Capítulo un poco más largo para que no os enfadéis. Contestaré reviews en el próximo capítulo, lo prometo. Besitos a todos!

P.d. 1. Dedicado a mimig1

p. d.2. Las musas últimamente me tienen abandonada, así que si alguien tiene alguna idea la plasmaré gustosa en forma de capítulo.

Espero que os guste!

4

Nunca me ha gustado el chocolate. Nunca. Ni las ranas de chocolate, ni los bombones de chocolate. Ni el pastel de chocolate, ni la tarta de chocolate. Ni las tabletas de chocolate, ni el chocolate cliente. Ni los huevos de chocolate, ni las grageas con sabor a chocolate. Nada, nada de chocolate. Nada de chocolate negro, nada de chocolate con leche, nada de chocolate blanco. Nada.

Pero llevo media hora comiendo un surtido de chocolatinas que me ha regalado Potter cuando he llegado esta mañana a la sala común. Chocolate de todos los países, de todas las formas, incluso de todos los colores, con más o menos cacao, con más o menos azúcar, con más o menos sabor... CHOCOLATE!

He llegado pronto, justo cuando la enfermera me ha dado el alta de buena mañana, antes de que nadie pudiera estar despierto.

A una velocidad alarmante mis pasos me han llevado a la sala común. La dama gorda no quería despertarse y he tenido que gritar como una histérica para que me hiciera caso.

Al entrar, aún lanzando improperios contra el maldito cuadro, he visto el sofá de delante de la chimenea como si aquel lugar fuera mi paraíso particular. Me acercado, contando los pasos para llegar y echarme al sofá con ganas, sin preocuparme del decoro, las normas y el "así vas romper los muelles del sofá" incesante de mi madre cada vez que lo hago.

Esta mullido, blando y extrañamente caliente, pues el fuego de la chimenea parece llevar horas apagado.

Un poco más y no te alcanzo. – La voz proviene de detrás del sillón, de cerca de la ventana, de ese punto muerto a la vista desde la entrada.

¿Cómo dices?- Pregunto, insólita, avergonzada por que alguien me haya visto tirarme cuál mono a su árbol en el sofá, y levantó la cabeza para ver quien es el dueño de la voz.

Poppy me había dicho que saldrías temprano, pero no tanto. – James Potter me miraba con amabilidad, suficiencia y galantería desde el alféizar de la ventana.

¿Poppy?- Pregunto al no saber de quien me habla, pero también porque no sé que más decirle.

La enfermera, Madame Pomfrey, Poppy. – Explica como si fuera obvio.

Ah...- Como antes no sé que decir, ni sé que hacer ahí, ni sé porque lo sabe de manos de la enfermera, ni sé porque me estaba esperando, si es que me estaba esperando.

Tengo algo para ti.- Dice con simpleza buscando algo con la mirada.

¿Para mí?- Realmente no parezco lúcida, pero de verás que lo soy.

Toma.- Me entrega lo que parece ser una caja de bombones. – A las chicas os encanta el chocolate, supongo que no sé pedirte disculpas de otra forma. – Y a mi se me ocurre que otro beso en la mejilla no estaría mal, mientras se remueve el pelo con lo que parece ser vergüenza.

Gracias. – Miro la caja, la abro, veo las chocolatinas e intento fingir que la caja me ha encantado para que se vaya y no vea que no me voy a comer ni un bombón, porque odio el chocolate.

¿Es que no piensas comer ninguno?- Bajo la cabeza, como un perro asustado.

Es que me duele la tripa. – Y como si mi cerebro viviera totalmente al margen del resto de mi cuerpo, mi tripa hace un ruido raro que indica el hambre que tengo.

Oh! Por favor! Si estás muerta de hambre. ¿No estarás haciendo una dieta de esas raras? No la necesitas de verdad.- Al parecer yo no soy la única que ha oído el sonido sordo de mi barriga.

No, no, nada de eso.- Y me pongo roja como mi rojo pelo, porque no se me ocurre ninguna escusa más.

Prueba mi preferido. – James ha cogido un bombón de color negro azabache, como su pelo, me lo acercado a la boca y yo me lo he comido. No sé porque he dejado que la cosa acabara así, yo no quería el maldito chocolate, pero al verlo con esa cara de buena persona, y esos ojos chispeantes puestos sólo, sólo, en mi, la boca se me abierto sola y el bombón ha acabado posado sobre mi lengua.

No sé porque, pero llevo ya mucho tiempo comiendo chocolate. Y no, no me gusta. Simplemente estoy buscando alguno que tenga el mismo sabor que el que James me ha dado. Un sabor dulce y amargo, que ha hecho que me estremezca, que me haya dado un vuelco el estómago y que de nuevo, me ardieran las mejillas. O quizás no ha sido el chocolate...