¡A todos los que me leen! Debo agradecerles infinitamente su apoyo en este proyecto… que de no ser por ustedes, ésta historia no habría llegado hasta aquí… el capítulo final *:')

Y por supuesto, un enorme agradecimiento especial a mi linda amiga karychela… ¡No sabes cuán agradecida estoy especialmente contigo por haber seguido esta historia capítulo por capítulo! ¡Me haces feliz! *xD *:') Por eso, también te dedico este último capi; de verdad… ¡Mis más sinceros agradecimientos linda!*

Sin más que decir, los dejo con el final de este fic. Espero que les guste y por supuesto…

¡Que lo disfruten! *:D

. ..Venuz' FloriLuna. ..*


*. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .[.¡Stripper Boy!.].. . . . . . . . . . . . . . . . . . .*

Capítulo 12 (Final): "Karma: El Destino Que Nos Unió"

Los tenues rayos del sol comenzaban a colarse por los enormes ventanales de la gigantesca suite en dónde ambos dormían; y aunque la rubia estuviese de espaldas, fue inevitable no darse cuenta que el amanecer se había hecho presente y que un nuevo día había empezado.

La chica sonrió, aún con sus ojos cerrados.

Podía sentir el calor de las sábanas combinadas con la calidez de los fuertes brazos que la sostenían por la cintura. Sentía su tranquila respiración cercana a su cuello; e incluso se percató de que una de sus manos comenzaba a jugar con su largo y dorado cabello haciéndole rulos con su dedo índice.

Su sonrisa se pronunció aún más al sentir un sutil beso en su cabeza, y fue hasta aquél momento que sintió movimiento por parte de su acompañante; por lo que ella volteó un poco. Se percató de que el chico se disponía a levantarse…

—¿A dónde vas?— Preguntó somnolienta a la vez que se estiraba y lo tomaba de la mano antes de que pudiera irse.

Jin la miró y sonrió. Creyó que aún estaba dormida; y en realidad, había disfrutado observándola por varios minutos mientras yacía indefensa entre sus brazos.

—Iba a pedir algo para que desayunaras y después iba a darme una ducha— Respondió el pelinegro a la vez que se sentaba nuevamente en la cama y acariciaba la rubia cabellera de Lili.

—¿Y sí te pido que te acuestes y estés otro rato más conmigo?— Propuso sonriente la monegasca; a lo cual, el stripper no se pudo negar.

—De acuerdo; pero sólo unos minutos… y pediré primero tu desayuno ¿Está bien?— Sonrió de medio lado el pelinegro; recostándose un poco para abrazarla con cariño y calidez. Ella asintió contenta —¿Qué quieres que te pida?— Le preguntó el japonés a la vez que levantaba el teléfono de la habitación.

—Pues… me gustaría un plato de frutas cortadas, jugo de naranja y unos huevos benedict— Habló la ojiazul bastante sonriente; no es que fuera un desayuno del otro mundo… pero le gustaban los desayunos así.

Después, no pasó mucho tiempo para que alguien tocara la puerta de la habitación; interrumpiendo su mañana romántica, Jin se levantó a abrir… percatándose de que era una de las mucamas que les llevaba el desayuno anteriormente pedido para ponérselos en la mesa.

—Buen provecho— Dijo la mujer para después irse de allí.

—¿Por qué no comes en lo que me baño?— Propuso Kazama.

—¿Tú no vas a desayunar?— Cuestionó Emilie con cierta preocupación.

—Comeré algo en la calle o se me hará tarde—

No le quedó más que asentir con melancolía… si por ella fuera, juraría que no lo dejaría salir ni a la esquina con tal de estar siempre a su lado; ¡Pero vamos! Eso era de novias psicóticas y obsesionadas.

Miró al futuro padre de su bebé adentrarse en el baño y cerrar la puerta.

Somnolienta y encamorrada, se levantó de la deliciosa cama para sentarse en el pequeño comedor de la suite. ¡Su platillo se veía delicioso! La fruta estaba fresca y su jugo tenía un color apetecible… fue entonces que se dispuso a probar bocado.

Como casi cualquier hombre, Jin no había tardado más de quince minutos en ducharse y salir del sanitario, ya con los pantalones puestos y abrochándose la camisa… ¡Lucía exageradamente guapo como para ser verdad!

Se miró a sí misma; ¡Estaba horrenda, con el cabello hecho un nido de pájaros y en pijama! La autoestima se le bajó un poco; no deseaba que el stripper creyera que no era más que una fodonga sin límites.

—¿Qué ocurre?— Le preguntó a la vez que la veía divertido mientras hacía el nudo de su corbata. Parecía preocupada por algún motivo y no dejaba de acomodarse el cabello.

—¡Parezco un espantapájaros!— Casi gritó en desesperación; dejando de lado su delicioso desayuno. El chico sólo rio y se acercó a ella con coquetería.

—¿Bromeas? Porque yo creo en verdad luces hermosa y adorable cuando recién te despiertas— Sonriente, el joven de ojos caramelo le robó un tierno beso en los labios. ¡Por Dios! ¡Olía tan varonil!

Supo que se le había quedado mirando como una tonta después de recibir tan exquisito beso… más no le importo, ¡La traía así; tonta, esa era la verdad!

—Oye… ¿A dónde vas tan guapo?— Preguntó la rubia entre reproche y broma al mismo tiempo que lo jalaba hacia ella de la corbata; sorprendiéndolo.

—Iré a buscar trabajo— Habló el chico con seriedad. Lili sólo lo miró confusa —No quiero que nuestro bebé se avergüence al tener un padre stripper o que cuando crezca se burlen de él— Explicó Jin con firmeza.

—Entiendo—

—Ahora ustedes son lo más importante para mí— Besó con suavidad la frente de su chica —Debo irme. Pasaré por ti en la tarde, te avisaré cuando esté de camino hacia aquí; mientras, puedes salir con Asuka fuera del hotel, o si lo prefieren, está la alberca, el spa, la sala de masajes… ¡Ve a dónde tú quieras! ¿De acuerdo?— Le sonrió él, depositando otro beso más en sus labios y dirigiéndose a la puerta.

—¡Jin!—

—¿Sí?— Volteó a mirarla antes de salir.

—T-te amo… mucho— Sin saber exactamente por qué; Emilie había tartamudeado un poco y se había sonrojado. Kazama sonrió, gustoso de oírla decir esas sencillas palabras.

—También te amo— Le regaló la más sincera de sus sonrisas para después irse de allí.

Suspiró, con aquella curvatura en sus labios. ¡Estaba contenta de poder estar con Jin! Aunque aún quedaba un último paso para poder estar a su lado sin necesidad de un escondite.


—¡Hwoarang! Por favor cálmate— Suplicaba Lee a pesar de saber que era una petición estúpida. Él mismo también estaba sorprendido de que Lili estuviera embarazada de Jin… el chico le había parecido tan tranquilo y melancólico, que le parecía algo completamente fuera de éste mundo; aunque fue más que obvio, que ese par sólo les estaban viendo la cara de tontos a todos.

—¡Voy a matarlo! ¡Maldito hijo de perra!— Gritaba el pelirrojo con impotencia por todo lo alto buscando algo más que tirar o aventar.

El despacho del detective Chaolan estaba patas arriba; papeles por los suelos, el escritorio desordenado, las sillas aventadas… todo gracias al coraje que invadía al coreano.

—Así no se solucionan las cosas Hwoarang. Entiendo que esto es difícil pero primero debes tratar de tranquilizarte— Nuevamente, el platinado hizo un esfuerzo por controlar la ira del cabeza de zanahoria. Quería hacerlo pensar un poquito para que se diera cuenta por sí mismo de la verdad o que la misma Lili fuese quien se lo dijera; pero él, no lo haría… no era la persona que debía hacerlo.

El pelirrojo se sentó en el suelo, con las piernas entre abiertas, los codos apoyados sobre sus rodillas y la frente sobre sus antebrazos; trataba de pensar y no perder la cordura, ¡Pero parecía imposible!... hasta que un rayo de luz iluminó su mente. Recordó el celular de Christie; el cuál, llevaba consigo. Con las manos temblorosas, lo sacó de uno de los bolsillos de su pantalón.

Lo miró por unos segundos al igual que Lee lo miraba a él con detenimiento.

Sin más, prendió el dichoso teléfono; luego, buscó con desesperación entre la música, videos e imágenes que llevaba allí la brasileña. Pasó las fotos, una por una.

Sus ojos se abrieron como platos; juró que su corazón se había detenido. Una lágrima, sembrada por la ira que lo poseía resbaló por su mejilla. Ver a su hermosa angelita llamada Lili, aferrada al cuello de aquél maldito pelinegro que la tomaba por la cintura… ambos fundiéndose en un beso.

¡No podía ser! ¡Esto no podía estarle pasando a él! ¿Por qué? ¿Qué había hecho mal? ¡Le había entregado su alma y su corazón a Emilie! ¿Para qué? ¡Para pisotearlo!

Aventó el aparato con fuerza; luego, se soltó a llorar y a gritar como un desquiciado. Chaolan lo miraba consternado… quería ayudarlo, pero sencillamente ya no sabía que más decirle.

El coreano se levantó de golpe; con rabia incrustada dentro de sus ojos. Tomó los papeles, o mejor dicho, los resultados de las pruebas, sin importarle si había arrugado alguno de ellos. Caminó con decisión fuera del despacho del detective.

—¡Hwoarang! ¿A dónde vas?— Preguntaba preocupado el peliblanco, más no obtuvo respuesta —¡Hwoarang! No puedes salir en ese estado— Lee comenzó a seguirlo; tratando de detenerlo, sin éxito alguno —¡Vuelve aquí!— Gritó.

El pelirrojo hizo caso omiso de los gritos del hombre; por lo que, se subió a su motocicleta en rápidos movimientos y se largó de allí.

No podía dejar de pensar en ella… recordaba todos y cada uno de sus tiernos gestos… ¿Cómo es que alguien así podía darte una apuñalada por la espalda?

Manejaba a una velocidad casi inimaginable. Conocía bien su destino… ¡Iría a buscarla! Aunque no buscaría una explicación… porque no la había.

Se detuvo en el edificio en el que Asuka y Christie vivían. Ni si quiera se molestó en "estacionar" bien su moto; sólo bajó de ella y subió las escaleras corriendo. Tocó el timbre y la puerta repetidas veces… hasta que alguien se dispuso a abrir.

—Hwoarang— Habló con cinismo la morena; fingiendo sorpresa a la vez que abría la puerta —¿Qué te trae por aquí?— Christie sonreía triunfante y con tranquilidad… ¡Podía jurar; por el semblante del chico, que a la maldita de Rochefort se le había caído todo su "teatrito"!

—¿Dónde está?— Preguntó con desesperación y prácticamente haciendo a un lado a la castaña para adentrarse en el departamento vacío.

—¿Quién?— Fingió no saber de lo que hablaba; nuevamente, con cinismo.

—¡Tú sabes quién!— Gritó el coreano, encarándola.

Christie rio estrepitosa y burlonamente.

—Asuka y ella no llegaron a dormir aquí—

—¿De qué hablas?—

—Bueno, ya lo sabes ¿No? ¡Ahora debes de darme la razón! No sé por qué después de todo esto te sorprende que no llegara a dormir—

—¿Y cómo sabes que no fueron a la casa de ella?— Sin saber porque, quiso abstenerse de ver la realidad… creyendo que ambas amigas pudieron irse a dormir a la mansión Rochefort.

—Sabes que no fue así. ¡Vamos Hwoarang! Acéptalo. Emilie te mintió desde el principio… pero mira, no todo está perdido. Ella tiene al chico que quiero para mí; y él tiene a la chica que quieres para ti… así que…—

—Tú no vas a decirme qué hacer— Amenazó el pelirrojo con mirada fulminante. Sin medir su fuerza, la tomó bruscamente del brazo —¡Harás lo que yo te diga!—

—Bien— A pesar del dolor ante el agarre del coreano; Christie no pudo evitar sonreír maliciosamente.

Estaba casi segura de que Hwoarang tenía algo en mente; aunque ella también le daría a conocer su plan… ¡No iba a perder al stripper más candente del mundo por la mosca muerta de Lili! Ella siempre tenía a los hombres que quería; y ésta vez no permitiría que otro chico más la rechazara por culpa de esa zorra adinerada.


Trataba de concentrarse en el caso de Jun Kazama; pero era casi imposible dado a todo lo recién acontecido. No podía dejar de pensar en el pobre chico pelirrojo al que Jin y Lili habían traicionado; esperaba que él pudiese estar bien, aunque era tonto creer que así era.

Por otro lado; Jin también estaba invadiendo su cabeza, sencillamente no podía creer en lo que había sido capaz de hacer después de aparentar ser un muchacho tranquilo… tal vez el asesinato de su madre le estaba afectando, a tal grado de no ser consciente de sus acciones.

Sea como fuese, no había marcha atrás. Emilie le había pagado por adelantado para que pudiera investigar el caso lo más pronto posible.

Miró nuevamente con detenimiento las fotografías del asesinato; eran viejas, pero aún creía que podía sacar algo de ellas… ¡Estaba tan cerca! Lo sabía.

Una idea se le vino a la mente.

La tecnología había avanzado bastante en lo últimos años; y a estas alturas, encontrar rastros de huellas digitales dentro de una fotografía, si bien, era complicado… más no imposible… ¡Podía intentarlo!

Salió de su oficina para dirigirse a un gran cuarto con todo tipo de aparatos. Escogió la fotografía que creyó más conveniente… una en la que, tristemente, podía verse a la misma Jun Kazama, desnuda… supuestamente estudiada por un forense.

¡Usaría todos los aparatos que tenía ahí! Ni si quiera estaba seguro de que aquél caso le siguiera interesando después de saber el tipo de persona que era el hijo de la difunta mujer… pero entre más pronto se zafara de él, mucho mejor.


Se había dado una ducha relajante; se había puesto las mismas ropas que el día anterior, después de todo, no había llevado más. Se miró en el espejo… la culpa la invadía; era hoy el día en que Hwoarang se enteraría de todo… que le fue infiel, que amaba a otro hombre y que esperaba un bebé del mismo.

Suspiró.

¡No podía seguir esperando!

Hwoarang siempre la había amado, había sido tierno y dulce… la trataba como a una princesa… ¡Era todo lo que cualquier mujer desearía! Pero ella no…

Les pidió a todos los dioses y santos que conocía porque Jin no se enfadara con ella.

Cerró los ojos con fuerza y nerviosismo; esperando haber tomado la decisión correcta.

Tomó su bolso y salió de la suite… dispuesta a enfrentar la guerra que ella misma había provocado.


No entendía como era que; de un momento a otro, Hwoarang se postraba tan tranquilo. Ambos yacían en una cafetería… ni si quiera habían hablado; y de la nada, el pelirrojo cambio su semblante a uno más sereno y lleno de tranquilidad, ¿Qué mierda le pasaba? ¡Tenía que preguntárselo!

—¿Qué demonios pasa contigo? ¿Cómo es que de un momento a otro estás tan tranquilo? ¿O acaso ya olvidaste que tu amada Lili te fue infiel y que espera un hijo de su amante?— Cuestionaba Christie con desesperación.

—No lo he olvidado— Respondió el chico coreano sin si quiera mirarla. Estaba pensativo… ¡Pero eso no le decía nada!

—¿Entonces? Pareces muy tranquilo después de que…—

—¡No estoy tranquilo! Sólo estoy tratando de pensar… así que, si me harías el gran favor de callarte, te estaría muy agradecido— Interrumpió el pelirrojo casi en un grito.

—¿Y qué es lo que tratas de pensar? ¿Qué estás planeando?— Cuestionaba la brasileña bastante curiosa; no obstante, Hwoarang sólo respondió con una extraña sonrisa.


Llevaba esperando ya quién sabe cuántos minutos, y el hombre que se supone le debería estar "atendiendo", no hacía más que mirar un montón de papeles. Ambos yacían en silencio, sentados frente a frente con un escritorio de por medio.

El sonido del vaivén del péndulo de un reloj colgado era lo único que reinaba dentro de esa habitación… cosa que a Jin, ponía más nervioso de lo que ya estaba.

Sentado desde aquél lugar, miraba a su alrededor; inspeccionando cada parte y objeto de la oficina en la que se encontraba.

—Jin Kazama, ¿Verdad?— Habló el hombre aún sin mirarlo.

—Así es— El pelinegro habló con firmeza.

—Con todo el respeto que se merece… ¿Qué le hace pensar que lo aceptaría para trabajar en este lugar? Un ex stripper de baja categoría; con apenas, la secundaria terminada— Por primera vez, en el tiempo que llevaba allí sentado, el hombre lo miró.

—Tiene razón; no seguí estudiando, simplemente no pude hacerlo… aun así, sé que tipo de persona soy y conozco mis capacidades. Si lo que realmente le importa es sólo un papel que certifique mi preparatoria o universidad terminadas; y no una persona competente y responsable pese a ello… entonces, lamento haberle hecho perder su tiempo— Con seriedad y frialdad, se levantó de aquella silla para después dar media vuelta, dispuesto a salir de la oficina.

—¡Kazama!— Le habló el hombre antes de que el susodicho pudiese salir; haciéndolo voltear —Tiene carácter… tal vez lo llame—

—Sabe que no lo hará— Jin sonrío de forma sarcástica; maldiciendo al hombre en sus adentros.

Sin más, salió de aquél lugar.


Se sentía contenta. Acomodaba su cabello con una sonrisa delante del espejo… ¡Moría de ganas por contarle a Lili lo que había sucedido la noche anterior! Hacía tanto tiempo que no se sentía ilusionada de esa manera.

El día anterior, había acordado con Jin que cuidaría de Lili hasta que ambos fueran a hablar con el pelirrojo y futuro ex prometido de la Rochefort; lo que significaba que, sería tarde de chicas.

Tomó su bolso junto con la tarjeta; o mejor dicho, llave de la habitación.

—¡Lili! Es hora de irnos— Hablaba Asuka mientras tocaba suavemente con su puño la puerta de la suite de a lado; sin embargo, no obtuvo respuesta. Acercó su oreja a la puerta, tratando de escuchar movimiento dentro de la habitación, pero todo parecía silencioso —¿Lili?— Volvió a decir la castaña; nuevamente, sin éxito —"¿Dónde podrá estar?"— Pensó la joven.

Bajó por el elevador hasta el restaurante, creyendo que tal vez pudiese estar allí desayunando, más no la divisó en ninguna de las mesas.

Torció la boca a la vez que pensaba o buscaba con la mente el posible paradero de su amiga. Sacó el celular de su bolso y le marcó una, dos, tres veces y jamás contestó.

—¡Demonios Emilie! ¿Dónde te has metido?— Se dijo a sí misma en voz alta.

Pensó por un momento; tal vez estaba en el sauna y por tal motivo no podía contestar.

Nuevamente, hizo uso del ascensor, hasta llegar a dicho lugar. Una recepcionista parecía perder el tiempo haciendo quién sabe qué en su computador y los alrededores lucían vacíos.

—Disculpe, estoy buscando a alguien— Se atrevió a preguntar la castaña; después de todo, no tenía nada que perder.

—Claro, puede decirme el nombre y habitación de la persona que busca; con gusto le diré si ha entrado— Atendió amablemente la chica.

—Lili Rochefort… habitación trescientos ochenta y ocho— Habló Asuka, esperanzada a que su rubia amiga se encontrase en la lista de quienes ingresaban al sauna.

La joven recepcionista buscó dentro de la lista de registro.

—Lo siento señorita, ninguna chica con ese nombre y habitación ha entrado hoy—

—¿De verdad?— Dijo la castaña sin querer creer lo que acababa de escuchar.

—Sí, lo lamento—

—G-gracias— Decía Asuka con un leve tartamudeo. ¡Tenía que encontrar a su amiga! Y pronto.

Sin más, se dirigió a la sala de masajes, al jacuzzi, la piscina, el bar, el gimnasio y cada rincón que albergaba en ese hotel, esperanzada en encontrar a Emilie.

Después de andar dando vueltas por el lobby por varios minutos y no hallar ni rastro de la ojiazul; comenzó a preocuparse. Se mordía las uñas repetidas veces a la vez que trataba de pensar en dónde más pudiese estar su amada amiga; fue entonces que se detuvo en seco… —"¿Y si se fue del hotel?"— Pensaba Asuka con preocupación.

Miró rápidamente hacia la recepción que yacía en el lobby… tal vez si preguntaba la sacarían de su duda.

—Disculpe, estoy buscando a mi amiga… ¿Podría decirme si ella ya se ha ido del hotel?— Preguntó nerviosa.

—Claro, ¿Cuál es el nombre y número de habitación de su amiga?— Preguntó la recepcionista.

—Lili Rochefort, habitación número trescientos ochenta y ocho— Volvió a decir la misma frase que, desde hace varios minutos, se la había pasado diciendo.

La mujer veía algunas cosas en el computador que tenía cerca; hasta dirigirle nuevamente la palabra a Asuka.

—La señorita Rochefort ya se ha retirado. Regresó la llave de la suite hace ya poco más de media hora—

—¿Qué? ¡Ay, no! ¡Esto no puede estar pasando!— Se consternó la chica, llevando sus manos a su cabeza —¡Dígame que es una broma!— Suplicó.

—Lo siento, su amiga se ha ido del hotel— Repitió la mujer, extrañada.

La castaña se quedó estática; sin saber qué diablos hacer… ¡Jin la mataría por no cuidar bien de Emilie! Aunque ambos sabían que la ojiazul no era una niña pequeña como para tener ese "cuidado" para con ella.

—¡Tranquilízate Asuka! Ella está bien…— Se decía a sí misma en voz alta mientras que las personas que pasaban cerca de ella la miraban con rareza —¡Dios! ¡Jin me asesinará! ¿En dónde te has metido Lili?— Gritó.


Bajaba las escaleras con despreocupación y tristeza en su rostro… a ese paso, jamás conseguiría un empleo menos vergonzoso o que fuese causa de burlas para su bebé.

Suspiró, esperando a que las escaleras eléctricas llegasen hasta el siguiente piso… fue entonces, que oyó su celular sonar. Miró la pantalla del mismo y contestó extrañado.

—¿Qué ocurre Asuka?—

—¡Por favor! Dime que Lili está contigo— Decía la joven casi en un imploro consternado.

—¿Cómo? Sí debe de estar contigo no conmigo— Jin preguntó con enfado e intranquilidad a la vez que caminaba y entendiendo el mensaje "oculto" tras la llamada de la muchacha.

—Y-yo… ¡No lo sé! Me levanté, me duché… hice todas mis cosas y cuando salí a tocar la puerta de la suite de a lado, nadie me contestó y ni si quiera se escuchaba movimiento dentro. La busqué por todo el hotel e incluso le pregunté a la recepcionista del lobby… ¡Y me dijo que se había marchado! Ni si quiera la he visto hoy, no sé a donde pudo haber ido… menos aún sin avisarnos. Ya le llamé, pero tampoco contesta a mis llamadas— Hablaba Asuka casi al borde del llanto.

—… De acuerdo…— Kazama intentó no perder la calma —Yo marcaré a su celular y veremos si contesta. Piensa en dónde podría estar; búscala en los alrededores del hotel, mientras, iré para allá ¿Está bien?—

—S-sí, s-sí. ¡Date prisa Jin! El hecho de que no conteste su teléfono me da mala espina—

—Descuida, la encontraremos— Trató de animar a la joven amiga de la Rochefort; aunque resultaba estúpido, ya que el mismo se encontraba desesperado en sus adentros.

Salió del edificio en el que se encontraba; dispuesto a llamar al celular de Emilie… sin éxito.

Marcó una y otra vez; más ella no respondía, logrando que la inquietud y angustia se apoderaran del stripper.

Una llamada entrante se hizo notar en su teléfono; lo miró con ansiedad y desesperación, creyendo que podría ser la rubia, no obstante, su poco ánimo se fue por los suelos al notar que era el mismo Lee Chaolan.

—Detective Lee…— Contestó el pelinegro.

Hola Jin. Sólo llamaba para darte las noticias de la investigación… ¡Ya lo tengo! Sólo falta que los resultados estén listos e impresos para conocer al responsable del asesinato de Jun. Estarán listos en menos de veinte minutos, por si quieres irte encaminando hacía aquí— Habló el platinado; aunque se escuchaba más serio que de costumbre.

Kazama se petrificó por unos instantes. Después de quince años, al fin sabría quién había sido el causante de dicho homicidio. El nerviosismo, la ansiedad, la preocupación y demás sentimientos se encontraron dentro de él.

—S-sí, gracias— Alcanzó a decir en voz baja debido a su estado pasmado.

De nada— Dijo Chaolan de manera seca para después colgar.

Una vez más, trató de no perder la cabeza. Lili parecía estar perdida; y al mismo tiempo, tenía la oportunidad de conocer al desdichado que asesinó a su madre. Lo pensó detenidamente por unos segundos… ¡Tenía que encontrar a Lili! Esa era su prioridad. Ya había esperado quince años para saber la verdad, aún podía esperar unas horas más… además, Emilie estaba llena de vida… debía protegerla si no quería que sufriera el mismo destino que su amada madre.

Apretó los puños ante la impotencia.

Sin pensarlo más, se dirigió a su auto y se adentró en él. Manejó a altas velocidades en dirección al hotel "Trump Soho"; dónde se suponía, Asuka lo esperaba para buscar a la Rochefort.

Bastó con acercarse desde el automóvil a la entrada del hotel para ver a la castaña. Ésta subió al lugar del copiloto, bastante agitada.

—Lo siento Jin, no la encontré. Hay una plaza cerca y creí que podría estar ahí; no sé, distrayéndose, pero nadie de allí parece haberla visto— Habló la castaña.

—¿Crees que haya podido ir a tu casa?— Cuestionó el stripper, aún con el auto estacionado y sin mirarla si quiera… lucía un tanto distraído.

—No lo sé, no encuentro un motivo por el cuál haya querido ir allí— Respondió Asuka, sin dejar de observarlo —¿Estás… bien?— Preguntó ella con inseguridad; sin embargo, el Kazama la miró con leve sorpresa… ¡De verdad que no sabía ocultar que algo le consternaba!

—S-sí. Sólo quiero asegurarme que ella esté bien—

—¿Seguro? ¿Es lo único que te preocupa?— Interrogó Asuka de manera suave y sutil.

El chico de ojos caramelo suspiró; ¿De qué servía ocultárselo? De todas maneras, ya lo había notado.

—El detective que Lili contrató, me avisó que en unos minutos tendría los resultados para conocer al asesino de mi madre—

—Y… ¿Qué haces aquí?— Preguntó incrédula.

—Primero quiero asegurarme de que Emilie está bien— Se sinceró el chico.

Asuka se sintió culpable; tal vez había hecho una tormenta en un vaso de agua y la rubia sólo había ido a dar una vuelta por algún lugar para despejar su mente y sus pensamientos completamente a solas… y ahora, también había preocupado a Jin; cuando quizá, él debería estar en otro lugar, conociendo el rostro del asesino.

—Deberías ir a buscar a ese detective. Tal vez exageré; ahora que lo pienso, no es la primera vez que ella anda sola por la calle… sabe cuidarse sola; es sólo que, entré en pánico porque se supone que yo cuidaría de ella— Decía cabizbaja.

—Y entonces… ¿Por qué crees que no conteste su celular?—

—Escucha Jin; ambos están a punto de decirle la verdad a Hwoarang… tal vez necesita estar completamente sola y pensar en lo que le va a decir y cómo se lo va a decir. Lamento tanto haber armado este alboroto— Se disculpó apenada.

—¿Hwoarang?— La miró sorprendido… ¿Había escuchado bien? ¿Podría ser el mismo Hwoarang que él alguna vez conoció?

—Sí, su prometido... por eso creo que deberías ir allí por esos resultados— El stripper se quedó pensando y analizando cada palabra que salía de la boca de Asuka… ¿Y si tenía razón? Estaría perdiendo el tiempo en vano… pero de no ser así, nunca se perdonaría que Lili pudiese correr peligro. Por otro lado, el nombre del prometido de la monegasca le estaba taladrando la cabeza.

—Tal vez, tengas razón— Dijo el pelinegro bastante dudoso.

—Mira, yo…—

—¿De verdad se llama Hwoarang?— Preguntó, interrumpiéndola… ¡Necesitaba quitarse aquella duda de la cabeza!

—S-sí… ¿Lili nunca te lo mencionó?— Asuka estaba extrañada ante la pregunta del chico.

—No recuerdo que me haya dicho su nombre—

—Es patético ¿No? Es como si pronunciaras un trabalenguas— Rio un poco la castaña.

—Es… ¿Pelirrojo? ¿Y de ojos café oscuro?— Cuestionó Jin, recordando las facciones de aquél niño con ese mismo nombre.

—¡Sí! ¿Lo conoces?—

—Fue hace mucho—

—¿Lo ves? Tal vez, esa pueda ser una ventaja—

—¿Ventaja? Dudo mucho que lo sea—

—Bueno, y supongo que Lili no lo sabe—

—¿Cómo iba a saberlo? Ni si quiera yo lo sabía—

—Pero oye, ve el lado bueno… lo conoces; incluso si Emilie se ha atrevido a ir a hablar con él ahora mismo, no es mal chico… aunque lo odio—

Una vez más, Kazama analizó cada palabra… ¿De verdad Lili podría estar hablando con él ahora mismo? El hecho de que no contestara su celular, sumado a todas las trabas que el día anterior le había puesto cuando le mencionó el irle a decírselo juntos… daba como resultado un estruendoso ¡Sí, así era!

Sus entrañas se conmovieron, es decir, habían acordado algo… aunque no tenía la total certeza de que así fuera, ni la culpaba si era así; ya que, ella misma trató de decirle que se sentía más cómoda diciéndoselo sola.

—Le seguiré marcando desde tu celular y el mío; mientras, vayamos por esos resultados... incluso, sólo tómalos y continuamos buscándola— Trató de convencerlo de forma dulce y sonriente. Él sólo la vio, resignado.

—De acuerdo… espero que tengas razón—

Sin más, arrancó el automóvil con dirección al despacho del detective Lee Chaolan. Miraba de soslayo a Asuka, quién intentaba comunicarse con su rubia amiga una y otra vez, sin obtener respuesta.

A tan sólo unos cuantos minutos de llegar con el peliblanco; uno de los dos celulares se hizo sonar…

—¡Bendito sea el señor!— Casi gritaba la castaña de alivio y alegría al leer el mensaje que le habían mandado a su teléfono.

—¿Es Lili?— Cuestionó el pelinegro para asegurarse.

—Sí, dice que fue a su casa por algo de ropa y que lamenta no haber podido avisarme o dejarme una nota—

—Eso… significa que está bien ¿No?— Jin aún lucía consternado.

—Relájate Jin; ya supimos que está bien. Ahora, sólo falta que tengas esos resultados en tus manos y asunto zanjado—

Por más que trataba de contener los nervios; era imposible, y a pesar de saber que la Rochefort estaba sana y salva… aún sentía esa enorme preocupación dentro de sí… ¿Por qué? No lo sabía.

Minutos después, lograron llegar al despacho de Lee; en donde Alisa los recibió sonriente y amable como de costumbre.

—Pueden pasar; el detective Lee está en su oficina— La pelirosada señaló la respetiva puerta.

—Gracias Alisa— Respondió Asuka de la misma manera; ya que Jin parecía tener la cabeza en otro lado.

Ambos abrieron la puerta de la oficina de Chaolan, revelando al hombre sentado tras su escritorio, sosteniendo un sobre y observándolo con melancolía. Subió un poco la mirada para ver a quienes entraban…

—Esperaré aquí afuera— Dijo la castaña que acompañaba al stripper mientras cerraba la puerta.

Jin miró nuevamente al platinado quién le hizo una seña con la mano para que tomara asiento; por lo que, así lo hizo. Los dos hombres permanecían en silencio… hasta que el mayor de ellos habló…

—Jin… necesito hablar contigo antes de darte éste sobre— Chaolan señaló dicho objeto sin perder de vista al muchacho.

—Usted… ¿Ya sabe quién fue?— Preguntó el japonés; queriendo saber si el detective ya había abierto aquél sobre que sostenía entre sus manos.

—No. Sé cuán importante debe de ser esto para ti, así que… quería que tú fueras el primero en saberlo— El peliblanco le extendió la mano que sostenía los resultados de la investigación. Kazama se dispuso a tomar el sobre; más Lee evadió su agarre para darle una última "advertencia" —Sólo prométeme algo…—

—¿Q-que cosa?— Cuestionó el pelinegro con extrañeza.

—¡Aléjate de Emilie!— Más que una "advertencia"… fue una orden.

—¿Disculpe?— Preguntó nuevamente para rectificar que había escuchado bien.

—Ya me oíste. En cuanto te entregue este sobre; no quiero volver a verte, y mucho menos junto con ella— Habló con sequedad.

—Con todo respeto señor Lee… creo que esa decisión le concierne a ella no a usted—

—¡Esa decisión le concierne a su prometido! ¡Nos vieron la cara de imbéciles a todos! ¿Eres consciente de tus acciones? Destruiste, lo que pudo ser, un hogar y una familia feliz—

—Créame que lo sé; y aunque se oiga con cinismo… no me arrepiento— Jin se postró firme.

—¿Cómo te atreves?— Con furia, el detective se levantó golpeando el escritorio —¡Lárgate de aquí! Siempre he sabido que es imposible razonar con perros callejeros como tú— Sin más, Chaolan le aventó el sobre.

El pelinegro lo fulminó con la mirada; pero tampoco se pondría a pelear con aquél hombre… ¡Él no podía decirle qué hacer! Era una situación fuera de su incumbencia. Tomó el sobre que había caído sobre el suelo y se marchó de aquella oficina; no sin antes azotar la puerta.

Asuka y Alisa se estremecieron ante los gritos; el golpe sobre el escritorio y el azote de la puerta. Miraron al chico salir con enojo; y fue entonces, que ambas se preocuparon.

—No se preocupe…— La ojiverde se dirigió a Jin en voz baja y dulce —Sé lo que ocurrió. Esta mañana se supieron los resultados de las pruebas que se le hicieron a la señorita Rochefort. Si usted aún la frecuenta, quiere decir que ella en verdad le importa. No es culpa de nadie enamorarse de esa manera— Trató de apoyarlo.

—Jin… Lili no quiere que te alejes de ella; ustedes dos ya están buscando una solución a su problema. No te desanimes— Asuka también trato de animarlo.

—Sólo vámonos— Habló el joven con la cabeza baja.

—Pero, ¿Y el sobre? ¿No lo vas a abrir?—

—No—

—Yo le recomendaría que lo hiciera. El detective Lee no permitiría que usted volviese aquí; pero tal vez yo pueda ayudar para encontrar el paradero del responsable, he aprendido muchas cosas de él— Se ofreció la pelirosada con una sonrisa.

—¿Lo ves? Hazlo Jin, sólo ábrelo y ya—

¡Como si fuese tan sencillo como abrirlo y no sentir nada!

Kazama lo pensó por dos segundos; y aunque hubiese preferido esperar y abrirlo junto con Lili, no podía negarse a la oferta que Alisa le proponía.

—De acuerdo— Suspiró.

Colocó el sobre encima de la recepción en la que trabajaba la ojiverde. Asuka se postró a su derecha para tener mejor vista al contenido del sobre, mientras que Alisa continuaba tras la recepción, igualmente, viendo el dichoso sobre.

Tomó aire con nerviosismo.

Postró sus dedos sobre la solapa del sobre, despegándolo con lentitud. Sacó poco a poco las hojas que éste contenía. Su respiración se entrecortaba, no sabía que haría después de conocer la cara del homicida, no quería perder la poca cordura que le quedaba y enloquecer hasta encontrarlo. Pensó en Lili y en su bebé… fue entonces que se detuvo; no tenía las agallas para abrirlo, por muy ridículo que pudiese ser.

Sintió la mano de Asuka sobre su hombro en señal de apoyo. Trató de acumular los ánimos que pudo; para así, proseguir.

Suspiró nuevamente y sacó de lleno las hojas.

—¡Oh, Dios mío!— Gritó Alisa en asombro a la vez que llevaba sus manos a su boca.

Abrió sus ojos de par en par… ¿Cómo era posible? ¿En qué momento…? ¿Por qué…?

Miró a Asuka, quién veía aquella fotografía boquiabierta. Ambos cruzaron miradas.

—¡Lili!— Exclamaron casi en un grito al unísono.


Pagó el taxi que la había llevado hasta allí; su enorme mansión.

Notó que no había ningún auto o limosina fuera, lo que significaba que su padre no estaba en casa. Caminó hasta la entrada; abriendo la puerta y sorprendiéndose.

A diferencia de los días comunes; dentro de la mansión Rochefort, los empleados andaban de un lado a otro sin parar… pero ésta vez, todo parecía vacío.

—¿Hola? ¿Hay alguien en casa?— Preguntaba la rubia en voz alta. Todo parecía bastante extraño; ya que no obtuvo respuesta. Giró su vista hacia todos lados, sin encontrar a nadie.

Temerosa, subió las escaleras hasta su habitación. Tal y como le había dicho a Asuka en su mensaje, había ido a su casa a cambiarse de ropa; y de paso, a buscar a su fiel mayordomo Sebastián, para que la acompañara a decirle la verdad a Hwoarang… así, no estaría sola, y cuando se lo contara a Jin; tal vez éste no se enfadaría tanto con ella o le reprocharía el haber ido sola.

Cambió su atuendo por ropa limpia y discreta, justo como la del día anterior. Después, bajó nuevamente las escaleras… y divisó una silueta que la asustó, haciéndola gritar.

—¡Santo cielo! Rosalie… me asustaste— Habló Emilie un tanto más tranquila mientras llevaba la mano a su pecho —¿Dónde está todo el mundo?—

—El señor Rochefort tuvo que hacer un viaje de negocios y se llevó a parte del personal; a los demás les dio el día libre, pero a mí me dejó encargada de usted— Hablaba el ama de llaves con seriedad.

A pesar de todo; Lili percibió algo extraño.

—¿Y Sebastián?—

—Se fue con su padre señorita—

—Cariño…— Los interrumpió una voz masculina que ella bien conocía.

—Hwo… ¿Qué haces aquí?— Cuestionó la monegasca, mirándolo con asombro.

—¿Podrías dejarnos un momento a solas Rosalie?— Pidió con amabilidad el pelirrojo sin quitar la mirada de la ojiazul.

—Sí, joven— Sin más, la mujer se alejó de allí dejándolos solos.

—¿Qué ocurre?— Preguntó la chica.

—Estaba esperándote amor; creo que necesitamos hablar— Habló el coreano con tranquilidad.

—Sí, bueno… yo también creo lo mismo, pero, preferiría que fuéramos a otro lugar más concurrido— Decía ella; tratando de ocultar sus grandes nervios a la vez que su mano derecha jugaba con las uñas de su mano izquierda.

—¿Por qué? Aquí estamos bien— Con delicadeza, tomó la mano de Lili hasta llevarla a la sala; dónde ambos se sentaron —¿Hay algo que quieras decirme?— Preguntó el cabeza de zanahoria mirándola fijamente a los ojos.

—P-pues… yo…— Tartamudeaba la joven, buscando cómo empezar a confesarle todo.

—¡No me mientas!— Le gritó Hwoarang en desesperación, sosteniéndola del cuello y pegando su cabeza al respaldo del sofá. Entre el susto, y la presión que la mano del chico ejercía sobre su cuello, bastó para que sus intentos por respirar fueran escasos. El coreano la miró; asustándose de igual manera, al notar sus desquiciadas acciones ¡Había perdido el control! ¡Otra vez! —L-lo lamento…— Tartamudeó al quitar su mano de allí.

En cuanto pudo, Lili se levantó del sillón, dispuesta a alejarse lo más que podía de él ¿Quién era?, ¡Es como si desconociera al chico con el que compartió cuatro años de su vida! Con las lágrimas a punto de salir de sus ojos; corrió hasta la puerta, más Hwoarang, no la dejaría ir tan fácilmente… por lo que, la tomó del antebrazo…

—¡Suéltame!... ¡Rosalie!— Gritaba la joven, tratando de que ésta la escuchara.

—No, no grites. En verdad discúlpame… ¡Sólo entiéndeme Lili!— Trató de tranquilizarse a la vez que acorralaba a la rubia en un pared cercana.

—¿Entender qué? ¿Qué estás completamente enloquecido?— Hablaba la Rochefort con la voz entre cortada; dejando salir aquellas lágrimas que tenía retenidas.

—¿Y cómo he de estar después de saber que sólo me has estado mintiendo? ¡Yo te amo Lili!— De igual forma, una lágrima resbaló por una de las mejillas del pelirrojo.

—¡Lo siento! De verdad lo siento. Quería decírtelo, pero no sabía cómo… no merecías lo que te hice pero... me enamoré de él; y ahora… ahora… quiero estar a su lado— Decía la ojiazul con las palabras pausadas debido al llanto; consiente del efecto que aquellas palabras podrían tener en el chico.

—¿Tú? ¿Enamorada de Jin Kazama?— Preguntó viéndola con mirada penetrante y alejándose escasos centímetros de ella… luego, rio… como si de una buena broma se tratase. Emilie emitió un gesto confuso… ¿Qué le pasaba? ¿Acaso le daba gusto? ¿Se burlaba? ¿O qué mierda…? —Si tanto lo amas; te propongo un trato amor mío— Pasó el dorso de su dedo índice sobre su mejilla izquierda... con una cínica sonrisa.

La joven se asustó ante aquél cambio tan repentino de humor y semblante.

—¿D-de qué hablas?—

—Sólo quieres ser feliz, ¿No?— Ella sólo asintió, cabizbaja —Lo entiendo; ¿Sabes?... cuando me enteré de que estabas embarazada de otro hombre, juré que lo haría pagar… pero descuida, no haré eso… incluso, fingiré que nada pasó— Una vez más, Hwoarang sonrió. Parecía como un loco recién escapado del manicomio.

—P-pero…—

—Sólo debes hacer algo por mí…— La silenció con su dedo. Lili continuaba asustada y confundida; no entendía ninguna de sus reacciones… y no tenía idea de qué hacer; su cabeza estaba tan pérdida ante el asombro que Hwoarang le estaba provocando, que no podía pensar con total claridad —Serás feliz a mi lado; como siempre lo habías sido. Te casarás conmigo, y seremos una alegre familia. Eso es lo que harás si en verdad amas a Jin… de lo contrario; haré que pague… justo como me había prometido a mí mismo ¿Me escuchaste?— Continuó diciendo; tranquilo y sonriente.

—N-no podrías… t-tú… tú no eres así…— La monegasca hablaba entre lágrimas.

Miró que el chico fruncía el entrecejo; enfadado ante su comentario.

—Puedo ser peligroso cuando alguien se interpone en mi felicidad— De su bolsillo; el pelirrojo sacó una filosa y muy puntiaguda daga, la cual, no dudó en mostrarle al mismo tiempo que pasaba la punta de ésta sobre la mejilla de Lili… haciendo un recorrido hasta su cuello.

Su corazón y respiración se aceleraron al mirar el arma y aún más al sentir ésta sobre su piel. Cerró los ojos con fuerza; su llanto se volvió incontrolable… ¡No quería morir! Jamás imaginó que Hwoarang pudiese ser un loco con sed de venganza. Su cabeza se quedó en blanco; a estas alturas, ya le resultaba imposible pensar.

—Si yo fuera tú, haría lo que dice— Escuchó una voz que ella bien conocía; fue entonces que abrió los ojos de par en par… confirmando que se trataba de…

—¡Christie, ayúdame!— Suplicó con voz débil, viéndola por encima del hombro del chico.

—¿Bromeas? Éste es el momento que siempre había esperado. La gente siempre besa por dónde pisas… ya era hora de que alguien te pusiera en tu lugar; así que no pienso arruinar éste fantástico momento. ¡Te odio Emilie! No eres más que una perra barata que se hace pasar por la dulce, tierna e inocente hija de papi— Hablaba la morena, quién yacía cruzada de brazos, mirando la escena con una sonrisa triunfante.

—No seas estúpida Christie; jamás mataría al amor de mi vida— A pesar de hablar con la brasileña, el pelirrojo no miraba nada más que no fuera Lili.

—¡Haz lo que te venga en gana! Sólo haz su vida miserable y aléjala de Jin—

—Entonces… ¿Qué dices… mi hermosa princesa?— Como si no hubiese escuchado las niñerías de Christie, Hwoarang continuó su "trato" con la joven de ojos azules.

No paraba de llorar. Nunca creyó que Christie fuera el tipo de amiga perfecta, pero solían compartir momentos las tres… simplemente, parecía una terrible pesadilla de la cual ya quería despertar. Sintió la poca presión que el coreano empleaba con la daga sobre su cuello…

Su corta vida había llegado hasta allí…


Bajaron del auto lo más rápido que pudieron. Sin pensar; Asuka tocaba la puerta de la mansión Rochefort con fuerza y desesperación.

—¡Lili!... ¡Lili! ¿Estás ahí? ¡Ábrenos!... Por favor, por ningún motivo vayas con Hwoarang… ¿Lili?— Gritaba la castaña a la vez que tocaba dicha puerta.

El stripper la miraba con preocupación. Habían salido corriendo del despacho de Lee al mirar aquél papel… ¡Hwoarang había asesinado a su madre! ¿Por qué?... No tenía idea, por ahora, sólo quería evitar que Lili corriera el mismo destino.

Ambos marcaron nuevamente al celular de la muchacha para darle algún tipo de aviso. Mensajes, llamadas… ninguna contestada; por lo que, se alarmaron aún más.

—Señorita Asuka…— Oyeron una débil voz que les llamaba desde uno de los extremos de la gran mansión.

—¿Rosalie?... ¿Qué haces aquí?— Preguntó extrañada la chica, al ver que la ama de llaves yacía fuera del hogar y aparentemente, había rodeado la mansión desde fuera; eso, sumado a que la mujer lucía preocupada y con los ojos llorosos.

—Shhh… no haga mucho ruido. Síganme— Ordenó en voz baja.

Jin y Asuka se miraron extrañados; después, hicieron lo que la mujer les había dicho.

—¿Qué ocurre?— Preguntó nuevamente la castaña mientras caminaban de manera silenciosa, rodeando la mansión.

—¡Es el joven Hwoarang! ¡Se volvió loco!— Rosalie rompió en llanto.

—¿Lili está con él?— Sin importarle nada más que la monegasca en ese momento; Kazama no pudo evitar preguntar por ella.

—¡Sí! Tienen que ayudarla. Están dentro; la señorita Christie también está con él… yo pude salir por la puerta de la cocina—

Sin decir más, el pelinegro corrió; aun rodeando, hasta encontrar la puerta mencionada y adentrarse en ella mientras Asuka y Rosalie lo seguían, consternadas.


—Creo que tenemos visitas— Habló Christie con disgusto al oír los llamados de Asuka desde fuera de la mansión.

—¡Qué bien! No dudo en que Jin venga con ella… así que, dime linda… ¿Qué decides? ¿Muere? ¿O vive?— Hwoarang acercó su rostro al de Emilie para evitar; de algún modo u otro, que la rubia pudiese gritar después de quitar la mano que había puesto sobre su boca tras oír la presencia de Asuka.

Aún en llanto; Emilie asintió con miedo… fue entonces que el coreano apartó poco a poco la mano de su boca; asegurándose de que ésta, no alertara a los "visitantes".

—Lo haré, lo haré… pero no les hagas nada— Habló la monegasca con debilidad y con la voz entrecortada.

—¡Perfecto! Sólo hay un pequeño detalle…— La mirada y porte del pelirrojo se tornó seria. Los llorosos ojos azules de Lili le preguntaban de qué hablaba, así que, contestó —En nuestra bella familia feliz… no existe ningún bebé de Jin Kazama…— Sin más, enterró la daga sobre el vientre de la Rochefort.

Abrió la boca ante el dolor; sus pulmones se contrajeron, haciendo que su poca respiración se entrecortara. Llevó sus manos a la herida recién hecha. Sus rodillas cayeron al suelo; más lágrimas se hicieron notar. Su visión se hizo borrosa. Se debilitó, y cayó al suelo… luchando por su vida, y haciéndose a la tormentosa idea, de que la de su bebé, estaba perdida.

—¡Lili!— Asuka y Jin gritaron al ver la escena.

Ambos corrían en aquella dirección; no obstante, con una mirada fría, Hwoarang sacó una pistola de su otro bolsillo… apuntándola al stripper; quién se quedó estático.

—No te acerques— Dijo el coreano con tranquilidad. Miró de soslayo a Asuka; quién, logrando llegar hasta Lili, se arrodilló ante ella para tomarla entre sus brazos… no sabiendo si hacer o no presión sobre la herida… no tenía noción de que era lo más conveniente si su amiga llevaba un bebé dentro… o si es que aún lo llevaba con vida.

—¡Suéltala!— Al igual que su cómplice; con cuchillo en mano, Christie amenazó a la castaña; sin embargo, ella sólo la miró con odio, sin soltar a la ojiazul. La brasileña se puso nerviosa; jamás había amenazado de muerte a alguien… ni mucho menos había cometido algún tipo de homicidio. Sus manos empezaron a temblar, pero no dejó de apuntarla con aquella filosa arma.

En ese momento, la rabia sobrepasó a su estado sorpresivo. ¡Ya no le importaba que un loco le apuntara con un arma! ¡Lo enfrentaría… lo enfrentaría como no pudo hacerlo con su madre!

—¿Qué esperas para disparar?— Lo retó Kazama, con el entrecejo fruncido.

—¡Oh! Ahora te haces el valiente. Creo que ya quedó claro de lo que soy capaz; así que, no esperes compasión hacia ti— Bastó con que el pelinegro diera un solo paso para que Hwoarang soltara un disparo que alertara a los presentes; sin embargo, fue un disparo dirigido a la nada… A pesar de sentir nervios dentro de sí, se mantuvo firme… Las chicas gritaron; a excepción de Emilie, quién apenas si podía mantenerse con los ojos abiertos; el dolor la estaba consumiendo —Sólo hay una pequeña cosa que quiero decirte Kazama— El pelirrojo sonrió de manera maliciosa —¡No tienes idea de cómo disfruté quitándote a tu familia… así como tú me quitaste a la mía! Tu madre era tan dulce. Ese día… en cuanto me vio dentro de la casa; me sonrió…—


—¡Hola Hwoarang! Jin no mencionó que vendrías… ¿Dónde está él?— Preguntaba la mujer de cabellos y ojos negros con una radiante sonrisa. Llevaba un vestido blanco de tirantes que le llegaba hasta las rodillas y un delantal encima… claramente, estaba cocinando la comida.

Estaba acostumbrada a que su pequeño hijo llevara compañeros del colegio de vez en cuando; aunque comúnmente, solía avisarle.

—Se quedó en la tienda del señor Tanaka; me dijo que me adelantara— Habló el pequeño pelirrojo con mirada inocente.

—… Le dije que no comiera dulces antes de comer— Refunfuñó un poco la mujer en voz baja; luego, volvió a mirar al niño con amabilidad y ternura —Ya hablaré con él. Dime, ¿Tienes hambre? Debes estar cansando del colegio… siéntate; la comida estará lista en unos minutos—

Hwoarang asintió con una sonrisa y se dirigió al sofá; miró su mochila, y fue entonces que su sonrisa se esfumó… ¿En verdad tenía que hacerlo? La madre de Jin parecía una buena persona, pero todas las cosas que su madre le había dicho sobre ella… ¡Era imperdonable! ¡Tenía que hacerlo, por su mamá! Jin y Jun Kazama habían arruinado sus vidas ¡No podía fallarle!

Volteó su cabeza para mirar una vez más a su víctima. La pelinegra yacía de espaldas, cortando algunas verduras sobre una tabla de picar… ¡Era el momento! Buscó entre su mochila aquél objeto punzante que su madre le había dado junto con una bolsa. Lo tomó entre sus pequeñas manos temblorosas; después, observó a Jun por última vez.

Se levantó de aquél sofá y caminó despacio hasta la cocina; con ambas manos escondidas detrás de sí mismo.

—Señora Kazama… necesito un abrazo— El pequeño pelirrojo hizo un gesto de tristeza al cuál la mujer no se resistiría… y así fue.

Con sólo verlo, Jun supo que algo pasaba con aquél indefenso niño… tal vez sus padres lo maltrataban sin motivo y sencillamente necesitaba el apoyo y amor de una madre.

La mujer sonrió con melancolía al verlo; lo había conocido prácticamente desde que Jin había ingresado a esa escuela… y siempre lo veía sólo; además de que nunca solía pedir permiso a sus padres para ir a casa de sus demás compañeros y estos ni se inmutaban… creyó que al pequeño le hacía falta demasiada atención.

—Claro que sí. Ven aquí— Jun se agachó lo suficiente como para quedar a la altura del pelirrojo y abrazarlo con cariño; después de todo, no era más que un niño.

Sus manos temblaron más que antes… ¿Y si fallaba? Su madre lo odiaría y quién sabe qué otras terribles cosas pasarían. Recordó nuevamente las macabras cosas que aquella mujer que estaba por abrazarlo, había hecho… ¡Quitarle al hombre que pudo haber sido como un padre para él! ¡El amor de la vida de su madre! Sólo así tomó agallas para tomar cierto impulso con la mano que sostenía aquél cuchillo… incrustándolo en el vientre de Jun mientras ésta lo rodeaba entre sus brazos.

El dolor se apoderó de ella haciéndola caer sentada al suelo, a la vez que sangre comenzaba a salir de aquella incisión. Llevó las manos a su estómago; manchando éstas con el rojo carmesí de aquél líquido que brotaba de sus entrañas. Su respiración se entrecortó; y sus ojos miraban al pequeño con asombro, más aún, al verlo dirigirse nuevamente a ella… dispuesto a usar aquella bolsa sobre su cabeza.

Hwoarang continuaba nervioso, más eso no lo detendría. Jun; con la poca fuerza que tenía dado al daño, trató de tomar las muñecas del pelirrojo para alejarlo, pero fue inútil.

Se encontraba demasiado débil; incluso creía sentir como la sangre emanaba de su cuerpo. Sintió la bolsa dentro de su cabeza; impidiéndole respirar… eso, sumado a que el pelirrojo parecía poner las manos sobre su cuello. Dio patadas, manotazos a cualquier lugar. Su visión se nublaba y sus pulmones se bloqueaban.

La vio luchar por su vida; pero poco a poco, dejó de hacerlo… hasta quedarse completamente quieta y tirada en el suelo de la cocina. Quitó la bolsa de su rostro y la observó… pálida, con los ojos abiertos y los labios que ya habían perdido un poco de color. Ya no respiraba, y un pequeño hilo de sangre, brotó de su boca entreabierta.

Hwoarang se asustó; más recordó las palabras de su madre… no tocar nada, no soltar el cuchillo, colocarlo dentro de la bolsa, meterlo en su mochila y salir huyendo de allí.

Tal cual se lo había dicho; así lo hizo.

Su pequeña cabeza aún no asimilaba su más reciente acto… pero una pequeña felicidad se apoderó de él. Estaba seguro de que su madre se enorgullecería de su éxito.


—¿Qué?— Preguntó Jin con vulnerabilidad ante el recuerdo.

—Ya me oíste. Nos arruinaste la vida. Después de que mi padre la abandonara estando ella embarazada de mí, Kazuya apoyó a mi madre como nunca antes... eran amigos de toda la vida. Él debió ser como mi padre y mi madre debió ser muy feliz; pero no fue así, ¿Sabes por qué?— Aun con el arma en mano, apuntando a la frente del pelinegro; el coreano habló entre dientes… con ira —Porque el estúpido conoció a tu nefasta madre. Compartieron juntos una maldita noche… ¡La maldita noche en que tú fuiste "creado"! Se ilusionó con ustedes… diciendo que harían una hermosa familia… y mi madre y yo, nos quedamos solos otra vez. Y ahora, vienes tú… y quieres repetir la historia, quitándome al amor de mi vida… junto con un bebé bastardo… ¡No lo voy a permitir!—

—¡Eres un cabrón hijo de puta!— Jin gritó, dispuesto a abalanzársele encima.

—Me parece que el hijo de puta eres tú— Sonrió con cinismo; a punto de oprimir el gatillo.

—¡No!— Gritó la morena a la vez que corría; logrando desviar la mano del pelirrojo y de la misma manera, el disparo. Por su parte, Kazama se había quedado estático, mirando de soslayo a Asuka y a Lili —Dijiste que no le harías daño— Reprochaba Christie de manera asustada.

Con el ceño fruncido; escuchó sirenas de policías y ambulancias a lo lejos.

—¿Qué hiciste con Rosalie?— Cuestionó Hwoarang entre dientes, apuntado nuevamente al stripper y sin perderlo de vista.

—La dejé encerrada en la cocina— Dijo la brasileña; no obstante, el coreano la fulminó con la mirada.

—¿Qué? ¡Eres tan estúpida! Te dije que la amarraras a una silla o algo. En la cocina hay un teléfono y si no mal recuerdo, tienen llaves allí. ¡No sirves para nada!— Gritaba eufórico, apuntándole el arma, haciendo uso de ella y haciéndola caer al suelo; desangrada e inconsciente. Gracias a aquél descuido, la maldita sirvienta había llamado a emergencias y todo su plan se le vendría abajo.

Asuka soltó un grito altisonante y miraba impactada el cuerpo sin vida de su supuesta amiga.

—Por favor resiste Lili. Sólo un poco más— Susurró Asuka asustada. Abrazó con fuerza a la Rochefort al sentir que su preciada amiga poco a poco empezaba a sudar, palidecía y hacía un esfuerzo sobrehumano para no cerrar los ojos y continuar respirando con dificultad.

A pesar de sentirse en terrible shock ante la locura del pelirrojo y angustiado por el estado de Lili, ¡Era ahora o nunca! Estaba distraído, viendo el cuerpo muerto de Christie tirado en el piso.

Corrió hasta él; dispuesto a quitarle el arma de la mano, sin embargo, Hwoarang reaccionó lo suficientemente rápido como para forcejear con el stripper. En un movimiento rápido, Jin logró que la pistola volara lejos.

—Arregla esto como un hombre— Gritó el stripper en ira.

—¡Voy a acabar contigo!— Con la voz llena de furor y rencor; ambos iniciaron una cadena de puñetazos, sin ningún tipo de piedad. En cada golpe, acumulaban toda su fuerza y peso para ocasionar el máximo daño que les fuse posible.

Ahora era cuando Jin le agradecía a Heihachi, todas aquellas arduas lecciones de defensa personal.

En tanto, Asuka vio el momento oportuno para salir de allí y llevar a Emilie a un hospital en cuanto antes…

—¡Vamos Lili!— Murmuró desesperada la castaña mientras trataba de levantar a la ojiazul. Colocó un brazo de ella sobre su nuca para que la monegasca pudiese apoyarse un poco. Empezaron a caminar lentamente hasta la entrada que el ama de llaves les había indicado.

Hwoarang acorraló a Jin contra la pared; depositándole un puñetazo que lo hizo rebotar en la misma para después arrodillarse ante el dolor. Fue entonces que el coreano giró la mirada a las chicas que caminaban despacio… ¡No lo permitiría!

—¡No llevarás a Emilie a ningún lado!— Caminó a pasos agigantados en dirección a ella.

El pelinegro reaccionó en cuanto escuchó el nombre de la chica que amaba; por lo que corrió hasta taclear al pelirrojo, continuando así, su pelea.


Rodeó su nuca con el brazo para cortarle un poco la respiración. Poco a poco fue escuchando como el chico pelirrojo se empezaba a ahogar mientras continuaba tratando de quitarse a Kazama del cuello… en ese momento, Jin recordó a su madre… ¡Él la había asfixiado! ¡Tal vez merecía el mismo destino!

Rosalie no podía contener el llanto mientras seguía a Asuka; quien casi cargaba ya a la Rochefort. Llegando al frente de la mansión, divisó a una ambulancia y varias patrullas entrando al condominio. Los paramédicos bajaron inmediatamente al ver a la muchacha herida para tratar de detener la hemorragia mientras la llevaban a un hospital.

Por otro lado, los policías entraron a la gran mansión por la misma entrada que la castaña había usado.


Se sentía poseído ante el recuerdo de su amada madre; no pudo evitar poner más fuerza en el brazo, por lo que Hwoarang comenzó a retorcerse… creyendo que moriría.

Como un rayo de luz, su mente también se apoderó de él, pensando en Lili.

El primer momento en que la vio; allí, sentada y sorprendida. El momento en que ella le abrió su corazón. El momento en que se entregó a él en cuerpo y alma. El momento en que lo buscó nuevamente… ¡El momento en el que lo eligió como parte de ella y de su vida!

Él no era como Hwoarang; un loco y obsesionado asesino.

Agitado, lo soltó. El pelirrojo se arrodilló al mismo tiempo en que tosía y retomaba el aire perdido; pero el sonido de los pasos de los policías y verlos entrar… fue su perdición.

—¡Pongan las manos arriba!— Gritaba uno de ellos mientras les apuntaban con sus armas.

Ambos obedecieron; y fueron esposados para salir de aquél maldito lugar.

—¡Esperen! Él nos ayudó, é-él no hizo nada… ¡Es inocente!— Gritaba Asuka con desesperación al verlos salir y darse cuenta de que había esposado al stripper.

El policía que lo llevaba lo miró de arriba abajo; se postraba tranquilo… aunque bastante triste.

—Suéltenlo. Tenemos al hombre que buscábamos— Escuchó una voz bastante familiar. Lee Chaolan.

Sin más, lo hombres liberaron al stripper; pero al pelirrojo… lo llevaban dentro de la patrulla.

—¡Te voy a matar Kazama! ¡Pagarás muy caro el haberme arruinado la vida! ¡Maldito hijo de….!— No se escuchó nada más después de que adentraron al chico en el auto policial.

—¿Dónde está Lili?— Fue lo primero que Jin preguntó al tener a Asuka de frente.

—Ya se la han llevado a un hospital. Tenemos que ir con ella, pronto— Decía la castaña preocupada y sollozando.

—Los alcanzaré allá— Dijo el detective Lee.

Con rapidez, se metieron al auto del pelinegro. Manejó como alma que llevaba el diablo por dónde la amiga de Emilie le iba indicando; hasta que al fin llegaron a dicho hospital. Entraron velozmente, preguntando a todas las enfermeras y recepcionistas que se encontraban allí por el paradero de la Rochefort.


Ya habían pasado varias horas; y aún nadie les decía nada. Una enfermera sanaba las pequeñas heridas en el rostro de Jin en la sala de espera, ya que éste, neciamente se negaba.

—¿Están bien?— Se oyó la voz de Chaolan recién llegando.

—Sí— Habló la castaña con desgano; el pelinegro ni si quiera contestó.

—Necesito hablar un momento contigo Jin— Se dirigió al chico con seriedad. Éste sólo lo miró confundido.

—De acuerdo—

Los dos, se alejaron un poco, lo suficiente como para que nadie más escuchara y dónde tampoco perdieran de vista a Asuka.

—Lamento tanto todo esto. El padre de Emilie está en camino… ¿Les han dicho algo ya?—

—Aún no— Suspiró.

—¿Cómo no me di cuenta antes? Todo este tiempo habíamos tenido a un homicida entre nosotros— Se culpó el detective —Lo que no entiendo es, ¿Por qué lo hizo?—

—Estaba loco, ¿Hay que decir más?— Habló el pelinegro sin intención de querer explicar nada.

—Supongo que tienes razón; en fin. Hay algo más que quisiera decirte aparte de pedirte disculpas por mi comportamiento… creo que, tú y Lili en verdad se quieren, yo no debí interponerme— Dijo el platinado cabizbajo y apenado.

—Descuide, lo entiendo; por lo visto, conocía a Hwoarang de años atrás… es normal que lo defendiera… y; ¿Qué más quería decirme?— Respondió el stripper sin ningún tipo de resentimiento.

—Sé que tal vez no es el momento, pero había olvidado darte esto— Chaolan le entregó otro sobre. Jin lo miró con extrañeza y lo tomó.

—¿Qué es?—

—Durante mi investigación respecto a Kazuya; descubrí que él había hecho un testamento en dónde mencionaba que si algo le sucedía, toda su herencia sería para tu madre y para ti… pero, como tu mamá ya no está aquí, la herencia es tuya Jin— Lee se postró tranquilo aunque con una media sonrisa.

¿De qué diantres hablaba? Le parecía extraño el hecho de que aquél hombre que se hacía llamar su padre; el cuál, nunca se tomó la molestia ni el interés de verlo crecer sano y con una buena educación, le haya dejado un herencia… sólo para su madre y para él, ¿Podría ser que en verdad los quiso? Recordó que Hwoarang había mencionado algo al respecto… diciendo que se ilusionó con una familia. ¡Tenía que buscar respuestas! Pero por ahora, lo que más le importaba, eran Lili y su bebé.

—Gracias detective Lee—

—¿No vas a preguntarme qué heredaste?—

—L-lo siento, estoy algo distraído. ¿Qué heredé exactamente?— Preguntó Kazama con desinterés.

—Mucho… mucho dinero; y una empresa llamada "Mishima Zaibatsu", por lo visto es empresa familiar, y Kazuya estaba al mando de ella… es una empresa muy reconocida en Japón y gran parte del mundo; es la empresa que les proporciona armas al ejército del gobierno de varios países. ¡Felicidades Jin! Después de la vida tan dura que has tenido… merecías un buen cambio. ¡Oh! Y no te preocupes, conozco buenos abogados que te podrán ayudar sobre el tema— Sonrió el peliblanco dándole una ligera palmada en el hombro para después alejarse.

El chico se quedó perplejo. No había duda de que su vida había dado un giro enorme con sólo conocer a la Rochefort… tal vez ahora, sí podría mantenerla y hacerla feliz junto con su hermoso bebé; o eso, si es que el pequeño aún tenía alguna esperanza.

—¡Jin!— El llamado del señor Marshall, quién iba llegando, los sacó de sus pensamientos —¡Dios mío! ¿Estás bien? ¿Qué pasó?— Preguntaba agitado y consternado; más aún después de ver que su "hijo" llevaba un par de heridas en la ceja y la nariz, junto con el labio un poco inflamado.

—Yo estoy bien, pero Lili y nuestro bebé… aún no sé nada de ellos. El chico con el que ella se había comprometido; era alguien que conocí cuando era pequeño y… por muy raro que parezca, él asesinó a mi madre. En cuánto lo supe fui a buscar a Lili para que no corriera peligro… pero llegué un poco tarde— Bajó la voz y la cabeza; realmente parecía importarle mucho esa muchacha… quizás Jin siempre tuvo razón respecto a ella.

—Tranquilo hijo— Lo apoyó Marshall dándole un abrazo; el cuál, fue correspondido.

—No quiero que les pase nada— Se sinceró Kazama casi con una lágrima por salir.

—¿Dónde está mi hija?— Los interrumpió la voz de un hombre. Ambos giraron sus miradas hacia él. Un hombre de mediana estatura y con un par de kilos de más; aunque parecía muy bien vestido y llevaba un par de guardaespaldas junto con otro hombre, un tanto viejo —¡Lee! ¿Qué es todo esto? ¡Habla de una buena vez!— Casi le gritaba al platinado.

—Si me acompañas; con gusto te contaré todo… cada detalle— El detective y aquél hombre, se dirigieron a las afueras del edificio.

Jin sólo los miró. ¿Ése era el padre de Emilie? Sí lo era, no dudaba en que también le tocaría a él un buen sermón.


Llevaban más minutos esperando. El stripper ya le había comentado todo con lujo de detalles a su padre adoptivo; incluso le mencionó lo de la supuesta herencia de Kazuya, a lo que, Marshall se alegró… diciéndole algo parecido a lo que Chaolan ya le había dicho.

Observó que el peliblanco y el posible padre de Lili regresaban a la sala de espera.

Sus nervios aumentaron, cuando dicho señor se le acercó; serio.

—¿Tú eres Jin Kazama entonces?— Preguntó con una mirada penetrante.

—Sí— Trató de postrarse firme; no quería que el señor Rochefort le dijera algo como "Muy macho para embarazar a mi hija, pero no para hablar las cosas de hombre a hombre".

—Ven…— El señor dio media vuelta y el pelinegro lo siguió. Ambos, se distanciaron un poco de los demás. Una vez más; el padre de Emilie lo miró de manera seria —¿Sabes que podría estrangularte ahora mismo? Tocaste a mi hija de una manera que no me parece; peor aún, sin conocerse. El simple hecho de que la hayas embarazado, me causó un shock tremendo… y un terrible desprecio hacia ti. Pero… al saber la historia completa; me quedé pensado en que el destino y el karma no se pueden detener. Tú llegaste a la vida de mi pequeña Emilie para salvarla... Ella llegó a tu vida para ayudarte… y tal vez, para que ambos fuesen felices. Nunca creí que Hwoarang fuese así pero… dicen que nunca terminas de conocer a una persona; así que, por ahora, lo único que me queda por decir es ¡Gracias por cuidar de ella!— Habló el señor Rochefort con tranquilidad; luego, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro —Aun así, te tendré en la mira Jin. No pienso tolerar que mi hija vuelva a estar con un demente—

—Créame, lo único que me importa es su bienestar, no le haría daño. Perdí a mi madre y a mi padre… no tengo motivos para cometer un homicidio; por el contrario, es lo que evito ¿Sabe?—

—Tienes razón; pero te estaré examinando—

—¿Jin Kazama?— Habló una de las enfermeras que recién habían salido. Al oír su nombre, el pelinegro se acercó deprisa.

—Soy yo—

—¿Puede venir un segundo?— El chico sólo asintió y siguió a la enfermera dentro de un consultorio; en dónde tomó asiento.

—¿Cómo está Lili? ¿Y el bebé?— Preguntó básicamente desesperado.

—Precisamente de eso quería hablarle; su novia está fuera de peligro pero…—

—¿Pero qué?— Se desesperó más.

—La pérdida de sangre que ella sufrió le afecta mucho al embrión; además, la incisión de la daga lo alcanzó a rozar un poco—

—¿Eso… q-que quiere decir?—

—Que deben de tomar una decisión. Pueden tenerlo si desean pero, lo más probable es que alguno de sus órganos falle o no se forme por completo; si esto último sucede, tarde o temprano lo perderán. La segunda opción es que lo saquemos de allí, para que no sufra— La enfermera habló con un poco de aflicción en el rostro.

Jin se llevó las manos a la cabeza; no queriendo creer lo que le acababan de decir.

—No, no es cierto— Se dijo a sí mismo en voz baja; lleno de rabia y tristeza.

—Lo siento mucho joven Kazama. Puede entrar a ver a la paciente para que puedan hablar al respecto y se tome una decisión en cuanto antes— Sin decir nada más, la enfermera lo dejó completamente sólo y él, sin poder resistirlo más, dejó que algunas lágrimas hicieran su recorrido.

De alguna u otra forma, perderían a su ansiado bebé… o al menos, las probabilidades más altas es lo que decían. Se mantuvo allí algunos minutos hasta que se pudo tranquilizar aunque sea un poco; así, se dirigió a la habitación en dónde tenían a la chica que tanto amaba.

—Soy su padre, tengo derecho a entrar primero— Reclamó el señor Rochefort al ver que Jin se disponía a entrar.

—Y él es el padre de su nieto, el cual corre peligro tanto como Lili— Lo defendió Marshall. El hombre lo pensó unos instantes, dándose cuenta de su posible egoísmo. Sólo asintió, dejando que el pelinegro entrara.

Abrió la puerta despacio; encontrándose a Lili recostada en la camilla, sollozando como nunca antes. Le partió el alma verla en ese estado tan depresivo… más no la culpaba, ya que él se encontraba igual.

Se acercó a ella hasta sentarse en la orilla y abrazarla con amor, cariño y dulzura.

—¡Mi bebé no! ¡Mi bebé no!— Repitió un par de veces la rubia; haciendo aún más grande su llanto a la vez que se acurrucaba en el pecho del japonés. No sabía qué decirle; él debía ser más fuerte que ella si quería consolarla. Acarició con suavidad su cabello y su rostro —¡Por favor Jin! No permitas que me lo quiten ¡Por favor!— Suplicaba entre sollozos a la vez que se aferraba más a él.

—Yo tampoco lo quiero perder pero…—

—¡No! ¡Estará bien! ¡Yo sé que estará bien! Nos tendrá a los dos para ayudarlo, apoyarlo y amarlo—

—Lo sé, ¿Pero qué hay de su salud? Aunque queramos y por mucho amor que le demos, jamás podremos formarle un corazón o un hígado, o cualquier otro órgano Lili—

La chica continuó llorando; sabiendo que, queriéndolo o no, él tenía razón.

Lo abrazó fuerte, a pesar del dolor que aún sentía por la apuñalada recibida horas antes, y a pesar de que ésta ya había sido cerrada.

No quería aceptar su realidad; ella sentía esperanza… esperanza para vivir aquella vida que en tan poco tiempo, soñó a un lado de Jin; con ese hermoso pequeño que los había unido… que los había salvado… ¡Esa hermosa bendición, que Dios les había regalado!


Tras un año de tantos incidentes… la mansión Rochefort parecía normal; los empleados rondaban de aquí a allá como de costumbre, esperando la ansiada visita de la menor de los Rochefort.

Asuka yacía dentro; esperando de igual manera sentada en el cómodo sofá y charlando con Rosalie. Eran casi las cinco de la tarde y Lili aún no llegaba; afortunadamente, las llaves se empezaron a oír mientras éstas abrían la puerta principal de la mansión, revelando a Emilie cargando en el hombro una pañalera y empujando una carriola en donde adentro, yacía su hermosa y pequeña princesa de cuatro meses.

Ambas, Asuka y Rosalie casi corrieron a ellas… el ama de llaves dispuesta a ayudarle a la rubia y su castaña amiga cargó a la pequeña bebé, haciéndole gestos graciosos y hablándole con ternura.

La monegasca sonrió al ver a su amiga tan enloquecida como ella por aquél divino pedacito de carne con ojitos enormes color azul intenso y sus pocos cabellos negros.

—¿Vienen de su terapia?— Preguntó la castaña sin dejar de jugar con la pequeña.

—Sí, el pediatra dice que está mejor. Lo único que no me agradó, es que dice que cuando Shanaya cumpla tres años, probablemente deban ponerle algún aparato para que respire mejor… aunque me juró que eso duraría un año a lo mucho; y que después, estaría completamente sana, aunque deberé seguirla llevando a chequeos y esas cosas— Explicaba la rubia mientras se dirigía con Asuka al sofá.

—Bueno, por lo menos ya sabes que estará bien; además Jin y tú la cuidan perfectamente—

—Sí, pero no sabes que susto me llevé anoche cuando no paraba de toser… mi pequeña es demasiado delicada y a veces siento que no sé cuidarla como debería— Decía la Rochefort un tanto triste.

—Eres madre primeriza Lili; yo creo que lo hacen muy bien— Sonrió la castaña —¿Y-y Jin?— Preguntó apenada; a lo que Emilie rio, sabiendo perfectamente que más bien, quería saber a qué hora llegaría él junto con Mark.

—No deben de tardar. Por cierto, ¿Cuándo formalizarán eso? Llevan meses saliendo… y aún no son novios oficiales— Decía la rubia indignada.

—No lo sé, no llevamos prisa… será cuando tenga que ser—

—¡Miren quiénes están aquí!— Habló bastante feliz el señor Rochefort al ver a su hija y su nieta en la sala de su gran mansión. Inmediatamente saludó a su hija con un beso en la mejilla y cargó a la pequeña Shanaya quien no paraba de balbucear quien sabe que cosas… ¡Definitivamente todos se habían vuelto locos con el nacimiento de aquella linda bebé!

En ese momento, el timbre se hizo sonar y el ama de llaves no dudó en abrir… eran nada más y nada menos que Jin y Mark.

—¿Cómo está el vicepresidente del Mishima Zaibatsu?— Preguntó alegre y tímida la castaña mientras se dirigía al amigo de Kazama.

—¿Cómo está el presidente del Mishima Zaibatsu?— Alardeó Lili, mofándose de Asuka y acercándose de igual manera al padre de su hija; depositándole un beso en los labios.

Los lloriqueos de la pequeña Shanaya se hicieron notar cuando ésta vio a su papá… ya que, por una u otra razón; siempre que Jin llegaba, la bebé hacía tremendo teatro hasta no estar en los brazos de él… por lo que, el Sr. Rochefort no dudó ni dos segundos en entregarle a su retoño.

—Buenas tardes Sr. Rochefort— Saludó el pelinegro con su media sonrisa a la vez que calmaba a su hija.

—Buenas tardes Jin— Saludó de la misma manera.

—Ya nos vamos papi, iremos todos a comer ¿No vienes?— Habló la monegasca.

—Lo siento hija, no puedo… tengo unas cosas pendientes por hacer—

—Bueno, entonces te veré después ¿Sí?—

—Está bien. Jin… cuídalas bien—

—Claro que sí—

Ambas parejas, junto con la bebé; se dirigieron a un bello y fino restaurante, en dónde tenían reservada una mesa y en dónde estaban dispuestos a charlar y comer como hacía tiempo no lo hacían.

—Y entonces amigo… ¿Estaré a cargo de la empresa mientras se van a su luna de miel?— Preguntaba Mark por millonésima vez; más que nada, para que Asuka pudiera escuchar.

—Sí, ya te lo había dicho—

Hace alrededor de una semana; el pelinegro había invitado al padre de Emilie, junto con Sebastián, Marshall y otras personas importantes para ambos a una lujosa cena. Fue ese mismo día en que Lili y Jin se comprometieron a la vista de todos. Ésta vez, la rubia no paró de gritar, brincar y abalanzársele al su nuevo prometido… si bien, llevaban un año viviendo juntos y las cosas iban bastante bien. Lo único que les faltaba; era aquél papel que constatara su matrimonio, ya que, Shanaya… era una de las principales razones por las que estaban muy unidos.

—Lili, hay algo que quiero contarte— Habló el ex stripper mientras esperaban lo que habían ordenado.

—¿Qué sucede cariño?— Se alarmó un poco la ojiazul.

—Fui a ver a Hwoarang— Soltó con seriedad.

—¿Q-qué? ¿Por qué? ¿Qué hacías en una penitenciaría?— La idea no le había gustado en lo absoluto; ¿Pero qué más daba? De cualquier forma, ya había ido.

—Sólo quería saber más de Kazuya. El hecho de que me diera su herencia, me dejó una piedrita en el zapato; es decir, si nos abandonó… ¿Para qué nos había dejado todo a mi madre y a mí? No tenía lógica—

—Algo me dice que eso no es de hoy ¿Verdad?— Reprochó Emilie, arrugando la nariz. Kazama sólo rio.

—No. Fui hace meses, pero no quería decírtelo porque aún estabas embarazada y podías exaltarte—

—Bueno, ya te regañaré después— Alzó una ceja a la vez que sonreía —Y… ¿Te dijo algo útil?—

—Sí, básicamente me dijo todo. Con sólo verme se enloqueció más; si es que eso es posible, y empezó a recriminarme las mismas cosas de siempre. No fue tan difícil sacarle la información que quería—

—¿Qué fue lo que dijo?— Preguntó Asuka; escuchando la conversación.

—Kazuya quería estar con mi madre y conmigo; pero la mamá de Hwoarang estaba desquiciada. Lo amenazó con hacernos daño si no se alejaba de nosotros; así que se fue. Me pareció una tontería y no sabía si creerle, pero en fin, uno nunca sabe hasta que te encuentras con un maniático—

—Eso quiere decir que… él en verdad los amaba—

—Supongo. Investigué; por eso acepté su herencia—

—¿Te dijo algo más?— Cuestionó Mark.

—No, sólo… me hizo recodar algo que no había tenido en cuenta. El día en que asesinaron a mi madre, una mujer pelirroja se acercó a mí… me entretuvo con tonterías; de no ser por ella, habría llegado a tiempo—

—¿Quién era?—

—¿Tú quién crees?— Miró a su amigo.

—¡Su madre! Al final de cuentas, ella fue quién lo planeó todo ¿No?— Decía la castaña, sin poder dejar de sorprenderse por los incidentes de hacía ya tiempo. Jin sólo asintió.

—A veces siento mucha pena por él; parecía buena persona, nunca fue su culpa… su madre fue quién le lavó el cerebro cuando era sólo un niño— Hablaba la Rochefort.

—En fin. Ahora ustedes están juntos, y tienen a esa hermosa bebé cachetona— Señaló Mark a aquél ser humano pequeñito que yacía en su carriola, jugando con sus piecitos.

Jin y Lili sonrieron al mirarla, ¡Era divina! ¡Definitivamente la bendición más grande que el Todopoderoso les había dado!


Casi las nueve de la noche y apenas iban llegando al departamento; las horas junto con Mark y Asuka solían pasárseles demasiado rápido, pero allí estaban, de vuelta en casa… la misma casa en la que Jin había vivido sólo… a diferencia de que ahora, había una habitación más.

El cuarto de la pequeña Shanaya, estaba pintado en un rosa muy claro con cenefas y estampillas de mariposas, muebles de maderas finas, adornos de bebé sobre los mismos y el nombre de la pequeña plasmado encima del móvil de la cuna.

El feliz padre, llevó en brazos a su hija hasta la habitación; y con cuidado de no despertarla, la recostó sobre la cuna para después arroparla y darle un tenue beso en su diminuta cabecita.

—Los pies están matándome— Decía su futura esposa mientras se quitaba los enormes tacones que siempre llevaba.

—¿Quieres un masaje?— La miró divertido; allí, sentada a la orilla de la cama que ambos compartían.

—¡Sí! Eso me vendría muy bien— Sonrió ella de manera pícara —¿Crees que podría ser un masaje con un baile y final feliz? Digo… no deberías de olvidar tus enormes habilidades—

—Si es lo que quieres— Sonrió él de igual manera mientras se postraba sobre de ella, con cuidado de no aplastarla.

Le regaló un tenue beso en los labios, que poco a poco, fue tomando pasión y velocidad. Desabotonó la camisa de su futuro marido; ésta vez, sin nervios… sin temor. Acarició su pecho y ese abdomen que tanto le gustaba… ¡Era una mujer feliz… una maldita mujer feliz que lo tenía todo! Una sonrisa se dibujó en su rostro al sentirse afortunada; y ésta se pronunció al sentir las masculinas manos de su hombre acariciar sus piernas mientras subía la diminuta falda de aquél vestido entallado que la cubría.

En ese instante, una pequeña tos se escuchó en la otra habitación, seguida de un llanto que los llamaba.

Ambos se miraron; primero con preocupación, luego se sonrieron.

—Yo voy— Depositó un beso en la frente de su amor para después levantarse y abrocharse un par de botones.

—También iré contigo— Lili se levantó de igual manera, acomodándose el vestido y tomando la mano de Jin —Somos una familia ¿Recuerdas?— Le sonrió con amor.

Así, ambos se dirigieron a la habitación de su pequeña bendición. Ya podrían retomar aquél "masaje" en otro momento… después de todo, Jin era y siempre sería su stripper… ¡Sólo de ella! El que le bailaba sin costo y sin prejuicio… con amor y con pasión.

Lo que realmente importaba ahora, era su bebé… ellos estaban dispuestos a quedarse horas a su lado; cuidando de su sensible salud, sin importar el tiempo de sueño perdido… sin importar el momento que estuvo por venirse para los dos… ¡Sin importar nada, pero siempre… juntos!

Fin


Y así, doy por terminado éste proyecto. *:')

Agradezco a:

.andreeiittaaaa (?)*, X0cuppeyCakey0X, MystiqueDemous, susi y ValliereSe7en que ya no me volvieron a leer pero que en algún momento de la historia, se tomaron un minuto para dejarme review *xD así que ¡Gracias! e.e*

.karychela, un agradecimiento especial para ella porque estuvo conmigo hasta el final *:') la verdad que de no ser por ti, no habría terminado tan pronto… había dejado la historia colgada y tú me alentaste a seguir adelante n.n* ¡Te agradezco todo tu apoyo y gracias por permitirme ser tu amiga! *:D

De igual forma, gracias a todos los que leen por su tiempo… recibo cualquier tipo de comentario. Espero de todo corazón que el final no haya estado medio extraño; por no decir otras palabras. *xD Es la primera historia larga a la que le doy un final… así que, no me asesinen *:P

Un beso a todos, ¡Dios los Bendiga! Y por millonésima vez… ¡Gracias! *:')

Con cariño para ustedes…

. ..Venuz' FloriLuna. ..*

*:3