Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición

Disclaimer: Psycho-Pass y sus personajes no me pertenecen. Las citas usadas y referenciadas pertenecen respectivamente a François de la Rochefoucauld y Jean Paul Sartre.


VII

Un hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo.

Akane reconoce que eso es cierto y que no puede culpar a nadie, salvo a Shougo, de que hayan llegado a esto. Aun así, es incapaz de evitar el arrepentimiento al recordar todo lo que no hizo aunque debió haber notado que Shougo estaba luchando prácticamente solo contra el mundo, sin importarle las consecuencias que él o los demás sufrieran, impulsado por el odio a un sistema imperfecto que controla todo.

Las lágrimas que nublan su vista continúan su camino, humedeciendo sus mejillas, y el ruido seco del casco al golpearlo sigue resonando en su mente, un recuerdo eterno de que ya no hay vuelta atrás.

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I

No es más que una foto borrosa acompañada por un nombre familiar.

Una coincidencia poco probable, pero que encoje su corazón y hace que le cueste trabajo escuchar a Kougami, inteligente y astuto con sus deducciones.

No añadir un "-san" cada vez que hablan de Makishima, el sospechoso de complicidad tras varios casos, cada uno tan atroz como el anterior, y quizás también la mente maestra tras ellos, requiere un esfuerzo más grande que el que se obliga a hacer para no llamarlo de inmediato y pedirle un encuentro, queriendo corroborar que todo se trata de un error y están buscando a alguien más.

Ella logra no cometer ningún desliz frente a Kougami, se las arregla para resistir mientras el auto es conducido sin ningún inconveniente hasta su apartamento y es solo cuando está allí, con las luces apagadas e ignorando la inteligencia artificial que le pregunta qué desea comer esta noche, que teclea el número de Shougo.

Manualmente, porque él se opone a lo automatizado de la era e incluso le pidió que memorizara su teléfono en vez de grabarlo.

Akane contiene su respiración, aguardando sin ninguna paciencia. Cuando él contesta lo hace con un tono calmo de quien no tiene nada a qué temer, mas eso no le trae a Akane ningún alivio temporal.

—¡Makishima-san...! —Akane pierde el aliento antes de poder formular una de las muchas preguntas que dan vueltas por su cabeza.

"¿Has ayudado a matar a alguien?" "¿Has ayudado a un asesino?" "¿Tú has...?"

—¿Has cometido algún crimen? —Es lo que dice al fin, con voz ahogada y el creciente deseo de escuchar una negación.

La risa de Shougo, suave y sin ningún humor tras ella, la sorprende y a pesar de que esa debería ser una respuesta suficiente, Akane se aferra a un hilo de esperanza hasta el último momento.

—Sabía que este día llegaría —pronuncia Shougo, confirmando sus peores temores y rompiéndole el corazón.


II

Debe hablar sobre Makishima.

Es su obligación como Inspectora de la Unidad Uno y se lo debe a Kougami, quien ha confiado en ella no solo por la necesidad de la compañía de un Inspector para poder salir e investigar, a veces de formas poco ortodoxas, todas las posibles pistas.

Pero, objeta su propia mente, no sabe dónde encontrarlo y el teléfono de Shougo parece haber sido suspendido después de que ella habló con él y nada que pueda informarles sería de ayuda.

Decirles que le gusta cocinar, que no rechaza todos los avances tecnológicos pero que prefiere hacer las cosas por sí mismo, cuáles son sus libros favoritos y que ella solía pasar tardes enteras en los brazos de Shougo leyendo el mismo libro que él y discutiendo sobre éste no les dará pistas sobre su paradero o sus planes.

Nada de eso ayudaría siquiera a crear un perfil criminal completo para él... cree.

No logra convencerse de hablar o de callar y tampoco se presenta el momento apropiado para confesar que lo conoce, ni siquiera cuando hacen la revisión de rutina del coeficiente criminal a todos los Inspectores del Departamento de Seguridad Pública. El de ella está tan bajo como su nivel de estrés, como si no estuviese intranquila por el hecho de que Makishima-san es un criminal.


III

—Makishima-san, deja ir a Yuki.

Akane mantiene apuntado el Dominator hacia él, a pesar de que éste no hace más que repetirle una y otra vez que Shougo no es un blanco de acuerdo al Sistema. Eso no tiene sentido cuando Shougo tiene una navaja barbera contra el cuello de Yuki y Kougami está seriamente herido tras un plan que, quizás, fue siempre contra ella.

Yuki grita, mas Akane no puede entender sus palabras. Su atención está en Shougo, en los números cada vez más bajos que arroja el Sistema, en la creciente desesperación de no saber qué hacer para salvarla. Para detener a Shougo.

—Si quieres un rehén —dice cuando ve a Shougo abrir su boca, no queriendo escuchar algo que destroce más su imagen de él—, tómame a mí en su lugar.

Shougo alza una ceja y baja un poco su navaja, pero no deja ir a Yuki.

—¿Y de quién es esa decisión?

Es justo el tipo de pregunta que se puede esperar de Shougo y Akane sabe que la verdad es la respuesta adecuada.

—Mía. No permitiré que lastimes a nadie más.

Por unos segundos, Akane duda que el hombre frente a ella sea el Shougo que conoce y sospecha que eso no bastará, mas él sonríe y suelta a Yuki, quien cae sobre el piso metálico de la plataforma, demasiado asustada y agotada para poder sostenerse en pie por sí misma.

—No puedo decir que estoy decepcionado —habla Shougo sin dejar de sonreír en el mismo momento en que una nube de vapor llena el lugar y Akane no puede siquiera seguirlo con su mirada cuando él escapa.


IV

—Makishima-san no puede ser juzgado por el Sistema Sibila —es lo primero que dice Akane una vez la ambulancia se lleva a Yuki, mientras Kougami es llevado en una camilla hacia otra.

Ahora entiende que debe hablar si quiere impedir que haya más víctimas y el error del Sistema, que se siente como algo mucho más complejo, es un detalle demasiado importante para callar.

—¿Qué está diciendo, Inspectora Tsunemori? —cuestiona Ginoza con el ceño fruncido y un tono más irritado de lo usual.

—El Dominator no funcionó contra él —aclara y antes de que pueda añadir algo más ve cómo Kougami intenta levantarse—. ¡Kougami-san, no debes...!

—¡Tú lo conoces! —afirma Kougami con firmeza, mirándola a los ojos a pesar de que no luce capaz de mantenerse derecho por mucho tiempo. Los puños de Kougami están cerrados, sus labios apretados en una línea que parece contener un grito indignado y ella no puede apartar su vista de él cuando acepta ser culpable de su silencio.

—Sí.

Las fuerzas abandonan a Kougami en ese momento, haciéndolo caer de nuevo en la camilla, más afectado por la traición que ella acaba de confesar que por sus muchas heridas. Los demás no pronuncian ninguna palabra y Ginoza resopla al tiempo que masajea su temple.

—Quiero todos los detalles en el reporte.


V

Merece que la saquen del caso, que todos la vean con recelo, que Kougami se niegue a volver a confiar en ella.

Aun así, Akane no quiere cargar con más arrepentimientos y una vez termina el reporte —que incluye su relación con Shougo (amigos, escribió, una mentira para el Sistema y algo que solo piensa revelar al único al que realmente traicionó), la fecha de su último encuentro antes del incidente y el desprecio que él siente por el Sistema Sibila—, se dirige al hospital.

Allí, Kougami está despierto, mas se rehúsa a mirar en su dirección y permanece en silencio.

Akane acepta ese castigo y toma asiento antes de comenzar, contándole su historia desde el inicio. Cómo lo conoció, en aquella estación del tren donde él pareció leer su pensamiento; las diversas discusiones que tuvieron; los días rutinarios en los que compartieron más que libros y la última vez que vio al Shougo que llegó a amar.

Por alguna razón, es fácil hablar de ello, pero deja de serlo cuando llega a las últimas semanas y es el momento de mencionar la llamada y su más reciente encuentro cara a cara con él...

—No sabías qué hacer —interrumpe Kougami cuando ella intenta explicarle porqué no dijo nada en cuanto vio la foto.

—No —acepta, apretando una mano con la otra—. Nunca creí que Makishima-san fuese capaz de... —Akane no logra continuar y Kougami gira su cabeza en su dirección por primera vez desde que ella entró a la habitación, manteniendo su rostro en una expresión inesperadamente neutra.

—¿Y qué piensas hacer ahora, Inspectora?

Akane contiene su respiración de manera inconsciente, incapaz de mantenerse tranquila al escuchar una pregunta que podría haber sido pronunciada por Shougo. No es más que una coincidencia que solo nota por haber pasado la última hora hablando de Shougo, por lo que se obliga a recuperarse del sobresalto y responde:
—Detenerlo.


VI

El caos, la falta de personal y el ser la única dispuesta a creer en la deducción de Kougami y dirigirse a la Torre Nona es la única razón por la que ella está allí, cada vez más cerca de la cima, donde encontrarán a Shougo.

No está segura porqué Kougami está dispuesto a confiar en ella, aun cuando Kagari expresó sus dudas y comentó que quizás ella debería ir en dirección contraria a la ubicación de Shougo, antes de que se separaran; pero ella le paga de igual forma y cuando se ve herida, le ordena que continúe y le impida escapar y le promete que ella lo seguirá pronto y le dará su apoyo.

No es solo porque siente que ella tiene la obligación de hacerlo, luego de haber traicionado tanto a Shougo, al no darse cuenta de cuan profundo es su odio contra el Sistema y a qué lo llevaría a tanto, como a Kougami, al mantenerse silencio hasta que fue obligada a revelar su conexión con Shougo.

Es porque necesario y tal como Shougo decidió hacer de sí mismo el villano que quiere destruir el Sistema, ella decidió protegerlo —y cambiarlo algún día, si llega a tener la posibilidad, porque Shougo le abrió los ojos a sus muchas deficiencias— por el bien general.

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VII

—Makishima Shougo, estás bajo arresto —murmura, aun cuando Shougo sigue inconciente y ella no ha logrado controlar sus lágrimas.

Sabe que Kougami no está satisfecho con solo esto, no está segura de qué pasará con Shougo si el Sistema Sibila es incapaz de juzgarlo y ni siquiera sabe si ella misma está convencida de que este es el mejor resultado.

Pero los caminos que eligieron los llevaron a esto y realmente ya no hay vuelta atrás.