Tus preciosos ojos se posan en los míos.

Si es verdad que los ojos son el reflejo del alma, tú deseas lo mismo que yo. Encuentro en ellos la misma pasión, el mismo anhelo… el mismo amor. Me dices en silencio que me amas.

Pero, en éste mágico momento, las palabras no bastarán para expresarte lo que siento por ti.

Así que dejaré que mis manos y mis labios creen su propio lenguaje para poder demostrarte con besos y caricias toda la pasión que provocas en mi interior.

La visión de tu bella anatomía sobre mi lecho, aguardando por mí, es tan seductora que me quedo absorto al pie de la cama, deleitándome con cada detalle de tu cuerpo, a pesar de que muero por que sean mis dedos los que recorran tu blanca piel centímetro a centímetro.

Ésta vez no habrá interrupciones.

Ésta noche serás mía en cuerpo y alma.

Tal pensamiento amenaza con arrebatarme mi tan preciado autocontrol.

Pero aún no es el momento de dejarme llevar por la pasión.

Hay algo que debo saber antes de continuar. Necesito escuchar de tus labios que es esto lo que quieres, que lo deseas tanto como yo.

- Serena…Te amo tanto...Y quiero hacerte el amor hasta que ambos quedemos exhaustos de darnos placer. Más si tú no deseas lo mismo, yo…

En ese instante, el cadencioso movimiento de tu cuerpo avanzando a gatas sobre la cama, cual león tras su presa, me deja sin palabras.

Al llegar al borde del colchón, despacio, sabiendo que mis pupilas no se apartan de ti ni un instante, te pones de pie frente a mí, y atrapando mi rostro entre tus manos, me das un beso que me cimbra de pies a cabeza.

- Sí.

Es todo lo que respondes, interrumpiendo tu asalto, antes de volver a besarme.

Aquí, ahora...Por siempre…Tuya…Solo tuya, Darien.

Siento tus manos vagando por mi piel, desde el cuello hasta posarse sobre mi pecho.

Seguro que bajo tu palma puedes percibir el alocado latir de mi corazón, a causa de tus caricias.

Sí. Sabes que me enloqueces con tu tacto, tu sonrisa seductora, ésa que hasta hoy tengo el placer de descubrir, te delata.

Tus traviesos dedos se topan con los botones de la camisa, vas abriéndolos uno a uno, mientras tu sonrisa resplandece aún más, al ir retirando la prenda que, en estos momentos, consideras un estorbo y te deshaces de ella.

Me haces temblar, y disfrutas de ello.

Cuando tus labios trazan un sendero de besos en mi cuello, un ronco gemido escapa de mi garganta.

La pasión me consume lentamente. Aún así, me someto gustoso a la dulce tortura de tus caricias, dejando que tus dedos se deslicen a tu antojo sobre mi torso desnudo a la vez que vuelvo a tomar tus labios.

Poco a poco el deseo supera la timidez, tus caricias se tornan audaces y el beso aún más intenso.

Mi cuerpo se estremece por entero al sentir cómo tus dientes se clavan ligeramente en mi labio inferior.

- ¿Sabes lo que me haces, Serena?

Logro decirte, apenas en un susurro, mientras mis manos se ciñen con mayor fuerza alrededor de tu breve cintura, para luego aferrarse a tus caderas, logrando con ello que un gemido ahogado brote de tus labios entreabiertos al sentir la presión de mi creciente excitación contra tu vientre.

- Mmmm… Creo…que… me encantará averiguarlo…

Respondes entre besos. Entonces, te dejas caer de espaldas sobre la cama, llevándome contigo, y ambos reímos.

Ahora, con tu cálido cuerpo bajo el mío, y tan solo la ligera ropa como barrera, comienzo a dar rienda suelta a mis deseos por tanto tiempo postergados.

La sonrisa va muriendo poco a poco mientras nos vemos fijamente a los ojos.

Con un ágil movimiento te coloco sobre mí, dejando que tus piernas a mis costados y tus manos sobre mi torso me aprisionen.

Mis manos se deslizan de tu cintura a tu espalda erguida, mis dedos recorren tu cálida piel de arriba abajo, provocando tus suspiros en respuesta.

Acaricio tus muslos con premeditada lentitud y mis manos se cuelan debajo de tu bata, llevándose entre los dedos la prenda, regalándome así la onírica visión de tu piel desnuda.

Sin poder esperar más, te despojas de la prenda sacándola por encima de tu cabeza, lanzándola al piso, y después tu sostén de encaje le hace compañía.

Me quedo inmóvil un instante, contemplando tu belleza. Uno muy breve, ya que la necesidad de tocarte fue mucho más grande.

Cuando por fin mis dedos se posan en las cumbres de tus senos, te escucho pronunciar mi nombre, con la voz alterada por la pasión.

- Más… Darien, más… quiero sentirte.

- ¿Así?

Te digo, mientras froto mis palmas abiertas contra tus pechos, como si trazara círculos invisibles sobre tu suave piel.

- ¿O así?

Continuo, ahora capturando y apretando entre mis dedos tus sensibilizados pezones.

Más… Bésame…Más.

Respondes entrecortadamente, colocando tus manos sobre las mías.

Quiero sentir tus labios.

Imposible resistirme a complacerte.

Tras dedicarte una breve sonrisa cómplice, vuelvo a colocarte debajo.

Mis labios recorren ansiosos tu cuello, la curva de tu hombro, hasta llegar a tu níveo pecho.

Sin prisas, dediqué toda mi atención a colmar de mimos esa delicada y deliciosa parte de tu cuerpo.

Los leves suspiros se tornaron apasionados jadeos al introducir el tierno pezón en mi boca, succionando, lamiendo, para después dedicarle las mismas atenciones al otro seno.

Durante tanto tiempo deseé acariciarte de esa forma tan íntima, que ahora que mi fantasía se cumplía, daba gracias a todo ser divino que me escuchara por permitirme vivir ésta experiencia a tu lado, habiendo estado tan cerca de perderte en tantas ocasiones.

- Esto… no es justo…Darien. Soy la única desnuda aquí.

Apenas y separo un poco mis labios de tu piel para rebatir tu argumento, sin poder evitar que una sonrisa complacida acuda a mi rostro.

- Pero eso no es del todo cierto, amor.

Y para reafirmar mis palabras, deslizo mis dedos hasta la cinturilla de la ropa interior que aún conservas, dejando que la palma de mi mano se pose ahí, sobre el cálido centro de tu cuerpo. La humedad que percibo bajo mis dedos me confirma que estás lista para mí, y te acaricio levemente, gozando de cómo reaccionas a mí, elevando tus caderas buscando intensificar el roce.

Creo que puedo solucionar eso.

Agrego, mientras que jalo la diminuta prenda hacia abajo, hasta que consigo deshacerme de ella.

Tras unos segundos en los que tu respiración pareció detenerse, sentí tus uñas encajarse en mi espalda, lo cual solo aumentó mi excitación.

- No me refiero a eso... y lo sabes.

Entonces te incorporas ligeramente para poder hablarme al oído.

- ¿No vas a complacerme, amado Darien?

- Jamás te negaría nada, ni siquiera mi vida. No comenzaré ahora privándote del placer.

Dicho esto, me separo de ti un momento para ponerme de pie y atender tu petición.

Cuando por fin tu piel y la mía están libres de barreras, extiendo mi mano hacia ti, pidiendo en silencio que te me unas.

- ¿Mi princesa desea algo más?

Te digo, estrechando tu cuerpo fuertemente contra el mío, dejándote sentir cuán grande es mi deseo por ti. Tu cuerpo se estremece en respuesta, dominado por el anhelo y la pasión recién descubierta.

- Todo. Lo deseo todo.

Reclamas mis labios con un beso, entregando y exigiendo a la vez.

- Y lo tendrás. Me tendrás a mí, y tú serás mía.

Continuo hablando mientras mis manos acarician tu espalda, descendiendo hasta tus glúteos.

Seremos uno. Ahora.

Con un solo movimiento, elevo tu cuerpo del suelo para poder colocar tus piernas alrededor de mi cintura, y en ese íntimo abrazo, nuestros sexos se encuentran.

Un grito ahogado emerge de las profundidades de tu garganta ante éste primer contacto.

- Te amo.

Fueron las palabras que pronuncié antes de iniciar el sagrado ritual que representa para mí hacer el amor contigo.

Con un suave y lento movimiento, mi virilidad inhiesta comenzó a hundirse en tu cuerpo virginal.

Fue una sensación tan mágica y poderosa… Miles de emociones nuevas y desconocidas nacieron y murieron dentro de mi ser, arrasando con cualquier otro recuerdo, con el más minúsculo pensamiento en el que no estuvieras tú.

Mis labios depositaron pequeños besos en tu cuello, y después se adueñaron de los tuyos con desmesurada pasión.

La misma pasión con la que deseaba perderme dentro de ti.

Más me contenía, pues infinitamente más grande era mi deseo de hacerte disfrutar y darte tanto placer como fuese posible.

Permanecimos así, besándonos, explorándonos, hasta que continuar inmóviles resultó casi agónico para ambos.

Pronuncias mi nombre con la voz teñida de sensualidad, pidiendo por más.

Tus caderas comienzan una erótica danza, llamándome, exigiéndome ir a su encuentro.

Y así, con una profunda embestida, me acerco a la gloria al poseerte por completo.

Arqueas tu espalda hacia atrás, confiando en que te sostendré. Mis manos recorren tu columna vertebral de arriba hacia abajo, hasta aferrarse a tus caderas, marcando un ritmo capaz de enloquecernos a ambos.

Fue así que nuestras almas alcanzaron la comunión absoluta guiadas por el placer que nos prodigamos el uno al otro, y cobijadas por la calidez del amor que habita en tu corazón y el mío.

********************

El sonido del timbre me despertó abruptamente.

Era casi el medio día. Jamás me había quedado en la cama hasta tan tarde, pero dormir contigo acurrucada contra mí me regaló el sueño más pacífico de toda mi vida.

Podría acostumbrarme a eso. Pensé, mientras cuidadosamente salía de la cama procurando no despertarte.

Tras vestirme tan rápidamente como pude encontrar las piezas de mi pijama, me dispuse a abrir.

Si no me equivocaba, tras la puerta aguardaba una chispeante rubia que estaría encantada de bombardearte con preguntas indiscretas sobre lo ocurrido la noche anterior.

Cuando tuve la idea de llamarla, hace unas cuantas horas, esperaba que pudiera actuar con discreción, tal como se lo había pedido.

Pero con Mina, nunca se podía estar seguro.

Su sonrisa resplandeciente hacía aún más evidente el gesto pícaro en su mirada, que con poco éxito intentaba disimular.

- ¡Hola Darien! He traído lo que me pediste.

- Te lo agradezco mucho Mina.

- Oh, no hace falta. Comprendo perfectamente que Serena haya olvidado sus cosas en el templo, tenía otras más…interesantes en mente.

Y enseguida, un guiño cómplice adornó su rostro.

- Supongo que ella aún sigue durmiendo.

Agregó, sonriendo en todo momento.

- Claro, debe estar muy cansada.

La diversión palpable en su voz comenzaba a incomodarme, y a pesar de eso, seguía pensando que ella era la única a quien podía haber acudido para ese pequeño favor.

- No hace falta que entremos en detalles. Una vez más, te doy las gracias por traerle a Serena su ropa, pero no pienso discutir éste tema contigo, ¿de acuerdo?

- Oye, tranquilízate, Darien, tampoco es necesario que me hables tan duramente. Me pediste discreción y la tendrás. No me pude resistir a jugar un poco, eso es todo, me disculpo por ello.

Pasó de la diversión a la seriedad en un instante mientras se disculpaba, para inmediatamente volver a hablar con desenfado y dirigirse a la puerta.

- Dile a Serena que la estaremos esperando en el Crown para comer.

Ya casi había cruzado el umbral cuando repentinamente pareció recordar algo que había omitido.

- ¡Ah!, por cierto, le he dicho a las chicas que pasaste por Serena hoy muy temprano para hablar con ella, y que por descuido olvidó su mochila. Así que ustedes decidirán qué tanto quieren contar después.

Me disponía a dar las gracias nuevamente, pero ella me interrumpió restándole importancia al asunto con otra sonrisa.

- Basta de dar las gracias. Ambos sabemos que ésta era una misión que solo Sailor V, la guardiana del amor, podría realizar. Al menos conmigo te has evitado el sermón a cerca de la responsabilidad y el futuro que las demás te hubieran dado. Eso, sin contar a Haruka, que probablemente habría exigido tu cabeza en bandeja.

- Mina...

Esa sola palabra pronunciada en tono contundente bastó para terminar con la conversación.

- Muy bien, muy bien…me callo. Ya debo irme. Hasta luego, Darien.

Tras cerrar la puerta fui a la habitación a despertarte. La reciente mención de la responsabilidad me recordó que debía hacerlo.

Me senté en la cama y me aproximé para murmurarte al oído.

Buenos días, mi bella durmiente.

Sin abrir los ojos, emitiste un pequeño bostezo.

Me parece recordar que a ella la despiertan con un beso.

Claro. Que error tan más grande el mío. Lo intentaré otra vez.

Posé mis labios sobre los tuyos con ternura, con apenas un leve roce, pero tú convertiste ese beso tranquilo en una tormenta, respondiendo con vehemencia.

Antes de que aquello nos llevara a terrenos más apasionados que ya no podría manejar, me separé un poco, dándote un casto beso en la frente.

- Me encantaría quedarme en la cama contigo todo el día, cariño. Pero las chicas te esperan en el Crown, debes arreglarte. Y además, hay algo que debo darte.

Extendí mi mano hacia el buró al lado de la cama, y de ahí tomé una pequeña pastilla que estaba junto a un vaso con agua.

- Quiero que tomes esto.

Te dije, acercándote el vaso.

- ¿Qué es?

Tus ojos denotaban confusión, pero aún así ingeriste la pastilla.

- Precaución, amor. Lo de anoche podría tener consecuencias. Y tú y yo sabemos que aún no estamos listos para ser padres.

- Oh por Dios, es cierto…Rini.

Te abracé fuertemente buscando aliviar tu preocupación.

- No es tiempo de que ella vuelva con nosotros.

- ¿Cómo es que estás tan seguro de eso?

- Setsuna habló conmigo hace algunos días. Ya sabes…Ella cuenta con información privilegiada sobre el futuro. Me advirtió que debía tomar las debidas precauciones si no quería afectar nuestras vidas y las de todos los que nos rodean. ¨Aún no es tiempo de que la Pequeña Dama venga al mundo¨, ésas fueron sus palabras, y después agregó que quería charlar contigo sobre eso.

- Vaya, así que ella sabía lo que sucedería entre nosotros. Iré a buscarla luego de ver a las chicas.

- De acuerdo, ahora levántate. Te he preparado el baño. Hay sales minerales, burbujas y otras esencias aromáticas para que viertas en la tina. Tu ropa está ahí. La ha traído Mina.

- Muy lindo detalle de tu parte. Eso se merece un premio.

Y entonces volviste a besarme.

Apenas y pude resistirme al elixir de tus besos. Con la respiración entrecortada y el corazón palpitando desenfrenado en mi pecho, me puse de pie.

- Serena Tsukino, será mejor que vayas ahí cuanto antes y cierres esa puerta, antes de que ceda a mi deseo de meterme a la tina contigo.

- Solo si prometes que en otra ocasión lo harás.

Me miraste fijamente mientras salías de la cama, con las sábanas cubriendo tu desnudez.

- Lo prometo.

Levanté la palma de mi mano, para enfatizar lo dicho.

- Prometo solemnemente que en la brevedad posible haré el amor con mi novia en la bañera y la haré disfrutar y gozar como nunca.

Uniste tu mano a la mía, entrelazando los dedos, y lo mismo hiciste con tu cuerpo, dejándome sentir cada parte de tu preciosa anatomía.

- Eso basta para convencerme…Por ahora.

Tras darme un beso fugaz, entraste al baño. Luego de unos segundos, te escuché tararear una canción.

Mientras tanto, abrí varios cajones del guardarropa, buscando lo que usaría aquella tarde para ir a comer.

Más no podía apartar de mi mente la idea de que a solo unos cuantos pasos estabas tú, preparándote para tomar un baño.

Sonreí al imaginar cómo la sábana se deslizaba por tu piel, en cómo las burbujas cubrirían tu cuerpo.

- ¿Seguro que no quieres venir aquí y hacerme compañía?

Gritaste desde adentro, para que pudiera oírte.

Al escuchar tu pregunta, consideré la posibilidad de que fueras capaz de leer mis pensamientos, pues eso era exactamente lo que deseaba hacer.

Pero justo ahora no contábamos con el tiempo suficiente para cumplir mi promesa.

- Seguro, me ducharé después de ti, y cuando ambos estemos listos, iremos al Crown. Respondí, elevando un poco la voz, al igual que tú hicieras antes.

Pasaron algunos minutos en los que permanecimos en silencio.

Empezaba a creer que te habías enfadado debido a mi negativa, cuando volviste a hablar.

- ¿Darien?

- ¿Sí?

- Te amo

Y entonces fui yo quien comenzó a cantar.