Resumen: Segunda parte de la serie "Constelaciones". Draco y Harry están felizmente disfrutando del comienzo de su relación, sin embargo, los problemas están lejos de acabar. ¿Podrán superar los obstáculos que les serán puestos en el camino y a las acciones de quienes intentan separarlos? ¿O su relación terminará incluso antes de que siquiera pueda comenzar? DRARRY

Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos con el final de "Galaxia", quiero agradecerles por sus alertas y favoritos, y en especial a xonyaa11 por haberse tomado el tiempo de dejarme su bello comentario. Ahora sí, espero que disfruten el capítulo.


Galaxia: El comienzo de un futuro prometedor

31 de diciembre de 2010

¿Cuánto tiempo había pasado desde que la perra de Weasley me había dejado atado aquí? ¿Unos pocos minutos? ¿Algunas horas, tal vez? ¿Días, quizás? Era difícil saber la respuesta a esa pregunta, siendo que me encontraba en una habitación que no sólo se hallaba en precarias condiciones producto de los anteriores ataques provocados por Lupin en su forma de lobo, sino que, además, poseía todas las ventanas cegadas con gruesos tablones de madera que impedían el paso de la luz. Sí, sin duda alguna sería difícil saber por cuánto tiempo había estado atado a esta silla, pero aun así podía inferir que había sido el suficiente como para que sintiera mis pulmones resentirse por todo el polvo que estaba volando alrededor de la sucia habitación.

Suelto una fuerte tos para despejar un poco mis pulmones de todo ese polvo que comenzaba a asfixiarme, pero descubro de inmediato que eso había sido una pésima idea. Las contracciones que realizaba mi pecho producto de la carraspera habían hecho que los fuertes amarres de las cuerdas, las cuales me tenían retenido, se tensaran e hicieran nuevos cortes sobre la ya de por sí dañada piel. Inmediatamente, puedo sentir un cálido líquido corriendo ciertos lugares donde mi remera se había levantado y la piel me había quedado expuesta a las ataduras. Los cortes no parecían ser muy profundos, y la sangre que manaba de ellos no sería suficiente para matarme, pero eso no significaba que no pudieran infectarse si no los trataba de inmediato. ¡Y cuán irónico sería que hubiera sobrevivido a una guerra, pero que fuera a morir producto de un pequeño corte que se infectó por no tratarlo a tiempo!

Miro hacia el techo y suelto un desganado suspiro, y por más que lo intento, no puedo evitar pensar en todas las veces en las que había creído que moriría en el pasado; porque sí, estos pensamientos no eran nada nuevo. De hecho, mi pasado estaba plagado de situaciones en las que había creído que mi vida había llegado a su fin. Todavía podía recordar, como si hubiera sido ayer, la primera vez que creí que moriría. Había ocurrido unos dos meses antes de comenzar mi sexto año en Hogwarts. El Señor Tenebroso había estado completamente disgustado con nuestra familia después de que mi padre fallara en su misión y fuera capturado por Aurores, era por ese motivo que él había decidido hacerle pagar a mi padre por su incompetencia. Sabía que la forma en la que castigaría los errores de mi padre sería deshaciéndose de aquello que más le importaba a él, incluso más que la causa por la que luchaba al lado de su señor. ¿Y qué era eso? Nada más y nada menos que su familia. Y también era por este mismo hecho por el cual ni siquiera me había sorprendido que me mandara a llamar.

Todavía podía recordar lo pálida que se había puesto mi madre y la forma en que había comenzado a llorar desconsoladamente. Nunca antes la había visto llorar así. Ella siempre había sido una mujer altiva y que enmascaraba a la perfección sus emociones, pero en ese momento se había quebrado su máscara y había dejado al descubierto a la madre amorosa que se escondía debajo. Recuerdo haberla abrazado con fuerza y decirle que todo estaría bien, que iba a encontrar la manera de volver a traer de regreso el orgullo a la familia, pero en el fondo sabía que eso no era más que una lamentable forma por tratar de consolarla; dentro de mi corazón sabía que esas no serían más que las últimas palabras que le diría a mi madre. Recuerdo haberla dejado en el salón en el cual nos encontrábamos, y pedirle a un elfo doméstico que no se apartara de ella en todo momento porque ciertamente iba a necesitar contención una vez que el Lord Sin Nariz le entregara mi cuerpo sin vida.

Sin volver a mirar detrás, y con las manos temblándome de terror, fui a su encuentro en la ubicación que me habían enviado. Y allí descubrí que mis suposiciones habían sido incorrectas. Él no quería matarme como una forma de venganza por los errores de mi padre. No, ese final hubiera sido muy rápido y limpio para alguien tan desquiciado como él. No, él quería hacer sufrir a nuestra familia; y, por ende, no iba a contentarse sólo con la muerte. Hoy en día, y viéndolo todo en retrospectiva, me pregunto si no hubiera sido más ventajoso para mí que me hubiera matado esa misma noche. Después de todo, su castigo había resultado aún más doloroso y aterrador que la mismísima muerte.

La segunda vez que creí que moriría fue a finales de mi sexto año. La misión que me había encomendado ese psicópata para compensar los errores de mi padre era imposible de cumplir, al menos para alguien como yo, quien lo más malvado que había hecho en la vida era burlarse de Harry y sus amigos por cosas tan tontas como el estatus de sangre o el dinero que poseía una familia. Sí, estos no parecían ser incentivos lo suficientemente malvados como para llevar a cabo un asesinato, en especial el del mago al que incluso el Señor Tenebroso temía. Y una vez más, me había resignado a entregarme a los brazos de la muerte porque no había forma de que yo pudiera matar a Dumbledore, sin importar cuánto me disgustara el viejo come caramelos de limón. Por fortuna, nada de eso había ocurrido. Severus había salido en mi auxilio a último momento, y había realizado sin vacilaciones aquella tarea que me había sido impuesta. El Lord Sin Nariz no había estado conforme con mi desempeño, después de todo, no había cumplido con parte de la misión que me había encomendado, pero el hecho de que hubiera conseguido colar Mortífagos dentro del colegio había sido suficiente para que me perdonara la vida y me dejara ir con nada más que unos pocos minutos bajo los efectos de la maldición Cruciatus. En él, eso podría haberse interpretado como una especie de felicitación.

Para la tercera vez, ya estaba preparado para recibir a la muerte con los brazos abiertos. Había ocurrido después de que Harry escapara de la mansión. Sabía que mi padre había llamado a su psicópata señor, así que nos esperaba una muerte asegurada al haber dejado escapar a su enemigo número uno. Recuerdo vívidamente la forma en la cual el rostro serpentino de Voldemort se transformó en uno que, aun al día de hoy, era capaz de producirme pesadillas. El mismo estaba cargado de odio y deseos de hacer sufrir a los responsables de que hubieran dejado huir a su más deseado prisionero. Ni siquiera me había sorprendido cuando la maldición Cruciatus me golpeó con una fuerza tan grande que creí que perdería por completo la voz de tanto que estaba gritando. Ese día había creído que, si él no me mataba después de aburrirse de escucharme aullar de dolor, entonces ciertamente perdería la cordura al haber sido expuesto a la maldición de la tortura durante tanto tiempo. Al día de hoy, puedo ver que lo único que me mantuvo cuerdo en ese entonces fue haber forzado a mi mente a pensar en los hermosos ojos verdes de Harry mientras la maldición me recorría por todo el cuerpo. Mantener mi mente ocupada en algo más que el dolor que estaba sintiendo, en especial en algo que me recordaba al chico del que me había enamorado, me había brindado las fuerzas suficientes para no perderme en ese mar de locura al que mucho otros magos hubieran sucumbido. Era casi irónica la forma en la que, incluso sin que él lo hubiera sabido, mi gatito había conseguido darme fuerzas para seguir luchando por mi vida.

En cuanto a la cuarta vez que creí que moriría… Bueno, si debo ser absolutamente honesto, ni siquiera había sido capaz de sorprenderme cuando ésta llegó. La guerra había terminado hacía varios años, pero eso no había hecho que la población mágica dejara de odiar y despreciar a todos aquellos que habíamos estado en el bando incorrecto y que, por un capricho del destino, habíamos conseguido librarnos de Azkaban. Esos años que había pasado prácticamente encerrado en la mansión, y sólo saliendo de ella cuando era estrictamente necesario, me habían hecho vivir en un permanente estado de alerta. Todos los días me levantaba pensando que ese sería el día en el cual mi vida iba a terminar a manos de algún mago o bruja que buscara venganza, sólo que no había sido yo quien había terminado muriendo, sino mis padres. Aun al día de hoy sigo preguntándome si las cosas no hubieran sido más simples si simplemente hubiera muerto con ellos esa noche. Quizás sí, quizás no. Una cosa es segura, al menos no me encontraría en la situación actual.

Y aunque lo intento, no puedo evitar reír con incredulidad en mi mente al pensar en la forma en la que, aparentemente, iba a terminar mi vida. De todas las oportunidades de morir que había tenido en el pasado; de todas las veces en las que la muerte se había acercado lo suficiente a mí como para que incluso fuera capaz de oler su pútrido aliento; de todas las formas en las que había imaginado que moriría, nunca creí que el final de mi vida vendría a manos de la perra de Weasley. En mi defensa diré que nadie podría haberlo visto venir. Vamos, que no todos los días una ex prometida de tu actual novio aparecía en tu apartamento y te tomaba desprevenido, sólo para dejarte atado y con la maldición Imperius encima para que no pudieras escapar. Y como si eso no fuera suficiente, se aseguraría de forzarte a escribir una carta que arruinaría por completo la reciente relación que tenías con tu novio. ¿Y todo esto para qué? ¡Oh, sí! Para que fuera ella quien volviera a recuperar a su ex prometido.

Sí, esa clase de planes absolutamente desquiciados no solían verse a menudo en la vida de las personas.

El recuerdo de lo que la perra de Weasley planeaba hacer con Harry ahora que tenía el camino libre era lo único que necesitaba recordar para sacarme de ese estado de aturdimiento, para pasar a intentar escapar del control de la Imperius con todas mis fuerzas. Si bien no había conseguido escapar antes, ahora no tenía que lidiar con las órdenes que esa pecosa comadreja me daba. Podía poner todos mis esfuerzos en librarme de su control y sin que ella sospechara lo que estaba intentando hacer. Con renovadas esperanzas, fuerzo a mi mente a escapar del control de Weasley. Lo primero que hago es tratar de forzar a mi magia para que me libere de las ataduras, pero lo único que consigo es removerme un poco en la silla y que nuevos cortes se abran en mi piel.

De acuerdo, esa fue una mala idea.

Suelto un gruñido de frustración en mi mente, y trato de cambiar de estrategia. Si no podía liberarme por mi cuenta de esas cuerdas, iba a tener que hacer que alguien las quitara por mí. Quizás si conseguía gritar por ayuda, alguna de las personas que vivían cerca de aquí notarían que algo extraño estaba ocurriendo y llamarían a los Aurores para que vinieran a echar un vistazo. Sí, eso podría funcionar. Sintiendo resurgir las esperanzas en mi pecho, vuelvo a forzar a mi mente a librarse del control que me impedía hablar o gritar, y fuerzo a mis cuerdas vocales a emitir algún sonido. Desafortunadamente, la habitación permanece en absoluto silencio y de mi boca no sale ni un leve susurro.

Más frustrado de lo que me había sentido en la vida, miro alrededor de la habitación y es entonces donde recuerdo que Weasley había dejado mi varita encima de una de las cajas. Si tan solo pudiera convocar mi varita, podría realizar un Finite Incantatem para liberarme tanto de las ataduras, como del control de la Imperius. Sí, esta era mi mejor opción. Tenía que hallar una forma de atraer mi varita hacia mí, pero la única forma que se me ocurría de hacer esto era con magia no verbal y sin varita. Si de por sí los hechizos sin varita no se me daban bien, aquellos no verbales eran casi imposibles para mí. Aunque no podía rendirme, no ahora. Tenía que encontrar la forma de salir de aquí cuanto antes porque a cada segundo que pasaba, era uno más en el que la perra de Weasley podía poner en marcha su plan para recuperar a Harry.

El sólo pensamiento de que esa comadreja pusiera sus sucias manos en mi gatito era todo lo que necesitaba para concentrarme y forzar a mi magia a romper del control de la Imperius que me impedía escapar. Suelto una fuerte exhalación para calmar mis descontroladas emociones, y una vez que noto que mi respiración se hace acompasada, pongo todas mis fuerzas en decir dos palabras dentro de mi mente.

Accio varita.

Pero nada ocurre. No podía ver nada porque la habitación estaba a oscuras, pero mi oído no capta ningún sonido, ni siquiera un leve rastro de que la varita se había movido al menos unos centímetros en la superficie de la caja. Sin embargo, no me desanimo, y vuelvo a intentarlo de nuevo. Suelto otro suspiro, y vuelvo a imaginar el exacto lugar en el que Weasley había dejado la varita. Cuando estoy casi seguro de tener la imagen mental perfecta, suelto el aire que estaba conteniendo y lo intento una vez más.

Accio varita.

Nada. No se escucha ni un pequeño roce de madera contra cartón en la polvorienta habitación. Mi frustración está comenzando a alcanzar peligrosos niveles y siento deseos de gritar y llorar, pero para mayores ironías de la vida, lo único que consigo hacer es esto último. Las lágrimas caen por mi rostro y sin mi consentimiento, y nunca había tenido tanta necesidad de apartarlas de un manotazo. Desafortunadamente, las cuerdas que me ataban a la silla impedían que hiciera esto último. La frustración que sentía se había convertido en absoluta ira, aunque no estaba del todo seguro si era dirigida hacia Weasley por ponerme en esta situación en un primer lugar, o hacia mí mismo por no ser lo suficientemente fuerte como para escapar de su control. Totalmente irritado, suelto un grito mental y pongo todas mis fuerzas en intentarlo una vez más. Las palabras salen como un fuerte grito dentro de mi cabeza, pero en la habitación no se escucha absolutamente nada.

ACCIO VARITA.

Nada. Nada de lo que hiciera podía hacerme salir del control de la Imperius. Frustrado y con claros deseos de golpearme a mí mismo por ser tan débil, me resigno a aguardar por la muerte que de seguro me esperaba. Si Weasley no volvía a terminar con el trabajo, entonces la muerte natural me reclamaría. Después de todo, ¿cuánto tiempo podía vivir una persona sin comer e hidratarse? Estaba seguro que podría ser capaz de pasar una semana sin comer, ¿pero sin beber? No creía que pudiera sobrevivir más de un par de días, en especial con todo el polvo que estaba volando por la habitación, lo cual sólo parecía acortar el tiempo que me quedaba. Bajo la vista hacia el suelo y estoy a punto de resignarme y esperar a que la muerte venga a reclamarme, cuando vuelvo a pensar en la forma en que los ojos de Harry se iluminaban cuando sonreía con sinceridad. La manera en que esas esmeraldas parecían brillar cada vez terminábamos de besarnos era todo el incentivo que necesitaba para no darme por vencido y seguir luchando. No podía, no podía rendirme ahora y dejar a Harry a merced de esa lunática. Tenía que hallar la forma de salir de aquí y salvarlo de una vida de esclavitud frente a ella.

Una vez que consigo recuperar la fuerza de voluntad que había perdido en algún momento de mi desesperación, vuelvo a elevar la vista y comienzo a pensar qué hacer. Nada de lo que había hecho hasta ahora había surtido efecto, nada había sido lo suficientemente fuerte como para romper la maldición; pero quizás ahí estaba el verdadero problema. Hasta ahora sólo había intentado concentrarme en hacer una cosa a la vez. Tal vez, y sólo tal vez, si ponía todas mis energías en forzar a mi magia a salirse de control, pudiera librarme de todo. Sí, quizás eso podría funcionar.

Tomo una fuerte inspiración y cierro los ojos para despejar mi mente de todo. Una vez que respiro uniformemente, me preparo para comenzar mi plan. Internamente, fuerzo a mi núcleo mágico a salir y expulsar magia de sí, pero esto era mucho más sencillo decirlo que hacerlo. El gran esfuerzo que estaba realizando por obligar a mi magia a salir descontrolada me provocaba un gran sufrimiento. De inmediato, siento que mi frente se llena de gotitas de sudor, a la vez que empiezan a deslizarse lágrimas de dolor por mis ojos. Las cuerdas que me atan a la silla comienzan a abrirme nuevos cortes por todo el pecho y los brazos, pero yo ni siquiera me inmuto ante esto y sigo forzando a mi magia a salir. Algo de mis esfuerzos debían estar dando resultado, porque de inmediato percibo cómo soy capaz de mover el cuerpo lo suficiente como para acercar la silla hacia las cajas que tenía frente a mí. El dolor que atraviesa mi cabeza es atroz, pero me obligo a descartar esto y seguir forzando a mi magia a salir.

Consigo que la silla se mueva unos pocos centímetros, pero el movimiento ocasiona que la misma roce una tabla levantada del suelo y caiga hacia adelante. Un fuerte estruendo resuena en la vacía habitación, a la vez que una densa nube de polvo asciende desde el suelo hasta el techo. Mi rostro, el cual había caído de lleno contra los sucios tablones del suelo, se siente húmedo y pegajoso. Siento un fuerte dolor en la nariz y un espeso líquido caer desde mis fosas nasales, lo cual era indicativo de que me había roto la nariz al caer. Y como si todo esto no fuera suficiente, descubro que no había sido capaz de quitarme las ataduras, mucho menos de salir del control de la Imperius.

Sin poder ni querer evitarlo, comienzo a llorar una vez más; aunque estas lágrimas no eran producto del esfuerzo que había realizado segundos atrás. No, esas lágrimas eran el producto de la frustración y tristeza que me generaba no ser lo suficientemente fuerte para librarme de esto, y así poder salvar a Harry. Nunca sería lo suficientemente fuerte, sin importar cuánto lo deseara.

Una amarga carcajada escapa en mi mente al percatarme de la ironía de la situación en la que me encontraba. Era casi espeluznante la forma en la que solía vaticinar en mis libros lo que ocurriría en la vida real. Internamente me pregunto si algunos de mis antepasados habían tenido habilidades adivinas que pudieran legarme, porque era la única explicación que encontraba al hecho de escribir situaciones en mis libros que luego se volverían realidad. Y ciertamente no era la primera vez que ocurrían esta clase de ideas premonitorias. La primera vez que había ocurrido había sido con la historia de mi personaje Ginna y la forma en la que había estado administrándole Amortentia a Leonis para retenerlo en contra de su voluntad. En la vida real, esto mismo había ocurrido con la perra de Weasley. La maldita se había encargado de forzar a Harry a permanecer con ella por este medio.

Sin embargo, esa no había sido la única ocasión en la que algo como esto había ocurrido. No, había habido más veces en las que esos sentimientos de que algo iba a ocurrir se volvieron una realidad. A mi mente llega el recuerdo de la noche en la que Harry había descubierto mi identidad como Dylam Rocafo. Cuando Harry se desapareció ese día de mi casa para ir a confrontar a Weasley, tuve una extraña sensación de que algo malo pasaría, de que algo haría que perdiera a Harry para siempre. Y sólo Merlín sabía lo cerca que había estado de que algo como eso ocurriera.

Y ahora esto. Ahora, y por irónico que fuera, me encontraba en la misma situación que en la que se hallaba Etamin en lo poco que había llegado a escribir de "Galaxia", inmovilizado y sin poder moverme o hablar. ¿Y cuáles eran las probabilidades de que hubiera escrito algo como esto y que, días después, me encontrara en una situación similar? Sin lugar a dudas no eran demasiadas a menos que tuviera algo de adivino en mí. Suelto una fuerte carcajada mental al pensar en ello y me digo a mí mismo que, en caso de que esto fuera cierto, yo era un adivino de mierda porque, si fuera un verdadero vidente, podría al menos haber intentado profetizar una mejor fortuna para mi vida. No, ciertamente no era un adivino, y las similitudes que se habían dado entre mis sagas de libros y mi vida no habían sido más que una mera coincidencia.

Coincidencia o no, eso no iba a librarme del control de Weasley. No, nadie más que yo mismo podría salvarme en estos momentos. Una vez que este pensamiento se asienta en mi mente, vuelvo a hacer un último intento, uno con el que forzara a mi magia a salir con todo lo que tenía. Tomo una profunda inspiración, y después de soltar el aire que había retenido, empiezo a obligar a la magia a salir de mi núcleo mágico. Aprieto los puños que tengo cerrados y grito con todas mis fuerzas dentro de mi mente. El sudor me corre por toda la frente y el cuerpo, y de inmediato siento que mi remera se humedece producto de la transpiración y la sangre que aún emana de los cortes, pero ignoro estos hechos y concentro todas las fuerzas que me quedaban en forzar a la magia a salir; y casi podía sentir el conocido cosquilleo de mi magia elevando cada vello de mi cuerpo, sin embargo, esto no era suficiente para librarme del control de la Imperius. Mis esfuerzos cesan al instante cuando toda la energía se me agota, y lo único que puedo hacer es quedarme recostado contra el sucio suelo de la Casa de los Gritos en un impotente estado.

Estaba absolutamente agotado, a tal punto que no sería capaz de moverme incluso si pudiera hacerlo. Sentía mi garganta arder como si me la hubiera desgarrado gritando, pero ningún sonido había salido de ella desde que Weasley se había ido. Sin embargo, lo que más me aterraba de toda esta situación, lo que conseguía terminar de aniquilar cualquier rastro de esperanza que aún me quedara, era la cruel realidad a la que mi mente parecía haber arribado. No iba a escapar. No importaba lo que hiciera, nunca podría ser capaz de liberarme del control de la maldición Imperius, y, por ende, nunca podría salir de aquí. Iba a morir en esta casa abandonada… y nadie iba a percatarse de ello jamás.

¿Y qué sentido tenía seguir luchando por librarme de algo de lo que yo sabía que nunca podría escapar? ¿Qué cambiaría seguir agotando mis energías intentando huir de algo que era inevitable? Porque sí, la muerte era inevitable, y en mi caso, parecía estar a punto de venir a buscarme. Y eso era todo lo que necesitaba comprender para resignarme, resignarme y esperar a que mi hora llegara.

Había tantas cosas que me hubiera gustado hacer en mi vida, tantas que querría haber dicho antes de caer en esta situación; pero lo que más lamentaba de todo ello (aparte del hecho de no haber sido capaz de salvar a Harry de su demente ex prometida) era el hecho de que, para estas alturas, Harry ya debía de haber leído la carta que Weasley me había obligado a escribir. Para estas alturas, mi gatito de seguro me odiaba.

Y sabía que no debería hacerlo, en especial porque no conseguiría nada más que hacerme sufrir a mí mismo, pero no podía evitar preguntarme si a Harry le importaría que hubiera muerto, en el caso de que algún día se descubriera mi cadáver aquí. ¿Él sentiría pena por mí, o su odio hacia mi persona sería tan grande que ni siquiera le importaría? Un agudo dolor se me instala en el pecho y con pesar pienso que no, realmente no creía que a Harry fuera a importarle una mierda que hubiera muerto. De hecho, era muy probable que mi adorable gatito se sintiera feliz con este hecho. Y esta realización dolía, dolía más de lo que las palabras podrían expresar jamás.

Cierro los ojos con fuerza y permito que más lágrimas escapen a través de mis ojos, a la vez que me resigo a esperar por el momento en el que dejara de respirar. No sería rápido, eso era seguro. Aún tenía un par de días antes de deshidratarme por completo, pero al menos podría contentarme con pasar mis últimos momentos de vida pidiéndole perdón a Harry por no haber sido capaz de salvarlo de las garras de esa comadreja. Con suerte, alguna deidad se apiadaría de él y evitaría que Weasley pusiera sus sucias manos en Harry.

Mis ojos permanecen cerrados y por mi mente comienza a formarse un vívido recuerdo del rostro de Harry. Imagino lo verdes que se volvían sus ojos cada vez que algo lo hacía feliz, a tal punto de parecer dos esmeraldas brillando a la luz; pienso en la tímida sonrisa que se apoderaba de él cuando intentaba pedirme algo; y recuerdo (de una forma que era casi dolorosa por lo exacta que era) esa adorable risita que mi gatito soltaba cada vez que conseguía hacerlo reír después de haber dicho algo que lo divertía, a tal punto que casi podía ser capaz de escucharla en la vacía habitación. Y con todos estos recuerdos bailando por mi mente, me siento listo para esperar a la muerte, o a Weasley, para que terminaran con mi vida. Después de todo, pensar en Harry en mis últimos momentos de vida no parecía ser un final tan desagradable. Al menos tendría el consuelo de que lo último que pasaría por mi mente, antes de alejarme de este mundo para siempre, sería el recuerdo de mi adorable gatito.

El sonido de una aparición un piso por debajo consigue sobresaltarme, y es entonces donde comprendo que mi hora había llegado. Weasley había regresado para terminar lo que había empezado. Aunque yo no iba a darle la satisfacción de ser lo último que viera antes de morir. No, ese privilegio lo tendría Harry, aun si tuviera que recurrir a un recuerdo suyo para hacer tal cosa. Escucho fuertes pisadas ascender por las escaleras, pero no le doy importancia y simplemente permanezco inmóvil en el suelo, con los ojos fuertemente cerrados, e imaginando el hermoso rostro de Harry.

─¡Draco! ¡Oh, Merlín! ¡No!

¿Harry? Y eso era todo lo que necesitaba escuchar para que mis esperanzas se reactivaran. ¿En verdad él estaba aquí? Pero, ¿cómo? ¿Cómo había logrado encontrarme? No, tacha eso. ¿Cómo era posible que hubiera venido en mi ayuda, cuando esa carta que le había enviado Weasley estaba destinada a hacer que me odiara por el resto de mi vida? ¿Era esto siquiera real, o sólo un producto de mi imaginación? Pero cuando siento una cálida y callosa mano posarse en mi cuello en busca de mi pulso, comprendo que mis sospechas eran ciertas. Este sí era Harry, el verdadero Harry.

─¡Oh, gracias a Merlín!

Lo siento dar esa aliviada exclamación, a la vez que utiliza todas sus fuerzas para volver a colocar la silla correctamente. Lo primero que noto cuando elevo la vista es lo mucho que le estaban temblando las manos a Harry, a tal punto que el Lumos que tenía en su varita comienza a generar una luz intermitente por toda la oscura habitación producto de dicho temblor. Lo segundo que llama mi atención son las contradictorias emociones que se vislumbraban en esos expresivos ojos verdes. Su mirada estaba cargada de terror y horror al recorrerme la figura, pero en ella también podía notar alivio y algo que se asemejaba a la absoluta felicidad. Aunque ninguna de estas cosas que noto consiguen perturbarme tanto como lo hace el hecho de verlo abalanzarse hacia mí para rodearme el cuello con sus brazos y comenzar a llorar desconsoladamente. Sus ojos parecían ser una especie de catarata de los que emanaban sin parar saladas gotitas, y yo no podía evitar preguntarme qué tan mal debía lucir mi cuerpo después de mi intento de escape como para que él llorara de esa forma. Sin duda debía ser algo preocupante, porque de no ser por esto, no se explicaba que Harry estuviera teniendo tal reacción.

Intento tratar de tranquilizarlo y decirle que me encontraba bien, pero sólo cuando las palabras se me atoran en la boca y no consigo soltar ni un solo murmullo, me doy cuenta de algo que debería haber notado antes. Aún me encontraba bajo los efectos de la maldición Imperius, aún tenía prohibido decir nada que pudiera ayudarme a escapar. Genial. Simplemente genial.

─No tienes idea de lo aliviado que estoy de haberte encontrado. ¡Merlín! Por un segundo creí que no volvería a verte. ─Harry hace una pausa entre sus apresurados sollozos y se aparta de mi cuello para posarse a escasos centímetros de mi rostro. Una cálida mano se coloca en mi mejilla con absoluta delicadeza, mientras Harry me observa a los ojos con preocupación. ─¿Estás bien? ¿No estás herido? Olvídalo. Esa fue una pregunta estúpida.

Harry suelta una risita nerviosa, y yo no puedo hacer nada más que rodar los ojos internamente. Honestamente, incluso en una situación como ésta mi gatito no podía evitar ser despistado. Permanezco en silencio porque claramente la maldición no me permitía responderle, pero trato de hacerle saber con la mirada que estaba bien. Aunque no creía que Harry hubiera captado eso, porque de inmediato reanuda su apresurado balbuceo.

─Claro que estás herido, pero a lo que me refiero es si tienes alguna herida que requiera atención medica de urgencia. ─Harry me observa expectante, mientras continúa acariciándome la mejilla derecha. Sin embargo, yo no podía hacer nada más que quedármele viendo como un idiota y sin emitir un solo sonido. ¡Maldita Imperius! Era tan jodidamente frustrante estar bajo sus efectos. ─¿Draco? Por favor, respóndeme. ¡Di algo, dragón!

¡Y lo intento! Realmente lo estaba intentando, pero nada de lo que hago hace que las palabras se materialicen en mi boca. Genial. ¿Cómo iba a hacerle saber a Harry que no podría decir nada a menos que él me liberara del control de la maldición? Y ahora que lo mencionaba, ¡¿por qué carajos aún no me había liberado de las ataduras?! ¡¿A qué estaba esperando, a que le dieran un permiso por escrito?! Afortunadamente, Harry parece tener el sentido común suficiente como para notar este hecho, porque de un salto se aparta de mí y realiza un hechizo hacia un candelabro que colgaba del techo. Las pequeñas velas que contenía esa ornamentada araña se encienden con un chasquido y la vieja habitación queda iluminada con un parpadeante resplandor. A la luz de las velas, el lugar en el que nos encontrábamos lucía aún más aterrador, pero ni siquiera tengo tiempo para pensar en ello, porque de inmediato Harry lanza el bendito hechizo que tanto había estado esperando oír.

Finite Incantatem.

Y eso es todo. Automáticamente siento desaparecer de mi mente esa sensación de letargo. La otra presencia que se había instalado en mi cabeza, y la cual era la responsable de que no pudiera hacer nada más que quedarme en silencio como una estatua viviente, se esfuma en un abrir y cerrar de ojos. La cabeza me estalla y se siente como si tuviera miles de pequeñas personitas golpeándome el cerebro con martillos, pero ni siquiera eso era suficiente para apartarme de la sensación de alivio que me recorría por volver a ser dueño de mi voluntad. Elevo la vista y la poso en el preocupado rostro de Harry, y eso era lo único que necesitaba ver para tratar de tranquilizar a mi gatito. Con un ronco tono de voz, suelto su nombre para hacerle saber que, finalmente, podía hablar.

─Harry.

Y antes de que mi cerebro siquiera pudiera registrar lo que estaba ocurriendo, siento a Harry abalanzarse hacia mí y besarme con tanta intensidad que estaba seguro de que podría ser capaz de quitarme el aliento. Las manos de Harry se enroscan alrededor de mi cuello para intensificar aún más el contacto, y aunque sentía bastante ardor debido al roce que producía la tela de la túnica de Harry contra los lugares donde las cuerdas me habían dejado cortes en el cuello, eso no podría importarme menos. ¿Cómo podría, cuando el alivio que sentía por saber que mi gatito no me odiaba era tan grande? Harry podría incluso echarme sal sobre cada una de las heridas que tenía gracias a las ataduras que me habían retenido en las sillas, y aun así no me importaría. Lo único que me interesaba en estos momentos era seguir sintiendo esos adictivos labios sobre los míos. Desafortunadamente, el denso aire que se respira en la habitación estaba cargado de polvo, por lo cual se dificultan con mayor rapidez nuestras respiraciones. Me aparto con pesar de los labios de Harry, pero aún continúo sosteniéndolo de las caderas en un firme agarre. Y sabía que era un pensamiento estúpido e incoherente, pero no podía evitar creer que Harry podría desaparecer de mis brazos si no hacía tal cosa. Afortunadamente, y para mi mayor tranquilidad, nada de esto ocurre; en cambio, Harry se acerca aún más, a tal punto que termina sentado en mi regazo y con la frente pegada a la mía.

─¿Cómo me encontraste?

Pregunto esto en un ronco tono, a la vez que comienzo a realizar un camino ascendente y descendente de caricias por toda su espalda. Harry suelta uno de esos gemidos-ronroneos que tanto me gustaban y estira los músculos de su espalda en busca de mis manos, era casi como si no pudiera tener suficiente de ello y quisiera acercarse a las caricias de la misma forma en la que un gato lo haría. Sí, ciertamente el apodo de gatito le sentaba a la perfección.

Su mirada no se aparta de la mía, y en ella podía ver con claridad la intensidad de las emociones que él estaba sintiendo. Finalmente, deja un pequeño beso sobre mis labios y dice algo contra ellos en un suave susurro que consigue provocarme agradables escalofríos por todo el cuerpo.

─Siempre hallaré una manera de encontrarte, Draco. ─Harry acaricia mi nariz con la suya en una especie de beso esquimal, antes de retornar con su explicación. ─¿Y sabes algo más? No existe fuerza en el universo que sea capaz de separarme de ti.

Las palabras que Harry acaba de decirme bien podrían haber salido de alguna de esas novelas románticas que mi madre solía leer, pero en lugar de encontrarlo terriblemente cursi (como siempre solía hacerlo con esos libros), no podía evitar pensar que eran perfectas. Una boba sonrisa de seguro estaba plasmada en mi rostro y sin mi consentimiento, aunque eso no podría importarme menos. ¿Por qué debería, cuando Harry prácticamente me había declarado su amor? Está bien, no había dicho esas dos palabras aún, pero esto era más que suficiente para mí en estos momentos.

Para tratar de aligerar un poco la situación, suelto una pequeña risa y digo algo con una ceja en alto para enfatizar el hecho de que estaba bromeando con él.

─¿Sabes? Esa es una frase muy cursi, Harry; aunque podría ir muy bien en la nueva saga que estoy escribiendo. ¿Quién hubiera dicho que tendrías una veta de escritor oculta en ti, gatito?

Harry suelta una carcajada ante esto, y cuando logra calmar sus risitas, me observa con esa embelesada mirada que solía darme la mayor parte del tiempo, antes de murmurar contra mis labios unas palabras que nunca, ni siquiera en mis más presuntuosos sueños, creí que fuera a escucharlo decirlas.

─Merlín, Draco. Te amo.

El tiempo parece haberse detenido a mi alrededor, al igual que lo hace mi respiración. Las manos que estaba pasando por la espalda de Harry quedan congeladas en el lugar, y prácticamente podía ser capaz de notar el instante en el cual cada músculo de mi cuerpo se tensa. ¿Él… él había dicho lo que creía que había dicho? Y si esto era así, ¿realmente había querido decir lo que dijo, o sólo era una forma de expresarse? Mi mente se llena de cientos de contradictorias sensaciones, así que para traer un poco de paz al conflictivo desorden en el que habían caído, me obligo a reunir valor desde lo más profundo de mi ser para preguntar aquello que me sacaría de dudas.

─¿Qué… qué dijiste?

Harry se sonroja imposiblemente al oír mi pregunta. Su mirada estaba puesta adrede en algún lugar de mi pecho, y lo siento removerse en mi regazo con algo de incomodidad, aunque eso sólo hacía que nuestras entrepiernas se rozaran, algo que no era adecuado que ocurriera en una situación tan delicada como en la que nos encontrábamos. Harry parece pensar lo mismo, porque detiene los movimientos de inmediato y se conforma con morder con fuerza su labio inferior, aunque esto no ayuda en lo absoluto a mi situación. Por el contrario, sólo incrementa aún más los deseos que tenía por besarlo y hacerlo mío en esta misma silla.

Afortunadamente, Harry parece ser capaz de pensar con algo más que su excitación sexual, porque de inmediato suelta su labio y me observa con timidez a través de esas largas pestañas que tenía.

─Leí tu dedicatoria. ─Dice Harry en un murmullo, a la vez que sus mejillas vuelven a sonrojarse con fuerza. Sin embargo, no hay vacilación alguna cuando vuelve a hablar y repetir esas palabras que nunca me cansaría de oírle decir. ─Y yo también te amo, dragón.

Y por más que había estado esperando toda mi vida por oírle decir eso, no podía evitar que una pequeña y molesta sensación de sospecha se instalara en mi pecho. ¿Harry realmente lo decía en serio, o sólo estaba devolviendo las palabras porque se sentía en la obligación de decirlas después de que yo lo hiciera? Realmente esperaba que ese no fuera el caso, pero aun así no podía estar seguro de ello; y en verdad odiaría que él sólo hubiera dicho eso por haberse visto en el compromiso de hacerlo, y no porque en verdad lo sintiera. Si él no estaba listo para decirlas, estaba perfecto. Yo podría esperar a que lo estuviera. Lo que no podría soportar era que se viera forzado a dejar salir algo para lo que aún no estaba listo sólo porque no deseaba herir mis sentimientos, eso era algo que sin lugar a dudas no iba a tolerar.

Suelto un desganado suspiro y me obligo a que mi voz no suene demasiado desilusionada cuando comienzo a hablar. Lo último que querría es hacerlo sentir culpable por no poder ser capaz de devolver aún mis sentimientos de manera sincera.

─No tienes que decirlo sólo porque yo te lo dije, Harry. Si aún no estás seguro de lo que sientes, está bien. Yo puedo…

Pero Harry no me permite terminar de decirle qué era lo que podía hacer, porque me interrumpe al darme un abrazador beso que consigue hacerme perder toda noción del espacio y el tiempo. Finalmente, y después de lo que parecen haber sido horas, Harry se separa y me observa con esa mirada que estaba cargada de exasperación y algo que se asemejaba en demasía al amor.

─Creí que habíamos superado esto, Draco. No volverías a suponer cómo me siento. Creí que había sido lo suficientemente claro cuando te dije que no sabes lo que pasa por mi mente y mis emociones, sólo yo lo sé. Creí que habías aceptado que no volverías a intentar querer saber más de mis emociones que yo. ─Harry me reprende con un exasperado tono, pero en sus ojos podía ver que realmente no estaba enfadado, lo cual era un alivio. Tener a un disgustado y peligroso Auror sentado en mi regazo no era algo que quisiera en estos momentos. Harry parece ajeno a los pensamientos que me asaltaban, y simplemente continúa observándome con esa expresión que sólo podía relacionar con amor, antes de volver a dejar un pequeño beso sobre mis labios y retornar su explicación. ─Además, si debo ser completamente honesto contigo, lo he sabido incluso desde antes de que comenzáramos a salir. ¿Por qué crees que tuve la intención de cortar con Ginny en un primer lugar? Eso fue porque me había enamorado perdidamente de ti, Draco.

Y le creo. Por supuesto que le creo. ¿Por qué no habría de hacerlo siendo que sus palabras sonaban tan sinceras? Además, si había algo que caracterizaba a Harry (aparte del gran poder mágico que poseía) era lo sincero que era. Harry, mi adorable gatito, era alguien incapaz de mentir; e incluso cuando lo hacía, yo era capaz de darme cuenta de que sus palabras no eran ciertas. Así que no tenía motivo alguno para desconfiar de la veracidad de sus emociones.

Una amplia sonrisa se extiende por mi rostro y estoy a punto de volver a besarlo para hacerle saber que le creía, cuando de repente escuchamos un fuerte estruendo en el exterior. Harry se sobresalta en mi regazo y eleva la varita en busca de aquello que había provocado tal sonido. Sin embargo, otra sonora explosión se escucha por encima de nuestras cabezas, y a esa le siguen un centenar más. Nos observamos totalmente confundidos por unos segundos, preguntándonos qué eran esos sonidos. La curiosidad de mi gatito puede más, por lo que se baja de mi regazo y va hacia la cegada ventana. Con un pase de su varita, comienza a sacar uno de los tablones para poder ver el origen de tal bullicio. No queriendo apartarme de él, me levanto de la silla y voy hasta donde se encontraba. De pasada veo mi varita ubicada unos cuántos centímetros más cerca de lo que solía estar cuando Weasley la había dejado, lo cual me da un indicio de que mis esfuerzos por convocarla no habían sido del todo inútiles.

Dejo que una sensación de orgullo se instale en mi pecho al pensar en ello, mientras la tomo en mis manos y la guardo en el bolsillo del pantalón. Estaba pensando qué hacer con todas las cajas con mis pertenencias, cuando escucho la ilusionada voz con la que Harry me llama.

─¡Mira, Draco! ─Harry dice esto con un extasiado tono, a la vez que lanza un hechizo de limpieza sobre el sucio vidrio de la ventana para poder ver con mayor claridad. ─¡Son fuegos artificiales! Deben ser las doce de la noche.

Me acerco hasta posarme detrás de él y le rodeo el cuerpo con los brazos para atraerlo hacia mí. Harry se recuesta sobre mí y entrelaza nuestros dedos, antes de soltar un complacido suspiro. Sonrío con todo lo que tengo al sentirlo relajarse de esa forma contra mí, y no puedo evitar bajar la cabeza para darle un beso en su mejilla derecha. Al sentir mis labios en él, Harry se gira en mis brazos hasta quedar frente a frente, y ni siquiera tengo tiempo de resentir la falta de nuestros entrelazados dedos, porque de inmediato lo siento volver a rodearme el cuello con sus brazos. Mis manos se colocan automáticamente en sus caderas en un posesivo agarre, antes de bajar el rostro y murmurarle algo contra sus labios.

─Feliz año nuevo, gatito.

Harry me sonríe y me da esa esa embelesada mirada que tantas emociones solía despertar en mí, antes de devolver mis palabras.

─Feliz año nuevo, dragón.

Con eso dicho, Harry acorta la distancia que nos separaba y nuestros labios se unen en un beso que indicaba todo el amor que sentíamos el uno por el otro y para el cual las palabras no eran suficientes para demostrarlo. Afuera aún podían escucharse un centenar de fuegos artificiales explotando en el cielo, pero en lo único en lo que yo podía pensar era que éste no parecía ser sólo el inicio de un nuevo año, sino también el comienzo de un futuro prometedor para nuestras vidas.


Notas finales: Y con esto hemos llegado al final de "Galaxia", aunque no al final de esta serie. Todavía queda una tercera parte llamada "Cosmos", la cual comenzaré a publicar lo más pronto posible.

Espero que esta segunda parte de la serie "Constelaciones" les haya gustado. Saben que sus opiniones son siempre bienvenidas.

Nos leemos muy pronto. Beso enorme a todos.