Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.
Advertencias: Contenido LGBTQ. Relación chico x chico. Personaje transgénero. Hurt/Comfort. Fluff and Angst. Misoginia. Homofobia. Transfobia. Porn WITH Plot.
Pareja: Draco Malfoy/Harry Potter (Drarry)
Nota de la autora: Hewwo c:
Acá les traigo un nuevo capítulo
¡Disfruten la lectura!
Capítulo 7: Adopción
Harry apoyó los codos sobre la mesa de la cocina, entrelazó sus dedos y se cubrió los labios. Sus ojos estaban en la mermelada de frutillas que tenían para untar las tostadas del desayuno, pero sus preocupaciones estaban lejos de ser tan mundanas.
—Como ya les había dicho, hoy vendrá una persona a revisar la situación de la casa —habló al fin—. Es el último paso antes de firmar los papeles de adopción.
—¿Y después serás mi papá? —preguntó Teddy ilusionado.
—Si nos dan el visto bueno, sí —respondió con una sonrisa tensa.
El pequeño sonrió emocionado, olvidándose de la chocolatada que tenía como desayuno. Draco, que estaba frente al mocoso, alzó una ceja y fijó sus ojos en el auror. No se veía emocionado ni contento, más bien parecía estar tenso. Por debajo de la mesa el Slytherin intentó llamar su atención, dándole una suave patada. Potter soltó un quejido y lo miró con el ceño fruncido.
—¿Hay algo que falte? —preguntó fingiendo inocencia por su ataque.
—¿Disculpa?
—Según yo, Grimmauld Place está bien —Draco llevó su taza de té a los labios para poder susurrar sin que el crío le escuchara—. ¿O te preocupa que nuestro matrimonio no sea suficiente?
Potter hizo una mueca ante lo último y volvió a prestarle atención al niño.
—Vamos a dejar todo limpio y ordenado para cuando vengan del ministerio —declaró.
Estaba claro que Draco había dado en el punto sobre cuál era la mayor preocupación del niño de oro. Aunque los demás aspectos le seguían preocupando. Durante toda la mañana el Gryffindor revisó los hechizos que tenía la casa, asegurándose de que todo funcionara bien y agregando un par de encantamientos más. De ocurrir algún accidente dentro de la mansión, Teddy ni siquiera obtendría un raspón por todas las medidas de seguridad que había tomado el auror.
Draco, no queriendo meterse en el frenetismo de Harry, se había llevado a Teddy para alistarlo. No era necesario darle demasiadas instrucciones, el mocoso haría cualquier cosa para conseguir la adopción. Así que el rubio había elegido el trabajo más fácil.
—¿Tú y Harry serán mi mamá y mi papá? —cuestionó el niño.
—Sí, solo de esa forma Potter podrá adoptarte —explicó Draco, peinando los cabellos oscuros del mocoso.
—¿Tengo que decir que ustedes se comportan como una mamá y un papá? —el pequeño miró a Draco con sus grandes ojos verdes—. ¿Así como lo hacen los Weasley?
El Slytherin no había pensado en ello. Creía que la visita era una mera formalidad, pero era probable que la persona que viniese quisiera observar el tipo de relación que tenían y a partir de ello dar luz verde o no a la adopción. Ahora entendía los temores de Harry.
—¿Puedes hacer eso, Teddy? —preguntó Draco—. Si te preguntan, tienes que decir que nos queremos mucho.
—¡Claro! —Teddy sonrió, balanceando sus piernas.
Cerca de la hora en que llegarían del ministerio, Draco se llevó al niño a la sala. Harry ya estaba allí, paseándose de un lado a otro mientras se frotaba los ojos e intentaba enfocar la vista. Debía estar teniendo un fuerte dolor de cabeza, empeorado por todo el estrés que le generaba la situación.
—¡Kreacher! —llamó Draco, el elfo se apareció frente a él, mirándolo con sus grandes ojos—. Trae la medicina de Potter.
El auror había detenido su caminata al escuchar el grito y observó tanto a Teddy como a Draco con el ceño fruncido. El Slytherin ignoró a Harry y en su lugar llevó al crío a uno de los sillones donde lo dejó sentado para luego acomodarse en el sofá individual y tomar el libro que había estado leyendo desde hace unos días.
El Gryffindor caminó hasta ellos y se acomodó al lado de Teddy, completamente tenso. Si bien estaba al lado del niño, su expresión ceñuda estaba puesta en Draco, quien fingió no darse cuenta.
—Tenemos un problema —murmuró el auror.
—¿Solo uno? —cuestionó sarcásticamente.
El Gryffindor apretó la mandíbula y se frotó el puente de la nariz. Si Potter de por sí manejaba mal el estrés, que tuviera un dolor de cabeza solo lo ponía más irritable. Draco se mordió la lengua para no seguir molestando y esperó a que el otro hablara, se suponía que debía poner de su parte para la buena convivencia.
—Estamos casados —comenzó en un susurro—. Lo normal es que durmamos en el mismo cuarto.
Draco hizo una mueca y vio a Kreacher aparecer con las tabletas blancas y un vaso de agua. El Gryffindor tragó las pastillas sin siquiera verlas y luego fijó sus verdes ojos en el rubio. Tal vez estaba esperando su permiso, pero el Slytherin no pensaba ceder y entregar la poca privacidad que tenía.
—Tienes que mudarte a mi habitación —declaró cuando Draco no dijo nada.
—Absolutamente no.
—Solo será hasta que firmemos los papeles —trató de negociar el cuatro ojos.
—No y no. No pienso mudarme.
Harry entrecerró los ojos y Draco alzó la barbilla. Era una pelea ridícula, pero ambos sabían que no solo se trataba del dormitorio.
—Solo por hoy —intentó conciliar.
—No quiero.
—¡Malfoy! ¡Solo será por…! —el grito se interrumpió cuando el auror hizo una mueca de dolor, la medicina aún no surtía efecto—. No necesito pelear contigo. No ahora.
Draco sonrió victorioso y volvió a prestar atención a su novela. Sin embargo, Harry se había retirado de la discusión solo para usar una artimaña cruel y totalmente déspota.
—¡Kreacher! —llamó el auror—. ¡Mueve las cosas de Malfoy a mi dormitorio!
—¡No puedes hacer eso! —exclamó indignado.
—Ya lo estoy haciendo.
El Slytherin lo observó con odio. Harry lo ignoró y se concentró en Teddy, que los miraba con curiosidad. No era la primera vez que sus interacciones terminaban de esa forma. Era tan obvio que Draco y Harry no se aguantaban que todos los miedos del crío sobre que el Slytherin le quitara a su Harry se habían esfumado.
Sin embargo, el hecho de que no se llevaran bien también hacía peligrar su adopción. Teddy no era estúpido y podía ver que todo el teatro que estaban armando se encontraba sobre una cuerda floja.
—Se van a comportar como una mamá y un papá, ¿verdad? —preguntó con aparente timidez.
Harry se apresuró a calmarlo, aunque era él quien se veía más nervioso. Draco, por otra parte, se hundió en el sofá. Estaba enfurruñado por el cambio de sus cosas, pero sabía que en cuanto llegase la persona del ministerio fingiría ser la esposa y la madre perfecta.
La persona que los fue a visitar era una bruja joven, elegantemente vestida, con una sonrisa de blancos dientes y un sedoso cabello. Su expresión se suavizó apenas Harry abrió la puerta, aunque su sonrisa se tensó cuando sus ojos perfectamente maquillados se detuvieron en Draco. No fue difícil adivinar que era una admiradora del Salvador del Mundo Mágico y que odiaba a su flamante esposa.
—Mi nombre es Carolyn Johnson, soy la asistente social encargada de este caso, un placer —se presentó, extendiendo su mano hacia Potter.
—Ah, claro, Harry Potter —murmuró el auror, apresurándose a estrecharle la mano—. Aquí están Teddy y mi esposa Dr-Lyra Malfoy, quiero decir Potter, Lyra Potter. Lo siento, aún no me acostumbro al cambio de apellido.
La bruja sonrió aún más, perfectos hoyuelos formándose en sus mejillas.
—No se preocupe señor Potter. ¿Comenzamos con el recorrido? Debo verificar que el futuro hogar del pequeño Teddy esté en perfectas condiciones —su tono se volvió excesivamente dulce al referirse al niño.
Teddy, sin saber muy bien cómo reaccionar, se apegó tanto como pudo al auror.
—Claro, claro, comencemos por acá —dijo Harry, abriendo aún más la puerta.
La actitud torpe e inepta del auror pareció conquistar a la bruja, que entró sonriendo radiantemente. Draco nunca iba a entender el mal gusto que tenían las personas al poner sus ojos en alguien tan soso como Harry Potter. Podía entender la fama y la fortuna, pero según Corazón de bruja los verdaderos atributos del héroe estaban en su adorable personalidad. Para el Slytherin era claro que las mujeres eran miopes y no veían al hombre de mal carácter, impulsivo y terco en el mago que idolatraban.
De inmediato empezaron un tour por la mansión, Harry iba explicando los hechizos que había puesto, asegurando que los materiales peligrosos de la estructura o la pintura habían sido quitados y que todo era hipoalergénico. Draco ni siquiera sabía que existían la mitad de los peligros que el Gryffindor había erradicado. La tal Carolyn hacía las preguntas más extrañas, obligando al auror a hacer demostraciones mágicas y físicas para secundar sus explicaciones. Por lo mismo Teddy había sido desplazado de su posición al lado del auror y, en su lugar, se aferraba a Draco, intentando poner todo el espacio posible entre él y la bruja.
—¿Este sería el dormitorio de Teddy? —preguntó la bruja al llegar al cuarto.
—Sí, como toda la casa tiene hechizos de seguridad, aunque a este cuarto le agregué algunos hechizos de vigilancia, solo por si fuera necesario —se apresuró a aclarar Harry.
—Ya veo…
La mujer entró junto con el Gryffindor, quien de inmediato comenzó a parlotear sobre la seguridad. Draco y Teddy se quedaron mirando desde la puerta. La bruja no había podido evitar poner una expresión de disgusto al entrar a la habitación, pero su expresión maravillada había regresado en cuanto Harry se movió ante ella.
Al final, el dormitorio de Teddy había obtenido una decoración diferente al plan inicial de Harry. El tapiz de las profundidades de un bosque oscurecían el cuarto, dando una sensación de estar perdidos en medio del Bosque Prohibido y que en cualquier momento algo te saltaría encima. La cama estaba hecha de modo que pareciera un tronco caído lleno de musgo y tanto las sábanas como la colcha estaban repletas de pequeños hongos. De todas las cosas en la habitación crecían hongos o eran hongos.
A simple vista, no parecía ser un cuarto adecuado para un niño de casi siete años.
—Es algo… pintoresca la decoración.
—Ah, sí, ehm… Teddy y Mal-Lyra la eligieron.
—¿Es así? —la bruja posó sus ojos en Draco—. ¿Consideró buena idea decorar de esta manera el cuarto de Teddy?
—Por supuesto, son cosas que a Teddy le gusta —defendió rápidamente el Slytherin—. No voy a privarle de decorar su dormitorio a su gusto.
La mujer frunció ligeramente el ceño y Draco se apresuró a colocar al mocoso detrás suyo. Si bien él también creía que no era un gusto muy común, seguía siendo parte de los intereses del niño y nadie tenía derecho a decirle algo. Ni siquiera él se había metido con el crío.
—Parece algo… tétrico —mencionó cautelosa.
—Lyra lo encantó para mí —dijo con timidez el niño, asomándose—. Tiene luces.
El niño se apresuró a entrar al dormitorio y cerró las cortinas, quedaron en penumbras, pero nada pasó.
El pequeño le susurró algo a Harry quien movió su varita haciendo que la oscuridad invadiera el cuarto. Casi de inmediato los hongos que habían por el cuarto comenzaron a brillar en tonos azules, rosas y verdes, al mismo tiempo pequeñas bolitas con los mismos colores comenzaron a moverse cerca del techo. Draco lo había hecho porque estaba aburrido y porque Teddy le había hablado de los hongos fluorescentes. No obstante, el niño no se había mostrado demasiado emocionado, así que el Slytherin había creído que no le había gustado tanto.
—Las hadas me cuidan cuando duermo —dijo Teddy, señalando el techo.
La tal Carolyn había abierto la boca, sorprendida. Con las luces el sitio ya no se veía tan tenebroso, todo lo contrario. Harry, que se había puesto nervioso con toda la discusión, comenzó a dar explicaciones innecesarias, sacando a todos del dormitorio para evitar el tema de la decoración.
En el pasillo, Teddy agarró la mano de Draco y la apretó suavemente, el rubio lo miró y le dedicó una pequeña sonrisa, esperando darle ánimo.
—Como verá, señorita Johnson, hemos tenido cuidado con todos los detalles —concluyó Harry en una especie de balbuceo.
—No negaré que la casa está en perfectas condiciones, señor Potter.
Llegaron a la sala y Kreacher se apresuró en traer un servicio de té. El auror se sentó en uno de los sofás con Teddy mientras que la bruja optó por sentarse enfrente. Draco, que seguía sin sentir que era parte de aquella prueba, tomó el sofá individual, concentrándose en su bebida.
—Como dije, la casa tiene las condiciones para recibir a un niño. Usted, señor Potter, también ha sido un gran candidato para volverse padre.
—Muchas gracias —respondió aliviado el auror.
—Sin embargo, no podemos decir lo mismo de Lyra Malfoy, quiero decir, Potter.
Draco levantó la vista y frunció el ceño. Era infantil la obvia equivocación en el apellido, pero era aún más infantil la estúpida acusación.
—¿En qué fallo según usted? —preguntó con frialdad.
—Desde que llegué el niño se ha escondido detrás de usted, sin decir nada.
—Teddy es un niño tímido —se apresuró a decir Harry.
—Timidez es una cosa, pero como yo lo veo, la señorita Malfoy ha impuesto sus ideales en Teddy —esta vez no intentó arreglar su desliz sobre el apellido—. Seguramente le enseñó al pequeño que debía intervenir para mostrar el espectáculo de luces y eso solo demuestra la vanidad de la señorita Malfoy.
Draco la miró enojado y se tuvo que recordar que estaban en una prueba, por lo que no podía insultarla o hechizarla. Apretó con fuerza la taza en sus manos y se concentró en la textura de la porcelana mientras intentaba volver a controlar su respiración. Harry, por otro lado, se levantó indignado del sofá, aunque volvió a tomar asiento cuando Teddy le agarró de la camiseta y lo miró angustiado.
Más importante que mostrarle su lugar a aquella odiosa bruja, era pasar la prueba del ministerio para obtener la adopción de Teddy. Ya luego podrían vengarse, al menos ese era el plan de Draco.
—Lamento que lo haya visto así —masculló Draco—. Solo velo por el bienestar de Teddy.
La tal Carolyn soltó un suspiro exagerado y dejó su taza sin tocar en la mesita de centro. Colocó sus manos con su perfecta manicura sobre su regazo y volvió a observar al Gryffindor.
—Tristemente, no puedo permitir que Teddy viva en un ambiente así.
—¿Qué? —preguntó estúpidamente el auror.
—La casa y usted son perfectos, pero no así su esposa —aclaró la bruja, mirando de soslayo a Draco antes de soltar un nuevo comentario venenoso—. Mientras tenga una relación con ella, el ministerio no le otorgará la adopción del niño. Queremos lo mejor para Teddy y la señorita Lyra está lejos de ser una madre idónea.
La mujer se levantó, aprovechando que todos seguían procesando sus palabras. Tomó su bolso y puso una fingida expresión de tristeza.
—Recibirán la notificación en un par de días, pero consideré oportuno darles ahora mi veredicto —concluyó ella.
El Slytherin la fulminó con la mirada, pero la bruja ni siquiera se inmutó. Mientras ella se veía satisfecha consigo misma, Draco no sabía si sentirse humillado o fastidiado. La bruja salió del salón y Kreacher se apresuró a guiarla hacia la salida. Todos en el ministerio sabían lo mucho que Harry quería esa adopción, era una crueldad negarle la tutoría de Teddy cuando los había salvado a todos.
Aquel pensamiento lo obligó a prestarle atención al auror, se veía totalmente devastado. La única razón por la cual Harry había decidido casarse era por Teddy, si Draco representaba una molestia, lo desecharía sin pensarlo. El auror no salió de su sorpresa por varios segundos, pero en cuanto reaccionó y posó sus verdes ojos en los grises, el Slytherin supo que le iba a pedir el divorcio.
—Draco, lo siento, pero esto se…
—Perdón —interrumpió Teddy en un sollozo—. Perdona, Harry, yo quería que fueras mi papá, perdón.
Los dos adultos se miraron por un segundo para luego enfocarse en el niño que a duras penas retenía las lágrimas. Harry lo abrazó con cariño y comenzó a susurrarle que no tenía que pedir disculpas. Draco se acercó a ambos y se arrodilló frente al niño, sacando un pañuelo para así limpiarle las lágrimas.
—Si yo… si yo no hubiese querido hongos… perdón, Harry… por favor, no te enojes conmigo, perdón…
Lentamente los rasgos típicos del Gryffindor fueron desapareciendo para dejar ver unos ojitos de color ámbar bañados en lágrimas y un cabello, que luego de pasar por por varios colores, se había vuelto celeste.
—Teddy, no llores, no es tu culpa, ¿si? —murmuró el auror, tomándolo en brazos y sentándolo sobre su regazo—. Nunca me enojaría contigo, no tienes que disculparte.
—Pero… pero yo quise hongos y… y… y la señora dijo… dijo que eso era malo… —el crío temblaba por los sollozos—. Lyra quería que fuera más lindo… pero es mi culpa… perdón, perdón, perdón.
El corazón de Draco se estrujó al escucharlo. Potter parecía desesperado, sin saber cómo lidiar con el llanto y el Slytherin tampoco estaba muy seguro sobre qué hacer.
—Quiero que seas mi papá, Harry… y que Lyra sea mi mamá… perdón… prometo no elegir más hongos… perdón… No te enojes…
—Shh, Teddy, no digas eso —Draco se sentó al lado del auror y le quitó el niño—. Esa bruja tonta no sabía nada, los hongos que te gustan son lindos, buenos y geniales. Me lo dijiste, ¿verdad? Son importantes para la cadena alimenticia y sirven para muchas cosas.
—Pero la señora dijo…
—No le hagas caso, Teddy —cortó rápido—. Ella no sabe que son las casitas de las hadas, pero nosotros sí, ¿recuerdas? No llores, vamos a arreglarlo, ¿está bien? Te prometo que lo voy a arreglar.
El pequeño asintió y escondió el rostro en el pecho de Draco, quien con mucho cuidado le dio pequeñas caricias en la espalda. Harry se mantuvo quieto y el Slytherin tuvo que estirar una de sus manos para tomar la del héroe y obligarlo a acercarse. El auror dudó un momento antes de ofrecer tímidas caricias en el cabello celeste del niño.
—¿Qué te parece si empiezas a practicar a decirle "papá" a Harry? Yo iré a hablar con unos amigos para que solucionen esto —le dijo dulcemente al niño.
Teddy se apartó un poco, sus ojos brillantes por las lágrimas. Draco le limpió el rostro y le dejó un pequeño beso en la frente. Le entregó el niño a Harry y se levantó, arreglándose el jodido vestido.
—¿Qué vas a hacer, Draco? —preguntó Harry preocupado.
—No te preocupes, no me vengaré todavía —Draco lo miró y le dedicó una sonrisa marca Malfoy—. Por ahora solo demostraré que nadie se mete con mi familia. Cuida a Teddy mientras no estoy.
—Reitero mis disculpas por lo ocurrido con la señorita Johnson —mencionó la dama, colocándose de pie con ayuda de su bastón.
—No, está bien, no debe preocuparse —murmuró Harry.
Draco había acudido al ministerio y usando los contactos de la familia Malfoy había logrado hablar con la encargada del área familiar.
Se trataba de una vieja bruja perteneciente a una antigua familia sangre pura. Ella, por supuesto, no había heredado el título ni la fortuna familiar, aunque había mostrado ser una bruja brillante desde niña. Mientras ella construía una carrera a través de sangre y sudor, su hermano mayor lapidaba la fortuna y hundía a la familia.
Draco no había esperado encontrar a alguien tan perfecta para sus planes. Una bruja criada a la antigua, con fuertes creencias sobre la familia y las tradiciones, pero que consideraba más los logros personales que el apellido de una persona. La dama había atendido al Slytherin rápido, luego de escuchar la situación había pedido el expediente y le había concertado una nueva cita para la revisión de las condiciones de la casa.
El rubio estaba tan satisfecho con lo que había logrado que ni siquiera se quejó cuando tuvo que dormir en el dormitorio del Gryffindor, ya que Kreacher se negó a mover sus cosas mientras no se efectuara la adopción. Después de todo, el elfo tenía un buen punto. Debía fingir un matrimonio lleno de amor hasta que firmaran los papeles.
El día de la nueva cita, Harry se veía desanimado y Teddy estaba paranoico. Draco mantuvo los ánimos arriba, sabiendo que aún tenía una larga lista de contactos a los cuales fastidiar. Para sobrevivir debía mantener el matrimonio con el Gryffindor y para ello era necesaria la adopción, Draco era capaz de mover cielo y tierra para conseguir que los dejaran firmar un estúpido papel.
No tuvo que esforzarse tanto. La mismísima encargada del área los fue a visitar y en menos de media hora les dio el visto bueno.
—Mañana en la mañana podrán ir a firmar los papeles —mencionó la dama, colocándose un anticuado sombrero—. Felicidades por la maravillosa familia que han conformado, estoy segura que nada le faltará al pequeño Edward.
Harry la acompañó a la entrada y luego regresó como si fuera un autómata. Teddy se tiró sobre el auror y lo abrazó con fuerza apenas lo vio llegar, liberando todo el estrés que le había generado las visitas. El Gryffindor lo tomó en brazos y se acercó a Draco, que estaba sentado en el sofá.
—Gracias… —murmuró incómodo.
—No me las des. Fue algo personal, no soporto que me insulten o humillen, menos que se lo hagan a mi familia.
—De todas formas, gracias… Por todo.
Draco asintió, no muy cómodo con el agradecimiento y desvió su mirada a su libro. Teddy se apartó del auror para ir a jugar a la alfombra, aún se mostraba ansioso, pero al menos había vuelto a colocar los rasgos del Gryffindor en él.
—Yo… —comenzó el auror, dejándose caer al lado del rubio—. Yo lo di todo por perdido, incluso pensé en que debíamos divorciarnos. Gracias por encontrar otra manera.
—Bueno, Harry, espero que sepas que no puedes deshacerte tan fácilmente de mí.
Harry suspiró y se inclinó hacia Draco, apoyando la frente en su hombro. El rubio se tensó, pero cuando vio su postura derrotada, optó por no decir nada y mantener los ojos en su lectura.
—Ahora estoy seguro que cuidarás a Teddy cuando yo no esté —murmuró el Gryffindor.
Draco sintió un incómodo revoltijo en el estómago y apretó los labios, aún sin darle una respuesta a sus divagaciones.
—Pensé que todo sería más impersonal, pero siempre te preocupas de si siento dolor y tratas de que Teddy y yo estemos cómodos. Incluso has logrado que Teddy confíe más en ti que en mí —dijo con una risa sin humor—. No sé si seas una buena persona, pero sé que yo tenía razón en creer en ti. Siempre harás todo por tu familia.
—No te pongas cursi, Potter.
El vestido que llevaba Draco tenía mangas hasta el codo, pero la tela era delgada para hacerlo fresco por el verano. Por ese motivo el Slytherin notó que su hombro empezaba a humedecerse por las lágrimas que derramaba el auror. Decidió mantenerse en silencio, sin saber cómo enfrentar a un Harry Potter deprimido.
—Puedo morir sin temer lo que le vaya a pasar a Teddy, porque sé que estará contigo.
Desde un principio el Slytherin había sabido de la enfermedad terminal de Harry, pero ahora que ya se habían casado y Teddy empezó a formar parte de sus vidas, Draco se daba cuenta que sería algo difícil lidiar con la condición del héroe.
—Gracias, Draco.
Draco levantó una mano y luego de unos segundos de duda, rodeó el cuerpo del auror con su brazo para así peinar los mechones oscuros. Harry no se movió ni para alejarse ni para acercarse, se mantuvo con el rostro oculto en el hombro del rubio y continuó humedeciendo el vestido. El Slytherin decidió que lo mejor que podía hacer era dejarlo llorar y pretender que no lo notaba. Sin embargo, su mano siguió ofreciendo pequeñas y suaves caricias, como un torpe intento de consuelo.
