La isla del sol

5º Capitulo: Marissa, la tripulante femenina.

El sol se alzaba en un cielo que mostraba algunas nubes blancas y el fondo celeste claro, la mañana se acercaba en la isla donde descanzaba la tripulación de los Vikingos mas jóvenes y aventureros de Berk, que hasta hace unas horas contaba con veintisiete muchachos en busca de la hembra de su especie, que se hallaba en una isla nombrada en los libros de piratas y comerciantes, en cuentos de guerreros que comentaban acerca del famoso olor a jazmín que rodeaba la isla, habitada por hermosas mujeres Vikingas.

Hipo soñaba cada noche con encontrar la isla que le hacía honor al astro del día, soñaba con el beso calido que recibiría de su madre, con grabar en su memoria el aroma a jazmines que presumían los cuentos de piratas, se soñó con su piel levemente bronceada y rodeado de mujeres de su edad y cosas maravillosas, sueños...

Su cuerpo se sacudió levemente, revolviendo sus pensamientos, despertandolo lentamente. Abrió sus ojos con pereza, intentando visualizar quien interrumpía su descanzo. Se refregó los ojos con sus dedos y pudo ver borrosamente una cabellera rubia encima de el. Tardó unos segundos en procesar lo que estaba presenciando... Hasta que reconoció a la sirena que lo miraba con sus penetrantes ojos turquesas y una sonrisa de oreja a oreja, llamando a su nombre luciendo su voz melodiosa..

- Hipo, Hipo despierta. Ey Hipo te estoy hablando, ya es de día! - Decía la sirena que daba leves saltos encima del muchacho.

El heredero de Berk se incorporó de su lecho y mirando a la muchacha con desconcierto. No entendía que hacía ella ahí, además, se puso extremadamente nervioso al sentirla arriba de él y media desnuda.

Al notar tanta piel desnuda frente a él, tomó un libro y escondió su mirada tras él, no quería sentirse un pervertido mirando a la pequeña sirena.

- Marissa, ¿Por qué estas aquí? y así desnuda. ¿Que es lo que quieres? - Preguntó escondiendo su rostro tras el libro.

- Hipo, ¿de que te escondes? Vamos, despierta. Vamos a jugar, ven conmigo y con Chimuelo. - Comentó divertida la rubia.

- ¿A jugar? Yo ya estoy grande para jugar - Musitó Abadejo y luego tomaba algunas pieles y se las ponía delante del rostro de la joven - Por favor, ponte esto, no es seguro que camines... desnuda por aquí.. ¿me entiendes?

La joven lo miro extrañada, ¿qué le podría molestar que ella se mostrara así como estaba? Sin duda, no entendía el comportamiento humano, y menos el de Hipo.

- Podes ser grande para jugar, pero no para divertirte. - Luego, Marissa le sonrió.

Hipo la miró con los ojos entrecerrados y se revolcó en su lecho para seguir durmiendo, tapando su cabeza con las pieles gruesas que usaba para defenderse del frío que aun rondaba por las playas.

Marissa golpeo el cuerpo del muchacho en forma de capricho, pero este no respondí. Con un suspiro de resignación se cruzó de brazos y decidió salir de allí, en busca de diversión.

El campamento rocaba ruidosamente aún, y no por los dragones, quienes curiosamente andaban caminando, volando, pescando o seguramente haciendo algo mas productivo que sus respectivos dueños.

Fue ahí cuando la rubia sirena encontró el negro dragón con quien se había topado la noche anterior. Chimuelo se llamaba, recordó que Hipo los había presentado y que la bestia escupe fuego resultaba ser simpaica, claro, luego de conocerte bien. La chica lo miró interesada en el animal, y comenzó a rodearlo como si fuera una cazadora, acechandolo y mirando fijamente a sus amarillos ojos. El dragón no se quedaba atrás. La perseguía en circulos calculando su siguiente acción hasta que de pronto.. La sirena saltó sobre el animal, dando movimientos bruscos, queriendo montar en su lomo vestido por una extraña silla.

Chimuelo comenzó a emitir bufidos de desesperación al sentir a la extraña muchacha queriendo subir encima de él, pero con un golpe rápido de su cola, mandó a volar a la rubia niña hasta caer en la costa del mar. Siguiente, el negro dragón hizo una mueca de satisfacción con su rostro.

Salió de allí caminando altanero, hasta que sintió que alguien corría tras el. No alcanzó a darse la vuelta y ya tenía a la misma niña de hoy subida a su lomo, tomando el control de sus movimientos.

- ¡Vamos Chimuelo! - Gritó con su voz sonora - ¡A volar!

El dragón corrio aterrorizado con una sirena sobre su lomo controlando su vuelo, gruño y gruño, tan fuerte así Hipo lo escucharía, en cambio Marissa gritaba como loca pero de felicidad, estaba volando, por primera vez y se sentía genial.

Hipo sintió los ruidos que mascullaba su dragón. Su Furia Nocturna estaba siendo atacado. Se vistió lo mas rápido que pudo y salió de la tienda, cuando vio a la sirena montada al lomo de su amigo. En eso, llegaron Patán y Brutacio para enterarse de lo que sucedía.

- Bueno, ¿Quien creería que una sirena montaría un dragón? - Comentó Brutacio mirando las desprolijas piruetas que daba Chimuelo en el aire.

- Detenla Hipo, Marissa podría lstimarse. - Exclamó Patán

Hipo miró a su primo y asintió, llamó a su dragón y éste último obedeció, descendiendo de las nubes a gran velocidad. Al llegar al suelo, la rubia niña se bajó del lomo del dragón con una expresión de decepcion.

- Que mal, yo quería seguir volando. - Manifestó enojada la sirena y se cruzó de brazos.

- Marissa! por fin estas aquí - Decía contento Patán y luego la abrazaba fuertemente - No puedes salir a volar un Furia Nocturna tu sola, nadie mas que Hipo lo ha hecho y todos aquí saben que le tomó mucho tiempo poder domesticarlo y no solo a Chimuelo, todos los dragones son peligrosos.

- Pero si Chimuelo fue muy bueno conmigo. Lo siento. - Se disculpó ante todos allí y bajó la mirada

- Esta bien Marissa, pero la proxima vez pide permiso. - Aconsejó Patán.

Luego de esto, Hipo se puso a pensar manteniendose alejado de la charla que se había formando hace unos minutos. El tema de regresar a Marissa a su hogar ahora lo mantenía ocupado, al parecer a ella le estaba empezando a gustar una vida de venturas fuera del océano, pero aún así, ella tenía hogar y todos allí la estarían esperando.

- ¿Por qué no vamos a almorzar? - Propuso el heredero de la tribu.

- Si, muero de hambre - Comentó Patán caminando hacia el campamento.

- Yo también, podría comerme un jack entero yo solo. - Dijo Brutacio acariciando su panza y caminando detrás de Patán.

Luego, Hipo y los demás los siguieron y al rato comenzaron a almorzar. Era un día bastante bueno como para quedarse a descansar pero ellos deberían seguir con su viaje.

El día transcurrió como cualquier otro, comieron, se abastecieron de lo que la isla producíaque eran frutas y alguna que otra planta nutritiva, juntaron sus cosas y las embarcaron. El grupo de Hipo aun no saldría de la isla, pero les dio la orden a los demás de que se adelantaran.

- ¿Que pasa Hipo? - Preguntó Patapez acercandose al nombrado.

Ahora, Abadejo se encontraba mirando a la sirena y tomó aire para comenzar a hablar.

- Marissa, creo que es momento de volver a casa. - Dijo seriamente.

- Pero Hipo, yo me estaba divirtiendo mucho con ustedes, además si me voy, la bruja seguro atacará a mi familia o hará algún desastre. Necesito su ayuda.

- Es cierto Hipo, no podemos dejarla sola, hay que ayudarla.

- No es... nuestro problema, Patán. - Susurró con un aire frío en su voz. - Sabes lo importante que es para mi y para todos los demás encontrar La Isla Del Sol..

- ¡Espera! - Interrumpió la sirena - ¿Hablas de la misma isla donde viven nada mas que mujeres vikingas?

- Si, de la misma ¿Que sabes sobre eso?

- Se como llegar allí, pero... tu no me quieres en tu tripulación asi que creo.. - comentó la sirena con una mirada pícara - .. creo que deberás encontrarla por ti mismo.

- ¡Te llevaremos! - Exclamó Patán

- Hagamos un trato , muchachos. - Masculló la niña.

- ¿De que hablas? - Preguntó Patapez.

- Si ustedes me ayudan a mi y a mi pueblo a derrotar a la Bruja del Mar, yo les enseñaré el camino mas rápido a la codiciada isla, ¿okay? - Entonces, extendió su mano hacia Hipo.

- Así será, Marissa. - Finalizó Abadejo estrechando su mano con la de Marissa.

Entonces, así emprendieron viaje a mar abierto con una nueva tripulante en su barco. Marissa sonreía feliz mientras sentía el viento fresco golpearle la cara, ya podía ver las distintas aventuras que esperarían por ella.

Hipo y los vikingos también se sentían muy bien, ahora tendrían un atajo para tomar y llegar antes de lo pensado a la fantástica Isla Del Sol.


Hola! Por fin el quinto capítulo de esta historia que me tiene super enganchada.

por que no subi antes? La net no enganchaba el puto WI-FI ! me quería matar -.-

pero no importa, por fin pude editar y subir, espero sus comentarios.

adiós :)