PERO, EL NIÑO NO ES TU HIJO.

Los personajes de Inuyasha no me pertenecen; la historia narrada acontinuación, sí.

Drisfuten de este mundillo, donde demonios y humanos viven, quizás en paz, pero, anhelando guerra.


CAPÍTULO 02.

El clan del oeste.

—Jamás pensé que pudieras ser más idiota, es evidente que te has superado, hermanito.

El demonio señalado, y recientemente insultado, detuvo su andar y se giró. Con el ceño fruncido, se enfrentó a la imponente imagen de su hermano mayor.

—¿Por qué cuando decides romper el récord de "hablar más de dos palabras al día", sólo terminas soltando mierdas, Sesshoumaru?

—Podemos estar de acuerdo en eso. Si desperdicio saliva es porque tengo que hablar de tu inútil existencia —siseó Sesshoumaru—. Tienes razón, Inuyasha, después de todo, sí estoy soltando mierdas.

Con un gesto burlón, el mayor de los hermanos dio un paso atrás, y con la altivez que tanto lo caracterizaba, se apartó.

—¡Voy a borrar esa maldita sonrisa tuya a gol-!

Las puertas del gran salón se abrieron de par en par, interrumpiendo la amenaza que Inuyasha planeaba cumplir, e inmediatamente todo el lugar quedó en un silencio sepulcral.

En las tierras del oeste, era común que un ambiente hostil sirviera como el despertador matutino de los guerreros del palacio Taisho. Las discusiones entre los familiares del Rey Toga eran el pan de cada día, y las más notables y ruidosas venían de parte de sus propios hijos, en especial, de los dos mayores: Sesshoumaru e Inuyasha.

Ambos poseían personalidades fuertes y problemáticas, con las que eran difíciles de lidiar, hasta el mismo Toga tenía problemas para controlarlos.

Sesshoumaru era el hijo mayor, de todos los Taisho, era el más callado; aunque de su silencio no se podía esperar nada igual a la calma. Él primogénito desprendía un aura de arrogancia, poder, magnetismo, y peligro. En su interior dormía una bestia que nadie querría despertar. Incluso, Toga predijo que, el poder de Sesshoumaru podía llegar a superar el suyo propio.

Luego estaba Inuyasha. A pesar de que compartía rasgos similares con su hermano mayor, como su larga cabellera platinada y ojos ambarinos como la miel, era el que, en apariencia, se asemejaba más a su progenitor, pareciendo una copia más joven del mismo.

Sin embargo, cuando intentaba demostrar su poder... Inuyasha era un desastre.

Sí, era un hombre bastante fuerte y poderoso, todos en el reino no dudaban de su capacidad física; después de todo, aún era muy joven, aparentaba 24 años humanos y lideraba parte del ejército del oeste. Pero, debido a su imprudencia, y quizás inmadurez en el campo de batalla, había cometido demasiados errores a la hora de enfrentarse con otros clanes. Era humillante para su ego que, en muchos de los enfrentamientos, Sesshoumaru tuviera que intervenir para poder salvarle el trasero.

Y al igual que antes, ese día su hermano mayor tuvo que salvarlo de... Si es que no lo había hecho ya, meter la pata hasta el fondo, ante la vista del clan enemigo.

—El sol no termina de despertar y ustedes ya están quitándole el trabajo al gallo, chillando como en una gallinera.

Toga, aún en su bata de dormir, entró apresuradamente al salón principal, en compañía de un soñoliento mago real.

El mago parecía cansado y tenía ojeras que evidenciaban la carga laboral que soportaba cada día. Mientras que Toga sólo parecía molesto por haber interrumpido su sueño gracias al bullicio de sus hijos.

—Buen día, padre —dijo Sesshoumaru, haciendo una reverencia ante Toga.

—Cállate. Mocoso impertinente.

Las palabras del rey sorprendieron a todos, incluso Sesshoumaru pareció aturdido por un momento.

Toga continuó vociferando. Un guardia se acercó para colocarle rápidamente un abrigo de piel y resguardarlo del frío de las tierras altas.

—Me esperaba los escándalos mañaneros de tu hermano, de tu madre, o de tu otra madre. pero nunca esperé el tuyo.

—Esa mujer no es... —Sesshoumaru calló al ver la mirada fulminante de Toga.

—Le pedí a los dioses hijos obedientes, no verdugos... Y, viendo mi desdicha, siento que algo terrible debí haber cometido en mi vida pasada, como para ser castigado de esta forma —el rey señaló de un hijo a otro, y de repente su voz pareció subir dos tonos más—. ¡Quieren que me muera debido a sus estupideces!

—Padre, cálmese.

—Padre, por favor, no es bueno para su salud.

Inuyasha y Sesshoumaru trataron de tranquilizar a un enfadado Toga, que comenzaba a alterarse más de lo que se esperaban.

—¡No me traten como a un anciano!, imbéciles. Debería desheredarlos y poner en mi testamento sólo a Shippou y a Shiori.

Sesshoumaru pareció atragantarse y tuvo que retroceder para tomar algo de aire. No podía creer que su padre, Toga, el gran Inu no Taisho, estuviera planteando tal blasfemia. Enseguida se vio rodeado por su sirviente personal, Jaken, que le ofreció una copa de vino, a la que Sesshoumaru ignoró, y en su lugar le arrebató la botella casi llena de licor.

Inuyasha sólo puso los ojos en blanco. Su padre estaba delirando. Y aunque quería expresar su disgusto sin ningún tapujo, no se atrevía a decírselo. Nadie tenía la mente fría en esos momentos, y cualquier palabra que saliera de su boca sería un motivo válido para que lo desterrasen de las tierras del oeste. Pero, de algo estaba seguro: sus hermanos adoptivos sólo eran unos críos, no podían ir a la guerra y...

Por todos los infiernos, apenas, menos de un año atrás, Shippou había dejado de tomar leche del biberón.

—No magnifiquemos un tema tan insignificante —dijo Inuyasha.

—¿Insignificante?, ¿perder a una de las más poderosas sacerdotisas de Haku es insignificante para ti, Inuyasha?

Toga había bajado la voz, pero no estaba calmado, e Inuyasha lo sabía, así que trató de persuadirlo para no escalar más los problemas.

—Padre, ¿cómo puede asegurar que "perdí" a esa mujer?, no he tenido tiempo de explicarme. Acabamos de llegar, y no entiendo cómo pudo sacar conclusiones tan apresuradas.

—Tenemos a un mago, de algo tiene que servir. —respondió Toga, como si aquello fuese lo más evidente del mundo.

—Agh, maldito Miroku, ¿no puedes quedarte callado un segundo? —Inuyasha miró al mago con desdén. Luego, se centró en Toga, y con voz tranquila le dijo—: Padre, no me casaré con alguien que no me ama.

—Ridículo —Interrumpió Sesshoumaru, ganándose una mirada asesina por parte de su hermano menor.

Toga lo miró con sorna en sus ojos.

—Recuerda que tu hermano está metido en esto porque, en un principio, tú decidiste rechazar a la sacerdotisa.

—No me ofenda, padre, éste Sesshoumaru nunca se casaría con una humana.

—Patético —Esta vez, fue Inuyasha el que interrumpió la charla.

El menor de los Taisho sabía que ya no había vuelta atrás. Había arruinado todo plan de una futura alianza con los Higurashi, pero ¿se le podía echar toda la culpa? En la cabeza de Inuyasha solo existía una respuesta: No.

Como lo había dicho su padre, Sesshoumaru era el que estaba "destinado" a obtener una sacerdotisa. Después de todo, como el primogénito, su destino era tener los mejores lujos. A ese lunático tenía que haberle caído toda la mierda que ahora él estaba arrastrando.

Pero, el niño mimado no quería que una humana le sirviera.

—No quiero estorbos.

Para asombro de Inuyasha, Sesshoumaru no sabía que, el plan principal no era obtener una sacerdotisa, sino una esposa. Cuando el mayor por fin se enteró, pasó un mes entero vanagloriándose de poder tomar o rechazar los jueguecitos que le imponía su padre sin tener ninguna consecuencia a cambio. Y aquello era algo de lo que Inuyasha no podía presumir.

Al ser el siguiente heredero, y también por el hecho de que sus demás hermanos apenas sabían ir al baño solos, Inuyasha no tenía opciones. Si su padre exigía que se hiciera algo y su hermano mayor se negaba en cumplirlo, entonces, él debía hacerlo.

Y a Sesshoumaru siempre le gustaba recordárselo con comentarios mordaces.

—Inuyasha, ya encontramos el motivo de tu nacimiento: ser un reemplazo.

En un momento, quiso negarse. ¿Casarse?, ¿por qué un guerrero como él debía casarse?, no tenía sentido. Aún era joven y, para mala fortuna de su padre (si es que ese en realidad era su plan), definitivamente no quería hijos.

—Pero, los tendrás.

Con esas palabras, Toga procedió a explicarle lo que realmente quería: una descendencia hanyou, mestizos con poderes mitad demoniacos, mitad espirituales.

Un asqueroso experimento en todo su esplendor.

Inuyasha sabía que aquella idea no se le había ocurrido a Toga de la noche a la mañana, era muy estratégica como para ser propia de él. No quería ser irrespetuoso, porque lo admiraba mucho, pero, su padre nunca fue lo suficientemente inteligente ni proactivo como para crear ideas tan maquiavélicas.

Intuyó, pues, el origen del plan. Debió nacer de los rumores provenientes de las tierras del norte. Mazmorra asquerosa de uno de sus más molestos enemigos: Naraku. Se sabía que aquel demonio, cuyo clan era representado por la figura de una araña, tuvo unos meses atrás, el capricho de "mejorar la raza" de su tribu; e inmediatamente, Toga, casi de forma mágica, comenzó a tener esa misma idea.

E Inuyasha tenía que llevarla a cabo.

Y no.

No quería ser el maldito títere de su padre.

No quería dejar su libertad para casarse.

No quería tener hijos para no criarlos.

Y...

No quería querer tanto a Kikyou como lo hacía.

Maldita mujer.

La primera vez que la vio fue en una reunión que su padre organizó entre ambas familias, con el propósito de que pudieran conocerse mejor.

Inuyasha no pensó que pudiera existir una persona tan ordinaria y magnífica a la vez.

Ordinaria por poseer un apellido tan simple y gastado: Higurashi.

Magnífica, porque la belleza de la sacerdotisa no era humana.

¿Y realmente lo era?, él comenzó a planteárselo.

La joven era poderosa. Sus habilidades como sanadora, y sus ataques mágicos con su arco eran admirables. Era lo que su clan necesitaba, lo que su padre buscaba, y lo que su inexistente descendencia anhelaba.

Definitivamente, su padre había hecho un excelente trabajo al elegirla como su futura "prometida".

Las buenas cualidades de la mujer fueron la distracción perfecta. Por un tiempo, le hicieron olvidar que, en realidad, seguía enojado por todo el plan en el que estaba metido. Gracias a eso, Inuyasha comenzó con un ritual diario. Al despertarse, repetía mentalmente su nuevo mantra, en él no podía dejar de maldecir a su padre, a la sacerdotisa, y bendecía a Sesshoumaru por haber rechazado aquel compromiso.

Se había enamorado. Con simples palabras y pequeñas interacciones, pero, ya había tocado fondo.

Kikyou no le cuestionaba nada. No indagó en qué era lo que debía hacer como una "sacerdotisa real", cuál era su función, o sí el hecho de ser seleccionada significaba que el mago real iba a ser despedido. Claro, esto último no pasaría, ella tendría que compartir funciones con el idiota de Miroku. El mago se encargaba de gestionar los poderes terrenales y demoníacos; mientras que la sacerdotisa era responsable de lo terrenal con lo divino.

Conocía la personalidad insoportable de su amigo, pero, si Miroku no era del agrado de Kikyou, a él no le molestaría enviarlo lejos de su reino. Aunque eso le costara romper una amistad casi eterna.

Maldita mujer.

Hace medio año, era él quien se vanagloriaba cuando caminaba por los pasillos. Y no le importaba si su hermano parecía indiferente.

—Eres un perdedor —dijo Sesshoumaru al ver a Inuyasha tan feliz.

—No fui yo el que ignoró una mina de oro.

Sesshoumaru lo siguió viendo con el cinismo habitual que lo caracterizaba, y su mejor amigo tampoco pareció alegrarse por él. Miroku no dejaba pasar cualquier oportunidad para molestarlo con sus advertencias.

—Céntrate, Inuyasha, te estás desviando de tus obligaciones.

En ese entonces no prestaba atención a sus palabras. Todo comentario desalentador que escuchaba lo asociaba a una sola cosa: envidia.

Cuando pensaba en todos esos momentos, no podía evitar sentir una vergüenza abrumadora. Qué estúpido había sido.

No había pasado tanto tiempo desde que se había alejado de la sacerdotisa, casi de manera oficial.

Porque, de aquello sólo habían transcurrido seis meses, y ahora, sólo deseaba quitarse el apellido Taisho de su ser.

Todas las cosas horribles que le estaban ocurriendo era por esa sacerdotisa, por su padre, por Sesshoumaru, y por Naraku.

Quizás, también eran por Miroku, por no haber sido un buen amigo al no advertirle "lo suficiente" acerca de temas tan humanos, pues, ¿qué carajo sabía él del amor?

No, no era un novato, había tenido sus... Encuentros con algunas hembras, pero, nunca profundizaba una relación con ellas. El no dejarse llevar por las emociones era una regla de familia, la cual le fue dicha por el imbécil de Sesshoumaru. Siendo eso, casi, lo único que le había enseñado en su vida.

La referencia que podía seguir era el "amor" que demostraban sus padres. Un amor que ponía en duda, al ver que Toga no hacía nada cuando su primera esposa, Irasue, atacaba a su madre sólo porque era una humana.

Así que pensó que amar sería... Un acuerdo tolerable entre razas.

Fácil, ¿no?

Entonces, ¿por qué, cuando Kikyou comenzaba a corresponderle a sus extraños sentimientos, huyó de su lado para irse con Naraku?

¿Por qué de todos los demonios del Sengoku tuvo que escoger a esa araña maldita?

Quizás, no estaría molesto y decepcionado si ella, en lugar del norte hubiese preferido el sur, y en su locura, el demonio apestoso de Koga sería el hombre que ahora estuviese a su lado. De haber sido así, asumiría que la sacerdotisa no estaría bien de sus facultades mentales, y su disgusto sería mínimo. Pero, el haber escogido a Naraku por encima de él, por encima de todos los demonios... Lo consideraba la mayor traición.

Al enterarse del "escape" de su pseudo prometida, comenzó a entender la idea de la araña maldita. Su plan nunca había sido "mejorar la raza con una sacerdotisa", era "mejorar la raza con esa sacerdotisa".

Kikyou había sido siempre el objetivo inicial de Naraku.

Tal vez Toga no lo sabía, y en su afán por robarle la idea a su enemigo, había metido a su hijo en medio de un compromiso ajeno.

Inuyasha estaba recibiendo el karma por enamorarse de la chica de otro hombre, todo, gracias a su padre y a su hermano; los cuales le juzgaban por ir hasta el palacio del norte, teniendo como único objetivo el anunciar delante de todos, la ruptura de cualquier relación entre él y la ahora novia de la araña.

Luego del escándalo sucedido en el salón principal, Toga había ordenado una reunión de emergencia. Inuyasha y Sesshoumaru tenían que explicar lo ocurrido en el norte, y ante el reciente plan fallido, los consejeros reales debían estar presentes para iniciar una nueva estrategia. Fue así como todos los altos mandos del palacio fueron despertados apresuradamente para iniciar con sus obligaciones.

—No tenías por qué hacerlo, no se habían hablado en medio año. —murmuró Miroku mientras caminaba a su lado.

—Tenía que callar rumores, aún se dice por ahí que soy un arrastrado que le ruega a una humana por amor.

—Por Dios, Inuyasha. Su relación estaba más muerta que el ánimo de Sesshoumaru y su madre juntos.

—Era necesario —Inuyasha arrastró las palabras, cansado ya de la intromisión de su amigo.

—¿Para qué o para quién? ¿Para tu ego?

—Si lo quieres ver de esa manera, que así sea.

—¿Sabías que el ego va de la mano con la dignidad? Porque, creo esto último lo acabas de dejar en la alfombra de Naraku.

Miroku se apartó rápidamente cuando Inuyasha, alzando su mano en un puño, hizo un gesto para pegarle. La charla se cortó en ese momento e Inuyasha intuyó que más tarde su amigo lo molestaría nuevamente.

Se apresuraron para entrar al salón de reuniones de los Taisho.

El centro del amplio lugar estaba adornado por una larga mesa de roble, una reliquia que no le traía buenos recuerdos a Inuyasha, ya que cuando era pequeño, era frecuente que en ese sitio se decidieran los castigos que "merecía" cuando cometía una travesura.

Vio a su madre, Izayoi, sentada en una elegante silla que hacía juego con la mesa. En frente de ella, Irasue, la madre de Sesshoumaru, también estaba sentada, se veía impaciente, los pequeños golpes de su pie contra piso la hacían más evidente, y aún mantenía su porte insoportable de superioridad.

Soltó un suspiro lleno de agotamiento.

¿En serio tenía que estar su madre presente?

Bastaba con la presencia de Myoga, la mano derecha de su padre, un viejo entrometido y cobarde que siempre lo molestaba con frases motivacionales, con la intención de que algún día pudiera superar a su hermano mayor.

¿A quién más meterían en este embrollo? ¿A Shippou?

—Muy bien. Ahora que estamos todos reunidos, podemos empezar con nuestro siguiente movimiento... —El tono grave de Toga puso el ambiente bajo tensión.

—¿En serio?, porque aún estoy esperando la explicación de porqué tu anterior plan fracasó de una forma tan humillante —interrumpió Irasue, a pesar de que sus palabras eran dirigidas a su esposo, tenía la mirada clavada en Inuyasha, acusándolo de forma directa.

Él le mostró sus caninos al sonreírle descaradamente.

—Te lo diré, para que tu curiosidad no te haga envejecer más. El plan fracasó porque tu hijito no cumplió con sus responsabilidades básicas —dijo Inuyasha con una peligrosa calma en su voz.

—Mi hijo hizo lo que tenía que hacer, rechazó vincularse con una insignificante humana, para que el apellido "Taisho" no se ensuciara con una descendencia desfavorable.

—Lamento ser el mensajero de las malas noticias, pero, si lo que buscabas era una descendencia, entonces, ve dando por extinto el linaje que tanto honras. Sesshoumaru no parece querer aparearse ni con una roca —se burló, soltando una pequeña risa al final.

—¿Te quieres morir, miserable? —Sesshoumaru tuvo la intención de levantarse para enfrentar a su hermano.

Toga lo impediría al golpear fuertemente la mesa con su puño. En la madera quedó un orificio que le quitó la gracia y la belleza al roble.

Todos se quedaron callados, el susto les había servido como advertencia. Toga quería que el asunto concluyera de una vez y no estaba dispuesto a escuchar berrinches de su familia.

El líder de los Taisho se incorporó en su asiento, y haciendo un gesto con la cabeza, le indicó a Miroku que se acerca. A Inuyasha le daba la sensación de que su padre ya tenía planeado desde hace rato lo quería discutir, y confirmó sus sospechas cuando el mago, haciendo un ademán con sus manos, invocó algo parecido a un espejo del tamaño de su rostro.

La cosa mágica estaba flotando. Comenzó a mostrar letras y luego párrafos.

No voy a leer esa mierda.

Odiaba leer, y estaba muy cansado para tener su atención en una baratija voladora.

Afortunadamente, su padre comenzó a parlotear.

—Como ya sabía que las cosas entre Inuyasha y Kikyou no iban acorde a lo planeado, quise adelantarme. Creé un plan B y un plan C.

—¿Tienes que crear un tercero? ¿No confías lo suficiente en tu bastardo y por eso le das un salvavidas extra? —dijo Irasue, con un tono sarcástico.

—Irasue, cariño mío, cállate.

Ella no dijo nada, pero la vena que sobresalía en su frente mostraba lo mucho que se había ofendido.

Se escuchó por la bajo como alguien intentaba contener la risa. Inuyasha sabía que el culpable había sido Myoga, pero nadie se giró para verlo. Todos se mantuvieron concentrados en las palabras de Toga.

—Sí, existen en este momento dos planes, uno para Inuyasha y el otro para Sesshoumaru —Toga los señaló respectivamente.

La declaración había hecho que el primogénito levantara una ceja con incredulidad.

—Padre...

—El próximo que me interrumpa lo desheredaré. He dicho. —sentenció Toga, haciendo callar a Sesshoumaru de inmediato—. Ustedes, par de malagradecidos, ya no van a ser más irresponsables, ¡basta ya de no tomarse en serio el honor de esta familia!

Toga hizo una seña a Miroku, y éste hizo que el objeto volador mostrara un mapa. Era el mapa de Haku, reino en donde la mayoría de la población era humana.

Y hogar de Kikyou.

Inuyasha se tensó al pensar que tendría que volver a ese infierno, y su incomodidad captó la atención de su madre.

—Cariño, no irás si no te sientes cómodo —dijo Izayoi con serenidad en su voz.

Aquello era lo que él necesitaba, sólo un poco de paz.

—No te preocupes, no me supone ningún peligro —respondió y enderezó su postura en su asiento.

—Miroku, por favor, explícales los detalles a este par, quizás entre jóvenes irresponsables se entiendan —Toga se recostó en la gran silla con indiferencia.

—Así será... —Miroku fingió no estar molesto por aquella ofensa, pero, cuando el mapa en el objeto volador se hizo más grande, obtuvo la personalidad jovial que tanto lo caracterizaba —. Recientemente se nos ha informado que Bankotsu Veskan fue hasta Haku en busca de una sacerdotisa para su clan...

—Creí que el niño de trenzitas ya tenía a una trabajando bajo su mando, ¿cómo era que se llamaba? —Inuyasha miró hacia el techo tratando inútilmente de recordar el nombre de la mujer.

—Lady Tsubaki falleció por exceso de trabajo —explicó Miroku.

—Ah. Ya veo, no lo sabía.

—Te lo dije antes de que marcharas al dulce hogar de Naraku —Miroku cerró los ojos con frustración.

—No, no lo hiciste.

—Sí lo hizo —intervino Sesshoumaru.

Inuyasha lo miró con desdén.

—Quizás te equivocaste de albino, y me confundiste con éste —señaló a su hermano que se encontraba sentado a su lado.

Cansado, Miroku puso los ojos en blanco, y luego, prosiguió con su explicación.

—Bien, como ya se han dado cuenta, a falta de una representante espiritual, los demonios del este decidieron buscar a un diamante en bruto escondido entre una pobre ciudad de Haku.

«Se trata de una de las hijas de la difunta sacerdotisa Midoriko, una de las grandes "miko" en su tiempo.

» Pero, algo hizo que Bankotsu regresara a su cueva con el rabo entre las patas. No consiguió traer a la muchacha, y ya hace un mes que no regresa a Haku, es evidente que ha desistido de misión.»

—Escuché que los hijos de Midoriko habían muerto —dijo Sesshoumaru algo dubitativo.

Aquello sorprendió a Inuyasha. ¿Quién era esa mujer? ¿Y por qué Sesshoumaru sabía de ella?

—No están muertos, de hecho, son bastante populares en su pequeño pueblito natal. Sólo que, no suelen mostrarse en público —Miroku miró al espejo flotante, y éste se tornó de negro—. Es por eso que no les puedo dar un retrato de las damas.

—Hablas en plural, ¿los tres hijos son mujeres? —preguntó Sesshoumaru.

Inuyasha se cruzó de brazos, estaba fastidiado, no entendía nada de estas personas. Tampoco quiso preguntar.

¿Y mostrar ignorancia delante de todos?, ni hablar.

Miroku asintió ante las recientes palabras de Sesshoumaru.

—Sólo dos. Dos sacerdotisas, y un varón que aún no muestra signos de algún poder espiritual.

—Dos mujeres... —Las palabras de Sesshoumaru parecían cargadas de sospecha.

Miroku sonrió, como si el mayor de los hermanos Taisho hubiera dado en el clavo. Para que no le quedase ninguna duda, el mago dijo nuevamente las palabras que Sesshoumaru no quería escuchar:

—Así es, dos sacerdotisas.

Sesshoumaru abrió los ojos al caer en cuenta de todo lo que estaba pasando. Se levantó de su asiento y miró a Toga con el ceño fruncido.

—Padre —lo llamó en voz alta.

El hombre fingió inocencia.

—¿Qué? ¿No lo has entendido aún?

—Padre, le pido que desista de este plan absurdo —El humor de Sesshoumaru parecía elevarse.

Mientras que Inuyasha hacia cálculos en sus pensamientos, tratando de descifrar cada palabra dicha.

Toga no retrocedió ante el temperamento de su hijo, y ahora, con voz seria y fulminante le respondió:

—Si Naraku nos adelanta un paso, nosotros adelantaremos dos.

Con el rostro rojo por la furia, Sesshoumaru caminó a grandes zancadas hasta la puerta del salón, la cual fue abierta rápidamente por dos sirvientes, y antes de irse, Sesshoumaru se detuvo para dirigirle unas palabras a su padre.

—Me importa poco tu fortuna y tus tierras. Cuando a tu vieja alma le dé la gana, puedes quitarme de tu testamento, éste...

Sus palabras fueron interrumpidas por Toga, el cual ya suponiendo lo que diría su hijo, procedió a imitarlo.

—"Este Sesshoumaru nunca se casará con una humana", sí, sí, ya vete a lloriquear en tu alcoba, y regresa cuando necesites más presupuesto para tu ejército.

Acto seguido, Sesshoumaru salió hecho una furia del salón de reuniones, seguido de su sirviente y de su madre, quienes le gritaban que los esperase.

—Inuyasha, por si no lo has entendido, tu padre quiere que tanto tú como el que se acaba de fugar, se casen con las hijas de Midoriko. —susurró Miroku ya estando al lado de su amigo.

—Ya, la misma mierda que con Kikyou, pero el doble de molesto.

—Me sorprende que lo hayas aceptado tan calmadamente —Miroku parpadeó varias veces por el asombro.

—No estoy calmado...

Toga miró a su hijo menor, y se dirigió a él con el mismo tono que había usado con Sesshoumaru.

—Inuyasha, haz las cosas bien esta vez.

El muchacho suspiró con desgano.

—Padre, estoy cansado, ¿quieres nietos?, está bien, se seguirán escribiendo libros de historia con nuestros descendientes —Inuyasha alzó la voz, lo que le hizo ganar una mirada de preocupación de su madre —. Yo me rindo. Pero, si nuestra familia se destruye luego de esto, no quiero que me culpen de nada.

Salió del salón rápidamente, escuchó que su madre lo llamaba, pero, no quería detenerse por nadie. Su padre sólo dijo "otro que volverá cuando le falten provisiones para su tropa".

Maldijo por la familia que le había tocado. Tanto egoísmo lo asqueaba.

Había estado viajando por meses para resolver sus problemas, y ahora que regresaba a casa, debía lidiar con más de ellos.

Sintió una comezón en la palma de la mano, se rascó y cuando la observó, vio cómo se formaba un mensaje en letras negras.

Era una forma discreta en la que Miroku podía comunicarse con él sin ser observados por terceros.

"Ve a la biblioteca y comienza a investigar sobre Midoriko Higurashi, no querrás tropezar con la misma piedra dos veces".

Así era el mensaje que el mago le mostraba en su mano. Puso los ojos en blanco al leer el nombre de la sacerdotisa. La vida no podía ser más molesta al poner en su camino a otra mujer con el mismo apellido de su ex.

—Serán semanas largas.

Se dijo. Dispuesto a pasar esa noche investigando todo a cerca de su objetivo. No iba a cometer el mismo error. Esta vez, no iba a enamorarse.


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Hey, (;u;) muchas gracias a las personitas que se pasaron a leer el primer capítulo, de verdad, y abrazo enorme también por dejar sus comentarios.

Susana, Sylvia, Lin Lu Lo Li, y personita invitada uwu, Espero que este segundo capítulo sea también de su agrado.

P.D: Cuando escribo, dejo que los personajes hagan lo que quieran, yo sólo me dedico a transcribir sus comportamientos, y cuando llegó el momento en el que Sesshoumaru le arrebató la botella de vino a jaken no pudo parar de reir, me quedé como "¡¿qué está pasando aquí?!"

Más adelante se explicaran varias cosas, la relación que tuvo Inu con Kiki(que por cierto, no será la mala de la historia), la relación de Sesshi con su hermano, etc.

¡Y Aparecerán más personajes!, jeje.

P.D de la PD:

Líderes de los demonios según sus tierras;

Norte - Naraku/Onigumo.

Sur - Koga.

Este - Bankotsu.

Oeste - Sesshoumaru/Toga.

Nos vemos u3u.