INFORMACIÓN NUTRIMENTAL:

¡De vuelta en acción! Ya pensaba que este fic había estirado la pata, pero no! La autora revivió y trajo consigo un capítulo nuevo que no había notado hasta la semana pasada! Ups. Ya, perdón, sorri, que no se agite la muchedumbre.

En fin, es excelente volver a traducir este fic, ya había recibido varios mensajes sobre cuándo saldría el próximo capítulo o si esta cosa ya estaba terminada...pues a menos que quisieran que le inventara yo, o sea yo (jajaja, yo de autora xD) pues tuvieron que esperarse hasta hoy para eso...debo de reconocer que la autora, independientemente del tema que escriba, sus historias son bastante buenas :)

Y un minúsculo, pequeño, casi trivial e insignificante detallito: NO ES YAOI.

Cultura General:

El 23 de abril es el Día Internacional del Libro debido a que ese día murieron Miguel Cervantes de Saavedra y William Shakespeare.

Bueno.

Enyoi.


#4 Caja: Divertía a Bumblebee a más no poder el ver a su custodia correr por todas partes preparándose para lo que él nombraba "Navidad", pero él jamás esperó el brillante paquete envuelto que el chico tímidamente le regaló en la mañana de Navidad.


De todas las festividades que los humanos celebraban, Navidad se veía como la que los emocionaba más. En la opinión de Bumblebee, celebrar la idea de que un humano regordete en un traje rojo se escabullera dentro de la casa de uno para dejar misteriosos regalos envueltos era sencillamente extraño - sin mencionar que un poco escalofriante. Pero al fin y al cabo, tenía que admitir que aún no conocía todo sobre la cultura humana. Sólo había estado viviendo con Sam y su familia por poco tiempo, y aún estaba aprendiendo. Después de todo, leer datos de la Red Informática Mundial humana era nada comparado con experimentarlo personalmente.

Así que con mucha curiosidad y creciente entretenimiento fue que el joven Autobot observaba el comienzo de las preparaciones para la próxima festividad. La familia Witwicky comenzó sus actividades de Navidad casi inmediatamente después de la fiesta llamada 'Día de Acción de Gracias', a pesar del hecho de que Navidad estaba casi a un mes de distancia. Por supuesto, era algo tarde comparado con las muchas tiendas que habían comenzado a hacer publicidad para la temporada navideña al instante de que otra festividad, 'Halloween', había sido completada apenas un mes antes del 'Día de Acción de Gracias'. Le parecía a Bumblebee que casi la mitad de sus estaciones de radio habían estado emitiendo música navideña para fines de Octubre y estaban aumentado en número conforme transcurrían los días. Se tornaba algo frustrante cuando su principal forma de comunicación estaba saturada con una variedad de canciones navideñas y publicidad. Aunque por alguna razón, Sam encontró extremadamente entretenido el escucharlo platicar a través de estaciones con temas navideños.

Los Witwickys empezaron las preparaciones colocando luces en su casa, lo que preocupó a Bumblebee a más no poder el ver a su custodia en una escalera temblorosa dos pisos arriba del suelo para instalar delicadas hebras de luces coloridas en el techo. Sus ofrecimientos de ayuda fueron educadamente rechazados, ya que los padres de Sam aún trataban de acostumbrarse a la idea de que el auto de su hijo era un ser de otro planeta, y que realmente no querían un extraterrestre gigante parado en su jardín delantero tratando de hacer un trabajo delicado que requería que estuviera en una proximidad relativamente cercana a su casa.

Después de las luces vino el árbol de Navidad, una tradición en la que Bumblebee se le permitió participar. El evento tomó lugar en la noche para que los Autobots pudieran transformarse y pasearse con la familia. La familia entera se apiñó dentro de Bumblebee, y él los condujo a un vivero forestal cercano, donde los humanos comenzaron el proceso de decidir exactamente qué pieza de vegetación se vería mejor en su sala de estar. Era algo desconcertante observar al trío de humanos tomar tal cuidado en examinar cada árbol, discutiendo sobre si el pino cabría o no en su casa, si era muy alto o muy pequeño, o si las ramas eran lo suficientemente frondosas. Cosas curiosas que eran los humanos. Una vez que la familia consiguió ponerse de acuerdo, Sam convenció a sus padres de que dejaran que Bumblebee lo recogiera por ellos. Fue algo graciosa la expresión de shock de sus padres al ver la facilidad el explorador arrancó el árbol del suelo. Bumblebee no estaba demasiado conmocionado por tener que transportar esa cosita rasposa a casa teniendo que asegurarla a su techo, pero si complacía a su custodia, lo toleraría en el pequeño viaje de vuelta a la casa.

El último paso de preparación fue la de las compras. Para una festividad que se suponía que debía de ser placentera, los humanos ciertamente lograban estresarse a ellos mismos por este particular paso. Sam no era la excepción. Siendo algo desorganizado y una persona postergadora, dejó las compras hasta la semana antes de la festividad y entonces procedió a preocuparse para comprar los regalos para sus padres y Mikaela.

Bee entendía el concepto de los regalos, el cual también estaba presente en la cultura cybertroniana, pero tener una fiesta específica para intercambiar regalos era algo nuevo para él. Una búsqueda en el internet le reveló que la mayoría de las culturas humanas celebraban alguna forma de Navidad, la cual estaba usualmente acompañada del regalamiento de los obsequios.

Bumblebee pasó mucho tiempo pensando sobre esa tradición específica. Si Navidad significaba que supuestamente debías de mostrar a alguien que te importara obsequiándole algo ¿Qué le podría dar a Sam? Realmente no poseía nada - años de guerra y luego de convertirse en un refugiado en otro planeta le había quitado completamente todo lo que había poseído antes. De todas formas, realmente no estaba seguro de cómo realizar tal cosa, o si siquiera tenía permitido celebrarlo junto con los humanos. ¿Le importaría a Sam si intentaba participar en ésa festividad humana? ¿Avergonzaría a Sam si recibiera un regalo de él, o eran lo suficientemente amigos como para poder demostrar que se tenían afecto? A Bee realmente le importaba Sam - no hubiera preguntado si se podía quedar con el chico si no le importara. ¿Pero era correcto demostrarlo en Navidad?

Los pocos días previos de Navidad pasaron, y Bumblebee no estaba más cerca sobre su decisión de qué debería de regalarle a Sam. Finalmente, el día antes del gran evento, pensó en una de las pocas que podría darle. Sólo esperaba que Sam lo disfrutara.

Poco después de que el sol se había ocultado en víspera de Navidad, suaves copos de nieve comenzaron a caer al suelo. Nieve. La cosa esponjosa y mojada se llamaba nieve. Bumblebee conocía lo suficiente acerca de aquellos copos helados como para saber que tal evento era raro en California, y apreciaba la vista aún más mientras veía el suelo lentamente tornarse blanco.

La nieve le dio a Bumblebee una extraña sensación de paz mientras veía a la nieve caer. Todo su alrededor pareció detenerse, y así continuó durante toda la tarde. Las coloridas luces en el vecindario iluminaron la oscuridad y arrojaron destellos que se reflejaban en el piso níveo. Bee observó la serena noche por horas hasta que finalmente se deslizó en estado de recarga.

Fue despertado temprano, la mañana siguiente, por el sonido de alguien abriendo la puerta de la cochera. Sam estaba parado en la entrada, dejando entrar una cegadora cantidad de luz reflejada de la resplandeciente nieve de afuera. Estaba cargando un regalo del tamaño de una caja de zapatos, el cual movía de mano en mano, inseguro.

"Feliz Navidad, Bee." Sam dijo, con una diminuta pizca de titubeo en su voz. Bumblebee podía detectar que él no estaba muy seguro de cómo comportarse -obviamente él no había tenido antes un guardián cybertroniano con el cual compartir la Navidad.

::¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo! ::

Una sonrisa revoloteó en el rostro del joven. "Yo, um...quería darte algo." Sam lentamente tendió la reluciente cajita envuelta a su guardián, con un vago rubor tiñiendo su rostro.

Bumblebee tomó cuidadosamente el paquete de Sam. A pesar del enorme tamaño de Bee, él tenía la habilidad de ser increíblemente cuidadoso con pequeño y delicados objetos, así que no tuvo ningún problema en abrir el paquetito envuelto en su mano. Cuando quitó el envoltorio, el explorador amarillo parpadeó varias veces sorprendido al ver su contenido. Un par de placas de California estaban acomodadas sobre un pañuelo arrugado color carmesí.

Sam estaba parado, viendo nerviosamente a su guardián examinar su regalo, su intranquila figura.

"Es tu propio set de placas de matrícula." Sam explicó tentativamente mientras trataba de leer la expresión en el rostro de Bee. "Probablemente no debas usar las que tienes en el Camaro que escaneaste. La policía quizás te persiga por usar las placas de otro carro o algo por el estilo. "Y ya sabes," Se encogió de hombros y lució más apenado. "cuando alguien adquiere un carro, tiene que adquirir también placas para éste. Eso demuestra que le pertenece a esa persona. Supongo que quizás, si querías, podrías usarlas para mostrar que perteneces conmigo." Sam vagamente hizo gestos mientras continuaba hablando. "No me refiero como si yo fuera tu dueño, sino que perteneces aquí. Conmigo."

:: ¡Dale a tus seres queridos un regalo que jamás olvidarán!:: El alegre segmento comercial fue acompañado por un entusiasta piar.

Sam lucía algo apenado ante el entusiasmo de Bumblebee, encogiéndose de hombros y pasando una mano por su cabello. "Me alegra que te guste."

::Tengo algo aquí para ti.:: Sam parpadeó en sorpresa ante la cita de una película, y Bee continuó. ::Es …algo precioso para mí.::

Los ópticos de Bumblebee titilaron e imágenes de Cybertron empezaron a tomar forma ante los estupefactos ojos de Sam. A diferencia de los vivaces hologramas de un Cybertron desgarrado por la guerra que Optimus le había mostrado a él y a Mikaela, las imágenes de Bumblebee eran exactamente lo opuesto. Una de las pocas cosas que Bee no había perdido en el transcurso de los años eran sus recuerdos de Cybertron antes de la guerra, y esa pequeña parte de él era lo que había decidido darle a Sam.

Le había mostrado a Sam deslumbrantes ciudades hechas de metal, edificios altísimos que se elevaban del suelo en diseños complejos diferentes a cualquier cosa vista en la Tierra. Los lugares que alguna vez fueron las enormes ciudades de Iacon, Praxus, y la Ciudad de Cristal fueron sólo una de las pocas de las impresionantes imágenes que iluminaron la pequeña cochera, cada una incluyendo diminutos hologramas de cientos de cybertronianos dedicándose a sus vidas cotidianas entre toda aquella majestuosidad. A través de aquella visualización, Cybertron irradiaba un sentimiento de paz y felicidad - un grito lejano de la violencia que había tomado al planeta tan sólo poco tiempo después.

Cuando la última imagen se disipó, Sam miró a Bumblebee con asombro. "Eso fue...increíble. Gracias."

Bumblebee estiró su brazo y tocó a su custodia gentilmente en el hombro, forzando a trabajar a su dañado vocalizador. "Feliz...Navidad...Sam."

"Feliz Navidad, Bee." Sam sonrió y palmeó la mano de su guardián en respuesta.

Bumblebee sabía que en los muchos años que vendrían, siempre atesoraría ese recuerdo de cuando su amigo le dio esa cajita de cartón. No era el regalo lo que era importante, sino el mensaje que venía con él. El regalo no era sólo una invitación para participar en una importante tradición humana, pero era una invitación para unirse a una familia. Sam no tenía que decir exactamente lo que el regalo significaba, y Bumblebee dudaba que el cohibido joven se hubiera atrevido jamás a hacer tal cosa, pero Bee entendía. A cambio, esperaba que su sencillo regalo de compartir una de las cosas más preciosas hubiera expresado los sentimientos hacia su amigo. A juzgar por la cálida sonrisa de Sam, parecía que lo hizo.

Era la primera Navidad que Bumblebee pasaba con los Witwickys, y dudaba que sería la última. Había conseguido un hogar y una familia ahí, en una pequeña ciudad de California con el joven humano quien le había dado la cajita envuelta esa mañana de Navidad.