Reto a la carta.
#12 Pelea
Claim: Mimi T / Matt I.
Notas de autor: Siento la demora.
Disclaimer: Si digimon me perteneciera, vieran los miles de cambios positivos que le haría.


PELEA

El sonido de su teléfono celular, interrumpió su caminata.

―Disculpa ―mentó al tomar su celular.

El rubio, que la acompañaba, miró a la castaña alejarse de él para poder atender la llamada. Arrugó el ceño.

Momento. ¿Desde cuándo Mimi hace eso?

Trató de hacer memoria, pero no pudo quizá porque esta era la primera vez.

¿Quién será?

Era la única pregunta que formulaba el cerebro de Matt, que miraba atento a la castaña, no podía descifrar su cara, puesto a que estaba de espaldas. Eso le parecía más sospechoso al rubio. ¿Por qué Mimi hacia eso?, ¿Alejarse para tomar una llamada?

Privacidad Matt. Tranquilo.

Trató de consolarse, al notar que la chica se acercaba con una enorme sonrisa en el rostro.

Matt no supo por qué pero eso le dio una mala sensación.

―No te imaginas lo que me acaban de decir ―contó entusiasmada ―¡Michael viene a Japón! ―le soltó al notar la mirada interrogativa de Matt.

El rubio tragó saliva. Ahora sabía porque le había dado mala espina esa llamada. Él, más que nadie sabía a la perfección las intensiones que el estadounidense tenía con Mimi. Aunque ella lo desconociera por completo, él lo sabía… por como la miraba y le hablaba.

Maldijo en sus adentros.

―¿A qué? ―preguntó bruscamente.

Al instante se arrepintió de su acto.

Disimula. Disimula.

―Dijo que tenía ganas de verme ―Mimi dijo inconscientemente, cosa que le disgustó más a Matt ―recuerda que tenemos bastante tiempo sin vernos, además de que viene a unos negocios con su padre, ¿No te parece genial?

―Muy genial ―comentó irónico, mientras giraba sus ojos.

Ese tipo le molestaba a la distancia, qué iba a ser si lo tenía cerca; cerca de su castaña y cerca de él. No era que desconfiara de Mimi, era solo que ese chico no le caía bien por dos razones… La primera, porque estaba enamorado de Meems y la segunda por papel que tomó: el del chico dulce y tierno que todas querían tener a su lado, y más si ese estereotipo de hombre es el "supuesto mejor amigo". Bufó fastidiado.


Comenzaba el mes de febrero, se podía oler el San Valentín. Todas las tiendas del centro comercial, estaban decoradas acorde a la festividad; rojo y corazones.

―¡Estoy feliz! ―exclamó una sonriente castaña que llegaba a reunirse con sus amigos.

―¿A qué se debe? ―preguntó Izzy.

―¡Michael llega mañana! ―gritó emocionada.

Michael esto, Michael lo otro.

Pensó un celoso Yamato que dejó de escuchar la conversación desde que mentaron ese nombre, que lo ponía de tan mal humor. El americano no había llegado y ya era todo un problema.

Sintió que tocaban su hombro.

―No te pongas celoso ―le dijo Tai.

―Yo no estoy celoso ―mintió.

―Claro que sí, te conozco ―le sonrió ―además si te baja a la novia, aquí estaré yo para ayudarte a darle una paliza. Nadie le quita nada a mi mejor amigo.

Matt le miró más molesto. No permitiría que Michael le quitara a Mimi, por más amigo que este sea de la castaña. Su plan era infalible. Dejarlos el menos tiempo, posible, juntos.

(…)

Despertó con un espantoso dolor de cabeza. Se llevó las manos hacia la sien; cerró sus ojos. La resaca lo iba a matar. Recordaba que había salido de noche con sus amigos a un bar, momento. ¿Sus amigos?, abrió los ojos de pronto, para mirar el reloj.

―La una y media ―maldijo un millón de veces.

¡Michael iba a llegar a las diez!

Había quedado de acompañar a Mimi al aeropuerto, pero se había quedado dormido. Sacó su celular para ver si tenía llamadas perdidas de la castaña, pero no tenía ni una sola. Apretó sus labios, ¿Por qué no le había marcado temprano? Y esa pregunta lo llevo a miles de pensamientos que hicieron que el ácido de su estómago empezara a molestarlo. La castaña había ido sola, por Michael… Y ahora estaban solos… ¡Solos!

―¿En dónde estás? ―preguntó bruscamente, al oír del otro lado del teléfono la voz de la chica.

¡Matt! ―chilló la castaña ―Al fin despiertas. Vamos rumbo a la cafetería de siempre.

―¿Ya llegó Michael? ―formuló quejumbroso.

Sí, aquí está, te manda saludos. No quise despertarte por la mañana, creí que no podrías levantarte.

"Te manda saludos" gruñó Yamato mentalmente. El muy cabrón ya estaba dando lata. Estaba a solas con su chica y tiene el cinismo de mandarle saludos.

―Voy para allá ―colgó e inmediatamente se dio una ducha.

Matt no perdería el tiempo.

En menos de cuarenta y cinco minutos el rubio ya estaba llegando a la cafetería, giró sus ojos de un lado a otro para poder ubicar a la castaña. Yamato sintió cómo sus músculos se relajaron al ver que la castaña, que estaba sola, le hacía señas para que se acercara. Había pensado que Michael se había retirado a descansar luego de un largo viaje.

Dibujó una sonrisa triunfal en su rostro.

―Hola ―saludó ella sonriéndole, para luego lanzarse sobre él y abrazarlo del cuello mientras lo besaba. Matt, en cambio, la abrazaba por la cintura.

―¡Hola Matt! ―el rubio escuchó una voz que provenía desde sus espaldas.

Mimi se separó lentamente de Yamato, acto que provocó un leve gruñido de parte del rubio. Por lo que optó por girarse para toparse con la mirada del Michael. El ojiazul rápidamente deslizó su brazo por la cintura de la chica y la acercó a él, en un gesto posesivo. Mientras le lanzaba todo tipo de miradas al sujeto que estaba frente a él, "aquí está su novio", "ni te le acerques".

El americano mantenía su boba mirada, pero sabía a la perfección lo que el novio de su amiga estaba tratando de decir.

―Bueno, ¿Ya comiste algo? ―le preguntó a Matt, rompiendo el silencio.

El rubio negó con la cabeza, pero seguía con la vista clavada en el extranjero.

―¿Qué tal si vamos por algo?

―Entonces hay que entrar.

Dijo un sonriente Michael, abriendo la puerta para que Mimi pasara. Matt frunció el entrecejo molesto, el tipo estaba montado sobre su bandera de soy un caballero, para poder acercarse más a Mimi, sin duda, ya nadie respetaba lo ajeno.

Una vez ya dentro del lugar ordenaron lo que querían, platicaban amenamente la castaña y su amigo. Mientras que el rubio observaba atento los movimientos del "amigo" de Mimi, solo se limitaba a dar cortas respuestas, cuando se le requería. Observaba a la castaña, que se miraba muy feliz de poder charlar personalmente con su viejo amigo, luego de bastante tiempo. Y lo observaba a él, que en ocasiones se acercaba demasiado a Tachikawa; los tres estaban sentados en una mesa, Mimi quedaba en medio de los ambos chicos. Notaba cómo el americano se estiraba para alcanzar una servilleta, y se arrimaba mucho a su chica. Arrugó el ceño cuando hubo contacto entre ambos, ya que Meems le extendió la mano para pasarle la kétchup y sus dedos se rozaron. Michael al sentir la mirada del rubio en él, sonrió amablemente.

―¿Por cuánto tiempo estarás aquí? ―preguntó un irritado Yamato.

Ojalá te vayas pronto.

―En unas dos semanas ―respondió.

―Venga Matt, acaba de llegar y tú ya lo estás corriendo ―pronunció inocentemente la castaña.

Michael rió, mientras Ishida desviaba su mirada hacia otro lado.

―Mimi, me siento cansado. Creo que tendremos que mover nuestros planes para otro día.

¿Planes?

Ladeó su boca.

¿Qué planes?

―Descuida, yo debí haber pensando en el larguísimo viaje, el horario y esas cosas. Te acompañamos a donde te vas a quedar.

(…)

Ya le irritaba la estúpida voz de ese chico. Pero le irritaba, más aún su estúpida sonrisa de niño bobo de mamá. Oír las carcajadas que soltaban ambos durante el camino era como si le atascaran puñales en la espalda. Pero tenía que controlarse, él no era celoso. Pero con la presencia de Michael ahí, estaba celoso. Él entendía que Mimi era una chica hermosa y que cualquiera mataría por estar con ella, pero Michael tenía ese sí sé por qué me cae en la punta del hígado. ¡Su personalidad! De ser el príncipe azul, el que toda chica sueña; el hombre cursi, romántico y comprensivo. El carismático, el todo.

―¿Seguros que no quieren beber algo? ―dio muestras de cortesía.

―Mejor descansa ―Matt dijo rápidamente, antes de que Mimi hablara.

La chica frunció los labios.

―Cualquier cosa me llamas.


Algo que odiaba era que lo mirara de esa manera.

Mimi estaba bastante con molesta con él. Aún no le había dicho nada, y eso era peor aún, porque su mirada reflejaba una enorme mezcla de decepción y enfado. Y se lo merecía por haber sido tan idiota.

―Ten esto ayudará para tu golpe ―le extendió una bolsa de hielo para que se la pusiera en el golpe que traía en el ojo.

―Mimi… yo.

―No digas nada, no quiero oírte ―se mantuvo calmada ―tantito me falta para dejarte aquí solo.

―Es que.

―¡No digas nada! ―exclamó.

Aunque pareciera extraño, ella estaba furiosa contra Matt, no quería oírlo, tenía la cabeza caliente por la rabia y sabía que no era el momento para hablar de lo sucedido. Se estaba conteniendo, quería llorar, quería gritar y salir corriendo de ahí, pero no lo haría, por primera vez en su vida se haría la fuerte, aunque en el fondo sabía que el rubio conocía a la perfección su estado. Mordió su labio inferior para ahogar un poco el coraje. El coraje que traía contra Yamato, por lo que hizo y por conocerla tanto, el que traía contra Michael porque también era un idiota y el que tenía contra ella misma por ser tan débil y no dejar a su novio.

―Gracias por quedarte ―le dijo el rubio sonriendo sutilmente ―sé lo difícil que te está resultando esto. Y en verdad lo siento.

Mimi que estaba de espaldas al chico. Sintió como su cuerpo se heló al escuchar la voz de Yamato, cerró con fuerza sus ojos, tratando de controlarse, pero ya no podía. Se dio la vuelta y encaró al rubio.

―¿En verdad lo sientes?, ¿En verdad sientes haber agarrado a golpes a Michael, mi amigo? ―le reprochó ―y no me mientas.

―La verdad no, no me arrepiento de haberlo golpeado ―fue sincero ―si lo tuviera enfrente lo volvería a hacer.

―Eres un idiota Matt ―se cruzó de brazos.

Al rubio le dolieron esas palabras, más que nada por la forma en que se los dijo, pero no demostró nada.

―Llámame como quieras. No me arrepentiré ―dijo orgulloso.

Mimi pateó el piso de la rabia. Y soltó un gruñido.

―Es increíble que sigas con esa actitud. Luego de cómo estás ―lo señaló ―estoy comenzando a creer que te lo merecías.

―¿En verdad crees eso? ―se levantó para tomarla por los hombros, olvidando que también tenía lastimada su mano derecha ―¿En verdad lo crees?

La miró fijamente a los ojos.

―Sí ―soltó ―tú más que nadie sabe lo mucho que me molesta que se agarren a golpes. Que la gente se pelee. Y ahora tu encabezas una riña, nada más y nada menos que con ¡Mi mejor amigo!

―Pues ese "supuesto mejor amigo" debería saber que tú tienes novio, para no estarte coqueteando cada vez que puede.

―¡No es nada de eso!

―¿Cómo que no es nada de eso? ―le agarró con más fuerza ―¿Estás ciega o qué? , ¡Date cuenta!

―Me estoy dando cuenta de algo ―se zafó del agarre ―¡Eres más idiota de lo que creí!

Gritó con los ojos llenos de lágrimas.

―Todo este tiempo he tenido paciencia, he aguantado su presencia, me he controlado. Porque desde que llegó quise partirle la cara, pero me detuve por ti. Pero simplemente no lo soporté, no soporté que anduviera con su bandera de amigo, para acercarse a ti y no en plan de amigos, sino de otra cosa ―estalló ―¿Sabes cuántas veces en estos días me moría de celos?, y los callé por ti.

―Si no hubieras estado alucinado cosas todo este tiempo, nada hubiera pasado.

―Entonces… ¿Solo yo tengo la culpa?

―Sabes qué ―tomó sus cosas ―mejor me voy.

Cerró la puerta de un portazo, era una tonta por derramar lágrimas.

En cambio Matt golpeó la pared. Lastimándose más aún su mano derecha.


I don't know. Estuvo medio raro al final, pero fue necesario, me quedó bastante largo el capítulo, por eso tuve que cortarlo tan abruptamente y dejarlo para la continuación que es la reconciliación. Traté de explica un poquito el por qué a Yamato le molestaba la presencia de Michael, y si se dieron cuenta, Michael quería algo más con Mimi, creo que lo puse explícitamente pero de manera muy sutil. A ver si la lograron captar. El caso es que en este capítulo quise poner la opinión de Matt, para que el segundo esté lleno de flashback de un Matt todavía aún más celoso, se venga una reconciliación de ellas en san valentín.

En fin. Perdonen la espera, pero la escuela no me prometo nada para el conti. Y para el taiora también no diré nada.

Gracias por leer.

EDITADO.