N/A: No tiene nada que ver con la historia, pero esta semana he visto algunas cosas de la serie en Twitter y la verdad es que me da mucha vergüenza ajena lo que están haciendo. No he visto mucho, pero cada cosa de lo que he visto es más sin sentido que lo anterior y encima han destrozado al personaje de Adrien.

Gracias a Katherine.


– Ya lo tengo. – dice Max, dejando de teclear.

Yo estoy tumbada en su cama porque no tengo nada que hacer, no tengo ni pajolera idea de ordenadores. Eso y que estoy con la regla, lo que quiere decir que me duele el vientre como sus muertos. Y la espalda, las piernas y tengo náuseas. Este mes ya golpeado fuerte. De ahí que esté tumbada en la cama de otra persona.

– ¿Ya has entrado en la policía?

– No. – responde, enseñándome un pendrive. – Es mucho más fácil y seguro hacerlo de esta otra manera. Tú, Bunnyx, vas a la policía y metes este pen un uno de los ordenadores.

Asiento, fingiendo que se por qué eso haría algo.

– Sabes que te veo la cara, ¿no? He hecho un virus. En el momento en que metas este pen en uno de los ordenadores de la policía, el virus entrará en su red interna y hará una copia de todos los archivos. ¿Lo entiendes así?

– Sí, pero no me puedo transformar hoy. Me duele todo.

– Tienes que hacerlo si quieres saber la información que tiene la policía sobre Lepidóptero. – Gimo. No me hace ninguna gracia. – Te traigo un Ibuprofeno y esperamos un rato, ¿vale? Podemos hacer los deberes mientras.

¡Eso es peor!

No digo nada. Él se levanta y se va a donde sea que tengan las medicinas.

He avanzado poco con el manual de técnicas de estudio. Lo he intentado y no me sale bien. Me distraigo mucho y hay muchas cosas que no sé hacer porque me he distraído en clase y no me he enterado de la explicación. De todas maneras, Chloe y yo acordamos leer las preguntas de los exámenes, por lo que en realidad no debería estar haciendo esto. El problema es que sé que me sentiré mal, como cuando me copié de los exámenes de Max.

Él vuelve con la prometida pastilla y un vaso de agua. Me la tomo rápidamente.

Ve a Fluff, que se ha puesto sobre el escritorio.

– Lo siento, Kwami, me había olvidado por completo de ti. ¿Quieres algo?

Fluff niega con la cabeza y Max se sienta en su escritorio y empieza a hacer algo más. ¿No había terminado ya?

La trata con toda normalidad, mucho más que mi hermano, quien ya sabía de su existencia.

Max siempre ha sido muy de lógica, estadística y, específicamente, tecnología. Creo que después del shock inicial (los akumas, nosotras) se ha acostumbrado a la magia y ha aceptado a Fluff casi sin pensarlo, sus esquemas ya estaban rotos.

– ¿Qué haces ahora?

– Buscar sobre nuestros deberes. ¿Qué voy a hacer si no mientras esperamos a que te encuentres mejor?

No quiero hacer deberes. Quiero dormir. Estoy hecha polvo.

Su mirada autoritaria me hace resignarme. No puedo librarme de esto.

– Empecemos con francés. – comienza. – Tenemos que hacer un comentario de texto del fragmento que hemos leído en clase. Tú has estado ahí.

Sí, pero no estaba prestando especial atención a lo que leían en voz alta.

– ¿Qué obra era?

Ni puta idea.

– ¿El Principito?

Max parece molestarse por eso. Deja su expresión en blanco y da un largo suspiro.

– ¿De verdad crees que eso se parecía remotamente en algo a El Principito?

Eso es un no. Vale, entonces alguna otra obra clásica. Cualquiera, la primera que me venga.

– ¡El Conde de Montecristo!

– Los Miserables. – responde él muy exasperado.

Nunca conseguiré aprobar. Es algo que tengo que asumir. El instituto no es para mí. Voy a cumplir diecisiete pronto. A lo mejor debería dejar el instituto y ya está.

– No. – dice Fluff de repente.

– ¿No qué?

– Conozco esa cara y sé que estás pensando algo pesimista. No es que me importe mucho, pero no deberías hacerle algo así a tu amigo.

¿En serio? ¿Ahora se preocupa? Literariamente mentí a Chloe en algo super importante ayer mismo. Aunque tampoco es que seamos amigas.

– ¿Y si empezamos mejor con matemáticas? A mí se me dan muy bien.

Lo sé. Por eso me copié de sus exámenes y no de los de otro.

Max trae una silla desde el otro lado de la habitación y la pone junto a la suya.

Antes de empezar, me explica todas las formulas y pasos que hay que seguir para realizar el problema y después nos pasamos un rato largo haciendo los ejercicios.

Vamos a comenzar con historia cuando Fluff nos interrumpe.

– Estás mejor ya, ¿verdad?

Cuando lo pienso, veo que me siento mejor. Menos mareos, menos dolores en todos lados, bien.

Me levanto y cojo el pendrive.

– ¿Hay que poner contraseña, seguir algún tipo de indicación o algo así?

– No y no. Como he dicho, sólo tienes que meterlo en un ordenador. Y ya está. Yo que tú pensaría más en cómo entrar en la comisaría de policía sin que te vean.

Mierda. Es verdad.

Me transformo y entro en la madriguera.

Antes de nada, decido aparecer de noche, porque seguro que hay menos gente. Muy posiblemente hay cámaras de seguridad, así que miro dónde están todas antes de acceder a la comisaría. Como esperaba, no hay ninguna en el aseo, pero hay gente en la sala de seguridad. El brillo de mi portal podría alertarles.

¡Ya lo tengo!

Primero, necesito una herramienta, algo que pueda usar para cortar un canje y que parezca de rata. La tomo prestada de una tienda, ya la devolveré después.

Segundo, hago el portal pequeño y justo detrás de los monitores, de tal manera que la luz parece que sale de las pantallas.

El miedo a que me pillen hace que se me tensen todos los músculos y me tiemblen un poco las manos. Estoy arriesgando mucho al hacer esto.

Corto todos los cables que veo, por lo que ya no pueden ver qué están emitiendo las cámaras de seguridad. Ninguno de los guardias se alarma. Entro en mi madriguera y desde ahí los veo actuar: llaman a un técnico.

Me aprendo el recorrido que hacen todas las personas aquí desde el baño hasta el ordenador más cercano. Hay un hombre cerca, pero si voy con cuidado, no tiene por qué darse cuenta de que estoy ahí.

Lo siguiente es moverme por los pasillos sin que nadie me vea. Me resulta un poco difícil, aunque en realidad no tengo ningún problema.

Introduzco el pendrive y la pantalla se vuelve loca. Por suerte, no tiene sonido.

Pasan diez minutos, si mi reloj no se equivoca, y sé que nunca lo hace, hasta que se cierran todas las ventanas que se habían abierto. Lo saco y lo meto en mi bolsillo.

Lo siguiente es llegar al aseo otra vez antes de que lo haga la señora que va a echar sus tripas en el váter. Me doy prisa y llego a tiempo.

Sólo me relajo cuando estoy de vuelta en la habitación de Max.

– Has tardado poco tiempo. Ha sido fácil. – deduce.

– Sí, facilísimo. – digo con todo el sarcasmo que puedo reunir.

Fluff niega con la cabeza.

– Sabe lo que es el sarcasmo, Kwami.

Me resulta tan raro llamarla así. Cuando los pensé en presentarlos me insistió en que no dijera su nombre. Dijo que ya había cometido ese error con mi hermano y las chicas. Mi padre también lo sabe, pero no por mí.

Max introduce el pen el su ordenador y comienza a buscar en la información de los muchos casos que hay ahí. Debe tener una capacidad enorme.

Yo me siento y me pongo a leer los avances en los deberes que ha hecho mientras no estaba.

Me arranca la libreta de las manos de un tirón.

– No.

No sé qué más hacer, así que miro si pantalla mientras va de un lado a otro.

Busca Sociedad Mariposa y no hay resultados. Extraño, ya que nosotros hemos encontrado algo y no somos polis ni tenemos sus recursos.

El siguiente es Lepidóptero, y aún más raro, tampoco hay nada. ¿No hay nada sobre el terrorista que lleva atacando la ciudad casi un año?

– No entiendo. – susurra Max.

– ¿Por qué no hay nada? ¿Tu virus ha funcionado mal?

Niega con la cabeza.

– No. Hay mucha información de todos los casos. Como este de aquí, por ejemplo.

Le da a un archivo y veo lo que pone: "Desconocida de veintidós años encontrada en el Sena". Acompañado de una horrible foto de una pobre muchacha muerta.

Sacudo la cabeza. ¿No podría haber cogido otro?

– ¿Quiere decir que no han investigado a Lepidóptero? – pregunto.

– Eso parece. Déjame probar una última búsqueda.

Escribe "akuma" y este es diferente de los otros dos: aparecen más de cincuenta archivos.

El más antiguo se llama "Stoneheart". Entonces sí han recopilado información sobre los akumas.

Max abre el de Gamer y leemos lo que hay dentro.

Información sobre el propio Max. Varias páginas contando su vida, sus gustos, información sobre sus padres, expediente académico...

¿Qué significa esto?

Mi amigo se queda petrificado, viendo cómo lo han investigado de esta manera. Por su bien, cierro el archivo y continúo hacia abajo. ¿Hasta dónde han llegado? ¿Ya han comprobado a Marc, que fue ayer?

Pero lo que me encuentro es mucho peor: nosotras.

Entro en el mío. No hay mucha información, por suerte. Sólo un análisis de personalidad, una aproximación a mi altura y edad y poco más.

Pero me sorprende encontrarlo. No hay nada sobre el terrorista y sí sobre quiénes salvan el culo a todos en la ciudad. ¿De qué van?


Al final no terminamos de hacer los deberes, Max estaba demasiado nervioso. Le hice una infusión relajante y jugamos a videojuegos un rato antes de que me tuviera que ir.

Hoy la profesora ha anunciado que habrá una nueva alumna y Nino ha faltado, lo que quiere decir que se va a sentar cerca nuestra. Estoy dispuesta a cazar a esa chica para Kagami antes de que Marinette lo haga, ahora que sé que va activamente contra ella y Chloe.

Hablando de Chloe. He visto que ha saludado a Nath como si nada, lo que quiere decir que ha pasado algo. Tengo curiosidad, pero no voy a preguntar. No me meteré en su relación de nuevo.

Bustier llega con una chica de largo pelo castaño y piel olivácea. Viste con un mono azul y una rebeca naranja. Sonríe como si le fuera la vida en ello. Entiendo que así es para ella: tiene que dar una buena impresión en su nueva clase.

– Esta es Lila. – presenta la profesora. Teniendo en cuenta como fue la última, entiendo que lo haga ella misma. – Es la hija de la nueva embajadora de Italia y acaba de llegar al país. Dadle una cálida bienvenida.

A eso, todos le dan unos buenos días, como lo haríamos con un profesor, lo que es un poquito raro.

A mí me sorprende que sea hija de la EMBAJADORA DE ITALIA. ¿En qué mundo mandarías a esta chica al puto instituto akuma? ¿Qué mente pensante ha decidido esto?

Lila, como ya había adivinado, se sienta en el asiento de Nino. A saber qué hará mañana.

Alya abre la boca como si fuera a habitar con ella, pero Chloe se le adelanta. Le da dos golpecitos a Adrien en la cabeza. Sin que diga nada, él entiende lo que quiere.

– Hola, soy Adrien. – dice con la sonrisa más encantadora que puede hacer. Lo sé bien, muchas de esas sonrisas han sido dirigidas a mí.

El único motivo para no elegirlo sería que fuera lesbiana.

La chica sonríe mucho mejor que antes.

– Hola. No quiero molestarte pero creo que voy a necesitar ayuda para ponerme al día.

– Claro. Cuanto antes mejor. Podemos vernos después de la escuela si quieres.

¿Acaba de conseguir quedar a solas con Adrien en los primeros cinco minutos después de conocerlo? Eso va a cabrear a mucha gente: sus fans, Marinette... Esta chica va a acabar en nuestro bando.

– ¿Qué optativas tienes? – intervengo yo. – Si no son las mismas que las de Adrien, tendrá que ayudarte alguien más.

Me mira por primera vez, como si no hubiera prestado atención a nada más que a él.

– Física y química.

Niego con la cabeza. Creo que ninguno de los cuatro tiene esas asignaturas. Yo tengo deportes y arte, Adrien comparte deportes conmigo y griego con Kagami, que también tiene latín. Chloe eligió geografía y economía.

Incluso mis amigos. Nath tiene arte y geografía, Max tecnología y dibujo técnico y Kim está igual que yo.

– Gracias de todas maneras.

Nos mira a todas con una sonrisa y entonces sus ojos pasan a mis manos.

– ¿Qué es eso?

Ahora ha llamando la atención de todos.

– Nada, sólo que me corté con un vaso roto.

Lo digo con tranquilidad. Ya no necesito seguir ocultándolo. Mis compañeras deben haberse imaginado el verdadero motivo.

Pasa el resto de mañana con la nueva muy pegada a Adrien mientras él se lo explica todo. Tanto Kagami como Chloe están de acuerdo con eso. Creo que todas hemos pensado lo mismo: como es nueva, aun no ha elegido lugar y podemos hacer que se una a nosotras, como hizo Adrien.

Espero a que sea la hora de comer. Quiero comentar con las chicas lo que descubrimos ayer. Podría haberlas llamando, pero creo que es mejor en persona que por teléfono.

En el recreo, dejamos a Adrien a solas con Lila, le va a enseñar el instituto, y nos vamos al baño.

– ¿Este se va a convertir en nuestro territorio? – se pregunta Chloe en voz alta.

Esperamos a que deje de venir gente, como es lógico, pues acaban de terminar las clases, mientras Chloe se retoca sus trescientos kilos de maquillaje y Kagami aprovecha para hacer pis. Yo sostengo nuestras comidas.

Les hablo cuando estamos solas y he bloqueado la puerta por dentro.

– Ayer descubrí algo muy importante. – Las dos asienten, escuchándome. – La policía nos está investigando. No a Lepidóptero, a nosotras.

– ¿Cómo? – se sorprende Chloe.

Kagami no cambia de expresión, como siempre, aunque levanta una mano, como si me quisiera frenar.

– Estás diciendo que la policía está de parte de Lepidóptero. Porque investigarnos a nosotras en lugar de a él suena como tal.

– Eso creo.

Eso la hace fruncir el ceño.

– No lo entiendo. Se supone que el papel de la policía es proteger a la gente. Lo intentaron al principio. Creía que sólo estaban apartados porque nosotras se lo dijimos.

– Pues se ve que no. Tienen datos sobre nosotras y una base con gente que encaja en los datos. Tienen tu número de pie, Kagami. Tienes los pies demasiado grandes para tu altura, dicen ellos.

Chloe suelta una carcajada. A mí también me hizo algo de gracia cuando lo vi.

Kagami nos da una mirada amenazante a ambas y continúa la conversación.

– ¿Creéis que deberíamos ir a hablar con ellos, preguntarles?

Niego con la cabeza.

– No. Eso sólo delataría que una de nosotras ha entrado en una comisaría y obtenido información ilegalmente sobre sus investigaciones.

Ella asiente.

– Creo que no deberíamos hacer nada. Sólo quería que lo supiérais, para que estuviérais avisadas. Debemos tener mucho cuidado.

Kagami casi parece feliz cuando habla.

– ¡Vamos a conocer a la chica nueva!

Los encontramos en el banco donde comimos ayer. Este sí que va a ser nuestro territorio.

La nueva no para de... rajar. Habla por los codos.

– ¡Hola! – saluda. – Estaba contándole a Adrien cómo Eros Ramazzotti vino a cantar en mi cumpleaños de los quince años.

Vaya. Parece que alguien va a quitarle a Chloe su posición de niña rica mimada.

Espera. Eso me convierte en la única persona normal dentro de un grupo de niños ricos.

– Sí. Es muy interesante. – dice Adrien en el tono más falso que le he oído.

Con sus ojos parece que nos pida ayuda.

Nos sentamos en el banco y empezamos nuestros almuerzos.

– ¿Cuál es tu color favorito? – pregunta Kagami.

Así comienza su interrogatorio con intención de amistad. Los demás no les prestamos atención.

– Pues en mi fiesta de cumpleaños estuvo Jagged Stone. Así que yo gano. – presume Chloe. Creo que Lila no lo oye.

El rubio asiente. Es casi seguro que él estuvo allí.

– No hiciste una fiesta para tu decimosexto cumpleaños, ¿verdad?

– No. Mi madre me prohibió las fiestas después de lo que pasó... en esa.

El chico vuelve a asentir. Sé a qué fiesta se refiere. Las fotos estuvieron por todo Internet y la verdad es que me dio mucha pena.

– Da igual, no es importante. Lo importante es que quiero hacerme la manicura.

Muy importante. Súper importante. De vida o muerte.

– Y tú vas a venir conmigo.

Esta frase me alarmaría si no fuera porque señala a Adrien. No se refiere a mí.

– ¿Yo? ¿Por qué?

Su expresión es tal y como hubiera sido la mía. Me hace gracia porque no soy yo.

– Debes tener un aspecto perfecto para la siguiente temporada. Dijiste que ya habías empezado la dieta. Tendrás que hacerte la manicura y cortarte del pelo.

Él se queda con la boca abierta, como si quisiera decir algo y no encontrara las palabras.

Finalmente, da un suspiro y responde.

– Vale, Chloe.

Su resignación me saca una risa. A pesar de que Adrien no me gusta del todo, ver a alguien más así es muy divertido.

– Pero tienes que ver un maratón de anime conmigo después de la manicura.

Oh, eso no me lo esperaba. Es un... ¿Cómo se llaman? ¿Otaku? No me esperaba algo así del principito de París.

– ¿Cuál?

Chloe parece más acostumbrada a resignarse.

– Vamos a ver todos los capítulos nuevos de los animes que estoy siguiendo. Voy a dejar de verlos hasta ese día.

Me termino mi bocadillo.

Esta conversación es muy divertida, pero la vista de Kim morreándose con Ondine en medio del patio me quita la alegría.

¿Por qué? ¿Qué necesidad hay de que todos los veamos besarse? ¿Quieren presumirle a todo el instituto de muy felices que son en su relación? Me dan náuseas.

Miro a otro lado. No quiero pensar en ello. No quiero pensar en lo que han podido o no hacer.

Ayer Kim vino a buscarme para hacer una broma estúpida que no funcionó. Recordar la cara que se le quedó me hace sonreír. Soy muy buena.

– ¿Y tú?

La conversación de los rubios se ha cortado. Sólo se oye el parloteo de Lila a Kagami.

Cuando los miro resulta que ambos tienen sus ojos fijos en mí.

Ups. La pregunta era a mí.

– ¿Qué?

– ¿Que si a ti te gusta?

¿Kim? ¡No! ¿Qué locura es esa? ¿Cómo podría gustarme alguien tan absolutamente irritante?

O puede que se esté refiriendo a algo de la conversación. Teniendo en cuenta que hablaban de manicura y anime, mi respuesta está clara.

– No.


Estoy terminando de hacer el contorno de lo que luego será el dibujo en sí. Es una forma sencilla: una serpiente devorando una rana. Puede que sea un poco gore para alguna gente, pero a mí me gusta.

Además, es una serpiente. Me encantan las serpientes, son silenciosas y letales. Con esa elegancia que sólo los animales carnívoros tienen. Esta en concreto es una culebra verde que se alimenta de insectos y, a veces, ranas.

He traído tres latas de pintura verde: lima y manzana. Quiero pintar todo el cuerpo del tono más oscuro y hacer las escamas en con el más claro. La rana será verde pistacho, con reflejos en verde lima y blanco. También he traído negro y marrón.

Empiezo a rellenar la zona de la serpiente en verde manzana. Me encanta el olor de la pintura, aunque eso no quiere decir que no me ponga mi máscara protectora, y ver cómo la pintura se agrega a la pared.

Es un gran momento de paz y tranquilidad, sin que nadie me moleste, además, pues mi pintura es una dibujo elaborado y no un garabato cualquiera. A todo el mundo le gusta ver que una simple pared (pública) ha sido decorada con un elaborado dibujo.

Pero la tranquilidad no dura mucho, pues un grupo de gente comienza a gritar. El tipo de grito de terror al que me he acostumbrado. Es un akuma. Maldita sea, ahora que estoy con la regla. No es la primera vez, pero siempre me fastidia.

Dejo mis latas en el lugar, fingiendo estar tan asustada como todos y corro en la misma dirección que todos los demás. Es una pena tener que dejarlas ahí porque cuando vuelva ya las habrán robado. Yo también lo haría.

Entro en el primer bar que veo y corro hacia el baño. Es el único lugar que se me ocurre para transformarme. Salgo a la calle a través de un portal porque si no se notaría demasiado que soy yo.

Lo que me encuentro es extraño: nada. Gente tranquila, ningún akuma a la vista. He sido muy rápida pero no tengo ni idea de qué ha pasado.

Una aglomeración de gente mira hacia el cielo, o más concretamente, hacia el tejado de un edificio.

Ahí hay asomada una persona, desde aquí no puedo ver mucho, sólo una mancha naranja.

– Soy Volpina, la nueva superheroína de París. Yo os protegeré de todo. De los meteoritos, como el de ahora.

¿Meteorito? ¿Eso es lo que ha pasado? Pero si un meteorito de aproximara a la Tierra, lo habrían dicho en televisión.

– Del crimen organizado, de los atracadores de bancos... ¡De todo lo que necesitéis!

La gente se alegra mucho de lo que dice. No entiendo nada. ¿Qué diferencia hay entre ella y nosotras? ¿Que ella se encargará de problemas no causados por akumas? Algo me resulta raro.

La gente se da cuenta de quién soy y me dejan paso. Creo que esperan ver una pelea entre nosotras.

Doy un primer salto hasta uno de los relieves de la pared y un segundo hasta donde está ella.

Ahora que la veo de cerca me doy cuenta de que es Lila. Tiene media cara tapada, como nosotras, una voz diferente y la piel blanca como el papel, pero es ella. Su traje es temático del zorro.

– ¿Qué ha pasado?

Es una buena pregunta, genérica y que da lugar a explicarse a tremenda charlatana.

– Deberíamos esperar a que lleguen tus compañeras. Tengo información muy importante sobre Lepidóptero para compartir.

No. Eso no es buena idea. Llevo mucho tiempo ocultado información sobre Lepidóptero como para que llegue una cualquiera y la suelte porque sí. De ello depende mi muy frágil plan.

Primero llega Ryuko.

Volpina también le da la noticia a ella.

– Con esto podemos derrotar a Lepidóptero para siempre. – asegura.

No sé cómo acabar con él yo sola, tampoco que la reacción de Adrien sea controlada y no pase lo que vi en otra línea temporal. Aunque Adrien no tenga prodigio, no me fío. Ni sé cómo serán las reacciones de sus dos buenas amigas, Kagami y Chloe.

Al derrotar a Lepidóptero va a desarrollarse en un desastre. Lo que necesito controlar es cómo será esa reacción. Y si ella se interpone no podré controlarla.

Después llega Queen Bee.

– Ahora que estamos todas, podemos hablar. – señala Volpina.

A mí me gustaría saber cómo ha conseguido el prodigio y por qué ahora.

– ¿Conoces al guardián? – pregunta Queen Bee.

Lila niega con la cabeza.

– No. No he tenido el honor. ¿Y vosotras?

– Tampoco. – respondo yo. – ¿Cómo conseguiste tu prodigio?

Sé que el guardián los da en cajitas pequeñas con algo escrito en chino, o si menos eso dijeron mis compañeras. Algo me huele raro aquí, así que sí, es una prueba.

Ella se lleva la mano al pecho, dónde cuelga el adorno de su cadena, una cola de zorro, y lo que yo supongo que es el prodigio.

– Es una herencia de mi abuela. Acabo de llegar a la ciudad, pero llevo un tiempo queriendo ayudaros.

Nada en su historia es especialmente curioso. Puede que me esté pasando con mis sospechas y lo único que inusual es que apareciera de repente. Pero pasó lo mismo con nosotras.

– ¿Cuáles son tus poderes? – interroga Ryuko esta vez.

– Superfuerza y volar. Tengo más de un poder, como tú.

Ella asiente. No sé qué más puedo preguntarle. Aunque en un principio me haya dado desconfianza, creo que dice la verdad.

– Si ya hemos terminado, he descubierto dónde se esconde Lepidóptero. Aunque sea un adulto con un prodigio, entre las cuatro podemos acabar con él. Seguidme.

Sale volando rápidamente, lo que nos hace difícil seguirla. Sin embargo, eso no nos impide hacerlo.

No pasa mucho tiempo cuando me doy cuenta de que nos dirigimos a los polígonos. Sé que Lepidóptero no está aquí, sino en su mansión. ¿A qué viene esto? O está equivocada o es una trampa.

Me pongo en alerta completa.

– Un momento. – pide Ryuko. – Paremos.

Volpina se posa detrás de una chimenea y se acerca a nosotras.

– ¿Qué ocurre?

– Me sorprende que Lepidóptero se esconda en un lugar tan desprotegido. He estado allí varias veces y no hay nada que pueda convertirlo en un buen lugar. Ni siquiera está cerca de donde han sido la mayoría de los akumas.

Muy bien pensado. Creo que el último akuma le ha ayudado con eso de plantearse las cosas antes de actuar.

– Lepidóptero no tiene por qué estar cerca de los akumas. Estoy segura de que los controla de...

– Esperad. Ahí hay alguien. – señala Queen Bee.

Todas miramos en la dirección que indica y, sobre un tejado, se encuentra alguien que se parece demasiado a Lepidóptero.

– ¿Ese es...? Es morado, tiene que ser él.

Y antes de que podamos decirle lo muy poco normal que es eso, Ryuko se lanza. Retiro lo dicho.

Queen Bee mira de una a otra, pero tampoco se lo piensa mucho y la sigue.

Yo no me fío. No tiene sentido.

Creo que Volpina está aliada con Lepidóptero y ese es un akuma.

Me da la espalda y está a punto de volar de nuevo cuando hablo.

– Quieta. – ordeno. Ella me obedece. Creo que sabe que la he pillado. – Ese no es Lepidóptero, ¿no es así?

Se gira con una sonrisa.

– ¿Te has dado cuenta? Por algo dicen que eres la lista del grupo.

Me apunta con su flauta, que parecía no servir para nada, y un montón de armas automáticas aparecen apuntándome.

Me asusto, por supuesto. Pero no dejo que eso me paralice, sino que, antes de que empiece a disparar, abro un portal y entro a mi madriguera.

¿Su poder es controlar objetos automatizados? ¿Eso era el Lepidóptero que hemos visto? No, eso no puede ser. La magia y la tecnología se llevan mal. No pueden funcionar juntas. Lo más moderno que hay con magia es mi reloj.

A pesar de ser arriesgado, voy a mirar en otra línea temporal cuáles son sus poderes, si es que no son los que nos ha dicho, y cómo vencerla.

Voy a la más cercana y busco en dos días, pues si akumatización en esa línea temporal ocurre más tarde, aunque tiene el mismo aspecto. Ahí es más descuidada y descubro que sus poderes son las ilusiones. La vencemos cuando la pillo, ya que no le da tiempo a reaccionar.

Salgo de mi madriguera e intento hacer lo mismo (aviso a mis compañeras de la trampa y la rodeamos entre las tres), pero algo sale diferente: se va a una antena de televisión y hace muchas copias de sí misma. No sabemos cuál es la de verdad.

Esto no es lo que he visto en la otra línea temporal.

Eso no es un obstáculo para que mi mente funcione.

– Oye, Bee. ¿Crees que puedes pasar tu peonza por todas las Volpinas de la torre?

Ella asiente y hace lo que le he dicho, encontrando a la verdadera y envolviéndola con su cable. Por mucho que forcejea, no consigue soltarse.

Las tres la alcanzamos y no hablamos sobre cuál puede ser el objeto akuma, ella nos lo ha dicho antes.

Desabrocho su colgante y lo tiro al suelo para pisarlo.

– ¡No! Es el collar de mi abuela.

Entonces eso sí era cierto. No me gusta tener que hacer algo así, pero no hay otro remedio.

Lo rompo y mato la mariposa de su interior.

La chica se desakumatiza, Chloe la suelta y comienza a recoger los pedazos entre lágrimas.

Me da mucha pena. Es su primer día y ya se ha akumatizado. Me gustaría saber qué ha pasado.

Chloe se arrodilla junto a ella y pone una mano en su hombro.

– ¿Qué te ha ocurrido? – pregunta genuinamente.

Creo que ella también tiene curiosidad.

– Hoy es mi primer día en un nuevo instituto e intentaba impresionar a un chico cuando una tía ha salido de detrás de un cubo de basura y ha empezado a gritarme que era una mentirosa.

¿Salió de detrás de un cubo de basura? Qué cosa más rara. ¿Es que la estaba siguiendo?

– ¿Cómo era la chica? – interviene Kagami.

– Asiática, con dos colas y un pantalón rosa. Ni siquiera la conozco.

Marinette. Las tres nos miramos. Sí, estamos de acuerdo.

Entonces el chico era Adrien.

– ¿Y por qué te dijo eso?

– Porque dije que érais mis amigas.

Bueno, eso es una mentira. No la conocíamos hasta hoy.

– Eh, se me ocurre una idea. – dice Queen Bee. – Hagámosno una foto todas juntas y te dejará en paz. A partir de hoy somos amigas.

– ¿En serio?

Lila saca su teléfono de su bolsillo. Ya ha aceptado.

– Sí, pero no vuelvas a mentir. No tienes que hacerlo para gustar a los demás. – dice Ryuko.

Ella asiente y busca la cámara en su teléfono. No sé si nos va a hacer caso.

Tres de nosotras sonreímos y Lila hace un selfie.


Respuestas a comentarios:

Hola, Manu.

Gracias. Feliz año.

Hola, FanGirl.

No esperaba encontrarte aquí. Ya te respondí en AO3.

Hasta la próxima.