La isla del sol
4º Capitulo: La sirena y la bruja del mar.
Las olas golpeaban suavemente el barco moviendolo al ritmo del mar. Hacía horas que estaban remando sin parar y la luz rosácea del cielo les hacía entender que era hora de descansar.
El problema era que no había tierra a la vista.
Pronto, los tripulantes comenzaron a pedir ayuda a sus compañeros voladores, a que encontraran un lugar para descansar y pasar la noche, si es que lo hallaban. Los dragones se dispersaron por lo alto del cielo buscando tierra firme para detenerse.
Patán que dirigía el barco, se sentó en la punta de este, como para intentar aumentar su visión pero no pudo encontrar nada. Solo masa de agua salada rodeando la nave. Dio la orden de que los Vikingos dejaran de remar por unos minutos y se recostó a un costado del Drakkar de madera.
Pasaron algunos minutos y sentía como el agua mecía la nave, causándole un leve mareo. Pero todo esto paró cuando escuchó los rugidos de las bestias, que anunciaban su llegada, al parecer con buenas noticias. Retomaron su lugar con los remos y partieron hacia el sitio que indicaban los dragones.
Pronto, pudieron notar algunas rocas que sobresalían del océano. Los dragones los habían dirigido a una isla no muy grande, que a lo lejos se veía una caverna hecha de las mismas rocas que se veían en la playa. Todos gritaron de alegría al encontrar un lugar para abastecerse nuevamente y detenerse.
Hipo y sus compañeros, remaron con mas fuerzas que antes y al ir acercándose a la arena, Patán pudo notar algo que estaba desparramado.
- Hay algo en la playa, aceleren. - Ordenó.
A falta de luz no pudo diferenciar con exactitud de que se trataba. Solo podía ver una cola de pez muy grande, lo que lo hizo alegrar, tendría pescado para la cena y no tuvo que cazarlo.
Pero al encallar, bajó del barco y expresó su sorpresa al ver lo que había encontrado.
- ¿Que es Patán? - Gritó Brutacio aún dentro del barco, bajando algunas cosas.
Patán no se dio el gusto de contestarle, aun estaba anonadado.
- ¡Contesta!
Esta vez, el Vikingo sobre tierra, lo miró con su expresión sorprendida aún tatuada en su rostro, y contestó:
- ¡Es mía, yo la descubrí primero! - Exclamó mientras señalaba con desesperación el ser en la arena.
- ¿De que hablas? ¿Que hay? - Preguntó un curioso Patapez que se acercaba al descubrimiento de Patán. - ¡Por Odín! Es muy bonita.
Pronto, toda la tripulación se acercó y formó un circulo al rededor del ser encallado en la arena.
- Es una sirena. - Comentó un joven que se asomaba a ver.
- ¡Si y es mía! - Musitó Patán con arrogancia.
- Que impresionante. - Exclamó Hipo muy impactado. - Nunca creí en los cuentos de mi padre sobre las sirenas y ahora encontramos una desmayada en una playa desconocida. Es emocionante, además podré entender mejor como se ven las mujeres. - Comentó emocionado.
- Pues solamente la parte de arriba, Hipo. - Comentó Brutacio arqueando una ceja.
- ¿Que tal si nos la llevamos? Cuando despierte le daremos de comer y un lugar para dormir. No parece estar descansando, es mas, parece haber tenido un accidente o algo. - Mustió Patán dirigiendose a su primo.
- Me parece una gran idea, Patán. - Contestó Hipo con una sonrisa - Armemos el campamento, chicos.
Todos asintieron y se dirigieron a los adentros de la pequeña selva que se encontraba en el centro de la isla. Patán caminaba con la sirena en los brazos, que yacía dormida aún. Pronto las tiendas estaban armadas y la fogata mostraba sus llamas que mantenían una agradable temperatura durante la noche. Los dragones se hallaban descansando, había sido un día de muchos esfuersos, por eso cazaron algunos peces y se echaron a dormir.
Hipo y los demás estaban esperando ansiosos la cena. El hambre que tenían los estaban volviendo locos y de solo ver como los pavos y pollos que se doraban cada vez mas les hacían babear como bebés.
Luego estaban gozando de una cena espectacular, riendo y disfrutando de la cálida brisa que llegaba hasta ellos. El vino brillaba en los vasos grandes al igual que la sabrosa hidromiel, la cerveza Vikinga. A Hipo no le gustaba mucho el vino, pero el mismo anunciaba su gusto por la cerveza, le encantaba.
Mientras tanto en una de las tiendas alejadas del fogón, la hermosa sirena se encontraba descansando hasta que de repente, una luz comenzó a brillar desde su interior.
De repente, la escamosa piel plateada de la cola empezaba a dividirse en dos, formando una cola partida a la mitad. Entonces, las escamas se transformaron en una piel lisa y del tono de su torso y la forma comenzó a cambiar hasta formar las extremidades inferiores. ¡La sirena tenía piernas!
Luego de terminar esta mágica evolución, lentamente comenzó a despertar.
- ¿Donde estoy? - Exclamó asustada al no reconocer el lugar donde había despertado- ¡Mi cola, desapareció! - Exclamó mirando sus piernas, y luego buscó algo de ropa para poder salir y encontrar a los responsables.
La joven de cabellera dorada caminó nerviosa fuera de la tienda y entonces a lo lejos pudo ver unas grandes llamas y gente reunida a su alrededor.
Aún asustada, caminó en su dirección y antes de poder notarlo, uno de los Vikingos había notado la presencia de la sirena caminando hacia ellos.
El joven rubio y alto, llamado Magnus, alertó a los demás de haber visto algo caminando y yendo en su dirección, pero por ahora lo había perdido de vista.
La sirena escapó corriendo lo mas veloz que pudo, esquivando las tiendas y cosas tiradas que había por ahí. Sino era por la blanquesina luz de luna que había esa noche, estaría perdida, ya que la oscuridad era densa y casi no podía ver nada.
Miró hacia atrás asegurandose de que nadie la perseguía. Acción estúpida, porque ahora se encontraba cayendo torpemente al suelo. ¿Con que se había tropesado? Al alzar la vista, horrorizada, gritó al ver frente a su nariz, los ojos amarillentos de una bestia que rugía al mismo tiempo que ella.
Los gritos y rugidos se oyeron por toda la isla, alertando a los jóvenes que se encontraban reunidos a metros de allí, que alguien estaba molestando a los dragones. En específico, a Chimuelo.
Hipo corrió lo mas rápido que pudo con una multiud detrás de él. Mientras, Patán verificaba la tienda ya vacía donde una vez estuvo durmiendo "su" sirena.
Cuando el joven heredero y los demás llegaron a donde estaban los dragones, Chimuelo estaba gruñendo a una joven parecida a la sirena, era muy parecida, pero no era ella. Claro no. Las sirenas no tienen piernas.
- ¿Quien eres tu? ¿Por qué molestas a nuestros dragones? - Grtió Hipo dirigiendose a la desconocida.
La joven no supo responder, a lo que la tribu comenzó a alentarla para que ésta mascullara alguna oración. Pero pronto Patán se acercaba veloz al lugar, gritando casi sin aliento, que la sirena había huído.
- ¡No está! - Se oía a lo lejos, Patán se acercaba cada vez mas. - ¡La sirena se ha ido!
- ¿Qué? - Exclamaron todos. Entonces, llega un exhausto Patán.
- La sirena... Desapareció. - Comentaba entre jadeos, tratando de recuperar la respiración.
Todos sospecharon de la muchacha que se encontraba frente a ellos. Chimuelo y los demás dragones seguían chillando y la chica envuelta en pieles temblaba de miedo.
Patán miró hacia adelante y distinguió una forma menos defina, frente al brillo de las llamas de una antorcha. Era ella.
- ¡Ahí está, la sirena! - Idicó Patán con su dedo índice señalando a la pequeña muchacha frente a las bestias.
- ¿Estas loco? No es la sirena, tiene dos piernas! - Corrigió Brutacio.
- ¡Que tonto! ¿No recuerdas la leyenda?
- ¿De que hablas? - Preguntó confuso el rubio Vikingo.
- Cierto. La leyenda dice que si la cola de la sirena se seca en su totalidad, ésta se parte en dos mitades y se transforma en piernas, imitando la postura humana. - Comentó Patapez.
- Recuerdo la leyenda, la leí en uno de mis libros ficticios. - Comentó Hipo volviendo la mirada a la joven.
- Y entonces...- Musitó Brutacio que giraba su cabeza para mirar a la chica.
Todos apuntaron sus miradas en dirección de la rubia sirena que aún le temía a los gruñidos de los dagones. Hipo le pidió que se tranquilizara, que ninguno le haría daño. Le comentó que Patán fue el que la rescató y le prestó su tienda para que descansara. Le ofrecieron llevarla a la fogata y que ella explicara como había encayado en la playa de esa isla.
Luego de marcharse de ese lugar, la sirena caminó audazmente acompañada de muchos hombres que la llevaron hacia la fogata, le dieron de comer y beber, y la trataron como una reina.
Espectantes, los muchachos escucharon con atención a la sirena que ahora poseía dos hermosas piernas.
- Mi nombre es Marissa. - Comenzó- Vivo a pocas leguas de aquí, en el reino marino, que se encuentra a varios kilometros bajo en el nivel del mar. Debo darles las gracias por ayudarme, porque algo terrible me pasó cuando nadaba tranquilamente con unas amigas. - Comentó mientras mostraba una triste mirada - Pero antes de seguir mi historia, quisiera saber de ustedes, mis salvadores.
Un leve sonrojo se presentó en las mejillas de los Vikingos mas jóvenes, cosa que nunca antes habían sentido. Estaban siendo alagados por primera vez por una hermosa mujer.
Hipo tomó el liderazgo y comenzó narrando su peculiar aventura. Le enseñó sobre sus motivos, quienes eran, como habían conseguido la mistad de los dragones y uno que otro evento historico acerca de ellos. Marissa no tardó en ubicarlos, algo de los Vikingos sabía, y no podía creer que ahora mismi estuviera rodeada de ellos.
Bajo del mar, se conocía a los seres de la superficie, como asesinos y gente con la que no te gustaría cruzarte. Los Vikingos, eran los peores! decían sus abuelos, tíos, vecinos... Pero nadie nunca antes había estado con ellos. Marissa ahora entendía que todo lo que sabía sobre ellos, estaba mal.
Entonces, luego de socializar con sus, ahora, nuevos amigos de la superficie, pudo seguir contando la razon por la cual ella se encontraba desmayada en la playa. O por lo menos, lo que podía recordar.
- Hace unos meses, el reino marino ha estado siendo amenazado por un ser maligno que practica la magia negra sobre nosotros para apoderarse lentamente del océano. Se hace llamar la Bruja del Mar, y fue la causante de que hoy yo esté aquí.
- Pues es lo primero que voy a agradecer. - Comentó Patán sonriendo a la muchacha.
- Sigue, que pasó. - La alentó Hipo
- Hoy a la mañana mis amigas y yo estabamos nadando por la superficie, lejos de aquí. Las aguas eran tranquilas, hasta que de repente, unos remolinos se comenzaron a formar en el mar y a mis amigas las arrastraron hacia la profundidad. - Pausó por un momento, pero enseguida prosiguió - La bruja del mar salió elevada desde las profundidades y me advirtió que nunca mas podría salir del agua sin su permiso y que pronto, todo el reino marino estaría sometido a sus mandatos.
- ¡Pero loca! - Masculló Brutació y luego golpeó en la arena con su puño.
- Lo se, y luego de eso mandó a unos tiburones a perseguirme y con la desesperación, me di un golpe contra algo y desde entonces no recuerdo mas nada hasta que me desperté.
- Que mal Marissa, igual, no tienes de que preocuparte, Chimuelo y los demás ayudarán al reino marino y derrotarán a la bruja. - La calmó el joven heredero.
- Es cierto, no dejaremos que nada les suceda. - Afirmó Patán.
- Gracias chicos, ya veré la forma de agradecerles todo esto que hicieron por mi. - Dijo la rubia sirena.
Luego de esta charla, las estrellas comenzaron a brillar con mas intensidad y los jóvenes Vikingos se quedaron durmiendo bajo la luz de la luna, alumbrados por la pequeña llama de la fogata.
A lo lejos de allí, dentro de una caverna, una luz fugaz comenzó a brillar alumbrando tenuemente el lugar. Pronto, un individuo miraba seriamente, dentro de un caparazón con agua salada, imagenes sobre los Vikingos de Berk y la sirena que se hacía muy familiar.
La luz se apagó dejando al individuo riendo con malicia en la densa oscuridad de la noche, repitiendo con su voz ronca... "Ilusos, nadie me va a vencer. Estúpidos Vikingos, los estaré esperando..."
La risa malévola se volvio a presentar en el silencio de la noche, para después irse apagando lentamente hasta desaparecer.
Hola! acá el cuarto capitulo de esta historia que me mantiene ocupada.
Espero que les halla gustado el capitulo. Pido disculpas si encuentran una falta ortografica muy fea, pero es que escribí desde la Net porque no me anda la compu grande, y no me marca los errores.
Es un quilombo, pero es lo que hay! Saludos a todos!
