Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
Nota previa: Es posible que, a quienes hayáis leído más fics míos, algunas partes de este u otros capítulos os rememoren otras historias de mi perfil (como El juego o algún oneshot del Kinktober), o incluso reconozcáis algunas de las que aparecerán en estos extras más adelante, en el futuro, si escribo alguna de las ideas que he ido dejando de lado en estos últimos meses para priorizar Héroes. La razón es... que están esbozadas, escritas o ideadas al mismo tiempo, con leves variantes. Quizá yo tenía ganas de escribir una cosa concreta y la encajé en un oneshot y, al mismo tiempo, más adelante en estos extra. No os preocupéis, es una forma de "recontar" las cosas que forma parte de mi proceso creativo y busca explorar cosas diferentes pese a las similitudes y esa familiaridad no va más allá de ciertos kinks o posturas concretas.
Aviso para navegantes: Sé que soy una persona dada a presuponer que los personajes son versátiles porque me da un poco igual quién se la mete a quién, sólo me preocupa cómo contarlo. Pero puedo adelantaros que no hay DekuBaku en los extra, así como tampoco habrá KamiShin (aunque ellos sí hablarán del tema en algún momento). Además, cuando me planteé escribir esto, decidí dejar fuera el preservativo, al contrario que en otras historias que he contado. Fue simplemente por fantasear, me apetecía así. En otras historias tocará decidir otra cosa. Así que vamos a imaginar que en este universo con Dones, algunos de estos pueden sanar fácilmente las infecciones de transmisión sexual y que se ha podido utilizar dichas habilidades para universalizar a todo el mundo esta "inmunidad" o son enfermedades tan médicamente relevantes como una gripe. No pretende ser una apología contra el preservativo, soy un firme defensor de su uso en cualquier circunstancia. Por favor, atención a los avisos previos a la narración.
En total, van a ser siete historias extra, divididas en trece capítulos. Dos de ellos son Shinkami (uno de ellos recién sacado del horno, una idea que originalmente se había quedado fuera y que ha regresado al comprimir la primera historia extra en tres capítulos y saldrá en el cumpleaños de la parejita), el resto BakuDeku. Todos ellos están pensados para aportar algo a la trama principal, ya sea en forma de dar epílogos a los cierres de las tramas, continuar el romance de alguna de las parejas, dejar ver personajes, pero también todos están concebidos como fanservice, tanto romántico como explícito. Algunos, incluso, siguen un hilo conductor. Y me temo que ninguna lleva por título ninguna canción de Mulán, xD. Cada capítulo tiene sus propias advertencias. La primera historia extra constará de un total de 36k palabras divididas en tres partes.
Espero que los disfrutéis. Y muchas gracias por leer y comentar a todo el mundo en general y concretamente a Etsuko, que no puedo responderle por privado. Si no deseas leer las partes explícitas, yo el apoyo te lo sigo agradeciendo y aceptando y reitero mi oferta de resumirte los capítulos (en una nota al final, si lo deseas).
Trigger warning: Sexo explícito. Se narran o hay menciones a: sexo anal, sexo oral, masturbación mutua, fingering, sexo semipúblico, age gap, mordiscos, estimulación de pezones, size kink, swallowing.
También hay una escena donde una escena de sexo no sale exactamente como planean.
CAPÍTULO EXTRA. PRIMERA VEZ (PARTE UNO)
—Mañana por la tarde he quedado con les chiques —le informa Izuku nada más salir del aula, con cara de circunstancias.
Katsuki lo ha estado esperando en el interior del edificio, a salvo de la inclemencia del día, lluvioso y frío, exactamente igual que lo ha hecho durante las últimas semanas, desde el primer día que pasó a recogerlo y lo acompañó a casa. La determinación de Izuku a no postergar sus estudios, la obtención de la licencia o el trabajo que realiza con Iida, hace que sea imposible verle de lunes a viernes salvo en los entrenamientos matinales que comparte con él. Los sábados y domingos suele emplearlos en hacer patrullas de práctica con él en Dynamight y trabajar tanto en sus proyectos como en estudiar las clases más teóricas.
Sólo se toma libres los viernes por la tarde, una vez sale de la universidad. Por eso, Katsuki ha estado aprovechando los momentos en los que sus horarios coinciden con los de Izuku para recogerle en la puerta de la facultad y pasear con él hasta su casa, donde se despiden. Algunos días, como hoy, Katsuki despierta la curiosidad y atrae las miradas del resto de estudiantes. Viste su traje profesional de héroe, porque está de guardia, incluidas las enormes granadas. Se ha coordinado con los héroes de apoyo y con Shouto para, los días que le toca patrullar a la hora a la que Izuku sale de clase, poder hacer el breve trayecto hasta su casa con él.
Esos minutos, que se le escurren entre los dedos como fina arena, de los entrenamientos matinales, cortos e intensos, lo suficientemente temprano como para que Izuku pueda asistir a ellos, y los viernes por la tarde son los únicos que pasa con él. Tras haber estado sin verle varias semanas antes de declararse, que ahora no sabe cómo ha aguantado, Katsuki echa de menos la familiaridad de los complejos y las tiendas de campaña, cuando lo tenía cerca de él en todo momento, sin tener que repartirse con un montón de cosas más. Por otro lado, le enorgullece y le gusta mucho más este Izuku, autónomo e independiente, con más proyectos que sólo derrotar a unos villanos, alegre y activo, prácticamente incansable.
—Entiendo —asiente Katsuki. Izuku camina entre él y Hatsume. La chica, que acostumbraba a acompañar a su amigo mucho antes de que Katsuki apareciese en su vida, hace con ellos parte del camino a diario.
—¿Qué tal ha ido tu día? —pregunta Izuku. Katsuki asiente, lacónico, y murmura algo ininteligible, pero a Izuku, que ya se ha embalado en contarle con detalle todo lo reseñable de sus clases desde que se separaron por la mañana, no le importa que sea tan parco en palabras. Hatsume secunda el entusiasmo de Izuku, asintiendo cada vez que este se dirige a ella para que confirme lo que está contando.
A Katsuki le cae bien Hatsume. Le gusta cómo trata a Izuku, le hace gracia la dinámica burlona con la que bromea con su amigo, la complicidad que poseen, la amistad que comparten, la rutina de acompañarse mutuamente que tienen. Pero, por otro lado, que los acompañe en ese pequeño paseo diario ha hecho que Izuku se retrotraiga.
Que sea menos expresivo.
Cuando sale del aula, Izuku no lo recibe con un beso, sino con una mirada tímida y sonrojada, a veces incluso ojeando los alrededores con cierta vergüenza, sobre todo cuando Katsuki, como hoy, lleva el traje profesional. Katsuki es muy consciente de que, rodeado de cientos de universitarios de la edad de Izuku, él destaca no sólo por su altura y corpulencia, por mucho que apenas acabe de estrenar la treintena. El traje profesional, desde luego, no le ayuda a pasar desapercibido.
Al caminar los tres juntos, Izuku sujeta las tiras de su mochila, tirando de ellas con nerviosismo, en lugar de darle la mano, quizá para no incomodar o hacer sentir desplazada a Hatsume. O, a lo mejor, porque Izuku ha resultado ser más tímido y menos atrevido que él en público y prefiere no darle muestras de cariño que en un complejo militar alejado de su entorno resultaban más naturales. Y, una vez más, las granadas interponiéndose entre ellos no ayudan.
Hasta ahora, Katsuki no había sentido el impulso de sostener en sus manos las de alguien más. Tampoco entendía por qué les gustaba a otras personas. Para él, cuyas manos sudan constantemente gracias a su Don, dar la mano siempre ha sido un trámite incómodo, ya fuese al saludar o presentarse a alguien o durante su etapa escolar, cuando debía hacerlo en algún tipo de actividad física. Izuku, sin embargo, nunca ha mostrado aversión ni incomodidad al estrechar su mano húmeda por el sudor. Y, aunque ya ha pensado en alguna otra ocasión que es por las circunstancias en las que empezaron a hacerlo, ahora para Katsuki es natural sostener la mano de Izuku, entrelazar sus dedos con los de él y apretarla levemente. Disfruta haciéndolo, pero no tiene ocasión más que los viernes por la tarde, cuando salen juntos y a solas.
Hatsume se despide de Izuku y Katsuki, que continúan caminando, en silencio, hasta el portal de Izuku. Normalmente Izuku parlotea sin parar, pero ahora se sujeta las tiras de la mochila y tira de ellas con fuerza, con la vista fija en el suelo mientras camina. A veces, cuando Hatsume ya se ha separado de ellos y no está en un descanso de su patrulla, Katsuki toma la mano de Izuku el resto del trayecto, pero hoy las granadas se lo impiden. Mira de reojo a Izuku.
Habitualmente, Izuku sonríe ampliamente desde el momento en que sale de clase. Da igual cuán cansado se encuentre, lo preocupado que esté por una fecha de entrega, sus ojos se iluminan al ver a Katsuki y la sonrisa no se le borra del rostro hasta que desaparece dentro del portal y se separan. Ahora también lo hace, sobre todo cuando mira de reojo a Katsuki y sus miradas se cruzan.
Llegan al portal, que Katsuki ya conoce bien, pues es testigo de las mejores partes de su rutina diaria. Suele ser Izuku, quien, como ahora, se pone de puntillas para despedirse con un beso tímido. Y Katsuki quien le rodea la cintura con los brazos, atrayéndole más cerca de sí, para convertir el roce de labios en un beso largo y húmedo.
Katsuki es adicto a los besos de Izuku. Aunque normalmente sus despedidas no son cortas, pues tratan de dilatar lo más posible el tiempo que pasan juntos, para Katsuki transcurren tan rápido que parecen evaporarse.
—Puedes venir —susurra Izuku, entre beso y beso, ligeramente jadeante y con los labios tan cerca de los de Katsuki que nota la calidez del aliento de este deslizarse dentro de su boca—. Mei va a avisar a Yaomomo también, porque pensó así estarías más a gusto.
—¿Hatsume quiere que vaya y que esté a gusto? —Izuku asiente, tímidamente, sonrojado. Tiene los labios enrojecidos por los besos, haciéndolos destacar en su rostro tanto como los ojos verdes que brillan en la penumbra nublada de la lluvia otoñal.
—Más bien quiere que vaya yo —admite Izuku, riéndose entre dientes. Katsuki frunce el ceño, pero no puede contestar porque le besa de nuevo, impidiéndoselo—. No me digas que tengo que ir con ellos, eso ya lo sé. Pero Mei sabe que es el único rato que tenemos para salir juntos y no quiere ponerme en la tesitura de renunciar a nada.
—Es jodidamente lista, la condenada —masculla Katsuki, haciendo que Izuku asienta y se ría de nuevo.
—El resto no sólo estaba de acuerdo, dijeron que, al fin y al cabo, estuvimos todes allí, ¿no? Kaminari incluso pensó que os gustaría la idea. Así que, en teoría, yo te tengo que pedir que avises a Shouto, a Togata y a Amajiki.
—Encima con exigencias —dice Katsuki. Izuku hace un amago de protesta, pero Katsuki le devuelve el beso igual que ha hecho él antes, para impedirle hablar—. Mándame un mensaje con el sitio y hora. Me aseguraré de que el mediohielo vaya y avise al resto —añade cuando da un paso atrás, liberando a Izuku de la cárcel que son sus dos granadas cada vez que lo estampa contra la puerta del portal, dispuesto a dejarlo marchar antes de que se haga más tarde.
No es hasta el día siguiente, cuando Katsuki llega al lugar donde van a cenar, acompañado de Shouto, vestido más elegantemente que él, con camisa y pantalones formales, que cae en la cuenta de que es la primera vez desde que Izuku y él empezaron a salir que van a estar juntos delante de otras personas que no sean su amiga Hatsume.
Nervioso, resopla aire por la nariz cuando entran y ven que son los primeros en llegar. No tienen que esperar mucho tiempo; mientras Shouto está explicando al camarero que tienen una reserva, pero no sabe a nombre de quien, entran los antiguos reclutas, separados entre sí por apenas unos minutos y seguidos poco después por el resto de héroes. Izuku llega con Hatsume, pero no le da tiempo a saludarle, porque Uraraka se lanza sobre él, abrazándolo y besándolo en la mejilla con entusiasmo.
Incómodo con los intercambios de saludos, sobre todo cuando Sero ofrece un apretón de manos a Shouto y a Togata, Katsuki se mete las manos en los bolsillos y frunce el ceño, limitándose a corresponder a los alegres cumplidos del resto con un asentimiento de cabeza. Pilla a Izuku mirándole de reojo un par de veces, pero excepto Mei y el propio Katsuki, es la primera vez que el resto tiene la oportunidad de ver la prótesis de su brazo izquierdo, así que se convierte en el protagonista, repartiendo abrazos, besos y dejándose admirar y tocar el brazo sin reparos.
—Hola, nerd —lo saluda, por fin, cuando todos ocupan los asientos que les han reservado, sentándose en el adyacente a Izuku.
—Hola. —Izuku sonríe y se ruboriza, agachando la mirada con timidez.
La cena, Katsuki ha de admitirlo, es divertida y amena. Izuku habla poco, abstraído en sí mismo la mitad del tiempo y en mirar a Katsuki de reojo y ruborizarse cuando Kaminari o Sero hacen un comentario poco apropiado la otra mitad. La camaradería de los héroes y reclutas, que ya habían conformado un grupo sólido con un objetivo en común se transforma, ahora, en una agradable amistad con visos de ser duradera más allá de las circunstancias puntuales. Hasta Shouto se atreve a bromear en varias ocasiones y, al despedirse, Kaminari, achispado por el alcohol, se empeña en despedirse de todo el mundo con un abrazo hasta que Katsuki lo fulmina con la mirada al llegarle el turno, haciéndole desistir.
Al salir al frío nocturno se despiden una vez más, prometiéndose volver a verse pronto, pero la temperatura es poco clemente y el cielo amenaza lluvia, así que todos se dispersan rápidamente. Katsuki cree que Hatsume va a acompañarlos, como hace cuando regresan de la universidad, pues vive muy cerca de Izuku, pero la chica se despide y se marcha en otra dirección, acompañada de Yaoyorozu y Uraraka.
Celebrando con una mueca satisfecha y arrogante la perspectiva de poder pasar un rato a solas con Izuku después de haber disfrutado de la compañía del resto y de una velada divertida, mira de reojo al chico, que se está despidiendo de Kaminari y Shinsou, creyendo que va encontrar su característica sonrisa amplia también.
Sin embargo, tras sonreír cortésmente a sus amigos y a Shouto, que se despide con un ademán, Izuku camina a su lado, absorto en sus pensamientos, haciendo que Katsuki sospeche que le ocurre algo. Katsuki no ha tomado el rumbo a la casa de Izuku, pensando que, aunque haga frío y probablemente les llueva, Izuku querrá que alarguen la noche un poco. Izuku lo sigue sin decir nada, pero ya no está seguro de que sepa siquiera que no están regresando.
—Ha estado bien —dice Katsuki, esperando que ese reconocimiento explícito mejore el humor introspectivo, menos parlanchín y, definitivamente, menos sonriente, que nubla el rostro de Izuku desde que ha terminado la cena.
Katsuki aprieta los puños, que lleva resguardados del relente nocturno en los bolsillos de la vieja cazadora de Best Jeanist, un poco frustrado por la lejanía que muestra Izuku y por su torpeza a la hora de averiguar qué le ocurre. Habitualmente puede leer otras emociones en el chico con claridad, pero ahora no sabe qué es exactamente lo que le preocupa y eso le hace sentir inseguro, una emoción que no acostumbra a sentir y que, últimamente, va asociada a todos los sentimientos que le despierta Izuku.
—Katsuki… —Al final, es Izuku quien rompe el silencio cuando está preparado. Katsuki se detiene, en medio de la calle, y lo mira con intensidad—. En… ¿te gusto de verdad, Katsuki?
—¿Qué mierda de pregunta es esa, nerd? —responde Katsuki, tan atónito por lo inesperado de la pregunta que no lo manda inmediatamente a la porra.
—Eh… ¿Uno de esos ataques de inseguridad míos? —Katsuki entorna los párpados, relajándose un poco al ver que, efectivamente, en los ojos verdes de Izuku sólo se refleja anhelo e inseguridad. Mucha inseguridad.
—A ver, suéltalo —dice con un suspiro resignado. Empieza a llover, gotas pequeñas y frías, pero no se mueve del sitio, esperando a que Izuku desahogue lo que sea que le inquieta. Este se encoge de hombros y se acaricia el brazo izquierdo con la mano derecha. Katsuki está a punto de preguntarle si tiene frío, pero luego una imagen de Izuku abrazándose el muñón viene a sus recuerdos, así que deja que Izuku organice sus pensamientos sin presión.
—Nunca… Bueno… Tú y yo, se supone que somos… —titubea Izuku, cabizbajo y frunciendo el ceño.
—Somos novios, nerd —dice Katsuki, que nota una horrorosa sensación de vacío en el estómago de repente.
Su primer impulso es sacudir a Izuku por los hombros y preguntarle a qué viene dudar esto ahora. Es cierto que ninguno de los dos ha pronunciado nunca la palabra en voz alta. Tras los primeros besos, torpes por la emoción y la oxitocina, Katsuki decidió darle espacio a Izuku y dejar que fuese él quien marcase los tiempos en su relación.
Por su parte, se enamoró de Izuku en algún punto entre el momento en que lo vio por primera vez, desafiante y dispuesto a enfrentarse a él sin miedo, y cuando decidió entrenarlo personalmente, aunque no ha sido capaz de verlo hasta ahora, con retrospectiva. En aquel tiempo, la situación era tan estresante y sus sentimientos tan confusos, que no había tenido tiempo de analizarlos y asumirlos. Quiere a Izuku. Y lo quiere para él solo. Creía que lo había dejado claro, así que no entiende a que vienen las dudas de Izuku y le horroriza la posibilidad de que para él no haya sido igual durante las últimas semanas.
—Es que como nunca lo hemos concretado…
—Eres mi novio, nerd —repite Katsuki, apretando la mandíbula, tenso, hasta que ve que Izuku exhala todo el aire de sus pulmones, aliviado, y sonríe.
—¡Sí! Somos novios. Pareja. Novios —exclama, y la luz vuelve a su sonrisa. Katsuki frunce el ceño, enfadado consigo mismo por haber permitido que Izuku dudase al respecto.
—¿Qué carajos ha pasado aquí, nerd? —dice Katsuki, que no está seguro de no estarse perdiendo aún más información.
—Tú y yo… bueno… no nos comportamos… Ya sabes… Como los típicos… —Izuku titubea de nuevo, murmurando para sí mismo la respuesta.
—Al grano, nerd. —Sin embargo, Katsuki ha comenzado a comprender qué es lo que le preocupa a Izuku.
Katsuki se siente responsable de él. Primero, porque le cuesta deshacerse de la dinámica protectora desarrollada hacia Izuku durante la guerra contra la Liga de Villanos, aunque racionalmente sabe que Izuku puede cuidar de sí mismo tan bien como cualquiera. Segundo, porque es mayor que él y, desde que Izuku le confesó avergonzado que nunca ha tenido una relación con nadie, ni seria ni informal, hay veces que no está seguro de ser la persona más adecuada para él. Debido a su explosivo carácter, no es que Katsuki tenga un gran bagaje en relaciones sentimentales o sexuales, ya que hasta ahora todas han sido esporádicas y puntuales, pero Izuku aún está terminando sus estudios universitarios y abordando por primera vez el mundo adulto.
Mientras que él sí ha tenido varios años para experimentar, Izuku le ha admitido, en un susurro avergonzado, que ser marginado por su Don no había ayudado a tener una adolescencia repleta de romances. Izuku había intentado quitar seriedad a la conversación confesando que sí se ha besado con alguien en varias ocasiones, poco después de la pubertad, a escondidas y para experimentar, y ha comparado el tamaño de su pene en un vestuario con otro compañero por curiosidad, sin llegar a más. Por eso, Katsuki no ha querido avasallar ni coaccionar a Izuku o hacerle creer que espera de él algún comportamiento concreto que, desde su punto de vista, crea que corresponde a una persona de más edad.
Por ello, durante sus escasas y valiosas salidas de los viernes, Katsuki ha tratado de ir despacio. De ser él quien siga a Izuku, en lugar de obligarlo a correr tras él, como es el impulso natural de su personalidad. Lo ha llevado a cenar a buenos restaurantes, a bailar a discotecas populares en la ciudad, a pasear por parques bonitos y a charlar en cafeterías de moda. Quiere darle lo mejor que pueda ofrecerle, pero al mismo tiempo no desea impresionarlo, sino crear espacios donde Izuku pueda sentirse seguro y avanzar a su ritmo, aceptando sediento los besos que este le ofrece y el tacto de su mano entrelazada con la suya.
—Bueno, me gusta cuando me besas. Y que nos demos de la mano. Al despedirnos, digo. Me refiero a los besos. Pero hasta ahora nosotros sólo… A mí me gustaría mucho que los dos… Bueno… nunca he tenido novio, así que no sé qué hay que hacer exactamente. Claro, yo solo sí sé lo que quiero que… Yo a veces quiero darte un beso, pero no sé qué quieres tú… O si quieres que los demás lo sepan. Claro que Mei y Ochaco lo saben, porque se lo he contado. — Katsuki bufa y sonríe, tallándose los ojos. Una vez más, Izuku le ha tenido que mostrar que lo ha subestimado—. Además, he visto que hoy… El resto ya te conocen, incluso Kaminari, aunque fuese un poco borracho, y saben que no te gusta que te toquen, nunca dejas que nadie lo haga, pero yo tampoco… no sé cuándo puedo hacerlo, porque…
Katsuki comprende que ha cometido el error de confundir darle espacio con acomodarse en su posición y volcar en Izuku la responsabilidad de marcar los tiempos de la relación. Izuku necesita más implicación por su parte, señales más explícitas, porque no sabe qué está haciendo, no que lo deje solo para decidir qué desea. No es que Katsuki lo sepa tampoco, pero librarse de la parte que le tocaba sólo ha sido una justificación para aliviar sus temores.
—Siempre —lo interrumpe Katsuki, deteniendo el torrente de palabras de Izuku, que ha reducido el volumen hasta hablar consigo mismo en un murmullo ininteligible.
—¿Eh?
—Que tú puedes tocarme siempre, Izuku —repite, empleando su nombre para remarcar la importancia de lo que está diciendo. Está un poco cabreado consigo mismo, porque se presuponía que ser el más experimentado de los dos debería haber evitado algo así, pero lo hecho, hecho está, y sólo quiere asegurarse de que Izuku comprenda esta vez mejor cuál es su relación—. No necesitas pedirme permiso para darme la mano o un beso. No me importa que el resto sepan que somos novios.
—Pero tú… —Izuku parece un tanto apesadumbrado. La inseguridad ha vuelto a sus ojos. Katsuki le levanta la barbilla con dos dedos, para poder mirarle a los ojos. Izuku se calla, embelesado por un segundo, y Katsuki salva la distancia que separa sus labios para darle un beso y luego trata de leer en su mirada. Los ojos de Izuku son un pozo brillante en el que perderse. Son grandes y expresivos, pueden decir multitud de cosas. Los de Katsuki, en cambio, le dan un aire duro y agresivo, incluso aunque no esté enfadado—. No quería que te enfadases.
—No estoy enfadado. Contigo —matiza Katsuki. Izuku, confuso, se muerde el labio inferior. Los ojos le brillan, húmedos. Ha estado rumiando la conversación y el mejor modo de abordarla durante horas, la cena de hoy ha sido un detonante, no una causa. Katsuki maldice en voz baja por no haberlo entendido a tiempo—. Es mi culpa, por no dejarlo claro antes. Puedes tocarme cuando quieras, Izuku. Yo también quiero hacerlo, todo el tiempo. Si no lo he hecho antes es… He sido un idiota. Pensaba que te agobiaría o te sentirías obligado a hacerlo porque yo te forzaba.
—¿Forzarme a qué?
—No lo sé. Tenía miedo de asustarte, de que creyeses que estaba obligándote a corresponderme sin estar listo.
—Yo tenía miedo de que no hubieses encontrado lo que esperabas —confiesa Izuku, mordiéndose otra vez el labio inferior. Katsuki no se reprime esta vez y se abalanza hacia él como un halcón tras su presa, reteniéndolo entre sus dientes y apretando un poco antes de soltarlo y consolar la brusquedad lamiéndolo con la punta de la lengua.
—No digas tonterías, nerd —dice, carraspeando para aclararse la garganta. «Hemos sido un par de perfectos idiotas», piensa Katsuki, pero Izuku ya no tiene ningún reparo y no hay timidez en la forma en la que le rodea la cintura con los brazos, estrechándose contra él y levantando el rostro para pedirle un beso.
Con las manos ya fuera de los bolsillos, que Katsuki jura para sí mismo coser si es necesario para que Izuku no tenga que volver a dudar, hunde los dedos en su cabello rizado y alborotado, despeinándolo aún más y con la otra mano lo sostiene por la cintura, impidiéndole alejarse.
Lo besa, ansioso, deleitándose en la sensación que le produce hacerlo.
—Los novios se dan besos, la mano y esas cosas —murmura Izuku cuando, un rato después, esconde el rostro en el interior de la cazadora de Katsuki, resguardándolo de la fría llovizna para calentarse la nariz y las mejillas. Tiembla, helado de frío y su voz suena ahogada por la tela de su sudadera, pero lo oye claramente gracias a los audífonos, que no se quita más que para dormir. Intuyendo qué va a decir ahora, Katsuki esboza una mueca arrogante, abrazándolo más estrechamente para transmitirle calor, e Izuku percibe la vibración de sus carcajadas en su pecho, porque también se ríe—. También tienen… se acuestan juntos. No me estás forzando a nada —se apresura a añadir, levantando la cara.
—Vamos a hacer una cosa —susurra al oído de Izuku con voz ronca, provocando que este se estremezca entre sus brazos. Aunque se ha imaginado que Izuku no había terminado de plantear sus dudas y cuál era el siguiente escalón de su relación, oírlo le produce vértigo en la boca del estómago—. Hace demasiado frío y estamos demasiado empapados como para irnos a una discoteca o a un pub. Como ya ha quedado claro que puedes darme la mano siempre que te apetezca, sobre todo si yo no lo hago primero, y que podemos besarnos y abrazarnos cuando queramos, ahora vamos a mi casa a terminar la noche, si te apetece. —Izuku vuelve a levantar el rostro, con los ojos muy abiertos. Hay inseguridad de nuevo en ellos, pero esta es de una índole muy diferente a la de hace un rato y es un reflejo de la que siente Katsuki—. Mañana no tenemos patrulla hasta la tarde. Puedes quedarte a dormir.
—Avisaré… —Katsuki está a punto de añadir que, si lo prefiere, quedarse a dormir puede significar estrictamente eso, pero la forma en la que la nuez de Adán de Izuku sube y baja en su garganta cuando este traga saliva le indica que no es necesario—. Tengo que avisar a mamá de que no iré a dormir, si no se preocupará.
—Por supuesto. —Izuku se separa de él lo mínimo para sacar el móvil y teclear apresuradamente. Katsuki, determinado a no caer dos veces en el mismo error, aprovecha para mordisquear suavemente, sin marcar, la parte del cuello expuesta de Izuku que baja hacia la clavícula, observando cómo su nuez de Adán vuelve a subir y bajar en su garganta, excitado, al intentar tragar saliva.
Izuku entra en su casa con la inseguridad que presta estar en un lugar nuevo, pero al mismo tiempo otea con curiosidad, bebiéndose los detalles que le proporcionan información nueva sobre Katsuki, su carácter, gustos y estilo de vida. Le abandona el aplomo cuando Katsuki se quita la cazadora y se arranca las zapatillas para entrar en el cuarto de baño y ofrecerle una toalla con la que pueda secarse.
—Es mejor que te quites esa ropa mojada, no vayas a resfriarte —dice Katsuki. La cara de Izuku se enciende, enrojeciendo, y se muerde el labio inferior.
Esbozando una mueca arrogante, Katsuki lo desafía quitándose la sudadera y la camiseta en primer lugar, satisfecho al ver la reacción de Izuku, que abre la boca y la cierra varias veces, ensimismado, mientras su mirada salta de tatuaje en tatuaje antes de perderse en los músculos de los pectorales y abdominales. Katsuki se acerca a Izuku, que levanta la mirada, con los ojos verdes prácticamente invisibles en la oscuridad de sus pupilas dilatadas y repletas de deseo, sus dientes blancos mordiendo con fuerza el labio inferior y las aletas nasales dilatadas. No formula en voz alta la pregunta que Katsuki puede leer claramente en su expresión, pero en cuanto este asiente, Izuku levanta los dedos de la mano derecha, temblando, Katsuki no sabe si de frío o de excitación, y los posa sobre su pectoral izquierdo, acariciándole tentativamente con las yemas de los dedos.
Están fríos, fruto del clima desapacible que han tenido que soportar desde que han salido del restaurante, y Katsuki nota todos y cada uno de los roces en su piel, que siente arder febril en contraste. Izuku sigue, con la yema del dedo pulsando intermitentemente por el temblor, la forma de las flores y las líneas de color azul pálido que representan el agua. Después, acaricia la forma de la carpa koi de su antebrazo izquierdo, el más reciente de todos y cuyos vivos colores brillan con intensidad, subiendo de nuevo hasta su hombro, deteniéndose en la otra carpa, la que une su clavícula y pecho, hasta posar la palma de la mano sobre el pectoral, cubriendo el dibujo floral.
Gracias al calor corporal de Katsuki, la mano de Izuku ahora se siente algo más cálida, pero no ha dejado de temblar. El pulso de su mano izquierda, en cambio, es mucho más firme. Está aún más fría que la derecha. El tacto suave de su prótesis no contrarresta la conductividad térmica del metal del que está hecha y tampoco dispone del calor corporal de Izuku, pero sí se templa rápidamente cuando Izuku se centra en el tatuaje tribal de su pectoral derecho, dibujando la línea hasta su clavícula y luego hasta el brazo, deteniéndose al toparse con la ancha banda en negro unos centímetros por encima del codo.
Sólo entonces mira de nuevo a Katsuki a los ojos, maravillado, y se muerde el labio inferior de nuevo. Katsuki mueve la cabeza hacia adelante, atrapándole el labio mordisqueado para mordérselo él mismo y besarlo.
—¿Significan algo? —pregunta Izuku, jadeante, cuando se separa.
—Sólo este —responde Katsuki, mostrándole uno mucho más pequeño y sencillo, en la cara interior de la muñeca derecha, que une una de las granadas de su traje de héroe y un engranaje metálico sobre una pequeña explosión de líquido en estilizadas líneas negras—. No los elegí yo. Fue la tatuadora quien decidió los diseños. —Katsuki sonríe, burlón, por la expresión de genuino desconcierto de Izuku—. ¿No te gustan?
—¡Sí! ¡Son geniales! —Izuku traga saliva, todavía sin separar los dedos de donde los ha dejado posados.
—Tengo más —presume Katsuki, riéndose al ver a Izuku abrir los ojos de par en par—. ¿Quieres verlos?
Izuku asiente, entusiasmado. Katsuki, vanidoso por la atención, se da media vuelta para permitir que vea la enorme rosa de los vientos de su omóplato derecho. Los dedos de Izuku, más seguros y cálidos ahora, siguen no sólo las flechas de dirección, sino también las letras y los dibujos abstractos en rojo y negro que la decoran, siguiendo la fina línea que parte de la flecha que señala al oeste y cruza la espalda hasta llegar al otro omóplato.
Cuando nota que los dedos de Izuku dejan de acariciarle, antes de darle tiempo a decir nada, Katsuki se desabrocha los pantalones y los deja caer hasta los tobillos. La exclamación de tímida sorpresa de Izuku se ve ahogada por la de admiración al descubrir el detallado demonio japonés en la parte posterior de la pantorrilla.
—Ese dolió como los mil demonios —dice Katsuki, presumiendo, al mismo tiempo que saca las piernas de las perneras del pantalón para darse media vuelta.
Como Izuku se ha acuclillado para observar mejor el demonio de la pantorrilla, está en la posición ideal para ver el lobo estepario, parcialmente escondido bajo el bóxer, que adorna su muslo derecho, el único tatuaje que le queda por enseñar. Katsuki contiene el aliento cuando Izuku posa los dedos sobre él, acariciando las líneas en negro que conforman el dibujo. Su rostro está tan cerca de su piel que puede sentir la calidez de su aliento y tan próximo a su entrepierna que es imposible que Izuku no haya notado la tensión en la tela del calzoncillo, donde su polla pugna por escapar de la goma que los ajusta a la cintura.
Izuku se percata unos segundos después, cuando sus dedos rozan el borde del calzoncillo y mira de reojo al bulto, sonrojándose tan violentamente que Katsuki cree que está a punto de estallar. Siguiendo un impulso, Katsuki se inclina hacia adelante para levantarle la barbilla, dejando la palma de su mano reposando en su mejilla. Hay duda en los ojos de Izuku al levantar la mirada hacia él, mezclada con inseguridad.
—¿Qué ocurre, nerd? —pregunta Katsuki, que frunce el ceño, preguntándose si ha ido demasiado deprisa.
—Creo que es más grande que la mía —confiesa Izuku, mordisqueándose el labio inferior una vez más.
—¿A quién carajos le importa eso ahora? —dice Katsuki, poniendo los ojos en blanco, e Izuku se relaja inmediatamente, echándose a reír.
El labio inferior le brilla, húmedo, justo donde los dientes se han clavado. Katsuki mueve el dedo pulgar, deslizándolo en una caricia con facilidad gracias a los restos de saliva. Tira levemente del labio hacia abajo e Izuku no opone resistencia, entreabriendo los labios y permitiendo que Katsuki cuele el dedo dentro de su boca y le acaricie la lengua y los dientes. Instintivamente, Izuku cierra los labios y, sin apartar la mirada de los ojos de Katsuki, succiona, provocando que a este se le escape un gruñido de placer. Satisfecho con su reacción, Izuku sonríe, todavía lamiéndole el dedo.
—Ven aquí —le ordena Katsuki, incitándole a ponerse en pie.
Tomando de nuevo la toalla que ha sacado para él, Katsuki le quita la ropa mojada, arrojándola descuidadamente al suelo, y le frota el pelo con energía para secárselo. Izuku, en calzoncillos como él, sigue sonrojado cuando Katsuki termina y hace un amago de peinarle los rizos alborotados con los dedos, colocándoselos lo justo para que no le caigan en la frente. Ninguno dice nada cuando Katsuki toma de la mano a Izuku y tira de él en dirección a su dormitorio, impaciente.
Esa noche recuperan el tiempo perdido por su idiotez y falta de comunicación. Los recuerdos de Katsuki se tornan un tanto confusos, envueltos en una bruma de excitación y placer. Sin inhibiciones ya, mucho más seguro de sí mismo ahora que ha expresado sus dudas, Izuku combina la valentía que le caracteriza con la timidez que le sonroja las mejillas y le hace morderse el labio, haciendo que la vista de Katsuki se nuble por el deseo cada vez que lo hace.
El estómago de Katsuki cosquillea de emoción y le incita a apresurarse, pero no lo hace. Recordando que es la primera vez que Izuku hace algo así con otra persona y comprendiendo que es bueno para ambos tomárselo con calma y descubrirse el uno al otro, se tumba junto a Izuku en la cama y comparte con él besos cadenciosos, caricias y abrazos cada vez más íntimos.
Corresponde la curiosidad de Izuku por sus tatuajes explorando también su cuerpo con las yemas de los dedos, descubriendo sus labios beso a beso y lamiendo algunas partes sensibles, como el cuello o los lóbulos de las orejas. Envalentonado por las sensaciones que le embargan, Izuku lo imita, atreviéndose a besar el interior de los muslos de Katsuki y lamerle los pezones, con una chispa de curiosidad en sus ojos.
Katsuki esboza una sonrisa engreída cuando Izuku toca por primera vez su pene, calibrándolo con ambas manos, mientras se muerde los labios y lo mira con una mezcla de asombro y temor. Para tranquilizar las inseguridades de Izuku, aunque no sea un experto en nada de lo que están haciendo, Katsuki decide que no es necesario llegar demasiado lejos esa noche. Guía las manos de ambos para masturbarse el uno al otro, buscando su placer mutuo y experimentando a través de los besos y las caricias, sin ir más lejos, hasta alcanzar un clímax que los deja satisfechos y relajados.
Izuku se queda dormido a su lado, vestido únicamente con una camiseta que le ha prestado al terminar y que le sirve como camisón, con los labios entreabiertos. Los tiene enrojecidos y llenos de marcas por los besos y los mordiscos. Varias zonas de su cuello, clavículas y pecho brillan, sonrosadas, por los besos de Katsuki. Él tiene sus propias marcas, pues Izuku ha demostrado tanta iniciativa como él. Ensimismado, lo observa dormir y cuenta los resoplidos que hacen que Izuku encoja la nariz en un mohín antes de recuperar el ritmo de la respiración con una inhalación profunda.
Katsuki tarda más tiempo en conciliar el sueño. El orgasmo lo ha dejado satisfecho, pero es la primera vez en su vida que tiene a alguien durmiendo en el mismo futón que él que no sean Shouto o Eijiro cuando han tenido que compartirlo. Y, definitivamente, no es lo mismo. Izuku se remueve, inquieto, y rueda hacia Katsuki, enroscándose bajo su brazo y escondiendo el rostro entre su pecho y su axila. El aliento de Izuku le hace cosquillas, pero Katsuki se relaja aún más y le rodea los hombros con el brazo, atrayéndolo más cerca y hundiendo los dedos en su cabello. Ha crecido tanto como para que su mano desaparezca bajo el tupido pelo verde, pero todavía no ha alcanzado el largo suficiente para atárselo, como cuando lo vio por primera vez.
Una patada de Izuku le recuerda otra noche pasada junto a él, en la que no tuvo tiempo de recrearse como está haciendo ahora a causa del agotamiento y el estrés. Como aquella vez, Katsuki lo abraza, aprisionándolo entre sus brazos y piernas, para impedirle moverse, antes de cerrar los ojos para permitir que el sueño lo invada definitivamente, sumiéndolo en un delicioso descanso.
La conversación que han mantenido y el deseo de repetir la noche que han compartido hace que, en lugar de limitarse a verse en los ratos que roban a los entrenamientos, las patrullas y los paseos desde la universidad a casa de Izuku, decidan pasar más tiempo juntos. Como Izuku sigue teniendo prácticamente todas sus horas ocupadas por el esfuerzo de compaginar sus estudios, los entrenamientos, el trabajo a tiempo parcial en Dynamight y el proyecto de Iida, la solución que encuentra es quedarse a dormir con Katsuki siempre que se presenta la oportunidad y robarle horas al sueño en lugar de a otras actividades. Al no verse sólo los viernes, pueden emplear estos en quedar con sus amigos, ya sea juntos, como aquella primera noche, o cada uno por su lado.
La nueva forma de organizarse funciona mejor de lo que esperaba. Que Izuku pase algunas noches en su casa hace que puedan salir, aunque no sea fin de semana, a cenar o a desayunar, a dar un paseo por los parques de la ciudad o al cine a ver alguna película en la sesión nocturna. Otras veces, en cambio, cenan en casa de Katsuki y ven películas o series. El tiempo que pasan en compañía se vuelve de más calidad, pues ya no dependen de acompañamientos fugaces en el trayecto a casa desde la universidad o en intercambiar instrucciones en los entrenamientos.
Y, por supuesto, está el sexo.
A pesar de su nula experiencia, Izuku es un alumno osado. Cuando la tímida vergüenza que muestra al inicio o cuando quiere experimentar algo nuevo se disipa, deja paso a una audacia sin parangón. Tras la primera masturbación compartida, Izuku no ha tardado ni dos noches en acercar los besos que reparte por su abdomen o la cara interna de sus muslos a su entrepierna, para lamer golosamente el tronco del pene de Katsuki o meterse sus huevos en la boca. Fue él quien, ruborizado, le propuso hacerle una paja con el brazo biónico para que Katsuki pudiera comprobar si la sensación y el tacto difiere en algo de su mano derecha. Este se había dejado hacer, confiado tras haber visto los precisos resultados que le está dando la mano protésica en los entrenamientos y al trabajar en sus proyectos.
La falta de práctica inicial de Izuku se ha diluido durante esos días y a Katsuki ya no le amedrenta proponerle también cosas nuevas. Es cierto que él tiene más bagaje, porque ha tenido algo de sexo con algunas personas en la última década, pero hasta conocer a Izuku, Katsuki había pensado que las relaciones íntimas con otras personas no terminaban de cuajar con él. Había acabado asumiendo que, con su carácter y personalidad, le convenía más estar solo y prefería satisfacerse por su cuenta.
Ahora no puede creerse que, en algún momento de su vida, haya preferido perderse el sexo compartido que arriesgarse a encontrar a alguien con quien disfrutarlo. El rostro ruborizado de Izuku cuando Katsuki le chupa la polla o le muerde los pezones, un punto que ha demostrado ser especialmente sensible para él; la forma en la que jadea cuando se masturban el uno al otro; el brillo de sus ojos verdes cuando levanta la mirada, con la polla de Katsuki en la boca, tratando de metérsela lo más posible; el modo en el que entreabre los labios, se los lame o se los muerde cuando se corre y los gemidos llorosos con los que le suplica de placer cuando le mete un dedo en el culo cuando lo masturba o se la chupa, son imágenes que Katsuki atesora en sus recuerdos y evoca el resto de noches, cuando Izuku no duerme con él y lo echa de menos.
Esas ocasiones en las que Katsuki introduce su dedo en el culo de Izuku para aumentar el placer que este siente es, hasta ahora, el límite de lo que han hecho. Izuku ya ha insinuado, en un par de ocasiones, que quiere más y Katsuki lo está deseando. Cada vez que Izuku se sujeta los muslos para facilitarle a Katsuki que le meta un dedo más mientras lo masturba, observando extasiado cómo el músculo de su esfínter se aprieta alrededor de su nudillo con fuerza, especialmente cuando Izuku se corre, Katsuki se promete a sí mismo que no tardarán en intentarlo.
Sin embargo, lo posterga en varias ocasiones. Salta a la vista que la polla de Katsuki es manifiestamente más grande que la de Izuku y eso es algo que le preocupa cuando lee y se documenta acerca de cómo prepararse para el sexo anal. El propio Izuku lo menciona de vez en cuando, quizá por la expresión de absurdo orgullo que invade a Katsuki cuando lo hace, sobre todo si es justo antes de metérsela en la boca.
Al contrario que el de Katsuki, que crece al doble de su tamaño al ponerse duro, se desvía hacia la derecha y es un poco flexible, la polla de Izuku es pequeña en reposo, pero aumenta cinco veces y es tan rígido que no se bambolea si se mueve, apuntando recto hacia su abdomen. No sólo es proporcionado a su estatura y corpulencia, también es estéticamente bonito.
La forma en la que su prepucio cubre el glande cuando no tiene una erección y se va retrayendo por sí mismo hacia atrás según crece, hasta dejarlo al descubierto, el grosor más o menos uniforme entre el glande y el tronco, la textura sedosa de su piel y el color rosado hacen que a Katsuki le guste mucho la polla de su novio. Aunque sospecha que el motivo es más bien Izuku y no la estética en sí. En erección, la polla de Katsuki sólo mide tres o cuatro centímetros más que la de Izuku, pero es ostensiblemente más ancha. Él tiene que retraer el prepucio manualmente si no hay penetración, pues si no queda tenso sobre el glande, que también es más grueso en proporción al tronco que el de Izuku, con un reborde más pronunciado.
Hasta ahora, todo lo que han hecho juntos en el sexo ha funcionado a la perfección. Ha sido placentero, lo han disfrutado y han deseado repetir. Los dos se entienden tan bien que a veces ni siquiera necesitan hablar: un gesto, una caricia o un sonido quedo bastan para comunicarse. Katsuki quiere que, cuando por fin intenten el sexo anal, la experiencia sea igual. Que Izuku quiera repetir. Porque sólo pensar en lo cálido y apretado que se siente su culo cuando le ha metido un dedo hace que su mente vuelva a nublarse por el placer y el deseo. Ha interiorizado que va a ser una cuestión de paciencia y práctica, pero quiere asegurarse de que todo va bien.
Por eso ha planificado con cuidado la velada de esta noche. Es sábado. A Izuku le tocaba patrullar bajo su supervisión en Dynamight por la tarde y después ha guardado el traje profesional que él mismo se ha cosido para sus prácticas con la licencia profesional en la taquilla antes de sacar una mochila con ropa de cambio para irse con él a pasar la noche. Ha sido una ronda helada, pero tranquila. Katsuki se ha organizado con Shouto para que este le cubra parte de ella y así poder terminar más pronto.
Tras ducharse, agradeciendo el agua caliente para entrar en calor, ambos han ido a casa de Katsuki para que Izuku pueda dejar allí la mochila, pero no entra en los planes de Katsuki quedarse hoy allí encerrados, por mucho frío que haga en la calle. O, al menos, no durante la primera parte de la noche, porque la seguridad y la familiaridad de su dormitorio le parecen mucho más adecuadas que la trepidante emoción de otros lugares.
Una de las cosas que más le gusta de Izuku es precisamente su osadía. Su primera reacción siempre es analizar la situación, sonrojarse y agachar la cabeza, avergonzado. Después, se lame los labios, determinado y, todavía ruborizado, levanta la mirada y asiente, determinado. Con el sexo actúa igual, tanto dentro como fuera del dormitorio. Cuando follan, la timidez de Izuku es como su sonrojo, sube rápidamente a sus mejillas y sus ojos, pero al cabo de un rato es sustituida por la audacia que a Katsuki tanto le gusta de él.
Una de las veces que han salido a cenar a un restaurante, la timidez de Izuku durante una conversación llena de promesas e insinuaciones con doble sentido había terminado con Izuku haciéndole una paja en el cuarto de baño del local. Aunque normalmente aguanta mucho más tiempo, había sido sorprendentemente rápido: porque Izuku había sabido cómo mover la mano para hacer que Katsuki se corriese en menos de un minuto. En el cuarto oscuro de una discoteca, calientes por haber estado bailando uno junto al otro, muy cerca, frotándose, Katsuki se había arrodillado, tragándose la polla de Izuku y el semen que este había descargado al instante. Si a Izuku le había avergonzado que hubiese otros chicos moviéndose alrededor de ellos, en la oscuridad, o que alguien pudiese distinguir qué hacían, no le había importado cuando se había arrodillado para devolverle el favor, interrumpiendo la burla de Katsuki por haber terminado pronto. Un par de minutos después, Izuku había conseguido hacer algo con la lengua, no sabía bien el qué, justo en la punta del glande que, sumado al calentón, había precipitado a Katsuki al orgasmo.
Muchos más lentos, pausados y, sobre todo, reiterados, son los orgasmos en casa de Katsuki, donde prima el trayecto hacia el placer que el destino, sin tanta urgencia por correrse rápido. Pueden detenerse a mirar, contemplándose a la luz cálida de las lamparitas del cabecero de la cama, experimentar y proponer. La última vez, hace varios días, Katsuki se había atrevido a meter un segundo dedo en el culo de Izuku. Este, apoyado en la cama sobre sus manos y rodillas, había gemido, moviendo el culo hacia atrás para profundizar más. Katsuki había planeado masturbarlo mientras lo hacía, pero los gemidos de Izuku lo habían detenido, limitándose a mover los dedos en el interior de su culo, acariciando con las yemas el punto sensible que estaba despertando semejantes sensaciones. Izuku se había corrido tan fuerte sólo con ese estímulo, que habían tenido que cambiar las sábanas antes de acostarse a dormir.
Por eso, aprovechando que han salido más pronto de lo habitual, arrastra a Izuku fuera de casa. Izuku le pregunta a dónde se dirigen, entusiasmado por salir con él, pero Katsuki se limita a encogerse de hombros, porque no quiere crearle expectativas. En lugar de ofenderse, Izuku asiente y sonríe, dejándose guiar hasta el cine más cercano. Katsuki le ordena escoger una película mientras compra palomitas y refrescos y luego se relajan en sus asientos.
Izuku no vuelve a preguntar a dónde van al salir, porque reconoce el trayecto hasta un restaurante donde ya han estado un par de veces y que cocinan uno de los curry que más le gustan a Katsuki. Es temprano cuando terminan de cenar y alargan la cita con un paseo antes de regresar a casa. Cuando lo hacen, a pesar del frío helador, Izuku está sonrojado y excitado, anticipando el evidente desenlace de la cita.
—Vamos al dormitorio, nerd —susurra Katsuki, con la voz ronca, cuando tras cerrar la puerta, sujeta a Izuku y lo estrecha entre sus brazos, apretándolo contra sus caderas, para besarlo.
—¡Sí!
Lo empuja sobre el futón. Ni siquiera le ha permitido quitarse las botas que lleva. Él mismo aprovecha que Izuku está tumbado bocarriba para quitarse los zapatos pisándose los talones. Luego, le arranca las botas de los pies, desatándoselas lo justo para poder sacarlas, y también los calcetines. Izuku se ríe, con una carcajada cristalina, porque tiene cosquillas, pero Katsuki no se detiene, sacándole también los pantalones y luego tumbándose encima de él para besarlo. Izuku levanta las caderas, todavía cubiertas por los calzoncillos, para frotarse contra la tela áspera del pantalón de Katsuki. Este se aprieta contra Izuku, inmovilizándolo, y reduce el ritmo con el que lo besa.
—¿Katsuki? —pregunta Izuku, desconcertado, cuando Katsuki deja de mordisquearle el labio inferior y le ayuda a quitarse la camiseta.
—Cállate, nerd —le ordena. Izuku, asiente, lamiéndose los labios, nervioso.
Conteniéndose para no ir demasiado deprisa, Katsuki pone especial esmero. Izuku entierra los dedos en el cabello grueso y encrespado de Katsuki cuando este desciende sus besos por el cuello, moviendo hacia atrás la cabeza cuando le lame uno de los pezones y sopla encima de él, provocando que se endurezca. Lo muerde en cuanto lo consigue, lamiéndolo una vez más para consolarlo por el dolor antes de repetir los mismos pasos con el otro.
—Katsuki… —suplica Izuku.
Lamiendo el camino que lleva a su ombligo, Katsuki levanta la vista hacia él. Está sonrojado y tiene los ojos empañados por el placer y jadea.
—¿Algún problema, nerd? —pregunta Katsuki, pendiente de la reacción de Izuku. Este, que ya ha comprendido cuál es el propósito de su novio esta noche, se muerde el labio inferior—. Si haces eso otra vez, te lo arranco —amenaza Katsuki, provocando que Izuku se ría.
—De acuerdo —dice Izuku, lamiéndose el labio con descaro.
—Pequeño bastardo —masculla Katsuki, tirando de los calzoncillos de Izuku, que tienen un enorme círculo de humedad donde en la punta de su erección.
Izuku ya está duro y su pene gotea tanto por la excitación que es un hilo continuo de líquido. Satisfecho, Katsuki recoge con la lengua el pequeño charco que se ha formado en el abdomen de Izuku a la vez que se lubrica e introduce el primer dedo en el interior del culo de Izuku. Este gime y levanta las caderas, crispando los dedos alrededor de las sábanas y pugnando por aguantar sin correrse.
En los planes de Katsuki está, precisamente, que no lo consiga.
Con dos dedos dentro de su culo, que abre y cierra para dilatarlo en lugar de acariciarlo como la vez anterior, Katsuki se mete el glande de Izuku en la boca y succiona con fruición antes de tragársela lo más posible. Izuku gimotea una súplica que antes de terminar la frase se ha convertido en una advertencia. Katsuki chupa más rápido y más fuerte, satisfecho al notar el líquido cálido, abundante y levemente agrio golpear su paladar. Sin dejar de mover la boca arriba y abajo de la polla de Izuku, Katsuki traga.
Izuku suspira de placer, cerrando los ojos, relajado y eso hace que abra más las piernas al dejar caer las rodillas, tensas por el orgasmo, a los lados de la cama. Katsuki saca los dos dedos que tiene dentro de Izuku, vuelca más lubricante sobre ellos y vuelve a introducirlos, añadiendo esta vez el anular. Mira hacia Izuku, estudiando su reacción. Este le está mirando, con los ojos muy abiertos, y se muerde inconscientemente el labio. Katsuki sonríe, feroz, cuando Izuku levanta las piernas, sujetándose los muslos con las manos.
Extendiendo el lubricante con abundancia y paciencia, Katsuki lo folla lentamente con los tres dedos. Izuku no tarda en volver a jadear y, cuando Katsuki se mete sus huevos en la boca, moviéndolos y lamiéndolos en el interior de esta, el pene de Izuku vuelve a endurecerse con firmeza.
Creyendo que ya es el momento adecuado, Katsuki avanza sobre sus rodillas hasta quedar entre las piernas de Izuku y se masturba lentamente para extender lubricante en su polla también. Izuku intenta levantar más las caderas y contiene el aliento cuando Katsuki apoya el glande en su ano, que desde la perspectiva de este sigue muy pequeño en comparación incluso tras la paciente distensión.
Muy despacio, empuja.
El culo de Izuku, que se ha abierto con facilidad para sus dedos, opone resistencia a la polla de Katsuki, que aprieta la mandíbula para contenerse y no mover las caderas hacia adelante con más fuerza. Bajo él, Izuku sigue ruborizado y sudoroso, pero gradualmente su expresión cambia. El sonrojo deja de cubrirle sólo las mejillas y se extiende hasta su cuello, que está rígido y marca los músculos fuerza con la que aprieta los dientes; las piernas, que se sostenía con las manos de forma relajada, lo más abiertas posible, se han tensado y ahora constriñen las caderas de Katsuki.
Se detiene y se separa unos centímetros de Izuku, lo justo para poder meter la mano entre ellos y tantear, con el dedo medio, el culo de este. Aunque está más apretado que al principio, cuando ha conseguido meterle hasta tres, el dedo se desliza en su interior con relativa facilidad. Izuku suspira y se relaja un poco. Observando su reacción, la vulnerabilidad con la que Izuku lo mira, con los ojos muy abiertos y mordisqueándose nerviosamente los labios, hace que esté a punto de dejarlo estar, pero la mirada de este brilla con un destello de determinación que le incita a volver a intentarlo.
A pesar de su empeño por salvarla con suavidad, la resistencia del ano de Izuku le impide avanzar más allá de los primeros milímetros. Los gemidos de placer de este, que ha vuelto a tensarse como unos minutos antes, se convierten en gruñidos de dolor que intenta disimular y su pene, que estaba duro antes de intentar metérsela, ahora reposa flácido sobre su pubis. Cuando una lágrima involuntaria y silenciosa resbala por la mejilla de Izuku, Katsuki desiste, maldiciéndose a sí mismo por haber llegado a ese punto.
—Cuando algo te duele y necesitas que pare, tienes que decírmelo si yo no me doy cuenta —murmura con ira, arrepintiéndose acto seguido al ver que a Izuku le tiembla el labio inferior y que ha interpretado que está cabreado con él y no consigo mismo—. No tienes que aguantar si te duele, hay que parar. Se supone que no tiene que doler.
—Lo siento, Katsuki —murmura Izuku, apesadumbrado, y varias lágrimas más cuelgan de sus pestañas.
Apretando los labios, Katsuki aparta su propia frustración, hundiéndola en el fondo de su mente, para consolar a Izuku. Respirando hondo, trata de recordar cómo ha decidido reaccionar cuando ha considerado la posibilidad de que algo así ocurriese.
—No lo sientas. No… no debería doler. Se supone que puede ser molesto al principio, pero no… Se supone que lo disfrutarás —dice, torpemente. Izuku no parece más contento, pero sí más tranquilo.
Determinado a no volver a intentarlo por esta noche, Katsuki abraza a Izuku, haciendo un esfuerzo por encontrar palabras con las que consolarlo. Son más bruscas de lo que le habría gustado, sobre todo porque quiere que le quede claro que no es culpa de él, pero a Izuku le bastan. Las palabras torpes dejan lugar a un silencio cómplice y agradable. Katsuki deja que Izuku se abrace a él y le corresponde acariciando suavemente su espalda. Las caricias se convierten en besos y, cuando las caderas de Izuku se aprietan contra su pierna, frotando contra su piel la polla nuevamente dura, Katsuki comprende que la noche todavía no ha terminado y que puede procurarle un final más agradable que no proporcione malos recuerdos en el futuro.
Resuelto a conseguirlo, esta vez avanza sólo hasta el último punto en el que Izuku se había sentido cómodo. Sonríe satisfecho y traga cuando Izuku se vuelve a correr en su boca, moviendo las caderas para follarse a sí mismo con los tres dedos que Katsuki tiene en su interior, tratando de que se los meta lo más profundo posible.
—¿Ves? No es un problema tuyo, nerd. Sólo es tener más paciencia —le dice al tumbarse de nuevo a su lado, orgulloso de haber logrado que Izuku no guarde un mal recuerdo de esta noche y entre en pánico más adelante con este asunto.
—¿Y tú? —pregunta Izuku, que sonríe beatíficamente con los ojos cerrados, desmadejado y relajado sobre las sábanas arrugadas, exhausto por el orgasmo. Katsuki sonríe, de medio lado. No había tenido muchas expectativas al respecto mientras se la chupaba por segunda vez e Izuku tiene los ojos casi cerrados por el sopor del orgasmo.
—No pasa nada si lo dejamos para otro momento, nerd. —No le importa si no hacen nada más, porque la prioridad hoy era Izuku. Además, quiere hacerlo lo mejor posible, ser el mejor novio, el mejor amigo, su mejor héroe, darle el mejor orgasmo, pero también es consciente del disfrute que hay en proporcionar placer a la otra persona y que Izuku necesita corresponderlo.
—¿Con esta erección? —pregunta Izuku al mismo tiempo que se acomoda más cerca de él, todavía con los ojos cerrados y le acaricia lánguidamente el pene, tan duro que le duele un poco.
—Puedo hacerme una paja —dice Katsuki, ofreciéndole una salida que le permita volver a cerrar los ojos y dormir sin sentirse mal—. Aquí, si quieres, o puedo ir al baño si prefieres que no te moleste.
—Me encantaría ver cómo te masturbas. —Izuku no había pretendido sonar sensual, sólo sincero, pero el pene de Katsuki da un saltito emocionado. Asiente, preguntándose cómo quiere mirarlo Izuku, pero este abre los ojos y niega antes de que Katsuki haga algo más que agarrarse la polla—. Otro día. Otro día te harás una paja delante de mí y dejarás que te mire cómo lo haces. Lo considero una promesa.
—¿Qué te apetece, entonces? —Izuku vuelve a cerrar los ojos. No completamente, Katsuki está seguro de que está mirándolo a través de sus espesas pestañas. La sonrisa de Izuku aumenta y exhala un suspiro de perezoso placer antes de seguir hablando.
—¿Me la metes en la boca? —La propuesta desconcierta a Katsuki. Va a preguntarle si no prefiere dormir a chupársela, pero Izuku repite—. Es lo que quiero. Quería que me la metieses, así que…
—Ya te he dicho que eso no es culpa tuya, nerd.
—No me estoy fustigando por ello, Katsuki —dice Izuku.
—No tienes por qué hacerlo —insiste una vez más.
—Lo sé. Pero sí quiero hacerlo. Métemela en la boca, Katsuki. —Se equivocaba al creer que Izuku estaba medio dormido. Su última frase no suena somnolienta y sus ojos están completamente abiertos, brillando en la penumbra—. Es toda tuya, hasta que te corras. Córrete conmigo, Katsuki.
«Córrete conmigo», comprende Katsuki, no significa «córrete al mismo tiempo que yo», como había propuesto Izuku el día que probaron a chupársela el uno al otro a la vez. Quiere decir utilizar el cuerpo de Izuku para correrse. «Correrse con él». La mera idea hace que a Katsuki le duela la polla de lo dura que la tiene y lo excitado que está.
Izuku sonríe. En sus ojos ya no hay inseguridad ni miedo. Tampoco dolor o frustración por no estar a la altura, como hace un rato. Sólo reflejan un cariño tan intenso que hace que Katsuki acepte sin dudar más.
—¿Cómo quieres ponerte? —pregunta, incorporándose.
—Cómodo —musita Izuku, volviendo a adoptar un tono perezoso y cerrando los ojos—. Por lo demás, como tú quieras. Sólo dime.
—Gira la cabeza hacia mí.
Con decisión, Katsuki se arrodilla sobre el futón, acercándose a Izuku para rozar con la polla sus labios entreabiertos. La desliza sobre ellos varias veces, contorneándolos con suavidad. Izuku sonríe y los abre un poco más sin dejar entrever los dientes. Katsuki empuja suavemente y su glande se desliza en el interior de la boca húmeda de Izuku, donde lo recibe su lengua.
La pasividad de Izuku, tumbado en la cama sin moverse, los ojos cerrados y la sonrisa beatífica producto del orgasmo no existe dentro de su boca. Mueve la lengua de manera activa, lamiendo alrededor del glande de Katsuki y succionando suavemente. Sujetándose la polla con la mano, Katsuki mueve las caderas un par de veces para sacar el glande, observando cautivado cómo los labios rojos y llenos de Izuku se adaptan a su forma y le acarician al salir y luego cuando se empuja dentro de nuevo.
Katsuki considera la idea de masturbarse y correrse encima de sus labios, verlos manchados con su semen. No duda de que Izuku se lo permitiría. Sopesa la idea, frotando el frenillo contra los labios mordisqueados de Izuku, que abre un ojo y le pregunta sin palabras. Katsuki, con un hilo de voz, se lo explica.
—Puedes hacerlo, si quieres.
—No —se niega Katsuki, con brusquedad. Izuku le ha pedido que se la meta en la boca para correrse y él desea hacerlo.
Quiere complacerlo.
Y está ansioso por probar la propuesta de Izuku.
Hasta ese momento, las mamadas que han intercambiado han sido… activas, por definirlas de alguna manera. Si es Izuku el que se la chupa, Katsuki se relaja y deja en sus manos el ritmo, la profundidad o la duración, y viceversa.
Aquí, en cambio, es él quien lleva el mando.
—Otro día. El día que me haga una paja delante tuyo me correré en tus labios y luego los besaré y lameré para limpiártelos —le promete, solemne. El mero pensamiento, una imagen mental muy nítida, lo estremece.
—¿Es una promesa? —Izuku también vibra de excitación. Por tercera vez esa noche, su pene se pone duro, pero no permite que Katsuki se incline para tocarlo, haciéndole comprender que desea que se centre en lo que está haciendo. Katsuki no contesta inmediatamente. Primero vuelve a acariciarle los labios con la polla, húmeda por la saliva y por el líquido preseminal que se desliza por el glande y empapa los labios de Izuku. Su tacto es suave y excitante al rozar la sensible piel de su frenillo. Con cuidado, le introduce de nuevo la punta del pene en la boca.
—Sí. —Izuku hace un sonido con la garganta que vibra en la polla de Katsuki, indicándole que le ha escuchado—. Avísame si te molesta. Ni se te ocurra hacerte el valiente. —Con otro sonido de asentimiento, Izuku le da permiso para continuar.
Katsuki se introduce lentamente, disfrutando del calor de la boca de Izuku. Tiene cuidado, porque, aunque su boca lo acoja con la facilidad que no ha conseguido su culo, no quiere ahogarlo ni hacerle daño metiéndole la polla entera. No hoy, al menos, ya tendrán más días para practicar y probar, si a Izuku le gusta la experiencia tanto como le está gustando a él.
La postura es extraña y no se le habría ocurrido de haber llegado a la situación de otra forma. Izuku está tendido en la cama, prácticamente en el centro del futón, con la cabeza mirando hacia Katsuki. Este se ha arrodillado junto a rostro, con la mitad de su polla dentro de la boca de Izuku, y mueve las caderas cadenciosamente, entrando y saliendo del interior húmedo con un ritmo suave y cadencioso, cuidando de no perder el control.
El brazo derecho de Izuku serpentea entre las piernas de Katsuki, le acaricia los huevos un instante, y luego se desliza hasta sus glúteos, acompañando el movimiento de este e incitándole a aumentar el ritmo. Sobrepasado por la excitación, Katsuki se deja caer hacia adelante, apoyando las palmas de las manos al otro lado de la cabeza de Izuku. Si mira hacia abajo, algo que hace porque no piensa perderse un solo detalle, puede ver su polla entrando y saliendo entre los labios de Izuku y la cara de lujuria de este, que sigue acariciándole las nalgas con la mano, pidiendo más.
En el interior de la boca de Izuku, la lengua de este lo acaricia, masajea y lubrica con saliva. Succiona con los labios cada vez que Katsuki se retira y empuja el prepucio con la lengua cuando Katsuki se empuja en su interior, haciendo que la sensible piel suba y baje levemente. En un momento dado, Izuku introduce la punta de la lengua entre el prepucio y el glande, acariciándolo de una forma tan excitante que Katsuki está a punto de perder el control. Afortunadamente, recobra el juicio cuando nota la garganta de Izuku en la punta, retrocediendo a tiempo.
Izuku le da una palmada impaciente y ansiosa en el glúteo, exigiéndole que no sea tan cuidadoso. Katsuki obedece y, aunque no se arriesga a atragantarlo metiéndosela entera, se atreve a dejar que sus embestidas sean más caóticas y menos medidas. La mano que le acaricia el culo deja de hacerlo y el futón vibra rítmicamente, señal de que Izuku se está masturbando. La idea lo excita tanto que aumenta el ritmo al que se folla la boca de Izuku y sus labios.
Un gemido de Izuku, más largo y gutural, hace que esté a punto de correrse. La mano, de este, húmeda por el semen de su nuevo orgasmo vuelve a deslizarse entre sus piernas y le acaricia el músculo del glúteo una vez más.
«Córrete conmigo, Katsuki», le está pidiendo al acompañar el impulso de sus caderas con la mano que le mancha las nalgas.
Lo hace, sin contenerse más.
Al llegar el orgasmo, Katsuki empuja una vez más, introduciéndose tanto que tiene miedo de hacerle daño, pero Izuku sigue acariciándole el culo para indicarle que está bien, y se corre durante unos instantes que parecen no tener fin. Pierde la cuenta de las veces que su polla vibra dentro de la boca de Izuku, disparando un chorro de semen, y también de las que Izuku traga, haciendo que su boca y lengua lo acaricien con una presión exquisita. Exhausto por el placer, que hace que le tiemblen las rodillas y los brazos más de lo que está dispuesto a admitir, Katsuki se queda inmóvil casi un minuto. Izuku espera con paciencia, lamiéndole la polla, que ya ha empezado a perder firmeza, con la lengua. No busca excitarlo, sino alargar los últimos coletazos de su orgasmo.
Se retira con suavidad cuando cree que no puede aguantar más la sensación de la lengua de Izuku sobre la sensitiva piel de su polla tras correrse, y se deja caer al lado de Izuku. No le pregunta si la ha hecho daño, porque en su rostro sonrojado, esta vez de timidez, excitación y orgullo por haber sido el desencadénate del orgasmo de Katsuki, puede ver que todo había ido bien.
Lo besa, acariciándole la lengua con la suya y percibiendo el sabor de su semen en la boca de Izuku, reprimiendo un escalofrío de placer al hacerlo.
—Ha sido raro —murmura Katsuki, cerrando los ojos al invadirle el sopor del orgasmo.
—¿No te ha gustado? —Izuku lo mira. La sonrisa de satisfacción flaquea, dejando lugar a la duda.
—Se supone que eres un nerd inteligente —dice Katsuki. Con el dedo pulgar, le limpia la comisura del labio, donde resbala una pequeña gota de semen, indolente. Como la duda no desaparece de la expresión de Izuku, inspira profundo, dispuesto a enunciar todas las palabras necesarias para hacerla desaparecer—. Me ha gustado mucho y me gustaría repetirlo.
—A mí también —La sonrisa de Izuku regresa, más amplia, arrastrando fuera de su rostro la inseguridad. El supuesto adormecimiento y pasividad de Izuku de unos minutos antes han desaparecido completamente y lo mira con intensidad—. Siento que lo otro no haya podido ser.
—A veces, las cosas no salen bien la primera vez. Otro día lo volveremos a intentar —asegura Katsuki, observando atentamente a Izuku para asegurarse de que la inseguridad por un fracaso que no es tal no empaña el placer que todavía les cosquillea a ambos en el cuerpo.
—¿Puedo acurrucarme? —pregunta Izuku. La timidez vergonzosa, el rubor de sus mejillas y la forma en la que se muerde el labio cuando reúne el valor para proponerle algo que le apetece regresan, desterrando cualquier rastro de malos recuerdos.
—No seas empalagoso, nerd idiota —dice Katsuki, rodeando los hombros de Izuku con el brazo y atrayéndolo hacia sí para apretarlo contra su pecho y permitir que se acurruque junto a su cuerpo.
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