Hola

Hola!

Soy una tardona y una mala persona por no contestar vuestros fantásticos reviews!!

Pero prometo que contestaré vuestros reviews, sino en el próximo chapter, directamente a vosotros.

De todas formas, si aún tenéis ganas de leerme, estaré encantada.

Con esperanza,

HRHED

8

- ¿Estás bien, Lily? – Si con la segunda vez me habían temblado los cimientos, con la tercera se desplomaron sin cesar.

Me limito a mantener mi posición. Él se acerca, se agacha frente a mí e intenta que nuestros ojos se encuentren agachando la cabeza.

- Lily… - Su voz ha sonado extrañamente rara. Rara para el largo conocimiento que tengo de ella.

Me sorprendo cuando apoya sus manos en mis rodillas desnudas y me las aprieta mientras se dedica hacer círculos con los pulgares sobre ellas. Ni siquiera se da cuenta de que lo está haciendo porque cuando alzo los ojos, para mirarle, topo con su mirada dulce, a la espera.

- Me gustaría poder decirte algo inteligente… - Me interrumpe antes de que pueda presentarle mis excusas.

- ¡Ah! ¿Pero hay vida inteligente ahí arriba? – Señala en mi cabeza y al principio no sé como tomármelo. Pronto asoma una sonrisa de medio lado juguetona y bondadosa, y ciertamente es muy parecida a la que le dedica a sus amigos. En definitiva, inofensiva.

Me arranca una sonrisa, es alucinante el poder que tiene para hacerme sonreír.

- No puedo decirte porque he hecho lo que he hecho. – Conservo la sonrisa en mi mirada pero la borro de mi boca.

- ¿No vas a decirme porque me has besado? – Me lo pregunta incrédulo, yo niego con la cabeza. – No lo entiendo. – Se sienta a mi lado y la sensación de calidez que tenía en las rodillas desaparece abruptamente.

- No pretendo que lo entiendas.

- No pretendas, tú, que haga como si nada hubiera pasado. Sabes que no lo haré. – Me mira buscando complicidad y entendimiento, asiento.

- Lo sé. – Mis temores me sorprenden como una bofetada, pretende publicarlo, hacerlo saber a todo aquel que tenga orejas para oírlo. Bufo e intento ordenar mis ideas, sin ponerme a llorar, sin obligarle a no contarlo a nadie.

- No sufras. – Me roza la mano para que vuelva a mirarle. – No pienso contárselo a nadie, si es lo que te preocupa. – Le sonrío confirmándole sus sospechas, parece conocerme más que yo a él.

- ¿Pero…? – Doy gracias por su secretismo pero…

- ¿Cómo que pero? – Me pregunta extrañado.

- Siempre hay un pero. – Eso es, pero siempre hay peros.

- No con James Potter, preciosa. – Su pose de galán le inunda como si de un disfraz se tratara y vuelve a ser el James de siempre, o al menos el que deja entrever a todo el mundo.

- ¿Y eso? ¿Por qué? – Odio su habla caballeresca.

- No eres la primera que me besa en un arranque de pasión y lujuria. – Extrañamente una ola de calor me asalta y estoy segura de que las mejillas se me tiñen de rojo. Una rabia me invade y unos celos ciegos me avasallan.

- Genial, estarás acostumbrado, entonces. Ya puedes marcharte de mi habitación. – Me levanto, aún no sé cómo, y me encamino hacia la puerta, la abro y me apoyo sobre el marco.

- Te has enfadado, eso es bueno. – Me mira con la misma mirada que dedican a sus corderitos degollados que son sus fans, pero con una pizca de brillantez en los ojos imposible de catalogar.

- Adiós. – Voy a cerrar la puerta cuando él sale y entonces interpone la mano.

- No eres la primera que me besa en un arranque de pasión y lujuria, pero si la primera que deseaba que lo hiciera. – Vuelve a ser el James extraño que ha entrado en mi cuarto antes de su desafortunada frase, el James que me entretiene con conversiones sobre chicas y Quidditch en la Sala común, el James… James de verdad.

Porque ahora lo sé. El James de verdad sólo logran conocerlo y quererlo de verdad pocas personas.

Porque el James de verdad es pura bondad y encanto.

Me guiña el ojo y se marcha y yo tengo la sensación de que el calor que hacía poco había abandonado mis rodillas, ahora ha abandonado toda la habitación.

Un calor agradable, humano, hogareño. Un calor que propicia sonrisas y sueños largos. Pues me acuesto y, aunque no he cenado, me levanto a la mañana siguiente con una sensación de descanso que hacía mucho que no tenía. Como si toda la noche hubiera dormido abrazada por un velo de protección y de alegría contagiosa.

Cuando despierto no tengo tiempo siquiera a ponerme a pensar en el ayer, en el día fantástico de ayer.

Me ducho y me visto para ir a desayunar, la barriga me ruge como si de la boca de un león se tratara.

Llego la primera a mi mesa y me dispongo a devorar todo lo que tenga delante que no sea col hervida, que detesto.

Me da igual si es salado, dulce, amargo o agrio.

Me da igual si es azul, rojo, verde o del color menos agraciado.

Me da igual si está blando, duro, tierno o esponjoso.

Quiero comer, saborear y engullir hasta hartarme.

Delante de mí la comida abunda pero me abruma y al final no me decido a hincarle el diente a nada.

Frunzo el ceño, aguanto mi cabeza con mis manos y centro mi vista en la jarra de leche de tal manera que creo que mis ojos se están juntando para no separarse nunca más.

Algo húmedo y caliente me asalta la boca sin darme cuenta. Cuando abro los ojos, o mejor dicho, centro mi vista, los labios de Potter se separan de los míos y su dueño se sienta a mi lado.

Me arden las mejillas y los labios, me giro pero no hay nadie más allí. Sólo él y yo y mucha comida para deleitarse.

- Buenos días, pelirroja. – James habla mientras devora lo que parece una galleta del tamaño de la palma de una mano, de una mano de un trol.

- ¿Se puede saber que haces? – Me toco los labios y pienso por primera vez en lo que debería haber pensado hace tiempo. Un beso de James.

El que yo le dí, el que él me ha dado, el que no nos hemos dado.

Los labios de James se me antojan dulces y carnosos, húmedos y muy calientes, terriblemente irresistibles.

- Besarte. – Lo dice con total normalidad, comiéndose lo que ahora parece una torta y devorando con los ojos mis propios labios.

- Estás loco. – Intento hacer algo constructivo y opino que lo mejor es servirme algo en el plato. ¡Maldita indecisión!

- ¿Piensas comer algo o esperas que te bese de nuevo?

Y creo que en ese momento es lo único que me apetece, que me viene en gana de verdad.

Porque los besos de James son seguramente el mejor plato que podría comerme en ese momento. Quizás en ese momento y en muchos otros. Porque ningún cocinero, por muy bueno que fuese, puede crear algo tan perfecto como un beso de James Potter.