¡Hola a todos, nuevamente! 3 Disculpen la tardanza en que actualicé esta historia, s: no había tenido el tiempo suficiente, además de tener algunas complicaciones con la computadora; pero ya regresé. No pretendo dejar ninguno de mis fics a medias. :D Gracias a las personas que se toman su tiempo para leer esta historia. Espero lo estén disfrutando y que este capítulo les fascine. ^^
¡Besos!
Venuz.
Stripper Boy!
Capítulo 4: Momentos y sentimientos
Cierto chico de cabello negro se encontraba recostado en su cama, abrazando a una hermosa muchacha de cabellos dorados, quien yacía recostada en su pecho durmiendo plácidamente.
Los rayos de sol se colaban por la ventana de la habitación mientras que el chico no desviaba su vista de aquella hermosa mujer. La acariciaba. Acariciaba su bello rostro, sus refinados cabellos y sus delgados brazos que se aferraban a él. Posiblemente ella era la chica más divina que jamás hubiese visto; y no sólo refiriéndose a lo físico. Era verdad que apenas si sabía su nombre, que apenas si había podido cruzar unas cuantas palabras con ella, pero con tan sólo eso, Lili le había demostrado toda su belleza interior. Ella tenía algo que la hacía tan especial y diferente a las demás.
Desde la noche anterior la había deseado con todas sus fuerzas y la pudo tener entre sus brazos; lo que aún no comprendía era el hecho de que la rubia se entregara a él siendo virgen. Es decir; estaba comprometida y nunca había tenido ningún contacto de ese tipo con su prometido, pero, ¿por qué? ¿Y por qué a él no se lo negó? No creía que hubiese estado tan ebria como para hacerlo. En el fondo, él bien sabía que no lo estaba, pero a pesar de ello, se sentía idiota, se sentía culpable por haber hecho tal cosa. Sí, era verdad que cuando empezó a trabajar ahí tuvo que hacer mucho más que bailar para poder sostenerse económicamente, y era consciente de que, en varias de esas ocasiones, algunas mujeres habían sido infieles a sus parejas con él; pero esta vez, había sido algo tan diferente.
Hacía tiempo que no hacía más que bailar para sus clientas, aunque definitivamente, con Lili no había sido por negocio. Desde hacía ya bastante tiempo, Jin no aceptaba tales ofertas, lo que significaba que ése era un servicio que él no tenía disponible. Tantas interrogantes rondaban por su cabeza, y por dentro, quería poder seguir viendo a la ojiazul.
Aquella chica le había encantado, lo había hechizado y envuelto con tanta facilidad. Tenía que pensar o, más bien, hablar con ella, pedirle disculpas, lo que sea; no obstante, tampoco se veía capaz de despertarla o, más bien, no quería hacerlo por la adorable vista que le brindaba. Lucía como un mismísimo ángel allí, recostada en su pecho; y en ese preciso momento, pudo oír un sonido proveniente de su estómago. Tenía hambre. Y no era para menos, ya que habían pasado bastantes horas desde su última comida y tampoco dudaba que cuando Lili despertase, tuviese la misma necesidad. ¿Qué le daría de comer? Ahora que lo recordaba, la comida que tenía no era suficiente para dos personas, después de todo, él vivía solo, completamente solo.
El pelinegro optó por hacer cuidadosamente a un lado a la hermosa rubia para levantarse, tomar una ducha a la velocidad de la luz y salir a comprar algo para el desayuno. «¿Qué le gustará?», se preguntó. Era más que obvio que no lo supiera o que no tuviera ni la más remota idea. No obstante, su cabeza comenzó a dar vueltas con cientos de interrogantes al respecto; ¿y qué tal si era alérgica al huevo? ¿O qué tal si era intolerante a la lactosa? «¡Demonios!», maldijo en su pensamiento. El chico se comenzaba a intrigar, sin embargo, debía comprar algo y aún no estaba dispuesto a despertar a Lili sólo para preguntarle tales sandeces.
Aún con su duda en la cabeza, Jin se puso unos jeans y una simple playera de color negro antes de dignarse a salir de la habitación, no sin antes echar un último vistazo a la bella joven que se encontraba atrapada en los brazos de Morfeo. Sonrió una vez más nada más verla. ¡En verdad era preciosa! No podía dejar de pensar en lo afortunado que era su prometido; aunque probablemente no cualquiera pensaría eso, pues por muy fuerte que se escuchase, la chica le había sido infiel y él había contribuido a eso también.
El pelinegro sacudió un poco la cabeza, tratando de alejar todos aquellos pensamientos y de concentrarse en lo que iba a hacer y a comprar. Salió de la habitación y de aquel departamento poniendo el seguro a la puerta para que nadie entrase a lugar. Inmediatamente, se dirigió al supermercado más cercano.
Alrededor de unos quince minutos después, los lindos y brillantes ojos azules de Lili comenzaron a abrirse lentamente. Los talló con delicadeza para después soltar un pequeño respingo, asustada y asombrada al ver aquella habitación que no era la suya. Definitivamente, no estaba nada tranquila. ¿Cómo había podido hacer tal cosa? ¿Cómo fue que sucedió? No es que no lo recordara y, probablemente, aunque quisiese olvidarlo realmente no podría porque en el fondo reconocía lo mucho que había disfrutado. Más bien, no podía dejar de preguntarse cómo es que había podido caer ante ese chico con tanta facilidad. Sí, era guapo, eso no la negaba. Bueno, no era solo guapo, era muy guapo o, más bien, exageradamente guapo; pero ese no era motivo para haberle sido infiel a Hwoarang. ¡Ella lo amaba! Pero si lo amara, no se hubiera dejado llevar por aquel chico de nombre Jin, ¿o sí? «¡Diablos!», pensó, tapándose la boca con la mano izquierda.
¿Ahora qué haría? Había perdido la virginidad que tanto se había resguardado por temor; un temor que, curiosamente, no había sentido con Jin. ¿Por qué? ¿Habrían sido las copas que se había tomado? Quizás simplemente se estaba volviendo loca. Ahora que lo pensaba, era muy extraño que con un completo desconocido se haya sentido con tanta confianza y tan protegida para hacerlo. Y, lo peor de todo, es que no se arrepentía. Le había gustado como no creyó que fuese posible. El pelinegro le gustaba, y le gustaba mucho, pero, ¿qué debía hacer? ¿Contárselo a su prometido? Era obvio que su futuro matrimonio no vería la luz del día y, aunque realmente eso era lo que quería, no buscaba herir al pelirrojo. Ya no estaba segura de amarlo, pero en definitiva no dudaba de que lo quería y de que sentía un infinito cariño hacia él.
En cuanto a ella, se sentía sucia, se sentía como una cualquiera, como una tonta. Para Lili era obvio que el chico sólo hacía su trabajo y que claramente no le importaría en lo más mínimo su vida, muy a pesar de haber sido amable con ella la noche anterior. No podía confundir la amabilidad con la atracción real. No significaba nada, absolutamente nada.
Fue hasta entonces que la ojiazul pudo percatarse de que estaba sola en aquella habitación. Él no estaba, o al menos no allí.
Se levantó en dirección a la puerta para abrirla y encontrarse con la visión de un lugar solitario. El departamento estaba completamente solo, exceptuando la presencia de ella, claro estaba. ¿Pero a dónde había ido? La chica refunfuñó un poco. Estaba claro que no tenía ni una pizca de interés en ella y en realidad no lo culpaba; aunque sí que le disgustaba aquel golpe de realidad. Aun así, cerró la puerta y regresó a aquella cómoda cama sin poder dejar de preguntarse cientos de cosas y hundirse en sus pensamientos.
Tantas preguntas inundaban su cabeza, provocando que las lágrimas se acumularan en sus ojos haciéndola llorar por completo.
Ahí estaba, sentada en aquella cama que hasta ayer era desconocida, con las manos en su pálido rostro dejando salir todas y cada una de sus lágrimas. Sentía la enorme necesidad de darse una buena ducha para quitarse esa extraña sensación. Ya no se sentía ella, porque después de todo, Lili Rochefort nunca había sido infiel; al menos, hasta la noche anterior.
No le importó que aquella no fuera su casa, por el contrario, ya había decidido tomar prestada la ducha para bañarse rápido. Se vestiría y dejaría su pago correspondiente por aquel servicio en la mesita al costado de la cama. Simple, ¿no?
Tras algunos minutos, así lo hizo. Se levantó deprisa de la cama y se dirigió al sanitario para darse una ducha a una velocidad bastante considerable, aún con lágrimas en los ojos, las cuales se perdían con la tibia agua que emanaba de la regadera y se expandía por su bien formado cuerpo. Al salir, se vistió con los mismos trapos del día anterior y tendió la cama a modo de agradecimiento por su hospitalidad. Finalmente, se dignó a irse, no sin antes dejar cierta cantidad de dinero en aquella mesita de la habitación.
Fue entonces que la chica miró a su alrededor, notando por primera vez la belleza del lugar y quedando sorprendida al notar que no parecía haber cosa que estuviera sucia o fuera de su lugar. El stripper parecía un hombre bastante ordenado, aunque bastaba ver la pinta que llevaba para darse cuenta de ello, ya que, de igual manera, parecía ser bastante ordenado y pulcro con su persona. Lili trató de restarle importancia a aquello, sacudiendo un poco la cabeza para alejar aquellos pensamientos. Tenía que salir de allí lo más pronto posible, pero para sorpresa de ella, sus planes acababan de verse alterados.
—Esto es brillante —se dijo a sí misma en modo sarcástico al tratar de dar vuelta a la perilla de la puerta principal, percatándose de que estaba cerrada con llave.
¿Sería posible que el chico la fuera a secuestrar? ¿Tardaría en llegar? ¿A dónde diablos se tuvo que ir? ¿O por qué mierda no le avisó, aunque fuese con un mentado papel cómo en las películas? Sea como fuere, no tenía otra cosa qué hacer más que esperar. Mala suerte para ella, pues moría de ganas por irse de allí para que no se le cayera la cara de vergüenza al verlo una vez más.
«Ni modo, Lili, tendrás que esperarlo», pensó la rubia, no con mucha alegría.
Optó por regresar a aquella habitación y sentarse en la suave cama, cuando el sonido de su teléfono celular le llamó la atención. Se le estaba acabando la pila y apenas si pudo percatarse: 8 mensajes de texto y 17 llamadas perdidas. ¿De quién? No lo supo, ya que al estúpido teléfono se le ocurrió dar sus últimas en ese momento, apagándose en su totalidad. ¿Y ahora qué haría ahí sola? ¿Hacerse tonta nada más? Al parecer, así era.
Lili tumbó su cuerpo una vez más sobre aquella cama, dejando salir un fuerte suspiro. La calidez de la cobija la abrazó, pero más que eso, pudo oler una fragancia deliciosa y masculina; era la de Jin. No cabía duda, ella reconocería ese aroma en cualquier lugar, aquel delicioso olor que le hizo recordar la noche anterior, sintiendo un revoloteo en su estómago. Creyó volver a sentir las grandes y fuertes manos del stripper acariciando cada rincón de su piel. Recordó su aliento chocar contra su cuello y su voz grave soltando jadeos cerca de su oído. Rememoró su tacto con detalle y la increíble sensación de tenerlo dentro de ella, rozando y acariciando todos y cada uno de los puntos más vulnerables de su interior. Sin poder contenerlo, su respiración se agitó y giró un poco la cabeza a la vez que sus manos se aferraban ligeramente a la ropa de cama ante el recuerdo de aquellas sensaciones. Cerró sus ojos por un momento, rememorando también la manera en la que él apretaba su cintura ante cada embestida, los tensos y duros músculos de sus brazos a cada lado de su cabeza y la dulce sensación de estar entre ellos en un cálido abrazo. «Fue fantástico», pensó la rubia, abriendo finalmente los ojos y sacudiendo la cabeza. ¿Pero qué tonterías pensaba? No fue nada ético haberlo hecho. Una vez más, Lili estaba por hundirse en sus pensamientos, cuando oyó la puerta principal abrirse y cerrarse.
«¡Bendito sea el señor!», se dijo en sus adentros. Aparentemente, el niño bonito había vuelto a casa. «Ahora sí, es hora de irse». La ojiazul no dudó ni un segundo en salir de aquella habitación para encontrarse con el guapo chico, quien traía bolsas. Lili lo miró extrañada.
—¿Qué es lo que haces? —preguntó ella con curiosidad mientras se quedaba parada sin mover un dedo, sólo observándolo.
—¡Ah! Ya te despertaste. Fui a comprar algo para el desayuno. ¿Dormiste bien? —contestó él percatándose de la presencia de la rubia y colocando las bolsas en la barra de la cocina a la vez que le regalaba una sonrisa tenue.
—S-sí. ¿Sólo saliste a comprar eso? —preguntó la chica, mirando los alimentos que el stripper sacaba de las bolsas, sintiéndose un tanto estúpida por haber pensado mil cosas erróneas al respecto momentos atrás.
—Sí, ¿por qué? —El pelinegro la miró extrañado.
—No, no, por nada. —Hizo una pequeña pausa antes de continuar—. Tengo que irme —soltó de golpe la rubia mientras caminaba hacia aquella puerta—. Gracias por la hospitalidad. Tomé tu ducha prestada, espero que no te moleste. Ah, y también dejé dinero en tu habitación por… por tu servicio. Adiós. —Lili se encontraba dispuesta a girar aquella perilla y salir corriendo de allí, pero fue detenida cuando Jin la tomó delicadamente del brazo.
—¿Servicio? —preguntó él, nuevamente confuso.
—S-sí. Lo de anoche, ¿no fue un servicio? —preguntó ella con un leve tartamudeo, deduciendo cuál sería la respuesta. ¡Pues claro que tenía que serlo! Ya que desafortunadamente no lo creía muy puro en ese sentido.
Pero él, ¿cómo le diría que no fue un servicio como ella creía? ¡En lo absoluto! Sí, fue verdad que ella tomó la iniciativa, pero eso no significaba que él no ansiara hacerlo también.
—¡Desde luego que no! —dijo el pelinegro entre desconcertado y desesperado. Por lo visto, ella creía que lo había hecho por dinero, cuando en realidad ella le gustaba muchísimo. Pero, ¿cómo demostrárselo?
Aunque; un segundo.
¡Carajo! ¿Cómo lo olvidó? No podría demostrarle nada a la chica. ¡Estaba comprometida! Pronto iba a casarse y probablemente no sabría nada más de ella a partir de ahora. «¡Con un demonio!», maldijo internamente, viéndose obligado a aceptar la realidad. Por mucho que odiara aquello, Lili no había llegado a su vida para quedarse.
—Escucha, solo quédate a desayunar. No compré todo esto por nada —continuó Jin mientras señalaba las bolsas e ingredientes que había dejado en la barra de la cocina.
—No tenías por qué molestarte.
—No has probado bocado en horas. Ayer en la fiesta solo ingeriste alcohol y botanas; bueno, y un panqué con leche, pero eso no es comer —decía el chico en tono de preocupación tomándola aún del brazo y sin apartar su vista de ella.
Por algún motivo, a Lili no le desagradaba en lo absoluto que se preocupara tanto por ella, y no es que no se quisiera quedar, es sólo que tenía miedo; miedo de volver a caer ante esos ojos color caramelo.
—Está bien, pero después me iré a casa, ¿de acuerdo? —Lili se sentía tentada ante aquel chico.
¿Qué estaba haciendo? Ella bien lo había pensado; podría tratarse de un secuestrador, un ladrón. ¿Entonces por qué le dijo que sí? No decía que aquel detalle para con ella no hubiese sido lindo, es decir, ¿pretendía hacerle el desayuno o algo parecido? No es que quisiese comparar —aunque sí, lo estaba haciendo—, pero Hwoarang nunca le había preparado el desayuno.
Lo que quería explicarse a sí misma era que, lo que creía de él no era del todo cierto. Se podría decir que sí parecía interesarse un poco por ella y por su vida. Se quedó embelesada al verlo ahí parado frente a ella, con aquellos ojos color caramelo y la forma de su cabello que tanto le gustaba y llamaba su atención. «No seas tonta, Lili. ¡Deja de verlo!», se regañó internamente a la vez que apartaba su mirada del chico.
—No te preocupes, yo haré el desayuno. Tú eres mi invitada, así que puedes ver la televisión o descansar mientras termino —comentó Jin amablemente mientras prendía aquella televisión plana para después dirigirse nuevamente a la cocina.
Ella sólo miró por unos instantes cada uno de sus movimientos. No le parecía justo no ayudar, por ello, lo imitó yendo hasta la cocina.
—¿Qué es todo esto? —preguntó la rubia de forma curiosa mientras el pelinegro sacaba el resto de los ingredientes.
—Arroz, miso, dashi, tofu, pescado, tostadas y bacon —contestó él sin interrumpir lo que hacía.
—Y, ¿eso qué quiere decir? —preguntó la chica una vez más con una sonrisa al desconocer parte de los ingredientes.
Su sonrisa no pasó desapercibida por el chico, quién no dudó en corresponderle dicho gesto.
—El miso es pasta, el dashi es caldo de pescado y el bacon es el tocino —explicó Jin.
—¿Harás comida japonesa? —Sonrió Lili, un poco más emocionada de probar algo nuevo.
—Sí, por eso no creo que puedas ayudar mucho.
—No, pero puedes enseñarme. —Lili se acercó a Jin perdiéndose nuevamente en los profundos ojos de él. Sin embargo, no fue la única, pues el stripper también se quedó mirándola, perdido en el azul de sus orbes. Sus rostros quedaron a escasos centímetros, y en la mente de ambos, el recuerdo de sus besos compartidos la noche anterior los invadió.
—Está bien, yo te diré qué hacer. —Reaccionó el chico, controlando sus impulsos de besarla nuevamente.
Ambos sonrieron, y poco a poco, Jin iba explicando a la rubia lo que debían de preparar.
En otra parte de la ciudad, no todo iba tan bien.
Asuka se encontraba tendida en su cama aún con la ropa puesta, y para desgracia de ella, el timbre de la puerta de su casa comenzó a sonar. Lo peor de todo era que, aparentemente, se trataba de alguien desesperado o con prisa, ya que tocó el mentado trasto cientos de veces. La castaña se levantó con dificultad de su preciada cama, con un horrible dolor de cabeza, medio desmaquillada y con un cabello tan desaliñado que podría confundirse perfectamente con un nido de pájaros. Aun así, caminó lo más rápido que le dieron sus piernas y abrió la puerta, encontrándose con cierto chico.
—¿Dónde está? —Entró gritando el pelirrojo.
—¿Dónde está quién? —preguntó Asuka entre bostezos, sin mencionar que barría las palabras también.
—¿Cómo que quién? ¡Lili! ¿Dónde está? —cuestionó una vez más el chico con desesperación mientras tomaba a la amiga de su prometida por los hombros, sacudiéndola.
—¡Ah, Lili! —Era verdad. Ahora que lo pensaba, no recordaba nada desde aquel lugar en que el stripper que contrataron las encaminó. Lo curioso era que Christie si estaba ahí. ¡Por Dios! ¿Tan mala amiga era como para haber abandonado a la rubia? No recordaba nada. ¿Dónde se habría metido? ¿Qué le diría? Si no contestaba pronto, seguro que el pelirrojo la fulminaría con la mirada—. ¿No está en su casa? —preguntó la castaña de la manera más tonta. «Si Hwoarang está aquí, es porque Lili no está en su casa. ¡Qué idiota eres, Asuka!», pensó ella. Tenía que pensar en algo, ¡y rápido!
—¿Crees que no la busqué allí? Fue el primer lugar al que fui, pero ninguno de sus empleados la ha visto y tampoco estaba en su habitación. ¡No me digas qué tampoco está contigo! —gritó el chico con desesperación. Le había mandado mensajes y había hecho llamadas al celular de su prometida sin éxito alguno; y ahora resultaba que ni sus mismas amigas sabían dónde estaba. ¡Era demasiado! Tenía que encontrarla, ¿y si algo malo le había pasado? ¡No quería pensarlo si quiera!
—Tranquilízate, Hwo. Escucha, si te pregunté si estaba en su casa fue porque hace unas horas me dijo que saldría. Por eso supuse que se iría a su casa; pero ten calma, durmió aquí, seguramente sólo fue a dar una vuelta, no debe de tardar. —Trató de tranquilizarlo, claramente, saliendo victoriosa.
Era una vil mentira, pero después de todo, no sabía si en verdad su amiga estaba perdida o tenía que encubrirla por algo, más aún, sabiendo lo que ésta le contó en su última charla privada. Últimamente, Lili sólo había estado evitando a Hwoarang o todo lo que tuviese que ver con su boda; no le extrañaría que así fuese también en esta ocasión. Por otro lado, su pecho se oprimió, pensando que también cabía la posibilidad de que la hubiesen dejado sola. Asuka se odió internamente, tratando de recordar; sin embargo, no podía. Anoche había caído totalmente presa del alcohol.
—Está bien. ¿Me podrías avisar cuando llegue? —dijo el pelirrojo con un semblante más tranquilo.
—¡Claro! Si ella viene para acá, serás el primero en saberlo.
—Gracias.
Acto seguido, Hwoarang dio media vuelta y se fue de allí a paso apresurado y con un gesto de pocos amigos. Asuka supuso que era precisamente por no haber conseguido o encontrado lo que o a quien buscaba.
Tras verlo marcharse, la castaña se mordió el labio inferior con preocupación a la vez que soltaba un suspiro, pensando en Lili y en dónde se encontraría.
—¿Qué pasa? —La voz de Christie la sacó de sus cavilaciones.
Asuka se giró a verla. La morena apenas se levantaba del sofá en el que había dormido tan placenteramente mientras que Asuka la veía divertida. ¡Vaya!, por lo menos no se había dado cuenta. No obstante, la castaña seguía preguntándose dónde estaría su rubia amiga. Cuando la viera, estaba segura de que ambas tendrían una charla de chicas, una muy larga charla de chicas. Sólo esperaba que Lili realmente se encontrase bien y segura.
Nuevamente, en cierto departamento de la ciudad, Jin y Lili reían mientras terminaban de preparar el delicioso desayuno.
¡Dios! ¿Quién iba a pensar que un stripper fuese tan dulce y carismático? En realidad, Lili antes creía que podrían ser personas tan cabezas huecas como los modelos o como las personas adineradas con las cuales solía codearse por su alto nivel económico. Sin embargo, ahora sabía cuán equivocada estaba, ya que Jin era un chico bastante animado; o al menos eso aparentaba, ya que la rubia no pudo evitar recordar la noche anterior en aquel club casi vacío y su extraño semblante triste. ¿Cómo preguntarle? Es decir, no había tanta confianza entre ellos como para hacerlo, ¿o sí? Bueno, sí, habían tenido la suficiente confianza como para compartir una noche juntos nada más conocerse, pero, ¡diablos! ¡Tenía que saber!
—Oye, Jin —habló la joven Rochefort con una voz melodiosa y dulce mientras su mirada continuaba atenta a lo que sus manos hacían con aquellos ingredientes.
—Sí, dime —contestó curioso con una sonrisa.
—No quiero que creas que soy una entrometida, pero, ¿eres feliz? —preguntó insegura la ojiazul, y se sintió peor al notar como aquella perfecta sonrisa en ese perfecto rostro masculino se esfumaba. No obstante, no demoró demasiado en volver aquella media sonrisa, un tanto tenue.
—¿Otra vez con eso? —respondió, tratando de mostrarse divertido, especialmente al ver la cara de confusión de la chica.
—¿Y-ya te lo había preguntado? —Se sonrojó un poco, incapaz de recordar en qué momento lo había hecho y cuál había sido su respuesta. Se esforzó un momento en rememorar aquello, recordando pequeños flashazos que le hicieron saber que el stripper había evadido su pregunta.
—Sí, ¿tan deprimido me veo? —soltó a modo de broma junto con una de esas sonrisas encantadoras que hacían derretir a la chica.
—N-no. ¡Ay, lo siento! No debí preguntar. ¿Ya no falta nada? ¡Muero de hambre! —Cambió el tema drásticamente, completamente avergonzada. Por un momento, se había odiado tanto por haber hecho desaparecer aquella seductora sonrisa; aunque, afortunadamente para ella, el stripper volvió a hacerla aparecer como si nada hubiese sucedido.
—Así es. Ya está todo listo —respondió el pelinegro terminando de acomodar los platillos en la barra de la cocina. —Espero que te guste Lili. —Sonrió nuevamente el chico, dejando embobada a la rubia, como si aquello comenzase a hacérsele costumbre.
¡María purísima! ¿Es que acaso no podía tener una sonrisa normal? De esas que no provocan. La rubia no entendía el por qué y tampoco quería pensar en ello, pero estaba disfrutando cada momento a su lado, olvidando lo que realmente era: una chica comprometida.
Ambos se sentaron en los banquillos en frente de la barra para empezar a saborear el delicioso desayuno. No es que Lili conociera mucho de comida japonesa, ¡pero vaya que estaba delicioso!
—¡Por Dios! ¡Esto está riquísimo! —exclamó la ojiazul saboreando cada bocado que se echaba a la boca haciendo sonreír aún más a Jin.
Le parecía tan bella. Y no sólo eso, pues le había demostrado ser una mujer con tanta alegría y sensibilidad. No obstante, un recuerdo de la noche anterior volvió a la cabeza del pelinegro. ¿Alegría? ¿Entonces por qué se había soltado a llorar diciendo que no quería volver a su casa? ¡Qué idiota se sentía! Jin se flageló internamente, odiándose por no haber respondido a la pregunta de la chica o haber insistido para volver al tema, pues de esa manera, hubiese podido saber más de ella, acercarse a ella. Después de todo, sabía que, aunque la chica le gustase, no podría ir más allá de una amistad; sin embargo, sentía que con eso se podía conformar con tal de tenerla cerca y de oír su melodiosa voz más seguido.
—Qué bueno que te guste. —Fue lo único que se le ocurrió decir.
—En realidad, nunca había probado nada de esto. Normalmente suelo comer comida francesa.
—¿Eres de Francia? —preguntó curioso.
—Mónaco —contestó ella, alegre y orgullosa.
—Ahora entiendo. —El chico sonrió de medio lado ante los gestos de la muchacha.
Ambos comían y degustaban el delicioso desayuno japonés hecho por ellos mismos. Lili tenía que aceptarlo; hacía ya un tiempo que no se sentía de esa manera, tan contenta.
«¿Contenta? ¡No! ¡No!», volvió a regañarse mentalmente.
No podía caer ante él nuevamente. «Mantén la cabeza consiente, Lili. Estás comprometida, ¿recuerdas?», repitió en su cabeza.
Tenía que salir de allí lo más pronto posible antes de que cometiera otra estupidez como la de anoche. Por ello, después de desayunar se dispuso a salir corriendo de allí, no sin antes hacer nuevamente un intento fallido por lavar los trastes, obteniendo como respuesta la misma que la noche anterior.
—Ahí déjalos, yo los lavaré. —Sonrió el stripper de manera ladina.
—¿Seguro?
—Sabes que sí. Anda, te llevo a tu casa —contestó él amablemente.
—¡No! —exclamó apresuradamente.
En definitiva, la acción del pelinegro le parecía preciosa, pero no podía volver a perder la cabeza por él. No entendía por qué se preocupaba tanto por ella, tal vez se sentía culpable con respecto a su virginidad o algo así. Quién sabe. De cualquier manera, Lili ya no podía darse la libertad de pasar tiempo con Jin, pues insistía en que era poco ético, aunque hasta ahora no lo hubiese demostrado del todo.
Por mucho que el chico le llamara la atención y le inspirara curiosidad, incluso a pesar de ser el hombre a quien extrañamente entregó su pureza, no debería hacerle saber quién era ella; él no debería saber que era una Rochefort y mucho menos saber dónde vivía. Desgraciadamente para ella, así era, debería olvidarse de aquel chico y, por ende, de aquellos momentos.
—Es decir —carraspeó un poco la chica, tratando de sonar demasiado apresurada—. Prefiero irme yo sola, ya te he causado muchas molestias. —Inmediatamente, la rubia dio media vuelta para abrir la puerta. ¡Vamos, tenía que salir de ahí! ¡Podía hacerlo!
—No, ¡no te vayas! —Inmediatamente, el pelinegro la tomó del brazo y la jaló hacia su cuerpo. Esta vez le había tocado a él tomar esa iniciativa, aunque claro, esta vez aún no perdía la cabeza y no pretendía darle algo más que un simple abrazo. Estaba esperanzado en no caer en la gula y la tentación de tenerla tan cerca.
Mientras, dentro de la cabeza de ella, comenzaba una batalla constante entre sus pensamientos y sus deseos. «Que te quede algo muy claro, Lili: ¡Jin está prohibido para ti!», se repetía una, dos y cientos de veces en su cabeza. Necesitó mucha fuerza de voluntad para apartarse y zafarse de aquel agradable agarre.
—Por favor, Jin, tengo que volver a casa. Tú mismo lo dijiste anoche, mi padre debe de estar preocupado —habló la monegasca con la mayor calma que le fue posible, pues por dentro, era un manojo de nervios que sólo buscaba hacerle saber lo mucho que quería quedarse con él.
—Es cierto, pero, ¿cuándo te volveré a ver? —preguntó esperanzado mientras la chica se quedaba pensando por un par de segundos antes de clavar sus ojos azules en los de color caramelo de él.
—Nunca. —Sin más qué decir, la rubia giró rápidamente aquella perilla para salir a paso apresurado dejando a Jin completamente inmóvil por su contestación.
Era algo que ya había esperado, sin embargo, ¿por qué le había sorprendido tanto? Por un momento pensó en ir detrás de ella, pero otra parte de él le decía que la dejara ir; y así lo hizo. De alguna manera, el chico sabía que tendría que olvidarla. Sólo se quedó allí de pie, mirando aquel pasillo por donde Lili se había retirado.
En tanto, la rubia tomó un taxi con prisa. Definitivamente, no contaría nada de lo ocurrido a su prometido; no obstante, sí que pensaba decírselo a Asuka, su mejor amiga, en busca de ayuda y refugio. Asuka era la única persona a la cuál podía confesarle absolutamente todo; y no es que Christie no fuera su amiga también, más bien ella bien sabía qué cosas contarle, pues la morena no siempre se tomaba las cosas con seriedad como debería. Sin pensarlo más, Lili se dirigió a la casa de su castaña amiga. No tardó más de treinta minutos en llegar, postrarse en frente de la puerta y tocar el timbre.
Afortunadamente para ella, Asuka abrió.
—¿Lili? —La chica la miró sorprendida mientras la rubia se abalanzaba sobre ella para abrazarla y fundirse en la calidez que su amiga le inspiraba y proporcionaba. —¿Dónde estabas? —preguntó nuevamente en manera de susurro a la vez que correspondía a aquel abrazo con cariño y alivio de verla sana y salva.
—¿Quién es, Asuka? —gritó Christie desde la cocina.
—Es la vecina —mintió para no tener que dar explicaciones, además, claramente podía notar en el semblante de Lili que la charla que se avecinaba era solo entre ellas dos—. No tardo, Chris. Saldré un momento —gritó la castaña para después volver a hablar en susurro a la ojiazul—. Vamos, salgamos un momento.
Ambas chicas se dirigieron a un parque a unas cuantas cuadras de su casa. Estaba claro que tenían que charlar muy seriamente.
—¿Dónde estabas, Lili? Hwoarang vino a buscarte en la mañana; desde entonces vi que no estabas y me preocupé —soltó la castaña con un gesto lleno de culpa mientras caminaban, una al lado de la otra—. Es que… ¡rayos! No recuerdo casi nada. ¡Por favor, perdóname! Soy la peor amiga del planeta. ¿Y si algo malo te hubiese sucedido? ¡Sería mi culpa! ¡Ay, no! —Se tapó la boca con ambas manos, deteniendo su paso.
Por su parte, Lili sonrió de manera débil y tomó las manos de Asuka, dándoles un ligero apretón para reconfortarla.
—No te preocupes, Suka, no me pasó nada malo y sé que no lo hiciste a propósito. No estabas en tus cinco sentidos, ninguna de nosotras lo estaba. Soy responsable de mis propias acciones —explicó la rubia con calma. Finalmente, soltó un suspiro resignado—. ¿Dijiste que Hwoarang vino a buscarme? —preguntó con desgano. No era algo que le hubiese alegrado escuchar y ya no podía dejar de preguntarse el por qué y qué diablos le pasaba. De cualquier manera, después de lo que había pasado anoche con Jin, estaba en un problema, un muy gran problema.
—¡Sí! Estaba histérico y también muy preocupado. —La castaña miró a su amiga, consternada—. ¿De verdad estás bien?
—Sí, estoy bien. Con más problemas que antes, pero bien —soltó una pequeña risa sarcástica antes de postrarse seria y acariciar con cariño las manos de su amiga, clavando su mirada en la de ella—. Lo siento mucho, Suka. Lo que pasa es que… —Tomo aire para tratar de explicar—. B-bueno, yo…
—Lili, sabes que puedes contarme lo que sea. Sé que algo no anda bien; no por nada soy tu amiga. —La animó Asuka mientras ambas volvían a caminar un poco para finalmente sentarse en una de las bancas de aquel parque.
—Bueno, es que, por si no lo recuerdas; no, no dormí con ustedes.
—¿Qué? ¿Hablas en serio? Entonces, ¿en dónde? —Asuka se quedó atónita. Realmente había estado tan ebria que le parecía un milagro haber llegado sin mayor problema a su departamento.
—Sí, es en serio. —Empezó a explicar—. Lo que pasó fue que… —Hizo una pequeña pausa, soltando un suspiro nervioso—. ¿Recuerdas al chico que contrataron para mi despedida de soltera?
—¿El stripper? ¡Sí, claro!, seguro que todas lo recordamos bastante bien —soltó a modo de broma, sin embargo, una idea vino pronto a su cabeza, dejándola sorprendida—. ¡Por Dios, Lili! No me digas que él y tú…
—Sí. —Interrumpió la rubia rápidamente—. Dormí con él, en su casa. —Continuó hablando, avergonzada.
—Pero, ¿cómo pasó eso? ¿En qué momento? ¡Ay, no me acuerdo de nada! —Asuka llevó sus manos hasta su cabeza mientras cerraba los ojos, tratando de rememorar la noche anterior.
—Bueno, en el club ustedes estaban sentadas y yo me acerqué a charlar con él; pero cuando volteé, ustedes ya no estaban. Es como si se hubieran esfumado en un abrir y cerrar de ojos; o al menos así lo sentí yo. La verdad es que yo tampoco estaba del todo sobria.
—¿De verdad hicimos eso? ¿Te dejamos? —preguntó su amiga, volviendo a sentir la culpa recorrer cada rincón de su sistema—. ¡Ay, Lili! ¡Por favor, perdóname! Te juro que no sabía lo que hacía, ni dónde estaba, ni qué estaba pasando.
—Sí, lo sé. De verdad, Asuka, no te preocupes. —Sonrió la joven Rochefort, ansiando que la castaña pudiera deshacerse de aquel sentimiento de culpa.
—No, pero es que… —Una vez más, intentó excusarse, al menos hasta que cayó en cuenta de algo. —Oye, ¿y tú qué hacías charlando con el stripper? —La miró, curiosa y con una mirada llena de picardía.
—P-pues, no lo sé. Sólo me dio curiosidad —tartamudeó, desviando la mirada.
—Ajá.
—¡Es verdad!
—Sí, bueno, si te dio "curiosidad" fue por algo, ¿no? ¿Luego qué pasó? —Atenta, Asuka apoyó sus codos sobre sus muslos y, a su vez, apoyó su cabeza sobre las palmas de sus manos, observando desde ese ángulo a su rubia amiga, como una niña escuchando un cuento.
—Él me ofreció llevarme a casa, pero yo me negué.
—¿Por qué hiciste tal cosa? —preguntó, sin entender.
—Asuka, no sabes el tormento que vivo día tras día sabiendo que me voy a casar. Simplemente, no quería volver a casa; volver a mi realidad.
—Entiendo, pero, si así es como te sientes, creo que realmente deberías hablar con Hwoarang. —La preocupación en el rostro de la castaña era notable, mientras que Lili claramente prefería evitar el tema.
—¡No! Ahora más que nunca me siento con menos valor para hacerlo. —Mordió su labio inferior con angustia.
—Lili, ¿qué fue lo que realmente pasó entre tú y aquel chico? —Esta vez, los ojos color café la castaña se abrieron de par en par.
—Caí en la enorme tentación. Y-yo… no sé cómo pasó, sólo sé dio; y lo peor de todo es que una parte de mí no se arrepiente de haberlo hecho. —En ese momento, la mente de Lili comenzó a divagar en todos aquellos cálidos recuerdos y vivencias de la noche anterior.
—¿Tentación? ¿Quieres decir que tuvieron…?
—Sí. —Interrumpió rápidamente la monegasca; aún apenada de aceptar que había tenido relaciones sexuales con un chico del cuál apenas si sabía su nombre y que, por alguna razón, le estaba costando horrores olvidarse de él, de su aroma, de su voz grave, de su tacto y de todo lo que le había hecho sentir, tanto en el interior como en el exterior.
—Pero… —Estaba claro que Asuka no daba crédito a lo que estaba escuchando—. Cuando dijiste dormir yo pensé en dormir, ¡dormir! —exclamó, enderezando su espalda para poder ver mejor a su amiga—. Además, dijiste que eras virgen, Lili —dijo preocupada, pues le parecía casi imposible que Lili Rochefort hubiese ido a perder su virginidad con un completo desconocido y que le hubiese sido infiel a su prometido.
—Sí, lo era; pero por favor, Asuka, no pienses mal de mí, es sólo que; no sé, sentí una enorme conexión entre los dos. Me sentí tan confiada y tranquila con él. Además, fue tan tierno, tan atento… ¡Ay, no sé!
—Pero Hwoarang siempre ha sido tierno y atento contigo también.
Por más que pensase en ello, Asuka no lograba entender aun cómo era que todo había ocurrido.
—¡Lo sé! Y físicamente siempre me ha parecido muy atractivo también; pero con él no me había sentido así. Con él nunca he sentido esa llama de la pasión y tampoco he perdido el control como me pasó con Jin. En ese momento ya no estaba ebria, o al menos no tan ebria; por eso lo recuerdo todo. ¡Y me encantó! ¡Y no puedo dejar de pensar en él! Y al mismo tiempo me siento como una maldita perra infiel, pero no puedo arrepentirme. Sólo odio la idea de hacerle daño a Hwoarang porque lo quiero mucho. —La voz de Lili se quebró ligeramente mientras entraba en desesperación.
La castaña, por su parte, observó con cariño a su amiga y la reconfortó con un cálido abrazo a la vez que le hablaba con una voz suave y dulce.
—Te gustó mucho aquel chico, ¿verdad? Creí notarlo desde que te quitaste la venda y lo viste por primera vez —dijo con una media sonrisa enternecida, como una madre que escuchaba a su pequeña hija gustar de alguien por primera vez.
Estaba de acuerdo en que lo que su amiga había hecho no estaba bien; sin embargo, también sabía que la felicidad que solía compartir con su novio había desaparecido como por arte de magia.
A Asuka nadie le quitaba de la cabeza que su amiga nunca estuvo real o enteramente enamorada de Hwoarang. Por muy guapo que fuera el pelirrojo, por muy atento y dulce que fuese con ella; nadie podía obligarse a sí mismo a amar a alguien, no obstante, quizás Lili fue presa de su mismo engaño y se convenció a sí misma de que debía amar a un hombre como él. Después de todo, ¿qué persona que ama de verdad deja de amar por un compromiso matrimonial? Ninguna.
La castaña decidió ayudarla, apoyarla y regañarla cuando fuese necesario; pues eran amigas, y las verdaderas amigas eso hacían; incluso aunque no hubiese medido el alcohol que consumió y la hubiese abandonado. Sería mucho más cuidadosa con ello. Había aprendido una lección y quería enmendar su error siendo una mejor amiga para la monegasca.
—Creo que me gusta más de lo que yo misma creí —confesó Lili, cabizbaja. —Pero Asuka, es estúpida la manera en que me dejé llevar. No tiene sentido.
—Sí, es verdad, tal vez no fue muy inteligente de tu parte teniendo en cuenta que pudo haberse tratado de un secuestrador o algo peor; y claro, yo fui una maldita al dejarte, pero ya está hecho —resopló, regañándose a sí misma y robándole una tenue sonrisa a su amiga—. ¿Luego qué más sucedió?
—En la mañana desperté y él no estaba. Me duché y me vestí, aunque aún me sentía rara por lo que había pasado. Es decir, la sensación fue muy agradable y me gustó, pero me cuesta aceptar que yo haya sido infiel y que haya preferido a un recién conocido antes que a Hwoarang. De cualquier manera, cuando decidí irme de su casa caí en cuenta de que había cerrado la puerta con llave.
—Entonces, ¿qué hiciste? ¿Escapaste? ¿Volvió? ¿A dónde fue? —La curiosidad de Asuka la llenó de preguntas que dibujaron una sonrisa divertida en su rostro.
—Me sorprendió. Fue algo tan dulce. —La mirada azul de Lili se empezaba a perder entre las flores y la vegetación de aquel lugar mientras sus pensamientos se desviaban recordando esa misma mañana, aquel desayuno, todo.
—¿Qué hizo? —preguntó curiosa la castaña al notar la acción de su compañera, a lo que ella sonrió.
—Fue a comprar cosas para hacer el desayuno. Él lo iba a hacer, pero no quise quedarme allí sin hacer nada, así que le ayudé.
—¿Enserio? ¡Wow! Eso sólo se ve en pocos chicos. —Sonrió la castaña, esperando que la dulzura del stripper fuese genuina.
—En realidad, fue muy atento y hospitalario conmigo todo el tiempo. No me sentí usada; por el contrario, me sentí deseada y protegida. Incluso me preguntó cuándo volveríamos a vernos. —La rubia sonrió para sí misma.
—Suena bastante lindo pero, ten mucho cuidado, Lili. —Su expresión cambió a una más seria.
Si bien, el chico parecía sacado de un mismísimo cuento de hadas, nada les garantizaba que aquella faceta no fuese más que una máscara y que después usara realmente a su amiga. Además, el stripper sabía que Lili era una chica comprometida y no había tenido problemas en preguntar por su próximo encuentro con la rubia. Asuka podía pensar en miles de posibilidades negativas con respecto al chico, después de todo, seguía siendo un desconocido.
—No te preocupes, Asuka. No lo volveré a ver.
Muy a su pesar. Aunque ella misma no se percatase de ello, su rostro no se mostraba nada feliz tras decir aquello.
—¿Nunca? ¿Estás segura?
—Completamente.
—Haces bien, creo que es la mejor decisión que podrías tomar respecto a eso. —Asuka se giró un poco hacia Lili, aun con seriedad—. Escucha amiga, de verdad creo que deberías hablar con Hwoarang de todo esto. No es justo para él que lo ilusiones de esa manera mientras tú ya tienes los ojos puestos en alguien más. Y tampoco es justo que estés con él si dudas que lo amas y si no quieres casarte.
—Por supuesto que jamás voy a estar con Jin. Lo que pasó con él no significa nada. Ni si quiera sé si yo le guste de verdad; recuerda que eso es parte de su trabajo, Asuka.
—En eso tienes razón; pero aún insisto en que hables con él, independientemente de lo que pase o no pase con el stripper e independientemente de cómo te sientas con respecto a él. Hwoarang tiene derecho a saber la verdad, y tú no tienes derecho a herirlo de ninguna manera —defendió al pelirrojo.
Tal y como había pensado antes, Asuka estaba dispuesta a remarcar los errores de su amiga para ayudarla.
—Sí, tienes razón. —La rubia agachó la cabeza. —No sé, tal vez sólo estoy confundida. Tengo que pensar muy bien las cosas.
—Yo sólo estoy aquí para ayudarte y aconsejarte, la decisión de lo que harás queda enteramente en ti —habló la castaña en un tono de voz más suave y tranquilo, tomando las manos de su mejor amiga y sonriéndole—. Sabes que estaré contigo en todo momento.
Acto seguido, las dos amigas se dieron un gran y fuerte abrazo. Aún había muchas cosas que arreglar, pero poco a poco la rubia iría pensando las cosas para después actuar. De momento, ambas tenían que volver al departamento de Asuka, pues de lo contrario, Christie podría empezar a sospechar o especular cosas y eso no era algo que buscaran.
Las semanas pasaron bastante lentas para la joven Rochefort. Una, dos, tres semanas pasaron y no podía dejar de pensar en el pelinegro.
¿Qué le había hecho? ¿Le había lanzado una especie de hechizo? En tres semanas no había hecho más que luchar contra su voluntad para no ir directo a buscarlo. Sabía dónde trabajaba, sabía dónde vivía; sin embargo, ella misma se había prometido no volverlo a ver, además, podría interpretarse bastante mal el hecho de ir tras del chico.
«¿Qué hare?, ¿qué haré?», se repetía vez tras vez. No aprobaba el hecho de ir a buscarlo, pero de alguna manera sentía como si realmente lo extrañase. ¿Lo extrañaba de verdad? Esas semanas no habían sido más que una terrible agonía pensando en un chico que no era su prometido y precisamente tratando de evadir a su futuro marido. Ni si quiera se había puesto a pensar si el pelirrojo lo había notado o no; ella sólo quería estar con un solo hombre en específico en ese momento.
—Sé que me odiaré por esto —se dijo a sí misma mientras se encontraba sentada en el borde de su cama para después levantarse y salir de su lujosa mansión a paso apresurado.
Hizo caso omiso a las preguntas de las amas de casa; incluso, a Sebastián sólo le mencionó que le daría el día libre. No podía llevar a nadie más consigo, nadie podía saberlo.
Así, tomó un taxi que la llevó a aquel club. Por un segundo le extrañó que siendo tan temprano estuviese abierto, más no le importó, ella solo necesitaba hablar con él. Se adentró en el lugar notando la escasa gente por la hora, así como los chicos y chicas que trabajaban allí. Sus ojos recorrieron cada centímetro del lugar, pero no, no había ni rastro de la persona que ella buscaba, por ello, pensó en ir a su departamento, no sin antes preguntar a uno de los empleados.
—Disculpe, ¿está Jin por aquí? —preguntó con elegancia y amabilidad.
—¿Jin? —El chico hizo un gesto de disgusto que cambió drásticamente tras recorrer la silueta de la joven de arriba abajo—. No, pero, yo puedo hacer un trabajo mucho mejor que él —contestó el chico insinuativa y descaradamente, causando cierta repulsión en la chica.
—¿Lili? —Oyó detrás de ella esa voz masculina que tanto había extrañado. Su obvia reacción fue voltear a admirar ese rostro y cuerpo perfectos que no había conseguido quitar de su cabeza. —Vámonos de aquí. —Se dirigió a ella, tomando sutilmente su brazo para alejarla de aquel chico.
Ambos strippers parecieron mirarse con ira, demostrando la clara fricción que había entre ellos.
—¿Quién es? —preguntó ella, sin haber pasado desapercibida aquella chispa de odio mutuo entre ellos.
—Se llama Zizou. Es la única persona con la que no tengo una buena relación aquí.
—Entiendo por qué, no parece muy agradable —respondió Lili, dejando de observar al tal Zizou y sintiendo aun la mirada de él sobre Jin y ella.
—No, no lo es —habló el pelinegro, sin saber aun cómo reaccionar a la inesperada visita de la monegasca. —¿Qué haces aquí, Lili? Creí que habías dicho que jamás nos volveríamos a ver —recalcó.
Claro que verla nuevamente le causaba una serie de emociones que le costaba trabajo describir; pues al igual que ella, no había podido quitársela de la cabeza ni por un solo segundo. Le había costado trabajo aceptar que no sabría nada más de Lili y, sin embargo, ahora allí estaba, frente a él, con una mirada que se reflejaba tan ansiosa como la de él.
—Sí, lo dije, pero necesitaba hablar contigo —contestó ella, agachando la cabeza.
Nuevamente ella se preguntó qué demonios hacía allí mientras realmente debería de estar con los dichosos planes de su boda. ¿Por qué el chico había influido tanto en ella? Era verdad que no lo conocía más allá de aquella noche y aquella mañana que compartieron juntos; pero eso tenía solución.
No supo en qué momento había tomado esa decisión, pero Lili se había propuesto descubrir más de él. Jin tenía ese algo que le causaba curiosidad y tranquilidad al mismo tiempo. Se había aferrado a saber más de él, al menos para verlo, charlar y estar cerca suyo. Por un momento, su futuro matrimonio pareció haber quedado en segundo plano, incluso a pesar de saber que estar cerca de Jin podría llevarle consecuencias como las de aquella noche.
No importaba. ¡Tomaría el riesgo!
Fin.
Jajá, ok no, fin del capítulo. xD La verdad es que aún queda bastante que desglosar en esta historia. Me pareció un capítulo medio corto y sin chiste —mentira, ya editado es igual de largo que los demás, jaja— pero era necesario. D: Lili duda de sus sentimientos, aunque eso no es nada nuevo. xD ¿De qué quiere hablar Lili? ¿Por qué no se lo podía quitar de la cabeza? Bueno, pues todo eso se verá en el capítulo siguiente. :D
Nuevamente pido disculpas si me tardo en actualizar, pues como he dicho desde el inicio del fic, tengo otro que escribir y debo alternar capítulos.
Muchas gracias a:
X0cuppeyCakey0X: ¡Gracias por tu R&R! 3 Me da gusto que sigas este ridículo fic, jajá. Qué bueno que creas que hice bien el lemmon. :$ Y una cosa, no es necesario que uses un traductor en tus reviews, linda, escríbelos en inglés si se te dificulta menos, yo bien los podré entender y será para tu comodidad. :D Un beso. 3
Y Dios bendiga a todos los que se toman su tiempo para leer y seguir esta historia. Muchos saludos a todos y espero se animen a dejar sus comentarios, que todos son bien recibidos. :D
Espero actualizar aproximadamente en 2 semanas que, como ya dije, no dejaré a medias ninguno de mis fics. :D
Espero sus bellísimos reviews. 3
Un beso y nuevamente que Dios los bendiga. :3
Venuz.
