¡Hola de nuevo! Tanto tiempo sin darle a este fic, pero ya estoy tratando de ponerme al corriente, igual y no prometo nada, ya que mi idea es terminar lo antes posible el fic de Laberinto de Sombras que ya va para tres largos años, en verdad que no tengo vergüenza, lo siento. Bueno no los aburro más y espero que disfruten esta historia.
Inuyasha y sus personajes son propiedad de la grandiosa Rumiko Takahashi.
Capítulo 4
Había pasado ya una semana y Bankotsu se encontraba en su sesión con el psiquiatra, quien miraba unas tomografías del muchacho.
—No hay lesión visible, podría ser psicosomática—Miró tratando de entender el por qué la pérdida de la memoria.
— ¿Psico… qué? — Bankotsu arrugó el ceño y parpadeó varias veces, pues de lo que aquel hombre decía no entendía nada.
—Me refiero que no hay golpes en tu cabeza, que tal vez viviste algo traumático y me intriga saber qué te pasó—
—Créame, yo soy el más interesado—
El médico se retiro los lentes y acarició el puente de su nariz, tenía la leve sospecha de que el pasado del muchacho era demasiado turbio.
— ¿Qué me dices de tus sueños? —
—Son más bien pesadillas—
—Te escucho—
—Es el mismo de siempre, estoy de rodillas y un tipo me corta la cabeza, parece un sueño dentro de otro sueño, porque en cuanto siento el golpe de aquella espada, me despierto en un lugar muy oscuro, con olor a tierra húmeda; la voz de aquel hombre es la que me despierta de mi sueño y vuelve a pedirme que despierte a mis hermanos y luego… me veo en otro lugar con un chico que supongo es mi hermano—
— ¿Puedes ver el rostro de esa personas? —
—Sí, parece una chica, pero es un hombre y me dice hermano mayor, sin embargo el parece mayor que yo, al menos en edad y cuando estoy con ese chico… mi hermano… estoy muy contento—
— ¿Sabes su nombre? —
—Jakotsu—
—Bien ¿Te parece si en esta sesión tomamos como base a Jakotsu?—
Bankotsu lo miró dudoso.
—Me parece que deberíamos intentar de nuevo con la hipnosis—dijo el hombre al ver la confusión del muchacho; tomó algunos aparatejos mientras Bankotsu se recostaba en el sofá y comenzó la cuenta regresiva hasta que el joven se quedó profundamente dormido. —Bien ahora estas con Jakotsu, entonces dime ¿En qué lugar se encuentran? —
—Parece un palacio, pero no hay personas, sólo él y yo y bebemos algo, es sake—
— ¿Qué hacen? —
—Festejamos—
— ¿Qué festejan? —
—El habernos reunido—
— ¿Se separaron? ¿Por qué? —
—No lo sé, pero sé que estamos felices de reunirnos de nuevo—
— ¿Qué me dices del lugar? Háblame de ese palacio, en dónde esta, qué hay alrededor, a qué huele, qué escuchas—
—Esta en un sitio sin autos, ni edificios, como si estuviera en una colina o un bosque, huele a humo, pero aún así el aire es limpio—
— ¿Qué me dices de la gente? —
—No hay nadie—
— ¿Es tu casa? —
—No—hizo una pequeña pausa—Jakotsu mató a todos los que vivían allí—
El médico se tensó por un instante.
— ¿Por qué? —
—No lo sé—
— ¿A cuántos? —
—Muchos… decenas… a todos—
— ¿Él solo? —
—Sí—
— ¿Cómo? —
—Con una extraña espada—
El hombre temía que el chico fuera un asesino.
—Dejemos a Jakotsu y háblame de ti ¿Qué estas haciendo y qué es lo que sientes en este momento? —
—Estoy sentado en un pequeño cuarto, esta oscuro, pero puedo oler la madera del lugar, mi pierna se mueve de arriba abajo, estoy muy aburrido, enojado, no me gusta estar en ese sitio—
— ¿Y por qué no sales? ¿Acaso estas allí en contra de tu voluntad? —El psiquiatra pensó por un momento que había sido arrestado, pero cuando le dijo que el lugar olía a madera supuso que se trataba de un secuestro.
—Lo estoy, es una orden de la persona que me despertó—
— ¿Cuál es la orden? —
—Esperar—
— ¿A quién? —
—No lo recuerdo, pero se acercan, escucho sus pasos, sus voces, abren la puerta, puedo ver la luz de la luna, estoy excitado, listo para pelear—
— ¿Qué pasa ahora que abrieron la puerta? —
Bankotsu comienza a narrar los hechos acontecidos en la isla Hijiri.
—Cargo una alabarda, grande y pesada, veo a aquellas personas por las cuales fui enviado, por los que esperaba—
—Descríbelos—
—Uno tiene el cabello plateado y dos orejas puntiagudas sobresalen en su cabeza, viste de rojo, pero no puedo ver su rostro, otro viste una túnica larga, dos chicas, una lleva un traje negro como de batalla, parece una ninja y la otra… la otra viste ropa muy corta, esa chica me llama la atención, no sé por qué pero su ropa me da curiosidad, no puedo verla tampoco—Bankotsu aspiró profundamente—ese lugar huele a flores y a agua pura, pero me siento algo hastiado, sofocado y parece que al tipo de rojo también le afecta.
— ¿Y que hacen esas personas allí? —
—Buscan al santo de esa isla, un tal Hakushi, sus restos están en esta isla… la isla Hijjiri—
El psiquiatra apuntó en su libreta todas las pistas que el muchacho le daba, cuando de repente lo vio un poco agitado.
— ¿Qué esta sucediendo? —
—El tipo de rojo corre hacia mí, estamos peleando, él con su espada y yo con mi alabarda, me siento emocionado, las dos chicas intervienen también en la pelea, la chica de negro me lanza un arma casi de su tamaño y luego esta regresa a sus manos, la otra, me apunta con su arco, pero teme dañar al muchacho de rojo; me siento molesto y hago girar mi alabarda y de esta salen relámpagos y casi mato a esas personas, mientras el monje saca algo de la tierra y la flores de la isla comienzan a marchitarse y la espada del orejas de perro comienza a crecer y a tomar otra forma; siento dolor, una flecha atraviesa mi brazo y puedo ver como mi carne se desintegra, volteó a verla y le grito algo, estoy molesto—
— ¿Qué es lo que gritas? —
— ¡Canalla! —Gritó Bankotsu, el doctor se sobresaltó por un momento—tú debes ser la reencarnación de la sacerdotisa Kikyo; quiero matarla, pero el tipo de rojo no me deja—
—Pero esa chica tiene nombre ¿Cuál es? —
—No lo sé, sólo la conozco como la reencarnación de esa mujer—
— ¿Qué pasó después? —
—No lo entiendo, el Santo de esa isla me ha salvado, me desvanezco en el aire y de repente estoy en otro lugar—Bankotsu comienza a toser fuertemente y a respirar con dificultad. —No puedo respirar bien—continuó tosiendo violentamente.
—Al llegar a uno vas a despertar, tres, dos, uno. Despierta—El doctor decidió despertar al moreno.
Bankotsu abrió los ojos.
El médico apuntó todo lo que el chico le había narrado, dudaba que eso hubiera pasado realmente ¿Rayos saliendo de una alabarda? ¿Un hombre con orejas puntiagudas? ¿Una persona desvaneciéndose en el aire? Además el brazo del muchacho estaba intacto. El hombre miró incrédulo al chico, pero le habló con seriedad.
—Tenemos varios nombres en esta sesión que nos pueden ser de ayuda—revisó bien sus notas—y otros de sesiones anteriores—
Bankotsu lo miró impaciente.
—El primero, quien parece ser quien da las órdenes: Naraku, después aparece quien te apoya: Jakotsu, tu objetivo: Inuyasha, una mujer, que, aunque no sabes su verdadero nombre es la reencarnación de Kikyo, el santo Hakushi y una isla llamada Hijiri. —Esta última no le sonaba conocida, pensó que se trataba de algún otro lugar, pues la isla había cambiado de nombre años después de la desaparición del Santo Hakushi— prometo investigar, pero te sugiero que si recuerdas algo en ese momento lo escribas en una libreta y en el orden en que aparezcan, eso nos servirá para la próxima sesión—
—De hecho…—Bankotsu arrugó el ceño—esta será la última vez que yo vengo aquí—
—No entiendo ¿Por qué deseas parar aquí? —preguntó preocupado, sin embargo él ya sabía el por qué— hemos avanzado poco, pero podemos descubrir quién eres—
—Tal vez no quiero saberlo, tal vez soy o fui un hombre malvado y esta es una segunda oportunidad para empezar bien, desde el principio—
—Entiendo tu temor y es normal, muchos pacientes temen analizar su doloroso pasado, aun cuando no hayan perdido la memoria—
Bankotsu sonrió de medio lado.
—Entonces soy afortunado—Miró el reloj que estaba en la pared—aún queda algo de tiempo—sonrió de nuevo y miró fijamente al psiquiatra— ¿Cree en reencarnaciones? —
— ¿Lo dices por aquella chica? —escudriño la mirada del muchacho.
—Tal vez, pero alguien me dijo que me parezco a otro muchacho, pero este murió hace tiempo—
—Nuestra cultura cree en eso—
— ¿Y usted? —
—La ciencia dice que no—
— ¿Pero usted cree? —
—No—
—Yo no sé qué creer, pero sea reencarnación o… amnesia, no quiero saber más de mi pasado—Bankotsu se levantó de aquel sillón—terminó nuestro tiempo—y caminó hasta la puerta.
—Pero ¿Qué dirá tu padre? —Preguntó antes de que Bankotsu cruzara la puerta, quería ver su reacción, realmente lo estaba probando.
Bankotsu se detuvo y alzó la ceja en respuesta.
—Ambos sabemos que ese hombre no es mi padre—y salió del consultorio y cerró la puerta.
Aquel hombre observó callado como el chico salió del consultorio, era la primera vez que se sentía tranquilo al ver que un paciente se marchaba, pues tenía el presentimiento que las manos del muchacho estaban manchadas de sangre y agradeció en silencio aquella decisión.
—Te deseo suerte chico—
Bankotsu caminaba desconcertado hacia su casa, contemplaba todas aquellas llamativas luces, para él todo era sorprendente, nuevo y sobre todo ajetreado, no entendía como todas esas personas podían llevar ese ritmo de vida.
—Me pregunto si con la pérdida de mi memoria me hice lento—de repente chocó contra un chico.
— ¡Fíjate por dónde vas! —gritó molesto el muchacho, pero ni siquiera se detuvo.
Bankotsu lo ignoró.
—No, no soy lento, creo que ellos son los que viven aprisa—
El muchacho llegó hasta su casa, en donde Yuka lo esperaba en la entrada; él trató de pasarla de largo.
—Necesito hablar contigo—Dijo la chica antes de que el moreno introdujera la llave en el portón de aquella casa.
—Te escucho—
—Sé que me exalté un poco ese día, no sé qué sucede entre Kagome y tú, pero no es justo para Inuyasha—
Bankotsu se tensó al escuchar aquel nombre.
— ¿Quién? —el moreno arrugó el ceño.
—Inuyasha, aquel chico de cabello plateado, el novio—recalcó esta palabra—de Higurashi—
—Qué extraño, ella me dijo que su novio había muerto hace tiempo—
—Conozco a Inuyasha desde hace más de un año y créeme, no está muerto—Yuka frunció el ceño.
— ¿Por qué mentiría? —
—Tal vez tú le gustas o se cansó de ser el plato de segunda mesa de él—
— ¿Inuyasha? —susurró y abrió la puerta ignorando completamente a Yuka, quien no paraba de hablar y lo siguió hasta adentro de la casa. — ¿Qué sabes de él? —preguntó con curiosidad, reconocía ese nombre, lo había mencionado en su sesión con el psiquiatra.
— ¿Qué? —Preguntó molesta—si crees que te informaré acerca de él para que puedas flirtear con su chica ¡Estás loco! —
— ¡Oye! No es lo que piensas, pero el nombre de ese tipo me recuerda a alguien—
—Mira—Yuka hizo una larga pausa y trató de tranquilizarse—Kagome es mi amiga y no pienso permitir que destruyas su relación con el chico rebelde, ella ha sufrido bastante por él—
—No me estoy interponiendo en su relación—sonrió de medio lado.
— ¿Ah no? ¿Por qué se fue tan molesto cuando te vio? ¿Por qué ella te mira como si te extrañara? ¿Acaso ella y tú…? Y al no recordarlo, ella se ha aprovechado… pero Inuyasha no lo ha olvidado y por eso… ¡Infieles!—Ni siquiera podía terminar ninguna frase, pero imaginaba que ellos habían tenido un romance.
— ¿Qué? —escuchaba aquellos balbuceos, pero no entendía a que se refería.
—Me refiero a que tú y Kagome tuvieron un romance, posiblemente porque ella quería desquitarse de ese rebelde infiel, pues recuerdo que ella siempre estaba deprimida porque él estaba enamorado de otra chica, ¡Oh, sí! Le decíamos que dejara de ser el plato de segunda mesa—hablaba demasiado rápido tratando de atar los cabos de esta historia— ¡Lo siento! —
—No entiendo de que hablas ¿Plato de segunda mesa? Pero…—
— ¡Basta! No digas nada, soy yo quien está de más, pero debes arreglar las cosas con esos dos y alejarte, no tienes oportunidad contra él, ella lo ama y…—Ella no dejaba de hablar hasta que él la interrumpió.
— ¿De qué demonios hablas? —preguntó molesto y confundido.
—A Kagome, me refiero a que la dejes en paz, no tienes oportunidad contra Inuyasha—
—No creo que sea Inuyasha un rival con quien competir por esa chica, pero si ese novio muerto—
— ¿Muerto? No, creo que… no, si hubiera muerto algún novio de Higurashi nosotras nos hubiéramos dado… a menos que…—
— ¿A menos que qué? —
—No nos vimos durante más de un año, cuando salimos de la escuela, pero aun así, no creo que…—
— ¿Sabes? No sé qué demonios dices, pero ya es tarde y tengo cosas por hacer—
— ¿Me estas corriendo? Sólo quiero ayudarte a resolver tus problemas; que tal si Inuyasha te dio una golpiza descomunal que te haya hecho perder la memoria, posiblemente te la merecías ¿O no? —
—Oye, no sé si lo merecía o no, pero por ahora quiero descansar y sí, te estoy corriendo—
— ¡Qué grosero! Yo sólo quiero ayudar—
—Ya has ayudado bastante, gracias—
—Bueno, me voy, pero creo que deberías hablar con Kagome—
—Ella no quiere hablar conmigo—
—Bankotsu, me gustas, pero no voy a ser tu plato de segunda mesa—y ella salió corriendo.
—Plato de segunda mesa ¿Qué quiere decir con eso? —
El sonido de un auto llamó su atención, era el Dr. Yasukawa quien regresaba del hospital.
Bankotsu caminó a recibirlo.
—Me llamó tu psiquiatra—Dijo el hombre al mirar a Bankotsu.
—Entonces ya sabe que debo irme—Afirmó el moreno.
—Yo no te he pedido que lo hagas ¿Por lo menos puedo seguir teniendo noticias tuyas?—
—Las tendrá—
—Entiendo, e imaginé que algún día lo harías, así que acepta mi ayuda; hablé con un amigo mío, es director de un colegio cercano, te dará trabajo como conserje, podrás quedarte a vivir en el cuarto que hay en la escuela y además tendrás un salario—
—No tengo como agradecerle, excepto marchándome y evitando ponerlo en peligro—
—No dejes las sesiones—
—Tampoco quiero arriesgar a ese hombre—
— ¿Entonces? —
—Debo irme ahora—
—Llévate la ropa de mi hijo, apenas es de tu talla—
—Gracias—
Bankotsu caminó a su habitación y tomó una mochila, en donde guardó suficiente ropa del hijo fallecido de Yasukawa y su viejo traje de batalla, el cual le entregaron en el hospital cuando fue dado de alta.
—Siempre que veo este atuendo me recuerda ciertas emociones, al igual que aquella cuchilla… esa cuchilla, juraría que me llamaba—
Bankotsu salió de la habitación, listo para marcharse.
—No tienes que irte esta noche ¿En dónde te quedarás? —le preguntó su padre adoptivo.
—Lo sé, pero siento que debo irme ahora mismo—
—Te llevaré con mi amigo para que te lleve a tu habitación en la escuela—
—Se lo agradezco—
—No tienes que hacerlo, cuando recuperes tus recuerdos y aun si no lo haces, ven a visitarme—
—Lo haré—
—Sube tus cosas al auto, en un minuto salgo, tengo que llamar al director a ver si te puede recibir ahora—
…
A la aldea llegó un jinete un tanto herido, que fue atendido por la anciana Kaede.
—Dices que la sacerdotisa de esa isla ha hecho una barrera, pero esta se ha estado debilitando por el constante ataque de los demonios ¿Es correcto? —preguntó la anciana sin dejar de atender las heridas de aquel joven.
—Así es señora, nuestra pequeña isla siempre ha sido atacada por demonios, pero esta vez sus ataques son más fuertes y continuos, nunca tuvimos pérdidas lamentables, ni siquiera la necesidad de ser protegidos por una sacerdotisa o un monje, tan sólo nos protegíamos con la ayuda de los pergaminos, pero ahora… necesitamos la ayuda de ese peculiar equipo, el monje, la exterminadora, la mujer de ropas extrañas y del hanyou; hemos escuchado relatos de sus batallas y estos me han guiado hasta esta aldea—
—Ya veo, los llamaré entonces para que les digas hacia donde ir—
—Estoy muy agradecido—
La sacerdotisa llamó a los tres chicos del equipo que se encontraba en ese momento en la aldea y el joven explicó lo sucedido.
—Bien, partiremos en la mañana—Inuyasha decidió en ese momento.
—Inuyasha, creo que debemos esperar a que este buen hombre se recupere para que nos guíe—Habló Miroku.
—Además falta Kagome—Mencionó preocupada la exterminadora.
—No podemos esperarla—Inuyasha contestó orgulloso.
—Pero puedes ir por ella—
—No Sango, si ella quisiera venir ya estaría aquí, ya han pasado ocho días—
—Deja el orgullo a un lado—
—No es orgullo ¿Ella quería tiempo? ¡Pues se lo estoy dando!—el hanyou arrugó el ceño.
—Bueno, está decidido, partiremos en la mañana ¿Le parece bien jovencito? —Miroku miró al chico que estaba tendido en el futón y este asintió— ¿Está seguro? —
—Sí, pero preferiría que partiéramos ahora, si no lo hacemos de inmediato…—apretó con fuerza los párpados intentando evitar imaginar lo que sucedería—aquella sacerdotisa se está debilitando, si la barrera cae, mi pueblo cae—
—Es demasiado pronto para usted—La anciana dijo con preocupación.
—He navegado y cabalgado herido durante tres días y sigo vivo, puedo hacerlo de nuevo, ya curaré mis heridas cuando mi familia y amigos estén a salvo—
—Vámonos entonces—
— ¡Pero Inuyasha! —
— ¡No repliques Sango! Ya escuchaste al chico, sé que Kagome comprenderá—
—Inuyasha tiene razón Sango, es lo que ella haría en estos casos—Miroku trató de calmarla.
— ¡Hablan de ella como si estuviera muerta! ¡Él puede ir ahora a buscarla! —La exterminadora señaló molesta a Inuyasha.
—Puedo, pero ella pidió tiempo y debemos respetarla, así que ¡Deja de lloriquear y toma tus cosas que salimos ahora mismo!—Inuyasha se levantó y fue hacia la salida.
— ¡Nunca le has dado tiempo! —
—Esta vez sí—susurró Inuyasha.
Los demás le siguieron en silencio.
—Sube—Inuyasha le dijo al chico.
—Pero… mi caballo—
—Será más rápido así, ya regresarás por él cuando todo haya terminado—
El semblante serio de Inuyasha le dio confianza al jovencito y este asintió y subió a la espalda del hanyou.
…
Kohaku se encontraba trabajando en los campos de arroz de un señor feudal, los trabajadores lo habían recibido y aceptado como miembro de su numerosa familia; estaba entretenido pensando en qué le pudo haber sucedido como para no poder recordar nada.
—Ese hombre me llamó Kohaku y dijo que tenía una hermana ¿Estará buscándome? —Continuó sembrando aquel cereal, cuando de pronto se apareció otro chico que le hacía señas con la mano para que se acercara a comer junto con los demás campesinos.
Kohaku se sentía bien en compañía de esas personas, pero aun así tenía esa sensación de vacío en el pecho.
— ¿Sucede algo muchacho? —preguntó un anciano al mirar aquel semblante triste en el chico, los demás compañeros voltearon curiosos en espera de su respuesta.
Kohaku sonrió forzadamente y negó en silencio.
Todos continuaron comiendo tranquilamente hasta que los gritos de una mujer los alerto.
— ¡El palacio está siendo atacado por un demonio! —la mirada desorbitada de la mujer dejó paralizados a los presentes.
Sin pensarlo, Kohaku se levantó ágilmente y corrió hasta el palacio.
Atemorizados pero llenos de curiosidad, los compañeros del chico corrieron detrás de él, en lugar de tratar de ponerse a salvo.
El joven exterminador se paró frente a aquel demonio y lo observó, no era poderoso, pero si lo suficientemente fuerte como para causar daños y destrozos; Kohaku no tenía temor de ese ser y pronto arrebató la espada de uno de los guardias del señor feudal y se abalanzó con gran destreza y gallardía contra aquel débil demonio y lo exterminó sin gran esfuerzo.
El señor feudal y sus sirvientes lo miraron realmente sorprendidos, estaban enmudecidos, esas habilidades sólo eran propias de los ninjas y de los exterminadores de demonios, pero según los rumores, estos últimos habían sido asesinados por demonios que se habían apoderado de un pequeño fragmento de Shikon.
—Niño ¿Quién eres? —preguntó el dueño de aquel lugar.
Kohaku lo miró angustiado al no saber qué respuesta debía dar.
—Señor, este chico trabaja con nosotros desde hace un año, estaba herido y sin recuerdos—Intervino uno de los campesinos.
— ¿Trajeron a mis tierras a un extraño? —el hombre arrugó el ceño.
El campesino hizo una reverencia en señal de disculpa.
—Es sólo un niño—justificó.
—Dime tu nombre—
—Kohaku—respondió al recordar que así lo había llamado aquel imponente hombre de blanco.
—Trabajarás con mi guardia personal—
—Yo…—miró a sus compañeros—no puedo señor, no soy digno de pertenecer a su guardia—
El amo miró severamente al exterminador y luego estalló en una carcajada.
—No te he preguntado, desde hoy estarás en el palacio—se dio la media vuelta dispuesto a marcharse.
—Me niego, señor—
El señor feudal volteó y lo miró directo a los ojos.
— ¿Te niegas? ¿Por qué? El sueldo es mejor y dormirás en el palacio ¿Prefieres trabajar arduamente en los campos de arroz? —
—No, es porque debo marcharme a descubrir quién soy—
—Bien, te deseo suerte—sonrió aquel hombre y sacó unas cuantas monedas y estiró la mano para entregárselas al chico—espero que te sirvan de algo durante tu viaje—
—Se lo agradezco señor—Tomó las monedas y con la mirada se despidió de sus compañeros y partió en silencio.
A lo lejos Sesshoumaru observaba todo lo acontecido.
—Así que no estaba equivocado, pero ¿Cómo? —Y decidió continuar observándolo.
...
Kagome había estado sentado bajo el árbol sagrado desde que llegó de la escuela; se cuestionaba todo lo sucedido desde que conoció a Inuyasha hasta ese momento. Se levantó adolorida de su espalda y se estiró haciendo sonar sus huesos mientras aspiraba el fresco aroma de la noche, cuando de repente vio a Bankotsu parado frente a la bodega de su abuelo y corrió hasta donde él se encontraba.
El moreno escuchó los pasos presurosos de la joven.
—Esa alabarda me llama—habló cuando sintió que ella estaba justo detrás de él.
Ella arrugó el ceño demasiado molesta, él bien podría ser la reencarnación de Bankotsu, pero no era él y esa alabarda era lo único que le quedaba.
—Las cosas no hablan—
—No me refiero a eso—dijo él sin mirarla.
—No debes estar aquí—
El muchacho se giró a mirarla.
—Dime una cosa ¿Inuyasha fue quién me hizo esto? —Escudriñó atentamente la reacción de la chica.
Kagome se exaltó al escuchar aquella pregunta ¿Por qué preguntaba por Inuyasha con tanta familiaridad?
— ¡No, él jamás le haría eso a un humano! —Respondió sin pensar.
— ¿Un humano? —Aquello llamó la atención del chico.
—Es decir… nunca lastimaría a otro ser humano—
—Curioso, su nombre, lo he escuchado en mis sueños—sonrió de medio lado al ver como ella abría los ojos sorprendida—Y Yuka me ha contado una historia acerca de un plato de segunda mesa—
Kagome giró los ojos fastidiada y torció la boca demasiado molesta, odiaba esa frase.
—Piensa que…—
— ¡No sé qué te haya dicho ella! —
Bankotsu se acercó a la joven y la tomó de la barbilla, observó cada detalle de su rostro y cada gesto que ella hacía, notó como el labio inferior le temblaba y sus ojos lo miraba con nostalgia; sintió como la delicada y cálida mano de Kagome se posaba sobre la suya, por un instante pensó que forcejearía para liberarse, sin embargo no sucedió, más bien parecía una caricia, él comenzó a acercarse lentamente hasta sus labios y ella cerró sus ojos para recibirlo, pero se detuvo antes de tocarla.
—No creo en reencarnaciones ¿Sabes? Creo que lo que ha dicho Yuka es más factible—Liberó a la chica con un empujón.
—No sabes lo que dices—susurró la morena, su voz temblaba.
— ¿Ah, no? —Bankotsu preguntó con sorna.
—Él jamás abusaría de su fuerza para dañar a las personas, a pesar de lo que estas le han hecho a lo largo de su vida—Kagome cerró sus puños con furia y tristeza—Mi Bankotsu y mis amigos perdieron la vida por protegernos y aunque Inuyasha no lo diga sé que sufre, así que si vuelven a juzgarlo de esa manera ¡No se los perdonaré! —
— ¡Wow! —Exclamó—sí que lo defiendes a capa y espada, debes amarlo demasiado ¿Segura que tu novio no estaba celoso de él? —
—Tal vez, pero eso no te importa—
—Pero Inuyasha sí se siente amenazado por mí—
— ¡Eso no es cierto! —
—Sí lo es, me di cuenta por la forma en que corrió y como te dije, su nombre está en mis recuerdos—sonrió, pensó que con eso la atraparía.
—Lo dudo—ella también sonrió—debiste haberlo escuchado de Yuka—
— ¿Ah, sí? ¿Y qué me dices tú? ¿Eres la reencarnación de la sacerdotisa Kikyo? —
— ¿Qué? —Kagome abrió ampliamente los ojos— ¿Cómo…?—
— ¿Lo eres? Canalla—
...
Continuará…
¿Qué tal? ¿Les gustó? Ojala que sí, disfrute mucho al escribir este capítulo, aunque admito que me atoré demasiado, pero cuando pude armar bien todo me encantó.
Quiero agradecerles a todas las que han dejado su comentario y ellas son: Earanel, AllySan, The most delicious poison, Miss Sixty Cullen, narutiana, Gaby, TIFF, Kagomewillbeloved, Gata de la Luna, SheiAngZuya, Maria elisa(Bienvenida a mis fics), Kounii161 y un guest (no seas malito(a) dejame tu nombre para agradecerte como mereces) pero sobre todo gracias AllySan.
Bueno me despido.
Besos.
Axter.
