Al embajador Doria le faltaba poco tiempo para irse de Avalor. Esteban estuvo hablando con él junto a Alyssa para aclarar ciertos detalles finales sobre la alianza. Alyssa agradece que su prometido no haya objetado por su presencia en la charla sobre los últimos detalles de la negociación, escuchándola cuando tomaba la palabra; ambos buscaban el bienestar de sus respectivos reinos, procurando que el acuerdo los beneficiara a todos por igual.
–Lady Sopranos, quisiera hablar con usted a solas, por favor –pidió el embajador. Ambos compartieron una leve mirada, Esteban se fue con los documentos para su prima no sin antes invitar a Alyssa a pasear en caballo.
Desde hace dos días que Esteban ha iniciado el cortejo desde paseos en el jardín, cenas privadas y flores y chocolates; esto último contentándola mucho. Pero, a pesar de ello, su prometida mantiene ese aura de misterio a su alrededor dejando ver solo pequeños vestigios de su personalidad con ciertas personas, su prima, por ejemplo, es una de ellas. Su ingenio es admirable, pero la mayor parte del tiempo esta callada y Esteban no sabe si es por encontrarse en otro reino y corte, o porque aún estaba a la defensiva sobre su pasado, bien puede ser lo uno y lo otro; pero esto no parecía ser el caso puesto que, ambos han hecho un acuerdo sobre conocerse y hacerse una opinión sin tener en cuenta los juicios de otros.
–El embajador se ira mañana, está entusiasmado –fue lo primero que dijo cuando entro al estudio de su prima. Elena levantó la mirada de un documento que estaba leyendo, a su lado estaba Mateo ayudándola con el papeleo.
–Me alegra mucho. ¿Dónde está Alyssa? Creí que vendría contigo a entregar las buenas noticias.
–El embajador ha pedido hablar con ella a solas –respondió Esteban tendiéndole los papeles.
–Tienen una relación cercana –comentó Mateo en voz baja.
–Tengo entendido que se conocieron en el momento en que Alyssa entro a la corte, a los quince, si mal no recuerdo –Esteban ladeó una sonrisa sabionda –. No le agrada mucho hablar de su tiempo en la corte, pero su prima es otro cantar.
Adelaida a veces los acompañaba en sus paseos o en las meriendas cumpliendo su función de dama de compañía, cosa que a veces parece molestarle a su prima Alyssa, ya que lo considera demasiando tonto considerando que ella ya está lo suficientemente grande como para tener una niñera. Esteban no intervino debido a que Alyssa parecía realmente irritada y prefirió no tentar a su suerte. Otra cosa que parece no contentar a Alyssa es lo accesible que puede ser Adelaida a la hora de hablar. Diciendo cosas demás sin darse cuenta la mayoría de las veces, cosa que Esteban aprovecho para conocer como fue la vida de su prometida en la corte de Tinopla.
–Cuidado, primo, puede que seas bien parecido pero cuando abres la boca se va todo el encanto –se burla Elena conteniendo una carcajada al ver como el rostro orgulloso de su primo cambia a una mueca disgustada.
"Oh, pero a ella no parece molestarle mi voz, prima", quiso decirle pero es algo que guarda con recelo. Lady Alyssa es una mujer coqueta que le gusta los juegos previos; le gusta tocar sus botones para ver su reacción, por suerte, sabe muy bien como jugar ese juego.
– ¿No has seguido practicando tu magia, Esteban? Has dejado de ir al laboratorio desde hace tiempo –inquirió Mateo levantando la mirada –. Deberías retomar la práctica. Has avanzado mucho.
–Ahora mismo no hay tiempo para eso. Será para después, Mateo –cuando estaban a solas lo llamaba por su nombre, pero, en eventos lo llamaba por su título.
Esteban agradecía que la magia que posee no se manifiesta a través de sus emociones como la de Elena; aunque de igual forma siempre ha sabido controlar sus sentimientos, pensamientos e impulsos, debe admitir que la carga que posee su prima es algo de lo que no podría soportar. Las puertas del estudio fueron tocadas con insistencia hasta que Elena dio la orden, Adelaida entro con el rostro bañado en preocupación.
–Alyssa se ha ido. Ha tomado un caballo y se ha ido. No se ha donde se ha ido, por favor, encuéntrenla –rogó a nadie en particular, sus labios temblaban, sus ojos cristalinos a nada de botar lágrimas –. Ex canciller, por favor, encuéntrela. Ella no conocer el reino puede perderse o… o…
–La deje hablando con el embajador Doria no hace mucho, ¿está segura, Lady Adelaida? –espetó Esteban con tacto a la pobre muchacha, está no dejaba de soltar hipidos mientras asentía, por un momento temió que se desvaneciera ahí mismo.
–Tranquila, la encontraremos –consuela Elena posando una mano sobre su hombro.
–Trabajare en un hechizo para localizarla –Mateo aviso antes de abandonar el estudio.
– ¡Guardias! Preparen un escuadrón de búsqueda –instruyó Esteban en voz alta, firme. Luego se dirigió a su prima y a Lady Adelaida –. Elena, pide ayuda a los jaquins, nos vendría bien una ayuda desde el cielo.
–Estaré al frente de la búsqueda –aviso la reina –. Busca tu bastón, Esteban, quizás tu poder de tele transportación sea útil para abarcar más terreno, si es que se ha ido lejos.
–Mi prima es como una amazona, es rápida, se ha ido apenas termino de hablar con Doria. La vi, pero parecía molesta, mucho, así que no me acerque para darle tiempo a que se calmara. Cuando fui a buscarla no la encontré por ninguna parte hasta que un sirviente me informo que la vio en las caballerizas –explicó Adelaida antes de soltar un hipido –. No debí dejarla sola, no debí.
–Pues no hay tiempo que perder –espeto Esteban.
...
La brisa golpeaba con fuerza su rostro mientras algunas ramas raspaban sus brazos, las hojas se enredaban en su cabello; el caballo estaba agitado, pero su confianza y mano firme sobre las riendas le permitían tener el control sobre el animal. La furia era tal que quiso soltar un grito pero se contuvo, siempre fue rápida para entrar en cólera nunca olvidado una ofensa. Luego de enterase del contenido del mensaje que Doria le entrego las ganas de volver a su reino la asaltaron. Su mansión se incendió pero, por suerte, el fuego fue controlado a tiempo y ninguno de sus sirvientes salió herido, gracias al cielo. Pudo haber sido un incidente común pero las palabras de su viejo amigo de la corte contaron tal ilusión.
...
–El incendio fue provocado, Alyssa, pero no te preocupes. Tu tío y primo se encargaran de buscar al o los culpables de tal atrocidad –le había dicho en tono conciliador, mientras observaba nerviosamente como sus manos se tornaban tan blancos como el papel que sostenía.
Seguramente se arrepentía de haberle dado la noticia.
–Debo volver –declaró caminando hacia el interior del palacio.
–Ya te lo dije, tú…
– ¡Mi tío ya no está para estos agites! –espetó volviéndose hacia él –. ¡Es mi propiedad, mi patrimonio, los que hicieron esto deberán responder ante mí! ¿O en verdad crees que me quedaré tranquila después de lo que me dijiste? –golpeó con furia su pecho con la mano donde sostenía la carta –. Los que hicieron esto fueron mis enemigos, estoy segura. Lady Moura y su hija me odian lo suficiente como para ordenar esto.
Probablemente lo que las incito a actuar fue el hecho de que está tomando un papel importante en las negociaciones con Avalor, si lograba la alianza no solo beneficiaría al reino sino su nombre mismo, siendo reconocida como una gran noble que actuó en favor de sus reyes y reino. Su ascendencia es bien conocida descendiendo desde reyes y grandes nobles tanto por vía materna como paterna. Eso, sin contar, que antes de abandonar la corte fue una de las damas más influyentes pese a los rumores que surgieron debido a la ejecución de él joven Moura.
Sea lo que sea que incito a las Moura, o si en verdad fue orquestado por ellas, Alyssa no tenía ninguna prueba de eso.
La furia que sentía no la dejaba pensar con claridad. Vio todo rojo y se alejó lo más rápido que pudo ignorando los llamados de su viejo amigo.
...
Las puertas del castillo se abrieron, un grupo de guardias salieron ensillados en sus caballos y fueron divididos en grupos para buscar a la noble Sopranos en los puertos, mercados y hasta en los bosques de Avalor, las ordenes de la reina y ex canciller fueron claras; debían encontrarla sana y salva.
Antes de partir con el equipo de búsqueda Esteban había compartido un par de palabras con el embajador.
– ¿Me puede explicar que fue lo que le dijo a Alyssa para angustiarla de tal forma? –preguntó, tranquilo pero con tal frialdad que Doria trago grueso. La mirada del ex canciller era severa.
–Una misiva que le mando su tío. Pensé en ocultárselo debido a su temperamento pero sería peor, así que, se la entregue y ya conoce el resto –tartamudeo el hombre, Esteban enarco una ceja mientras cruzaba los brazos –. Por favor, encuéntrela, ella es capaz de cuidarse sola pero no conoce Avalor y podría lastimarse.
–La encontrare, pero usted tendrá que rezar para que mi prometida no sufra un solo rasguño –siseo Esteban antes de desaparecer para aparecer en el patio donde su caballo estaba listo. Elena estaba junto a él.
–Skylar nos ayudara juntos a los demás jaquins –informó –. Espero que la hallemos rápido. Ya verás que la encontraremos con bien. Mateo terminara el hechizo en cualquier momento, Naomi está en los muelles, por si acaso, y Gabe estará al frente junto conmigo.
Esteban asintió, una vez que abrieron las puertas todos salieron.
...
Estaba cabalgando sin rumbo, lo sabía, y no le importaba en lo más mínimo. Solo quería alejarse lo más posible de todo y calmarse, como siempre hace cada vez que se siente presionada. Tal fue su ensimismamiento que no se dio cuenta que iba directamente hacia un acantilado. Pero una criatura como un borrón amarillo y verde, se puso en medio del camino.
– ¡Espera! –gritó.
Tal fue el susto que el caballo se levantó en dos patas y Alyssa cayó al suelo lastimándose la pierna en el proceso. Un pequeño grito de dolor escapo de sus labios. El caballo se había ido teniendo ella suerte de que no la haya pisoteado. "Uy", escuchó a lo lejos. Levantó la mirada encontrándose con un joven jaquin de pelaje dorados, machas verdes y plumas verdes, mirándola preocupado. El joven se acercó a ayudarla a levantarse pero ella extendió una mano, deteniéndolo.
– ¿Por qué hiciste eso? –preguntó en voz baja apretando los dientes.
–Ibas a caer en el acantilado, no quería te lastimaras.
–Bueno, gracias, supongo –ironizo ella, volvió a acercarse a ayudar a lo que accedió, una vez de pie, recuperada del dolor inicial le preguntó: –. ¿Cuál es tu nombre? Sé que eres el animal de la bandera de Avalor y su protector, pero se ve que eres un niño.
–Soy un joven, no un niño, y soy el príncipe Nico de Vallestrella –se presentó inflando el pecho, orgulloso –. ¿Y cuál es tu nombre, señora? No es de Avalor, ¿cierto? Todos saben que aquí hay un acantilado. Menos mal que volaba por estos lares sino, uf, no me lo quiero imaginar.
–No. Y tendré más cuidado para la próxima. Soy Alyssa, por cierto. Un placer, Nico.
Alyssa suelta un siseo ante la punzada de dolor. Intentó de nuevo apoyar su pierna herida pero le dolía demasiado. Nico la ayudó a sentarse en un viejo tronco caído. Su falda estaba destrozada y algunas partes manchada de sangre, Alyssa espero a que no tuviera nada roto o algún hueso sobresaliendo, retiro el resto de su falda para revisar el estado de su pierna. Como temía, su pierna estaba toda raspada con algunos cortes no tan profundos, pero otros si, donde brotaba la sangre de forma escandalosa. Nico por poco se desmaya ante la vista del líquido vital, cosa que la divirtió un poco pese al dolor.
Rasgo parte de su falda envolviendo la pierna herida, su hombro también había salido lastimado pero era soportable, no lo notó hasta que se tocó la zona herida.
–Lo siento mucho –se disculpó el joven, apenado, con la cabeza gacha esquivando su mirada.
–No es tu culpa. Más bien me salvaste la vida, Nico. Habría muerto en ese acantilado sino fuera por ti. ¿Qué son un par de raspones comparados con una caída de un acantilado? –acarició la cabeza del jaquin –. Hiciste bien. Yo estaba cabalgando como una desquiciada, es mi culpa.
¿Cómo es posible que se le haya ocurrido salir así sin escolta, sin conocer el lugar? Y pensar que le presumió a su tío que ya no era la misma Alyssa impulsiva presa de sus emociones, ¡que mentira tan grande! Si la viese ahora la estaría regañando como antaño, solo debe convencer a Adelaida a no contarle de su desventura. Cuando vuelva al palacio se armara un revuelo, si es que no han notado ya su ausencia.
Gruñó.
"Solo falta que Esteban me riña con su voz presuntuosa", se dijo para sus adentros. El hombre es condenadamente atractivo pero ese atractivo se iba al caño cuando usaba ese tono presuntuoso, aun no se lo hace saber, no porque no se divertiría con su expresión ofuscada, la cual es graciosísima si le preguntan; sino porque Doria junto a su prima la vigilaban constantemente para que no haga de las suyas con él.
Algo verdaderamente molesto. Prefería pasar el tiempo a solas con su prometido sin nadie más de por medio, sentía que así él se mostraría más cómodo con ella. Apretó la venda improvisada con furia, se estaba desviando del tema. Ahora, lo que tenía que hacer es pensar con cabeza fría, pensar cómo explicar este arrebato sin levantar preocupaciones a los miembros de la familia real; ante todo debe preservar la alianza.
Unas sombras en el cielo llamaron su atención. Entrecerró los ojos, intrigada.
–Nico, ¿qué está pasando?
El joven voltea a ver en la misma dirección que Alyssa.
–No sé, iré a ver. Tu espera aquí, ya vuelvo –el joven Jaquin creyó escuchar un resoplido seguido de un comentario sarcástico antes de tomar vuelo hasta acercarse a su prima, Luna –. ¡Luna! ¿Qué está pasando? ¿Por qué todos están tan agitados?
–La prometida de Esteban ha desaparecido, Nico –explicó rápidamente –, no la habrás visto, ¿o sí? Su nombre es Lady Alyssa.
Nico abrió los ojos desmesuradamente debido a la sorpresa. Entonces la mujer que ayudo es la prometida del primo de Elena, la mujer que se lastimo la pierna, la que casi cae en un acantilado; la que ahora mismo se encuentra herida esperándolo.
–Se dónde está…
Alyssa limpiaba la sangre seca lo mejor que podía (ya había dejado de sangrar escandalosamente) una tarea que le servía para distraerse un poco, ya estaba algo vieja para estos arranques.
"Genial, lo que me faltaba, ahora me estoy llamando vieja", suelta un bufido al tiempo que vuelve su inesperado compañero. Se enderezo, sus facciones se suavizaron un poco pero aún estaba molesta por lo del atentado y consigo misma.
–Ya viene la ayuda, Lady Alyssa –dice él, aliviado.
Alyssa suspira, el palacio debe de ser un caos justo ahora, buscándola.
Nico había empezado a hablar con ella para intentar saber el motivo de su cabalgata apresurada, también, que si estaba bien, que si no le dolía; le respondió que todo estaba bien pero el joven no parecía nada convencido.
–Entonces, ¿y esa cara?
–Nada, nada. Solo faltaría que… –Esteban aparece de pronto con un bastón de metal parecido a un rayo –. Olvídalo, ya está aquí –El rostro del ex canciller se tiñe en preocupación al ver su estado, seguramente está hecha un asco. Hace una mueca –. Hola, Esteban.
–Hola, Esteban. ¡Hola, Esteban! ¿¡Es todo lo que dirás ahora!? –Repitió incrédulo, al cabo que se arrodillaba para revisar su pierna ignorando olímpicamente a Nico, sus dedos apenas si rozaron su piel cuando siseo; frunció el ceño –. ¿Cómo paso esto? Nico, ¿viste lo que paso?
Nico profirió una mueca, incómodo. Sabía que el reproche se lo estaba llevando ella pero el ex canciller tiene un aura protector muy latente, además, el tono que estaba empleando haría que cualquiera se encogiera en su lugar.
–No te desquites con el pobre. Me salvo la vida, casi caigo en el acantilado… ¡Cuidado, me duele mucho! –intento apartar la pierna pero eso empeoro el dolor.
–Apenas si te estoy tocando, Alyssa. Debo llevarte con el medico real –tomo su bastón, suspiro –. Pero no sé si deba tele transportarnos. Nico, ¿crees poder llevarnos al palacio rápido, por favor?
–Cuenta con ello –afirma.
–Espera, ¿qué? –Alyssa abrió los ojos, asustada, aprieta su agarre sobre el brazo de Esteban clavando sus uñas a través de la manga de su chaqueta color vino. Odiaba volar, nunca lo ha hecho, y no pensaba hacerlo ahora –. ¿No sería mejor esperar a los guardias? ¿No sería eso más… seguro?
Nico hace un gesto ofendido. En silencio, Esteban posa su brazo cuidadosamente debajo de sus piernas, mientras que con el otro brazo la incita a que se agarre de su cuello, la acomoda sobre Nico antes de subir él y sostenerla de la cintura. Alyssa se aferra a su pecho, con los ojos cerrados con fuerza, asustada. Esteban siente el temblor de su cuerpo.
–No te preocupes. Nico ha madurado mucho y es más seguro así –susurró por lo bajo. Ella se apretujo más hacia él con los ojos aún cerrados con fuerza –. ¿Por qué no abres los ojos y miras Avalor desde otra perspectiva? No tienes que temer, yo no voy a soltarte.
Tentada al calor de su aliento y el agarre firme sobre ella, poco a poco abrió los ojos quedando deleitada y asombrada con la vista ante ella; es simplemente hermoso. Esto no se comparaba con verlo desde los barcos o sobre las montañas mismas, el reino se ve precioso; sentía que, si estiraba la mano tocaría las nubes rosáceas del cielo para comprobar de una vez por todas si son tan suaves como se ven. Y sonrió, sonrió ampliamente encantada con lo que veía. Una experiencia única.
–Es hermoso.
