Plan de acción

Llovía, sin duda, como si el fin del mundo se acercara; como si el cielo se estuviera cayendo en pedazos. Los relámpagos iluminaba el camino por pocos segundos y las gotas de agua golpeteaban sin compasión.

Los caminantes tontos libraban una lucha campal contra el ente invisible que era el viento, el cual intentaba arrancarles sus capas, para luego mandarlo volar.

Alguien alguna vez escribió que el universo conspira a favor de nuestros propósitos; el propósito de esos dos era llegar a, lo que ellos consideraban, su casa; comer sopa caliente, bañarse (aunque eso podía espera, pues ellos no contaban con calentador de agua) y dormir; sin embargo, en este caso, el universo conspiraba (notoriamente) en contra de esos dos. Sasori ya había perdido la cuenta de cuántas veces Deidara se había caído de cara a los charcos enlodados que adornaban su tortuoso camino –las veces que él lo había empujado, no contaban– Por su parte, el titiritero ya sentía como su cuerpo comenzaba a resentir la humedad; después de todo, él era una marioneta de madera y temía romperse. Claro que ese temor jamás lo exteriorizó, y si alguna vez su voluntad flaqueaba, en definitiva no sería frente a su inepto compañero de misión.

–Ey, Sasori-no-danna, la vez pasada que salí con Tobi, escuché algo asombroso.– Sasori lo miró de mala manera.

–Nada que salga de la boca de ése puede sorprenderme.

Deidara lo miró y saboreó sus palabras antes de decirlas.

–Tobi dijo que tu cuerpo era tan fuerte como el de un árbol.

Sasori sonrió con soberbia.–Dime algo que no sepa.

–Que a los árboles, muy seguido, les caen rayos.

Sasori miró a Deidad con odio puro en sus ojos.

–¿Por qué diablos tengo un compañero tan estúpido? ¿Crees que a mí, el Gran Sasori, le puede caer un rayo? ¿ A mí? ¿Yo, que he...–

En menos de un segundo, Sasori pasó a ser un árbol de navidad recién iluminado. Momentos después cayó, todo chamuscado.

–Tal vez deberías tener más cuidado con lo que dices, Sasori-no-danna, um.


II

Kakuzu odiaba hacer guardia. Él prefería seguir en su habitación, buscando manera de reducir gastos. Tal vez debería bajar nuevamente las raciones de arroz o comprar en lugares más baratos... ¡qué va! Lo mejor sería robar la comida, total, ya eran criminales conocidos en todos los países... de pronto, en su mente retumbó la tétrica voz de Pain: "No somos criminales. Sólo somos una organización que hace cosas buenas que parecen malas. Robar comida es malo y parece malo. Eso sí, depende a quién le robes la comida y a quién se la des. Por ejemplo, si le quitas su comida a un gato para dársela a un niño sin dedo pulgar, entonces la sociedad te aplaudirá; pero si por el contrario..."

Kakuzu se llevó la mano izqueirda en forma de pistola a la cien y se suicidó, y aún así siguió escuchando la voz de Pein en su cabecita.

"Además, por todo lo que se nos ha acusado, ¿te imaginas cuando nos atrapen y lean los cargos por los que se nos acusa? ¿Te imaginas lo ridículo que se escuchará "bien, señores y señoritas, dígan el número exacto de aldeanos a los que le robaron la comida"?

Todo con el tonito de "Kakuzu, eres un idiota", pero sin duda Pein le había pintado un cuadro bizarro del cual no quería formar parte porque no deseaba ser atrapado, ni juzgado y, muchos menos, condenado.

A las 8:45 de la noche, Kakuzu decidió irse a dormir, pues, después de todo, quién en su sano juicio saldría con semejante aguacero (lo que Kakuzu perdía de vista es que, justamente, los que no tienen juicio salen con todo y aguacero –se le olvidaba que Deidara y Sasori seguía sin regresar– a hacer cosas poco juiciosas, como asesinar) además, qué ladrón entraría por la puerta, y por último, quién intentaría entrar a la guarida de Akatsuki sin ser invitado, si incluso con todo e invitación algunos se la pensarían más de cinco veces.

Justo cuando se levantó, un relampago iluminó la cueva, mostrando la sombra de un ser de dos cabeza, el cual Kakuzu no pudo identificar. Con voz temblorosa, el Akatsuki en guardia hizo la única pregunta que cruzó su mente.

¿Quién eres?

–Tu peor pesadilla.– la voz se escuchaba ronca y rasposa.

–¿Un gremlin que comió después de las doce de la noche y se mojó?

–Yo soy...–Kakuzu escuchó en su mente un "tu padre"– Deidara.

Deidara, quien llevaba a cuestas a Sasori, vio un relámpago más antes de caer inconsciente luego del golpe que le propinó Kakuzu.

–¡¿Qué diablos ocurre aquí?! –gritó Pein, quien salió de su cuarto vistiendo únicamente unos bóxers rosas con ositos y corazoncitos. Sin duda lo habían despertado y tenía la apariencia de haber mordido un limón.

El líder, al ver a sus subordinados en el suelo, se cuestionó muy seriamente si en verdad eran una organización criminal rango S o sólo unos pobres tonto jugando a los niños exploradores en busca de mascotas mitológicas.

...Bueno, eso no importaba.

Pein movió con su pie a Deidara, cerró la puerta y regresó a su cuarto.


III

Itachi era un genio en aprender nuevas técnicas, pero desde que en su cabeza retumbaba como un mantra "la guerra es mala", había sorteado toda clase de obstáculos para conseguir salvar a su aldea; había dominado jutsus que incluso su padre no se habría atrevido ni a soñar con siquiera ensayarlos. Itachi incluso se las había arreglado para arrancarle una mano a Orochimaru; mano que, según Tobi, le servía al señor Serpiente para rascarse la espalda cuando la comezón lo aquejaba, porque debía ser difícil cambiar de piel para los hombres serpiente, había había concluido Tobi.

Durante toda su vida, Itachi había demostrado su habilidad para superar toda clase de obstáculos, pero ahora se enfrentaba a algo que lo superaba, algo para lo que nadie jamás lo habría preparado, y esta situación lo frustraba...

Verse en el suelo jadeando, con sus ojos llenos de tristeza y, ¿cómo decirlo? ... vergüenza, lo hacían desear suicidarse.

El entrenamiento para que Hinata se pareciera a Itachi era inútil. Cuando intentó hacer su técnica de convertirse en cuervos, ésta terminó con su cuerpo transformado en un tierno conejo negro, con grandes ojos tiernos, que sólo invitaba a ser abrazado. Por otra parte, cuando Itachi en el cuerpo de Hinata comenzó a leer el libro que Deidara había traído (libro que, por cierto, parecía recogido de la basura: sus hojas estaban arrugadas y en la portada ya no se apreciaba el nombre del autor), los pasos a seguir eran tan humillantes que no podía creer que Hinata fuera así en su vida cotidiana, y cuando él le preguntó si el libro era fidedigno a su persona, ella susurró un simple "Es que no me gusta hacerle daño a las demás personas".

Ahora que Pain se había ofrecido a entrenar a Hinata en el cuerpo de Itachi, el Uchiha pensó que tal vez la chica podría hacer algo bien con su maravilloso cuerpo, pero no, ni así, ni con un cuerpo bien entrenado y preparado para el combate era capaz de hacer algo bien.

Un golpe mental le llegó a Itachi al darse cuenta de que se encontraba tratando a la chica tal y como su padre trataba a Sasuke, por lo que cerró sus ojos, suspiró y se acercó a su cuerpo.

–Tal vez solo debas dedicarte de momento a ayudarnos en la guarida. No es necesario que arriesgues mi cuerpo si yo me estoy haciendo cargo del tuyo.– pero eso no incluía la higiene del mismo.

–Itachi-san.- dirigirse a su cuerpo y llamar a otra persona aún le producía angustia a Hinata

.

–Dicho eso, espero que la comida este lista pronto porque tengo hambre.- Deidara miraba a sus compañeros de equipo mientras Sasori estrenaba con su nuevo cuerpo.

Hinata en el cuerpo de Itachi se levantó, se sacudió un poco y comenzó a caminar a la casa. Se detuvo y cuando iba a voltear a preguntar qué deseaban comer, Itachi le habló.

–Sushi.- ella solo asintió sin voltear y se fue.

Hinata no lo decía, pero era muy difícil caminar con tan poca visibilidad. Ella siempre había gozado de una vista privilegiada, pero ahora que entendía en carne propia eso de "ciego como un topo" era horrible; aunque tal vez debería decir ese dicho "ciego como cierta comadreja". Ante tal idea, Hinata sonrió. Menos mal que Itachi no podía leer su mente.

–Bueno, Itachi, ahora comencemos con tu entrenamiento súper especial. Aunque debas aparentar ser un completo inútil, debes saber pelear con el estilo de los Hyûga.

Itachi se colocó en la característica posición de pelea de los Hyûga, esperando que Deidara se levantara de su lugar, pero eso no pasó. El que se acercó fue Hidan.

–Creíste que te lo pondríamos fácil.– por primera vez en mucho, mucho tiempo Pain sonrió con verdadera malicia.

Hinata encontró los ingredientes con ayuda de Konan, pero después la dejó sola, no sin antes advertirle que Kisame era algo así como un tipo con genes de pescado y no sería bonito volverlo caníbal ¿o sí?

Hinata se esmeró mucho en la comida. Cuando sirvió la mesa y los demás entraron, pudo darse cuenta de que el entrenamiento había sido muy pesado, pero ella había hecho suficiente comida, así que se podrían dar abasto. Suspiró al ver que su cuerpo solo tenía pequeños raspones, mientras que Hidan tenía un golpe que sin duda tardaría en sanar, principalmente porque había sido realizado con el Puño Suave. El que Itachi pudiera realizar ese tipo de golpes con apenas dos días de entrenamiento no dejaba de maravillarla.

Estaba tan metida en admirar a sus compañeros que no se dio cuenta de que Kisame tomaba sushi de todos los platos servidos en la mesa.

–Hinata-san, esto está delicioso.– Hinata vio con horror como Kisame volvía a tomar otro bocado del plato azul.

–Ki…same-san, esos ro…llos son de ale…ta de ti..bu..rón,– dijo con voz temblorosa, mientras Kisame se ponía aún más azul y perdía el conocimiento.

–La vida de un criminal es dura. ¿Alguna vez alguno de ustedes conoció la historia de Hannibal? Ese caníbal era sin duda…– Nadie escuchaba lo que decía Pain.

Se dedicaron a comer, pero esa calma sólo duró cinco minutos porque el sushi empezó a escasas.

–¡Ey, hijo de puta, deja mi ración! – Las palabras de Hidan hicieron que Hinata se sonrojara.

–Tobi es niño bueno y por eso debe comer más.

–Atrévete a tocar mi ración y te cortaré esa mano.– Sasori peleaba con Deidara.

Hinata miraba a sus acompañantes y suspiró, sintiéndose feliz por alguna extraña razón.

–Gracias por la comida. Estuvo deliciosa. – Sin estar consiente realmente de lo que hacía, Itachi le dio un golpecito en la frente con dos dedos, dejando una pequeña marca rojiza en su cuerpo; se levantó y salió de la habitación, dejando a Hinata sonrojada y por un instante, solo por un instante, deseó que Naruto tuviera esa aura de solemnidad que tenía el Uchiha.


IV

Después de un buen baño, Neji, Kiba, Shino y Naruto se habían encontrado con Sakura en el despacho del Hokage.

–Recibimos un mensaje de Akatsuki. Hinata será intercambiada por cierta cantidad dentro de tres semanas. Necesito que Neji, Kiba y Shino se alisten: irán con un grupo de ANBUs a esa misión. – Naruto estuvo a punto de replicar, pero Tsunade lo miró de mala manera.– ustedes dos irán con Kakashi y Sai en busca de Sasuke. Se le vio muy cerca de aquí. Deben prepararse. La mitad del camino irán juntos los dos equipos, después cada uno cumplirá con su misión.

Naruto se quedó callado cuando comprendió lo que significaba eso: no podría ir por Hinata, su amiga; Sasuke estaría de vuelta muy pronto en Konoha y toda oportunidad con Sakura quedaba desterrada. podía ocurrirle algo peor.

Un extraño ruido de su estomago lo hizo maldecir ¿Por qué siempre tenía que tomar leche caduca?


V

Sasuke miraba el mapa mientras sus compañeros dormían. La fogata se encontraba aún encendida y su cena intacta.

No había podido comer desde la pesadilla. Tenía el presentimiento de que el destino le había comenzado a jugar una broma sin que él se diera cuenta.

Maldiciendo y más molesto e insoportable que de costumbre, con malos tratos despertó a Karin y él se tiró en el suelo, cerró los ojos ignorando las palabras chillonas de esa pelirroja desquiciada.

El sueño lo abrazó y se descubrió así mismo llegando a la zona del clan Uchiha en Konoha. Abrió la puerta de la casa más próxima y encontró a cuatro niños jugando en el jardín: un niño pelirrojo, una niña idéntica a Hinata, un pequeño muy parecido a Itachi de niño (lo sabía por las fotos que de niño había admirado durante horas) y una niña que era su versión femenina e infantil.

–¡Papa!– gritó su versión infantil y corrió así él.

–¡Tío! – gritaron los demás niños.

–Teme, llegaste más temprano que de costumbre, ¿me extrañabas?– Naruto entró a la estancia y se aproximó a Sasuke.

Por un segundo, Sasuke creyó que ese rubio idiota volvería a besarlo (porque, ¿quién olvidaría que su primer beso se lo dio ese imbécil?)

–Niños, la cena ya esta servida. Sasuke, lávate las manos, y Naruto, ayúdame a colocar otro plato más en la mesa.

–¿Quién te crees para mandarme a…?- Hinata giró lentamente y miró a Sasuke de una manera que lo dejo frio y temeroso.

– Sasuke, por si lo olvidas soy la matriarca de este clan tan disfuncional llamado Uchiha, así que haz lo que te digo si no deseas dormir en el patio.

Sasuke intentó gritar, pero todo se desvaneció. Quería azotarse, maldecirse, cortarse las venas. ¿En qué dimensión tan horrible había caido? ¿Por qué Hinata Hyûga era la líde de su amado clan? ¿Por qué Naruto vivía con ellos?

Cuando abrió los ojos y sintió la respiración de Karin sobre su cara, casi rozando sus labios, supo que si había cosas peores, como el hecho de que esa desquiciada mujer lo intentara besar con el aliento de ajo, cebolla y pescado. Su grito sin duda debió escucharse hasta Konoha.


Muchas gracias por leerme, y gracias especiales a Arashi por ayudarme con el capitulo.

espero les haga gustado.

Por cierto si gutan pueden buscarme en facebook como; Taia Himura