¡Hola de nuevo! Antes que nada una disculpa por mi demora, en verdad estoy muy bloqueada, me la he pasado escribiendo y borrando una y otra y otra vez hasta que quedo convencida de lo que leo, mil disculpas, en verdad no se me ocurría nada.

Bueno no se diga más, espero que lo disfruten.

Inuyasha y sus personajes no me pertenecen.

Sombras del ayer.

Capítulo 3:

Bankotsu estaba atónito al ver como la muchacha saltó al pozo sin ningún miramiento, miles de cosas pasaron por su cabeza, incluyendo el hecho de que ella se arrojara al pozo a causa de la pelea con aquel chico de cabellos plateados, corrió rápidamente para asomarse, y sin pensarlo, la imitó, para corroborar que ella estuviera bien; sólo se encontró con que el lugar estaba oscuro y vacio.

El moreno sintió una fuerte opresión en el pecho que lo hizo caer de rodillas, el olor a tierra húmeda, la oscuridad y la soledad dentro de ese pozo le hicieron recordar un pequeño fragmento de su vida.

—Despierte señor Bankotsu, —

La silueta de un hombre disfrazado con una piel de mandril se acercó a él y estiro la mano entregándole siete pequeños y brillantes pedazos de la Perla de Shikon.

—Apresúrese y despierte a sus hermanos—

Una violenta tos lo sacó de su ensimismamiento y lo trajo a la realidad, el hedor de la humedad de la tierra le provocaba nauseas y la oscuridad lo hacía sentir paralizado; con dificultad y torpeza logró salir del pozo; observó durante largo rato aquel sitio mientras recuperaba el aliento y al mismo tiempo se preguntaba por dónde había escapado aquella joven, porque seguramente debió haber salido por algún pasadizo, de lo contrario ella seguiría allí, sin embargo esa especie de miedo que experimentó en aquel lugar no le permitía seguir investigando.

El pozo simplemente no había permitido que Bankotsu cruzara la barrera del tiempo, al menos no todavía.

Un fuerte escalofrío recorrió la espalda del muchacho, lo cual llamó su atención, volteó hacia atrás sin encontrar nada que pudiera provocarle esa sensación, una sensación que no desaparecía, así que camino fuera de la pagoda y dirigió su mirada hasta el almacén en donde el dueño de ese templo guardaba sus preciados tesoros; caminó con desconfianza y entró al oscuro lugar, guiándose con sus manos fue buscando aquello, lo que fuera que le llamaba, hasta que sintió el artefacto correcto.

— ¿Qué demonios? —Tomó la empuñadura de algo que parecía ser una espada, sin embargo sentía como si tuviera un corazón palpitando en su mano. — ¿Qué es esto? —recorrió con su mano el largo de su alabarda, la cual ya lo había reconocido. — ¿Por qué siento la necesidad de blandir este objeto? —


Kagome corría molesta hacia la aldea, tenía muchas cosas que reclamarle a ese híbrido caprichoso, pues le había causado un gran conflicto con una de sus mejores amigas de la secundaria.

— ¡Uy! En cuanto lo vea…—espetó con molestia.

Sango había visto llegar al hanyou y se acercó a preguntar cómo le había ido en la época de Kagome, pero este simplemente pasó de largo y la ignoró, lo cual hizo sospechar a la chica que al híbrido le había ido muy mal, así que decidió darle el tiempo suficiente para que se calmara; minutos después vio llegar a Kagome quien tenía el mismo semblante molesto que el de Inuyasha, quiso acercarse a ella para preguntar qué había pasado, pero una mano agarró la suya impidiéndole que lo hiciera.

—Creo que no es prudente que hagas eso en este momento, Sango—

—Pero Houshi…—

Miroku negó en silencio.

—Ya preguntarás después, creo que se acerca una fuerte discusión—

—Sí—Sango suspiró con desgano. —Vamos a la cabaña de la anciana—

—Estoy de acuerdo, al menos con el barullo de los aldeanos no escucharemos los gritos de aquellos dos—

Kagome siguió caminando a grandes zancadas y llegó al único lugar en donde imaginó que lo encontraría.

— ¡Inuyasha! —Él se encontraba sentado en la rama de un árbol.

— ¿Qué demonios quieres? —

— ¡Baja! —

— ¿Para qué? —

— ¿Para qué? Pareces un niño chiquito, quiero que bajes, debemos hablar muchas cosas—

—No—

— ¿No? ¡Ahora! —

— ¿Y si no lo hago? ¿Qué? —

—Temía que preguntaras eso—susurró.

Las orejas de Inuyasha se movieron al escucharla.

— ¡Abajo! —

El híbrido cayó del árbol estrepitosamente, llevando consigo unas cuantas ramas.

— ¡Maldita! —se levantó mientras se quejaba de aquel golpe.

Sango y Miroku miraban apenados aquella pelea.

— ¡Abajo! —De nuevo el hanyou fue a dar contra el suelo— ¡No vuelvas a llamarme así! —

— ¡Deja de decir abajo! —Esta vez levantó sólo la cara.

— ¡Abajo! ¡Eso es por tu escenita de celos! —

Inuyasha cayó de nuevo.

— ¡Ya! —Exigió.

— ¡Abajo! ¡Y eso es por hacer que una de mis mejores amigas piense que quiero quitarle el novio! —

Inuyasha se levantó de golpe y la encaró.

— ¿Y eso no es cierto? —

Kagome achicó los ojos incrédula de lo que escuchaba.

— ¡No me mires así! ¿O vas a negarme que ese tipo es idéntico a Bankotsu?—Inuyasha arrugó el ceño y apretó los puños con furia— ¿O vas a negar que por eso has estado rara todos estos días? —

Kagome empuñó las manos sobre la cintura y lo miró con indignación.

— ¡Pero él sólo será la sombra de Bankotsu! Pues él ya esta…—continuó diciendo el híbrido.

— ¡No lo digas! —Ordenó la joven.

— ¡¿Qué? ¿Qué él ya esta… ¡Muerto! —

— ¡Te dije que no lo dijeras! —Y ella se lanzó contra Inuyasha para abofetearlo, pero él la agarró de las manos.

— ¡Acéptalo ya! Él puede ser su reencarnación—continuaron forcejeando.

Sango miró al monje como si ya entendiera lo que sucedía.

—Esto es incómodo—dijo el moreno.

—No lo imaginaba—respondió la exterminadora.

—Es por eso que últimamente la señorita anda muy triste—

— ¡Pobre Kagome! —habló la compasiva Sango.

— ¡Pobre Inuyasha! —Respondió con pena el monje.

Ambos chicos pensaban que por fin ellos estarían juntos después de tantos contratiempos y sintieron pesar al imaginar que sólo era una ilusión, pues ahora la reencarnación de Bankotsu se interpondría entre ellos.

De repente vieron que ambos jóvenes cayeron al suelo, Inuyasha de espaldas y Kagome estaba sentada sobre él —Mejor nos vamos Sanguito, creo que habrá reconciliación—

—Monje pervertido—ella lo miró de soslayo, pero cuando vio que Inuyasha giraba a la chica hacia abajo, entonces enrojeció—tiene razón, vámonos—

Miroku dejó salir una suave sonrisa al notar que su compañera se sentía un poco apenada.

El monje y la exterminadora se alejaron.

Inuyasha la sujetaba con fuerza contra el suelo esperando que ella se tranquilizara.

— ¡Suéltame Inuyasha! —exigió.

— ¡No! Hasta que te calmes—

—Si no lo haces…—

— ¡Hazlo! ¡Grita tu estúpido conjuro! ¡Grítalo! Y nos herirás a los dos—Señaló.

Ella lo miró molesta, él tenía razón.

La mirada del muchacho se suavizó y se acercó a ella rápidamente y se posesionó de sus labios, besándola con desesperación y después suavemente, soltó las manos de la joven para recorrerle las mejillas.

Ella abrió los ojos ampliamente, no lo esperaba, se quedó inmóvil sintiendo la boca de Inuyasha sobre la suya y como su lengua la invadía sin permiso. Cerró los ojos y por un momento se dejó llevar por aquel beso y llevó su mano hasta el pecho del muchacho.

Él se sintió correspondido y poco a poco deslizó su mano hasta la falda de la colegiala y comenzó a subirla para acariciarle el muslo con suavidad, luego la tomó de la pierna y la colocó sobre su cadera y continuó acariciándola.

Kagome sintió que su respiración se agitaba ante el dulce contacto de Inuyasha, un suave gemido escapó de su garganta al sentir las expertas manos del híbrido, sin embargo ella apoyó sus manos contra él y suavemente lo empujó.

—No…—susurró—esto no está bien—se sentía culpable además de usada, pues pensaba que aún después de muerta Kikyou seguía en el corazón de Inuyasha, al igual que Bankotsu en el suyo.

— ¿Por qué no? —La miró confundido.

—Porque no lo estamos haciendo por la razón correcta—

— ¿Y cuál es esa razón? —

—Debería ser porque nos amamos—

—Yo te amo—

—No, aún la amas a ella y yo aún me parezco a ella—

—No tiene nada que ver—

—Sí que lo tiene—cubrió sus ojos con el brazo e Inuyasha se hizo hacia un costado recostándose sobre el pasto. —No quiero estar contigo sólo porque me siento sola, no es justo para ti, como no es justo para mí que tú estés conmigo sólo porque te recuerdo a ella, el día que me veas como Kagome, sólo Kagome, será diferente—

—Te veo sólo como Kagome—

—No es verdad y lo sabes—bajó el brazo e intentó buscar la mirada del hanyou, pero este sólo volteó hacia otro lado. —Después de tanto tiempo amándola, dudo que hayas dejado de hacerlo—

—Jamás dejaré de amarla—Aseguró Inuyasha. — ¿O tú dejarías de amar a Bankotsu para poder estar al lado de otro chico? ¿Acaso tú no amas a ese muchacho sólo porque se parece a él? Si es así…—

Kagome se sentó y bajó la mirada, no podía ver de frente a su amigo, se sentía tan egoísta por decirle eso, pues por un instante tuvo la sensación de que le exigía olvidar a Kikyo.

—Tú haces lo mismo conmigo—Aun así ella continuó defendiendo su posición.

—Es decir que sí sientes algo por él, pero no te engañes, él no es Bankotsu— Inuyasha se levantó y caminó aprisa para alejarse de ella.

— ¡Ni yo soy Kikyo!—

El joven se detuvo por un instante y le respondió.

—Lo sé— y continuó su camino.

Kagome se levantó y alisó su falda, bajó la mirada entristecida, no quería que Inuyasha estuviera molesto con ella, ella lo amaba demasiado, estaba un poco confundida y estaba consciente de esto, no sabía si era amor hacia un amigo o si lo amaba como hombre.

—Tal vez si ella nunca hubiera regresado…Inuyasha hubiera sido libre de amarme y yo a él, tal vez nunca me habría enamorado de Bankotsu—miró hacia donde el chico se había ido y luego hacia el pozo. — ¿Y si me enamoré de Bankotsu sólo por despecho? Tal vez sigo enamorada de Inuyasha…yo…no lo sé, tengo miedo de esa terrible inseguridad que me embargaba cada vez que él pensaba en ella, siempre me dolió—

Caminó hacia el pozo cuando Sango la interceptó.

— ¿Todo bien? —

—No Sango, nada está bien—

— ¿Así que posiblemente te encontraste con la reencarnación de Bankotsu? —

—Parece que sí—

—Y te sientes confundida con respecto a corresponderle a Inuyasha o intentarlo con el otro muchacho—

—Tal vez…—bajó la mirada.

—No, no es eso, tienes miedo—se agachó buscando la mirada de Kagome, quien aún continuaba evadiéndola—tú no eres así, creo que temes lastimarlos—

—Así es Sango. —Por fin la miró a los ojos y dejó escapar un fuerte suspiro.

— ¡Siéntate y cuéntamelo todo! —Sango se dejó caer en la grama e invitó a su joven compañera.

—No hay mucho que contar, pero te confieso que había pensado en intentarlo con Inuyasha, sé que va a sonar egoísta, pero pensé que ahora que ya no están ni Kikyo, ni Bankotsu, tal vez… él y yo… ¡Sólo quería continuar con mi vida! Darme una oportunidad, no quiero guardar luto por siempre—Se sentó junto a la exterminadora y miró hacia el cielo fijamente.

— ¿Pero ahora que viste a ese chico… tú…?—nuevamente buscó la mirada de la sacerdotisa.

Kagome volteó y le sonrió.

—Cuando lo vi la primera vez, sentí que mi corazón saltaba de gusto y de un poco de dolor, ya que estaba en una situación muy lastimera, mi Bankotsu era… un cínico, siempre sonriendo, burlándose de todo, tan seguro de sí mismo, este chico se ve triste, desvalido, atemorizado; cuando lo vi, desee con todo mi ser que fuera él, pero mi mente me decía que estaba soñando y aún así… todo aquello por lo que me estuve convenciendo meses atrás, eso de volver a intentarlo para continuar adelante…se derrumbó… todo—

—Ya veo, al verlo y creer que este chico es la reencarnación de Bankotsu pensaste que tenías otra oportunidad en la vida…me suena esa historia—

Kagome dejó escapar una suave risita.

—Es verdad. Ojalá no aparezca una bruja Irazue…—se quedó meditando unos segundos.

— ¿No estarás pensando…?—preguntó sorprendida.

— ¡No! Eso nunca, él descansa ahora y no haría algo tan egoísta como eso—

— ¿Qué vas a hacer con ese chico? ¿No deberías intentarlo? —le preguntó dulcemente.

Kagome negó con la cabeza.

—No sería justo, sería amar a un fantasma—

—Nunca lo sabrás, eso lo dices por lo que viviste con Inuyasha y Kikyo—

—Creo que necesito descansar un poco… en mi casa—

— ¿Vas a irte? —La exterminadora observó cómo la sacerdotisa se levantó y le tendió la mano para ayudarla.

—En este momento necesito alejarme de esta época, me siento un poco nostálgica y creo que Inuyasha necesita calmarse, tal vez un par de días para que ambos pongamos nuestras ideas en orden no están de más—

—Muy bien, yo lo detendré mientras tanto—Y caminó junto a Kagome hasta el pozo y después la observó desaparecer en este.


En cuanto Kagome salió del pozo lo primero que vio fueron las compras regadas por el piso e intentó recordar si ella las había tirado al correr tras Inuyasha. Encogió los hombros restándole importancia y salió de la pagoda, cuando de repente escuchó algo parecido a fuertes latidos de corazón, lo que la hizo voltear hacia el almacén del abuelo, justo en donde estaba Banryuu; Kagome corrió sin pensarlo dos veces y al llegar encendió la luz y vio a Benny frente a la alabarda.

El muchacho parecía estar en trance, pues ella lo llamó un par de veces, pero éste no la escuchó, la sacerdotisa temía que la alabarda reconociera a Benny por ser la reencarnación de Bankotsu y que esta quisiera controlarlo, que la alabarda lo llamaba debido a sus poderes demoníacos, lo que ella no sabía es que él era su verdadero amo.

— ¡No la toques! —Levantó la mano señalando que se detuviera.

El moreno continuó sosteniendo la alabarda.

— ¡Es peligrosa! —insistió y corrió hacia él.

Bankotsu intentó cargar a Banryuu, sin embargo no pudo debido a que aún estaba demasiado débil después de dormir por un año, sin embargo nuevas imágenes inundaron su mente, la forma en que él blandía esa alabarda y como la sangre resbalaba por la hoja de ésta. El muchacho sintió como alguien lo abrazaba de la cintura y lo empujaba con firmeza para alejarlo de esa arma y al recobrar de nuevo la conciencia de sus actos, pudo ver que era aquella chica que había saltado por el pozo.

Kagome sintió la necesidad de alejarlo de Banryuu, no sabía si era por el temor de que algo malo le ocurriera a ese chico o si era porque no quería que alguien tocara las cosas que le pertenecieron a su amado, así que corrió y lo empujó de los hombros, pero él no se movió ni un poquito y cuando este levantó la mano listo para blandir la alabarda, se lanzó con fuerza contra su cintura, pero tampoco pudo moverlo, sin embargo logró sacarlo del trance; respiró con alivio y al sentir el cálido contacto con el chico no pudo soltarlo, cerró débilmente los ojos y escuchó con calma el suave palpitar del corazón del muchacho y poco a poco cerró suavemente aquel abrazo mientras escondía su rostro en el pecho del muchacho.

Él puso su mano sobre la cabeza de la chica y acarició con suavidad su cabello.

—No me molesta que me abraces—llamó la atención de la joven—pero te equivocas, yo no soy tu novio muerto, piensa en mí como en alguien distinto—dijo serio.

Ella lo miró a los ojos, cómo pensarlo si ese chico era idéntico a él.

—Lo siento—lo soltó y se alejó un par de pasos hacia atrás.

—Ese hombre ya no existe—dijo severo—Ahora dime ¿Qué demonios sucede aquí? —preguntó un poco nervioso.

—No podría explicártelo—

—Inténtalo—exigió.

—Dudo que quieras creerme—

—Estoy esperando—

Kagome lo miró un poco sorprendida, por un momento creyó ver a Bankotsu.

—Esa alabarda le perteneció a él—se acercó hasta ella y acarició la hoja.

— ¿Y eso qué? ¿Por qué siento que me llama? —

—Tal vez tú eres su reencarnación—

— ¿Reencarnación? —la miró lleno de duda y se alejó aún más de ella.

—Sabía que no entenderías—contestó decepcionada.

—No, no sé qué creer, yo… esto es extraño—caminó hacia la salida—mira— el chico se sentía más confundido que nunca—he perdido todos mis recuerdos y todo lo que veo es extraño para mi, las imágenes que aparecen en mi mente son perturbadoras y ahora apareces tú para decirme que soy la reencarnación de quién sabe quién, sin embargo, quiero pensar que tu novio murió no hace mucho ¿Cómo puedo ser su reencarnación? El debió haber muerto por lo menos hace más o menos dieciocho o diecinueve años atrás o tal vez más para que yo pudiera ser su reencarnación—

—No, no lo entenderías, murió hace mucho más tiempo atrás—

Bankotsu arrugó el ceño.

— ¿Te estás burlando de mi? ¡Rayos! Creí que tendrías respuestas, ya que fue aquí en este templo donde me encontraron tirado y en estado de…de… coma—eso es lo que su padre adoptivo le había contado.

— ¿Tirado? Entonces… eres tú aquel chico que el abuelo encontró herido junto al árbol hace más de un año—Kagome meditó un momento—justo después de que Bankotsu murió—pensó para ella, ahora si estaba convencida de que él era su reencarnación, eran demasiadas coincidencias.

—Sí, eso me dijeron—

—No sé nada—

—No creo que haya sido un accidente—

—No lo sé, yo no estaba aquí cuando sucedió, a mi me contó el abuelo—

—Quiero hablar con tu abuelo—exigió, tenía la esperanza de que ese anciano le dijera quien era.

—Si quieres, —encogió los hombros—pero no te sientas mal si no sabe nada—Y salió del almacén—vamos, quítate esa duda de una vez—lo invitó a seguirla.

Bankotsu la siguió hasta la pequeña casa.

Kagome entró y llamó al anciano quien salió sonriente, de repente el hombre la miró confundido, en especial al ver a aquel extraño entrar a su casa.

— ¿Kagome? No me digas que…—el viejo se acercó a Bankotsu y comenzó a revisar cuidadosamente la cabeza del chico.

El moreno dedujo que el hombre lo había reconocido, Kagome pensó por un momento lo mismo.

— ¡Inuyasha! ¿Es tu forma humana? —gritó emocionado el abuelo.

Souta y su madre salieron al escuchar esta afirmación, ambos tenían gran curiosidad por ver al hanyou en su forma humana.

Kagome abrió ampliamente los ojos y corrió veloz a cubrirle la boca a su abuelo, antes de que este revelara el secreto de Inuyasha.

—No abuelo—Kagome sonrió nerviosa—Él es Bankot… digo Benny Yasukawa—

Bankotsu arrugó el ceño, ese hombre lo llamó Inuyasha y ella estuvo a punto de llamarlo Bankotsu, su verdadero nombre.

—Hasta ahora todos me han conocido como Benny Yasukawa, pero esa mujer me llamó por mi nombre—pensó.

— ¿Sucede algo? —Preguntó la joven al ver el semblante molesto del chico.

—Pregúntale si me conoce— ordenó.

Kagome se paralizó por un segundo, al escucharlo hablar de esa manera tan arrogante la descoló por completo, pero de inmediato recuperó la compostura.

—S-sí—parpadeó un par de veces—Abuelo, este es el chico al que encontraste herido en el templo hace un año—

— ¿En serio? — el hombre caminó alrededor del chico, mientras lo escudriñaba con curiosidad y luego golpeó su palma con el puño cerrado— ¡Oh! ¡Es verdad! Lo recuerdo—caminó hacia la salida y guió a los chicos hacia el Árbol Sagrado. —Fue aquí, no vi nada en concreto, sólo caíste de la nada, corrí a ver si alguien te había arrojado, pero como puedes ver soy viejo y no pude alcanzar a ver quién lo hizo—

El muchacho bajó decepcionado la mirada y no pudo pasar desapercibido por la joven.

—Gracias abuelo—ella sonrió—yo me encargó desde ahora, vaya adentro a descansar—

—Pero…—

—Yo me encargo—Kagome empujó con cuidado pero firmemente al abuelo, hasta que este captó la indirecta y se alejó.

—Yo… estaba seguro de que él sabía…—miró angustiado sus manos.

Kagome se acercó al chico para tratar de animarlo, aunque también estaba confundida, hasta el momento ella creía que él había perdido la memoria debido a un accidente en automóvil, sin embargo nada tenía que ver con el chico que el abuelo encontró, pues no hubo ningún accidente cerca e imposible que un cuerpo llegara hasta el árbol desde la calle; sacudió su cabeza varias veces y colocó su mano sobre el hombro del chico.

—Oye, siento mucho que…—

— ¡No lo entiendes! Él era… mi esperanza—

—La verdad… no… tal vez…—

—Cuando desperté en ese… ese… hospital, el doctor Yasukawa dijo que yo fui encontrado en el templo Higurashi, yo no recordaba más que mi nombre y poco a poco vienen a mi fragmento pequeños de mi vida, nombres…—

—Por lo menos sabes algo, es cuestión de seguir buscando Benny—Ella sonrió.

Él la miró desconcertado, ella estaba tratando de darle ánimos y ni siquiera lo conocía realmente, tal vez era porque le recordaba a su novio muerto.

— ¡Vamos! No puedes darte por vencido, por lo menos aún tienes a tu padre—ella recordaba que Yuka le mencionó que su madre había muerto en ese accidente.

—Hace un momento, tú…—La miró detenidamente a los ojos.

— ¿Si? —preguntó al sentirse un poco incómoda por la manera en que la miraba, en ese momento sólo deseaba que se fuera y no volver a verlo más, pero por otro lado deseaba que se quedara.

—Hace un momento tú estuviste a punto de llamarme por otro nombre—

Kagome se sintió apenada, por un instante pensó que él no se había dado cuenta.

— ¿Bankotsu? —

El muchacho asintió.

—Lo siento, es que sus nombres son algo parecidos, nada que tenga que preocuparte—Trató de restarle importancia.

—Sucede que mi nombre no es Benny Yasukawa, mi nombre es Bankotsu…—La miró fijamente a los ojos y ella pudo ver que decía la verdad.

Kagome sintió como si la sangre cayera hasta sus pies, su piel palideció inmediatamente, sus labios se secaron y un fuerte nudo se formó en su garganta y a duras penas pudo hablar.

—No…no…—susurró— ¡No juegues conmigo! —

Continuará…


¿Qué les pareció? Ojala que lo hayan disfrutado.

Quiero agradecerle a las personas que me apoyan en cada capítulo y ellas son: Earanel, The most delicious poison, narutiana, AllySan, Gata de la Luna, Miss Sixty Cullen, pero sobre todo gracias AllySan.