Capítulo 16: El final de la guerra.
Draco caminaba de un lugar a otro, nervioso por todo lo que estaba pasando, queriendo ir, pero sin saber dónde ni como, después de todo llegó allá con un…
-Traslador -dijo metiendo las manos dentro del bolsillo de su pantalón, donde el broche en forma de serpiente seguía a resguardo, tenía que ir, tenía que ayudar, pero Max… se dijo mirando al niño. ¿Qué demonios hacía con su tío? No es como si pudiera dejarlo solo, no con la batalla final llevándose a cabo a las afueras, sin saber si sería seguro, pero bien, su casa era bastante segura, se dijo, solo unos segundos antes de que las alarmas saltaron, estaban atacando afuera de la mansión. Bien, quedarse ya no era una opción, pero nuevamente, no podía llevarse a Max al campo de batalla.
-¿Qué hago? -dijo apretando los dientes, entonces se le ocurrió solo una cosa. Negando con la cabeza al saber que esto le costaría muy caro después-vamos Max, es hora de salir de aquí -dijo tomándolo de la mano cuando un hechizo atravesó el salón y dio contra un antiguo jarrón decorativo. Casi corren a la chimenea mientras Draco tiraba polvos flu y abrazaba al niño contra su cuerpo-la madriguera.
El viaje era ciertamente traumático en las condiciones que lo hizo, por lo que Max se aferró a su cuerpo asustado.
-¿Draco?
El rubio levantó la mirada a quien le hablaba, no escuchaba esa voz hace semanas, quizás meses, todo por su maldita culpa, por haberse creído mejor que los demás, creído en los ideales de ese desgraciado que le había marcado como ganado.
-¿Qué haces aquí… quien es ese niño?
-Necesito que te quedes con él. No llegaran aquí -dijo sin verle a los ojos, no después de que fue él mismo quien le dijo que algo entre ellos no podía resultar, no cuando eran de bandos tan opuestos, no cuando quiso que se fuera con él y recibió una respuesta negativa. No cuando ni siquiera preguntó por el bebé en su vientre, porque sabía que no merecía ser padre de esa criatura. Había cometido tantos errores, pero no iba a cometer otro más-. La batalla empezó, debó ir… debo.
-¿De qué lado pelearas, Draco? -dijo acariciado su vientre abultado, el hijo de ambos que crecía en sus entrañas.
-Del correcto -dijo acercándose con Max, mientras le dejaba a su lado y besaba los labios de quien era y siempre sería el amor de su vida, aunque hoy muriera. Posó la mano sobre su vientre, tratando de dejar un recuerdo mágico en su hijo en caso de que algo malo pasara- mi padre me necesita -dijo juntando sus frentes para darse valor. Entonces tomó el broche y se aparició
Max miraba para todos lados algo impactado por toda la magia del lugar, entonces una gota calló en su mejilla. Levantó la mirada viendo que eran lagrimas que le habían caído, entonces llamó la atención tirando de sus ropas.
-No llores, por favor.
-Lo siento -dijo sonriendo y secándose las lágrimas, poniéndose a la altura del niño- aún no me dices como te llamas -dijo acariciando su mejilla.
-Me llamó Max -dijo sonriendo dulcemente.
-Mucho gusto Max, mi nombre es Ginevra, pero puedes llamarme Ginny.
Draco llegó al campo de batalla y todo era un caos. Hechizos para todos lados y uno casi le da de frente, pero entonces le protegieron desviando el ataque, antes de ser sostenido por el brazo para salir del centro de atención.
-¿Dónde demonios dejaste a Max, Draco? -dijo Abraxas mirando a su nieto aterrado por la seguridad de su hijo menor.
-Protegido, en la madriguera… con Ginny.
-Madriguera… Los Weasley -dijo algo más aliviado, pero entonces…-¿Y que haces aquí? Tus padres te necesitan a salvo.
-Y yo necesito estar aquí, corregir mis errores -dijo sosteniéndose la manga y apretándolo. Abraxas sabía muy bien porque, su propia piel llevaba la marca. Al parecer los Malfoy no se habían librado esta en tres generaciones. Su único consuelo es que esto acabaría hoy, lo sabía, entonces Max no llevaría esa marca de deshonra.
-Bien, entonces pelea con todo lo que tengas, chico, por que Harry y Lucius morirían si algo te llega a pasar.
Draco sabía que era así por parte de su padre, pero el asunto de Potter era un mal sabor de boca aún, y para aliviar eso necesitaba respuestas, las que sólo lograría teniendo a ambos vivos.
Harry estaba agotado, pero veía que el Lord estaba en las mismas condiciones. Ambos estaban dándolo todo y podía ver de reojo como los mortífagos iban cayendo como moscas gracias a la orden y los aurores que habían acudido gracias a sus contactos en el ministerio.
-Ríndete, Riddle -dijo Harry tratando de molestar aun más al Lord con su verdadero nombre, no le daría en el gusto de llamarlo de otra forma.
-¿Que pretendes, Potter? ¿Encerrarme en Azkaban por mis ideales?
-En otros tiempos quizás, pero no ahora, no cuando se que mataste a tanta gente -decía mientras enviaba un hechizo tras de otro- no después de que conocí a mi madre, aquella chica dulce y amable, con una brillante vida por delante -decía mientras se acercaba más y más- no cunado te atreviste a poner tus asquerosas manos sobre mi hijo, un niño que nada tenía que ver con todo esto -veía como el lord se iba debilitando más y más y él sentía como su magia quería explotar fuera de su cuerpo- no cuando arruinaste con tus planes a tantos y que una vida en Azkaban no será suficiente para pagar -por fin había desarmado a Voldemort- y una cosa mas antes de acaban contigo… no soy Potter… soy un Malfoy… Avada Kedavra.
El rayo verde salió de la varita de Harry para dar justo en medio del pecho del lord oscuro.
El Lord había caído.
La luz había ganado.
Todo había acabado.
Los pocos mortífagos que aún permanecían en pie dejaron las varitas caer y se dejaron esposar por los aurores que aplicaban fuertes hechizos en los grilletes para que la magia de los aliados del Lord no pudiera abrirlas y brindarles la oportunidad de escapar.
Harry sintió como era abrazado por la espalda y la cabeza de su esposo reposar en su cuello.
-Ya está, mi amor -dijo apretándolo más contra su cuerpo-. Lo lograste.
-Lo logramos -dijo volteando dentro del abrazo para luego abrazarse con fuerza a su esposo-. Nada de esto hubiera sido posible sin ti.
Lucius sostuvo la nuca de Harry con fuerza para atraerlo contra su boca y besarlo con desesperación.
Por fin todo acababa. Harry y Draco estaban seguros. Y nada más podía pedirle a la vida.
Ahora era tiempo de dejar el tiempo pasar y sanar las heridas.
…
Cuatro años después.
El fin de la guerra había traído gran algarabía a las calles del mundo-mágico. Por fin los magos de todo el mundo estaban a salvo de la condena que significaba el nombre de Voldemort.
Los partidarios del Lord habían sido apresados y juzgados, cada uno de ellos, pero hubo algunos que se abstuvieron de esto, como fue el caso de Severus Snape y Lucius Malfoy quienes gozaron del indulto que se les dio al haber sido espías para la orden del fénix a cargo de Albus Dumbledore, quien había abogado por ambos.
Harry se había encargado de proteger a Draco, no iba a permitir que su hijo pusiera un solo pie en una celda de Azkaban y si tenía que usar todas sus influencias y su nombre para eso, lo iba a hacer. Cosa que no fue necesaria obviamente, no cuando el mundo le debía tanto a los Potter y los Malfoy.
Fue un completo escandalo la noticia de que James Potter y Abraxas Malfoy estaban vivos y no sólo eso, si no que tenían un hijo en común, uno hermoso cabe señalar y que se había ganado cientos de suspiros cuando fue fotografiado por el profeta como uno de los nuevos niños de la luz que sobrevivieron a los intentos de asesinato del Lord.
Una niña también que fue llamada un niño de la luz, fue Giselle Malfoy-Weasley, la hija que Ginny dio a luz y que fue una verdadera sorpresa para su familia, después de todo nunca supieron que había mantenido una relación clandestina con Draco Malfoy dentro de Hogwarts durante todo ese año que Harry estuvo "entrenando".
Draco había corrido luego de ser liberado, directo a la madriguera y había rogado por su perdón a Ginny quien no necesito de suplica alguna, ella amaba a Draco y le dolió el que se uniera al Lord, pero fue criada para amar y perdonar, por eso mismo dijo que sí a la propuesta de matrimonio de Draco dos semanas después, luego de que los Weasley le hubieran permitido volver a poner un pie en la madriguera cuando habían echado al rubio luego de enterarse de toda la verdad.
La relación entre Draco y Harry fue extraña de cierta forma. Draco se sentía completamente incomodo con Harry, quien a cada momento lo abrazaba y besaba su frente, había escuchado con absoluta paciencia toda la historia de sus padres y entendió que todo lo habían hecho para mantenerlo a salvo, para permitirle nacer. Cuando tuvo a su pequeña Gisselle en brazos supo que por esa niña era capaz de entregar la vida por completo.
Entendió al fin el sacrificio de sus padres.
Ahora, cuatro años después, todo el mundo estaba enterado de la realidad, de todo lo que pasó, de la real procedencia de Draco y de su matrimonio con Lucius Malfoy, y claro, también se enterarían tarde o temprano de su nuevo embarazo.
El haberse enterado de este les había llenado de alegría. Harry estaba a puertas de terminar su ultimo año de medimagia cuando todo su mundo giró. Fueron sus mismos compañeros quienes le asistieron y luego de unos análisis le dieron el resultado.
-¿No es esto maravilloso? -preguntó Ginny sentada junto a Harry que acariciaba su vientre plano aún. Seis semanas aun no podían ser notorias.
-Lo más hermoso del mundo -dijo Lucius mirándolo con el mismo amor que siempre le había mirado.
Harry se puso de pie y caminó hasta su esposo para sentarse de lado en sus piernas.
-Muchas gracias, Lucius, por todo -dijo besándolo superficialmente en los labios.
-Gracias a ti por volver a mí, por ir… por conocernos, por poner todo en orden.
-Bien… ahora está todo en su lugar -dijo viendo su maravillosa familia en el jardín de la mansión Malfoy. Draco volando en su escoba con Gisselle sentada y siendo sostenida por su padre. Jugando Quidditch con Max que iba en su propia escoba, bajo la supervisión de su padre y su suegro que no le quitaban los ojos de encima a su hijo. Ginny con su hijo de un años Scorpius quien reía al ver cuando su padre y hermana pasaban cerca de ellos.
Acarició su vientre, sabía que sería una niña, algo en su interior se lo gritaba, su pequeña Lily, aquella que llegaría para hacerle vivir las experiencias que no tuvo con su dragón, pero que iban a tener esta vez los dos, juntos, como siempre debió haber sido.
Suspiro y besó a Lucius nuevamente y juntó sus frentes antes de pronunciar sobre sus labios.
Fin
N/A: Muchas gracias a todos por seguirme en esta historia llena de tanto amor.
mcuhas gracias por sus palabras
muchas gracias por esperar tanto
y por eso mismo les adelanto un poquito de un nuevo fic con esta misma pareja, pero con un Lucius y un Harry muy diferentes a estos tan enamorados,
un beso, Majo
"-¿Hay algo más de lo que me tenga que enterar? ¿Parientes lejanos vivos y desaparecidos? ¿Algún hermano por ahí? No sé, es qué recibiendo tantas noticias tan agradables, lo mínimo que espero es que sea una cámara indiscreta.
-No hace falta que seas irrespetuoso con nosotros, Harry -le regaño la directora-. No te digo que las cosas son de lo más fáciles, pero ten en cuenta las circunstancias en que fueron llevadas a cabo. En esos tiempos los contratos prenupciales estaban a la orden del día, y se practicaban con total soltura para proteger a los descendientes de las familias más influyentes o aquellas que recién empezaban a aparecer en los círculos sociales. Tu abuela y la madre del señor Malfoy sólo siguieron una tradición que se arraiga desde hace siglos.
-Cosa que no acabo de entender ¡Por Merlín, que los tiempos cambian! -dijo desesperado- Tengo que terminar Hogwarts y luego estudiar alguna carera para poder salir adelante y a Teddy también. Es mi ahijado, un hijo para mí, y velaré por él para siempre.
-No será necesario que trabajes, si es lo que pretendes. Mi fortuna podrá mantenerte perfectamente a ti y a tu ahijado, y claro, a los hijos que tengamos.
-Púdrete, Malfoy -le dijo desviando el rostro. No iba a permitir que además se riera en su rostro por su inexperiencia."
