Vale, sí lo prometí. Pero carezco de tiempo para contestar reviews. Pero los leo y os aseguro que me encantan, todos, cortos o largos, me los leo y algunos me hacen ensanchar una sonrisa cada vez que los leo. Sois, ante todo, lo que hace posible esta historia.

Pedí sugerencias, de momento, sólo una persona me comentó una idea que tomaré más adelante, pero que se encuentra intrínseca en el capitulo.

Al menos compensé la no contestación de reviews con la longitud del capítulo¿no?. Aunque ya saben, no olviden, mejor calidad que cantidad.

Aprovecho para agradecer la gran aceptación que tuvo el epílogo de "Los detalles de una Evans", mil gracias.

Comunico, también ( ya estoy poniéndome pesada), que tengo otro ficc en marcha, con spoilers. Lo advierto por si alguien que no ha leído el último libro se le ocurre entrar.

Bueno un besazo para todos.

Espero que os guste.

Con esperanza,

HRHED

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5

Han pasado días, muchos días desde que me harte a chocolate en la sala común buscando un sabor imposible, pero aún tengo una sensación pastosa en la boca que me ha hecho odiar por completo el chocolate.

Realmente, aún me planteo porque hice tal estupidez, porque a mi no me gusta James Potter. Por mucho que diga Alice, a mí no me gusta James Potter.

-¿Lily?- Alice me saca de ensimismamiento.

-Dime. – Me observa con una mirada pícara, pero estoy demasiado espesa como para entender a qué se debe.

-¿ A qué James tiene un culo de miedo?- Suelta la pregunta más rápido de lo normal.

-Si. – Y me vuelvo roja como un tomate porque la muy condenada ha conseguido su objetivo. -Digo, no. Bueno normal. La verdad no me he fijado. – Alice va a contestarme una de sus burradas sin educación ni decoro cuando alguien nos asalta en la sala común.

-¿Puedo hablar contigo, Lily?- Frank Longbottom se acerca con ese sigilo del que carece.

-Claro. – Nunca hemos sido unos amigos de sangre, pero siempre habíamos sido amables el uno con el otro y además, tenía muy buena relación con Alice.

-En privado. – Miro a Alice que me observa extrañada al igual que yo, Frank nunca me contaría algo a mi que Alice no supiera antes.

Voy tan pensativa durante el trayecto hasta los jardines que no me doy cuenta de que James lleva un buen rato acompañándonos en el paseo. Es más, no me doy realmente cuenta hasta que Frank le dice que nos deje solos y el tuerce el gesto y se marcha con un aire altanero muy típico en él. ¡Qué mosca le habrá picado ahora¡Hombres!

La pequeña reunión con Frank tuvo unos frutos realmente inesperados pero que realmente me encantó escuchar. Estaba tan feliz, que recorrí el pasillo en pequeños saltitos y con una sonrisa de oreja a oreja.

En la sala común no había casi nadie, sólo Alice y James que hablaban sobre algo con caras largas.

Cuando entré y enseñé mi sonrisa, esta no fue bien recibida. Alice me mandaba una cara algo extraña entre el enfado y la decepción. James, James simplemente me miraba, no sabría decir cómo. No sabría decir, ni siquiera si era bueno o malo.

-¿Qué tal con Longbottom?- El uso tan despectivo de su apellido me confirmó una de mis dudas anteriores.

-¿Longbottom¿Desde cuando Frank, tu compañero de cuarto desde primero, se ha convertido en Longbottom? –Lily tomó un aire desafiante, una pose altanera, chulesca. Realmente una pose de defensa basada en el ataque.

- ¿Desde cuando para ti Longbottom es Frank?- Al parecer mi guerra tenía dos flancos contra los que atacar, demasiado inesperado, una dulce amiga.

-¿Se puede saber qué pasa aquí? No entiendo nada. – Lily bajó sus barreras y se hizo transparente ante los muchachos.

-¿Qué hacíais? – Alice se había sentado a su lado, con la mirada triste y ocultando un ligero rubor en sus mejillas apoyó la cabeza en el hombro de la pelirroja. James parecía haber desaparecido para ellas.

-Nada de lo que tu perturbada mente de adolescente piense, Alice. Frank es un buenazo, un santo diría yo. Por Dios Alice, Frank sólo siente por mi un empatía de rebote.- Lily mantenía la mirada fija en la chimenea, esperando que Alice entendiera sin tener que confesar.

-¿ Empatía de rebote? Ahora soy yo la que no entiendo.

-Imagina por un momento... ¿Recuerdas orgullo y prejuicio? – Alice asintió.- Pues, imagina que me cayera bien Elisabeth, de rebote me caería bien Jane. ¿Comprendes?

-Siempre te ha caído bien Elisabeth. Oh Dios, Lily adoras ese personaje. – Alice levantó la cabeza para mirarle directamente a los ojos.

-Te estoy poniendo en situación. Es tan sólo un ejemplo. Quédate con la esencia... Alice- Elisabeth, Jane- Lily...¿Comprendes?- Alice pareció rumiar durante unos instantes, y se le ensancharon las pupilas.

-A la mierda el culo de Sirius, los tonteos con Nigel y los ojos miel de Potter. Frank es mío. – Hizo un gesto de victoria demasiado raro para no ser tomado como herencia muggle de su madre.

- Sigo aquí, sabéis. – James interrumpió el instante en que ambas muchachas se abrazaron y compartieron unos segundos de saltos acompasados y grititos de niña tonta.

- Oh, yo me marcho. Os dejo discutiendo. – Alice salió como un huracán hacia el cuarto de las chicas, James se quedó aún más confuso y a Lily le costó trabajo recordar porque estaba discutiendo con James.

-Sois muy extrañas¿Sabías?- James se sentó a su lado.

-No puedo creer que James Potter tenga dudas acerca de mujeres. – Y se dejó caer sobre el respaldo del sillón.

- Sé lo esencial, nena. – James se abalanzó sobre ella, manteniendo la distancia adecuada.

-Te queda mucho por aprender.- James se aparta ciertamente confundido, con una cara que a partir de ahí, Lily, tacharía de adorable.

-James Potter tiene en su poder más secretos de los que crees. – Lily rió con arrogancia, aunque con cierta diversión, también. – Eres tú la que no entiende a los hombres.

- Es posible. – James pareció sentirse satisfecho por un momento. - Pero supongo que porque no hay nada que entender. Hay tres cosas por las que os desvivís, Quidditch, curvas y el rugir de un motor.

- Oh Dios, es Sirius el enamorado de las motocicletas esas. Busca algo más para mí. – Lily pareció pensarlo durante un instante.

- Está bien. ¿Quidditch, curvas y travesuras?- James sopesó y confirmó muy satisfecho.

-Es más que eso, de todas formas. – Esta vez fue Lily la confundida.

-Hay algo que se pueda sacar de ahí?- James se mostró feliz por poder contestar esa pregunta.

-Por supuesto. El Quidditch es un arte. – Lily alzó las cejas y estuvo a punto de replicar. – En serio. Cuando sientes a una escoba entre tus manos todo parece tener un color diferente, un olor diferente. Te elevas y el aire, a veces caliente, a veces frío, te golpea en la cara y te hace sentir vivo y fuerte porque puedes ir a contracorriente, pero débil porque puede hacerte caer de un solo movimiento. El vibrar de la escoba entre las piernas que te da a entender que nunca estarás seguro sobre una escoba pero también te da toda la seguridad del mundo. ¿Sabes?, en el aire puedes llegar a sentir un control sobre ti mismo sobrehumano. Puedes elegir a dónde ir, sin obstáculos, puedes elegir cuándo, cómo, de qué manera...- Lily tragó saliva y siguió escuchándolo. – Y las mujeres Lily, creo que os infravaloráis en sobremanera. Las curvas, realmente, son un regalo de Merlín. No hablo de curvas perfectas, no de un 90.60.90, no Dios, no. Cada mujer tiene una curva perfecta. La curva de su cintura, de su cadera, de su trasero, de su pecho. – Lily hizo rodar los ojos. – Pero no son sólo esas. Las curvas de su boca, la curva del camino que puedes seguir desde su oreja hasta su clavícula, la curva de su espalda dispuesta para que años después podáis ser madres, las curvas de los muslos, de los tobillos, de las muñecas... Sois un sin fin de curvas que acariciar. – Lily pareció sorprendida. – Y la travesuras. Oh! Qué sería el mundo sin un poco de diversión. Que sería del mundo sin ese niño travieso que le roba chocolate a su madre, de esa niña que mete el dedo en la tarta de compromiso de algún familiar que no le importa un bledo, de ese adolescente que bosteza a lo grande sólo para pasar un brazo sobre los hombros de una chica, de esos chiquillos que tiran cosas al suelo para ver bajo las faldas de sus compañeras.

-Yo diría que no tan chiquillos. – Lily mantenía una sonrisa enorme y James miraba hacia la chimenea, explicando con ilusión.

- Incluso, que seria del mundo sin ese abuelo que pellizca el trasero de su esposa. Por Dios Lily, sin eso que queda. – James la miró por primera vez desde hacia un buen tiempo.

- Hombre, expuesto así. Yo también querría ser hombre. – James puso una mueca de asco.

- Oh Dios, tú no. Tú serás mujer toda tu vida.

- Me lo tomaré como un piropo.

-Deberías. – Ella sonrió de la manera más sincera que pudo. – Y ahora, princesa, voy a retirarme a mis aposentos.

-Yo me quedaré un rato más, aquí. – Lily le miró con condescendencia.

-¿Esperando a Longbottom?- James cambió el gesto soñador que había mantenido durante la larga conversación.

- No, James. No espero a nadie. – Lily se sintió en parte obligada a contestarle, aunque sabía que no tenía obligación alguna, porque al fin y al cabo, ella y él no eran nada. Nada.

-Genial, entonces. – Cogió la mochila que había dejado cerca del respaldo, se la colocó sobre la espalda con una agilidad casi ensayada y se despidió con un movimiento de la mano y una sonrisa típica de seductor.

Lily rodó los ojos. Nunca cambiaría. Para bien o para mal se había dado cuenta de que James Potter no podría cambiar aunque quisiera. Aunque, realmente¿Quería que cambiara?

"Y porque me como la cabeza, con esas tonterías. A ti, Lily Evans, no te gusta James Potter. Y nunca, nunca lo hará. Antes de que me guste James Potter me dejó olisquear por un hombre lobo." Se dijo asimisma auto convenciéndose de que lo feliz que se había sentido durante su charla, había sido pura casualidad o consecuencia de la anterior charla con Alice.

Lo único que sacó en claro de toda una noche de cavilaciones y consultas con la almohada es que seria un placer volver a hablar con Potter. Hablar de lo que fuera, de Quidditch si hacia falta. James Potter había conseguido, en unos minutos, que Lily pudiera amar cualquier tema que a James se le antojara comentar.

Pero a Lily no le gustaba James, no.

"Simplemente tiene gracia hablando." Una mentira más de su cerebro directa a su corazón.