ADVERTENCIA: DRAMA. DESCRIPCIÓN EXPLÍCITA E IMPLÍCITA DE VIOLENCIA. ALUSIÓN A TEMAS SENSIBLES. CAPÍTULO LARGUÍSIMO… TENER A MANO CAFÉ Y GALLETAS.

Capítulo 16: EL INTERROGATORIO

"Cuando uno ha estado muerto y ve que la vida regresa, deja de saber quién es."

LOS PATITOS FEOS, Boris Cyrulnik

Draco parecía morderse la mejilla por dentro cuando le pidieron que entregara su varita.

No habían hablado desde su discusión, pero incluso ubicada en el asiento de los oyentes, apenas detrás de Dean, y pocos puestos antes que Blaise Zabini, Hermione podía leer la aflicción en el rostro del rubio, al depositar la mágica extensión de madera, en la mesa que le apuntaron. La misma angustia con que la había puesto a disposición de los aurores para ser examinada, unos días antes.

Aún permaneció varios segundos de pie, con la mandíbula y los puños apretados, antes de dirigirse al estrado. Hermione sabía que debía tomarle mucho esfuerzo volver a estar en aquella situación de desprotección frente a otros.

Como en Azkaban.

Comprendía ahora que, ser privado del uso de magia durante su tiempo en prisión, debió ser la parte más dura de soportar para alguien tan orgulloso de ser mago, como lo era él, y si comparaba lo que sabía de su tiempo cumpliendo condena, con los horrores que había experimentado en la guerra, la ausencia de magia debía ser lo que hizo todo peor para él, al extremo de que sus mayores silencios y verdades a medias, fueran precisamente de ese tiempo.

"Después de la guerra, vino Azkaban".

Aún resonaba en sus recuerdos, el dolor en su voz cuando había pronunciado esas palabras, y Hermione se preguntaba si llegaría el día en que él confiara en ella lo suficiente como para compartir los motivos detrás de ese dolor. ¿O sería que en verdad todo había terminado? La ausencia de respuesta por parte de él a los múltiples mensajes que ella había enviado pidiendo hablar antes del interrogatorio, bien podrían ser un indicio de ello, y Hermione solo esperaba estar en un error.

- ¿Estás bien?- preguntó Harry, sentado junto a ella.

Hermione se limitó a asentir. No había tenido tiempo de hablar con él y, francamente, no estaba preparada para contarle nada de lo ocurrido con Draco. Lo último que necesitaba era reafirmar a su amigo la idea de que el rubio acabaría haciéndole daño.

"No lo vale para mí", las palabras dolían, cada vez que el recuerdo la atormentaba, y Hermione se preguntaba cuánto de esas declaraciones eran reales, y cuánto producto del miedo que claramente tenía el rubio de descubrirse ante ella.

"Puedo tener sexo mediocre en otros lados". Hermione realmente esperaba que fueran producto de lo último, y aún así, el dolor seguía ahí, reverberando en su mente una y otra vez, como un eco destinado a mermar su confianza en que su relación podía avanzar a algo más.

Dean comenzó su interrogatorio con Draco respondiendo tranquilamente, sin despegar sus ojos del moreno. Eran preguntas ya bien conocidas, que daban pie a las mismas descripciones que había hecho tanto tiempo atrás, a Harry y ella, como si se tratara de un discurso aprendido, o un relato que repetía a diario para no dejar escapar más allá de lo que debía ser expuesto, aunque contado de tal forma que Hermione no dejó de estremecerse ante la idea del abuso del poder que hacían los guardias, mientras los jueces y gran parte de los oyentes, conformados principalmente por oídos curiosos que habían atestado como nunca la sala ese día, parecían temblar y hasta indignarse ante cada escena.

Y entonces, Dean hizo la pregunta para la que ella nunca consiguió respuesta, y el corazón de Hermione se detuvo un instante.

- Lord Malfoy, ¿nos podría hablar del episodio ocurrido durante sus últimos días en Azkaban que implicó el uso de una imperdonable?

- No recuerdo ninguno en particular.- fue la espontánea respuesta, y aunque Dean estaba de espaldas a ella, Hermione pudo notar como se tensaba.

Harry a su lado giró a mirarla, igualmente confundido, y ella se limitó a negar con la cabeza. No tenía cómo explicar que nunca pudo hablar el tema con Draco.

- Los registros indican que debió ser asistido por una sanadora, y permanecer en la enfermería al menos dos noches tras ello. ¿No recuerda nada de eso?

- Es difícil llevar la cuenta del tiempo estando ahí dentro.- sonó la voz de Draco.- Puedo hablar de un par de episodios que no recuerdo del todo. Si se pidió o no apoyo a San Mungo, es algo que no podría afirmar.

- Pero, ¿hubo uso de imperdonables en Azkaban?

Draco resopló sonriendo.

- Si. Las hubo.

- ¿Por parte de los guardias o de otros prisioneros?

- Ningún prisionero tenía varita.- expuso, y, conociéndolo, Hermione estaba segura que debía estar conteniéndose de agregar que era un pregunta ridícula.

- ¿Qué hechizo, exactamente?

- La Maldición Cruciatus.- una serie de murmullos recorrió la sala, y hasta un par de jueces parecieron encogerse en su asiento.

- ¿Qué guardias la practicaron?

- Badger, Crane, y Mole. No sé del resto.

- ¿Y Emet Hemlock?

- Entiendo que era a quien se debía depositar el dinero.- dijo con tranquilidad- Pero no recuerdo haber tenido el placer de conocerlo estando ahí dentro.

La mirada de Harry volvió a clavarse en ella, y Hermione sintió su estómago revolverse. Sabía que mentía. Lo sabía incluso con mayor certeza que Harry, porque a ella le había confesado la participación de Hemlock en los maltratos, aunque solo fuera a través de un tibio asentimiento.

Dean, por su parte, parecía más bien frustrado en su intento de conseguir con Malfoy las pruebas que necesitaba, como dejó ver al girarse a ella y apretar los labios, antes de indicar que había terminado su interrogatorio.

- Hermione…- le llegó la voz de Harry a su lado.- ¿Está todo bien?

Ella podía sentir la preocupación en su voz. Ya fuera por ella, o por el resultado del juicio, no estaba segura. Pero se limitó a asentir.

- Hermione, ¿qué fue eso?- preguntó Dean en voz baja, al llegar junto a ellos.

- No lo sé.- mintió, encogiéndose de hombros. Notó como Harry ajustaba los anteojos sobre su nariz, y temió una nueva pregunta, pero la entrada en escena de Viola Buttercup, con su atronadora voz interrumpiendo el silencio que se había producido, llevó a Dean de vuelta a su asiento.

- Lord Malfoy.- dijo la mujer, cuando estuvo frente a Draco, con el desprecio claro en su voz. Media sonrisa burlona se posó en los labios del rubio.- Espero me permita evitar su título mientras sostengamos este interrogatorio. Comprenderá que para algunos esa palabra trae malos recuerdos.

- Estamos de acuerdo en eso, Defensora.

- "Señora Buttercup" estará bien.- lo corrigió la mujer.- Fue el nombre de mi marido. Puede que usted lo recuerde de entre las víctimas de los mortífagos.

Hermione no podía ver el rostro de Buttercup, pero estaba segura de que el desprecio era claro ahí. El de Draco dejaba adivinar bien poco respecto a lo que provocaba en él su clara declaración de odio.

- En su expediente destaca que es usted un Oclumante especialmente virtuoso.- siguió la bruja, pero esta vez dándole la espalda a él y caminando hacia los jueces.- Un talento de familia asumo, considerando la fama de Bellatrix Lestrange, y la que su propia madre adquirió al final de la guerra, tras mentirle al mismísimo señor Oscuro.

- Hubo un momento en que ser Oclumante resultó necesario para mí. Seguro podrá encontrar los motivos de ello en mi expediente.

- Como saben los señores jueces, los expertos en Oclumancia, tienden a ser Legeremantes, por lo que pido desde ahora se solicite al Señor Malfoy abstenerse de hacer uso de dicho arte, mientras dure este interrogatorio.

Los cinco ancianos que hacían de jueces compartieron algunas palabras en voz baja antes de asentir, y Buttercup se giró hacia Draco.

- Me comprometo a no hacer uso de la Legeremancia, Señora Buttercup.- expuso el rubio, con expresión divertida, y Hermione se preguntaba si Draco estaría al tanto de la fama de la mujer, pues le parecía riesgoso provocarla de ese modo.

- Señor Malfoy,- siguió Viola, esta vez acercándose a él.- He oído con atención los treinta minutos de su declaración previa, y debo decir que la historia que nos acaba de contar es digna de un escritor prodigioso.

- Me halagan sus palabras.- media sonrisa curvó los labios de Draco.- Si me decido a publicar algo, le haré llegar una copia.

Un par de risas apagadas recorrieron la sala, antes de que la mujer inclinara su cabeza hacia el lado, con sus verdes ojos fijos en él, e hiciera su siguiente pregunta

- ¿Qué tipo de violencia sufrió al interior de Azkaban, Señor Malfoy?

Draco resopló, ampliando su sonrisa. Era una pregunta esperable, pero innecesaria, luego de las declaraciones en que Dean acababa de ahondar.

- Golpizas, hechizos, tortura con magia y sin magia,- listaba el rubio con aparente aburrimiento, como si todo aquello hubiese ocurrido a otra persona, y no a él mismo.- aislamiento, privación de comidas. Ya sabe.- torció su labio en una mueca sarcástica.- Los mismos benevolentes tratos que acabo de describir a Thomas.

- ¿Alguno que no haya mencionado antes?

- Ausencia de café.- sonrió Draco.

Los ojos de la interrogadora no parecieron afectarse ante la mofa en su respuesta, pero pasaron varios segundos antes de que prosiguiera. Parecía una pausa calculada.

- ¿Se considera usted una persona físicamente atractiva?

- Me han dicho que mi apariencia no es el problema.- Hermione rió por reflejo, recordando sus propias palabras.

Tu apariencia nunca fue el problema, Malfoy.

- Sumado a eso,- siguió Viola.- usted ha aparecido en varias revistas, donde se destaca su aspecto físico, ¿verdad?- Draco agachó la cabeza y dejó escapar una risa mal disimulada.- ¿Qué le parece tan gracioso, Señor Malfoy?

- Usted no me impresiona del tipo que lee "Corazón de bruja".

Una nueva sucesión de risas apagadas recorrió la sala, pero los ojos de Viola Buttercup no cambiaron su expresión. Seguían fríos y calculadores, a unos metros de distancia de Draco, mirándolo como si se tratara de una presa a la que quería destruir.

- Convengamos entonces que usted es objetivamente atractivo, y que además fue uno de los prisioneros más jóvenes en la historia reciente de Azkaban.

- Entiendo que lo era.

La bruja se tomó una pausa, inspeccionándolo, antes de hacer su siguiente pregunta.

- ¿Sufrió violencia sexual, Señor Malfoy?

Hermione clavó sus ojos en el rostro del rubio, al igual que todos los presentes, a sabiendas de que era una pregunta incómoda, que buscaba molestarlo, y que tenía a algunos, como Harry a su lado, conteniendo el aliento y a otros expectantes. Un par de jueces giraron a mirar a Draco con cierto morbo anticipatorio, y Hermione sintió que su propia respiración se contenía, a la espera de una respuesta.

- No.- respondió excepcionalmente tranquilo y ella volvió a respirar.- Aunque la amenaza siempre estuvo presente.

"¿Con qué crees tú que lo amenazaban?", había dicho Flint.

- Usted es bueno con las palabras, Señor Malfoy.- Continuó Viola, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos fijos en Draco, con una expresión que transparentaba algo más profundo que el desprecio.- Los relatos que nos ha dado en la media hora previa, fueron vívidos y contundentes.- la mujer se giró caminando, de cara al mesón de los jueces, dando la espalda a Draco.- Nos ha dejado a todos convencidos de que los funcionarios de Azkaban a los que usted acusa, son capaces de las más viles atrocidades, comparables solo con aquellas ejecutadas no hace mucho por los Mortífagos.- Hermione habría querido ponerse de pie para objetar, cuando entendió lo que la bruja estaba haciendo, pero sabía que aunque Dean lo hiciera, los jueces no pararían el discurso de Viola, no cuando ellos observaban a Draco con el mismo desprecio que ella.- Pero los Mortifagos sí ejercieron violencia sexual, señor Malfoy.

"Me encanta la piel tan suave…", las palabras de Fenrir Greyback, resonaron en su memoria, haciéndola temblar. Durante mucho tiempo, tras la guerra, cuando no soñaba con Bellatrix marcando su brazo, era el aliento de Greyback, y el miedo de lo que pudo pasar, lo que atormentaba sus noches.

- Abusaron tanto de mujeres como de hombres.- siguió la bruja- Especialmente de los guapos y jóvenes, como usted. ¿No estaba al tanto de esas prácticas entre sus compañeros?

- Siento decepcionarla, pero no me llamaban a tomar el té para ponerme al tanto de lo que hacían.

- Entonces, ¿para qué lo llamaban?

- Objeción…- sonó la voz de Dean.- La participación del testigo en la guerra no es el tema en discusión.

Viola Buttercup apretó los labios cuando uno de los jueces le pidió que corrigiera su pregunta.

- Estuviera usted al tanto o no, señor Malfoy, esas prácticas eran habituales durante la guerra, como han sido habituales en cualquier situación en que sádicos ejercen el poder sobre otros.- dio un paso hacia el estrado, sin dejar de mirarlo.- Y usted quiere que creamos que estos funcionarios de Azkaban, que nos describe como seres perversos y equiparables a mortífagos, nunca recurrieron al método más universal de sometimiento. ¿No le parece que es una contradicción?- sonrió- ¿O es que no eran tan malvados como usted nos quiere hacer creer?

- Tal vez yo no les parecía a ellos tan atractivo como a usted.- una nueva ola de risas inundó la sala, y a Hermione le sorprendió lo tranquilo y risueño que lucía Draco, mientras la bruja intentaba invalidar su relato.

- Los guardias lo superaban en número y tenían varitas,- siguió la mujer, sin mostrarse afectada por el comentario previo.- y aún así, dentro de la maldad que usted describe en ellos, ¿tuvieron la decencia de no traspasar esa barrera?

- No necesitaban hacerlo. Bastaba con la amenaza constante de que eso podía ocurrir si no pagaba por mi protección. Era la sensación de estar indefenso la que les daba poder.- Draco se acomodó en el respaldo del asiento.- Supongo que pensaron que, si pasaban de la amenaza a la acción, perderían ese poder.

- Como Mortífago, imagino que usted sabe de eso. De cómo aplicar la presión justa para someter, sin destruir, de modo de mantener su poder sobre otros.- los ojos de la maldita bruja no brillaban con sadismo. No había placer en su pregunta. Era un cuestionamiento ensayado que buscaba una finalidad estrictamente profesional. Hermione se preguntó si eso le permitía a Viola Buttercup dormir más tranquila por las noches.

- El juicio por mis malas decisiones terminó hace un tiempo y ya cumplí mi condena.- Dijo el rubio.- Por lo que no tiene sentido desviar la discusión con eso.

Aparentaba tranquilidad, pero Hermione podía ver, por el modo en que apretaba su mandíbula, que Draco se estaba aferrando a su Oclumancia con dificultad, haciendo todo lo posible para encerrar la ira detrás de las paredes de su mente. Viola lo estaba provocando deliberadamente, como si supiera dónde presionar.

- O sea, que debemos olvidar que fue mortifago.

- No. Pero usted debe recordar que lo que me hicieron a mí, lo están haciendo a otros, que no necesariamente son mortífagos. Tal vez yo lo merecía, señora Buttercup,- expuso, haciendo que los ojos de la Defensora se etrecerraran con desconfianza.- pero ni Theodore Nott, ni otros que puedan estar en su lugar, merecen vivir ese nivel de bestialidad.- algunos rostros dentro del salón asintieron ante eso.- Y mientras usted busca invalidar mi testimonio recurriendo a lo que hay de despreciable en mi pasado, está permitiendo que conductas tanto o más abyectas de las que yo pude tener como mortífago, queden impunes.- Viola había avanzado inconscientemente hasta él, con los ojos fijos en su testigo, como si intentara leerlo.

En opinión de Hermione, los ojos grises de Draco no dejaban traslucir gran cosa, y por varios segundos quedaron fijos en los de la mujer, dando la impresión de una batalla de miradas, que acabó con Buttercup frunciendo el entrecejo, mientras una expresión de sorpresa se apoderaba de su rostro. Solo duró un instante antes que la mujer retomara su expresión impávida y Hermione temió que Draco hubiese aplicado Legeremancia en ella, pese a haberse comprometido a no hacerlo.

Pero la Defensora se mantuvo en su posición, presa de lo que fuera que había ocurrido, cuando Draco terminó de hablar.

- Si va a condenar la monstruosidad,- agregó el rubio, aprovechando la pausa.- le pido que sea consecuente y la condene en todas sus formas.

Más expresiones aprobatorias aparecieron en la sala, y cuando Buttercup se retiró con un "No más preguntas", incluso antes de terminar el tiempo que tenía destinado a su interrogatorio, Hermione supo que todo había salido mejor de lo que esperaba.

-HP-

Draco no giró a mirarla tras bajarse del podio a recuperar su varita, ni en ninguna parte de su camino en dirección a la salida, y Zabini hizo su retiro de la sala de oyentes, al instante siguiente, sin que Hermione tuviera tiempo de reaccionar para seguirlos.

- ¿Realmente estás bien?- preguntó Harry a su lado, y ella se limitó a asentir, no queriendo decir nada para evitar que su amigo hiciera preguntas respecto a la respuesta que Draco nunca respondió, o, peor aún, al claro empeño en evitarla que el rubio había puesto ese día.

Afortunadamente, Dean llegó a su lado comentando el buen impacto que parecía haber tenido la declaración de Draco Malfoy, al punto que la mismísima Viola Buttercup, había pedido retrasar el interrogatorio siguiente.

- Malfoy debe ser el primero que logra dejar callada a esa mujer.- Celebró el moreno, mientras describía los rostros que habían ido colocando los jueces ante cada comentario del rubio.

Fue cuando el nuevo interrogatorio, esta vez a un guardia llamado Rolph Mallard, estaba por comenzar, que Hermione sintió el galeón arder en su bolsillo.

"¿Aún quieres respuestas?", decía el mensaje.

Era difícil saber a través de éste, si se toparía con un Draco más amable que la última vez que estuvieron juntos, pero Hermione sí quería respuestas, por lo que respondió con una afirmación.

Un nuevo texto no tardó en llegar.

" Ven por ellas".

-HP-

Apenas logró excusarse de las declaraciones siguientes, y rechazar con amabilidad el café ofrecido por Harry, Hermione apareció en la puerta del hogar de Draco, donde la Elfa la saludó indicando que el "Amo" la esperaba en su habitación.

Si bien subió las escaleras con el corazón acelerado, ante el desconocimiento del estado anímico con que sería recibida tras la puerta, se concentró en caminar con lentitud y controlar su respiración.

Sabía que su discusión con el rubio, aunque dolorosa, podía ser un avance en la relación de ambos. Un quiebre en la dinámica de secretos no compartidos y silencios incómodos que habían tenido hasta ahora, y Hermione no quería ceder en ello. Quería hacerle ver que una relación basada en la confianza sí era posible, y que ella podía soportar la verdad y apoyarlo con sus fantasmas.

Solo esperaba que su buena disposición fuera suficiente para que él aceptara ese apoyo, en lugar de haberla citado con el solo objeto de terminar todo vínculo entre ambos.

"¿Aún quieres respuestas?"

"Ven por ellas".

No eran las frases más prometedoras, pero eran una oportunidad que ella no pensaba desaprovechar. Quería dar bases sólidas a su relación con él, y la confianza era un requisito para ella. Si él estaba dispuesto a responder sus preguntas, debía ser que también lo entendía así.

La puerta estaba entreabierta cuando ingresó a la habitación, notando de golpe la penumbra provocada por las cortinas que tapaban la luz de la tarde, y las velas alumbrando tibiamente el entorno.

La figura de Draco le llegó nítida desde su ubicación, sentado en el imponente sofá de dos cuerpos, con una camisa negra entreabierta, las mangas corridas hasta los codos, dejando al descubierto la horrenda marca de su antebrazo, y los pies descalzos sobre la alfombra. Sus manos sostenían un vaso en que hacía hondas un líquido ambarino.

Ni siquiera se giró a mirarla cuando ella cerró la puerta tras de sí, pero Hermione estaba preparada para eso, y decidió seguir adelante con su plan de avanzar sin hostilidad, hasta derribar sus barreras. Sabía que cualquier reclamo de su parte, tendría en él el efecto contrario.

"No lo vale para mí".

Las palabras seguían doliendo. Pero presentía que sólo una vez ganada su confianza, tendría la oportunidad de trabajar el respeto mutuo. Y realmente deseaba tener esa oportunidad.

- Dejaste sin palabras a Viola Buttercup- dijo, caminando hasta el sofá, para tomar asiento junto a él. Draco no se resistió, tampoco se movió, pero su mirada siguió perdida en la nada.- Dean pasó una larga media hora celebrándote por ello.- formó una tibia sonrisa en sus labios, buscando mostrarle una buena disposición.- Creo que ganaste un admirador.- agregó, colocando su mano en la rodilla de él.

Los grises ojos de Draco se posaron en esa mano por un instante, y luego viajaron a encontrar sus ojos, como tomando consciencia de su presencia. Tenía los labios entreabiertos, el rostro extrañamente relajado y la mirada transparente.

- La dejé ver.- Dijo de pronto, con una voz grave, ahogada, sin dejar de mirarla.

- ¿Qué cosa?

- Buttercup es Legeremante.- pestañeó tranquilo, como si le hablara del tiempo, y no le estuviera confesando que la bruja a la que había enfrentado esa tarde tenía la misma habilidad que él para indagar la mente de los demás.- Por eso supo que yo también lo era… Y la dejé ver.

Hermione podía sentir en su voz y en su mirada que algo no estaba bien, que ya fuera por efecto del alcohol en su vaso o de la extenuación producida por el interrogatorio, Draco había dejado caer sus barreras, y que lo que fuera que iba a compartir con ella, debía ser doloroso.

- Podía sentirla hurgando en mi cabeza…- sonrió alzando una ceja, como si estuviera complacido de su propia acción.- Solo puse el puto recuerdo ahí.

Por largos segundos él no dijo nada más, y Hermione contempló su perfil, contando al mismo tiempo los latidos de su propio corazón.

- ¿No quieres saber qué es lo que vió?- preguntó de pronto el rubio, y volvió a mirarla, pero esta vez, sus ojos no transmitían nada.

"El chico idiota se acostumbró a levantar los muros cada vez que tiene miedo". Recordó sus palabras.

- Draco, por favor no uses Oclumancia…- susurró ella, sin importar que sonara como un ruego.- Estas conmigo. No necesitas ocultar nada. No cuando estás conmigo.

- Es lo único que me tiene en pie, Granger.- susurró con voz grave.

- Draco…

- Pero eso a ti no te importa.- su labio se torció en una mueca dolorosa.- A tí solo te interesa que responda tus preguntas.

Hermione se inclinó hacia él y colocó sus manos a cada lado de su rostro, haciendo caso omiso de la acusación. Sabía que Draco estaba sufriendo y que no era el momento de reclamarle nada. Era el momento de hacerle ver que podía confiar en ella.

Pero antes de que encontrara las palabras para transmitirle aquello, él volvió a hablar.

- Haz tus preguntas y terminemos con esto.

- ¿Terminar?- sus ojos grises la observaban con una mezcla de tristeza y cansancio, claros en su expresión.- Yo no pienso terminar nada, Draco.

- ¿Quieres tus respuestas, o no?- Rabia. Era rabia lo que asomaba en sus palabras. Pero Hermione no estaba segura contra quien iba dirigida.

- Si. Pero no para terminar nada, sino por el contrario. Quiero saber para entender. No quiero secretos si vamos a hacer que esto- apretó la mano de él con la suya- que esto que hay entre nosotros dure más allá de este juicio. ¿No quieres acaso lo mismo?

Draco resopló, al tiempo que en sus labios se dibujaba una expresión burlona.

- Haz tus preguntas- repitió, dejando caer su cabeza hacia el lado, sin despegar sus ojos de ella, inspeccionando su rostro.- Puedes partir por la duda que te surgió hoy.- Su voz sonaba grave, arrastrada, y triste, lo que incomodó a Hermione en un modo que no habría podido explicar.- Se que te mueres por saber si lo que Buttercup preguntó, ocurrió realmente.- atrapó su labio inferior entre los dientes para dejarlo escapar, lentamente.- Esta vez no voy a mentir.

"¿Sufrio Violencia sexual, Señor Malfoy?".

"Esta vez no voy a mentir".

Hermione contuvo la respiración, y por un tiempo que pareció infinito, no hizo más que sostener su mirada, mientras todo al interior de ella gritaba con horror, comprendiendo de pronto, en el dolor que comenzaba a transparentarse en sus ojos grises, cuál sería su respuesta.

- ¿Ocurrió?- soltó ella al fin, en un hilo de voz, asustada de sus propias palabras, que salieron por su boca sólo porque él parecía querer oír la pregunta.

Draco sonrió de lado, y se liberó del agarre que ella hacía de su mano, para perder su mirada en algún punto inexistente frente a ellos. Tenía el cuerpo inclinado hacia delante, con los dedos apretando el vaso con fuerza, y las piernas flectadas y separadas, para dar apoyo.

Hermione volvió a colocar su mano sobre la rodilla de él, y largos segundos transcurrieron sin que hubiera cambio en su expresión, sin que él cerrara los párpados, sin que ella fuera capaz de respirar siquiera, mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos. Pero quedaron retenidas ahí, cuando él terminó de beber el contenido de su vaso para dejarlo en la mesa, y luego giró a mirarla, y asintió.

Al principio, Hermione se mantuvo en silencio sin saber qué hacer, con el pecho afligido, cuidando de tomar y botar aire en forma lenta e incompleta, para generar el menor ruido posible. Pero en la medida en que los segundos pasaban, sin que él dijera o hiciera nada más que mirarla, ella temía que Draco esperara a que se fuera, que hubiese sido aquello el principio y fin de su confesión, pero no podía ser.

"Haz tus preguntas", había dicho. "Esta vez no voy a mentir".

- ¿Quieres hablar de ello?- sabía bien que no pasó desapercibido para él el temblor en su voz, pero Draco se limitó a forzar una sonrisa triste en su labio y girar su cabeza lejos de ella, con su mirada perdida en una contemplación que no tenía otro objeto más que evitarla.

- No.. -respondió frío.- Pero no estás aquí para respetar mis preferencias, Granger, sino para tener tus respuestas. Y eso es lo que vas a tener.

- Draco…- Habría querido decirle que no era necesario, que entendía ahora que hablar podría reabrir en él la herida que provocaba su dolor, que había sido una torpe en preguntar. ¡Cómo se arrepentía entonces de haber insistido tanto en saber la verdad!

Pero él no le dio tiempo a decir nada, cuando comenzó con su relato.

- Fue días antes de dejar Azkaban.- dijo, haciendo una pausa tras ello en que Hermione lo vio pestañear y humedecer sus labios, antes de seguir- Previo a eso, yo estaba convencido de que era alguien que valía.

- Draco…- intentó interrumpirlo al comprender el curso que tomaban sus palabras, pero él no la dejó.

- Era un sangre pura, heredero de dos familias poderosas, con dinero y poder suficiente para tratar al mundo como escoria.- Una risa triste escapó por sus labios- Incluso después de que esa serpiente y los otros invadieran mi casa, después de toda la mierda que pasó, yo seguía convencido de que valía algo. Terminé por aceptar que no era una buena persona, que había cometido errores y que merecía pagar por ello, pero eso no cambiaba quien yo era. Merecía Azkaban, y los castigos, pero seguía siendo un Malfoy.

Hermione apretó la mano que tenía sobre su rodilla y acercó la otra a su brazo, logrando que su mirada gris se posara ahí un instante, sin rechazarla, antes de retomar su discurso.

- Cuando los otros mortífagos me golpeaban, yo los provocaba para que lo hicieran peor.

"Era como si quisiera que lo golpearan", resonaron en su cabeza las palabras de Dogwood.

- Quería que lo hicieran más fuerte, porque con eso terminaba más rápido de pagar por lo que había hecho, y podía seguir adelante con mi vida. Ansiaba el castigo, como una forma ridícula de redimirme.- Giró la cabeza hacia Hermione, pero sin mirarla.- Sé que para tí eso no tiene lógica, que te parece inútil, pero para mí, era lo único que hacía sentido en ese momento.

Hermione recordaba bien su conversación, y comenzaba a comprender recién entonces, lo que antes no había podido ver en la expresión que su rostro le devolvió ese día. En el dolor que había en sus ojos, mientras ella trataba de ridícula la teoría de redención a la que él se aferraba, sin ella saberlo.

- Al cuarto mes de estar ahí, vinieron a plantearme que si pagaba cierta suma de dinero, ellos me evitarían el maltrato. Me negué a pagar, porque yo quería ese maltrato. - Se mordió los labios con rabia ante el recuerdo.- Pero cuando los otros mortífagos parecieron aburrirse de golpearme, fueron los guardias los que aumentaron la intensidad de sus propios castigos. Y mi negativa a pagar los llevó a optar por una medida más persuasiva.- Una sonrisa triste se coló en sus labios.

No la miraba a ella, sino a la mano de ella depositada en su rodilla, con la ansiedad clara en su rostro. Era evidente que quería tocar esa mano. Hermione sabía que le gustaba el contacto físico, y comprendió que necesitaba asegurar su presencia para poder seguir hablando, por lo que, con su mano derecha cogió la de él, y con su brazo izquierdo envolvió su espalda hasta donde pudo, cuidando de dibujar caricias con sus dedos, y apretar con fuerza. Para su sorpresa, tras unos segundos de duda, y aún en silencio, los dedos de él apretaron de vuelta la mano que lo asía, y se entrelazaron a los de ella.

- Nada pasó la primera vez que me llevaron a las duchas.- siguió de pronto.- Fue solo la advertencia de lo que podía pasar si seguía negándoles el dinero. Así que pagué.- se encogió de hombros, derrotado.- Las primeras sumas no eran grandes. Cada vez que una visita de Blaise estaba cerca, un par de guardias me escoltaba a las duchas, me hacían desnudar y se reían. A veces me golpeaban, en otras se limitaban a hacer comentarios obscenos, y luego me llevaban de regreso.

Draco tomó aire y luego exhaló lentamente antes de seguir.

- Cuando la cifra que pidieron se hizo importante, dijeron que sería el último pago. Que con eso garantizaba su "protección" hasta terminar mi condena, y que no podía venir de mi bóveda, porque era un monto inusual y las cuentas de los prisioneros estaban vigiladas. Por eso pedí a Blaise que hiciera el traspaso desde su cuenta.

Hermione quería preguntar mil cosas, mil detalles que le permitieran acabar con las brechas de la historia que hasta entonces no terminaba de encajar, pero tenía miedo de que cualquier interrupción lo obligara a callar. Temía que el relato de lo ocurrido no pudiera salir completamente, y que eso sería peor para él. Tenía que dejarlo terminar.

- Blaise me lo advirtió. Me dijo que si cedía a una suma así, ya no tendrían motivos para limitar los castigos. Dijo que era el monto máximo que podían pedir a cualquier mago, sin que Gringotts tuviera que reportar el movimiento y debieran dar explicaciones, que si lo habían pedido era porque no esperaban hacer nuevos cobros. Él pensaba que me matarían después de eso. Pero yo sabía que un cadáver les traería problemas. Y respecto a las duchas…- sonrió triste.- Estaba tan acostumbrado a que las amenazas no eran más que eso, que llegué a convencerme de que la idea les asqueaba tanto como a mí, que solo lo hacían para presionarme a pagar. Y pedí a Blaise que pagara.- Hubo una nueva pausa en que no se oían más que sus respiraciones, y cuando volvió a hablar, su voz era más grave que antes- Unos días después, me llevaron a un nuevo paseo.

Hermione sintió los dedos de él intensificar su agarre sobre ella.

- Al principio fue lo mismo de siempre.- siguió.- Pensé que podían haber quedado cortos y que querrían más dinero, lo cual era estúpido, considerando la suma que había sido transferida.- sonrió triste, solo para que su expresión diera paso a una seriedad extrema.- Eran tres de ellos.

Draco apretó los ojos y guardó silencio por un instante lo suficientemente largo para que ella pensara que no quería seguir, que el recuerdo dolía demasiado para hacerlo, pero estaba equivocada.

- Fue cuando invocaron el hechizo silenciador en las puertas, que comprendí que no estaban ahí para conseguir más dinero.- Tomó aire y se mordió los labios.- Comenzaron con la Maldición Cruciatus.- Una risa ahogada escapó por sus labios.- Sus hechizos no eran nada comparado con lo que había soportado con Amycus, y yo no podía dejar de pensar en la cara que habría puesto Bella ante la mediocre forma en que conjuraban su maldición favorita, y comencé a reírme. Eso sólo sirvió para que intensificaran su empeño. Dos de ellos se turnaban ensayando el hechizo, mientras el otro miraba, y llegué a creer que él estaba ahí para evitar que me mataran, lo que, dentro de todo, me daba algo de tranquilidad.- Una nueva pausa hizo a Hermione inclinar su cabeza sobre el hombro de Draco, queriendo recordarle que estaba ahí, atenta a lo que él tuviera que decir, a lo que necesitara compartir.

De algún modo, Hermione quería que él comprendiera que aquello que ocurría entre ambos, había dejado de ser un instante en que ella pudiera saber lo que quería, y había pasado a ser el momento para que él dijera lo que necesitaba decir, y que si tenía que guardar algo aún, ella no lo iba a presionar. Esta vez, respetaría su decisión, si eso era lo que él necesitaba, porque en ese instante, ella no estaba ahí por ella, sino para él.

- No sé si fue producto de que mejoraron su ejecución, o si fue por recibirla tantas veces, pero hubo un punto en que dejé de reírme y comencé a gritar.- parpadeó y luego pasó las manos por sus ojos, como si quisiera evitar que las lágrimas aparecieran- Eso hizo que pararan sus maldiciones, y pensé que había acabado. Que habían tenido su desquite por lo que fuera que hubiera provocado su rabia, y que me llevarían de vuelta.

Hermione contemplaba su perfil en la penumbra, con sus ojos entrecerrados y el cabello colgando por su frente. Sus dientes mordían sus labios, con rabia contenida.

- Pero entonces él tomó su turno.- ella sintió sus dedos apretar los suyos casi al extremo del dolor - Se había mantenido apartado hasta ese momento, pero no estaba ahí para evitar que me mataran. Cuando comenzó a hablar, dejó claro lo que estaba por venir.- Hermione podía sentir sus propias lágrimas correr por sus mejillas mientras lo oía, sin saber qué decir o hacer, limitándose a apretar con más fuerza ahí donde podía tocarlo.- Recuerdo que mis dedos buscaban mi varita. Apretaban el aire en busca de ella, aún sabiendo que no estaba ahí. Que era un mago sin magia, a merced de otro que sí la tenía.- Su mano apretaba y soltaba los dedos de Hermione con fuerza, del mismo modo que en el recuerdo lo hacía sobre un trozo de madera inexistente.- Aún así intenté evitarlo. De verdad que lo hice. A veces me pregunto si podría haber hecho algo distinto para que no ocurriera, pero apenas lanzó su primera maldición, supe que él en verdad quería hacerme daño. Los otros dos estaban ahí por diversión, o por rabia. Pero lo de él era odio, o la maldición no habría dolido tanto. Y la repitió las veces suficientes para que yo no fuera capaz de oponerme a nada.

Las lágrimas que mojaban el rostro de Hermione caían pausadamente sobre la ropa de él, humedeciendo todo a su paso. Pero él no lloraba. En todo su doloroso relato, solo una vez le había parecido a ella que rompería en llanto de un momento a otro, pero ninguna lágrima había escapado por sus ojos, y ella se preguntó cuánto debía haber llorado antes, como para poder contenerse de esa forma.

- Pero no fue eso lo que me quebró…- siguió él de pronto.- Recuerdo lo que hizo, pero no lo sentí realmente. No eso. Todo lo que sentía era la sensación de mil avispas mordiéndome por todos lados, y me concentré, con todas mis fuerzas, en ocluir mi mente para evitar perder la cabeza esa noche. Recordaba lo que había oído de los Longbottom en San Mungo, e ir a parar en una sala junto a ellos, era mi mayor miedo. Aunque eso no evitó que su voz llegara directo a mi cabeza. Estaba tan concentrado en colocar barreras al dolor, que sus palabras no encontraron ninguna resistencia, y lo que dijo… era cierto. Me merecía lo que me estaba haciendo…

- ¡No!- exclamó ella, comprendiendo de pronto sus palabras, y se inclinó a tomar su rostro para girarlo a ella.- ¡No, Draco! No te lo merecías. Tú no…- la rabia y la pena hicieron que las palabras se atascaran en su boca.

Draco movió sus manos hasta tomar las de ella, y se acomodó en el sillón quedando de frente, tan cerca de su rostro, que sus narices se tocaban, y Hermione pudo comprender que lo que sea que ese hombre había dicho, terminó provocando en el alma de Draco una herida tan profunda, que podía adivinarse a través de sus ojos, y se preguntaba cómo no había sido capaz de verlo antes.

- Mientras él…- se detuvo, mordió su labio y volvió a apretar las manos de ella- Mientras ocurría, pensé en ti.- Hermione supo que sus ojos debían haberse abierto por reflejo, y que él lo había notado, pero guardó silencio, para evitar interrumpirlo.- Pensé en que así debías haberte sentido cuando Bellatrix te tenía contra el piso en la Mansión. Incapaz de hacer nada para evitar lo que te estaba pasando a merced de otra persona, de unos sádicos que no eran mejores que tú, pero que tenían la jodida varita en sus manos. Y recordé también que yo no hice nada por ti.

- Draco…

- Hasta entonces siempre había creído que todo lo malo terminaba ahí. Que después de Azkaban podría rehacer mi vida. Asociar mi nombre a algo distinto que el dinero o Voldemort. Pero cuando sus palabras hicieron sentido… ya no había opción de un "después de Azkaban" que me permitiera recobrar mi vida, y ¿sabes por qué hicieron sentido? Porque mientras todo mi cuerpo dolía, cuando él hablaba y buscaba la forma de hacerme sentir como basura, había otros dos magos mirando con asco, pero sin hacer nada por detenerlo. Y me acordé de mí mismo, observando cuando Bella escribía en tu antebrazo con un cuchillo, mientras te torturaba. Y recordé que gritabas, y que yo intentaba convencerme de que no eras la bruja brillante que todos admiraban, sino el ser inferior que Bella decía que eras, y que no valía la pena arriesgar mi vida o la de mis padres por ti.

Hermione recordaba bien la sensación de desprotección, la vergüenza ante la exposición frente a otros en un estado de vulnerabilidad y miseria que generó una cicatriz tan profunda en su alma, que sin importar la victoria, ni los años transcurridos, aún seguía ahí, latente, esperando a verla sumergirse otra vez. Y también lo recordaba a él. Su pálida figura y su cabello plateado, destacando como el único punto de luz distinguible a través de sus lágrimas. Un rostro conocido al que dirigía sus súplicas en forma inconsciente, y que la observaba como cruel testigo de su inmersión en las tinieblas del dolor y de la muerte, mientras el cuchillo de Bella horadaba su piel.

Su mente había racionalizado la historia después de eso, hasta convencerse de que no había nada que él hubiera podido hacer por ella. De ese modo, su inacción dejaba de ser una traición y pasaba a ser un simple hecho, sin un relato que doliera. "No hizo nada porque no podía, no porque me odiara". Atenuar su culpa hizo que doliera menos, hasta que el tiempo, y su propia lucha por sobreponerse a los recuerdos, la llevó a olvidar su pálida imagen entre ellos.

Pero estuvo ahí. Y ahora era él quien sufría por ello.

Cuando Draco retomó su relato, las palabras comenzaron a salir más rápidas por entre sus labios. No lloraba, pero respiraba agitado.

- Convencerme a mí mismo de que no había nada que pudiera hacer por ti, me ayudó a sobrellevar esa culpa durante mucho tiempo. Pero mientras era yo el que estaba en el piso, supe que no necesitaba que alguno de ellos detuviera heroicamente lo que me estaba ocurriendo, Granger. Tampoco esperaba que se arrepintieran por haber tomado parte en ello. Habría bastado con que me miraran con algo de humanidad, en lugar de la indiferencia con que lo hicieron, reafirmando que yo no valía nada. Necesitaba que alguno de ellos me recordara que yo no merecía lo que me estaba pasando. Y me odié, porque yo mismo no fui capaz de mirarte de ese modo. Y por eso, por no haber hecho ni siquiera eso por ti, me merecía lo que estaba pasando.

- No… Nadie merece lo que ellos hicieron. Ni tú, ni yo. Nadie, Draco.- Hermione no supo qué más decir y se inclinó a besarlo, esperando que los besos transmitieran lo que las palabras parecían incapaces de hacerle ver.

Él se dejó besar, pero no participó del beso, y luego apoyó su frente en la de ella, con las manos entrelazadas a las suyas, para seguir hablando.

- Fue eso lo que me quebró…- masculló, como si no la hubiera oído realmente- Había sobrevivido a todo, a las burlas, a las torturas, a los golpes, al encierro… a todo… Pero darme cuenta que no era distinto a ellos, rompió algo dentro de mí. Todas mis defensas cayeron, todo lo que yo era dejó de ser. No era nadie. No valía nada.- Una carcajada triste escapó por sus labios.- Y comencé a rogar, porque ya no importaba realmente. Draco Malfoy se había prometido no volver a rogar después de Voldemort, pero un "Nadie" no tenía ninguna razón para no hacerlo. Era como si, renunciar a cualquier futuro después de eso, me dejara solo con el presente que era ese momento para mí. Y en ese presente, sólo quería que el dolor parara. Así que rogué para que parara. Le dije que le daría más dinero, todo el dinero que quisiera, pero que se detuviera, o que al menos detuviera el dolor. Pero eso solo lo hizo peor.

Draco mordía sus labios con tanta fuerza, que Hermione temía que en cualquier momento brotara sangre.

- Para cuando todo acabó, mi cuerpo no me respondía. No era capaz siquiera de ponerme en pie, y repetía palabras sin mucho sentido. Mi cabeza era un tumulto de recuerdos y muros de oclumancia que me impedían acceder a cualquier pensamiento racional, porque mi cerebro tenía miedo de bajar los muros y caer presa del dolor. Mi mente quería defenderse de una locura permanente, y lo hizo aislándose y dejándome solo… Recuerdo que seguí rogando mucho tiempo más. Recuerdo sus risas. También recuerdo a Crane rompiendo la cámara de Badger cuando intentó tomar una foto.

"Era Budger quien tenía las fotos", había dicho Theodore.

- Badger confiaba en que la vergüenza me impediría decir nada, pero Crane tenía miedo de dejar evidencia. Fue también Crane, quien planteó que habían ido muy lejos conmigo y sugirió llamar a San Mungo e inventar una historia de un intento de escape que explicara el uso de hechizos contra un prisionero.

Draco apretó las manos de ella con fuerza.

- Para cuando la sanadora llegó, habían borrado los rastros que pudieron, y usaron hechizos para camuflar las marcas, pero yo seguía hablando incoherencias y temblando. Pienso que la bruja se hizo una idea de lo que había pasado. No era difícil considerando mi estado, y que apenas la dejé tocarme. Puede que incluso la haya golpeado en el proceso de evitar que lo hiciera…- inclinó la cabeza mordiendo su labio, avergonzado del recuerdo.- Poco a poco, el dolor fue cediendo, pero los espasmos siguieron por horas.

Con sus dedos, comenzó a dibujar círculos en las muñecas de ella. Su mirada fija en las manos entrelazadas.

- Después de ese día, ya nada tenía sentido. Para cuando logré recuperar el control de mi cuerpo, deambulaba como un muerto, si me obligaban a caminar. El resto del tiempo me quedaba en mi celda, sin comer, sin dormir. Recordaba cómo me habían mirado, y me convencía de que era tan miserable como ellos, que todo mi orgullo y mi arrogancia se basaban en una mentira. Que yo era la escoria que todos decían que era.- Inspiró hondo nuevamente, y Hermione inspiró con él, tomando cuenta de que ella en ningún momento había dejado de llorar- Unos días después, mi condena en Azkaban fue transformada y me enviaron a casa. Ahí me enteré que la sanadora había puesto una denuncia.

- ¿Por qué lo negaste todo?

- Porque para entonces, ya había resuelto que no quería a esos malditos en Azkaban, o pagando con encierro por lo que hicieron.- Hermione alzó una ceja sin comprender- En Azkaban, no podría matarlos.

Apretó el agarre que tenía sobre las manos de ella y su miraba indagaba con ansiedad sus ojos, como buscando su reacción ante sus palabras, queriendo leer más allá de sus iris.

- Tuve que esperar todo un año de arresto, vigilado por tantos ojos que era imposible hacer nada. Y lo gasté en planear todas las formas horrorosas de venganza que pude concebir. Nunca le dije a Blaise lo que pasó, aunque pienso que él lo sospechaba, pues hizo lo que pudo por sacarme de ese estado de mierda, sin jamás preguntar nada. En algún momento pareció no poder solo con la carga emocional que se había echado encima, y recurrió a Theo- sonrió.- Él y Theo me ayudaron a conservar la cordura y me hicieron ver que debía volver a ser yo mismo aunque fuera en apariencia. Que lo hiciera por mi madre. Blaise me recordaba a diario que soy lo único que le queda a ella.

El dolor en su voz era palpable. Como si tener que vivir hubiese sido un sacrificio solo llevable por salvar a Narcissa del dolor de una nueva pérdida.

- Al poco andar en esa farsa de aparentar que todo estaba bien, llegué a creer que podía dejar atrás toda esa mierda y darme otra oportunidad. Blaise es un jodido manipulador, y de algún modo me obligaba a sentirme útil. Me emborrachó lo suficiente para que firmara la creación de una empresa con él, solo para que ocupara mis días en algo. Me convenció de pedir perdón a Rosmerta, si eso me hacía sentir mejor, y hasta me acompañó a hacerlo.- Una sonrisa se posó en sus labios- Tú eras la siguiente en mi lista…

- ¿Pensabas pedirme perdón?- él asintió.- ¿Y qué pasó?- sus ojos grises volvieron a oscurecerse, y su mirada se perdió lejos de ella.

- Llegó una nueva carta pidiendo dinero, a cambio de guardar silencio por lo de Rabastan.- mordió sus labios.- Nunca supe si quien envió esa carta era uno de ellos o no, pero antes de abrirla, antes de leerla y saber que no me estaban chantajeando por lo que yo temía, sino por algo muy distinto, el miedo que me invadió reavivó en mí el deseo de destruirlos, y me prometí a mí mismo que lo haría.

Hermione podía comprender la rabia que motivaba el odio en sus ojos, pero aún así la impactó. El odio desnudo, sin sadismos, nacido del dolor, era algo que nunca había visto antes, no realmente.

- Debí haberme sincerado con Blaise,- siguió él- pero temía que si le exponía mi deseo, él buscaría una solución práctica. Yo no quería soluciones prácticas, para mí era personal. Pero cometí el error de involucrar a Theo. Pensé que le sería más fácil conseguir información, sin hacerme preguntas. Y al principio dio resultado. Obtuvimos evidencia comprometedora, que hizo a uno de ellos dejar Londres al día siguiente.

"Badger no desapareció por las razones que ustedes creen", las palabras de Theodore resonaron en su cabeza.

- Crane no alcanzó a esconderse, ni tenía verdaderos motivos para largarse, por lo que me encargué de hacerle ver el dolor que podía causar una maldición cuando era correctamente ejecutada.- sus ojos se clavaron en ella.- Nunca disfruté tanto causar dolor a alguien, Granger. Y espero no tener que volver a sentir algo así, porque ese placer te corrompe de un modo que nada más lo hace. Por eso opté por quitarle sus recuerdos. No solo los que me involucraban a mí. Robé memorias que no buscaban más que hacer daño, el mayor daño posible.

"Quien hizo el Obliviate, cuidó de no dejar vestigios de lo que borró", había dicho Harry.

- Quería matarlo- confesó Draco, con los ojos clavados en ella, como si esperara su reprobación. Pero Hermione puso empeño en transmitir que lo oía sin juzgar.- De verdad quería hacerlo. ¿Sabes por qué no lo hice?- por la expresión de odio que había en sus ojos, Hermione tenía claro que el motivo no había sido conservar la pureza de su alma.- Porque no quería volver a Azkaban, no antes de acabar con Hemlock.

Emet Hemlock… el tercero de ellos, dedujo Hermione y una mezcla de asco y rabia se apoderó de su estómago al recordar cómo el hombre había hablado frente a Draco unas semanas antes, como había posicionado su mano en el hombro de él, fingiendo afecto, y recién ahora que ella conocía la verdad, comprendía el doble sentido de su asqueroso gesto.

"Los monstruos caminan entre nosotros. Y no llevan marcas", las palabras de su padre resonaron en su mente.

- Pero lo ocurrido a los otros dos lo puso en alerta, y antes de poder hacer nada, llegó una foto de un giratiempo en la bóveda de los Nott, y una suma indicando un monto.- torció el labio. La culpa transparente en su expresión.- En ese momento no sabía que Theo hubiese dado con algo importante. Creí que todo era obra de Hemlock, y pensé que podía arreglarlo. Le escribí diciendo que pagaría, pero ya era muy tarde.- exhaló, en medio de una sonrisa triste- Ni siquiera alcancé a advertir a Theo, porque para cuando llegué por él ya se lo habían llevado. Y ahí comprendí que no era solo Azkaban. Hemlock no tiene poder ni conexiones para colocar un giratiempos en una bóveda en Gringotts. Y cuando Zabini rastreó los depósitos nos dimos cuenta que el dinero llegaba incluso al Wizengamot. Entendimos que no teníamos más opción que pagar lo que nos pidieran y esperar a que todo acabara en seis meses.

En ese punto, sus ojos se clavaron en ella, y una sonrisa triste se coló en sus labios, antes de seguir.

- Y entonces llegaste tú.-dijo- La persona a la que menos tendría que haberle importado nada de esto, diciendo que era una injusticia y que harías algo al respecto.- Hermione pestañeo un par de veces, sin saber qué decir- ¿Sabes lo jodidamente admirable que eres, Granger? Incluso en Hogwarts siempre lo fuiste, y créeme que te odiaba por ello. De haber sabido entonces que acabaría enamorado de ti, habría intentado comportarme mejor.

"Enamorado de ti".

Hermione apenas pudo contener su emoción ante lo que había sido declarado.

- No. No lo habrías hecho.- expuso, ocultando el efecto que tuvo en ella su confesión- Me habrías tratado incluso peor creyendo que con eso podrías evitarlo- sonrió, haciendo que él también sonriera de verdad por primera vez desde que había iniciado su relato. Pero su expresión cambió de pronto.

- Lamento no haber hecho nada por ti.

- No había nada que…

- ¿Me perdonas?

- No tengo nada que perdonarte, Draco.

- ¡Tan jodidamente admirable!- sonrió mordiendo sus labios.- Pero yo no logro perdonarme. Porque para perdonarme a mí, tendría que perdonarlos a ellos. Y no puedo.

- Por supuesto que puedes, Draco. Si yo puedo perdonarte tú también debes hacerlo. ¿No es suficiente ya todo lo que has pasado?.

Hermione no fue consciente del efecto que tuvieron sus palabras en él hasta que se produjo el cambio en la expresión del rubio, donde la rabia, ahora mezclada con tristeza, le devolvía una expresión molesta, mientras se colocaba de pie en dirección al vaso de cristal olvidado, para llenarlo otra vez, sin que ella supiera qué decir o hacer para enmendar el tono mortificado de su última pregunta, que él parecía haber interpretado como lástima.

Pero no era lástima. La lástima era demasiado cercana al desprecio, y lo que ella sentía por él era todo lo contrario. Nunca había estado tan segura de ello como lo estaba entonces.

- Ya tienes tus respuestas.- expuso él, con su voz grave y fría, antes de dar un trago a su vaso, y dejarlo nuevamente en la mesa, pero sin soltarlo, y sin mirarla.

- Si… las tengo.

- No es necesario que te quedes.- murmuró, girándose a ella con el licor firmemente sostenido entre sus dedos, y su mirada gris transformada en dos témpanos de hielo.

- ¿Crees que ahora que al fin entiendo todo, voy a querer alejarme de ti?- intentó parecer más calmada de lo que estaba, cuidando de reflejar la fuerza de su sinceridad en su voz.

- No quiero tu compasión, Granger.

- ¿Compasión?- Hermione se puso de pie, lentamente, caminando hacia él.-¿Tú crees que esto es compasión?- colocó sus manos a ambos lados de su rostro, esperando por su reacción. Por un instante, sus ojos no transmitieron otra cosa que su ira, mezclada con dolor, e incluso miedo. Pero cuando un atisbo de expectación asomó en ellos, Hermione supo que era el momento de explicarle, de hacerle ver, que lo que ella sentía por él no tenía nada que ver con lo que él creía.- Antes, mucho antes de todo esto, lo que sentía por ti era algo similar a la lástima, porque eras un niño mimado, preso de un sin fin de ideas preconcebidas, y circunstancias desafortunadas, e incapaz de romper las cadenas que te obligaban a hacer el mandado de otros, aunque claramente no tuvieras el estómago para hacerlo. Eso era lástima, Draco. Pero ahora…- sonrió, sintiendo como el rostro de él se relajaba contra las palmas de sus manos.- Desde el día que sacaste a Theo de Azkaban, supe que no eras el mismo. No supe ver en ese momento qué había cambiado, pero sabía que ya no eras el mismo.- los ojos del rubio se entrecerraron, y lo sintió tensarse otra vez.

- Ahora lo sabes.

- Sí, ahora lo sé. Y no tiene nada que ver con la lástima que tú crees. Lo presentía de antes, pero no sabía, hasta ahora, por qué me siento atraída por ti.

Poco a poco, retiró las manos de su rostro, y con sus dedos, corrió la manga de su propia blusa hasta exponer su antebrazo. Y fue con la otra mano hasta girar la cara interna de su brazo, haciendo que la marca tenebrosa corrompida con la "T" de los traidores, y las cicatrices de la palabra sangresucia, estuvieran una al lado de la otra.

- Ambos somos sobrevivientes, Draco.- siguió- Cada uno ha enfrentado a sus propios demonios, pero hemos sobrevivido. De algún modo debimos haber reconocido eso el uno en el otro.

- O sea que,- una sonrisa triste se posó en sus labios.- no es mi "objetiva" belleza lo que te atrajo de mí.- Era una clara alusión al discurso de Buttercup, del que se burlaba.

- No… Y claramente, no fue mi aspecto lo que te atrajo de mí.- Draco separó los labios, al parecer dispuesto a decir algo para contradecirla, pero ella lo interrumpió, con un reclamo que dejó su boca incluso antes de que se decidiera a dejarlo salir- Como tampoco fue el "sexo mediocre" lo que te mantuvo conmigo. Así que debe ser algo más.

- No es mediocre.- la corrigió él, entendiendo el dolor detrás de sus palabras.- Nunca fue mediocre. Yo…- se detuvo, con el remordimiento claro en su rostro.- Recurro a la ofensa cuando tengo miedo. Y Granger, estaba aterrado cuando dije eso.

- ¿Por qué?

- Temía perder esto… Lo que sea que esto sea.

- Eso no tiene mucha lógica, Draco.

- Dije que recurro a la ofensa, no que pensara en consecuencias o que fuera lógico.- alzó las cejas en el centro y torció el labio en señal de disculpa.- No es mediocre.- tomó su rostro entre sus manos y la besó con fuerza.- ¿Crees que desearía besarte o tocarte constantemente, si el sexo fuera mediocre?- Volvió a besarla, hasta que ella dejó de tensarse entre sus brazos y se dejó besar por él.

Sentir el sabor del licor de la boca de él dentro de su boca, con su lengua recorriendo cada rincón de ella con la misma vehemencia de la primera vez, la hizo ceder al impulso de abrazarlo, con sus manos, con sus brazos, con sus piernas incluso, y dejarse llevar por los largos segundos que duró el beso.

Pero fue ella quien interrumpió su avance.

- ¿Vamos a darle una oportunidad entonces, a lo que sea que esto sea?- preguntó de pronto. Necesitaba su respuesta.

- Mientras dure.- expuso él, sin dejar de acariciarla con sus dedos, pero con una triste expresión en su rostro, que acabó por incomodarla.

- ¿Mientras dure? ¿Ya le pusiste una fecha de término?- el silencio de parte de él fue suficiente respuesta para entender que había algo más, algo que tal vez había pasado por alto.- Draco…

- Podemos aprovechar mientras dure, y créeme que quiero aprovechar cada segundo,- dijo él, apretando el rostro de ella entre sus manos, y uniendo su frente a la de ella.- Pero si no quieres que mienta no me hagas decir que va a durar.

- Draco…

- Paso las noches planeando cómo hacerles daño, Granger.- explicó, ante los horrorizados ojos de ella, lo que al parecer acabó por asustarlo, porque comenzó a respirar acelerado y se alejó de ella, retrocediendo, y mirando lejos de sus ojos- Constantemente imagino cómo hacer algo más que asustar a uno y desmemoriar a otro. Y a Hemlock, lo quiero muerto.

Lo va a matar…

- Solo necesito poner a salvo a Theo para acabar con…

Hermione no lo dejó terminar. Fue ella quien tomó su rostro entre sus manos esta vez, apretando con fuerza, y obligándolo a mirarla.

- Hemlock tiene que enfrentar la justicia, Draco.- expuso, intentando imprimir en sus palabras toda la convicción que podía colocar ahí. Rogando por convencerlo.- Esos monstruos tienen que pagar por lo que hicieron, pero a través de la justicia. No voy a dejar que seas tú el que manche sus manos por hacerlos pagar. ¿Me entiendes? Tú y yo, haremos que paguen, pero no a costa de tu libertad.- lo besó con fuerza, con rabia, con cierta desesperación.- Necesito que confíes en mí.- susurró sobre su boca.- Para que esto, lo que tenemos, dure más allá del juicio, más allá de la fecha ridícula que te hayas puesto para acabar con todo. Necesito que confíes en mí.

Los ojos de Draco seguían grises, transparentes, sin ocultar nada. Sin guardarse nada. Y mientras Hermione volvía a unir sus labios, esperaba que él creyera en ella y en lo que había dicho. Y besó su boca hasta lograr que él respondiera a sus besos, y a sus caricias, y a su roce, y a algo poderoso que los unía y que iba más allá de sus cuerpos.

-HP-

No fue hasta horas más tarde, cuando la desnuda figura de Draco envolvía la de ella, en un modo posesivo e íntimo, tras haberse saciado el uno en el otro, que Hermione comprendió, con cierto horror, que él nunca dijo que aceptaba renunciar a su venganza.

-Fin del capitulo-

Quedo atenta a sus Maldiciones…

Alex.

PS: Este capítulo estaba programado para una semana más… pero me sentía con un dolor en el pecho mientras no quedara expuesto en palabras, así que aquí está.

Ahora a intentar avanzar hacia la luz…

PPS: Agradecimientos a YokoPicasso9 por esta frase:

"Un ser humano reparado es más bonito que uno que no sufrió nada".

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