¡Hola de nuevo! ¡Aparecida! Siento mucho haberlas hecho esperar, pero aquí esta el nuevo capítulo, es cortito, pero ojala les guste.

Los personajes de Inuyasha no me pertenecen.

Capítulo 5:

Kagome movía los labios, pero no podía emitir sonido alguno, no sabía qué pensar o qué decir, estaba atónita por lo que el muchacho dijo. ¿Acaso Benny Yasukawa al ser la reencarnación de Bankotsu tenía los recuerdos de él?

— ¿Es posible que…?—Miró hacia el suelo intentando hilar todas aquellas enredadas ideas de su cabeza; ella no tenía los recuerdos de Kikyo aun cuando fuera su reencarnación, pero posiblemente era los sentimientos de la difunta sacerdotisa los que la ataban al hanyou, serían los recuerdos de Bankotsu los que hacían que ahora él la odiara, pero ¿Por qué no amarla? ¿Por qué sólo recordaba sus peleas?

La joven levantó su cara para enfrentarse a aquella molesta mirada azulina llena de rencor y temor al mismo tiempo.

—Lo soy—contestó secamente.

Bankotsu la observó con seriedad por unos cuantos segundos, para luego estallar en una fuerte carcajada.

— ¿De qué te ríes? Tú preguntaste y esa es la verdad—

—Es imposible…—contestó entre risas y de repente dejo de reír abruptamente.

—No lo entenderías—

— ¡Explícamelo entonces! ¡Ya no puedo con esta zozobra que siento! —

—Yo…no sé cómo explicarlo—no sabía cómo confesarle lo del pozo y sus viajes a la época antigua.

—Si vas abrir la boca sólo para decir mentiras, entonces ahórrate el esfuerzo, lo averiguaré yo solo, ya no lograrás confundirme más—

— ¿Entonces para que vienes a mi casa a preguntarme?—arrugó molesta el ceño y luego suavizó su mirada llena de tristeza— ¿Sólo para torturarme con su recuerdo? —después lo miró con severidad—porque sólo eres eso, un recuerdo ¡Tú no eres Bankotsu! —

El moreno rió nuevamente.

— ¿Torturarte? ¿Por qué he de torturarte? Voy a ser honesto, me da curiosidad saber de él, si soy su reencarnación como dices…—

—Mira Benny…—

—Soy Bankotsu—la interrumpió.

—Puedes creer lo que tú quieras, sólo puedo decirte una cosa: tú no eres él, sus recuerdos no son tus recuerdos. —Kagome bajó la mirada—No voy a mentirte, me encantaría que lo fueras—Levantó su cara, lo miró a los ojos y sonrió con nostalgia, para ella todo esto era una ironía.

Bankotsu la miró fijamente y sintió un fuerte escalofrío.

—Cuando te vi la primera vez… ese fue mi deseo, que tú fueras él, pero…—Kagome lo reconocía como la reencarnación de Bankotsu, pero dada la experiencia vivida con Inuyasha y Kikyo sentía que no tenía derecho a hacerle a ese chico lo mismo que Inuyasha hizo con ella—eres alguien completamente distinto, lo siento—Ella amaba a Bankotsu y para ella no era correcto reemplazarlo con su reencarnación, pues aquel joven tenía derecho a ser amado por quién era y no por ser la viva imagen de alguien que ya no estaba.

—En mis recuerdos…—Bankotsu vio que ella hablaba con honestidad y dolor así que rápidamente quiso cambiar de tema antes de que a ella se le ocurriera ponerse a llorar—veo esa alabarda ¿Puedo…?—

Kagome asintió y abrió la puerta de la bodega.

El moreno caminó lentamente hasta donde estaba la alabarda, sentía que esta lo atraía fuertemente y estiró su mano.

—Háblame de esta arma—

—Él le decía Banryuu; con ella él cortó mil cabezas humanas y mil cabezas de…—

Bankotsu amplió la mirada e instintivamente retiró su mano de la alabarda, negándose a creer que esta era el arma de un asesino, más bien, deseando por primera vez que él no fuera aquel asesino.

— ¿Y mil cabezas de qué? —preguntó el muchacho.

—Mil cabezas de… demonio—ella dudo en responder, no sabía si esa respuesta era creíble para él.

Él arrugó el ceño y cerró los ojos para frotarse el puente de la nariz.

— ¿No me crees verdad? —Ella preguntó al ver su reacción.

—No lo sé, en mis sueños he visto cosas tan… extrañas—sonrió y miró la expresión de la joven, ella parecía preocupada. Nuevamente extendió su mano y tomó la alabarda. — ¿Y lo logró? —

Kagome encogió sus hombros, ella no quiso contestar que sí lo había logrado, pero al romperse esta perdió la mayoría de sus poderes y recuperó sólo un mínimo porcentaje debido a los demonios que mató después de recuperarla.

—No te sorprendas si no puedes cargarla—Kagome anticipó—Una vez lo intenté y no la moví ni un centímetro, ni siquiera Inuyasha pudo blandirla correctamente—sonrió.

Bankotsu hizo un poco de fuerza y logró levantar a Banryuu, aunque no pudo manipularla como en el pasado, era demasiado pesada para él.

Kagome se llevó ambas manos a la boca para evitar que el muchacho escuchara aquella exclamación de sorpresa.

— ¡Vaya! Dijiste que era pesada, pero no qué tanto—sonrió.

—Pon la alabarda en su lugar—dijo, pues ella pudo sentir y ver como la energía demoniaca del arma se manifestó al contacto con el chico.

—La alabarda me ha aceptado—

—Lo hizo, pero no puedo dejar que la tengas—

— ¿Por qué no? —

—En primer lugar porque era de él y en segundo lugar, ningún humano debe poseer armas demoniacas—Kagome se dio de repente una bofetada mental, pues en alguna ocasión Inuyasha dijo esas mismas palabras.

—Siento como si me pidiera usarla—Por fin pudo levantarla con ligereza.

—Es hora de que dejes esa alabarda en su lugar—

El muchacho la miró con seriedad, ella arrugaba el ceño, parecía preocupada, sin embargo él aún no satisfacía su curiosidad, quería saber si en verdad salían relámpagos de esta, así que sin hacer caso a Kagome, salió de la bodega.

Kagome corrió detrás de él, estaba preocupada por la energía demoniaca que Banryuu emanaba y de seguro nada bueno traería esto.

Bankotsu comenzó a girar la alabarda sobre su cabeza y nubes de tormenta comenzaron a acumularse sobre esta. El joven se sentía poderoso.

La chica llamó varias veces al moreno, guardando siempre una distancia prudente.

— ¡Basta Bankotsu! —

Banryuu comenzó a lanzar relámpagos a distintos lugares, perforando la tierra en donde caían.

Kagome sintió como la lanzaban hacia atrás cuando uno de los relámpagos cayó cerca de sus pies y la tierra bajo estos explotó.

Y al no recordar cómo controlar a Banryuu, un relámpago también cayó muy cerca de él. Banryuu se clavó en el suelo y él quedó inconsciente junto a esta.

Kagome aún permanecía en el suelo cubriendo su rostro hasta que el silencio inundó el lugar, levantó la cara y con la mirada preocupada buscó al muchacho, quien yacía a pocos metros de; se levantó y corrió hasta donde él estaba, se postró juntó al chico y lo tomó de la cara llamándolo varias veces sin obtener respuesta; lo miró durante varios segundos e inconscientemente se fue acercando a los labios del moreno hasta que cerró la distancia que los separaba, rozándolos suavemente con los suyos.

—Despierta Bankotsu—suplicó.

Bankotsu podía escuchar aquella suave voz, no podía abrir los ojos, pero cuando sintió como ella tocaba su boca, un inesperado recuerdo golpeó su mente con brusquedad.


Su mano apretaba el cuello de alguien, aquel rostro al principio era borroso.

—El que busca… encuentra—le apretó el cuello ahogando así todo sonido que su garganta quisiera emitir. — ¿Sabes que no es muy educado espiar a los amantes mientras hacen el amor? —Y el rostro que al principio no podía ver poco a poco fue tomando forma, logrando así que el joven pudiera reconocerla. Podía ver aquella mirada llena de terror.

Escuchaba los gemidos escandalosos de una pareja.

—No lo entiendo—recordó el placer al ver el miedo y el dolor en la joven —creí que él era tu pareja… o eso me dijeron—Entonces entendió que aquella chica frente a él había descubierto el engaño de su actual novio.

Podía sentir como ella forcejeaba inútilmente para quitar las manos de su cuello.

—Ya veo… un triángulo amoroso—Por fin dejaba libre a la chica.

La vio caer de rodillas al suelo apoyada sobre sus manos, jalaba aire tratando de llenar de nuevo sus pulmones, tosía fuertemente, levantó su cara y lo miró con desprecio.

—No me mires así, no soy yo quien se está revolcando con aquel cadáver —Se agachó hasta donde ella estaba—Pero si quieres venganza yo te ayudo… claro que depende del precio—

—No… no tomaré venganza—Al fin la escuchó hablar —Nunca haré nada que lastime a Inuyasha—De nuevo ese nombre, no había más duda, ellos estaban en sus recuerdos.

—Está bien—Dijo fastidiado —no te cobraré tanto, sólo dame uno de tus fragmentos y traeré sus cabezas para ti—El mercenario se levantó y cruzó sus brazos.

Ella también se levantó y lo encaró molesta — ¡No voy a hacerles daño y no te daré ningún fragmento! —

El moreno sonrió nuevamente. — ¿Sabes? Si yo quisiera, en este preciso instante no negociaría contigo, sino que te los quitaría fácilmente, me divertiría con tu cuerpo y por último me llevaría esos fragmentos que llevas en tu cuello, al momento de que tu cabeza sea cercenada de tu cuerpo los fragmentos serían míos. Mataría dos pájaros de una pedrada ¿No lo crees? — ¿Amenazó con matarla? En definitiva, él era un asesino.

Observó como Kagome se llevó la mano al cuello—Así me quedaría con tus fragmentos y vería sufrir a Inuyasha por lo que les hicieron a mis hermanos—

—Yo… no puedo lastimarlo—

—Como quieras—Bankotsu puso su alabarda sobre su hombro y comenzó a caminar—Tal vez…Jakotsu dijo que él tenía buen olfato—

Ella dio un par de pasos hacia atrás e intentó echarse a correr, pero él la agarró fuertemente de la muñeca.

— ¡Lo tengo! —Él la miró curioso, ella seguía asustada — ¿Qué? ¿Pensaste que podías huir? —

— ¡¿Qué?! No yo… ¿Cómo crees? —

El moreno dejo caer a Banryu para apresar ambas manos de la joven —Tal vez te gustaría darle ¿Celos? —la tomó seductoramente de la cintura. Kagome lo empujaba con sus brazos, intentando escapar de su agarre.

— ¡Estás loco, suéltame! —Sentía los inútiles golpes que la chica le propinaba.

—Vamos, un solo beso y sería todo, en cuanto el detecte mi aroma en tus labios… lo harás rabiar de celos y más sabiendo quien te beso—

Observó que ella lo estaba meditando.

—Si te doy un beso, pero pequeño beso ¿Me dejarás ir? —

—En realidad pienso cobrarte por el favor—

— ¿Me vas a cobrar? Pero si también sería tu venganza—

—Sí, pero eres tú quien está más interesada, sólo escucha aquellos gritos ¡Qué vulgares!—recordó aquella agradable sensación que le provocaba el tentarla a traicionar.

— ¿Acaso estas prostituyéndote? —la escuchó molesta.

—No, no te estoy pidiendo que te acuestes conmigo, aunque eso te costará más caro—

— ¡Ash! ¿Qué es lo que quieres? —

—Sólo uno de tus fragmentos, no es mucho el precio por ayudarte a darle celos—

La vio apretar sus párpados, él la miró detenidamente, pudo notar como aquella jovencita temblaba. — ¿Qué estás haciendo? —

Ella abrió los ojos al escuchar su pregunta —Esperando a que me beses—

— ¿Besarte yo? —él mercenario se burló de la joven sacerdotisa. —No, yo no te besaré—Cruzó sus brazos y cerrando los ojos volteó su cara a un costado.

— ¡¿Qué?! —Ella no entendía nada. — ¿Entonces qué quieres? —Lo miró confundida y algo nerviosa.

—Quiero que seas tú quien me bese—Le apuntó con el dedo.


Y de repente sus recuerdos se vieron interrumpidos cuando escuchó aquella suave voz que de nuevo lo llamaba y cuando algo cálido y húmedo cayó en su cara y resbaló por su piel él pudo abrir sus ojos y allí estaba ella, sosteniendo su cara con ambas manos, susurrando su nombre con desesperación… no, no era a él a quien llamaba, ella llamaba a ese tipo, a su novio muerto.

Ella apretaba con fuerza sus parpados, estaba angustiada, deseaba gritar por ayuda, pero lo único que salía de sus labios era el nombre de su mercenario, gritaba sin fuerza, pues el nudo en su garganta le impedía que su voz saliera y sin pensarlo lo besó en la frente.

Él parpadeó varias veces, incómodo movió su cara a un costado.

Ella alejó sus manos muy avergonzada.

—Lo… lo siento, estoy muy…apenada—Kagome observó al muchacho, quien aún miraba a un costado. Limpió las lágrimas que habían resbalado por sus mejillas y luchó para no llorar más, al menos no delante de él.

—Ustedes dos, me refiero a Bankotsu y a ti ¿Segura que se amaban? —

—Yo… sentí… algo muy fuerte por él, cuando él…—de nuevo se formaba un nudo en su garganta—dijo que… me amaba—no pudo retener más aquellas lágrimas, las cuales limpió de inmediato con el puño de su blusa. —No sé si lo dijo porque estaba muriendo—sollozó.

— ¿Cómo murió? —

—En una batalla por derrotar a Naraku, uno de sus tentáculos le atravesó el cuello—

Bankotsu se levantó del suelo y la miró con severidad.

—Mentirosa—Espetó molesto; agarró la empuñadura de la alabarda y la sacó del suelo colocándola en su hombro y comenzó a caminar.

Kagome parpadeó varias veces confundida, estaba ensimismada contemplando la manera en que él cargaba la alabarda, hasta que comprendió lo que él hacía.

— ¡No puedes llevártela! —Se paró frente a él impidiéndole el paso.

— ¿Por qué no? Esta arma me pertenece, me ha elegido—

— ¡No! No es tuya ¡Es de Bankotsu! —Puso ambas manos sobre el pecho del chico para impedirle que continuara con su camino.

Él alzó la ceja en respuesta y la empujó hacia un lado.

— ¡Que curioso! —La observó de soslayo—Yo me llamó Bankotsu—sonrió de medio lado.

Kagome enmudeció ante tal declaración y sólo lo observó marcharse con la alabarda de su amado.


Sesshoumaru continuó observando al muchacho, su olfato no lo engañaba era Kohaku, lo que le causaba curiosidad era que él estuviera vivo… de nuevo.

El joven encendió una fogata y colocó junto a esta el par de pececillos que había atrapado, cuando estos estuvieron cocidos los tomó y los alzó.

—Sé que no es mucho, pero…—bajó la mirada mientras le hablaba con timidez a aquel que lo seguía en las sombras.

A Sesshoumaru no le sorprendió que lo descubriera.

— ¿Usted sabe quién soy yo en realidad? —

El demonio lo miró fijamente desde su lugar sin responderle.

—Lo sabe—el jovencito miró fijamente al fuego— ¿Me lo dirá? —Sabía que aquel hombre que lo había llamado Kohaku se encontraba algo lejos, sin embargo podía sentir su fuerte presencia y Sesshoumaru lo sabía perfectamente.

El demonio caminó hasta donde estaba el chico y lo miró fijamente, escudriñando las facciones de este mientras aquella pregunta seguía rondando su cabeza.

Kohaku levantó aquel pequeño bocado y se lo ofreció de nuevo al demonio.

—No como comida de humanos—contestó secamente.

El joven se tensó al escucharlo, eso significaba sólo una cosa: aquel hombre frente a él no era humano.

—Dime una cosa ¿Cómo es que estas vivo? —Cuestionó el demonio.

— ¿No debería estarlo? —preguntó cabizbajo.

Sesshoumaru aguardó por una respuesta.

—Yo…no lo sé…—

—Allá…en ese palacio ¿Cómo supiste que hacer? —

—Tampoco lo sé, es como si mis manos se movieran solas… estoy… confundido—

—Ya veo…—

— ¿Mi nombre… es Kohaku? —

Sesshoumaru asintió.

—Lo es—

— ¿Qué me sucedió? —

—Moriste—

El joven lo miró conmocionado.

— ¿Có… cómo? —

Continuará.


Como dije, lamento haberlas hecho esperar, espero que en verdad les haya gustado, antes de despedirme quiero agradecerles por haber leído, pero especialmente a las que se tomaron la molestia de dejarme sus comentarios y ellas son: Earanel, Marlene Vasquez, AllySan, Kagomewillbeloved, Kounii161, Iku-sensei, Sele de la Luna, TIFF, Sasunaka doki, , ariadnek, yuuki-13, ALE, Orkidea16 y dos invitados, tal vez una que supe su nombre, pero también les estoy agradecida. Pero sobre todo gracias AllySan.

Les mando un beso fuerte y ya casi tengo listo el otro capi, sólo denme chance a subir los demás fics.