Wiii, actualicé pronto. xD No sé qué me ha dado últimamente por obsesionarme con esta pareja. D: Los amo juntos, eso es todo. v.v xD

Miles de gracias a todas las personas que siguen esta disparatada historia, añaden a favoritos y, por supuesto, a quienes me dejan su hermoso review; hacen que me vuelva loca de felicidad. :D De verdad, su opinión siempre me viene más que bien. n.n

En cuanto a la historia, espero que continúe siendo de su agrado y les guste el camino que lleva. La trama ya esta bien planeada, no crean que la voy inventado, xD tal vez una que otra cosilla sí, pero nada más.

He de agradecer el review de ValliereSe7en, quien desconozco si posee cuenta de Fanfiction, pero por lo mientras contestaré por aquí. :P De verdad, mil gracias por tu tiempo, más aún, sabiendo que esta pareja no es del todo de tu fanatismo. Me halaga muchísimo que la historia te haya atrapado. Sentí hermoso que a alguien fuera del fandom JinxLili le haya más que gustado el fic. ¡Muchas gracias, de verdad! Un abrazo y bendiciones para ti.

Ya no los entretengo más con mi cháchara banal n.n y los dejo que disfruten de esta historia.

Venuz.


Stripper Boy!

Capítulo 6: ¿Nueva clientela?

Ambos se perdían entre aquel dulce y cálido beso, haciendo caso omiso de aquellos quienes los observaban; algunos con desaprobación y algunos otros con ternura. Simplemente, no les importaba. Ellos compartían un mismo sentir y eso era más que suficiente. Ambos comenzaron a sentir la falta de aire, alejando sus labios poco a poco para después; pegando sus frentes, sonreírle el uno al otro.

—Gracias —susurró el pelinegro.

—¿Gracias?, ¿por qué? —susurró de igual manera la chica ojiazul, sin embargo, ella se mostraba levemente confusa ante el agradecimiento.

¿Es que acaso había visto aquél beso como un favor? ¿O de qué demonios hablaba? No cabía duda de que, con sólo haberlo besado, se había perdido completamente del mundo terrenal, tanto como para no entender a lo que el chico se refería.

—Por escuchar, por apoyarme y por empezar a darle un verdadero sentido a mi vida —dijo Jin, levemente avergonzado.

Nunca había dicho tales palabras; incluso, a veces se preguntaba cómo trataría a una mujer que realmente llegara a amar. Solía aterrarle un poco pensar en ello, ya que temía perderla aún sin saber quien fuese. Después de todo, las únicas mujeres con las que había tenido trato continuo eran sus clientas, quiénes sólo le buscaban para tener un poco de diversión, y sus compañeras de trabajo, con quiénes más bien había entablado mera amistad. Pensar en Lili como algo más que todo eso era algo totalmente nuevo en su vida, y en realidad, no deseaba arruinarlo, menos aún, si se trataba de ella.

—No tienes nada de qué agradecer. Es algo que nace de mi corazón porque, a fin de cuentas, ahora mi vida empieza a girar en torno a ti —respondió la rubia con una tierna sonrisa, esta vez, sin importarle cuán ridículo pudiera oírse dado el tiempo de conocer al muchacho; pues lo sentía en realidad—. Es más, se me acaba de ocurrir una estupenda idea. —Lili sonrió como una niña emocionada y enérgica, tomando las manos del muchacho—. ¿Por qué no me acompañas? Creo saber quién podrá ayudarnos a encontrar a la persona que le hizo daño a tu madre.

—¿De verdad? —cuestionaba Jin, sorprendido. «Ojalá alguien me hubiese dicho lo mismo hace quince años», pensó.

—¡Sí! Te dije que quería ayudarte y apoyarte; no era ninguna tomada de pelo —dijo la ojiazul, extrañada ante la reacción de su acompañante.

—Lo sé, es sólo que…

—¿Qué? —interrumpió ella, aún sin comprender dicha reacción. ¿No se suponía que debería estar ansioso por encontrar al asesino de su madre? Había actuado como si aquello no le convenciese, o al menos, no demasiado.

—Lili, eso pasó hace quince años. Se investigó al respecto, pero… —El chico hizo una pequeña pausa.

—¿Pero…?

—Dijeron que mi madre se había suicidado; aunque yo no lo creo, ella no tenía ningún motivo para hacerlo. Sin embargo, sólo era un niño en aquel tiempo, fue lo que me quisieron hacer creer y en su momento lo creí. Aun así, después de todos los años que han pasado, no sé si podamos hacer algo.

—Entonces hay que descubrirlo. ¡Déjame ayudarte a investigar lo que realmente ocurrió! —La chica se comenzaba a sentir ansiosa. Entendía que, probablemente, Jin había perdido cualquier esperanza ante todo en la vida; no obstante, ahora ella le estaba dando una opción, una oportunidad. No creía que el stripper se hubiese atrevido a mentirle sobre eso y que ahora estuviese evadiendo aquella posible solución, más bien, el pelinegro necesitaba un pequeño empujón para animarse a hacerlo.

—¿Y crees que yo no lo he hecho por mi cuenta? En cuanto tuve la edad y el dinero acudí a cuánto lugar pude para que me ayudaran, y lo único que todos me decían era que ese caso se había cerrado desde hace ya varios años —explicaba el muchacho con tranquilidad, ya que tampoco buscaba mostrarse exaltado ni mucho menos que Lili se llegase a enfadar por ocupar un tono de voz que en realidad no iría dirigido a ella, sino más bien, a su frustración con aquellas personas a las que acudió por ayuda. Sencillamente, quería hacerle ver que no había nada más qué hacer.

—Jin. —Lili suspiró, buscando las palabras correctas a la vez que miraba los bellos ojos del pelinegro, notando que éstos no parecían mostrar mentira alguna. Postró sus suaves y pálidas manos sobre el rostro del chico—. Entiendo que lo has intentado y no has obtenido éxito alguno, pero ahora me tienes a mí para ayudarte, y bien dicen que dos son mejor que uno. Así que no tendré vergüenza en decirlo de nuevo. Por favor, Jin, déjame ayudarte. —Sonrió la rubia, transmitiéndole esos ánimos al chico que estaba enfrente suyo, observándola.

El muchacho, aún con sus orbes caramelo postradas en el pálido rostro de la monegasca, lo pensó por un pequeño momento. Probablemente, ella tenía razón. Ahora la tenía a ella a su lado, apoyándolo. Quizás esta vez podría ser diferente.

Sin pensarlo más, el stripper soltó un suspiro agradecido.

—¿Quién dices que es esa persona que nos puede ayudar? —Arqueó levemente sus labios, demostrando una media sonrisa al ver que Emilie sonreía aún más, de manera triunfante.

—Es uno de los contactos de mi padre. Se llama Lee Chaolan, es un detective.

—¿Lee Chaolan? —Se detuvo a pensar un momento el chico—. No me suena.

—¿Lo ves? Probablemente no lo conozcas y no hayas obtenido ayuda de él. ¿Qué te parece si vamos a buscarlo ahora mismo? —preguntaba Lili, emocionada de poder ayudar al chico que la tenía enloquecida desde el primer momento en que lo vio.

—¿Ahora mismo? ¡Claro! Créeme que desearía mucho que la investigación empezara, pero debo volver al trabajo porque…

—Estoy segura de que el señor Marshall lo entenderá —interrumpió ella, aún animada y conociendo bien lo que pasaba por la cabeza del stripper en ese momento dado a las cosas que anteriormente le había contado.

—Sí, yo también creo que lo entendería, pero por favor entiende, Lili, le debo mucho y no quiero fallarle. Creo que es mejor que le pida permiso con anticipación si se trata de algo así, porque estoy seguro que con sólo pedirle ayuda a ese Lee Chaolan llevará su tiempo. No quiero andar a las prisas, no con esto —respondió con seriedad el japonés, haciendo entender a Lili sus motivos.

—Bueno, tienes razón y lo entiendo. —Ella sonrió con dulzura—. ¿Crees que mañana podamos ir? ¿O necesitas algunos días más? —preguntó una vez más, esperanzada.

—Claro que sí, Lili. —Jin correspondió de inmediato a su sonrisa, agradecido por su apoyo y comprensión—. Yo creo que mañana se podría, eso me da suficiente tiempo para decirle. Pediré la tarde libre desde hoy, ¿te parece? —planeó el chico, admirando con ternura aquel brillo en los ojos color cielo de Emilie que tanto le gustaba, pues la hacían ver tan inocente, tan pura.

—Mañana te veré entonces. —La rubia casi gritó a causa de la emoción, abalanzándose hacia su cuello y sorprendiéndolo en el acto.

Mientras que él, aún con miedo, la tomó por su delgada cintura. Sabía que eso no estaba bien. Sabía que Lili aún estaba comprometida, pero es que era tan vulnerable a ella. ¡No podía evitarlo! Ella lograba que su corazón se saliera de control e hiciera de las suyas.

—Solo hay dos pequeñas cosas que quisiera pedirte. —El semblante de Emilie había cambiado radicalmente, ahora se mostraba cabizbaja y sonrojada.

—Dime.

—¿Podrías darme tu teléfono por favor? —Volteó a verlo con una apenada sonrisa y ese tono carmesí, esta vez aún más notorio, en sus mejillas.

Jin se soltó a reír. No cabía duda de que la chica aún poseía un pequeño extracto de niñez dentro de ella; sin embargo, a él le fascinaba.

—Ya sabes, es para no tener que irte a buscar siempre a tu trabajo —comentaba avergonzada la señorita Rochefort; y es que, ¿cuándo se le veía a ella pidiéndole el número de teléfono a un chico? ¡Nunca! Por el contrario, Lili solía ser el tipo de chica que se daba mucho a desear, pero Jin… él le provocaba que hiciera cosas que jamás antes había hecho.

—Sabes que sí. Es un honor para mí que tú me lo pidas. —Le sonrió, fascinado ante los actos de su acompañante—. Pero antes dime, ¿qué más querías pedirme?

—P-pues sólo… —tartamudeó con inseguridad—. ¡Ay, Dios! ¡No, olvídalo! No es buena idea —mencionó, esta vez con la cara completamente roja de nervios.

—Lili, tranquilízate. Tú vas a ayudarme y lo menos que puedo hacer es hacerte un favor —dijo Jin mientras acariciaba su cintura, dejándola pensar y tranquilizarse por un rápido segundo.

—Bueno, es que yo quería hacer algo especial en tu casa y quería ver la posibilidad de que yo pudiera entrar ahí por la mañana mientras tú trabajas —soltó de golpe y sin pausa alguna, mostrando todo el nerviosismo que se había acumulado en su interior a la vez que se apartaba de las manos del japonés y dirigía su vista al suelo. Jin sólo la observó y pensó en lo que la ojiazul le había dicho—. Lo sé, debes de pensar que soy una igualada o quizás una ladrona. ¡Ay, no! ¡Sabía que no lo debí de haber comentado! —La joven mordió ligeramente su labio inferior, sintiéndose un tanto tonta al ser víctima de sus propios pensamientos.

—Lili…

—¿Cómo es que se me ocurrió? —interrumpió ella, sin haberlo escuchado realmente.

—Lili… —Por segunda vez, el stripper trató de llamar su atención, sin éxito.

—¡Lo lamento tanto!

—¡Lili! —La silenció el chico, soltando una pequeña risa y tomando con delicadeza el rostro de ella para mirarla directo a los ojos, logrando obtener así, su atención—. No es ninguna locura, después de todo ya conoces mi hogar y has estado ahí. Y desde luego que no pienso que eres una igualada o una ladrona. Confío en ti, así como tú has confiado en mí desde aquella noche —dijo el pelinegro, tranquilizándola y haciendo énfasis en que confiaba en ella, usando aquellas mismas palabras que ella le dijo para convencerlo de aceptar su ayuda.

Después de todo, aquello era verdad. A pesar de que, a ojos de muchos, ambos sólo estaban cometiendo un error y una niñería confiando y enamorándose el uno del otro tan deprisa. Él confiaba en Emilie y no temía que ella entrase en su casa aún en su ausencia. Además, ¿qué ladrón pide permiso para entrar? Definitivamente, ninguno… o casi ninguno.

—Mira, a un lado de la puerta hay una pequeña lámpara en forma de bola, te dejaré dentro las llaves antes de irme. Cuando llegues sólo desenróscala, estará apagada por ser de día así que dudo que alguien las vea en su interior —explicó Jin con tranquilidad, haciendo que Lili se sintiera mejor.

—¿Estás seguro de que no te incomoda? —preguntaba, aún apenada.

—Sí, estoy seguro. Sólo ten cuidado cuando vayas, ¿de acuerdo? La zona de ahí suele ser tranquila, pero nunca está por demás ir con cautela —aconsejó el stripper sin perder de vista a la chica rubia enfrente suyo—. ¡Oh! Y antes de que se me olvide, toma esto. —El chico metió su mano en uno de sus bolsillos, sacando lo que parecían ser unos billetes y tendiéndoselos a Lili.

—¿P-por qué me das dinero? —preguntó Emilie, muy extrañada ante tal acción y decidiendo no tomar dichos billetes.

—Lo mismo me pregunté yo cuando dejaste esto en mi recámara —dijo el chico aun estirando su mano con aquel dinero, esperando a que ella lo tomara; sin embargo, ella sólo sonrió apenada a la vez que agachaba su rostro—. Ahora que ya sabes la verdad, entiendes que no fue lo que creíste en ese momento. Es tuyo, tómalo. —Lili le tomó la palabra, y lentamente y sin estar del todo convencida de querer tomarlo, lo hizo. Era cierto que ahora ella entendía que la noche que ambos compartieron no se dio por obligación, sino más bien, por pasión; sin embargo, aun sentía un poco de vergüenza por su forma de reaccionar tras lo que había pasado entre ellos.

—Lo lamento —dijo cabizbaja y en un tono de voz sumamente bajo.

—Tranquila. Ahora lo sabes todo y con eso me basta. —Jin le regaló una linda y cálida sonrisa para reconfortarla, cosa que tuvo éxito, ya que la sonrisa de ella regresó a su pálido rostro para corresponderle con cariño; no obstante, su gesto cambió sin previo aviso al recordar que el japonés debía volver a su trabajo. Emilie tomó rápidamente su celular para sacarse de dudas sobre la hora que era y, por supuesto, para anotar y guardar el teléfono que aún no le proporcionaba el muchacho.

—Ya es tarde y debes volver al trabajo, ¿no es así? —interrogó dulcemente la linda Rochefort, a lo que Jin asintió—. Y, ¿me lo darás? —Sonrió en forma traviesa a la vez que le mostraba su celular al chico, provocándole una ligera risa.

—Sabes que sí. Anótalo, es 678 664 3832 —dictaba él a la vez que la observaba marcar dichas teclas en su respectivo móvil.

Al terminar, la ojiazul no hizo más que sonreír triunfante. Se sentía como una completa adolescente cuándo se da cuenta de que tendrá una cita con el chico que le gusta. Con ganas de gritar y saltar. Era ridículo de alguna manera, más aún teniendo en cuenta el hecho de que ella no era ninguna adolescente y de que no tendrían precisamente una cita a día siguiente. Pero, ¿y qué? ¡Así se sentía! ¡Estaba feliz! Y lo mejor es que le gustaba esa sensación.

—¿Quieres que te lleve a tu casa antes de volver al trabajo? —preguntó el chico de ojos caramelo de manera amable, quizás como un último pretexto para poder pasar unos momentos más con ella antes de volver a su pequeño infierno.

—Pero se te hará tarde —dudó Lili.

—Para ti tengo mucho más tiempo. —Le sonrió Jin, aunque simplemente obtuvo como respuesta unas mejillas tremendamente coloradas en tonos carmesí por parte de la chica.

—No te preocupes, Jin, estaré bien; además, no quiero que por llegar tarde te nieguen permiso de salir temprano mañana. Recuerda que mañana será un día muy especial.

Una vez más y con ese rostro tan angelical que sólo a ella la caracterizaba, miró a los ojos al chico y postró con nervios sus brazos alrededor de su cuello. No es que no lo hubiese hecho antes, por el contrario, ya habían sido demasiadas veces teniendo en cuenta las ocasiones en que se habían visto, pero es que las facciones del rostro de Jin la atrapaban, logrando que siempre se le quedara mirando cuál niña boba.

El pelinegro, por su parte, también la observaba. La manera en que el soplido del viento ondeaba su sedoso cabello era electrizante, petrificante y, por supuesto, aquel aroma a fresas lo enloquecía. Ansiaba besarla una vez más, a pesar de que habían pasado tan solo unos minutos desde la última vez que lo hizo. Era como si Lili ya fuese una completa adicción en su vida. No obstante, sin perder el control, Jin depositó un tenue beso en los rosados labios de la chica, dejándolo únicamente como eso, un tenue y dulce beso de despedida.

—Entonces te veré en el departamento después de trabajar ¿De acuerdo?

—¡Ahí estaré! —Sonreía dulcemente la monegasca, aún sin apartar sus brazos del cuello del chico ni su mirada de su rostro.

—Ten mucho cuidado, por favor —pidió el pelinegro mientras Lili se empezaba a apartar de él. Lo último que hizo Jin fue acariciar su rubio y fino cabello, apartando a su vez un mechón de éste y acariciando suavemente su rostro.

—Descuida, como ya te dije, no va a pasarme nada. —De igual manera, Emilie acarició la masculina mano de Jin, que a su vez acariciaba su mejilla. Ambos, bajaron sus manos poco a poco—. Hasta mañana —Se despidió contenta, cosa que su sonrisa delataba.

—Hasta mañana —Se despidió el chico de igual manera mientras la observaba.

La muchacha, aún con una enorme sonrisa en su pálido rostro, dio media vuelta dispuesta a irse rumbo a su hogar. Dio un par de pasos cuando, de pronto, una guerra momentánea de decisiones en su mente la hizo detenerse.

—¿Jin? —pronunció su nombre mientras ésta aún le daba la espalda.

La pequeña guerra de decisiones que hace unos microsegundos había tenido, había dado fin. Ésta, no sería la primera vez que le importaría bien poco lo que los demás pensasen. ¡Tenía que decirlo!

Su cuerpo giró algunos grados al igual que su cabeza para visualizar mejor al mencionado.

—Te quiero. —Le dijo ella firme y alegremente.

Una cálida y esperanzada sonrisa se formó en el rostro del stripper. Deseaba tanto poder tener algo más serio con Lili y anhelaba tanto que ella pudiese ser su primera y única novia. Poder compartir más momentos a su lado sin necesidad de un escondite. Pero no, eso no sería posible. Ni si quiera tenía idea de lo que sucedería entre ambos cuando su matrimonio se hiciera oficial. Sencillamente, sabía que ese affair entre ambos no era precisamente bueno, moralmente hablando, y tampoco pretendía vivir así el resto de su vida. Sin embargo, había algo que sí tenía muy claro; esa extraña pero placentera sensación y necesidad de estar cerca de Lili y de cuidarla, así como esos nuevos sentimientos que su mente, su cuerpo y su corazón comenzaban a experimentar y, más aún, ahora que ella le había dado cierta esperanza con toda su conversación del día.

¡No! Él no quería ser un amante para Emilie, él quería ser mucho más que eso. Desde luego que lamentaba terriblemente lo que vivía su prometido sin darse cuenta de ello, pero, ¿y qué iba a ser de él? Su maldita vida había sido tan miserable, y ahora que llegaba alguien especial y diferente a su vida, ¿tenía que dejarla ir?

«Ni que fuera un cabeza hueca», pensó. Él nunca había sido una mala persona y tenía derecho también a encontrar la felicidad; sin embargo, su interrogante era: ¿ser feliz a costa de la felicidad de alguien más? «¡Mierda!». Tantas cosas rondaban por su cabeza; no obstante, volvió en sí cuando sus ojos notaron nuevamente el resplandor y brillo que despedía Lili justo en frente suyo, y más aún, con esa tierna sonrisa. Era increíble la cantidad de estupideces que podían pasar por la cabeza de alguien en tan sólo un segundo.

—Yo también te quiero, Lili. —Se sinceró el pelinegro, devolviéndole aquel gesto.

Definitivamente tenía mucho en que pensar. Lo que sea que comenzara a sentir por ella era fuerte, pero tampoco deseaba arruinar lo que, tal vez podría llegar a ser, un matrimonio feliz; o al menos si es que eso aún era posible, pues a sus ojos, aquel matrimonio ya estaba más que arruinado.

La monegasca soltó una pequeña risa avergonzada, indicando claramente que lo que acababa de oír había sido más que satisfactorio. Emilie regresó su cuerpo a la posición anterior de dicha confesión y, a paso lento, se fue alejando de allí mientras que Jin la observaba a lo lejos hasta perderla de vista. ¡Por los mil demonios! Se acababa de ir y ya comenzaba a extrañarla.

El pelinegro suspiró con bastante fuerza.

—Lili. —Repitió su nombre para sí mismo, casi como si de un susurro se tratase, y después sonrió—. ¡Mi trabajo! —exclamó, saliendo de su ensimismamiento tras notar la hora que era gracias al reloj que yacía en su muñeca para después correr en dirección opuesta a la de la rubia.

La noche empezaba a hacer acto de presencia; una noche fría pero aparentemente tranquila se aproximaba. Lili sólo esperaba dentro del taxi a que éste llegase a su destino. Era extraño, ya que la joven Rochefort odiaba subirse a transportes públicos, especialmente al estar tan acostumbrada a ser pasajera de los autos lujosos de su padre; sin embargo, estas últimas veces ya no le importaba, ya que se había convertido en su medio de transporte del diario y, por suerte, ahora era amiga y hasta confidente o algo así del taxista al que solía llamar para no arriesgar su pellejo con algún otro taxista que resultase ser un pervertido o algo peor.

¿Qué más daba? Así, su secreto y su cuerpo estaban seguros, y eso era lo que importaba.

—¡Ya estoy harto de todo eso! Es decir, ¿qué pasó con la linda mujer con la que me casé? ¡Ahora está loca, desquiciada! —Se quejaba el taxista desde el asiento del conductor, un señor regordete, grande y bigotón, pero en realidad, bastante simpático.

—¿Por qué no sólo habla con ella? Tal vez puedan recuperar su matrimonio, además, deben de pensar en sus hijos también —aconsejaba la ojiazul desde el asiento trasero, algo cansada de oír el mismo sermón de siempre por parte de aquel señor.

—¡Ojalá fuera tan fácil señorita! Usted no tiene idea de cómo es ella, ¡mi Betty es incontrolable!

—Bueno, tal vez ella necesita un… —La melodiosa voz de Emilie fue interrumpida por el sonido de una llamada entrante a su teléfono celular. «¡Salvada por la campana!», pensó la chica con alivio al mismo tiempo que se preguntaba quién podría ser—. Un momento, por favor. —Le dijo la rubia al taxista amablemente. Por un segundo, pensó que podría ser Jin, pero era imposible, ya que él no le había pedido el número de su celular, lo que significaba que ni si quiera lo tenía. Quiso sacarse de dudas y observó la parpadeante pantalla de su móvil. Suspiró aún más aliviada al leer de quién se trataba—. ¿Asuka? —preguntó Lili bastante feliz al contestar dicho aparato.

—¡Lili! ¡Ay, por Dios! ¡Al fin pude comunicarme contigo! —dijo su amiga desde el otro lado de la línea con un tono de voz entre agitado y preocupado; sin embargo, Lili no le dio importancia a eso y, en su lugar, soltó una risa divertida y burlona.

—¿Qué pasa, Suka? —preguntó la rubia un tanto indiferente ante la actitud de su castaña amiga.

—¡Lili! ¡Hwoarang no ha hecho más que molestarme! Se la pasa llamando a mi casa, a mi celular o simplemente viene al departamento preguntando por ti. Le he dicho tantas excusas y pretextos que ya no se me ocurre qué más inventar. ¿Dónde has estado Emilie? —interrogó Asuka, levemente enojada y fastidiada ante dicha situación; y más aún, sin saber que rayos hacía su amiga que últimamente se le daba por desaparecer.

—¿De verdad? ¡Santo cielo! Suka, lo lamento tanto, es sólo que… hay tanto que contarte. —contestó contenta la monegasca, soltando un enorme suspiro ilusionado que hacía obvio conocer su estado emocional.

—Te oyes muy feliz. ¿Qué ha estado pasando, Lili? —preguntó una vez más la castaña, esta vez, en un tono bastante insinuativo y mucho más relajado, pues creía entender de qué hablaba la ojiazul.

—Ahora no puedo decírtelo, pero llegaré a mi casa en unos cinco minutos. Hasta entonces, me encerraré en mi habitación, te llamaré y tendremos una larga charla de chicas —contestó Lili con cierta emoción.

—Muy bien, esperaré tu llamada entonces. Y por favor, Lili, por lo que más quieras, ¡haz algo para que Hwoarang controle sus malditos celos compulsivos hacia ti! ¡Es bastante molesto! —Asuka se quejó una vez más, haciendo reír a su rubia amiga.

—Tranquila, ya se me ocurrirá algo qué hacer al respecto. En un momento te llamaré. ¡Besos! —Se despidió la ojiazul para después colgar, dejando a Asuka muy intrigada.

«¿Qué te traes entre manos Lili?», se preguntó la castaña.

Unos pocos minutos después, la adinerada chica llegó a la enorme mansión de los Rochefort, en sí, su hogar. Soltó un suspiro, bastante aliviada de no tener que oír más los problemas de aquel conductor del taxi. ¡Ya tenía bastante con sus propios problemas! Además de que no tenía ni la más mínima idea de cómo darles una solución, ¡mucho menos se los iba a resolver al taxista!

Aún así, Lili continuó siendo amable con aquel hombre, por lo que pagó su respectivo servicio y se dispuso a entrar en aquel lugar. Abrió la puerta lentamente con temor a algún tipo de interrogatorio si es que su padre ya estaba en casa, pero para su sorpresa, justo en frente de ella encontró algo mucho peor. Aquel chico pelirrojo que se hacía llamar su prometido caminaba de un lado a otro con bastante preocupación, bastante cerca a la entrada del lugar. No dudó en voltear su rostro para ver quién abría la puerta, aproximándose a ella de manera apresurada.

—¡Lili! ¿Estás bien? ¿Te pasó algo? ¿No estás herida? —La interrogó su preocupado novio mientras éste revisaba que ella se encontrara en perfecto estado.

—Hwo, estoy bien —respondió la muchacha con tranquilidad a la vez que procuraba que su prometido no se le acercara mucho; pues estaba casi segura de que el delicioso aroma de Jin podría estar impregnado en su ropa.

—¿Dónde estabas? ¡Me tenías con el alma en un hilo y además te extraño, linda! Casi no hemos podido vernos las últimas semanas —decía su futuro marido con ternura y algo de tristeza.

—Lo sé, pero, Fosforito… —pronunció con dificultad aquel apodo—. Vengo un poco cansada y en realidad quisiera darme una ducha, ¿podrías esperar aquí un momento? Después podremos hablar todo lo que quieras —propuso la monegasca a pesar de saber la bomba de preguntas que le esperaba por parte de su pelirrojo novio.

Por otro lado, la ducha no era más que un pretexto. No era que quisiera quitarse aquel aroma tan masculino y seductor de la loción de Jin, sino que más bien, era por mera necesidad de que Hwoarang no lo notara.

—De acuerdo, estaré aquí esperándote, princesa; pero por favor, no tardes. En verdad necesitamos hablar —dijo el chico pelirrojo de forma dulce a su novia, a lo que ella sólo asintió con una sonrisa forzada y muy bien actuada. Estaba más que desesperado por estar con ella, volver a abrazarla y besarla. La sentía tan lejos. Algo estaba sucediendo, y a pesar de su confianza hacia ella, temía perderla. Y ahora más que nunca sentía que la perdía; no obstante, como el buen novio comprensivo que era, le tomó la palabra y se sentó en el sofá a esperarla. Sin más, la miró subir aquellas gigantescas escaleras rumbo a su habitación.

Por su parte, Lili subió con pesadez todas aquellas escaleras. ¡A veces odiaba vivir en una mansión tan grande! Solía ser tedioso e incluso cansado trasladarse de un lugar a otro de la misma casa. La muchacha caminó hacia su habitación, y una vez más, gracias a la luz de la luna que se colaba por su ventana, omitió encender la luz. Se dirigió a su enorme armario, dónde prendas y zapatos de todos tipos y colores yacían ahí; sin embargo, tomó una cálida pijama compuesta por un pantalón y una simpática playera con un dibujo al estilo chibi en ella. La colocó extendida al borde de su cama para después poder empezar a descubrir su pálido y esbelto cuerpo y adentrarse en aquel baño de su espaciosa habitación.

Tal y cómo había prometido, su ducha fue rápida. Le encantaba bañarse con agua extremadamente caliente, pues la hacía relajarse, más aún, en momentos como éste.

Tomó una toalla y la enrolló alrededor de su desnudo cuerpo, no sin antes secar muy bien su larga cabellera. Giró la perilla de la puerta y salió a su habitación, dio unos cuantos pasos en dirección a su cama, cuando de pronto alguien la abrazó por la espalda, asustándola. ¡De milagro su corazón continuaba en su lugar después de tal susto!

Apresurada, dio media vuelta para encontrarse con…

—¡Hwoarang! Casi me matas del susto. —Lo regañó enfadada a la vez que le soltaba un pequeño manotazo flojo en el pecho.

—Lo siento, bonita, no era esa mi intención —dijo el muchacho tranquilamente.

—¿Y qué haces aquí? Creí que estarías abajo esperando —preguntó la rubia algo sorprendida.

—Bueno, no tiene nada de malo que esté en tu habitación, ¿o sí? Después de todo, pronto serás mi esposa —dijo Hwoarang mientras se acercaba a ella y acariciaba seductoramente sus brazos y hombros.

—S-sí, pero no deberías estar aquí. ¿Qué tal si mi padre te vio subir? —cuestionó la ojiazul, aun a sabiendas de que su ocupado padre no estaba en casa.

—Cariño, tu padre aún no llega, y no te preocupes, nadie más me vio subir hasta aquí, yo mismo me cercioré de eso. —El pelirrojo prosiguió con sus caricias para después comenzar a besar el cuello de su prometida y continuar hasta sus desnudos hombros, poniéndola completamente nerviosa e incómoda.

—Hwoarang, por favor. Déjame cambiarme y en un minuto estaré contigo —dijo Lili a la vez que lo alejaba de ella para poder continuar con lo que antes ya se había dispuesto a hacer, no sin antes esperar a que el chico saliera de la habitación.

—¿Por qué tienes tanto miedo? Trato de entenderlo, ¿pero acaso tu tratas de entenderme a mí? —exclamó el chico, desesperado. Y es que en serio no sabía por qué su prometida; aún después de cuatro años juntos, no se atrevía a tener una relación más íntima con él, incluso había llegado a pensar que era asexual.

—¡Claro que sí!

—¿Entonces por qué no entiendes que te deseo y qué muero de ganas por hacerte mía? —gritó el muchacho, aunque de alguna manera, controlando su tono de voz para que no saliera de aquel cuarto, incluso aunque aquello no demostrara del todo lo enfadado que en realidad estaba. Sin pensarlo y empezando a salirse de control, la tomó por ambas muñecas—. ¡He esperado por cuatro malditos años!

—¡Entonces puedes esperar para la noche de bodas! —Le gritó la chica de igual manera, tratando de zafarse del agarre de su novio.

—¡No, Lili! ¡Tú eres mía! ¡Llevas cuatros años siendo mía y ahora te lo voy a demostrar! —Desesperado y con cierta facilidad, Hwoarang llevó a la rubia hasta la cama para aventarla sobre el colchón.

—¡No! ¡Por favor, no! —suplicó Emilie, hundiéndose en el suave colchón al notar que el chico con cabellos color zanahoria comenzaba a desabrochar su pantalón con velocidad.

Ella no pudo evitar llorar con desesperación, ya que, de alguna manera, la iba a violar.

El pelirrojo se acercaba a su rostro para besarla con ansia mientras sus manos acariciaban sus torneadas piernas, sin embargo, ella no se lo ponía tan fácil, ya que pataleaba y usaba toda la fuerza que tenía para tratar de alejarlo.

—¡No me hagas esto! ¡No! —sollozó y gritó cada vez más fuerte; y fue hasta entonces, que Hwoarang vio su rostro bañado en lágrimas.

¿Qué mierda estaba haciendo? Era verdad que, como cualquier ser humano, tenía sus necesidades, pero eso no le daba ningún derecho a irrumpir en lo más íntimo de su amada.

Sorprendido por su propia acción; se alejó un poco del lugar donde yacía acurrucada y sollozando, y sin más, se dejó caer al suelo, con los pies bien puestos en éste y llevando sus manos a la cabeza. ¡Era un monstruo! ¡Un maldito inepto! ¿Cómo se atrevió? ¿Cómo fue que perdió el control? ¡Claro! Tener a su bella novia justo en frente de él con sólo una toalla cubriéndole encima lo hizo perder todo control sobre sí mismo. ¿Ahora que le diría? Tenía que consolarla, de eso no le cabía ni la menor duda.

Con temor, se levantó del piso y caminó hasta dónde ella, por un costado de la cama. Se inclinó hasta observar el pálido rostro de la ojiazul, el cual ella mantenía oculto con su mano. Acarició su rubio cabello con cariño y, sorprendido de que ella lo dejara hacerlo, le habló.

—M-mi amor, y-yo… lo lamento. ¡Soy un imbécil! Perdí el control; pero es que eres tan hermosa y me es tan difícil no caer en la tentación de ser uno contigo —dijo tiernamente el pelirrojo mientras aún acariciaba su cabello, y esta vez, también su mejilla, la cual Lili había descubierto ya.

Podía notar el claro arrepentimiento en el rostro del joven. De alguna manera lo entendía, más aún sabiendo que él siempre le había sido fiel. Sin embargo, hubo algo que le rompió más que nada el corazón; el saber que ella no lo deseaba de la misma manera, el saber que ella no le correspondía más o que quizás nunca le correspondió. Hwoarang no dejaba de ser un buen prospecto, o al menos a su parecer. Pasó por su cabeza la idea de que, posiblemente si no hubiera conocido a Jin, esta vez se habría entregado sin forcejeos al pelirrojo… o quizás no. Nunca lo sabría.

Le dolía ver cómo cuatro años que parecían haber sido dichosos ahora se iban fácilmente por la cañería. Aún no entendía como es que había pasado tan repentinamente su desenamoramiento del coreano.

Lili, con la mirada perdida, pudo sentir la cálida mano de su prometido sobre la de ella.

—No quiero perderte, Lili. ¡Por favor, perdóname! —Una lágrima resbaló por la mejilla del chico.

¡En verdad se arrepentía! Simplemente, él no era así, nunca lo había sido.

—Perdóname tú a mí, por no hacerle frente a mis miedos —dijo ella en voz sumamente baja y con las palabras barridas.

Con ello, la rubia se refería a dos cosas. La primera era su miedo a su primera vezcon él, y la segunda, era su miedo a decirle la verdad para no herirlo más de lo que ya lo había hecho con su ausencia; no obstante, el pelirrojo sólo pensaría en lo primero.

—Anda, cámbiate y, si aún quieres verme o saber de mí, estaré abajo esperándote. —Hwoarang depositó un dulce beso sobre la frente de su prometida para después abrochar bien su pantalón, salir del lugar y esperarla en el sofá; en el cual, debió haber esperado desde el principio.

Emilie, aún anonadada por lo anteriormente ocurrido, se puso su pijama lo más rápido que pudo. Por un momento pensó en correr al muchacho de su casa, pero aquel dolor que sintió al recordar la facilidad con la cuál accedió para entregarse a Jin y darse cuenta del extremo al que tenía que llegar Hwoarang para poder hacerla suya, se lo impidió.

Bajó lentamente las escaleras y ahí estaba, pensativo, esperándola todavía en aquel sofá.

—¿Hwo? —Lo llamó ella, haciéndolo levantarse de aquel lugar a la vez que la observaba. Le encantaba verla en pijama y con pantuflas, pues la hacían ver tan tierna e inocente—. Siéntate —indicó ella con voz dulce.

El pelirrojo tomó asiento mientras que ella lo imitaba.

—¡Perdóname, por favor! —suplicó una vez más su prometido, cerrando sus ojos con fuerza. Lili lo quería aún, si bien, no lo amaba, pero aún sentía gran aprecio por él. La chica besó su mejilla y acarició su cabellera pelirroja con sutileza.

—Tranquilo, no pasó nada, ¿de acuerdo? —le sonrió de manera honesta.

—No quiero perder… —El delgado dedo índice de la monegasca lo silenció.

—No vas a perderme —decía la chica de orbes azules, teniendo en cuenta que probablemente no había sido del todo una respuesta sincera, pero parecía lo más indicado de decir.

—¿D-de verdad?

—Sí. —Hizo una pequeña pausa antes de continuar—. Sé que has estado preocupado por mí estos días, pero he estado muy nerviosa y ocupada con lo de la boda, incluso algunas cosas quiero que sean sorpresa, por eso a veces no llevo ni a Sebastián ni a nadie conmigo —explicó.

—No me gusta que andes sola por la calle, podría pasarte algo malo. —Podía percibirse la sinceridad en el tono y los gestos del pelirrojo, causando una suave sonrisa en Lili.

—No va a pasarme nada; además, si algo llegara a sucederme seguro que lo sabrías inmediatamente.

—¡Te amo, Lili! —exclamó Hwoarang, tomándola por la barbilla y dándole un ligero beso en los labios.

—También yo a ti. —Por su parte, ella le sonrió dulcemente, aunque no era una sonrisa del todo sincera, pues sus palabras tampoco lo eran. Todo esto la estaba volviendo loca y se sentía como la peor persona del mundo, pero no tenía el valor de decirle la verdad a su ex amado.

La noche transcurrió rápidamente a pesar de que el pelirrojo estaba allí, ya que, queriéndolo o no, aún solía pasar buenos momentos a su lado.

Al día siguiente; un día bastante anhelado por Emilie, ésta se levantó temprano, tomó otra ducha y se vistió. Decidió usar una falda de mezclilla tableada y en realidad bastante corta que apenas si le llegaba a medio muslo, una blusa abotonada con manga tres cuartos color gris y por supuesto, sus zapatos cerrados de tacón, igualmente grises. Se sentía rara por los colores que esta vez vestía, ya que el blanco era el color que predominaba en su clóset. Bajó por aquellas escaleras de la mansión que parecían infinitas y se encontró con Sebastián.

—Señorita Lili, ¿a dónde la llevaré hoy? —preguntó amablemente.

—Sebastián, lamento mucho lo que sucedió ayer, pero nuevamente necesito ir sola, es algo especial para mi boda y nadie debe verlo —mintió ella, aunque sintiéndose apenada por causarle problemas una vez más a su mayordomo.

—Pero… —carraspeó un poco, mirando a la chica con preocupación—. Señorita Lili, no la estoy juzgando, solo me interesa su bienestar y su integridad, pero ¿piensa ir sola con esa falda tan…?

—Agradezco mucho tu preocupación, Sebastián, pero no tienes por qué, no va a pasarme nada. Iré con mi taxista de confianza, de hecho, no debe tardar en llegar, si no es que ya está fuera, esperando. —La chica sonrió de manera genuina.

—¿Taxista de confianza? —preguntó Sebastián una vez más, un poco extrañado ante tal comentario.

—¡Claro! Necesitaba uno ya que estoy haciendo cosas especiales para la boda. —Mientras hablaba, Lili se cercioró de que su atuendo estuviese perfecto gracias a los enormes espejos de la entrada. Finalmente, volvió a mirar a su mayordomo y sonrió para calmarle—. Descuida, si te preguntan dónde fui sólo di que estoy con Asuka, ¿de acuerdo? Y este día sí lo tienes libre, ya que ayer te lo arruinaron —dijo sonriente cuando de pronto sonó un claxon desde afuera—. ¡Debe ser él! Nos vemos, Sebastián.

—Nos vemos, señorita Lili. —Se despidió con un tono resignado, pero una vez más, siendo incapaz de involucrarse más en los asuntos privados de la chica.

La joven salió apresurada y se adentró en aquel taxi que ella ya conocía. ¡No podía llegar tarde a su cita!

Sin embargo, en otro punto de la ciudad, específicamente en el Ni Box Club! El lugar yacía bastante vacío dada la hora tan temprana que era, mas nunca faltaba que llegara uno que otro cliente a tales horas, motivo suficiente para que el señor Marshall mandara abrir el lugar tan temprano. Dentro, se encontraba Jin charlando con su compañero, aquél que trabajaba en la barra de bebidas. Tal y cómo le había dicho a Emilie, Mark era su único amigo al cuál podía confiarle cualquier cosa y, ahora más que nunca, el pelinegro necesitaba de alguien así, por lo que aprovechó la situación.

—Oye, Mark. —Le habló el japonés a su compañero a lado suyo mientras apoyaba sus codos en la barra.

—¿Y ahora tú que te traes? —el barman hizo un pequeño puchero, mirando al pelinegro de manera sospechosa—. Algo me dice que tendremos una charla profunda, ¿verdad, hermano? —preguntó el chico, sonriendo finalmente y dándole una palmada en la espalda a su amigo al notar su cara dudosa.

—Pues, algo así —dijo Jin, tratando de mostrarse casi tan indiferente como siempre.

—Bueno, ya escúpelo entonces. ¿De qué se trata? —Esta vez, Mark sonrió mostrando su dentadura y ese aire travieso que lo caracterizaba.

—Tú tienes novia, ¿no?

—¡Pues claro! Ya la conoces —respondió su compañero algo extrañado ante la pregunta y, a la vez, como si no quisiese ahondar demasiado en el tema.

—Y… ¿la amas? —Tras aquella pregunta, el stripper desvió la mirada hacia la barra que yacía bajo sus codos.

—¿Es que acaso no se me nota? —contestó una vez más. entre broma y enfado.

—Sí, pero, ¿cómo sabes cuándo estás enamorado de alguien? —Solo hasta entonces, los orbes color caramelo del japonés volvieron a clavarse en Mark.

—¿Qué? —Al inicio, el barman se mostró extrañado, sin embargo, entendió rápidamente lo que estaba pasando—. ¡Ah, así que eso era! Se trata de la rubia, ¿no? —le sonrió pícaramente a Jin a la vez que se codeaba con él.

—¿Quieres dejar de responderme con más preguntas? —Se mostró un tanto molesto.

—Qué genio te traes hoy, eh. —Como si de un niño se tratase, Mark volvió a hacer un mohín.

—¿Me vas a contestar si o no? —Jin no solía ser precisamente paciente, aunque con Mark hacía una excepción… a veces.

—¡Claro! Pero que mal humor el tuyo —dijo con simpatía, ignorando el gesto mal humorado del stripper—. Mira, cuando te enamoras de una chica quieres estar la mayor parte de tu tiempo con ella, te gusta verla sonreír y ver ese brillo especial en sus ojos. Sientes que tu único ideal es hacerla feliz y, cuando la tienes enfrente, quieres abrazarla fuertemente, besarla y protegerla de todo y de todos —explicó el chico con una sonrisa. En tanto, Jin analizaba todo aquello que le iba diciendo, dándose cuenta que en la mayoría de las cosas, si no es que en todas, era así justo como se sentía él respecto a la monegasca—. En fin, cuándo estás enamorado, no tienes que hacerte esa pregunta, Jin. Es un sentimiento único.

El pelinegro aún pensaba en todas aquellas cosas que acababa de oír, e inconscientemente, una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Y tú, querido amigo, estás enamorado. —Le sonrió a su compañero al notar su reacción, haciéndolo mirarlo con cierta sorpresa—. Te preguntarás cómo lo sé —alardeó Mark con un gesto de superioridad infantil.

—Pues…

—¡Es simple! Tal vez no lo sepas, pero cuando alguien está enamorado es fácil descifrarlo por su rostro, por sus ojos e incluso por sus acciones. Cómo tú, ahora te vez más contento, con más vida o ganas de vivir. Pero eso es muy bueno; al menos a mí me agrada verte feliz, amigo. —La sonrisa de Mark pasó de ser juguetona a mostrarse sincera—. Sí es la rubia, ¿verdad? Podría apostar a que se trata de ella —preguntó una vez más con notable ansiedad, provocándole una leve risa al stripper.

—Bueno, ella es…

—¡Felicidades, hermano! Ya te merecías que algo bueno pasara en tu vida. ¡Es muy bonita, muy linda chica! De hecho, la primera vez que estuvo aquí recuerdo cómo te miraba, con curiosidad y ternura. ¿Por qué crees que mejor te dejé con ella? —Alzó las cejas repetidamente, de manera sugestiva.

—Sí, g-gracias, aunque… —tartamudeó un poco el pelinegro, nervioso por todo el tema del que se estaba hablando.

—¡Espera, espera! —Lo silenció el chico para después acercarse un poco más a su compañero y amigo para hablarle en un tono más bajo y prolongar el jugoso chisme que estaba ansioso por escuchar—. Ese mismo día, tú la trajiste, a ella y a otras chicas, lo que quiere decir que alguna de ellas te contrató, ¿no?

—S-sí —respondió, nuevamente nervioso por lo que le fuera a decir o preguntar el barman.

—Y eso quiere decir que fue una despedida de soltera, ¿o no? —Mark comenzó a mirarlo como un policía interrogando a un criminal, sin embargo, los gestos curiosos del chico le quitaban cierta seriedad a la situación.

—S-sí.

—¿Y no me digas que la rubia es la que se va a casar? —cuestionó, esta vez a modo de regaño.

—Bueno… sí —soltó, resignado.

—¡Jin! —exclamó el chico, escandalizado.

—¿Qué? —Por su parte, el stripper intentó restarle importancia, aunque el fondo, sin duda era un tema verdaderamente importante para él.

—¡Está comprometida!

—¡Ya lo sé! —El japonés frunció el ceño. ¿Era tan necesario recordárselo?

—¡Genial! Tenía que caer una mosca en la sopa. —Mark miró a diferentes lados a la vez que llevaba los dedos de su mano hasta su barbilla, pensando o ideando un plan—. Y entonces, ¿qué harás?

—No lo sé, pero quiero luchar por ella. —A diferencia de sus respuestas anteriores, Jin se escuchó firme y enteramente decidido.

—Bueno… —continuó su fiel compañero, resignado—. Sabes que yo te apoyo en todo, Jin, pero no sabes en lo que te estás metiendo. Sólo ten mucho cuidado, se han dado casos de mujeres y hombres que matan porque les fueron infieles o cosas peores. No quisiera que te metieras en un problema así de grave.

—No exageres.

—¡No exagero! —De un segundo a otro, Mark cambió el mohín de su rostro por una sonrisa emocionada—. Y dime, ¿ella qué siente por ti? ¿Qué te dice o qué hace?

—Pues, Lili…

—¡Oh! Así que su nombre es Lili —interrumpió Mark, mirándolo con picardía—. Oye y, ¿cuál es el nombre de su amiga castaña? —Se desvió del tema repentinamente, haciendo memoria y recordando a una chica en específico.

—¿Castaña? —Jin lo miró extrañado.

—¡Sí! La de cabello corto. ¡Era linda! —El barman desvió la mirada de manera juguetona.

—¡Mark! —El pelinegro soltó a modo de reproche.

—¿Qué? Dicen que por ver no se paga. —Jin no hizo más que soltar una risa tenue.

Su amigo no tenía remedio. En realidad, tenía una forma de ser muy extraña y parecía como un niño hiperactivo, pero, ¿qué importaba? Siempre lo escuchaba, le aconsejaba e incluso ayudaba y apoyaba si podía; incluso a pesar de que, como ahora, su conversación quedaba un tanto inconclusa por los disparates que se le ponían enfrente a su loca e hiperactiva mente. Sin embargo, esta vez hubo algo; o más bien, alguien más por quién dejaron su conversación a medias. Una chica joven, alta, morena, castaña, en realidad bastante guapa, entró al lugar—. ¡Jin! ¿Ya viste quién es? —Mark pareció reconocerla.

—Ay, no —susurró el pelinegro para sí mismo al notar a aquella joven.

—¡Buenos días! —saludó ella—. Disculpe, estoy buscando a un chico. —La linda morena le dirigió la palabra a Zizou, quién parecía ser el más próximo a ella y a la entrada por dónde había llegado.

—¡Wow! —exclamó el stripper enemigo de Jin, idiotizado al darse media vuelta y encontrarse con tal mujer—. Yo estoy disponible, hermosura. —Se le insinuó con una sonrisa coqueta, sin embargo, ésta no tuvo el efecto deseado.

—No, no, no. Tú no eres a quién yo busco, el stripper que quiero se llama Jin —continuó hablando la castaña sin perder su postura femenina y su amabilidad.

—¿Qué? ¿Otra vez él? —gritó exaltado y furioso.

—Oye, tranquilízate, ¿quieres? —La morena lo miró con disgusto.

—¡Son unas estúpidas! ¿Ustedes qué saben de lo bueno? ¡Jin es un mediocre! —Zizou continuó gritándole a la chica, perdiendo los estribos.

—¡Tú no eres ni la mitad de hombre de lo que Jin es! —Lo defendió la guapa joven, elevando la ira del chico; afortunadamente, alguien llegó para intervenir a tiempo.

—Señorita, lamento mucho este inconveniente por parte de mi empleado —interrumpió quien claramente era el señor Marshall—. ¿En qué le puedo servir? —Se mostró apenado.

—¡Muchas gracias! ¡Al fin alguien amable! —refunfuñó la chica—. Verá, estaba yo buscando a… —Se detuvo la muchacha al notar que quién buscaba se encontraba justo en la barra de bebidas, por lo que no dudó en correr hasta allí, emocionada—. ¡Ay, por Dios! ¡Jin!

—¿Sí? —contestó el pelinegro con aquellos ápices coquetos y seductores que solía usar en su trabajo mientras subía la mirada hasta el moreno rostro de la chica.

—¡Dios mío! ¡Sí, eres tú! —gritó la guapa joven, emocionada, como si de un artista se tratase—. Tal vez no te acuerdas de mí, pero yo soy una de las chicas que te contrató hace unas semanas para la despedida de soltera de mi amiga, ¿recuerdas?

—Lo siento, pero no recuerdo —mintió de una manera bastante creíble.

¡Pero que estupidez! ¿Cómo iba a olvidarlo siendo que ahora estaba enamorado justamente de aquella amiga suya que estaba comprometida?

—Bueno, no importa, podemos empezar de nuevo. —Por más que ella lo intentase, le resultó imposible dejar de mirar al guapo stripper, así como también le resultó imposible dejar de sonreír—. Me llamo Christie, mucho gusto. —Le tendió la mano, clavando la mirada en la del pelinegro.

—El gusto es mío. —Le sonrió de una manera tan sensual que derretía a la morena.

No es que le gustara, aunque no fuese fea, para nada; más bien sólo hacía su trabajo, aunque en lo personal, no le agradaba la idea de que la supuesta amiga de Lili lo fuese a buscar.

Una de tres cosas, o la chica estaba ahí sin saber lo que sucedía entre Emilie y él; o tal vez lo buscaba por parte de la ojiazul, o simplemente, ya lo sabía y le daba una puñalada por la espalda a su amiga.

«¡Genial! Lo que me faltaba, ¿y ahora que mierda hago?», pensó el japonés.

¡Ahora no tenía ni puta idea de qué hacer! ¿Y si era una trampa por parte de Lili para saber cómo actuaría él ante su coqueta amiga? Seguro que a Lili le darían ganas de sacarle los ojos si su amiguita Christie le decía que le sonrió seductoramente. Pero que coño, ¡era su trabajo! Jin se estaba volviendo loco ante tantas situaciones que, para empeorar las cosas, parecían sucederle de manera progresiva, una tras otra.

¿Qué buscaba la morena de él? ¿Qué estaba pasando?

«¡Dios, ayúdame!». Fue lo último que pensó para proseguir oyendo lo que la amiga de Lili le tuviera que decir.


Jaaaaaaajajaja, me encanta mi fic. xD Sí, si no me echo flores yo, ¿quién? :P Lo prometido es deuda y aquí está ahora este capítulo. Me salió más largo que los anteriores. ¡Lo siento! Así suelo ser, los primeros capítulos son medianitos, y después, se van convirtiendo en pergaminos interminables. xD La bendita inspiración, hay que aprovecharla cuando se asoma, y yo que creí que este capi saldría corto. :P

¡Chicas! Ya todas tenemos el celular de Jin. ¡SIIIIIII! xD Ojalá. T_T (?) ¿Cuál es la sorpresa que Lili le tiene preparada al super sexy de Kazama? xD ¿Qué hace Christie buscando a Jin? Lo verán en el próximo capítulo de… Jaja, ok no, sonó a comercial barato de telenovela. ._. Además, las apuestas por saber quién los cachó en el capítulo anterior siguen vigentes. xD

Una vez más, miles de gracias a todos aquellos que leen y ponen en favoritos, alerta y demás; y por supuesto, a quienes se toman un minuto para dejarme su opinión. Ojalá puedan animarse más personitas para saber qué opinan de la historia, si lleva buen rumbo, si algo le sobra, alguna crítica constructiva, en fin, LO QUE SEA. xD Ya que me he percatado de que, dentro de mis tres historias publicadas, últimamente ésta es la más leída. xD (Claro, la otra aún no está actualizada, por lo que le resta audiencia). Pff, disculpen mis divagaciones.

Prometo nuevamente actualizar pronto, ya que ahorita esta parejita me trae de cabeza. xD Tengo problemas psicológicos con ambos juntos. (?) Jaja, ok no, xD o los voy a asustar. :P

¡Un beso enorme para todos y muchas bendiciones! :D

Venuz

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