CAPÍTULO 4: UN ÁNGEL CAÍDO DEL CIELO, AMBAR LA OSCURA

Goshia entró en la habitación tras Gin ya medio trasnformado por si acaso, ambos se acercaron lentamente a la cama, en la que sólo había un par de plumas negras.

- Quizás podría haber sido un cuervo que hubiese estado en la habitación…pero no me cuadraría entonces el olor… - comentó Gin.

- ¡Al suelo Gin! – gritó Goshia mientras se tiraba encima de su amigo derribándolo haciendo que éste pudiera esquivar el ataque que les habían lanzado.

- ¡Quitate de encima perro! – gritó Gin mientras apartaba a Goshia y ambos se ponían en modo ataque para responder a lo que se les viniese encima.

- ¿Quiénes sois y qué quereis? Pero lo más importante, ¿por qué habeis irrumpido en mi habitación? – preguntó una voz desde la oscuridad.

- Esa voz…me suena - dijo Gin.

- ¡Calla niño! Ahora mismo estáis en mi "territorio" y podría hacer con vosotros lo que quisiera…pero…puede que me fueseis útiles… - siguió hablando el ser. – Por de pronto, nos vamos a ir de aquí y os voy a llevar ante el Consejo para ver si estáis identificados, en caso contrario, será un placer para mí el hecho de acabar con vosotros dos.

Tras esto, lanzó un mueble contra la ventana rompiendo la pared y aprovechando el revuelo ocasionado, agarró a Goshia y a Gin y salió volando por el hueco mientras el dueño y más gente observaban cómo se alejaba volando una mujer con aspecto grácil, pero con alas de ángel, aunque a diferencia del color blanco de los ángeles de la Biblia, ésta tenía las alas de color negro rojizo como la sangre, lo que le daba un aspecto macabro.

Tras dos horas de vuelo, los tres descendieron a un claro dónde Gin y Goshia se quedaron observando al ser que tenían enfrente mientras éste se presentaba.

- ¿¡Y ESO NO PODÍAS HABERLO HECHO DESDE UN PRINCIPIO!? – gritaron ambos amigos.

- Por lo que veo, sois no sólo estúpidos sino que además no teneis cerebro – les dijo la ángel caído.

- A todo esto…¿cómo te llamas? - preguntó Goshia.

- Ambar y soy una miembro del Consejo.

Goshia y Gin se miraron, y después miraron a Ambar.

- ¿Qué os pasa, se os ha meado encima un ratón o qué?

- Que o nos explicas por qué has hecho lo que has hecho o te capturamos y te llevamos a ti ante el Consejo, no creo que les guste mucho la idea de que una de los suyos haya provocado un escándalo en una posada – dijo Gin.

- Sin contar con el hecho de que ha habido testigos de que un ser alado se ha llevado a dos personas de allí, todo esto queramos o no llegará a oídos del Consejo, porque una noticia así se difundirá rápido…pero de nosotros depende que cargues con toda la culpa o que te ayudemos a evitar una bronca del siglo – remató Goshia.

Ambar les miraba alucinada, no sabía cómo reaccionar, ¿de verdad se había encontrado con un vampiro y un licántropo? No es que no oliesen al olor característico de la propia raza de cada uno si no que…para empezar no todos los licántropos y vampiros lograban llegar a soportarse siquiera y los pocos que lo lograban eran muy raros de encontrar, por otro lado, tenía que llevarles sí o sí ante el Consejo enseguida ya que el tiempo apremiaba y no podía darse el lujo de dejarles sueltos, ¿qué debía hacer?