Hola! Mil disculpas al lector decepcionado al que haya hecho esperar. Se me ha pasado por completo, intentaré que no vuelva a ocurrir.


Cap. IV - Lo que deba ser, será

Los vientos cambiaron y se quedó en la preparatoria de Hyotei, decisión que tomó cuando lo asignaron capitán de la Sub-17. Decisión que a su abuelo no le hizo ninguna gracia pero que logró suavizar con argumentos del tipo "la dignidad del puesto que ocupaba", "la palabra dada y los compromisos asumidos" y cosas por el estilo. Oyuki también permanecía en la escuela, ahora oficialmente su novia, y su mano derecha en el club de tenis. Porque las reglas del torneo nacional habían cambiado, estaban obligados a jugar en equipos mixtos con, al menos, cuatro mujeres por equipo así que le suplicaron a Oyuki que se uniera al club, y ella no le decía que no a los ojitos de borrego de Jirou. Se esforzaron para construir un equipo sólido y de a poco lo lograron, su dobles femenino mejoraba sin parar entrenando con Yuushi y Gakuto, tenían una singlista que suplía la fuerza que antes les aportaba Kabaji, y Oyuki era su comodín, buena singlista pero mejor aún en dobles, capaz de adaptarse rápido a cualquier compañero era la candidata perfecta a los dobles mixtos y la favorita de Tsukimitsu-senpai.

En cuanto a su relación, estaba intentando adoptar su filosofía, lo que deba ser será le dijo ella y él estaba aprendiendo a dejar las cosas fluir, a no pretender controlarlo todo, no era posible. Habían discutido mucho por eso. Mejor dicho, él se había enojado mucho mientras ella lo miraba casi con condescendencia. No lo entendía, parecía como si a ella le diera igual estar o no estar juntos, hasta que logró calmarse lo suficiente como para mantener una conversación civilizada y la dejó explicarse.

Te amo, sé que me amas, es suficiente para mi. Amas el tenis, tu sueño de ser profesional te llevará lejos, y está bien, jamás querría cortar tus alas, pero no te dejaré cortar las mías a cambio. Yo volaré también , lo sabes, perseguiré mis propios sueños, iré a donde deba ir. Eso no significa que no te ame, dejarte volar es mi manera de amarte, me costó hacer las paces con la idea, pero entendí que aferrarnos a estar juntos a toda costa sólo nos hará más daño. Quiero que vivamos lo nuestro, déjame amarte y ámame también, si luego debemos despedirnos, hagámoslo sin rencor ni remordimiento… Además, no seamos tan dramáticos, el mundo no es lo suficientemente grande como para separarnos para siempre.

Entonces la amó, cada día y con todo lo que tuvo la amó. Y ella lo amó también, con cada sonrisa, con cada beso, cada mirada de ojos brillantes, cada burla y cada vez que se acurrucó a su lado en un silencio compartido. Y una tarde, luego de coronarse campeones nacionales, se amaron en cuerpo también, con la torpeza de la inexperiencia, en un intento desesperado, como si aquel acto pudiera evitar lo que sabían inevitable, como si en cada suspiro prometieran todo aquello que no se animaban a pedir a viva voz. Desde esa tarde y hasta el final del año escolar, la intimidad se volvió una necesidad, él adoraba su cuerpo con cada caricia y cada beso, ella se aferraba a él con una entrega casi dolorosa. Ambos intentaban no llorar. Se estaban despidiendo.