ACTO 1:

Han pasado 2 días desde que Kōtarō fue a la estación de policías, en esos dos días no ha asistido al colegio y casi no responde los mensajes que Ryu deja en su celular, solo dio a entender que las cosas empezaron ir mejor y que se encontraba bien, sin embargo, tuvo algunos problemas con su padre. Con la esperanza de que hoy el día se torne de un color diferente, Ryu peinaba su cabello en una coleta baja, la misma que se hizo cuando esperaba el tren para regresar a casa junto a Karma. Las palabras del chico rodaron por su cabeza unas horas, "Ya no llores, Ryu..." Aunque su corazón se llenaba de espinas cada vez que le prohibía llorar, aquella vez, este se llenó de flores al ver fijamente los ojos de Karma y el cómo la pequeña luz solar se reflejaba en sus orbes, unos que se transformaban en el mismo sol.

Ryu reaccionó cepillándose los dientes, debía desayunar y alcanzar el transporte antes de que le atropelle la impuntualidad, sobre todo ahora, en estos días se encontraba en casa su mamá. Al sentarse en la mesa, su madre veía su celular bebiendo café; desde el incidente con el carro de Kōtarō y su "huida a la playa", ella regresaba a dormir a la casa, al menos por pocos días, por eso, cuando Ryu pisó la puerta de su hogar cerca de las 7:30 PM la muerte le recibió con la luz encendida comiendo galletas en el sofá, ¿Acaso se estaba haciendo responsable después de tantos años?

Ryu saludó, llamando la atención de la mujer que le empezó a interrogar sobre su horario de llegada, que infierno; en defensa, Ryu dijo que fue a comer a y se distrajo al entrar a tiendas que tenían materiales de dibujo que hace tiempo luchaba contra el impulso de querer comprar libretas y de husmear precios de tabletas gráficas, algo que hizo a su madre torcer la cabeza de cólera. Le aborrecía el hecho de su hija estudiando artes, eso no era digno ni aportaba gran valor a la sociedad, por eso se esforzaba y desperdiciando su vida trabajando para que su cría la tenga como un ejemplo y desecha esa idea rotundamente.

-Kohi, mi niña, ya hemos hablado de esto- invitó a su hija a tomar asiento dejando de lado el paquete de galletas- Si te gusta dibujar puedes tener ese talento como hobbie, pero busca algo que te de dinero y haga feliz a mamá- colocó su mano sobre la de Ryu y él tembló de impotencia al escucharla compartir sus verdaderos pensamientos.

Primero, él no era "Kohi Hitsuji", Kohi ya estaba muerta en su vida y no se arriesgaría a ponerse esa máscara de nuevo para aparentar felicidad, su apariencia seguí viva en su rostro, pero su interior cambió; él era "Ryu Hamato" y no iba a negarse. Pero, por más voluntad de fuego que posea la firmeza de su pensamiento, enfrentar a su madre no era el mejor camino a tomar para avanzar al siguiente nivel de su aventura, de por sí, su relación ya era complicada como para abrir la boca y arruinar la casa de naipes que sostenía su madre. Ryu afirmó lo propuesto, no le quedaba opción y tampoco tenía intenciones de causar la peor noche de su vida. Al caminar hacia su cuarto, todo a su paso se convertían en ondas y su vista borrosa, el suelo era un fango de barro que la consumía, algo que incrementó al entrar al baño y verse desnudo frente al espejo. Ese cabello largo le causa estragos y ganas de rasgarse la cara hasta más no poder, deseaba cortarlo, sacar de su vida y pisotearlo hasta encontrarse satisfecho; todo en él era horrible, desde su creciente acné hasta los pequeños y casi inexistentes senos que invadía su pecho, cómo tenía la fantasía de arrancarlos y no sentirlos nunca más.

Pese a sus esfuerzos por mantener la calma, estos no fueron escuchados, quedando, así, despierta la mayor parte de la noche con la cabeza devorándole por dentro.

-Veo que te ataste el cabello- dijo examinado cada pieza del uniforme meticulosamente, el nuevo look de su pequeña hija despertaba cierta intriga al ser inusual verlo en ella, desde sexto grado (penúltimo grado de primaria) no llevaba el cabello de esta forma por un pedido de ella. Su cabello largo relucía en toda su figura que sería un desperdicio atarlo de forma tan descarada. Ryu asintió y jugaba con algunos mechones que resbalaban por su frente, eran entretenidos enrollarlos en sus dedos cuando se encontraba nerviosa.

En estos momentos, sentada frente a Miss. Simpatía, degustaba el pan con tocino y huevos que le esperó al despertar, los sabores explotaban en su boca a pesar de ser algo simple, su paladar olvidó la sensación de probar algo preparado por su madre hace siglos. Ryu terminó su plato y se dispuso a ir al colegio, con un beso en la mejilla despidió a su madre y sostuvo su maletín en mano abriendo la puerta.

-Kohi, cielo- interrumpió- te quería preguntar si hoy estás libre después de clases, tengo un día libre y podríamos ir a pasear y comer algo por la ciudad; ya sabes, pasar tiempo madre e hija como lo hacíamos antes...- tomó otro sorbo de café dejando el celular a un lado, en espera de la respuesta de su hija. Ryu formó una mueca con completa ingenuidad desde lo más entrañado de su corazón, aún si fuese una mentira, ansiaba volver a conversar con su madre cuando era niña. Él aceptó y salió de su casa esparciendo flores en el aire porque la noticia le había encantado.

ACTO 2:

Solo, sin ningún alma a su alcance, tal parece que Takebayashi faltó el día de hoy también, lo cual le podría perjudicar en las calificaciones que tanto se esmeró en mejorar; dejando a un Ryu sumergido en el abismo del abandono, ya que, casi ni recordaba su vida antes de conocer a Kōtarō ni sus sentimientos de vulnerabilidad siendo peligrosamente triste. Las clases se tornaron de un gris muy aburrido, sin despertar ningún tipo de interés en el ser sin género, este dibujaba en su libreta algunas partes de la canción que grabaría para subir su primer cover a Nico Nico Douga, ahí recordó que, sin Takebayashi a su lado, su proyecto de ser alguien influyente en la plataforma de videos quedó pausado; otra preocupación directo a su lista de estrés.

La clase de química resultó ser más fácil de lo esperado, sin embargo, olvidable, y si no fuera por sus dibujos, probablemente estaría en detención por dormirse y no teniendo una plática con Asano sobre su distracción. Que dolor de espalda le causaba el chico al escucharlo pronunciar su apellido y las mofas de sus amigos, literalmente, "Hitsuji" significa "oveja", una muy dormilona y llena de pereza; agradezcan que Ryu no los patea. Le bostezó en toda la cara rascándose el ojo que le lagrimeaba, indicando, que todas las palabras de Asano las mandaba a la gran mierda.

- ¿Ya...? - Asano retenía sus impulsos de jalonearle y sacudirle la cabeza por hacerlo quedar como un idiota, más, se limitó a responder pacíficamente

-Esto te saldrá caro la próxima vez- Y sin decir más se retiró

En el fondo de la razón, Ryu era consciente de toda la verdad que escupía Asano de su boca y que, en un futuro, estar pensando en dar un concierto siendo Idol en lugar de trabajar en una oficina era una ilusión, tanto en el colegio como al graduarse de él. Pero eso no era algo que le interesara ahora. Caminó a la misma mesa de siempre donde parloteaba con Kōtarō hasta que sus estómagos exploten y sus gargantas se dañen; en tanta inquietud, comía su almuerzo sin mirar a su alrededor, tal parece, que algunas costumbres nunca se pierden

- ¿Eres Hitsuji de la clase "A"? - Un deja vu corrió por todos sus nervios al escuchar tan memorable frase que le cambió la vida en un instante- Necesito pedirte un favor, te pagaré lo necesario- Sin esperar respuesta, el joven se sentó frente a ella, entregando su libro de matemáticas y billetera dentro de él. La cabeza de Ryu daba vueltas al entender lo que el chico buscaba hacer, Kōtarō no se encontraba por ningún lado y la recolección de dinero se pausó desde el supuesto "Viaje a la playa", personalmente casi cumplía su objetivo, entonces, lo sorprendería al hacerle conocer que ya tenía el dinero justo. Él preguntó la página y resolvió las 4 en menos de lo que canta un gallo, con tanto en la cabeza casi no tenía tiempo para pensar. Entregó el libro y se rascó la nuca esperando el pago que nunca llegó. - ¿C-Cuánto debo de cancelar? - Dijo el intruso contemplando todos los ejercicios resueltos y a un Ryu exhausto recostado en la palma de su mano. Era la décima vez que bostezaba en lo que va del día y sus labios se comenzaron a partir por no tomar agua; sin ser consciente de lo que estaba haciendo, estiró su brazo y con la palma de la mano hizo señas para que depositara las monedas.

-Cuatro...

- ¿Cuatro qué?

-Cuatro dólares...- y cerró los ojos, tenía más sueño que ganas de vivir. Reaccionó casi de inmediato al sentir algo helado en su mano, era su paga; iba a agradecer, pero el sujeto se fue sin decir nada. Contó el dinero que tenía y la cantidad exacta para comprar el micrófono. Quizás, hasta que regrese Kōtarō, el efecto "Ryu Hamato" actuaría por sí solo, convirtiendo los días estresantes de Ryu en algo curioso.

ACTO 3

Ya en la salida, Ryu dejó en el polvo sus nervios al llegar a su casa, debía de alistarse para tener la salida con su madre, y por lo visto, ella aún no llegaba. Subió a su cuarto sacando la prenda de vestir favorita de su madre, una que al traerla puesta le hacía cuestionar si realmente era alguien no binario o solo consistía en una etapa que desearía olvidar, de ninguna manera.

Tal y como narré en el párrafo de arriba, toda su madre era una caja de sorpresa, a quién, si no le daban cuerda correctamente, procede a desarmarse con escuchar una palabra que no se encuentre en su pequeño diccionario moral.

Sin embargo, desde que era una niña y rayaba libretas, deseó realizar de estas actividades con ella, lo anhelaba cuando la peinaba haciéndole trenzas hasta que le prometió un mejor lugar para vivir al ser escogida en su nuevo trabajo, Ryu apenas tenía 12 años para presenciar tan cruel abandono. Olvidando su pasado y decidida a explorar el presente, escuchó como la puerta de su cuarto se abría sin pena alguna y una imagen conocida se asomaba para inspeccionar, agradece al cielo que ya estaba cepillando su cabello para adornarlo con vinchas, y no recién poniéndose los calzones.

Ambas partieron rumbo al centro de la ciudad para conversar mientras degustaba alguna hamburguesa o crepa, por motivos de trabajo, su madre conocía lugares exquisitos para pasar el rato, y así lo hicieron, entraron a un establecimiento iluminado por las diminutas luciérnagas eléctricas, dándole vida al lugar. Rondaron cerca de las 7:30 PM y Ryu ya había escuchado de todo, de lo orgullosa que se siente su madre por tener a alguien liderando en la clase "A", y a un nuevo camarada de trabajo que le interesó luego de hacer un proyecto juntos. Era grandioso que su madre iniciara su vida desde 0, pero Ryu creía que era un poco descarado lanzarle todos esos minutos sin matices algunos. Pasó poco y regresaron al hogar. Una de las mejores salidas de Ryu y de las que más detestaba, por ella, y la figura que tenía su cuerpo al ponerse forma femenina ajustada.

-Hasta mañana- despidió su madre cerrando la puerta de su habitación

-Hasta mañana- contestó Ryu, y en la suavidad de su cama, cayó inconsciente hasta el día siguiente.

La misma rutina se repetía, y Kōtaro este día los mensajes no responde, Ryu se comía las uñas en busca de unas respuestas, incluso la idea de ir a su casa para conocer su situación era mejor opción que quedarse esperando sin hacer nada.

-Disculpa... ¿Eres Hitsuji de la clase "A"

Mientras Kōtaro no esté, Ryu Hamato pertenecía a toda la clase "D"

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