Pokémon Mundo Misterioso
Días Oscuros
Capítulo 7: Bella oscuridad.
-¡Apresúrense, muchachos! ¡Esta es la primera y más valiosa lección que escucharán de mí: el tiempo es oro, así que no lo desperdicien! –Animaba Argent enérgicamente, caminando con veloces pasos agigantados que unos pobres Axel y Zac apenas podían seguir sin perderse entre la multitud de Pokémon que seguían yendo y viniendo por los pintorescos pasillos del Gremio de Victini. Richard, por otra instancia, perseguía a su líder con total determinación. -¡El día aún tiene mucho que ofrecer, todavía es temprano!
No habían pasado más de diez minutos desde que se retiraron de la oficina de McGee y aún con Axel y Zac agotados tanto física como mentalmente, se encontraban incluso más exhausto luego del largo trayecto que su nuevo jefe les había obligado a tomar. Axel no podía ni siquiera preguntarse cómo un Pokémon aparentemente tan respetado podía ser tan… infantil.
Porque sí, Argent, fuera de aquella aura inédita de pureza y honestidad, actuaba bastante como un niño, ansioso y enérgico en cada una de sus acciones. Incluso con la supuesta prisa que tenían, el Gallade muchas veces se detenía en el camino a saludar a algún colega con el que se encontraba (pequeños descansos que ambos jóvenes agradecían), y escuchaba atentamente las anécdotas que le contaban con casi admiración y un destello emocionado en sus ojos, maravillándose con cualquier cosa.
En cierto modo, Argent le recordaba bastante a él en ese aspecto, pareciendo mirar todo a través de ojos nuevos que descubrían cosas increíbles, solo que el Gallade desprendía confianza y optimismo ante cada descubrimiento. A Axel, por más excéntrico que parecía, le caía bien, algo bastante contrario a Zac, pero a este punto, era algo de esperarse.
-¿Temprano? ¿Bromeas? –Refunfuñó un fastidiado Zac, ya jadiando mientras trotaba detrás del inquieto Gallade. Axel lo miró con simpatía. –Hemos recorrido todo este puto Gremio de un lado al otro como ocho veces hoy desde el desayuno. Siento que ha pasado toda una eternidad desde que…
-Son las ocho de la mañana, y siete minutos exactos. –Le replicó Argent casi al instante, deteniéndose y mirando a Zac fijamente con los ojos muy abiertos, luciendo bastante inquietante. –Tenemos un total de diez horas antes de que anochezca. No diría que no tenemos tiempo que aprovechar aún.
-¿Ocho…? –Se entumeció Zac, casi luciendo perturbado. -¡¿Ocho?! ¿Pero cómo es esa mierda posible? ¡Literalmente hicimos miles de cosas… visitamos tantos sitios… ¿y todavía es temprano en la mañana?! ¿Cómo puedes estar tan seguro de…?
-Simple, hay un reloj ahí. –Respondió Argent con facilidad, señalando una especie de reloj de pared que parecía funcionar con una curiosa arena rojiza. Con manillas como si fuera un reloj humano, Axel notó que en efecto, marcaba ocho y siete minutos exactos. Zac se lo quedó mirando boquiabierto. –No puedo culparles por no llevar la cuenta del tiempo, son principiantes, y tengo entendido que han pasado por mucho desde la noche de ayer, ¿no es así?
-No me recuerdes toda esa mierda… -Murmuró Zac, lanzándole una mirada acusadora a un molesto Bisharp que se la devolvió sin dudar. Axel también lo miró con algo de incomodidad. Richard estaba particularmente callado y eso provocaba que olvidara que él siquiera estaba ahí, caminando detrás de ellos con un semblante inexpresivo. –Y exactamente por eso, creo que no estamos en nuestra mejor forma para esta… "prueba" tuya, oh, todo vigoroso y benevolente señor…
-¡Más respeto! –Le calló Richard, dándole al zorro un golpetazo en el cráneo que dejó a Zac con la cara contra el suelo. Axel pegó un respingo del susto. –Y no contradigas a Argent. Básicamente tu vida descansa en sus manos a partir de ahora, así que cuida tu lengua, o te la corto en cachitos, maldita mofeta…
-Richard, modales. –Argent negó con la cabeza, paciente. –Además, el chico tiene un punto. Atravesar el Bosque Muerto por su cuenta no debió de haber sido una tarea nada fácil…
-¡Eso, eso! –Vitoreó Zac, arrancando la cara del suelo con energía. -¡Eso sin mencionar su maldita emboscada que casi me destroza un pulmón, la casi ejecución, todo el maldito trayecto hacia acá, el accidente de Axel en el lago, la amable bienvenida de Villa Nueva, la llegada al Gremio, el recorrido por el Gremio, la pelea con los tres imbéciles, la paliza en el gimnasio, el casi morir congelados y todo lo relacionado con el maldito registro…! Arceus, todo eso en menos de 12 horas, cómo se fue a la mierda mi vida.
-El punto es que… -Axel habló tímidamente, mientras le daba unas palmaditas en la espalda a Zac para animarlo. –No estamos exactamente en nuestra mejor forma para demostrar que valemos la pena, señor… digo, jefe. –El Buizel carraspeó ante la expectante sonrisa de Argent fija en él. No sabía si estaba sudando o era solo la molesta humedad constante de su cuerpo. –Lo sentimos, esperamos que lo entienda.
-Oh, por supuesto que lo entiendo. Es por eso que voy con ustedes. –Respondió Argent, divertido. –Verán, en lo que consiste esta prueba… es más completar una misión de Rango A.
Incluso Richard se quedó quietecito al escuchar esa frase.
-¡¿QUÉ?! –Gritaron Axel y Zac al unísono.
-¡¿Acaso perdiste la cabeza?! –Se alteró el Zorua, escupiéndole a la cara a Argent, quien pareció sorprenderse de su reacción. -¡Las misiones de Rango A son unas de las más difíciles de cumplir! ¡Solo Equipos de Élite son los capacitados para ellas, no un par de novatos como nosotros…! –El propio zorro se obligó a morderse la lengua. –Di-digo, fácilmente podríamos lograrlo por nuestra cuenta, sin problemas, pero es una decisión bastante estúpida que nuestra primera tarea sea una tan… obstaculizadora.
-Repito, por eso estoy aquí, o mejor dicho, por eso estamos aquí. –Añadió entonces el Gallade, abrazando a Richard del hombro para atraerlo hacia él. –Permítanme explicarles: hoy tuvimos algunos inconvenientes en nuestra reunión matutina hace unas horas. Decidí encargarme personalmente de ellos y suspender brevemente la misión que la Orden me había asignado, y aprovechando que el equipo de Richard acababa de arribar, muy convenientemente, pensaba en traerlos conmigo, como una prueba final de su valía para finalmente convertirlos en miembros oficiales del Equipo Perenne. –Anunciaba Argent dramáticamente, a Richard se le iluminaron los ojos ante la revelación. Brillo que al instante se extinguió al seguir escuchando: –Pero, mis planes cambiaron al indagar un poco sobre dos pequeños buscapleitos que habían traído como invitados al Gremio, o mejor dicho, nuevos reclutas potenciales. Debo admitirlo, fue toda una cadena de acontecimientos muy curiosos, pero al escuchar de muy buena mano lo extraños que eran ustedes, no pude evitar querer verlo en primera fila. Dejé a Lazuli y a Fid descansar, y como mi buen Richard siempre está listo para la acción, será el único que nos acompañe a nosotros tres en nuestra travesía el día de hoy. ¿A poco no es emocionante?
Los tres se lo quedaron mirando fijamente.
-A este le falta un tornillo. –Escupió Zac, y reaccionó a tiempo para esquivar a Richard con una ilusión antes de que este lo golpeara. -¡JA! ¿Quién es el iluso ahora, cabrón…?
-Ejem. –Le llamó la atención Argent, carraspeando luego. –En conclusión, ustedes son mis hombres el día de hoy. Su misión, es ayudarme a cumplir la mía y demostrarme que pueden serme útiles como futuros aliados. Luego, si decido que son lo suficientemente capaces para formar parte del Equipo Perenne, bienvenidos. Si no, de todos modos me aseguraré de que tengan un lugar garantizado en el Gremio como su propio Equipo de Rescate individual, sin tener que responder a las órdenes de nadie. Estamos cortos en personal, de todos modos. ¿Acaso no suena bien?
-Suena demasiado bien para ser genuino. –Contestó Zac mientras Richard lo apretujaba entre sus brazos para asfixiarlo. El zorro se le resbaló sin esfuerzo y sin dejar de mirar a Argent con suspicacia. -¿Cuál es el truco?
-¿Por qué debería haber un truco? –Contestó Argent, luciendo verídicamente confundido.
-Porque alguien con un rango tan alto y una reputación impecable se interesara de pronto a reclutar a dos novatos para arreglarles la vida porque sí no es exactamente lo que haces después del desayuno. Seguramente debes querer algo de nosotros, ¿no es verdad? Si no, ¿para qué siquiera tomarte la molestia? –Expuso Zac, frunciendo el ceño mientras analizaba el de Argent.
Al principio, el Gallade se vio un poco frustrado mientras parecía pensar si de verdad quería algo de los dos niños.
-No, realmente no quiero nada a cambio. –Se relajó el gladiador, encogiéndose de hombros mientras esbozaba una tonta sonrisa tranquila. –Digo, obviamente espero resultados de su parte, pero solo en el área profesional, y es más como un beneficio mutuo. ¿Acaso no es un buen trato? –Se preguntó sin sarcasmo el Gallade, meditando distraídamente en sus propias palabras.
Axel y Zac intercambiaron miradas, no muy seguros al respecto. Richard parecía estar esforzándose mucho para tragarse una no muy respetuosa respuesta.
-Eres… un Pokémon muy extraño. –Resumió Zac, y tuvo que volver a esquivar un golpe de Richard. –Y no del tipo normal de extraño.
-Gracias, me lo dicen a menudo. –Por su parte, Argent alzó el pecho en señal de orgullo. –Ahora, vamos. El almacén de suministros está un poco lejos. Debemos estar listos para la peligrosa tarea que nos aguarda…
-Eh, con peligrosa, ¿a qué se refiere exactamente? –Alzó la pata el Buizel mientras seguía al gladiador por los pasillos carmesí del Gremio.
-Sí, sí. Es cierto. Hey, cabeza de cebolla, a todo esto, ¿cuál es la dichosa misión? –Preguntó Zac, forcejeando con Richard para que este no lo golpeara de nuevo.
-Oh, es bastante sencilla, en realidad. –Explicó Argent mientras lideraba el grupo, volteando con una radiante sonrisa hacia sus aprendices. –El Equipo Esperanza perdió una Transfosfera durante su misión en la Quebrada Descolora. Es claro por qué la desean de vuelta, y esa misma es nuestra misión: explorar el Territorio en su totalidad y recuperar la esfera con éxito. Simple.
-Lo haces sonar simple. –Bufó Zac con desdén. –Pero si es una misión de Rango A, es claro que esta Quebrada Descolora no es exactamente un campo de rosas… ¿Por qué debemos ser nosotros quienes busquemos esa cosa, de todos modos? ¿Qué no pueden quienes la perdieron recuperarla por su cuenta?
-Podrían, pero el Equipo Esperanza es un Equipo de Rescate de casi el mismo calibre que el Equipo Perenne. –Respondió el Gallade con mucha calma y su imperturbable sonrisa. –Y por ende, no tienen todo el tiempo del mundo para desperdiciarlo regresando a Territorios en busca de objetos perdidos, por lo que decidieron notificar directamente a la Orden sobre el asunto, y la Orden decidió asignarnos la tarea a nosotros. Nuestro deber como rescatistas nos obliga a responder a su llamado.
-Más que rescatistas parecemos cazarrecompensas… -Bostezó Zac, perezoso. –Pero supongo que van a pagarnos bien por cumplir una Misión de Rango A, ¿no es así?
-Oh, por supuesto. La recompensa es de 20000 pokés. –Contestó Argent con tranquilidad. Zac se quedó quietecito.
-¿Acaso… dijiste… 20000 pokés? –Balbuceó el zorro con estrellas en sus ojos. Poco a poco, una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Axel se lo quedó mirando con una gota en la cabeza. -¡¿20000 pokés?! ¡Esa SÍ es una recompensa por la que daría una pata! ¡Ahora estamos hablando el mismo idioma, querido jefe! ¡¿Qué hacemos perdiendo el tiempo aquí?! ¡Apresurémonos, que el dinero nos llama! –Y el zorro se apresuró, adelantando a Argent a quien mordió del brazo para arrastrarlo a quien sabe dónde. Axel y Richard se los quedaron mirando sin reaccionar.
-Tu amiguito es todo un patán. –Se limitó a concluir el Bisharp, apretando el paso para alcanzar al dúo que se alejaba a la distancia, ignorando a los Pokémon que se quedaban mirando la bizarra escena de un zorro enano arrastrando al rescatista más talentoso del Gremio por ahí. –Si mete la pata, me haré un abrigo con su piel.
-Vamos, vamos. Zac no es tan malo… -Infirió Axel en respuesta, intentando seguirle el paso al alfil, pero se detuvo cuando este lo hizo. Richard volteó hacia el Buizel con un brillo siniestro en los ojos.
-No bromeo. –Dijo el Pokémon siniestro, agachándose enfrente de Axel, quien retrocedió instintivamente. –El Equipo Perenne cumple cada una de sus misiones a la perfección, sin excepciones. Si alguno de ustedes dos la caga y me hace quedar mal enfrente de Argent, me aseguraré personalmente de que volvamos al primer plan… -De un rápido movimiento, Axel sintió la cuchilla de Richard rozándole el collar. Los ojos del Bisharp relampagueaban. –… Pero seré yo quien los ejecutaré personalmente. ¿Quedó claro?
Axel observó a Richard fijamente por unos largos segundos de terror. El Bisharp no bromeaba, en absoluto. Por un momento, pudo superar los nervios y frunció el ceño, disgustado, pero al instante la nutria ablandó su semblante cuando la intensidad dentro de los ojos del alfil incrementó vertiginosamente. El Buizel poco a poco, desvió la mirada y agachó la cabeza, dócil.
-Entendido, Richard…
-Así me gusta. –Se acomodó Richard rápidamente, incorporándose y caminando en la dirección por la que Argent y Zac se adentraban en rumbo al almacén. –Y que sepas, no creas que volverán a ganarse mi confianza luego de lo que sucedió. –Pero entonces, mientras iba adelantado a Axel unos pasos, Richard volteó hacia él con un oscuro semblante. –Puede que Argent haya sido misericordioso, pero todo el desastre que provocaron en custodia de Fid… es deshonroso. Imperdonable. A partir de ese momento, me di cuenta de que fui ingenuo al verlos a ustedes dos como posibles aliados por un momento. No lo son, son solo un par de mocosos infantiles. Así que deja de mirarme como si no te hubieras ganado esto, y el malo aquí soy yo. Esto fue lo que escogiste. Vive con tu decisión, pero no estorbes en las mías.
Y sin decir más, el furioso Bisharp se perdió en un pasillo a la distancia, dejando a un dolido y asustado Axel en su posición, sin saber qué responder. Miraba al suelo fijamente, procesando lo que acababa de ocurrir, pero finalmente soltó un bufido, molestándose, y levantó la mirada, buscando por donde Zac y Argent se habían metido.
Tenía que hablar con Zac.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
-¡Abran paso, zoquetes! ¡Ábranle paso a las verdaderas estrellas! ¡Quítese regordete! –Clamaba Zac, empujando a cualquiera que se topara en su camino a lo largo de una legendaria fila de casi cientos de Pokémon que se mordían la lengua al ver quién lo acompañaba.
-Lo siento mucho por los modales del niño, es que tenemos algo de prisa. Lo siento, lo siento. –Se disculpaba Argent siguiendo al Zorua entre multitudes y multitudes de Pokémon que se tragaban sus palabras, observándolo casi con maravilla.
Axel se encontraba cerca, perdido entre la inmensidad de habitaciones de ladrillos naranjas que se dividían y conectaban entre sí en una gran sucesión de cuadrados que se alargaban hasta donde sea que alcanzara la vista, los muros repletos de banderas y carteles imposibles de entender y Pokémon que transitaban de un lado al otro incontrolablemente.
Entonces, escuchó la voz de Zac a la distancia, y se asomó en una de las habitaciones más abarrotadas del sector: era enorme, pero incluso con su inmensidad la visión era casi totalmente opacada por la cantidad de Pokémon que se apretujaban entre sí para encajar dentro del cuarto, donde en el fondo se observaba un recibidor que era el destino de todos los visitantes presentes.
Encima de él, Axel alcanzó a leer en Unown un cártel que citaba "Almacenes Maushold", y todo tuvo sentido. El Gremio entero almacenaba sus objetos ahí dentro. No le costó encontrar a Zac y a Argent adentrándose entre la molesta multitud en camino al recibidor, donde pudo ver a una parejita de ratoncitos blancos corriendo de un lado al otro, atendiendo al infinito mar de clientes mientras versiones más pequeñas suyas seguían órdenes y ayudaban a almacenar objetos en lo que parecían compartimientos incrustados en enormes engranajes al fondo del recibidor. Los ratoncitos se subían unos sobre otros para alcanzar incluso los compartimentos más altos, y otros trabajaban en equipo para jalar manivelas y hacer girar los gigantescos engranajes que servían de bóvedas individuales donde se guardaban los objetos ajenos que se les confiaba.
Axel observó el impresionante establecimiento embobado por unos instantes, pero se espabiló y luchó por infiltrarse entre las montañas de coloridas criaturas que se amontonaban ante él.
-Eh, lo siento mucho. Permiso, necesito pasar…
-¡Hey! ¿Quién te crees que eres para pasar así sin más? ¿Acaso no ves que hay una fila? –Le acusó un Bulbasaur al Buizel, interponiéndose en su camino. -¡Sé que tendrás prisa, pero el resto de todos los que estamos aquí también, y de igual manera esperamos pacientemente a que sea nuestro turno! ¡Revoltosos engreídos como tú son los que provocan que estas filas nunca avancen y ya estoy harto de que nos estén viendo la cara de estúpidos!
-¡Sí, más te vale retroceder y esperar tu turno! ¡Ten algo de consideración, por favor! –Añadió un enérgico Chikorita junto al reptil verdoso. Axel retrocedió intimidado por su agresivo gesticular.
-Oigan, oigan. No quiero problemas. Mis amigos están allá adelante y solo quiero…
-¡Oh, nada de eso! –Le escupió el Bulbasaur, enfadándose. -¡Si tus compañeros están más adelante, deja que ellos retiran lo que tengan que retirar y espéralos afuera! No vamos a dejar que te saltes la fila.
-¡Eso es, eso es! –Asintió el Chikorita, casi parecía fingir que se había convertido en una pared entre Axel y el recibidor. La nutria frunció un poco el ceño, pero entonces suspiró pacientemente.
-Tienen razón. Siento las molestias, solo voy a…
-¿Algún problema aquí?
El Bulbasaur y el Chikorita se quedaron muy quietos, volteando lentamente para observar la imponente silueta de Argent sobre ellos, sonriéndoles inquietantemente.
-Ar-Argent… -Balbuceó el Bulbasaur, ya sudando.
-¡N-No, señor! ¡Ningún problema! ¡Solo estábamos ejerciendo justicia sobre este ratero que quería colarse en la fila y…! –Explicaba el Chikorita hablando quizás demasiado rápido mientras sudaba incontrolablemente.
-¡Ah! Ese es solo Axel. Viene conmigo. –Sonrió Argent, ladeando la cabeza con simpatía al ver a la nerviosa nutria mirándolo con nervios.
-Un momento… ¿Qué?
-¡¿QUIÉN SE ATREVE A METERSE CON AXEL?! –Bramó una voz monstruosa, mientras la sombra de un Zoroark de aspecto demoniaco se manifestaba detrás de Argent y les rugía a los dos pequeños: -¡NADIE PUEDE MOLESTARLO EXCEPTO YO! ¡LÁRGUENSE EN ESTE INSTANTE O TEMAN LAS CONSECUENCIAS!
Más asustados por Argent que por lo que sea que fuera esa cosa, el Bulbasaur y el Chikorita obedecieron y salieron a por patas fuera de la habitación. La multitud que retrocedieron instintivamente ante la escena se vio disgustada cuando la ilusión comenzó a desvanecerse. El Zoroark se deshizo en humo para revelar a Zac con una enorme sonrisa de satisfacción.
-Ah, el dulce sonido de los gritos en pánico por la mañana. Cómo me llenan de vida. –Bromeó el zorro, acercándose al nervioso Buizel con tranquilidad. –Y en cuanto a ti, ¿qué acaso no te puedes quedar lejos de los problemas por diez minutos? Te descuido un momento y casi vuelves a armar un alboroto, qué irresponsable, Axel, qué irresponsable.
-Calla y escúchame, idiota. Tengo algo que decirte…
-Sea lo que sea, espero que pueda esperar, muchachos. Estamos obstruyendo la fila y tenemos mucho por delante como para quedarnos aquí parados. –Les interrumpió Argent, cargándolos a ambos para dirigirse corriendo afuera de la habitación, saliendo de ella con un impresionante salto. –Ya estamos. Tenemos todo lo necesario para empezar nuestra jornada. Pero, ¿dónde se habrá metido nuestro buen Richard? No suele perderme jamás el paso. ¿Qué no estabas con él, Axel? –Le preguntó entonces con inocencia a la nutria en sus brazos.
-Sí, Axel. ¿Qué se hizo el cascarrabias? –Inquirió Zac, sin parecer molestarse de ser cargado por Argent.
-Eso es de lo que quería hablarte. Él…
-Aquí estoy. –Axel se mordió la lengua al instante, y moviéndose muy lento vio a Richard llegar justo hasta ellos. Llevaba una mochila rectangular con diseño que recordaba a los colores de un Pokémon que Axel no pudo distinguir al instante, aparentemente muy pesada, al igual que la de Argent. –Solo fui a la base un momento a buscar mi bolsa por si hacía falta. Y también esta… -Añadió entonces, lanzándole a Zac a la cara un pequeño saco redondo hecho de cuero que tanto el zorro como la nutria reconocieron al instante.
-¡Hey, es mi mochila! –Se animó Zac con estrellas en los ojos. -¡Pensé que se había perdido para siempre! ¿Cómo…?
-La traje con nosotros cuando salimos de Penumbria, pensaba dárselas una vez estuvieran registrados, así que ahí tienes. No es la gran cosa, no es que… -Pero se quedó quieto cuando vio que los ojos de Zac se cristalizaban mirando sin dejar de mirar su bolsa. Axel también se sorprendió de ello.
-Yo… ya sabes, no es que me importe pero… -Zac al instante frunció el ceño y desvió la mirada, avergonzado. –Gracias.
Axel se quedó boquiabierto, observando entonces la reacción de Richard. El alfil parecía descolocado, pero rápidamente recuperando la compostura, les dio la espalda y comenzó a avanzar por su cuenta.
-Por nada. –Respondió al final mientras se alejaba. Argent y Axel lo vieron irse sin reaccionar.
-Aw, Richard sí tiene corazón. –Se conmovió Argent, a lo que Richard, escuchándolo, se encogió de la rabia y vergüenza, retirándose sin atreverse a decir nada.
-Okey, voy a admitirlo. Ese imbécil no es TAN cascarrabias. Supongo que tuviste razón sobre ellos al final, ¿eh, Axel? –Mencionó Zac, atándose emocionado su bolsa alrededor del torso cuando Argent los bajó de sus brazos. –Por cierto, ¿qué era lo que querías decirme?
"Seré yo quien los ejecutaré personalmente. ¿Quedó claro?"
-Eh, no. Nada importante. –Se excusó Axel, nervioso mientras forzaba una sonrisa. Zac parecía estar muy contento con su mochila para contradecirlo, pero sí notó que a los pocos momentos, Axel miraba hacia la dirección en la que se fue Richard con preocupación.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
-¡Muy bien! ¡Todo listo, es hora de comenzar con nuestra pequeña incursión! ¿Preparados? –Bramaba Argent, liderando al grupo por un largo y ancho pasillo de piedra roja pobremente iluminado. Según les habían explicado, se trataba de la entrada trasera del Gremio.
-Tan preparados como puedas apostarlo, cabezón. –Aseguró Zac, entusiasmado como nunca. Presumía de una sonrisa determinada que Axel nunca había visto en él. –Vamos por nuestra recompensa.
-¡Así se habla! No hay nada como empezar una misión con buenos ánimos. –Mencionó Argent, revisando un viejo mapa que sacó de su bolso. –Especialmente cuando tenemos una larga caminata por delante. La Quebrada Descolora queda a alrededor de 60 kilómetros de acá, así que más nos vale apresurarnos…
-¡Sí, vamos a…! Espera. –La sonrisa de Zac se desvaneció al momento, girando su cabeza lentamente hacia Argent. -¿Dijiste 60 kilómetros?
-Kilómetros más, kilómetros menos. ¿Algún problema? –Preguntó el Gallade, ladeando la cabeza. Zac pareció retorcerse por dentro.
-Ninguna, jefe. Ninguna. –Masculló Zac, ahora forzando su sonrisa con todas sus fuerzas. Se acercó a Axel para susurrarle: -Más vale que la recompensa valga la pena. –Fue entonces que el zorro notó el semblante inusual de la nutria, inquietándose. –Hey, Axel, ¿todo bien?
Axel dudó si responder, pero mirando a Zac a los ojos, y viendo su preocupación, titubeó al abrir la boca…
-Sí, Richard. Tú tampoco te ves exactamente radiante. ¿Hay algo que quieras compartir? –Le interrumpió Argent, e instintivamente Axel miró hacia atrás. Richard cuidaba la retaguardia, y el guerrero de hierro intercambió miradas con el humano vuelto Pokémon. Ambos no reaccionaron al instante, pero cuando lo hicieron, fue Axel el primero en desviar los ojos.
-Nada en especial. –Terminó de responder Richard, adelantándose al grupo. –Solo terminemos esta misión lo antes posible. Se ve que va a ser un día difícil.
-Un día fructífero, querrás decir. –Le contradijo Argent, sonriendo mientras veía el cuadro de luz que era la salida al exterior volviéndose cada vez más cercano. –Un día que terminará en éxito, estoy seguro…
-Más nos vale. –Masculló Richard por lo bajo, ensombreciendo su mirada mientras Axel bajaba la suya, pero no pudo evitar, antes de salir al exterior del Gremio, mirar de reojo una enorme imagen enmarcada en la pared. Un mapa de lo que se supone era el país en el que se encontraba. Pero hubo un punto que le llamó mucho la atención. Entre incontables montañas, bosques y ciudades, había algo que sobresalía. Una marca, una imagen con forma de rotura que parecía extenderse por el norte de la región. Una enorme grieta que rasgaba el suelo.
Axel la observó fijamente, deteniéndose.
Recordó algo.
No podía decir qué, no podía explicar por qué, pero esa marca, esa grieta…
Lo llamaba.
-Axel, no te quedes atrás. –Le llamó Argent a la nutria, haciéndole reaccionar. –No querrás que respondamos tarde al llamado de la aventura, ¿no es así?
Axel tardó en responder. Su mente parecía fuera de sí. Nuevamente, sintió que estaba a punto de acordarse de algo importante. De obtener una respuesta. Un recuerdo lejano que rozaba su mente y se le escapaba de entre las garras. Una sola imagen que lo resolvería todo.
-Yo…
Pero entonces, vio a Richard también detenerse, a espaldas de Argent, y mirarlo con severidad. La conversación que tuvo con él hace rato volvió a la mente de Axel, quien se distrajo y perdió aquello que tanto estaba esforzándose por recordar. Frunció el ceño, espabilándose y avanzando con una idea clavaba en lo más profundo de su mente, frustrándolo.
-Ya voy.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
Villa Nueva
Finalmente, habían abandonado el Gremio de Victini. Atravesando el panteón, salieron de la enorme plaza donde se alzaba aquel palacio de paredes doradas y carmesí para dar paso al humilde camino de tierra con casas de madera blanca con formas extrañas que consistían la arquitectura de Villa Nueva.
Taji había sido quien los había despedido del Gremio, intercambiando una rápida conversación poco interesante con Argent sobre el número creciente de invitados que llegaban día a día al Gremio. Al parecer, más Pokémon se estaban perdiendo en Territorios últimamente.
-Preocupante, en un sentido. Aliviador, en otros. –Comentó el Unown con forma de letra T, quien, aunque mirando fijamente a Argent, parecía distraído, percibiendo al mismo tiempo las auras de todos los Pokémon cercanos. –Por lo menos, probaremos que seguimos siendo útiles para el Gobierno. No nos quedaremos sin trabajo en un futuro cercano.
-Bueno saberlo, aunque nunca me gustó demasiado lo riguroso que es nuestro sistema. A veces desearía volver a los dulces viejos tiempos… -Contestó Argent, disfrutando de la brisa y los rayos del sol mañanero con una enorme sonrisa nostálgica. En sus ojos se veía serenidad y esperanza que a Axel se le contagiaron, mientras Zac parecía impaciente.
-Sí, sí. Todos extrañan ahora más que nunca los viejos tiempos… -Comentó el Unown con desdén, haciendo ademán de fruncir el ceño, pero entonces desvió su mirada hacia los dos integrantes más jóvenes del grupo. –Oh, pero si son nuestros ruidosos invitados. Es ciertamente sorpresivo ver que sobrevivieron a su encuentro con Alfa. ¿Acaso lograron escapar de él?
-Por los pelos, no gracias a ti. –Masculló Zac, malhumorado al recordar lo sucedido más temprano. Axel tuvo un escalofrío al recordar un par de profundos y penetrantes ojos azules. Seguramente tendría pesadillas con esos soldaditos esa noche. –Pero no es nada que no pudiéramos superar. Impresionante, ¿eh?
-En efecto. Y los adularía, de no saber que están mintiendo. –Contestó Taji casi divertido al respecto. Zac se cayó de espaldas. –Puedo ver auras, y las mentiras fluyen a través de ellas como la sangre en el agua. No es que me incumba, de todos modos. Si están con Argent, puedo asegurar que él se encargó de todos los problemas relacionados a su registro, ¿no es verdad?
-Algo así. –Se avergonzó el Gallade, permitiéndose una pequeña risita mientras se rascaba la cabeza. –Creo fervientemente que estos dos podrán valer el esfuerzo.
-Y yo creeré en tus instintos, Argent. Pese a que no puedo ver lo que tú ves en estos dos, normalmente pruebas estar en lo cierto. Ahora, si me disculpan, todavía tengo un largo día por delante. Suerte en su misión. Espero que tus invitados no te retrasen demasiado.
-Absolutamente. En realidad… -Y entonces, Argent miró a sus dos discípulos con una sonrisa emocionada. –Creo totalmente lo contrario.
Y desde entonces, avanzaron con ánimos a través de las calles de Villa Nueva sin demasiado tiempo para charlar. Nuevamente, Argent casi corría y a Zac y Axel se les dificultaba seguirle el paso, sobre todo a la nutria, porque el zorro se veía especialmente entusiasmado en esta ocasión.
-¡Esa dulce recompensa nos espera! –Había dicho Zac, dando saltitos de emoción mientras corría. Axel no pudo más que sonreír al verlo tan emocionado. -¿Acaso no lo sientes, Axel? ¡Vamos a ser ricos, tal solo encontrando una estúpida esfera! ¡Y si sobrevivimos en el proceso!
-Sí, viéndolo en retrospectiva, no parece valer mucho la pena. –Se ensombreció Axel al caminar junto al Zorua. -¿Por qué es esa esfera tan valiosa, para pedir una recompensa tan alta para recuperarla?
-Ah, supongo que jamás nadie te instruyó al respecto, ¿no es así, Axel? –Intervino Argent, mirando al dúo que trotaba detrás de él con ojos relampagueantes. –Las esferas son artefactos místicos que solo funcionan dentro de los Territorios Malditos. Sus orígenes son desconocidos, pero por sus propiedades, parecen estar estrechamente relacionados con los Territorios, puede que incluso, la maldición que los creó las haya creado a ellas también. Impresionante, ¿no es así?
-Sí, sí. Yo podía haberle explicado eso a Axel perfectamente. –Se fastidió Zac, sacándole la lengua a Argent, quien se limitó a reírse.
-¿En serio? Nunca mencionaste que fueras un experto en Territorios, campeón.
-Porque nadie jamás me preguntó. –Se excusó Zac, simulando encogerse de hombros con despreocupación. –Sé una o dos cosas, en ese aspecto no tienes que preocuparte. Te aseguro que no seremos una carga.
-Eso lo sé. Si pensara lo contrario, jamás los habría traído conmigo. –Argent volvió su mirada hacia al frente, y le sonrió a un viejo Gyarados que descansaba a la distancia en su estanque en el parte principal de la ciudad. El enorme dragón azul le hizo un asentimiento en respuesta, y miró a Axel y a Zac fijamente. Pareció ensanchar su sonrisa. –Así que, supongo que podrás responder la pregunta de Axel sobre por qué esta esfera en particular es tan importante…
-Por supuesto. Eso es porque… en general… eh… -Zac se puso nervioso un instante.
-Sí, las esferas en general no son muy extrañas ni valiosas. –Respondió por él Argent, sonriendo divertido. –Se encuentran casi con facilidad en cualquier Territorio, y fuera de estos, son totalmente inútiles. Pero lo cierto es que algunas en particular, tienen efectos bastante… curiosos.
-¿Efectos…? –Balbuceó Axel, intentando seguirle el ritmo a la conversación sin mucho éxito.
-Pensé que eran expertos en Territorios, ¿no? –Se burló Argent, mirando al dúo de reojo.
-En el caso de Axel, no tiene mucha experiencia, así que puede que él sí sea una carga. –Contestó rápidamente Zac, burlón. Axel se desquitó con un puñetazo. –Pero el punto es, ¿entonces qué tiene de especial esta esfera en particular?
-Algunas esferas cambian el clima. Otras provocan efectos en Pokémon salvajes. Otras incluso te lanzan contra las paredes. –Contaba Argent, ladeando la cabeza. –Pero las Transforesferas… son una de las más extrañas, y peligrosas, a causa de su peculiar efecto.
-¿Cuál efecto?
-Cambiar la especie del Pokémon que la utilice. –Respondió Argent, poniéndose serio por primera vez mientras desviaba su mirada hacia la distancia. –Cualquier Pokémon que active el efecto de la esfera, se transformará en otro Pokémon totalmente aleatorio de forma permanente. Por más tenebroso que suene, esta esfera en particular es una de las más deseadas por no solo los Gremios de Rescatistas, sino por el mismo Gobierno. Algunos incluso insinúan que las Transforferas pueden llegar a transformarte en Pokémon Legendarios, a tal punto de que científicos las estudian, buscando una forma de lograr escoger en qué Pokémon el usuario se convertirá. Por más que puede ser un arma de doble filo, el Gremio considera que un objeto tan valioso debe ser resguardado, lejos de las manos de Pokémon que puedan llegar a tener suerte con ella, y utilizar sus efectos para perjudicar a la sociedad. Por esa misma razón, esta misión era lo suficientemente importante como para sernos asignada al Equipo Perenne como prioridad, aunque en sí su dificultad no sea exactamente la más desafiante…
-¿Cómo no lo es? Es una Misión de Rango A…
-El Equipo Perenne es un Equipo de Rango Maestro. –Replicó el Gallade rápidamente, doblando en una esquina por una larga calle que Axel reconoció. Estaban por llegar a la frontera de Villa Nueva. –Y por ende, solemos encargarnos de Misiones de Rango S a diario, salvo por nuestros miembros más inexpertos. Esta misión será un paseo por el parque en comparación a lo que suelo enfrentarme a diario, así que no estoy muy preocupado al respecto. Nuestro resultado claramente será la victoria, ¿no es cierto, Richard?
Axel instintivamente miró hacia atrás al escuchar ese nombre sintiendo un escalofrío. Richard caminaba detrás de ellos con una mirada vacía. Sin embargo, sabía que los estaba vigilando a ellos. No había dejado de sentir sus ojos enterrados en su nuca desde que pusieron un pie fuera del Gremio. No tenía que ser adivino para saber además que el Bisharp debía de tener en su mochila aquella brújula con el pelaje de Zac para perseguirlos en caso de que intentaran escapar, a pesar de que era obvio que no lo harían.
Era solo por el hecho evidente de que Richard no confiaba en ellos en absoluto. Ya no.
Y aunque sabía que el Bisharp no estaba del todo justificado, no podía evitar sentirse mal al respecto, bajando la mirada cuando esta se encontró con la de él.
-Eso espero. –Respondió secamente el Pokémon Tipo Acero y Siniestro. Argent volteó hacia él con una mueca.
-Richard, no suenas como tú mismo la mañana de hoy. –Hizo notar Argent, luciendo algo preocupado. -¿Algo que quieras compartir?
-No realmente. –Contestó Richard, adelantándose a la pareja de niños para colocarse junto a Argent. –Solo estoy intentando concentrarme cien por ciento en el éxito de nuestra misión, como siempre.
-¡Vamos, Richard! ¡No seas tan serio! –Le animó Argent, dándole una palmada algo fuerte al guerrero metálico en la espalda. –Después de todo, la misión ni siquiera ha comenzado. Primero tendremos que llegar ahí en primer lugar…
-Lo sé, pero es que…
-Ah, ya decía que la mañana estaba siendo muy buena… -Escuchó el grupo encima de ellos, y una enorme sombra pasó por sobre sus cabezas. En el puesto de control en donde se salía de la ciudad, aterrizó un enorme Corviknight, en el centro del camino a la puerta. A Axel le dio un vuelco en el corazón al verlo.
-¡Ah, Sir Angel! ¡Muy buenos días, un placer como siempre verlo! –Le saludó Argent sin inmutarse, luciendo emocionado. Sir Angel solo lo miró con repugnancia. -¿Cómo se encuentra en este grandioso día?
-Muy bien, hasta que los suyos comenzaron a mostrar sus caras por aquí. –Bufó el pájaro metálico, escupiendo delante del grupo. –Apenas comienzo a patrullar, y los veo a todos emerger como hormigas de su vistoso palacio. Muy poco necesario que sea tan elegante, ¿no es así? No es como si su clase necesitara esos lujos, en realidad.
-Pensamos igual. Muchas ostentaciones innecesarias. Pero los candelabros están bonitos. Debería pasar a verlos de vez en cuando. Seguro te gustarían. –Conversaba Argent sin inmutarse, luciendo emocionado.
-¡JAJA! –Se rio el halcón, irritado. –Primero muerto y desplumado antes de poner una pata en ese putrefacto basurero, excusa de Pokémon.
Zac y Axel se tensaron cuando Sir Angel dio dos pesados pasos hacia ellos. Richard se irguió al escucharlo, pero Argent lo tranquilizó dándole unas palmaditas en la cabeza.
-Una verdadera pena. Quizás así tendrías una actitud menos hostil hacia nosotros si intentaras conocernos un poco más.
-Quizás la tendría, si ustedes se percataran de que no son queridos aquí y se dignaran a desaparecer de nuestra ciudad. –Gruñó el Corviknight, erizándose ante la inmutable sonrisa del Gallade. –Siguen y siguen llamándose a ustedes mismos héroes, enganchándose de fama y fortuna mientras los verdaderos héroes pierden su vida luchando contra el real peligro de nuestra sociedad. Y todavía alzan el pecho y sonríen con orgullo… -Sir Angel siguió caminando, alzándose como una gigantesca sombra sobre la delgada silueta de Argent. El Gallade nunca dejó de sonreír. –Me dan asco.
Ambos Pokémon intercambiaron miradas por unos instantes sin mover ni un músculo. Los ojos rojos de ambos parecían brillar con más intensidad a cada instante.
-Eso lo dejaste bastante claro desde el principio, Angel… -Masculló Richard, esta vez alzando la mirada hacia el ave de hierro, que lentamente volteó su mirada hacia él.
-Ah, pero si son los ingratos que se mostraron hace unas horas… muy pronto para volver a ver sus pellejos, basuras. –Graznó Sir Angel con aspereza. Axel tuvo que ponerle una pata en la cabeza a Zac para calmarlo. –Y en cuanto a ti…
Y de golpe, el Corviknight le dio un fuerte aletazo a Richard en el costado de su cabeza, tirándolo al suelo. Antes de que cualquiera pudiera reaccionar, el cuervo metálico presionó una garra contra el pecho del Bisharp, impidiéndole levantarse.
-Creí que ya te lo había dicho, hojalata. –Siseó el ave con sus ojos rojos ardiendo. –Es Sir Angel…
-Y será Sir Desplumado en un momento si no lo sueltas ahora mismo… -Raspó Zac con fiereza, sus ojos ya rojos de la rabia mientras ahora Axel lo sujetaba para impedirle saltar sobre el halcón, quien lentamente volteó su mirada feroz hacia ellos.
-Oh, pero si los polluelos tienen cojones… -Murmuraba el Corviknight con una amarga sonrisa. -¿Qué tal si te acercas, y me lo dices en la cara…?
Pero antes de que Zac se atreviera a picar el anzuelo, Argent se interpuso entre los niños y Sir Angel caminando calmadamente, encarando al pájaro metálico con una mirada inexpresiva. Pero en sus ojos se veía claramente. Zac y Axel se encogieron del miedo mientras el ambiente se volvía más pesado.
Argent estaba molesto.
-Lamento muy profundamente que usted encuentre nuestra presencia molesta, Sir Angel. –Habló el Gallade con un tono frío. –Pero esa no es una excusa válida para agredir al pobre de Richard. Así que lo pediré muy amablemente… -Solo bastó dar un paso para que Sir Angel se pusiera en guardia. En sus ojos se veía que sus instintos estaban ardiendo por el peligro inminente. –Suéltalo.
El silencio se sentía frío. Nadie se atrevió a mover un músculo siquiera. Los Corvisquire que vinieron con Sir Angel de su patrulla, parados en los pilares de la puerta de la ciudad, se pusieron en guardia, pero no hicieron nada más. Nadie hizo nada. Ni siquiera Bisharp, quien, aunque parecía temblar de la ira, tampoco se atrevía a mover un músculo respecto al pájaro de hierro aplastándolo contra el suelo. Axel creía estar sudando de los nervios y Zac temblando de la rabia. Argent y Angel siguieron intercambiando miradas, incrementando la ferocidad dentro de sus ojos mientras los segundos corrían, sintiéndose en el aire la expectación aumentando a metida de que la explosión entre ambos se veía cada vez más cerca hasta que…
-¡¿Qué diablos está pasando aquí?! –Escucharon todos los presentes una voz femenina rasgando la tensión con un grito alterado.
Axel y Zac voltearon al unísono a la pequeña cabina afuera de la entrada a la ciudad, donde se asomaba una exaltada Golduck con gorra.
-¡Hey, ustedes dos! ¿Qué creen que están haciendo ahí? –Se acercó la Golduck a pasos agigantados, enfurecida.
-Nada que te incumbe, novata. Vuelve a tu puesto. –Le gruñó Sir Angel a la Golduck, quien se detuvo con el ceño fruncido. –Esto es entre esta basura Pokémon y yo…
-Lo siento, señor Angel, pero no puedo hacer algo como eso. Es mi deber como parte de la Guardia Civil asegurar la perpetuación de la paz en mi sector, algo que usted, señor, ahora mismo no está ejerciendo. Le pediré amablemente que suelte al Bisharp ahora mismo o tendré que reportar este arranque suyo al cuartel. –Axel se vio impresionado. La Golduck se veía nerviosa e inexperta, casi temblando y sudando mientras intentaba postrarse con firmeza en su lugar, y a pesar de todo ello, en su tono de voz, rápido pero profesional, se demostraba resiliencia e integridad. A pesar de eso, casi se derrite cuando Sir Angel la fulminó con la mirada.
-Estás fuera del lugar, cadete Onyx. –Le discrepó uno de los Corvisquire. –Estás dirigiéndote con sumo irrespeto ante un superior, deberíamos ser nosotros quieres reportáramos tal insubordinación al cuartel.
-No, ella tiene razón. –Bufó Sir Angel con mala gana, escupiendo al lado de la cabeza de Richard antes de soltarlo. –No vale la pena armar un escándalo por tales insignificantes circunstancias. Sigan su camino, oh queridos rescatistas, y pierdan el tiempo explorando bosques y arroyos. Les deseo toda la suerte del mundo en su jornada, tanta suerte que ojalá no lleguen a volver de ella.
Y con un pesado aleteo, el Corkinight alzó vuelo y se alejó rápidamente a la distancia a lo alto del cielo. Los dos Corvisquire miraron con desprecio una última vez al grupo y a la Golduck llamaba Onyx antes de echarse a volar detrás de su jefe.
Luego de unos momentos de silencio, todos pudieron soltar un largo suspiro de alivio.
-¡Jajaja! ¡Vaya experiencia nomás al empezar la jornada! –Se rio Argent, casi sudando de los nervios. –Nada como la tensión para despertarnos bien para el deber.
-¿Es que tienes que ver el lado positivo de absolutamente todo? –Bufó Zac, pero a pesar de eso se permitió una sonrisa de alivio. –Pero tengo que admitir que eso fue satisfactorio. Por lo menos pudimos mantener nuestro lugar contra esa chatarra con alas, ¿no es así, gruñón? –Le preguntó el zorro a Richard, quien se levantó pesadamente.
-Tsk. Cómo sea. Eso no me quitará el polvo de encima ni el dolor de cabeza. Maldito pajarraco de mierda… Ya me las pagará.
-Les ruego disculpas por todos los inconvenientes… -Se acercó Onyx con precaución, bajando la cabeza. –Sir Angel puede ser realmente difícil cuando se trata de Pokémon asignados al Gremio…
-Como si todos en Seguridad Pública no lo fueran… -Gruñó Richard en respuesta con amargura. –Ustedes se creen todos tan superiores por contar con mayor apoyo del Gobierno que nosotros, que no hacen más que desquitarse porque sí. Y nos llaman basuras Pokémon a nosotros…
-Richard, modales. –Le regañó Argent al malhumorado guerrero, quien se mordió la lengua y desvió la mirada con molestia. Onyx bajó la mirada con pena, pero la alzó cuando Argent se paró ante ella con una sonrisa. –Y no tienes por qué disculparte con nosotros. Es más, gracias por ahorrarnos prolongar un conflicto en el que probablemente todos habríamos salido perjudicados. Es una agradable sorpresa saber que no todos en la Guardia Civil se vean tan adversos a los Equipos de Rescate…
-Me gustaría decir que hay otros como yo que tampoco los odiamos, pero estaría mintiendo. –Bromeó la Golduck, todavía un poco nerviosa. –Las cosas han estado muy tensas por aquí, por lo que he llegado a ver desde que me transfirieron. Supongo que tendrá que ver por lo del Resguardo Quimérico…
-La situación allá al norte nos tiene tensos a todos, pero dividirnos tampoco va a ayudar a mejorar nada…
-¡Digo exactamente lo mismo! En serio, jamás he entendido a todos estos patanes que no hacen más que hablar porquerías sobre los Rescatistas. Claramente no entienden su rol en la sociedad. Claro que los Territorios Malditos están cada vez más aislados de nuestra sociedad, pero siguen siendo peligros que hay que tener muy en cuenta y… -A Onyx se le habían iluminado los ojos mientras hablaba, y parloteaba deliberadamente, sonriéndole al Gallade que la escuchaba muy atento y con una enorme sonrisa, hasta que ella se dio cuenta de que estaba quizá hablando de más. –Lo siento, creo que es muy poco profesional de mi parte hablar mal de mi asociación…
-Nah, todos lo hacemos en algún momento. Ni los Gremios de Rescate y ni Seguridad Pública son perfectos. –Le aseguró Argent, encogiéndose de hombros con despreocupación. A Onyx se le iluminaron los ojos de nuevo, y Axel no podía culparla. Luego del intenso choque que había tenido con Sir Angel, Argent seguía fresco como una lechuga, con un buen humor imperturbable y sonriendo con tranquilidad. -¿Cadete Onyx, no es así?
-Oficial, en realidad, pero…
-¡En tal caso, un placer conocerte, oficial Onyx! ¡Esperemos verte cuando volvamos de nuestra gran misión con éxito! –Se despidió el líder del Equipo Perenne, llevándose la mano a la frente e inclinándose con respeto ante la Golduck, quien no sabía cómo reaccionar. -¡Ahora! Si puedes disculpar nuestro atrevimiento, me temo que no tenemos tiempo que perder. ¡Muévanse, muchachos! ¡Este apenas fue el primer obstáculo que nos encontraremos durante este día! ¡Ánimos al cielo, vamos, vamos!
-Ya vamos, ya vamos. Geez. –Gruñía Zac, siguiendo rápidamente al Gallade a través de la salida que daba a las afueras de la ciudad. Bisharp les siguió de cerca sin siquiera mirar a la Golduck, a diferencia de Axel, quien quiso despedirse de ella, pero Onyx, mirando por un instante más a Argent, volvió a la cabina de vigilancia sin decir nada.
Axel la miró un instante más, antes de seguir su camino detrás de sus tres compañeros, todavía sin sentirse exactamente seguro.
Algo le decía que Argent tenía razón. Este día iba a ser muy difícil.
Y eso que solo era el primero.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
Ruta E-113
El cielo se extendía radiante. Las nubes blancas como enormes copos de algodón que se arrastraban perezosamente a través del infinito firmamento de un azul puro. El cielo brillaba con fuerza, brindando esperanza y brillo sobre un grupo de aventureros que se adentraban a través de enormes llanuras verdes en busca de aventuras…
-¡Me aburoooooo! –Se quejaba Zac, ladeando la cabeza mientras seguía a Argent con Axel a su lado a lo largo de lo que parecía ser un eterno sendero de tierra en rumbo a su destino. Solo caminar era tortuoso para la nutria, el hacerlo por lo que parecieron por lo menos dos horas era una tortura para sus pobres patas. -¡Siento que hemos caminado una eternidad! ¿En serio debemos tomar estas rutas diariamente para cumplir para cada misión? ¿Cómo tienen paciencia para algo así?
-Hmm… -Se pensó Argent la respuesta, luciendo tan enérgico y optimista como siempre. –Hábitos, diría yo. Digo, siempre cuento con Theran para llevarnos al grupo adonde necesitemos en misiones urgentes, pero sin un miembro del Tipo Volador con la suficiente fuerza para transportar a grupos grandes, caminar siempre es la opción que queda.
-¿Y no sabes cómo teletransportarte o algo así? Digo, eres un psíquico después de todo… -Volvió a preguntar Zac, a lo que Axel pareció sobresaltarse al oír la palabra "psíquico". No pudo sino recordar que se supone que debían buscar a uno para intentar recuperar sus memorias.
-Nah, nunca fui bueno en cosas de psíquicos. –Se avergonzó Argent, rascándose la cabeza con una sonrisa. –Además, hay algo de belleza en lo clásico. Digo, miren a su alrededor. ¿Habrá alguna otra oportunidad en la que puedan observar una vista como esta? –Mencionó, desviando la mirada hacia el horizonte. Cualquiera podía decir que era solo un paraje verdoso sin nada que sobresaliera, solo un manchón de tierra que se extendía hasta el horizonte con árboles aquí y allá. Pero el Buizel tenía que admitir que Argent tenía algo de razón. Quizás era su curiosa visión del mundo debido a su condición, pero en cada escenario que se le presentaba, no podía evitar verle algo de belleza. –Cada misión, cada experiencia, cada instante, ¿acaso no son todos recuerdos únicos y preciosos que vamos almacenando en nuestra memoria? ¿Que nos ayudan a crecer y a convertirnos en mejores Pokémon? El solamente estar respirando, ya es motivo para sentirse vivo. Todos deberíamos disfrutar el solo existir.
-Suena muy bonito todo eso pero… -Gruñó Zac, todavía malhumorado. Bajó un poco la cabeza con expresión amarga. –La vida no siempre es tan buena para todos, ¿sabes?
-Por supuesto que lo sé, es por eso que deseo que lo sea. –Replicó Argent, sobresaltándose con energía y una enorme sonrisa. –Ese es mi objetivo. Por eso, siempre intento dar todo de mí mismo para hacer el mundo mejor para todos. Si solo nos limitamos a conformarnos con lo que tenemos, jamás cambiaremos nuestras circunstancias. Hacer la diferencia depende de cada uno al final, ¿no es así? Y de la percepción que tenemos del mundo… -Argent entonces se detuvo, junto a una solitaria flor violeta junto al camino. Se le iluminaron los ojos al presenciarla. –A veces, solo hay que detenernos a apreciar lo bello que el mundo nos ofrece, y podremos superar las cosas que no nos dejan ver lo bueno que es vivir la vida.
Axel escuchaba atentamente, sintiendo la sabiduría a través de esas palabras. Podía sentir que cada una venía con el peso de años y años de experiencias, miles de situaciones que pusieron a prueba la convicción de Argent sobre su actitud positiva y perspectiva de la vida, y probaron una y otra vez que sí se podía ser así de optimista y seguir triunfando en el mundo.
Argent era extraño, excéntrico y curioso cuanto menos, pero en muchos otros aspectos, era mucho más que sobresaliente. Era excepcional.
Tanto, que incluso Zac tuvo que darle la razón en silencio. Axel pudo ver cómo en los ojos del zorro también se iluminaba una luz ante las palabras del sabio líder, pero al final el Zorua solo resopló y desvió la mirada con fastidio. Axel dejó escapar una risita para molestarlo más.
Pero entonces, nuevamente Axel sintió una presión sobre él que le hizo sentir incómodo y borrar su sonrisa. Sabía que Richard lo estaba mirando fijamente, y eso le fastidiaba. Llegó a tenerle mucho respeto al guerrero luego de su trayecto hacia el Gremio, su ardiente voluntad que desbordaba por montones y su carácter filoso y cortante como sus cuchillas así como su actitud ruidosa por naturaleza. Pero ahora, parecía alguien totalmente diferente. Callado todo el tiempo, amargado todo el tiempo. A veces, Axel miraba hacia él con simpatía, pero la aguda mirada de Richard le hacía voltear la cabeza.
No quería estar molesto con Richard, pero tampoco es como si le estuvieran quedando muchas opciones. Sabía que el Bisharp cumpliría su promesa de matarlos a él y a Zac si arruinaban algo relacionado con la misión. Sabía que él era una amenaza, que ahora mismo caminaba detrás de sus talones, respirándole en la nuca, juzgándolo a cada paso, y eso no había hecho más que fastidiarlo durante la mayor parte del trayecto.
Hecho que Zac había notado hace rato.
-Oye, ¿vas a decirme qué te pasa o seguirás fingiendo que estás como si nada? –Le refunfuñó Zac luego de mirarle la cara al angustiado Axel durante unos momentos, dándole un empujón con el costado mientras caminaban. -¿Qué tienes en la cabeza? Vamos, escúpelo. No tengo la paciencia para lidiar con esa actitud tuya todo el día.
El Buizel recuperó el equilibrio con dificultad, y miró a Zac fijamente a la cara. Podía no demostrarlo en su actitud burlona y fanfarrona, pero el Zorua estaba incondicionalmente preocupado por él, algo que Axel no podía hacer más que agradecer, pero…
No podía decirle lo que sucedió con Richard, al menos no con él encima de ambos. Aunque podía esperar que Argent los defendiera si ocurría algo, en el fondo tampoco quería perjudicar al Bisharp.
En el fondo, quería creer que no tenían razones para preocuparse por Richard. Quería creer que serían capaces de cumplir la misión sin inconvenientes. Quería creer en el talento que Argent podía ver en ellos, así como vio en Fid, Lazuli y Richard.
Así que, con todo el dolor de su corazón, se preparó para mentirle a Zac descaradamente en la cara, tal como el propio zorro le había enseñado a hacer.
-No pasa nada, yo…
-¡Presencien, muchachos, que estamos llegando por fin a nuestro destino! ¿A poco no se fue el viaje en un pestañeo? –Anunció Argent, abriendo los brazos hacia su destino con expectación. Habían estado subiendo poco a poco una colina desde hace unos minutos, y una vez estuvieron llegando a la cima, Axel quedó enmudecido ante la vista. -¿Acaso esta no es una imagen digna de atesorar?
Montañas, toda una hilera de montañas verdes que abundaban en vegetación y vida. Lagos y ríos azules que reflejaban majestuosamente los rayos del sol elevándose a la distancia hacían centellar la vista asombrada del Buizel, quien quedó boquiabierto ante el bello paisaje. Zac parecía menos impresionado. Más bien, parecía algo inquieto.
-Muy bonito, pero ¿qué es ese lugar? –Murmuró el zorro, señalando hacia la distancia. Fue entonces que Axel finalmente lo notó. En el fondo de la cadena montañosa, se alzaba una curiosa colina entre lo que parecía ser un pequeño bosquejo, emergiendo entre el follaje de los árboles.
Lo curioso, es que toda esa colina, mucho más alta que las demás, carecía en color en absoluto. Se interponía entre la luz del sol, oscureciéndola, por lo que Axel no lo había notado al instante. La penumbra rodeaba incluso la cima de la montaña grisácea, impidiendo ver qué había más allá de su cima.
-El Monte Gris. –Contestó Argent, desfigurando un poco su sonrisa. –Es un Territorio Maldito, uno de los más peligrosos registrados hasta la fecha, que incluso hace temblar a Equipos de Rescate de renombre, el Equipo Perenne incluido.
-Habían mencionado ese lugar antes… -Recordó Axel, perdiéndose en sus pensamientos.
-Sí… ¿Qué no habían incursiones a ese lugar o algo así? –Rememoró Zac su primera visita a la enfermería del Gremio de Victini, frunciendo el ceño.
-Así es, desgraciadamente. Todavía recuerdo lo duro que fue ese lugar, un muy fuerte desafío que nos dejó cicatrices duraderas. Todos los Gremios del país tuvieron que recurrir a una alianza y mandar élites de Equipos de Rescate enteros a explorar codo a codo el terrible Territorio. Muchos tuvieron que retirarse debido a las feroces circunstancias, pero finalmente, la misión de exploración fue un éxito. Un Territorio de solo 13 niveles, que mermó física y mentalmente a más de cien Pokémon expertos en Territorios. Verdaderamente, fue una experiencia increíble y gratificante cuando logramos vencer al final.
-Vaya… -Murmuró Axel con asombro, observando la siniestra montaña, alzándose a la distancia con soberbia, con serenidad, con imponencia. Un obstáculo mortal entre una hermosa vista, una señal de mortalidad para cualquiera que intentara herir a una tierra tan preciosa, manteniendo a todos lejos por solo su presencia. Un súbito pensamiento inquietante penetró en la mente del Buizel. –No vamos a ir allí, ¿verdad?
-¡Oh, no, no! ¡Por supuesto que no! Eso sería suicidio seguro, en nuestras condiciones actuales. –Se rio a carcajadas el Gallade, pero su risa sonaba tan aguda y nerviosa que podía decir que la sola idea de volver a ese lugar aterrorizaba al poderoso guerrero hasta en sus huesos. –No, pero la Quebraba Descolora está muy cerca del Monte Gris, incluso comparten la falta completa de color, así que prepárense para una visión muy bizarra. Estamos por enfrentarnos a un Territorio, que si bien no le llega ni a los talones al nivel de peligro del Monte Gris, puede ser un hueso duro de roer en nuestro camino a la victoria.
-¿Alguna indicación? –Preguntó Axel, sintiéndose nervioso ya.
-Lo básico… -Mencionaba Argent al estirarse y respirar profundo sin abandonar su imperturbable sonrisa. –Permanezcan juntos, no entren en pánico, eviten conflictos, apoyen a sus compañeros en todo momento, mantengan los ojos abiertos y, de nuevo, no se separen, por NADA del mundo. –Advirtió, serio al mencionar esa última parte. –Contamos con suministros de sobra, así que no duden en pedir comida si tienen hambre. Y relájense. Por intimidante que pueda parecer la primera vez, siempre tengan en cuenta que sigue habiendo Pokémon capaces de lidiar con esto todos los días. Los Territorios no siempre tienen que ser de temer, y como en todo, hay algo de belleza en su oscuridad. Más que ver nuestro destino como un obstáculo, véanlo como una oportunidad de mejorar. Véanlo como su primer paso, a convertirse en leyendas. ¿Están dispuestos a intentarlo?
Axel replanteó la pregunta en su mente. Recordó cuando se atrevió a ingresar por primera vez a un Territorio al lado de Zac, a pelear contra los Murkrow que los atacaron dentro del Bosque Muerto, a tirarse de cara contra un tornado por la bolsa de Zac, a enfrentarse a Richard para defender a su amigo, a enfrentarse a una ciudad entera para defender a su amigo. A cambiar su vida, gracias a él.
En realidad, solo quiso rememorar las decisiones que había tomado para asegurarse de que tenía fuerza de voluntad, de que era valiente, pero al mirar hacia atrás, solamente había logrado todo eso, porque tenía a Zac junto a él para enfrentar a todos esos peligros. Quizá por eso dudó tanto cuando este lo dejó atrás con Richard. Porque, en el fondo, sabía que solamente podía contar con Zac. Porque él era el único que sabía la verdad sobre él, por más que negara creerla.
"¡HUMANO!"
Por terrible que fuera, ese solo recuerdo le hizo sonreír.
Miró a Zac, junto a él, y por primera vez en todo el viaje, olvidó la presencia constante de Richard a sus espaldas. Y le sonrió a su compañero.
-¿Estás listo? –Preguntó entonces, con una mirada determinada que no tardó en contagiársele al Zorua. Ambos dejaron de dudar al instante.
-Si tú lo estás, ¿cómo no estarlo yo? –Bromeó Zac, a lo que Axel le dio un golpecito amistoso en el hombro. –Estamos preparados, oh gran líder. Por favor muéstranos el camino.
-¡Cuenten con ello! –Sin notar el sarcasmo, Argent solamente se contagió de su ánimo y se apresuró a liderar al grupo hacia su destino, con Axel, Zac y un silencioso Richard siguiéndolos de cerca.
El Bisharp observaba fijamente al dúo reír y bromear mientras seguían a Argent, y frunció el ceño con irritación, enojándose, pero sin atreverse a decir o hacer nada.
No mientras Argent estuviera observando.
No podía permitirse fallar, ni por su culpa, ni por la de esos dos mocosos. Iban a triunfar, aún si eso significara tener que dejar a esos dos atrás, como las cargas que eran.
Toda su carrera, todo en lo que había trabajado, estaba en juego, después de todo.
"Atrévete a huir, como el marica cobarde que en verdad eres."
La sangre le ardió y sus ojos relampaguearon. Apretó los puños, y siguió adelante, sintiendo cada paso más pesado que el anterior.
"No puedo fallar, no puedo fallar, no puedo fallar, no puedo fallar, no puedo fallar…" Y después de respirar profundamente, relajó su mirada. Debía recordar en quién se supone que era ahora. Y debía asegurarse de que nada cambiara.
Debía asegurarse de que nada fallara.
"Tan solo espera, anciano…" Se dijo así mismo, sonriendo con malicia. "Te vas a sorprender."
Y entonces, en medio de aquel valle rodeado de montañas, ignorante del peligro que caminaba a sus espaldas, Axel reía y jugaba con Zac por el camino, animados por un sonriente Argent quien se divertía con sus tonterías. Realmente, el Buizel había olvidado que se dirigían directo a una misión peligrosa, que estaban por entrar a otra boca del lobo que haría todo lo que estuviera ante su poder para exterminarlos, que él en realidad era un humano atrapado en el cuerpo de un Pokémon sin idea de por qué estaba ahí ahora mismo.
Porque ahora mismo, solo era un niño, jugando con otro, como si nada malo sucediera a su alrededor. Realmente, había algo de belleza en esos momentos, tal como Argent había dicho. Belleza en lo simple.
"Mentiroso…"
Así como belleza en la oscuridad.
Se detuvo en seco. Su cuerpo se estremeció por los escalofríos. El viento frío estremeció su alma, y sus ojos se movieron muy lentamente hacia la distancia, hacia donde el camino comenzaba a perder vida y color, hacia una oscuridad que le susurraba en el oído que se dejara tragar por ella.
Hacia un destino que no había sellado.
El humano alzó una pata hacia esa dirección, hipnotizado, hasta que…
-¡Ataque sorpresa! –Gritó Zac, aparecieron de la nada para tumbar a Axel sobre el suelo con fuerza. -¡JA! ¡Vencido de nuevo, imbécil! ¡Tragando tierra tal como mereces, por atreverte a desafiar al gran Zacharias…! ¿Estás bien, Axel? –Se preguntó entonces el Zorua, mirando con curiosa preocupación cómo Axel no parecía reaccionar, únicamente mirando hacia aquel punto a la distancia, a la que Argent se encaminaba ininterrumpidamente.
La Quebrada Descolora. Su destino.
-¡Dejen de perder el tiempo, y muévanse! –Les gritó Richard con agresividad, obligándolos a ambos a ponerse de pie y a moverse. –No nos retrasen, mucho menos dentro del Territorio, ¿entendido?
-Sí, papá, geez. –Se quejó Zac, apresurándose, pero entonces vio que Axel seguía sin reaccionar. –Axel, vamos, antes de que el grandulón nos corte en cachitos… ¿Axel?
-Eh, sí, sí. Ya voy. –Se espabiló la nutria, comenzando a caminar en dirección a Argent, todavía con la mirada perdida. Zac lo miró con preocupación, y siguió a su compañero hacia el Territorio Maldito, con Richard cerrando la retaguardia y Argent esperándolos en la entrada.
Era hora de probar que eran dignos.
