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Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, la historia es completamente mía

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Rin se encontraba aburrida tomando los cuidados necesarios, en la cabaña de Kaede. Pero con la llegada de la pequeña y adorable bebé en los brazos de su maestra, Rin aunque sorprendida no dudo en ayudar a cuidarla. Con el tiempo, Rin creció en sabiduría y conocimiento, desarrollando un vínculo cercano con la bebé.

Mientras cuidaba de Kagome, Rin notó que la niña tenía un talento natural para ser sacerdotisa, y comenzó a considerarla como una posible sucesora de Kaede. Pero su confianza fue sacudida cuando la sacerdotisa mayor se negó a aceptar la idea y afirmó que Rin era la verdadera indicada.

"Kagome nunca podría llegar a serlo." decía la sacerdotisa de cabellos blancos en un susurro triste, pero seguro.

A pesar de su propia habilidad, Rin no podía ignorar el potencial de Kagome y se preguntó si Kaede estaba ocultando algo.

La joven de cabello castaño, sabía que Kagome era una niña especial, con un don innato para la naturaleza y las tareas sacerdotales. A menudo la dejaba ir sola a buscar hierbas para la aldea, confiando en su habilidad, pues era una tarea simple qué además no requería qué la pequeña ojiazul se alejará demasiado de alrededor, pero un día todo cambió.

Cuando Kagome regresó a la aldea, Rin se dio cuenta de que algo había sucedido. La niña estaba muda, con las mejillas ardiendo y la mirada perdida, como si hubiera visto un fantasma y este le hubiese robado algo más que el alma, aun así la pequeña aseguraba estar bien, pero esa respuesta no parecía tranquilizar a la joven que había tomado como suyo el papel de hermana mayor.

Preocupada, la joven de cabello castaño, Rin, fue a buscar a la sacerdotisa mayor, sin tener una sola idea de lo que encontraría.

Al acercarse al lugar en el que se encontraba quien buscaba, sus instintos se alertaron, y la pequeña figura esférica casi invisible ante ella, le dijo que no debía hacer ruido.

Entre los árboles, la vio, a la mujer que la había cuidado toda la vida y a la cual quería como a su familia, acompañada de una sombra alta y amenazadora.

Escondiéndose, tras un árbol, "Un demonio" pensó, y aunque lista para saltar en protección de la mujer mayor en cualquier momento, algo la detenía y es que no entendía como Kaede no hacía nada contra este ser de un indudable oscuro origen.

Tomada por sorpresa, apenas noto un movimiento demasiado rápido para ser captado por el ojo humano. Abrió sus oídos al notar que la oscura figura fruncia el ceño, escuchandola hablar de forma contundente y amenazadora, pero de una forma tan elegante qué picaba en sus oídos.

"Espero que no haya una próxima vez..."

Luego de ello la sombra desapareció sin dejar rastro, dejando a Rin sin saber si dar a conocer su presencia o no a su tutora, aunque estaba segura, qué posiblemente sabía que ella encontraba ahí.

Contrario a lo que Rin creía, atrapada en sus pensamientos, kaede no la noto, y cuando se disponía regresar, aquello que pareció ser nada, la tensión del momento, sus temblorosas piernas y lo pesado de su edad, casi la envían al suelo haciendo que sus piernas le fallacen, sacando a Rin de su escondite para acercarse a la anciana, quien no dudo en tomar a Kaede y ofrecerle su cuerpo a la mayor para apoyarse.

"¡Sacerdotisa Kaede! " la castaña soltó un grito como muestra de su preocupación, preocupación qué pronto solo aumentaría deteniendola en seco al notar un fino, pero doloroso y profundo corte en la mejilla, llena de arrugas de la mayor, del largo suficiente como para amenazar con acabar la completa visión de la anciana.

Al tomarla en sus brazos, Kaede abrió grande su ojo asustada.

"¿Quién era ese hombre?" preguntó Rin sintiendose más confundida que nunca, viendo a sus alrededores para ver si aquella presencia aun se encontraba cerca. No podía entender por qué Kaede estaba en contacto con un demonio.

E intentando cuidar de la herida en la mejilla de la mujer mayor, esta se detuvo por una mano llena de arrugas qué sostenía la suya en contraste blanca y firme. Entendiendo por la acción de su maestra, qué no se preocupara, y que ella cuidaría de si misma.

Frunciendo las cejas en clara insatisfacción, hasta que después de una larga lucha interna, Rin, unque quería decirle y preguntarle a Kaede tantas cosas, su voz temblaba y se preguntaba si era lo correcto, ya que lo más importante en ese momento era la seguridad de la sacerdotisa mayor.

Finalmente, luego de regresar a la realidad, Kaede enfrentó a su sucesora, haciéndole prometer que no diría nada sobre lo que vio, y escuchó, por su propio bien, y rogó por la obediencia de su pupila. Dejando a Rin atrapada entre su lealtad hacia Kaede y su preocupación por la seguridad de la anciana quien tanto le había enseñado.

A pesar de eso, Rin decidió guardar aquel momento, y dejarlo olvidado en su memoria e inconscientemente arrastrando con ello la imagen de aquellos ojos azules perdidos, qué la habían llevado en busca de la sacerdotisa mayor en primer lugar.