Muy bien… He aquí la continuación, que espero y sea del agrado de quienes la habían solicitado.
Me interesa saber su opinión, ya que lo pensé bastante antes de decidirme a escribir un segundo capítulo, principalmente por que no quería arruinar lo que había conseguido con el primero… Y tomando como punto de partida la última escena del anterior, algo apasionada, traté de continuar con la misma temática. Personalmente, me agradó el resultado, aunque es la primera vez que abordo situaciones así en una historia, me esmeré en hacerlo bien.
De antemano, muchas gracias a todas las que se han pasado por aquí para leer y para dejarme un comentario. Lo aprecio mucho. Me alegran el día cada vez que me dejan un review.
Y haciendo la aclaración de que los personajes de Sailor Moon pertenecen a Naoko T., y que hago este fic sin fines de lucro, por mera satisfacción propia y para entretenimiento de quienes leen…. Les dejo el segundo (y ahora sí creo que último) capítulo de Celos.
……………………………………………………………………………………………………………….
Después de mi repentina llegada al Templo, y de aquél beso de ensueño que me devolvió a la vida, te traje a casa conmigo. No quería separarme de ti ni un minuto, no me pude resistir a ese impulso. Y tú no te negaste. Pero al llegar, noté cierto nerviosismo en ti…dudabas.
Talvez porque al ser tan tarde, obviamente tendrías que quedarte a dormir. ¿Conmigo?... sí, me encantaría, más no te lo digo, me limito a sonreírte para inspirarte confianza.
- ¿Quieres quedarte? – Sí. Es tú única respuesta, y tomas mi mano mientras entramos.
– Siéntate… te prepararé un té, debes tener frío con esa ropa tan ligera.
Al hablar, mis ojos recorren despacio tu silueta, y al instante un profundo sonrojo adorna tus mejillas, siendo consiente de tu escasa vestimenta.
– ¿Te ayudo?
– No, eres mi invitada… ésta noche, yo estoy para complacerte. Y nuevamente, te sonrojas ante mis palabras.
Lo admito, ese último comentario no fue del todo inocente. No suelo decirte cosas así normalmente, pero ésta noche es…diferente. Incluso yo no siento que sea el mismo, pero me agrada. Sé lo que quiero, más no estoy seguro si tú deseas lo mismo.
Después de unos minutos en la cocina, regreso con el té listo. Me detengo unos instantes para observarte. Al parecer he tardado demasiado y te has quedado dormida en el sofá.
Luces tan bella. Eres sin duda el más preciado regalo que pudo darme la vida.
Y ni siquiera te lo he dicho.
Dejo las tazas sobre la mesita de la sala, y decido llevarte a mi habitación para que puedas descansar. Con cuidado de no despertarte, te tomo entre mis brazos.
Tu exquisito aroma inunda mis sentidos al estar tan cerca. ¡Dios! Esa bata que llevas puesta te convierte en una verdadera tentación. Y yo que pensé que usarías pijamas de franela con figuras de conejitos o algo similar. Por el bien de mi cordura, procuro concentrarme en llevarte a la cama… Mí cama…Pensar en eso tampoco ayuda.
Entro en la habitación sin encender la luz, no hace falta, ya que es tenuemente iluminada por la luna, que nos brinda un ambiente tan romántico desde la ventana.
Despacio, te dejo sobre la cama, y me dispongo a retirarme para tomar mis cosas del clóset y dormir en el sofá que antes ocupabas. Entonces, tomas mi mano, y sin abrir los ojos, murmuras algo que apenas y logro escuchar.
– Darien…No me dejes sola, por favor, quédate aquí.
Por un instante, creí haber escuchado mal.
Tú no me pedirías algo así. Pero de inmediato me doy cuenta que seguramente te referirás a que duerma contigo. Solo dormir. Sí, eso debe ser.
– Está bien, enseguida regreso, voy a cambiarme. Tras tomar un pijama de un cajón, entro en el baño. No acostumbro usar la parte de arriba, pero ya que no quiero incomodarte, ésta vez lo haré.
Al acercarme a la cama veo que sigues dormida.
Sonrío al observar la expresión de paz que adorna tu rostro. Me recuesto a tu lado y te abrazo por la espalda, con mis brazos rodeando tu cintura. Me estremezco al sentir tu tibio cuerpo apretarse contra mi pecho. Dudo que pueda dormir, cuando solo pienso en cuánto deseo besarte. En lugar de eso, acerco mis labios a tu oído.
– Te amo, Serena Tsukino…te amo tanto que no concibo mi vida sin ti. Mis días son grises sin tu presencia. Quisiera quedarme así para siempre, contigo entre mis brazos. Me haces feliz, como nunca creí que podría serlo.
Entonces tú cambias de postura para poder mirarme a los ojos, y me doy cuenta que lloras ¿Por qué?
– Serena, por favor, no llores, no quiero ser la causa de tu llanto nunca más. Quiero hacerte feliz. Te digo mientras con mis dedos acaricio tu mejilla. Y tú sonríes dulcemente.
– Lo soy, porque estás a mi lado, por que sé que me amas, no necesito nada más para sentirme completa. Es solo que…Me hacías tanta falta.
Mis ojos concentran su atención en tus labios, como atraídos por un imán. El deseo de besarte es tan grande que supera mi voluntad.
Despacio, acerco mi rostro al tuyo. Siento tu aliento darle la bienvenida al mío como una caricia anticipada. Al fin mis labios se posan sobre los tuyos. Es solo un beso, y no es el primero, pero hay algo en mi interior que me grita que ésta vez es distinto… una emoción nueva crece en mi interior.
Te escucho gemir levemente, y profundizo el contacto.
Continuamos así hasta que la falta de aire nos obliga a detenernos. Observo tu rostro, con lentitud abres los ojos, y simplemente me sonríes.
Me seduces con la mirada, mientras tus manos se entrelazan tras mi cuello, haciendo que el espacio entre nosotros desaparezca. Tal gesto de aceptación me complace… pero no es suficiente. Por ello, mi lengua audaz busca la tuya. Y cuando el contacto ocurre, todo parece dar vueltas alrededor, lo único de lo que tengo conciencia es de tu tibio cuerpo bajo el mío y de tus labios que me regalan la gloria con ese beso.
Pero aún así… No me basta…Deseo más de ti, y por primera vez… No me detengo.
Ni siquiera para recobrar el aliento me separo de ti. Es tan maravilloso, que creo que me volveré loco si me dices que me detenga.
No lo haces, y eso me anima a seguir.
Solo besarte ya no es suficiente.
Mis manos se atreven a recorrerte sin inhibiciones, intentando conocer cada parte de ti como si fuera yo mismo. Repites mi nombre una y otra vez mientras te acaricio con lentitud, deslizando mis dedos por toda tu piel. Y entre besos, te hago una petición que no fui capaz de contener
– Serena… Tócame. Entonces dejaste de besarme, eso me desconcierta.
Al sentirme despojado de tu calor, te miro de frente, en tus ojos hay una mezcla de confusión y… ¿temor? , ¿Tienes miedo de mí, Serena? Es esa la pregunta que quiero hacerte, más se queda en mis pensamientos, y en cambio, la que brota de mis labios, es una completamente distinta:
- ¿Preferirías que Seiya ocupara mi lugar?
Al instante, el sonido de tu mano al estrellarse contra mi rostro fue la única respuesta que obtuve.
Me has abofeteado.
El ardor que siento en mi mejilla no hace más que aumentar mi incredulidad. Continúo en el mismo sitio en el que me dejaste, sentado en una esquina de la cama, sin atinar a hacer nada.
Mi orgullo me impide admitir que el golpe de tu tierna y delicada mano me ha dolido. Y vaya que sí dolió. ¿De dónde has sacado tanta fuerza? Casi estoy seguro que la marca de tus dedos sigue en mi piel.
Desde hace algunos minutos te has ido de la habitación, azotando la puerta. No intento seguirte, puesto que no puedes ir más allá de la sala. Por más molesta que estés, sé que no cometerás la imprudencia de regresar sola al Templo. Eso me tranquiliza un poco.
A mi mente viene la imagen de tu rostro, con las mejillas encendidas a causa de tu enfado y el reproche en tus ojos.
No dijiste una palabra, simplemente te levantaste y me dejaste solo. Ni siquiera discutimos. Esa reacción fue algo nuevo para mí, que esperaba tus reclamos entre un mar de lágrimas. No cabe duda, nunca dejarás de sorprenderme.
Serena… quizás no me creas que me siento culpable, pero no he podido evitarlo. Incluso ahora, tras lo que acaba de suceder entre nosotros, no hago más que pensar en la respuesta que no me has dado. En esa pregunta que ha provocado que toda tu ira, que ni sabía que existía, caiga sobre mí.
Respiro profundo, tratando de recuperar la calma.
Entonces recuerdo lo que hacíamos antes de que mi inoportuna e innecesaria pregunta, arruinara el momento. Ahora soy yo el que quiere darse de golpes contra la pared, lleno de frustración.
Debo disculparme contigo, y aunque no estoy seguro de que quieras escucharme, tengo a mi favor el que al menos por unas horas no podrás evadirme, no hasta que amanezca y puedas marcharte. Con esa idea en mente, y tratando de ser optimista voy a la sala para hablar contigo.
Te encuentro de pie, mirando a través de la ventana.
Incluso estando de espaldas el enfado y la tensión en ti es evidente, así que mi frustración y mis celos absurdos pasan a segundo plano. Solo me interesa que me perdones. Ruego al cielo que lo hagas, porque sé que sin ti estaré perdido.
– Serena… escúchame por favor…Lamento lo que dije hace un momento, no debí preguntarte eso. Ni siquiera debí mencionarlo… a él. Pero no pude evitarlo. Esa pregunta llevaba ya demasiado tiempo dando vueltas en mi mente.
– ¿No confías en mí, Darien?
Me preguntas sin mirarme. Princesa por favor mírame, no me castigues con tu indiferencia, duele demasiado.
– Contéstame, ¿Crees que me lancé a sus brazos apenas te fuiste?
– No, sé que no fue así. Nunca he dudado de tu amor por mí, en ningún momento… Lo que me atormenta desde que regresé, es pensar en que seas tú quien dude de lo que siento por ti.
Ante esas palabras, al fin me miras a los ojos.
– Reconozco que nuestra relación no es precisamente normal, debido a que ambos sabemos que tarde o temprano teníamos que estar juntos, por ese pasado y futuro que nos unen. Y aunque pueda darte la impresión de que es en eso en lo que pienso cuando estoy contigo, te aseguro que no es así. Mi amor por ti es genuino, sin importar las circunstancias en las que nos conocimos, en éste y cualquier otro tiempo, no existe nadie más a quien yo podría entregarle mi corazón. Solo a ti, Serena. Amo cada detalle de ti, te amo por que gracias a ti he descubierto que también soy capaz de amar, porque con el solo hecho de sonreírme llenas mi alma de paz. Temo no haberte demostrado lo suficiente cuán grande es el amor que siento por ti, que mis silencios nos alejen, y que mis actos no basten para convencerte de estar junto a mí. Por eso te hecho esa pregunta tan estúpida. Serena, por favor… Perdóname…creo que moriré aquí mismo si no lo haces.
Ya está, al fin te he confesado lo que siento.
En silencio espero que digas algo. Y nuevamente me sorprendes.
Tus brazos se aferran a mi cintura con fuerza, y recargas tu cabeza contra mi pecho. Siento el temblor de tu cuerpo tanto como si fuera el mío, y correspondo a tu abrazo deseando transmitirte en él todo lo que siento.
– Te amo, me dices con voz queda. No quiero separarme de ti nunca más.
– No sucederá otra vez. Lo prometo.
Perdí la noción del tiempo teniéndote entre mis brazos.
Continuamos así un buen rato, de pie, contemplando las pocas estrellas que quedaban en el cielo a través de la ventana. No hemos dormido, pero yo me siento en un sueño a cada segundo que paso contigo.
– Darien… ¿Podemos volver a la cama?… quiero dormir.
Tu pregunta ha sido tan espontánea, que no puedo evitar reír.
– Claro que sí.
Te respondo mientras te cargo para llevarte a la habitación. Entonces me acerco lo suficiente para decirte al oído algo que provoca que te sonrojes.
– Pero yo no deseo dormir, princesa… Solo quiero demostrarte cuanto te amo.
.
