La isla del sol
2º Capitulo: La tarea de Hipo.
Hipo sostenía un libro viejo y lo leía con entusiasmo, no podía esperar a llegar a la Isla. Había soñado muchas noches con realizar este viaje, pero no tenía edad para por hacerlo. Ahora estaba dispuesto a convertir su sueño en realidad y encontrar a la mujer de la que casi no podía recordar.
La pelea había sido hace mucho tiempo, cuando el era un niño de apenas dos años. Todo esto lo sabía porque Bocón le había contado.
La discusión comenzó luego de una batalla contra unos dragones que también había sido una competencia de quien mataba mas bestias. Estoico el Vasto y su esposa, habían aniquilado la misma cantidad de reptiles, lo que se considera como un empate. Pero al parecer, el jefe masculino de la tribu no estuvo de acuerdo y de alguno u otra razón quiso convencer, en broma al principio, que los hombres siempre serían mas fuertes que las mujeres. Una broma de mal gusto para toda la población femenina de Berk.
Entonces fue así como la discusión en broma se prolongó de manera brusca hasta desatarse en una guerra de género que hasta el día de hoy no había sido resuelta como personas civilizadas. Pero Hipo pensó, eran Vikingos. ¿Que hay de civil en un guerrero Vikingo?
La noche se estaba acercando luego de unas largas horas de viaje, lo que sacó al joven heredero de su lectura y decidió buscar algo para comer.
Hipo se dirigió hacia el medio del Drakkar* y visualizó a babor una pequeña isla en donde podrían descansar y cenar.
Los Vikingos exhaustos bajaron de las naves y enseguida armaron su campamento, una gran fogata y cocinaron una res bien conservada que degustaron con placer.
- Hipo ¿Que crees? - Comenzó a hablar un joven un tanto parecido a Hipo, pero mas robusto y con aspecto soberbio.
- ¿Qué Patán? - Contestó con desgano.
- Yo seré el primero en conseguir una bella dama apenas lleguemos a La Isla del Sol. - Comentó mientras le daba una buena mordida a una sabrosa pierna de res.
Éste tal Patán Mocoso, era el primo de Hipo. Un arrogante joven de su misma edad que siempre estaba dispuesto a barrer el piso con los demás Vikingos y en especial con el tonto heredero de la tribu. Era musculoso, de pequeña estatura, ojos verdes y de pelo castaño oscuro. Estaba en la embarcación ya que su sueño era ser adorado por millones de bellas mujeres y esperaba a ser el primero en cumplir su sueño.
- ¿Que, qué? - Cuestionó un joven mas delgado que Patán, de ojos verdes y un pelo largo, liso y rubio como el trigo. - Tu no conseguirás a nadie, aquí el galán soy yo.
Brutacio Thorston, un gemelo sin su gemela. Era un chico estrepitoso, raro, rudo, estúpido, en si era todo un Vikingo. Era alto y delgado, pero se notaba que su contextura física era mayor a la de Hipo. Era el payaso del grupo y decidió estar en la embarcación porque quería devolverle una patada en el trasero a su hermana gemela Brutilda, a quien secretamente extrañaba con locura. En cambio, a los demás les decía que tenía el mismo sueño que Patán en cuanto a encontrar la misteriosa isla.
- Si claro Brutacio. Como si alguna vez hubieras estado siquiera hablando con alguna mujer. - Contestó Patán.
- ¿Y que sabes? Yo salido varias veces de Berk a islas vecinas y he hecho muchas amiguitas. - Comentó Brutacio en un tono pícaro.
- Entonces, dime el nombre de alguna. - Ordenó el Vikingo señalando a su compañero.
Brutacio dudó por un momento pero al fin se dignó a contestar.
- No la conoces.
- ¡Eso es mentira! Tú no conoces a nadie ni tienes amigas.
Hipo sostuvo su cabeza apoyada en ambas manos, dejando escapar un bostezo de aburrimiento. Entonces, su amigo Chimuelo llegó y se echó a su lado.
- No puedo esperar a llegar a la isla. - Comentó un joven a unos metros de Hipo.
Éste era mas robusto y grande que los demás. Rubio y de ojos azules. Tenía una expresión menos ruda que los demás, parecía mas amigables. Su nombre era Patapez y estaba igual de ansioso por encontrar la isla que los demás jóvenes. Las razones eran desconocidas aún.
Hipo lo miró con interés y comenzó a hablarle tímidamente.
- Hola Patapez. Yo también estoy muy ansioso por llegar a la isla, te prometo que el viaje no será tan largo.
El dragón gruñó e hizo un gesto amigable al Vikingo rubio.
- Ojalá. Lo único a lo que le temo es que cuando lleguemos a la isla, las mujeres nos sigan odiando y nos echen de su hogar.
Esto último dejo pensando a varios que rodeaban el fogón. Al parecer nadie había pensado en como reaccionarían las mujeres al verlos. Lo mejor sería que los residieran con los brazos abiertos y con una sonrisa en su rostro, pero también estaba la posibilidad de que los corrieran con armas y antorchas.
Estaban entre la espada y la pared. Todos comenzaron a hablar sobre el tema, que podrían hacer ahora. Hipo trató de pensar un plan rápido, que fuera eficaz y estratégico.
- Hipo, ¿Que tal si seguimos mintiendo? - Propuso Patán con una sonrisa burlona.
- No es una mala idea. - Comentó el heredero. - Pero, ¿que pasaría si nos descubren?
- Si no lo intentamos, no lo sabremos. - Comentó otro joven que salió de la pequeña multitud que se había armado alrededor del fuego.
Hipo pensó y dejó a su embarcación reunida en el fuego y él se metió en su tienda. Dijo que a la mañana siguiente traería una respuesta concreta, que ahora descansaran.
El joven resopló cansado y se acostó para poder descansar mejor. Pensó un ingenioso plan que pudiera darle ventaja si algún día llegaba a La Isla del Sol. Se sacó su casco y su armadura, y se tapó con toda la tela y pieles que había traído consigo. Entonces, antes de dormir ingenió un plan ventajoso para la que su viaje no quedara arruinado apenas llegaran a su destino.
Primero, trató de pensar en una mujer. ¡Que cosa complicada! ¿Como haría para pensar en una mujer si nunca había estado con una? Esto si que era un problema.
Por lo que se decía en los libros, una mujer era un ser magnífico, un espécimen raro, poderoso, hermoso de sobre todas las cosas y un mundo por descubrir. En los relatos y cuentos, encontraba que cada mujer era especial, difícil de entender, pero que si le dabas amor y sabías como consentirla, ella estaría "a tus pies".
- ¿A tus pies? - Se cuestionó confundido.
Esa expresión tan rara... ¿Significaría un desmayo? ¿Una reverencia? ¿O que quedaba atada a ti? Cualquier cosa podría ser. Estaba en un mar confuso de ideas y propuestas. Ademas había prometido una respuesta a la mañana siguiente. ¿Que sería de él?
Entonces, buscó cada uno de sus libros y dio inicio a su tarea de descubrir que era ese magnífico ser que tanto nombraban en libros y cuentos.
*Drakkar: Eran embarcaciones largas, estrechas, livianas y con poco calado, con remos en casi toda la longitud del casco. La palabra "Drakkar" significa dragones.
Bueno, no se como ha quedado este capitulo. Espero que les halla gustado.
Ya tengo muchas ideas para los capítulos próximos. Saludos a todos! (:
