CAPÍTULO 8: EL CONSEJO
El sol empezaba a salir entre los edificios que aún se mantenían en pie, iluminando a su vez los escombros de aquellos que fueron destruidos. Era muy pronto como para que la gente saliese a la calle y sólo se oían unas pisadas que se alejaban cada vez más de esa ciudad totalmente silenciosa.
Cuando ya se hubieron alejado lo suficiente como para no llamar la atención, Ambar despertó a Raisa mientras Gin cubierto de vendas era sujetado por Goshia que sólo tenía alguna que otra cicatriz, ya que el primero quería devolverle los golpes recibidos a la vampira pelirrosa.
- ¿Mhm…? ¿Dónde estoy? – Raisa miró a todos lados y vio a nuestros amigos - ¡Eh! ¿¡Qué hacéis en mi territorio!? ¡Largaos!
- Calla y empieza a dar explicaciones - dijo Ambar detrás suya.
- …E..Esto…yo… - Raisa empezó a contar su historia tras empezar a "sudar" debido a haber reconocido a Ambar por el olor.
Después de haber quedado todo aclarado se pusieron en camino, según por lo que les contó Ambar a Goshia y Gin, estaba de llegar a la zona dónde se asentaba el edificio del Consejo, Raisa se les había unido a orden de Ambar ya que había que dar parte al Consejo sobre lo ocurrido y ella debía recibir su castigo.
Tres horas después de haber continuado con su viaje, pararon a descansar un rato y Raisa que había ido callada todo el rato, se puso a hablar aunque aún se notaba su bordería se estaba empezando a abrir un poco con sus compañeros de viaje, salvo con Gin con el que se seguía metiendo bastante, con Ambar no se metía ya que tras lo ocurrido con ella le tenía respeto y respecto a Goshia se metía un poco con él pero se mantenía un poco pegada a él ya que en parte le caía bien por llevarse mal con los vampiros.
Gin se levantó y fue a cazar, Raisa le siguió seguida por Goshia y Ambar por detrás, Gin encontró una presa fácil, o eso pensaba él hasta que se le escapó alzando el vuelo y no pudo alcanzarla, pero algo tapó el sol durante un momento y unas gotas de sangre le cayeron en su pelo.
- Pero…¿Quién…? ¿¡QUÉ COJONES!? ¿¡PUEDES VOLAR MALDITA LADRONA PELIRROSA!? – gritaba Gin sorprendido y rabioso.
- ¿Qué pasa moyashi, tú no puedes? – decía una Raisa divertida mientras tragaba la sangre y tiraba el cuerpo sin vida del ave al suelo para que se lo comiese Goshia. Tras eso, descendió y guardó de nuevo sus alas.
- ¿Moyashi? – preguntaron Ambar y Goshia intrigados.
- Luego os digo el significado, y bien…¿qué me respondes?
- No, no puedo volar, no tengo alas… pero el que tú las tengas te convierte en un murciélago raro - dijo Gin.
- No te pases, ya sabemos que no estás contento pero no es mi culpa que seas un atrasado en nuestra especie – siguió picando Raisa a Gin.
- Jajajajajajajajaja – reía Goshia por el comentario de Raisa mientras que Ambar no soltó ni una carcajada.
- ¡Iros a tomar por culo! – Gin se puso en camino seguido de los otros tres, y al cabo de un buen rato andando llegaron frente a un edificio alto y grande que se alzaba por encima de los árboles del bosque.
Se acercaron y tras pedir Ambar audiencia con el resto de los miembros del Consejo, les hicieron avanzaran por los pasillos hasta una sala en la que les esperaban los miembros.
- Hola Ambar, ya has regresado, nos hemos enterado de ciertos asuntos relacionados con vosotros cuatro… De todas formas hoy estamos cansados hemos estado reunidos todo el día haciendo modificaciones en ciertos puntos generales, manaña lo hablaremos, id a descansar, podeis usar las habitaciones disponibles y si quereis compartir habitación, hacedlo.
- Está bien, gracias y hasta mañana - dijo Ambar, tras lo que salieron todos de allí y se dirigieron a las habitaciones, Gin compartió habitación con Goshia y Raisa le tocó estar en la misma habitación que Ambar.
