Serie: La Flor y el Demonio

Arco II: La Venganza de la Flor

De Vuelta a Casa

¡No hay nada mejor que estar en casa!

El clima familiar. Los lugares seguros. La familia a la que amo. Todo lo bueno de mi vida está en Eisenreich… Que lástima que me tomara tanto tiempo encontrar mi lugar en este mundo. Al menos esta vez disfrutaré más de mi vida.

"Hermana, se ve radiante el día de hoy. ¿Pasó algo bueno?" me dijo mi hermanita Charlotte entrando a la oficina de madre junto conmigo.

"¡Estoy devuelta para ver y abrazar a mi linda hermanita Charlotte!" dije abrazándola de inmediato, todavía caminando para acceder a la oficina "¡Y puedo ayudar a nuestra maravillosa madre!"

Madre soltó una risita divertida antes de pararse y abrazarnos a ambas a pesar de las protestas de Charlotte. No tomó mucho para que padre comenzará a carraspear en su puño, separándonos a las tres.

"Sé que Charlotte es adorable, querida, pero tú y Rozemyne van a terminar por asfixiarla"

Las dos miramos a Charlotte, quien solo ajustó su cabello antes de ofrecernos una sonrisa encantadora.

"Está bien, padre. Parece que mi hermana nos echó de menos"

"¡Oh, Charlotte!" exclamé lista para abrazarla de nuevo, siendo detenida por la espalda de mi vestido por alguien. Cuando miré atrás me encontré con que Harmut me tenía sostenida con ambas manos por la espalda.

"Lady Rozemyne, aun si fuera declarada heredera aparente, le ruego que aleje sus… manos de nuestra amada y tierna santa" me regañó el pelirrojo con su voz tranquila, justo antes de que su mirada cambiara y su voz se tornara… escalofriante "¿qué haríamos si Santa Charlotte se lastimara o enfermara? ¿quién cuidaría de estos pobres impíos para interceder por nosotros ante los dioses y…?"

"Harmut, agradezco tu preocupación" le interrumpió mi linda hermanita "pero en verdad, ¿podrías alabarme un poco menos? ¿dónde quedaría mi humildad si llenas mi cabeza con palabras floridas y alabanzas sin descanso?"

Las manos que me sostenían aflojaron su agarre. Harmut sostenía su cabeza con mortificación antes de caer arrodillado al suelo y cruzar sus brazos frente al pecho, mirando a mi hermana de una forma tan pasional que no supe si reír o vomitar por tal despliegue de fanatismo.

"Su sabiduría me ilumina, como siempre, mi señora. Por favor, sin importar cuan duras sean sus palabras, no deje de corregirme para guiarme por el camino que los dioses desean que transite".

'¡Los dioses y todo aquel que te escucha solo deseamos que cierres el pico y te comportes, Harmut!' pensé sin dejar de sonreír, mortificada por el singular personaje y feliz de que mi hermana tuviera a alguien tan leal y dispuesto a escucharla y obedecerla… aun si era un poco incómodo.

"¿Han venido a ayudarme, niñas?" preguntó la madre de repente, cambiando el tema y sonriéndonos a ambas con afecto.

"¡Si, madre!" respondimos mi hermanita y yo a coro, mirándonos un segundo antes de reír un poco por la coincidencia.

"¡Soy la Aub más afortunada de todo el país solo por tener un par de hijas tan hermosas y dispuestas a ayudar!" nos alabó madre antes de ponerse en pie, seleccionando algunas tablillas y papeles que dividió en dos, entregándonos un poco a cada una con una sonrisa enorme.

"Para mi preciosa Rozemyne, a quien Zent acaba de anunciar como la mejor alumna de todo primer grado, aquí están los informes de tus empresas además de algunos otros que, creo, te resultarán interesantes" acto seguido, madre me entregó la información sin dejar de sonreír. Yo solo sonreí más. Tenía material de lectura y además informes sobre mi creciente fortuna. ¡Yahoo!

"Para mi pequeña Charlotte, aquí están los informes sobre los objetos que solicitaste para el templo además de algunos mensajes de los fieles. No debes perder de vista por quienes es que te esfuerzas tanto, Charlotte. Te has ganado todas y cada una de las palabras de amabilidad que hay entre los mensajes. Atesorarlas, cariño"

"Gracias, madre" respondió mi hermanita aceptando sus tablillas y papales sin dejar de sonreír. Luego ambas nos dirigimos a nuestros respectivos escritorios para apoyar a mamá con el trabajo encomendado.

Más tarde hicimos un alto para entrar a dedicar mana a la fundación de nuestro ducado y después tuvimos una fiesta de té.

Charlotte habló sobre una idea que había tenido sobre levantar pequeños templos en las provincias y condados de nuestro ducado a fin de mantener una mejor comunicación con los fieles y atender a los huérfanos sin falta, yo comencé a hablar sobre las posibilidades de estudiar nuevos papeles mágicos de la región de Ilgner, aprovechar las zonas de aguas termales para crear, tal vez, algunos onsens que ayudaran a plebeyos y nobles por igual a relajarse y ofrecí crear algunos nuevos juegos y juguetes educativos que pudieran ayudar en la sala de juegos del próximos año y a los niños del orfanato en el templo, emocionando a mi hermana.

Mamá y papá estaban felices, comentando nuestros proyectos y dando sus propios aportes a cada idea.

Más tarde bajé al distrito noble en compañía de Tuuri y Evangeline para hablar con mis comerciantes exclusivos acerca de los informes que había leído más temprano y las ideas para nuevas empresas.

Me emocionó poder hablar con Lutz y debatir con Benno respecto a tiempos, costos y contrataciones. Estaba más que ansiosa por apoyar a la gente de mi ducado como fuera posible. Estar en el top tres de los mejores ducados no era suficiente para mi, quería que todos en Eisenreich alcanzaran un estilo y una calidad de vida lo más parecidas posibles a Japón y la Tierra. ¿Quién no querría retribuirle a su gente tanta amabilidad y amor?

Para la sexta campanada tuve algo de tiempo para leer y luego cené con mis padres.

"Milady" dijo Tulsneda cuando era hora de prepararme para dormir "Al resto del séquito y a mí nos gustaría sentarnos con usted mañana después de la comida o el almuerzo para hacer ajustes a su horario. Tiene muchas cosas para hacer en el ducado, pero creemos que no debe desatender sus lecciones".

"¡Por supuesto, Tuuri! Quiero seguir adelante. Mejoraré la vida de todos en Eisenreich y ¡pasaré a ese idiota el próximo año!"

Mi emoción fue tanta, que cuando me di cuenta, Tuuri estaba riendo un poco, bajando mi puño del lugar en que lo había lanzado en el aire, haciéndome sentir un poco avergonzada por mi desplante.

"¿Puedo preguntar a qué idiota le estás dedicando eso último, hermana Myne?"

Respiré tratando de que mi vergüenza se tornara en furia o al menos en enojo. Esa sonrisa rara de Tuuri me daba mucho miedo y no quería que se hiciera de una idea equivocada.

"Eso no importa, Tuuri. Lo único importante es que no pierda tiempo y siga con mis clases. El que persevera alcanza. Voy a conquistar la Academia Real de nuevo el próximo año, ¡ya lo verás!"

Tuuri me guio a la cama con su madre Evangeline riendo por lo bajo detrás de ambas.

Las dos me arroparon y se aseguraron de que estuviera cómoda.

"Milady tiene mucha energía" bromeó Evangeline antes de comenzar a soltar las cortinas de mi cama "Schlaftraum no podrá darle su bendición si no se calma un poco".

"¿Milady desea algunas piedras fey para vaciar su mana?" me preguntó Tuuri.

"¡No, estoy bien!" me apresuré a decir antes de cubrir la mitad de mi cara por las risas apenas contenidas de mis dos asistentes de cabello verde.

Cuando las risas pasaron, me enderecé un poco, sonriéndoles de regreso y respirando profundamente para poder calmarme.

"Muchas gracias por todo, Evangeline, Tulsneda. Es imposible no sentirse tan feliz con ustedes alrededor."

Ambas me sonrieron con amabilidad, agachando un poco sus cabezas antes de soltar la última de mis cortinas y retirarse.

En el silencio de la noche, acostada en la cómoda cama del castillo, tomé el aparato mágico con forma de gafas para pasar mis dedos alrededor del armazón y las patas con nostalgia, dándome cuenta de que dolía un poco menos.

"Alessandra, Berniece, gracias por seguir protegiéndome. Creceré fuerte y feliz como les prometí. Haré de este lugar uno mucho mejor que antes y cuando nos encontremos de nuevo en las alturas, estarán orgullosas."

Con cuidado deposité las gafas al lado de mi almohada, me acurruqué y pronto me quedé dormida.

"Edelmira, es hora de que vuelvas a tu villa" comentó su padre luego de limpiarse la boca con una servilleta de tela. Ferdinand no lo sabía, pero sus padres habían compartido la comida con Edelmira el año anterior, justo dos días después del Torneo Interducados para hablar con ella sobre su estadía en la escuela. Al parecer, era algo que querían seguir haciendo.

"Si, padre. Gracias por su sincero interés en mis estudios" dijo su hermana antes de ponerse en pie, ayudada por una de sus asistentes.

"También yo agradezco su…"

"¿Tú a dónde crees que vas?" lo detuvo su padre a continuación, mirándolo con su rostro serio y autoritario.

"Lo lamento, padre. Pensé que tendría que retirarme junto con Edelmira"

"¡Por supuesto que no! Tu hermana tiene que ponerse al corriente con su educación de dama y practicar bordado y recitación. Tú, por otro lado, hay más cosas de las que quiero hablar contigo sobre la Academia Real".

Quizás porque todavía era un niño, el interés de su padre lo hizo sonreír un poco, sintiendo como su corazón se calentaba ante la expectativa de comentar con él y su madre un poco más sobre su primer experiencia con la escuela.

"El primero en todas las asignaturas" dijo su madre complacida "debes sentirte muy orgulloso, Ferdinand."

Sonrió y asintió, feliz de que su esfuerzo hubiera sido reconocido.

"Daré mi mayor esfuerzo este año también, madre. Quiero ser un buen ejemplo para mis compañeros y vasallos".

"Es lo menos que se espera del futuro Zent" le dijo su padre ahora con un rostro neutral, haciendo imposible para el niño saber si su padre estaba feliz o no por lo que había realizado.

"He mejorado también en el uso de espada y con el arco, padre. Justus dice que pronto podrá instruirme en el combate contra varios enemigos a la vez y quizás en el uso de otras armas".

"Un Zent debe estar en forma y ser capaz de comandar a sus subalternos. El uso de varias armas te dará una visión más amplia del mundo. Bien hecho, Ferdinand".

Suspiró aliviado. Su padre estaba bien con su avance.

"¿Qué hay de las chicas?"

Sintió un escalofrío recorrerlo, acabando con todo ápice de felicidad y orgullo por sus méritos.

Ferdinand levantó la mirada, escondiéndose detrás de la copa con agua de la que había empezado a beber sin perder de vista a su padre, el cual estaba terminando su copa de vize y solicitando que la llenaran de nuevo. Su madre seguía sonriendo como lo había estado haciendo durante toda la comida, como si su padre hubiera dicho algo de lo más normal.

"¿Las chicas? bueno… pude reunirme con Eglantine y sus hermanos un par de veces para fortalecer la relación y…"

"Sabes que no te estoy preguntando al respecto. ¿Hay alguna que llame tu atención? ¿Alguna belleza que te gustaría… conocer más a profundidad?"

Ferdinand miró a su madre un segundo. Misma sonrisa. Misma posición. Mismo todo. ¿Estaba siquiera escuchando lo que su padre le había preguntado?

"¡¿Ferdinand?!"

"Lo lamento, padre. La belleza de Lady Eglantine fue la única que me digné a admirar" respondió haciendo un esfuerzo por controlar su tono y mantener a raya sus emociones.

"Curioso. Uno de los guardias comentó que no le quitabas el ojo de encima a una de las candidatas a archiduque de un ducado grande… que no era Dunkelferger… ¿cuándo me llegó este informe, Leberecht?"

"La confraternidad, Alteza"

"Cierto, cierto. Dijeron que parecía como si Bluanfah hubiera bailado para ti".

'¿Quién…?'

Respiró y tomó un poco más de agua para mantener el control de sus pensamientos.

El daño ya estaba hecho. No importaba quién, de todos los espías que tenía encima, había dicho algo. No solo había olvidado el asunto por completo, Rozemyne de Eisenreich era odiosa, grosera, descortés, burlona y había hecho todo lo posible por manifestar su desprecio por él en cualquier oportunidad tanto como la etiqueta se lo permitiera, a veces incluso saltando la etiqueta.

"El guardia se equivocó, padre. No era Bluanfah sino Glücklität quien bailaba frente a mis ojos"

Su padre se mostró interesado, divertido y algo confuso ante su comentario. Su madre no reaccionó, seguía sonriendo.

"¿Glücklität has dicho, Ferdinand?"

"A pesar de conocer todos los nombres y linajes, la existencia de la candidata a archiduquesa de Eisenreich se había mantenido oculta de mí bajo el velo de Verbergen. Imaginarás mi sorpresa al enterarme de que Aub Eisenreich no tenía una, sino dos hijas y que la mayor se mantuvo oculta debido a su mala salud."

Su padre suspiró mirando a otro lado, apoyando su espalda contra la silla por primera vez en toda la comida. Su mirada de desilusión era tan obvia, que de verdad esperaba que su madre dijera algo. Era inútil. La mujer que lo había traído al mundo solo sonreía mirando a su padre y luego a él mismo.

"¿Eisenreich?" dijo al fin su madre "escuché que la niña tiene ideas muy innovadoras. Edelmira no paraba de hablar acerca del comité de biblioteca creado por dicha candidata."

Su madre hizo un gesto y pronto un juego de té fue colocado en la mesa recién limpiada. Galletas de mantequilla con exceso de azúcar y un líquido fragante y cálido tomaron el lugar estelar en la mesa. Su padre se sostenía la frente como si estuviera teniendo un tremendo dolor de cabeza. Ferdinand habría refunfuñando y habría dicho algo al respecto si no supiera que no tenía caso alguno.

"La candidata de Eisenreich es, en efecto, una persona… interesante, madre. Fue la primera en terminar sus asignaturas junto conmigo. Padre nos nombró a ambos estudiantes de honor y además los mejores de nuestro año. El profesor Gundolf la tomó incluso como su aprendiz."

Era como si su exceso de palabrería hubiera llamado la atención de su padre, quien no tardó mucho en enderezarse y darle un sorbo a su té, justo antes de tomar una galleta y examinarla, dándole una mordida y dejando el resto en su plato sin comer.

"Así que es una persona interesante. ¿No es la niña que usa esos extraños monóculos?"

"Se llaman gafas, padre. Son artefactos sin mana creados para corregir su mala visión. Uno de los últimos vestigios de su enfermedad, hasta donde tengo entendido."

"Y esta… chica y tú…" comenzó a preguntar su padre, pasando su lengua por sus labios y sonriéndole de inmediato "¿qué opinas de su apariencia?"

Lo consideró un poco. Sabía lo que su padre quería escuchar. Esta vez, sin embargo, decidió no darle el gusto.

"¿Su apariencia? Está aseada, es prolija, luce de un modo curioso con ese artefacto sobre la nariz."

"¿Pero te gusta? ¿la encuentras deseable" insistió su padre "¿Cómo la ves en comparación con… Camille?"

Si no hubiera estado entrenando tanto sobre el control de su propio cuerpo con Justus, habría mirado a su padre con odio… con gusto habría saltado sobre la mesa, corrido hasta su padre y luego lo habría tomado de los cabellos, poniendo algún cuchillo contra su garganta antes de gritarle que no volviera a nombrar a Camille con esa sucia boca suya… se tragó todo y sonrió.

"Temo que la belleza de mi prometida tiene la capacidad de eclipsar a todas las otras jóvenes a su alrededor, padre. No tengo ojos o interés en ninguna otra, así fuera la misma encarnación de Efflorelume o Bluanfah. ¿Quién osaría mirar a las otras diosas teniendo a la diosa de la luz a su lado?"

Su padre se veía furioso ahora. Ferdinand sonrió aún más. Una sonrisa tan brillante y complacida que cubriera a la perfección la furia que sentía por dentro.

"Hijo mío" dijo su madre en ese momento, dejando de sonreír "es admirable que sientas eso por tu futura diosa de la luz, pero un Zent debe tener descendientes. Agobiar a tu diosa de la luz sería terrible. Debes prestar atención a las otras jóvenes a tu alrededor para que puedas elegir una segunda y una tercera esposa que apoyen a tu diosa de la luz. ¿Lo entiendes?"

Suspiró. Su sonrisa se agrandó aún más. No podía creer que su madre estuviera diciendo algo como eso.

"En ese caso, esperaré a desarrollar mi sensibilidad del maná, madre. Si necesito tres diosas para concebir suficientes descendientes, entonces no importa como luzcan o de donde vengan, solo que tengamos niveles de mana semejantes. ¿O me equivoco acaso?"

Un golpe fuerte que hizo temblar las tazas y los platos llamó la atención de él y de su madre.

Su sonrisa se borró en ese momento. Se apresuró a poner un rostro estoico que no dejara ver el miedo que había sentido por el sobresalto antes de mirar a su padre. Zent estaba de verdad furioso frente a él. Lo notó ponerse de pie sin dejar de mirarlo antes de mirar a su madre con repudio absoluto.

"Un hombre que no siente atracción por las mujeres no es un verdadero hombre, Ferdinand. Podría ordenar que tomes tus exámenes en tus aposentos así como tienes tus clases el resto del año. ¿Sabes por qué no doy la orden?"

"¿Para que pueda socializar con mis súbditos y formar vínculos fuertes que sostengan mi reinado?"

Una sonrisa asquerosa y cargada de locura apareció en el rostro de su padre quien se paró de inmediato detrás de su madre, colocando una mano sobre el cuello de la misma, deslizándose hasta quedar sobre el hombro de ella, oculto debajo de la ropa.

El rostro de su madre se sonrojó de inmediato. ¿Qué estaba haciendo?

"No, Ferdinand. Un Zent debe ser superior a sus súbditos y sus súbditos lo obedecerán en todo. Te envío para que puedas ver bien a todos los que te rodeas y ellos te vean a ti. Rodéate de chicas hermosas. Reclama a las que desees. Disfruta de ese jardín en el que los padres no pueden interferir de modo alguno. Gánate la admiración de los otros jóvenes y ninguno te traicionará jamás."

'Excepto Lestilaut por faltarle al respeto a su hermana y los familiares de las niñas a las que utilice de forma tan grotesca. ¿En serio me está diciendo que TODAS las chicas de la Academia son flores?'

Ferdinand tomó una galleta, masticándola con calma. Luego otra y otra más. Sabía que la ausencia de respuesta se consideraba una afirmación… pero no estaba dispuesto a prometer que se comportaría de un modo tan reprobable.

Su padre pareció comprender su pequeño gesto de rebeldía porque lo notó apretando con demasiada fuerza el hombro de su madre, antes de soltarla y retirarse de ahí como si nada.

Cuando escuchó la puerta cerrarse y estaba seguro de que su padre no estaba ahí, miró a su madre, a la cual una asistente se había encargado de darle una bendición de curación en voz baja.

"Ferdinand, no deberías hacer enojar de ese modo a tu padre"

"¡Quiere que yo… con las chicas de la escuela!" dijo indignado, tratando de contenerse para no gritarle a su madre

"Tu padre solo se preocupa por tu bienestar, Ferdinand. Además eres joven y saludable. Es normal que te diviertas con jóvenes de tu edad con las que no planeas casarte"

'¿Qué?' Estaba estupefacto. Su madre acababa de…

"Madre… no creo que sea un comportamiento adecuado"

"¿Y porqué no? Tu padre era reverenciado y admirado en la Academia Real junto a tu tío Siegfried por todas sus conquistas románticas. Por supuesto, a mi no me puso un solo dedo encima sino hasta nuestra noche de las estrellas, pero…"

"¿En verdad quieres que trate a las demás como juguetes, madre?"

La sonrisa de la mujer desapareció en ese momento, relevada por una mueca de preocupación maternal que no le veía desde que había despertado del jureve.

"Quiero lo mejor para ti, Ferdinand. Además, eso será parte de tu educación de caballero en algún momento. Piensa que solo estás explorando y aprendiendo como haces en casa con tus profesores"

"Si decidiera… explorar y aprender… con Edelmira, ¿estarías de acuerdo? Si cualquier otro usará el cuerpo de mi hermana para explorar y aprender, ¿estarías de acuerdo?"

Su madre palideció un momento, mirando a otro lado como si estuviera en problemas.

"Pero, Ferdinand, ¿qué estás diciendo? Edelmira es una princesa. ¿Quién podría usar a tu hermana como material de estudios cuando está destinada a ser la diosa de la luz de algún ducado mayor?"

"¿Y no crees que las demás niñas de la escuela también serán la diosa de la luz de alguien en el futuro? ¿No crees que serán la madre de alguien en el futuro?"

"¡Eso es eso y esto es esto, Ferdinand!" soltó su madre con rapidez, incómoda, mostrando dificultades para moderar sus palabras, todavía pálida "Vas a ser Zent. En lugar de rebelarte contra los consejos de tu padre, deberías escucharlo."

"Padre tiene tres esposas y un jardín lleno de mujeres que…"

"¡Suficiente, Ferdinand! Tu padre es un verdadero hombre. Es lógico que yo sola no pueda complacerlo y ese ni siquiera es mi papel. Ya le he dado descendientes, a diferencia de todas las demás que solo existen para entretener a tu padre y satisfacerlo. Entre más pronto lo escuches, mejor para todos".

Quiso decir algo más. Quiso quejarse y renegar con su madre por su falta de consideración para las demás mujeres del país… pero fue imposible. Su madre se puso en pie de inmediato, dando una rápida despedida, apenas cortés y luego se retiró.

Si Ferdinand fuera como su padre, habría ordenado que la castigaran por levantarse sin su permiso. Como heredero, su posición era más alta que la de su madre… otra cosa que le parecía estúpida ahora.

Poniendo en orden sus pensamientos, Ferdinand se puso en pie y se retiró a su villa. Apenas llegó, se metió directo a su recámara y luego a su habitación oculta seguido de Justus.

"¿Mi señor, está bien?" preguntó su leal asistente, de pie junto a la puerta para salir en cuanto se lo solicitara.

"Agenda varias fiestas de té con mi hermana, al menos una por semana, no me importa el día o la hora. Investiga a todos los varones que pueda usar como potenciales vasallos de mi séquito. No me importa cuán competentes sean, no quiero una sola chica en mi séquito. ¿Entendido, Justus?"

"Si, mi Lord. Se hará como usted ha ordenado. ¿Algo más?"

"Si. Necesito más entrenamiento. Cambia uno o dos de mis escoltas. Quiero caballeros más fuertes para entrenar".

"Entendido, mi señor"

Justus salió en ese momento y Ferdinand puso sus manos en la piedra fey más grande que tenía… la que no pertenecía a Camille. Necesitaba drenar su mana tanto como fuera posible, no iba a dejar un desastre de nuevo para que otros lo limpiaran. Ya no era un niño, después de todo.

"Ya verás, padre. Ganaré lealtad y apoyo sin seguir tus pasos. Solo espera y verás".

.

La primavera llegó a su final sin que tuviera que ver a ninguno de sus padres, por fortuna. Cada semana, en cambio, había podido interactuar con su hermana a distintas horas, de modo que habían compartido el té, la comida y algún paseo por el jardín de la villa de su hermana. Incluso habían tenido una fiesta de té con Eglantine el último día de primavera, haciéndolo sentir bastante feliz.

Por supuesto, no todo en la vida era la bella y apacible primavera.

Apenas una semana después de aquello, su padre lo había llevado a su jardín particular. Esta vez se habían encargado de llevar a una niña de doce o trece años al jardín.

No sabía de dónde había salido la niña, solo sabía que se veía similar a las otras flores y portaba un atuendo bastante similar a los uniformes de la Academia… en telas transparentes y oscuras que no cubrían nada en realidad.

"Hijo mío, lo estuve considerando todo el año y, aún cuando mis flores son las más perfectas y experimentadas, no puedo esperar que las encuentres adecuadas cuando son tan mayores, así que te he conseguido una de tu tamaño."

Tuvo que meter su mano en la bolsa de piedras Fey para no agarrar a su padre por la garganta, contando hasta diez y sintiendo como las piedras se desmoronaban en polvo de oro hasta calmarlo.

"Temo que ambos somos demasiado jóvenes, padre" se excusó él, sentado en la misma silla del año anterior.

"¡Tonterías! La primera vez que besé una chica y toque sus curvas tenía la edad que tienes ahora. Si no llegué más lejos fue porque no tenía idea de cómo, pero tú…"

En lugar de terminar, su padre se mostró orgulloso, con esa chocante sonrisa perversa antes de tomar a la niña de los hombros y acercarla a él, hundiendo su nariz entre los cabellos claros de la pequeña.

"Su aroma es fresco y su carne es tierna. Además, ya ha tomado una poción de sincronización" dijo su padre con una enorme sonrisa y la mirada llena de expectativas "tu color y el mío son similares, así que encontrarás un sabor dulce en su piel".

Ojos vacíos de un tono dorado verdoso lo miraban sin poner resistencia, como si la niña estuviera rota o hubiera tomado algo más.

Ferdinand la tomó de la mano y la guio hasta la silla de al lado, observando de modo disimulado la sonrisa orgullosa de su padre.

"¡Muy bien, Ferdinand! Si necesitas usar la cama o tirarla al suelo, ¡hazlo! Recuerda que su existencia depende de cuán complacido te deje".

Eso lo tomó con la guardia baja. Aún así, no hizo nada más por un momento.

Su padre no tardó en tomar a una de las flores para arrancarle la ropa en medio de carcajadas divertidas, manoseándola antes de jalar a otra del cabello para besarla de inmediato.

"¿Cómo te llamas?" preguntó Ferdinand a la niña a su lado, tratando de ignorar a su padre.

"Giulia" contestó la niña con una sonrisa hueca sin mirarlo.

"¿Y estás bien? ¿hay algo que pueda hacer por ti?"

La niña soltó una risilla antes de dejar de mirar a la cama para mirarlo a él.

"Lo estoy. ¿Quiere que use mi boca o mis manos para empezar?"

"¿Qué?"

Estaba en shock. ¿Giulia no podía estar aceptando que la usarán, cierto?

"Mamá volverá pronto a Lanznave" murmuró la niña " y yo tomaré su lugar. Si no lo hago, moriré como la niña del balcón." susurró la pequeña.

"¿Cuál niña del balcón?" Inquirió Ferdinand preocupado.

La sonrisa de Giulia se agrandó aún más, sus ojos parecían menos vacíos de pronto.

"La que vivía sola frente al edificio de los frutos. Tenía el cabello azul oscuro y los ojos dorado oscuro. Solíamos saludarnos y mirarnos desde los balcones antes de mi bautizo."

El príncipe abrió mucho los ojos, poniéndose de pie, tomándola de los hombros de repente.

"¿Camille? ¿Conocías a Camille? ¿Dónde? ¿Cuál edificio?"

Giulia abrió mucho los ojos, temblando con la mirada llorosa antes de fingir una sonrisa deprimente y colocar una mano en el pecho de él, dejando pasar apenas un poco de mana que lo hizo soltarla.

"Me desvestiré de inmediato, milord, solo no me golpeé, por favor. Si no quiere mis manos o mi boca, entonces yo…"

La detuvo en cuanto la notó desabrochando los botones de su blusa, con pánico abrochó de nuevo los botones y negó despacio, tomándole la cara y acercándose para que ella lo escuchará.

"La niña del balcón. ¿Qué edificio era?"

Fue como si al fin hubiera notado que él era solo un niño, entonces le señaló un edificio que no había notado del todo debido a la hora.

Ferdinand se retiró el abrigo ignorando el cumplido que su padre le estaba obsequiando para colocarlo sobre los hombros de Giulia y cubrirla, notando la mirada cargada de nerviosismo y miedo de la niña.

"No estoy interesado en reclamar flores, pero gracias. Preferiría que te fueras a descansar. Lamento no poder salvarte y sacarte de este… lugar, justo ahora".

Espera… Eso podría complacer a mi padre y evitaría que me traiga a este lugar por un tiempo y Guila estará a salvo. Si, eso es…

La chica asintió siguiéndolo mientras él la escoltaba a uno de los edificios ignorando por completo a su padre, entregando a la niña con una sirvienta.

"Esta noche Giulia es mi amiga. Soy el hijo del Zent. Es mi deseo que Giulia coma bien, tome un baño y se acueste a dormir ahora. ¡Es una orden!" vociferó Ferdinand en un tono firme, dando un vistazo a la niña y luego a la sirvienta "Voy a volver el día de mañana, más vale que ella esté limpia y sin ningún rasguño, si es tocada por alguien más sin mi permiso será ejecutado por tomar lo que es mío"

La mirada cargada de extrañeza y conflicto en la sirvienta lo hizo sentirse asqueado. Las lágrimas de Giulia y su incesante agradecimiento lo hicieron odiar más al hombre que lo había engendrado.

"Recuérdalo, si Giulia tiene el mínimo indició de haber sido utilizada mi ira también caerá sobre ti, ya que la estarás preparando para que la lleve a mi palacio"

"Ohhh, ¿así que te ha gustado esa Flor al grado que deseas tenerla en tu palacio? ¡Ese es mi hijo!" Zent miro directamente a la sirvienta y a los demás presentes. "Ya has escuchado a mi heredero, está Flor le pertenece de ahora en adelante, él vendrá por ella mañana. Si alguien se atreve a tocarla, que no dude que el juicio de Verdrena caerá sobre ustedes".

Apenas asegurarse de que Giulia entraba al edificio, Ferdinand corrió hasta el que le había señalado, entrando gracias a su autoridad y explorando la zona.

No sabía que estaba buscando hasta que abrió una habitación polvosa y pequeña en comparación con la suya.

Un escritorio con libros, plumas y un tintero descansaba bajo un amplio ventanal. Un harspiel yacía a un lado con telarañas entre sus cuerdas. Una cama perfecta para una sola persona se encontraba al otro lado de la ventana, con un ropero que le robó el aliento apenas abrirlo.

La ropa de Camille seguía ahí todavía.

El niño se sentó en la cama por un momento. Casi podía ver a Camille sentada en el escritorio y a su séquito tras ella, sonriendo con amabilidad y preocupación. Estaba limpiando las lágrimas que habían salido solas cuando notó el ruido.

Los gemidos de su padre y sus flores entraban por algún lugar frente a la cama.

Ferdinand se puso en pie, caminando y descubriendo el balcón detrás de dos pares de gruesas cortinas que alguna vez debieron ser blancas y azules. Abrió la puerta de cristal y salió a la fresca noche de Adalgiza.

Podía ver el balcón del edificio de enfrente y las luces encendidas del piso inferior del edificio donde había dejado a Giulia. Los gemidos de su padre resonaban tan fuerte como si estuviera sentado frente a él en el jardín. De hecho, podía apreciar a su padre sometiendo a las tres mujeres sin recato alguno, provocando náuseas ante la asquerosa revelación.

Camille había vivido ahí desde que él pidiera un amigo… y había escuchado esos ruidos cada noche.

Estaba furioso. Contenerse resultaba muy difícil. Su padre había hecho hasta lo imposible por hacerle saber a Camille cuál sería su destino.

El niño regresó a la habitación, cerrando la maldita puerta y las cortinas antes de regresar a la cama y arrodillarse a un lado, hundiendo la cara en el colchón para amortiguar un grito furioso.

"Un día, Camille, ¡te juro que un día ese monstruo va a servir como abono para mi país y este maldito y sucio lugar será desmantelado!"

Era un juramento. Ferdinand nunca se había sentido tan decidido a derrocar a su padre como en ese preciso momento.

Un poco más tarde, Ferdinand habría salido de ahí con el ceño fruncido, un padre decepcionado y un libro viejo con apuntes de cuentos y mapas envuelto en un pequeño vestido café.

.

¿Cómo podía ser tan feliz que un año había pasado en menos de un parpadeo?

Además de mis industrias en la Ciudad, había participado de la oración de primavera, viajando de ese modo por algunas zonas rurales del ducado, regresando después para el Festival de la Cosecha, maravillada por el cambio de colores en la tierra y en las plantas, sintiéndome complacida al servir a los plebeyos para sus bautizos, uniones y mayorías de edad. Había tenido que estudiar como loca para esto, pero no me arrepentía. Ver los rostros alegres de la gente de mi Geduldh era más que satisfactorio.

Incluso había encontrado más elementos que aprovechar en mis industrias y seguir enriqueciendo a mí ducado.

"Los dioses en verdad me han bendecido con dos hijas maravillosas" chilló mi madre complacida cuando todos nos reunimos a cenar luego del largo viaje.

"Madre se ha esforzado mucho para que fuéramos libres" comentó Charlotte con su sonrisa angelical, haciéndome recordar lo que mis profesores de historia y la gente de las provincias me había comentado sobre Eisenreich antes de mi madre.

"Y la libertad trae algunos conflictos consigo" comentó madre antes de mirar a padre, quién sonreía antes de hacer una seña a uno de sus asistentes.

Pronto, nuestros propios asistentes nos entregaron unas cajas de madera en cuyo interior había joyería. Brazaletes y un collar para cada una.

Charlotte miraba su regalo, embelesada. Yo también estaba contenta, aunque me hubiera gustado más un par de libros nuevos… de pronto una inscripción casi transparente llamó mi atención.

Tomé el collar, inspeccionando de cerca y notando entonces los círculos mágicos en él. Revisé los brazaletes y noté otros círculos diferentes, señalándole a Charlotte, quién observó con más ilusión sus joyas nuevas.

Nuestros padres comenzaron a reír un poco, hasta que el padre tomó la palabra.

"La otra semana será el debut de los nuevos nobles y después, cada cual se tendrá que ir a la Academia Real, así que hemos pensado en darles estos amuletos para mantenerlas protegidas."

Madre tomó la mano de padre, mirándolo con una enorme sonrisa antes de mirarnos a nosotras.

"Su padre y yo hemos colocado círculos para bloquear y devolver ataques mágicos y también ataques físicos."

"Manténgalos cargados con maná" advirtió padre antes de señalar un brazalete a juego con los nuestros en la muñeca de madre "así, los amuletos se activarán las veces que sean necesarias".

"Entiendo" respondí sintiendo el afecto de mi familia, mirando a Charlotte cuyo rostro parecía un espejo de mis propias emociones.

"Gracias a ambos" dijo mi hermanita de inmediato "ambas nos sentiremos más tranquilas con ustedes protegiéndonos de este modo".

.

El debut de invierno fue una ocasión tan bella como la del año anterior. Ojalá hubiera podido presenciar el debut de Charlotte, seguro que mi hermana se veía como un ángel tocando el harspiel. Suspiré con anhelo. Tal vez podría pedirle que cantara para mi en otra ocasión.

'¿Y si arreglo una canción para mi querida hermana?'

La idea no dejó de acosarme el resto de ese día y apenas terminó la ceremonia de entrega de capas y la cena, comencé a pensar en cuál canción de todas las que había escuchado como Urano le quedaría bien a Charlotte. Dormí recordando las melodías de Tomoyo Daidouji, un personaje de Card Captor Sakura cuya voz era halagada de manera constante. Su tono suave y dulce parecía adecuado para mí ángel Charlotte, así que los días siguientes, en lo que esperábamos nuestro turno para ser enviadas a la Academia Real, me dediqué a arreglar una de las canciones.

Para cuando llegó el día de irme, ya había terminado de hacer los arreglos para harspiel con ayuda de mi músico. Solo necesitaba trabajar más la letra y podría entregársela a Charlotte.

"¡Myne, es hora de dormir!" me avisó Tuuri con una mano en mi hombro.

Revisé lo que llevaba en mi díptico, intranquila por la vista.

"Aún no termino esto, ¡solo un poco más, Tuuri!"

Puse mi mejor cara de cachorro, pero no funcionó. Tuuri me miraba impasible con una media sonrisa.

"Es hora de dormir, Myne. Ya verás que mañana terminas lo que estás haciendo. Necesitas descansar".

Estaba a punto de quejarme cuando Evangeline retiró mi díptico de mi escritorio, haciéndolo a un lado antes de colocar mi ropa de dormir en su lugar.

"Milady, sabemos que está ocupada en un proyecto importante, pero Tuuri tiene razón. Debe descansar."

Quería protestar. ¿Y si no terminaba a tiempo para entregársela a Charlotte?

Cómo si hubiera adivinado sus pensamientos, Tuuri la miró a los ojos con una enorme sonrisa.

"Milady, si descansa, puede que Kuntzeal le susurre mientras duerme, de modo que mañana podrá terminar con más facilidad".

Recordé que a veces, cuando el cerebro está exhausto es mejor dormir para dejar que la mente arregle los problemas de este tipo. Sonreí contagiada por mi otro ángel y baje de mi silla.

"Tienes razón, Tulsneda. Iré a dormir entonces y mañana seguiré con esto a primera hora".

"Bien, Milady" intervino Evangeline "Tulsneda, yo me ocupo desde aquí, ve a preparar tus cosas"

Era verdad, mi Tuuri partiría al día siguiente con los alumnos de tercero, así que me lancé a sus brazos escuchándola reír entre nerviosa y divertida.

"Buen viaje mañana, Tulsneda"

"Que tenga un sueño reparador que la inspire, Lady Rozemyne"

Para cuando me di cuenta, mi linda Tuuri me estaba recibiendo en la Academia con una taza de té y un plato lleno de galletas y yo no paraba de sonreír, había terminado la canción que le obsequiaría a mi hermana para festejar su ingreso a la Academia Real, solo imaginarla cantando y luego participando conmigo en el Comité de Biblioteca me hacían inmensamente feliz. Este sería, en verdad, un gran ciclo escolar.

.

Notas de una de los Autores:

Una disculpa porque no nos habíamos dado cuenta de que estábamos publicando cada tres o dos semanas, pensamos que es por la cantidad de proyectos que tenemos entre manos.

¿Quién recordaba a la niña del balcón? ¿Se imaginaron que le pasaría algo como ésto? Por suerte ha llegado Ferdinand al rescate, jejeje.

Espero que hayan disfrutado con este capítulo, nos leemos en el siguiente.

SARABA