Siento no contestar reviews y siento, sobre todas las cosas, haber tardado tanto en subir un chapter. Prometo volver muy pronto!
Os quiero de verdad!
7
A partir de ese día empecé a mirarlo de forma distinta, si bien él aún andaba molesto por el incidente con Johan volvió a dirigirme la palabra en pocos días.
Empecé a buscarlo entre la gente, a preocuparme de las clases que tenía en común con él, a aprenderme cuando tenía entrenamiento para no sufrir si una noche no volvía a la hora de siempre a la Sala Común, a intentar sentarme más cerca de él, cada día un asiento más cerca, cada día menos apoyada en el respaldo lateral del sofá rojo de la sala Común.
Le observaba durante el desayuno, en las clases, cuando caminaba, cuando reía, cuando hablaba.
Había, incluso, sacrificado horas de estudio por ir a ver algún que otro entrenamiento con la excusa de trabajar para un trabajo de Estudios Muggles "diferencias entre los deportes mágicos y los no mágicos", una chorrada de título cuando Black me avasalló a preguntas al abandonar el campo de Quidditch.
Pero no había ganado nada, nada de nada. Ni había ganado momentos con él, ni había resuelto mis propias dudas. Nada. Tan sólo sacaba cosas negativas de todo aquel juego de espías.
Lo veía más de lo normal, más de lo saludable para una chica con tan poca paciencia como yo.
Verlo más significa, ver más dosis de James. Y eso, eso tiene cosas muy buenas pero también otras muy malas.
Ver que coquetear ocupa buena parte de su horario, ver que sólo atiende en clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, que se burla de los profesores por pura costumbre, que no hay manera de que trague a un solo Slytherin, que no abandona crueldad ninguna cuando habla con Severus, que no escarmienta de sus errores, que es un niño en un cuerpo de chico adolescente muy hormonado, que no se preocupa por nada ni por nadie. Y te desencantas.
Y te asustas porque te da la sensación de que has caído en una de las trampas más comunes, que con cuatro palabras bonitas y un acto de caballero eres la típica que vendería a su madre para dormir entre sus brazos aunque sólo fuera una noche. Miedo y decepción. Miedo a enamorarte. Decepción porque ya lo has hecho.
Porque te has enamorado de un fachada, de una sonrisas galante y unos ojos del color de la almendra.
Y, Dios! Duele, duele mucho. Porque no soy así, no soy fácil de convencer, no soy alguien influenciable, nada impresionable.
De pronto, cuando me estoy prácticamente tirándome de los pelos y a punto de golpearme la cabeza con la pared más próxima alguien me hace señales desde muy cerca.
James saluda con la sonrisa más encantadora que tiene, y tiene efecto, porque bajo las defensas y me arranca otra sonrisa bobalicona, de esas que últimamente abundan alrededor de mi boca, esperando verlo.
Hola Lily- Y no sé desde cuando me llama Lily, no sé desde cuando se ha tomado ese derecho, y como diría un conocido filósofo, yo sólo sé que no sé nada.
Ei! – Esa no soy yo, aunque si que sea mi voz.
¿Te ocurre algo? – Y se acerca, rozándome el brazo, preguntándome como me encuentro, preocupándose por mi. Otro acto de galantería, otro acto de caballero andante. Pero yo no soy otra, yo no soy del montón. Yo no.
Pero le beso.
No hay más, no sé que me impulsó a hacerlo. Ni si fue su sonrisa o sus ojos almendra, o las ganas de demostrarle que podía dejar de jugar conmigo que ya había caído, tiempo atrás, quizás desde que le conocí.
No le doy tiempo a responder. He sido brusca, dura. No he mostrado dulzura ni placer. Si no he llorado de rabia ha sido porque tenía los ojos cerrados.
Cuando cierro la puerta de la habitación me tiro en mi cama y pataleo.
Aprieto lo dientes, mordiéndome los labios.
Me hago daño, el rojo de mis labios se tiñe de un magenta intenso. Sangro.
Me limpio los labios como quien se limpia del escupitajo de un traidor. Me repugno.
Sólo siento ganas de darme de cabezazos con lo primero que encuentre. Aunque sea James.
- ¿Se puede saber que ha sido eso? – James me mira desde la puerta de la habitación, con una mezcla de inseguridad y extrañeza que nunca antes había visto.
- Nada. – Me limito a contestarle como si fuera un necio, un ciego, un tonto.
- ¿Intentas reírte de mi? – Me pregunta con un tono vacilante, austero, agresivo.
- No. – Le contestó con una frialdad impropia de mi. Me levanto con la intención de dar más seguridad a mis palabras y conseguir que se marche antes de que rompa a llorar de nuevo.
Me tiemblan las piernas, me fallan los tobillos y caigo de nuevo sobre la cama.
Lo nota. Cambia el gesto duro de la cara y suaviza su mueca.
La cabeza me da vueltas y me es imposible alzarla para pedirle que se marche, que me deje sola.
- ¿Estás bien? – Su voz suena de nuevo melosa y suave, cándida y hermosa.
La misma voz de siempre.
Tres octavas más grave que hace seis años pero con la misma calidez. Quizás el modo en que alarga las palabras, el vocalizar exacto que tiene o la ausencia de acento.
Tiene voz de locutor de radio, de narrador en off de películas de final feliz.
Tiene cierto toque acogedor que te hace volver a casa, sentirte cerca del calor de la chimenea de la Sala Común, cerca de un mundo seguro y fácil que no existe.
Te hace sentir niña y mujer a la vez. El tono grave te transporta a la infancia, cuando eras diminuta y veías en las historias de tu abuelo un mundo de fantasía que para ti sí existe. La dulzura te hace sentir querida, como si cada palabra fuera una caricia que te recubriera las mejillas y te obligara a sonreír.
Ya no gallea, ni cambia de octava en una misma palabra como le pasaba cuando tenía pelo en el pecho pero dragoncitos dibujados en sus sábanas.
No es ningún niño. Y su propio cuerpo cada vez lo corrobora más. Esta vez con su voz.
- ¿Estás bien, Lily? – Repite de nuevo, con más intensidad que la vez anterior.
Su voz te martillea la cabeza y el corazón.
Si creías que no podías enamorarte más de James Potter…
