─ b-buenos días, guerrero ─ una suave vocecita resonó en el silencio que inundaba una habitación ahí, en algún sitio perdido de la mano de dios.

Recostado en una cama y cubierto de vendas hasta el cuello, yacía un hombre que a duras penas podía asentir con la cabeza. Antes de que le hablasen, se encontraba mirando hacia arriba, reflexionando.

─ ¿Marulk...? ─ su voz, adolorida, respondió mientras sus ojos buscaban a quién le estaba llamando. Su estado era lamentable, pero al menos ya no se estaba desangrando. De alguna manera, había logrado sobrevivir. Suerte o quizás una maldición, quién sabe.

─ h-hola, sí, soy yo ─ por alguna razón, aquel hombre le intimidaba un poco. Sus ojos azules miraron al suelo, puesto que no podían sostenerle la mirada al contrario. Esos ojos brillantes tenían un aura qué, en parte, le recordaba a su maestra, de una forma distinta, claro.

─ O-Oha... entonces, hola... c-creía haberte dicho que... me llamases por mi nombre, no 'guerrero' o esas cosas ─ ya sea por amabilidad o para no asustar más a la pobre criatura, el ojidorado sonrió con debilidad evidente. Tampoco es que pudiese hacerle daño si quisiera, era un saco de carne y huesos putrefacto en ese momento.

─ A-Ah, es cierto, perdóneme, Ayskell ─ con cuidado, se fue acercando al varón con algo más de tranquilidad en su persona. Sabía de sobra que él no era hostil, pero al tener aires de la inamovible y, el hecho de que también su personalidad era muy introvertida, le hacían ir con cuidado ─ y-yo... le traje el desayuno, por si gusta alimentarse.

─ Te estoy... muy agradecido, Marulk.

Habían pasado varias semanas desde "el evento".
Ayskell, el caballero abismal, había llegado a tiempo al Campamento de Observación para ser tratado por aquellos que ahí residían. Estuvo prácticamente muerto durante algunos minutos, sin embargo, parecía que él negaría la muerte hasta que estuviese hecho pedazos, ya que su corazón volvió a latir al poco rato.

Estuvo envuelto en incertidumbre los primeros días.
Marulk, el subordinado de la doncella que reinaba ese sitio, pasaba cada ciertas horas a revisarle. Era normal estar preocupado por él, no solo había sido traído por su maestra, sino que también seguía respirando tras haber sangrado por cada poro de su piel. Era algo inaudito, seguramente se trataba de alguien realmente fuerte, algo que le daba curiosidad.

─ señor Ayskell, ¿usted estuvo en la cuarta capa? ─ el peliazul no pudo no preguntar al respecto.
La presión y daño que provoque que la sangre salga así del cuerpo humano sólo podría ser vista en lugares como el "Cáliz de los gigantes" y "El mar de los cadáveres", la cuarta y la quinta capa, respectivamente.

¿capa...? ─ dejó de alimentarse para pensar un poco.

Él llegó a Orth tras un largo viaje con gente de todos lados del mundo.
No tuvo ningún problema inicial, puesto que una conocida suya dirigió el viaje, por lo que se mantuvo en silencio a su lado, llegando a la isla y pasando desapercibido. Esta misma conocida le ayudó a entrar a la primera capa.

"La primera capa se llama "El borde del abismo", es ahí donde comienza..." recordó las palabras de esa mujer de pronto. Era cierto, ese sitio se dividía por capas. Sincerándose consigo mismo, no pensó ni un poco en ello al estarse adentrando en la oscuridad.

─ E-Es posible... solo bajaba y bajaba sin pensar en nada m-más... recuerdo encontrarme con un amplio lugar, mucho más de lo que había visto antes. C-Con mi espada y escudo, seguí haciéndome camino hacia abajo, pero... fui atacado por auténticos depredadores de la zona ─ se alimentó un poco, puesto que tenía bastante hambre. Al terminar de digerir, continuó ─ n-no recuerdo mucho de ese día.

─ "Amplio lugar, mucho más de lo que había visto antes"... por esas palabras, me imagino que tú, espadachín, estuviste en la quinta capa, aquella llamada "El mar de los cadáveres" ─ de la nada, la voz de alguien muy conocida por ambos apareció, haciendo que los dos mirasen hacia de donde esta provenía. Al ver que había captado su atención, siguió hablando ─ El mar es la capa más amplia horizontalmente hablando, así que no tengo duda de que bajaste hasta ahí y, de alguna manera, subiste hasta el borde del abismo.

─ M-Maestra, buenos días, no le escuché llegar ─ Marulk retrocedió unos pasos al ver a la dama ahí, de pie, en las escaleras que conectaban ese cuarto con el resto del observatorio. Su presencia haría arrodillarse a cualquiera, pero el jovencito ya estaba algo acostumbrado a verle. Aunque, bueno, no tenía su armadura puesta, se veía más 'amistosa' con su ropa informal.

─ Marulk ─ sentenció con una voz algo amenazante ─ buen trabajo al vigilar y mantenerme al tanto del espadachín, por ahora, ve a recoger la ropa, ya debe de estar seca.

─ C-Claro, Maestra ─ sin rechistar, salió de ahí lo más rapido que pudo, pasándole por un lado a la inamovible mientras corría de una manera algo graciosa.

El eco de los pasos del chico se fue perdiendo en la distancia, mientras los ojos oscuros de la azabache se dirigieron al herido varón. De forma elegante, caminó hacia él, quedando a dos o tres metros de distancia de su persona. Intercambiaron miradas por segunda vez, esto hasta que la más alta rompió el silencio.

─ "El caballero abismal" ─ hizo una pausa, toqueteando su barbilla con la punta de sus dedos ─ así es como te haces llamar, según mi querido Marulk.

─ Así es... e-ese es el título que se me fue dado en las tierras de donde provengo.

─ Tienes fuerza, eso te lo puedo admitir sin problemas. No cualquiera puede adentrarse al abismo sin experiencia previa y llegar tan lejos, eso es digno de alabanzas. Tu título no es una broma ─ parecía estar hablando seriamente, sin embargo, una sonrisa burlona se formó en su rostro ─ ... pero, igualmente, tus mejores días han llegado a su fin. Te desgarraste demasiado, no volverás a ser el mismo de antes ni aunque lo intentes con todas tus fuerzas.

Ayskell no podía decir nada.
Esa mujer frente a él tenía una presencia que, no iba a mentir, le intimidaba.
Solo había sentido tal presión con grandes maestros de su hogar. No cabía duda alguna, esa fémina era un monstruo hecho y derecho, no había lugar para bromear o ser un idiota, como le era costumbre.

─ E-Estoy completamente consciente de ello. No siento la pierna derecha... d-de la rodilla para abajo. Mi brazo izquierdo... b-bueno, estaba aceptable hasta que decidí romper mi mano en su cara, señorita.

─ Heh ─ sonrió de una forma más 'amigable' ─ esa fuerza que tienes... es sobrehumana. Ningún ser común podría hacerme sentir algo al pegarme a puño limpio.

─ P-Probablemente... s-siempre se me fue dicho que tenía más fuerza que mis compañeros.

─ Eres interesante.

¿disculpe? ─ él no la había visto desde su primer encuentro, por lo que no sabía cómo es que actuaba esa dama de silbato blanco. Cualquier cosa que decía lo dejaba pensando.

─ Tú, caballero del abismo, eres interesante. Por eso es que estás vivo ahora mismo, porque me pareció que serías entretenido. ¿Por cuál otra razón traería otra boca a la cuál alimentar a mi territorio? Espero sirvas de algo una vez cicatricen tus heridas.

─ L-Lo haré, puede tener eso por seguro, señorita.

Aquella soberana de cabellos negros y blancos arqueó una sonrisa, ¿complacida, quizás? Quién sabe. Leerle la mente a ella era una tarea casi imposible, pero, en ese instante, a lo mejor ese sentimiento era lo que abundaba en su ser.

No espero menos de un peón del abismo ─ por una fracción de segundo, Ayskell juraría haber visto cómo el rostro pálido de la contraria se deformaba completamente, como si un vacío reemplezara su boca y ojos. Le hizo sudar frío como nunca antes en su existencia, pero de la nada, pareció desaparecer.

Dio media vuelta y comenzó a retirarse.
"Qué extraña figura" fue el pensamiento que pasó por la cabeza del caballero. Su salvadora era realmente curiosa en su forma de tratar las cosas. Es más, ni siquiera era una 'salvadora', ella quería algo entretenido a cambio, puesto que nada era gratis según su perspectiva. Era una forma justa de ver las cosas, o eso supuso el hombre.

─ Oh, cierto. Me has llamado señorita, ¿no?

─ A-Así es, eso he hecho. Eh... ¿hay a-algún problema con ello? ─ en ese momento, el modo supervivencia de Ayskell estaba activo, controlándole. No quería hacer nada o decir algo que molestase a esa eminencia.

─ No en realidad, la verdad, señorita suena acorde... noto el respeto hacia mí en la palabra. Sin embargo, no soy tan joven como para que me quede del todo ─ mientras decía esto, volteó levemente para atrás, mirando sobre el hombro al de ojos luminosos ─ Soy Ozen. Normalmente me daría igual cómo se refieran sobre mí, pero... ya que estarás aquí indefinidamente, puedes seguir los pasos de Marulk y llamarme maestra.

Claro, Maestra Ozen ─ sin titubeo alguno esta vez, el varón replicó rápidamente.

─ Heh ─ pareció que su respuesta le agradó, quedándose en silencio unos momentos ─ Bienvenido al abismo, joven espadachín.

Dicho eso, se encaminó a las escaleras y subió estas, dejando al castaño solo con sus pensamientos. Ozen era muy peculiar, quizás la persona más extravagante que había conocido en su vida. Era jodidamente imponente, pero a la vez, admirable. Combinados, esos sentimientos no eran fáciles de explicar, por lo que, tras un rato de tratar de entenderlo, Ayskell desistió.

Haré lo que pueda hacer para regresar este favor, Ozen ─ mencionó para sí mismo.

En su estado, la misión de hundir el abismo podría esperar. Total, nadie más estaba intentándolo más que él. Primero, se recuperaría. Luego, sería discípulo de la inamovible, a lo mejor aprendía algo sobre esa fuerza tan descorazonadora. Al final, volvería a la carga con más conocimiento.

Bueno, ese era su plan.
En el abismo nada era seguro.