Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
Thank you CaraNo for allowing us to share this amazing story in Spanish.
11—FORKS EN SEPTIEMBRE
Decir que Emmett y Edward estaban más tiesos que una tabla cuando Rose y yo tomamos asiento junto a ellos en la mesa del comedor…bueno, sería el eufemismo del año.
Rose y yo no les mostramos misericordia.
Las miradas furiosas eran íntegras siempre que los atrapábamos mirándonos, y Esme se pasó la cena soltando risitas junto con Tanya, que había sido informada.
Fue divertido.
"¿Puedo hablar contigo después de la cena, Bella?" Susurró Edward.
"No," respondí cortante al cortar el rico bistec.
De verdad, estaba delicioso.
Hice sonidos de que estaba delicioso, para algo extra.
"Mmmm," dije. Es una palabra, ¿cierto?
"¿Por favor?" Whistler intentó de nuevo.
Solté una risita en mi interior.
Esto era de lo que Esme hablaba. Las mujeres sí tenían algo de poder.
"Vete al diablo," le susurré, sonriendo con inocencia antes de volver a mi comida.
"Maravilloso," lo escuché murmurar antes de beber su cerveza.
O stout… como sea. Esta no era negra, así que tal vez era cerveza.
En fin, la cena estuvo… entretenida. Sonrisas de aprobación venían de Esme y Tanya. Sonrisas tristes fueron enviadas a los chicos por Carlisle y Garrett.
Y hubo cejas arqueadas de Esme y Tanya cuando Edward y Emmett suplicaron con sus ojos por ayuda.
Sufre, cabrón, sufre… sexy cabrón…
Algo está mal conmigo, lo juro.
"¿Qué les parece algo de aire fresco, señoritas?" Tanya sugirió después de la cena.
"Suena genial," respondí gustosamente, poniéndome de pie.
"Por supuesto." Rose sonrió.
"En realidad, uh, Rose… ¿Podríamos hablar?" Emmett le preguntó.
Mirando por encima de su hombro, ella dijo, "Ve a joder a un gnomo. Hazlo irlandés."
Bien. Muy bien.
"Excelente," escuché a Emmett decir con un suspiro cuando salíamos.
Apenas logramos llegar a los escalones del porche antes que todas estalláramos en carcajadas.
"¡Hazlo irlandés!" Me eché a reír.
"Eso fue astuto, Allanah," Tanya dijo con una risita.
"Simplemente perfecto," Esme concordó.
"Vaya, gracias." Rose sonrió con dulzura, e incluso hizo una reverencia.
"Y vaya que las atrapé, cariños," escuchamos que dijo una voz detrás de nosotros.
Dándonos la vuelta, vimos… a Alec. Sonriendo, frotando sus manos. El chico tenía un plan.
"Alec, querido," dijo Esme, sonriendo inocentemente. "¿De qué hablas?"
"Se están burlando, ¿eh? A expensas de los chicos," acusó juguetonamente mientras se acercaba a nosotros. "Y verán, ahora me pregunto qué voy a hacer con esa pizca de información."
Va a chantajearnos, ese guapo diablillo.
"Bien, basta de tonterías, querido," Esme dijo con un suspiro. "¿Qué podemos darte por tu silencio?"
Él lo pensó. Jugueteando con su navaja de bolsillo, frotándose la barbilla y todo.
"Bueno, va a costarles. Se supone que le debo contar al jefe," dijo deliberadamente.
Consideré que esa era mi entrada.
"¿Pero no harías una excepción por mí, guapo?" Le pregunté con dulzura. "Soy la futura esposa de Edward después de todo."
Esme y Tanya me dieron grandes sonrisas de aprobación, y esperaba que esto funcionara, porque era divertido tomarle el pelo a Edward y a Emmett.
Muy divertido.
"¿Sabes qué, Tush? Tienes toda la razón. Eres la futura esposa de Edward." Alec sonrió. "Y me siento jodidamente honrado de tener una chica tan linda como tú en mi familia."
Sentí que venía un 'pero'…
"Pero…"
Sip, ahí está.
"Soy leal a mi jefe, cariño."
Maldición, amo a ese niño.
En serio, eso fue lo primero que pensé. Verlo leal, incluso en esta divertida situación. Hizo que me llenara de orgullo.
"Hasta luego, damas," dijo entonces, inclinando ligeramente su fedora antes de volver a entrar.
"Bueno, joder."
Sí, um, esa en realidad fue Esme. Bufando.
Pero lo único en lo que yo pensaba era en Edward. Quería seguir a Alec, ver si iba a delatarnos. Y más importante, quería ver que lo hiciera, porque… no lo sé.
Pero por alguna razón, me cansé de jugar.
Así que, me fui. Y seguí a Alec a la sala donde estaban sentados Edward y Emmett.
"¿Qué pasa, cachorro?" Edward le sonrió al chico antes de notar que yo estaba ahí.
Cuando lo hizo, de inmediato pasó a la tristeza y la preocupación.
Me conmovió.
Y… mierda, solo quería verlo feliz. Quería hacerlo feliz.
Dios, ¿de dónde salía todo esto?
"De hecho, Alec, ¿te importaría si yo…?" Mi voz se apagó, y mis ojos nunca dejaron a Edward.
"¡Por supuesto que no, Tush! Vamos, Em, dejemos solos a la pareja feliz, ¿eh? Y estoy seguro que Sweet Cheeks quiere hablar contigo," dijo Alec con confianza.
Jodidamente confundido, Emmett aceptó, y me sonrió cortésmente cuando él y Alec nos dejaron solos en la sala.
"¿Dónde están los otros?" Pregunté en voz baja una vez que estuvimos solos.
Él me estudiaba de nuevo, y muy probablemente se preguntaba cuando le arrojaría la siguiente bomba.
"Se están acomodando en otra habitación," respondió, señalando con su pulgar por encima de su hombro en dirección de la sala donde sabía que tenían un gran piano.
Asentí, me acerqué donde estaba Edward y me senté junto a él.
Sí, estaba aprehensivo… confundido.
"No estoy enojada contigo," le dije bajito, colocando mi mano en su muslo. "Esme nos contó todo… bueno, es probable que no todo, pero mucho… sobre ti… Emmett y Carlisle."
No respondió. Solo miró a la mano que tenía sobre su muslo… mientras procesaba lo que había dicho.
De modo que continué. "Tú y tu hermano son unos completos bastardos por hacer lo que hacen," murmuré, sacudiendo mi cabeza al recordar las cosas que Esme nos contó. "Pero tú eres más que eso… Tu trabajo…no es todo lo que eres."
Él seguía callado, pero estaba pasando saliva pesadamente… respirando con dificultad, y me observaba con atención… tal vez buscando señales de que le estaba mintiendo.
Pero no lo estoy haciendo.
"Sé que sus intenciones son buenas con los teléfonos," agregué. "Es solo que es mucho para mí con lo que lidiar… pero al menos Esme nos hizo comprenderlos mejor."
"No estoy enojada," le imploré en voz baja cuando aún no había hablado. "No respeto lo que haces… y una parte de mí no lo comprende… pero… eres mucho más que eso," repetí. "Todos tenemos defectos, y supongo… que estoy lista a pasar por alto los tuyos."
Listo. Lo dije.
"Estoy siendo honesta," terminé de decir, apretando suavemente su muslo en énfasis.
Estremeciéndose con un profundo suspiro, parecía seguir procesando lo que le dije, pero pude ver… literalmente, cómo empezaba a relajarse. Y sus hombros no cayeron, pero… pude ver que desaparecía la tensión en ellos, en él… y su postura quedó menos tensa.
"Entonces, ¿tú no… me odias?" Preguntó muy bajito.
Apoyando mi cabeza en su brazo, respondí con sinceridad. "No… tú y tu maldita personalidad lo hacen imposible."
Tu divina apariencia y gloriosa sonrisa también ayudaron. En serio, maldita sonrisa. Poniéndome toda cursi y esa mierda.
Aunque no le dije eso. No es necesario inflar su ego. Al menos, aún no.
"Gracias," susurró, y luego sentí que dejó un beso en la cima de mi cabeza.
Se sintió bien. Muy bien.
Por último, le dije, "Aunque no quiero ser parte nunca de lo que tú y Emmett hacen… aun así quiero saber qué es lo que hacen… porque quiero saber en qué se están metiendo, ¿de acuerdo?"
Dudo que supiera por qué quería saber eso, con todo, es lo que quiero.
Simplemente porque sé que me preocuparé siempre que esté… trabajando. Y me estaré cagando del miedo pensando en que van a atraparlo.
Esa revelación realmente me asusta, no obstante, lo admito.
Edward asintió contra mi sien. "Comprendo. Y me aseguraré de hablar contigo antes… de que algo pase."
Tomó mi mano, la que había estado en su muslo, y la llevó a su boca… besándola… con reverencia. Y lo sentí. Sentí que él sentía mucho por mí.
Era importante.
Porque también estaba empezando a sentir… algo… por él. Mucho más de lo que alguna vez creí posible.
"Lo siento," murmuró, con sus labios todavía en mis nudillos. "Lamento… arrastrarte a esto."
"Olvídalo," respondí… con sinceridad. "Viviré con ello, Edward."
"Justo como Esme lo hace con Carlisle," agregué, sonriendo contra su bíceps.
Sentí su risa silenciosa mientras volvía a bajar nuestras manos a su muslo.
"Todos tenemos defectos, ¿eh?" Murmuró bajito. "Empiezo a preguntarme si alguna vez voy a ver un defecto en ti, Bella Swan."
Jesús, este hombre y sus palabras…
"Es momento de usar mi sarcasmo." Sonreí, mirándolo. "Tal vez mi defecto es que me estoy encariñando de tu trasero criminal."
Dios, la sonrisa que me dio… juro que me calentó más que el sol.
También me dejó consciente de nuestra proximidad, y mientras lo observaba, mirándome con tanta ternura, mis ojos descendieron ligeramente… ahí… sí, lo deseaba…eso... quería que me…
Besara.
Él hizo lo mismo, sus ojos descendieron… y la tensión aumentó.
Se volvió pesada. Su sonrisa desapareció, remplazada por… bueno, en él fue… deseo, aprehensión… control, pero también se veía resignado, sin pensar nunca en que en realidad lo desearía.
Pero lo deseaba. Lo deseo.
Sí.
"Edward," susurré. Tragando con fuerza antes de… asentir… una vez. Para darle permiso. Porque realmente lo deseaba. Podía sentirlo con cada fibra de mi ser.
Estaba preparada para eso.
Se estremeció cuando comprendió lo que quise decir, y trataba desesperadamente de entenderme, con una marcada arruga entre sus cejas, mientras él… Dios, se lamía los labios… y yo hice lo mismo… por reflejo, al verlo hacerlo.
"Sí," dije entre mi aliento mientras él veía mi boca.
Poco a poco, se agachó, acercando su boca y cerré los ojos, sintiendo que todo mi ser simplemente… se incendiaba… y entonces, muy tiernamente, sentí sus labios sobre los míos. Primero una suave presión… sin moverse, pero yo aún lo deseaba, a él. Lo deseaba a él. Así que, agregué presión, sintiendo un intenso cosquilleo en mis labios, y creo que lo dos lo sentimos… y que ambos respiramos con mayor dificultad cuando nuestras bocas comenzaron a moverse una contra la otra, con cuidado, lentamente…
No fue suficiente.
Levantando mi mano, la coloqué a un lado de su cuello. Se estremeció y yo también, y abrí mis labios… desesperada por humedecer mi labio, y para sentirlo. Y lo comprendió, abriendo también sus labios y Dios, no había forma de describirlo… esa sensación, que experimenté… cuando nuestras lenguas se encontraron. Primero solo las puntas, de forma suave y lenta, luego más. Fue intenso. Malditamente intenso, y me hizo temblar… una y otra vez. Aún más cuando finalmente se hizo más osado y comenzó a besarme como es debido, dejando atrás su aprehensión, comprendiendo que yo realmente deseaba esto. Y Jesús, cuando su mano, su brazo rodeó mi cintura… creí que entraría en combustión.
Sabía delicioso, y era todo él. Whiskey, humo, menta.
"Edward," lloriqueé en su boca, al mismo tiempo que mis manos encontraron su cuello… y su cabello. Su lengua se deslizó en la mía, y todo me encantó.
"Mierda." Se estremeció, rompiendo nuestro beso, dejándonos jadeando a ambos con nuestras frentes tocándose. "Si no me detengo ahora… Cristo, princesa…"
Comprendí a lo que se refería, sobre todo cuando nuestros ojos se encontraron.
Sus ojos estaban muy oscuros… llenos de deseo.
Como lo estaban los míos, estaba segura de ello.
Sonreí, abrumada por la alegría, porque deseaba al hombre con el que iba a casarme. Y me sentí confiada de que esto funcionaría. De algún modo, en cierta forma, este bastardo irlandés llegó a mí. Se introdujo bajo mi piel. Y no se iría.
Edward también sonrió, como si hubiera ganado la lotería.
"Creo que acabas de hacerme el hombre más afortunado que existe," susurró.
Y sabía… que no solo lo dijo en serio, sino que… estaba hablando de que yo lo aceptara… y no solo porque nos habíamos besado.
Sin embargo, eso no quería decir que no quería tomarle el pelo.
"¿Porque acabas de llegar a primera base?" Solté una suave risita.
Me dio una sonrisa boba antes de gemir al mismo tiempo que cerraba los ojos, enterrando su rostro en mi hombro, para que no pudiera ver su rostro.
Me sentí cálida, cariñosa y estupenda.
"Tenías que mencionar eso, ¿eh?" Se rio entre dientes antes de besar la piel de mi hombro.
"Por supuesto," me eché a reír, encantada que no hubiera incomodidad.
Encantada también de que mi primer beso hubiera sido… bueno, para ser sincera; fanputástico.
"Pero algo apropiado, ¿no crees?" Murmuré. "Que nuestro primer beso sea en nuestra fiesta de compromiso."
Murmuró contra mi hombro, besándolo una vez más antes de mirarme… y una vez más, llevó mi mano a sus labios.
"Me estás convirtiendo en un maldito bobo, Bella." Sonrió contra mi mano. "Y será mejor que pongas algunas reglas básicas, porque…" Su voz se apagó, suspirando mientras bajaba mi mano… "Va a ser imposible para mí no querer más."
Eso realmente me emocionó.
Él todavía me respetaba mucho, y aún estaba consciente que no todo era perfecto solo porque hubiésemos llevado las cosas a otro nivel.
Pero no quería volver atrás, retroceder o nada parecido… y ahora que lo había besado… también estaba segura que quería más, pero estaba agradecida que él todavía me dejara esa decisión a mí.
"Siéntete libre de besarme en privado." Sonreí con timidez. "Cuando quieras."
Eso me hizo merecedora de otra sonrisa de su parte que decía 'Acabo-de-ganar-la-lotería'.
Maldita sea, ¿cómo me hacía sentir tan deseada?
Tal vez porque él realmente me desea, una pequeña voz respondió.
Y tal vez, he empezado a desearlo también. Completamente.
Asintió entonces, y me guiñó un ojo. "Siéntete libre de besarme… cuando quieras. Punto."
Me sonrojé. No fue sorpresa.
"Malditamente hermosa," murmuró, acariciando mi mejilla.
"Y el señor sabe que quiero más… privacidad." Sonrió, incluso meneando sus cejas, lo que me hizo soltar una risita. "Pero tengo mierdas qué hacer en este momento… Verás, tengo algo planeado para mi futura esposa."
"¿Oh?" Me reí entre dientes.
"Mmm." Asintió rotundamente. "Vamos a tocar para ti esta noche… si quieres."
¿Si quiero?
Creo que mi sonrisa emocionada y que asintiera frenéticamente fue respuesta suficiente, pero solo en caso que no lo fuera…
"Claro que quiero." Sonreí, ilusionada de verlo tocar.
"Te está gustando el silbato de estaño, ¿eh?"
Pero él también estaba encantado.
Era cada vez más fácil descifrar a Edward Ryan Cullen, y era jodidamente seguro que me iluminaba como un árbol de Navidad siempre que veía lo mucho que me adoraba.
"En realidad, sí." Asentí. "Tú, Emmett y Alec, claramente han hecho que me enamore de la música irlandesa…" Además, te ves malditamente sexy cuando tocas.
"Joder sí," se echó a reír resoplando por su nariz. "Entonces, la música irlandesa y el Baileys por ahora, ¿eh?"
Y un chico irlandés, agregué en silencio.
"Sip."
"Bueno, entonces no vamos a dejarte con las ganas." Me guiñó un ojo. "¿Vamos?"
Sí, por favor.
Tomé la mano que me ofrecía, y nos pusimos de pie para unirnos a los otros en el salón de música, pero… me detuvo antes que dejáramos la sala.
"Solo porque dijiste que podía," dijo antes de tomar mi rostro entre sus manos.
Y me volvió a besar. De forma casta, con la boca cerrada, pero sin titubear.
Me encantó. La parte en la que no hubo titubeo, quise decir.
"Ahora podemos irnos," murmuró contra mis labios antes de enderezarse.
O podríamos quedarnos aquí…
Pero entonces me sacó de la habitación, así que supongo que no.
Cuando llegamos al salón de música, que prácticamente era otra sala pero tenía un piano de cola, y otros instrumentos en la pared, lo primero que noté fue que Emmett y Rose estaban sentados juntos.
Tomados de la mano.
Sip, también habían hablado.
"Oh, así que ya terminaron de besuquearse, ¿eh?" Alec sonrió con suficiencia… lo que hizo que todos nos miraran, por supuesto.
Él no podría saber lo que habíamos hecho, pero mi sonrojo vaya que delató esa mierda.
Excelente.
"Vamos, hermosa." Edward sonrió contra mi sien.
Nos condujo hacia el sofá de dos plazas, e intenté ignorar las miradas, sobre todo las de Esme y Tanya.
"¿Ya decidiste, hijo?" Carlisle le preguntó a Edward.
"Sip, vamos a tocar," respondió Edward cuando nos sentamos.
Me concentré más en ignorar las miradas curiosas de Rose que a lo que Alec había dicho. Y sabía lo que se estaba preguntando.
Habría charla de chicas más tarde, créeme.
Pero ahora quería ver a mi Edwar—
Ahora quería ver tocar a Edward.
Cristo.
"¿Qué va a ser primero, cielo?" Esme preguntó del otro lado de la habitación. "¿Los regalos o tocar?"
"Bella tiene una aversión a los regalos." Whistler dijo con una risita. "Así que, creo que deberíamos lidiar con los regalos para terminar con eso."
Le di un puñetazo en el brazo, pero eso solo hizo que él y todos los demás cabrones en la habitación se echaran a reír.
Pero sí, lidiamos primero con los regalos… y… ¡demonios!
Recibí un coche.
De Edward y Elizabeth Masen.
Un Porsche Cayenne, negro con los cristales tintados. Y todos los gastos pagados para conseguir mi licencia de manejo, por Carlisle y Esme.
También un hermoso anillo Claddagh, para mi meñique. Haciéndome sentir que pertenecía. Y Edward besó el dedo… haciéndome sentir… adorada.
Alec, ese niño, él me dio una navaja de bolsillo de Tyffany's, y recuerdo que Rose había recibido una ayer, pero simplemente eran tantos regalos que no pensé en ello.
Pero ahora… Jesús, un niño me dio una navaja.
Pero la cosa es… que joder, amo esa mierda. Es muy genial, y dice 'Tush' en el dorso. Él me guiñó un ojo cuando los míos se llenaron de lágrimas, porque soy una maniática hormonal, y Edward miró a Alec con el ceño fruncido porque Alec está… dentro de mí. Con dentro quiero decir to-tal-men-te aceptado. Y amado.
Había montones de regalos para Edward y para mí, pero como me di cuenta ayer, los regalos estaban centrados en la recién llegada a la familia, es decir en mí, en este caso.
Había un tema, y de haber prestado atención ayer a lo que recibió Rose, tal vez ya sabría lo que iba a recibir, porque como a Rose, Kate e Irina me dieron una bolsa Burberry, llena con cosas para todos los días; una cartera a juego, un espejo de bolsillo, maquillaje de Dior, un encendedor zippo de Tiffany's… No, está gente no puede comprar cosas ordinarias. Tiene que costar un brazo, al menos. Y cuando tomamos un descanso, para ya saben, tomar ese aire fresco que todos están anhelando, Edward intentó y falló en ser sutil al llenar mi cartera.
"No te estoy pidiendo que utilices la tarjeta o el efectivo. Te lo digo," dijo. Y luego agregó, "No quiero que te falte nada."
Emmett había hecho lo mismo ayer con Rose, pero me lo había perdido… porque estaba distraída comiéndome a mi prometido con los ojos, pero ella se acercó con un cigarrillo colgando de sus labios rojos, diciendo que Emmett le había dado anoche la misma tarjeta negra.
Pero lo que yo noté… y que Rose había notado ayer… fue que decía Isabella Marie Cullen en la tarjeta… justo como en la suya decía Rosalie Lillian Cullen. Y los chicos explicaron con timidez que pensaron, ya saben… que no faltaba mucho.
Para que ese fuera nuestro nombre.
Y no sentí nada negativo. Pude ver que Rose tampoco se sintió mal.
Las cosas estaban mejorando.
Era el momento de que aceptara esto y me centrara en la gente que realmente se interesaba por mí.
"Ya es hora de que metan sus traseros," anunció Alec entonces.
