos? —pregunta.

—Éste es mi té favorito.

Mi voz es baja, entrecortada. Simplemente no puedo creer que esté sentada frente a Leon Kennedy en una cafetería de Portland. Frunce el ceño. Sabe que estoy ocultando algo. Hago estallar la bolsita de té en la tetera y casi de inmediato la tomo de nuevo con mi cucharilla. Mientras pongo de nuevo la bolsita de té usada en la bandeja, él ladea la cabeza, mirándome con curiosidad.

—Me gusta el té negro y poco cargado —murmuro en tono de explicación.

—Ya veo. ¿Es tu novio?

—¿Quién?

—El fotógrafo. Steve Burnside.

Me río, nerviosa pero curiosa. ¿Qué le daría esa impresión?

—No. Steve es un buen amigo mío, eso es todo. ¿Por qué pensaste que era mi novio?

—La forma en que le sonreíste y él a ti. —Sus ojos celestes sostienen mi mirada. Es tan desconcertante. Quiero mirar hacia otro lado, pero estoy atrapada… hechizada.

—Es más como familia —susurro.

Kennedy asiente con la cabeza ligeramente, al parecer satisfecho con mi respuesta y mira hacia su muffin de arándanos. Sus largos dedos retiran con habilidad el papel mientras lo miro fascinada.

— ¿Quieres un poco? —me pregunta y esa sonrisa secreta y divertida está de regreso.

—No, gracias. —Frunzo el ceño y miro hacia mis manos de nuevo.

—Y el chico que conocí ayer en la tienda. ¿Es tu novio?

—No. Luis es sólo un amigo. Te lo dije ayer. —Oh, esto se está poniendo tonto.

— ¿Por qué me lo preguntas?

—Pareces nerviosa alrededor de los hombres.

Mierda, eso es personal. Sólo estoy nerviosa a tu alrededor, Kennedy.

—Te encuentro intimidante.

Me sonrojo hasta llegar a escarlata, pero mentalmente me doy palmaditas en la espalda por mi franqueza y vuelvo la mirada a mis manos otra vez. Puedo escucharlo inhalar fuertemente.

—Deberías encontrarme intimidante. —Asiente con la cabeza—. Eres muy honesta. Por favor, no bajes la mirada. Me gusta ver tu rostro.

Oh. Pongo la mirada en él y me da una sonrisa alentadora, pero irónica—. Me da una especie de idea de lo que podrías estar pensando. —Respira—. Eres un misterio, señorita Redfield.

¿Misteriosa? ¿Yo?

—No hay nada misterioso en mí.

—Creo que eres muy reservada —murmura.

¿Lo soy? Wow... ¿Cómo voy a manejar eso? Esto es desconcertante. ¿Yo, reservada? De ninguna manera.

—Excepto cuando te ruborizas, por supuesto, lo que sucede a menudo. Sólo desearía saber el por qué de tu rubor.

Lanza un pequeño trozo de muffin a su boca y comienza a masticarlo lentamente, sin despegar sus ojos de mí. Y por supuesto, como si fuera el momento justo, me ruborizo.

— ¿Siempre haces ese tipo de observaciones personales?

—No me había dado cuenta que lo hacía. ¿Te he ofendido? —Sonaba sorprendido.

—No —contesto sinceramente.

—Bueno.

—Pero eres muy prepotente —contraataco tranquilamente.

Levanta sus cejas y, si no me equivoco, su cara se enrojece ligeramente también.

—Estoy acostumbrado a hacer las cosas a mi manera, Claire—murmura—. En todas las cosas.

—No lo dudo. ¿Por qué no me pediste que te llamara por tu nombre? —Estoy sorprendida por mi atrevimiento. ¿Por qué esta conversación se ha puesto tan seria?

No va de la manera que en que pensé que iba a ir. No puedo creer que esté sintiendo tanta antipatía hacia él. Es como si estuviera intentando ahuyentarlo.

—Las únicas personas que usan mi nombre son mi familia y unos pocos amigos íntimos. Es así como quiero que sea.

Oh. Él todavía no me ha dicho, llámame Leon. Es un fanático del control, no hay ninguna otra explicación y una parte de mí está pensando que quizás habría sido mejor que Jill lo hubiera entrevistado. Dos fanáticos del control juntos. Un añadido es que es hermosa, me recuerda mi subconsciente. No me gusta la idea de Leon y Jill juntos. Tomo un sorbo de mi té y Kennedy come otro pequeño trozo de su muffin.

— ¿Eres hija única? —pregunta.

Oh… cambio de tema.

—Sí.

—Háblame sobre tus padres.

¿Por qué quiere saber esto? Esto es tan aburrido.

—Mi madre vive en Georgia con su nuevo marido, Bob. Mi padrastro vive en Montesano.

— ¿Y tu padre?

—Mi padre murió cuando yo era un bebé.

—Se podría decir eso.

Frunce el entrecejo.

—No me das mucha información, ¿verdad? —dice secamente, frotando su barbilla como si pensara profundamente.

—Tú tampoco.

—Lo siento —murmura y una fugaz mirada triste cruza su rostro.

—No lo recuerdo.

— ¿Y tu madre volvió a casarse?

Resoplo.

—Tú me has interrogado ya una vez y yo trato de hacer algunas preguntas. —Me sonríe.

Mierda! Él está recordando la pregunta "homosexual". Una vez más, me mortifico. Durante los próximos años, lo sé, necesitaré terapia intensiva para no sentirme avergonzaba cada vez que recuerde ese momento. Empiezo a balbucear sobre mi madre… cualquier cosa para bloquear ese recuerdo.

—Mi madre es maravillosa. Es una romántica incurable. Actualmente va por su cuarto marido.

Levanta sus cejas sorprendido.

—La echo de menos —continúo—. Ella tiene ahora a Bob. Y sólo espero que él pueda estar pendiente de ella y recoger sus pedacitos cuando sus planes no vayan como estaba previsto. —Sonrío con cariño. No he visto a mi madre desde hace mucho tiempo.

Leon está mirándome fijamente, tomando sorbos de su café de vez en cuando. Realmente no debería mirar su boca. Esos labios… son inquietantes.

— ¿Te llevas bien con tu padrastro?

—Por supuesto. Crecí con él. Es el único padre que conozco.

— ¿Y cómo es él?

— ¿Ray? Es… reservado.

— ¿Eso es todo? —pregunta Kennedy, sorprendido.

Me encojo de hombros. ¿Qué espera este hombre? ¿La historia de mi vida?

—Reservado como su hijastra —sugiere Kennedy.

Me abstengo de poner mis ojos en blanco hacia él.

—Le gusta el fútbol, el fútbol europeo sobre todo, los bolos, pescar y hacer muebles. Es carpintero. Ex carpintero —suspiro.

— ¿Viviste con él?

—Sí. Mi madre encontró a su tercer marido cuando yo tenía quince años. Y me quedé con Ray.

Frunce el entrecejo como si no entendiera.

— ¿No quisiste ir a vivir con tu madre? —pregunta.

Me ruborizo. Esto realmente no es de su incumbencia.

—Su tercer marido vivía en Texas. Mi casa estaba en Montesano. Y… ya sabes, mi mamá estaba recién casada. —Me detengo.

Mamá nunca habla sobre su tercer marido. ¿Hacia dónde quiere ir Leon con esto? Esto no es de su incumbencia. Los dos podemos jugar a este juego.

—Háblame sobre tus padres —pregunto.

Él se encoge de hombros.

—Mi padre es abogado, mi madre es pediatra. Ellos viven en Seattle.

¡Ah…! él pertenece a una familia acomodada. Y me pregunto por la próspera pareja que adopta a tres niños, uno de ellos se convierte en un atractivo hombre que asume el control empresarial y lo conquista sin la ayuda de nadie. ¿Qué lo llevó a ser así? Sus padres deben de estar orgullosos.

— ¿Qué hacen tus hermanos?

—Chris trabaja en construcción y mi hermana pequeña está en París, estudiando cocina bajo la supervisión de algún famoso chef francés.

Sus ojos se nublan con irritación. No quiere hablar de su familia o de sí mismo.

—He oído que París es encantador —murmuro. ¿Por qué no quiere hablar sobre su familia? ¿Porque es adoptado?

—Es bonito. ¿Has estado ahí? —pregunta, su irritación desaparece.

—Nunca he salido de Estados Unidos. —Así que ahora regresamos a las trivialidades. ¿Qué está escondiendo?

— ¿Te gustaría ir?

— ¿A París? —rechino. Esto me desconcierta, ¿quién no querría ir a París?—. Claro —admito—. Pero es Inglaterra lo que realmente me gustaría visitar.

Inclina su cabeza a un lado, recorriendo con su dedo índice su labio inferior…¡Oh, Dios!

— ¿Por qué?

Parpadeo rápidamente. Concéntrate, Red.

Está la casa de Shakespeare, Austen, las hermanas Brontë, Thomas Hardy. Me gustaría ver los lugares que inspiraron a esas personas para escribir eso maravillosos libros.

Toda esta charla sobre los clásicos literarios me recuerda que debería estar estudiando. Echo una ojeada a mi reloj.

—Será mejor que me vaya. Tengo que estudiar.

— ¿Para tus exámenes?

—Sí. Comienzan el martes.

— ¿Dónde está el automóvil de la señorita Valentine?

—En el estacionamiento del hotel.

—Te acompaño.

—Gracias por el té, señor Kennedy.

Sonríe divertido y percibo una enorme sonrisa secreta.

—Eres bienvenida, Claire. Es un placer. Ven —ordena y me tiende su mano.

La tomo, aturdida y lo sigo fuera de la cafetería.

Paseamos de vuelta al hotel y me gustaría decir que el silencio es afable. Él parece tranquilo al menos, seguro de sí mismo. En cuanto a mí, estoy intentando evaluar desesperadamente cómo ha ido nuestro café de la mañana. Me siento como si me hubiera entrevistado para un empleo, pero no estoy segura de que sea eso.

— ¿Siempre llevas pantalón? —pregunta inesperadamente.

—Normalmente.

Asiente con la cabeza. Estamos de regreso en la intersección, frente al hotel. Mi mente está dando vueltas.Qué pregunta tan extraña…Y soy consciente de que nuestro tiempo juntos es limitado. Eso es todo. Es así y lo he echado a perder por completo, lo sé. Quizás él tiene a alguien.

— ¿Tienes novia? —digo bruscamente. ¡Santo cielo! ¿Acabo de decir eso en voz alta? Sus labios se curvan en una peculiar medio sonrisa y mira hacia abajo, hacia mí.

—No, Claire. No tengo novia —dice suavemente.

¡Oh…!¿Qué significa? ¿No es homosexual? Oh, quizás es… ¡mierda! Debe de haberme mentido en su entrevista. Y por un momento, creo que va a continuar con alguna explicación, alguna pista sobre esta criptica declaración, pero no lo hace. Tengo que irme. Tengo que intentar reordenar mis pensamientos. Tengo que alejarme de él. Camino hacia adelante y tropiezo, saliendo precipitadamente hacia el camino.

— ¡Mierda, Claire! —grita Kennedy.

Me toma de la mano y lo hace con tanta fuerza que caigo contra él, justo cuando un ciclista pasa a toda velocidad yendo en la dirección incorrecta por la calle de sentido único y casi me atropella.

Todo pasa tan rápido, en un minuto estoy cayendo, al próximo estoy en sus brazos y él me está sosteniendo fuertemente contra su pecho. Inhalo su aroma limpio y vital. Él huele a ropa de lino recién lavada y a algún caro gel de baño. ¡Oh Dios, es embriagador! Inhalo profundamente.

¿Estás bien? —susurra. Tiene un brazo a mí alrededor, estrechándome contra él, mientras los dedos de su otra mano trazan suavemente mi rostro, sondeando suavemente, examinándome. Su pulgar roza mi labio inferior y escucho cómo contiene la respiración. Está mirándome fijamente a los ojos y sostengo su mirada ansiosa, ardiente durante un momento o quizás sea por siempre… pero finalmente, su hermosa boca atrae mi atención.

¡Oh Dios!Y por primera vez en veintiún años, quiero ser besada. Quiero sentir su boca contra la mía.

:D Hasta el cap 6!