.


CAPÍTULO 44:

"Más que amigos"


.

Kurt exhaló por la boca muy lentamente ante la inesperada respuesta.

—Yo… yo también te extraño cuando no estás.

Blaine sonrió sin dejar de mirarlo.

—¿De verdad? —Hummel asintió— ¿Entonces me extrañaste cuando fui a comprar los algodones?

—Claro que lo hice, y mucho.

El menor sintió una corriente atravesarlo de pies a cabeza y desvió la mirada al no saber cómo manejarla.

A Kurt le pareció tan adorable esa repentina timidez y sintió aquella cálida sensación en su pecho que empezaba a volverse familiar.

—¿Te has subido a la noria?

—¿A qué?

—A la noria. Te vi observarla varias veces desde que llegamos.

—¿Qué es una noria?

—Eso —señaló.

Anderson siguió la dirección de la mano hacia donde apuntaba su amigo, y frunció al no notar nada desconocido.

—Lo único que veo ahí es la rueda de la fortuna.

—Sí, sí. Exacto. Así también la llaman.

—¿Y por qué le dices noria?

—Porque ese es el nombre. Bueno, se la conoce de diferentes formas dependiendo del lugar, pero para mí siempre ha sido noria. En todo caso, ¿te gusta?

—¡Sí! Me subí con mi mamá en esa feria a la que fuimos, y fue increíble. Al comienzo sentí miedo porque no sabía cómo iba a ser, pero luego me encantó.

—Qué bueno porque compré boletos.

—¿Por eso te demoraste?

—Así es. Te vi observarla tanto que supuse que querrías subirte.

Blaine sonrió por… ya había perdido la cuenta de cuantas veces había sonreído ese día.

—Gracias por estar pendiente de cada detalle, hasta del más pequeño.

—Sería imposible no hacerlo.

El menor sintió el impulso de besarlo, pero no podía cruzar esa línea. No todavía, así que abrió su botella y le dio un sorbo para distraerse.

—¿Podemos ir ahora?

—Sí, seguro.

Sin pensarlo, Blaine lo tomó de la mano y corrió en dirección de la atracción.

Kurt sonrió y se dejó llevar, teniendo cuidado de no tropezar con nadie.

»¿Qué pasa? —cuestionó cuando el de cabellera oscura se detuvo frente a la noria, mirándola con asombro.

—Esta es mucho más grande —titubeó ligeramente.

—Descuida —le apretó la mano—, estaré a tu lado.

Los chicos se formaron y permanecieron en silencio durante un lapso.

Anderson giró hacia un lado y sintió su rostro arder.

—¿Por qué me miras tanto?

—Porque hay mucho que admirar en ti.

Blaine sólo respondió con una risita nerviosa. La interacción que estaban teniendo era cada vez más atrevida, y eso jamás había sucedido.

¿Acaso Kurt estaba coqueteando con él? No era posible, ¿o sí?

"Siguientes", anunció la persona a cargo de la atracción.

Kurt entregó los boletos y se subieron a su asiento.

Cuando empezó a girar, Blaine sacó con cuidado el celular y tomó varias fotos.

—Me trae tantos recuerdos —suspiró.

—¿De tus padres?

—Sí. Mi papá no nos acompañó porque le dan vértigo las alturas, así que me subí con mi mamá. Era temprano y eso nos permitió ver todo el panorama. Fue hermoso. Pero subirse en la noche es distinto, con las luces iluminando el lugar esto se siente mágico.

—Me alegra que puedas tener esta experiencia.

—Gracias por hacerlo posible —sonrió e inclinó la cabeza, acomodándola sobre el hombro del decorador.

Kurt suspiró y cerró los ojos dejándose embriagar por las sensaciones y por el olor de Blaine. Su cabello y su esencia eran perfectos para él. Siempre le había parecido que este olía muy bien, pero lo que el aroma le estaba provocando era nuevo, y le gustaba.

Inclinó la cabeza sobre los oscuros rizos que danzaban con el viento y sonrió.

De pronto un suave sonido de placer brotó de sus labios mientras un torrente corría a través de su cuerpo. Abrió los ojos a toda prisa y se dio cuenta que aquello había sido la respuesta a la mano de Blaine sobre su pecho.

—¿Por qué tu corazón late tan rápido? —preguntó el menor acariciando con un dedo la zona.

—Porque te quiero y me gusta tenerte a mi lado —dijo con voz temblorosa debido a la honestidad de su respuesta.

Anderson levantó la cabeza y lo observó detenidamente.

—¿Me quieres mucho?

—Sabes que sí —lo miró a los ojos.

—¿De qué forma me quieres? Cuando te pregunté ayer que si como a un amigo, me dijiste que más que eso, pero ¿qué significa?

La respiración de Kurt se aceleró notoriamente y su pecho subía y bajaba agitado.

—Amm… —tal vez sus sentimientos habían quedado al descubierto, pero todavía no podía expresarlos como deseaba— Que eres más que un amigo. Lo que siento por ti es más grande.

—¿Como a un novio?

—Blaine… —gimió.

El mencionado se arrepintió de haber hecho esa pregunta al ver el miedo reflejado en el rostro de Kurt.

—Lo siento. No…

El castaño tomó la mano que reposaba sobre su pecho y la llevó hacia sus labios, presionando pequeños besos sobre ella.

—No lo hagas. Soy yo quien lamenta no poder responderte como esperas. Te quiero más de lo que me había dado cuenta, y tal vez no sea suficiente para ti, pero…

Blaine presionó un dedo sobre los rosados labios.

—No tienes que explicarme nada. Entiendo. Y sí me disculpo porque te dije que sería a tu ritmo, sin embargo, te estoy presionando —exhaló—. Esto que siento por ti es tan fuerte que a veces no sé cómo controlarlo, pero no ha sido mi intención sobrepasar tus límites.

Kurt cerró los ojos y besó delicadamente el dedo por toda su extensión, arrancándole un par de suspiros al chico a su lado.

—Lo sé. Créeme que lo sé. Yo también siento por ti algo muy fuerte, y no quiero que te contengas, sólo te pido que me des un poco de tiempo porque aún estoy resolviendo varios asuntos en mi interior.

Blaine dejó escapar un cálido suspiro. Una mezcla entre satisfacción y sorpresa.

—¿Puedo hacer esto? —preguntó acercándose lentamente y le besó el pómulo.

—S-sí.

El chico empezó a repartir besos por toda la mejilla de su más que amigo, sonriendo ante la forma en la que este se retorcía.

Se apartó un poco y lo que vio aceleró su corazón. Tomó velozmente el celular y capturó el momento. El miedo se había disipado y ahora el níveo rostro lucía feliz y satisfecho.

Se aproximó nuevamente y le dio un beso, tomando una foto. Quería tener un recuerdo de esa noche, de ese instante, y continuó repartiendo besos mientras presionaba la pantalla a ciegas con la esperanza de lograr más capturas.

—¿Qué haces? —preguntó al notar el teléfono apuntando hacia ellos.

—Este día ha sido más que perfecto y quiero recordarlo por siempre.

Kurt asintió en aprobación, no sólo por todo lo vivido sino también por todo lo descubierto.

—Más que perfecto —sonrió—. Quiero copias de esas fotos.

—Ujum… —tarareó mientras seguía repartiendo besos a lo largo de la mandíbula.

Hummel gimió en respuesta, y tras unos segundos giró de manera súbita porque necesitaba mirarlo, haciendo que accidentalmente sus labios rozaran.

ღ кℓαΐиε ღ

—¿Qué te parece este? —preguntó Kurt acercándose a un stand.

—Mmm… tal vez el siguiente.

El decorador lo tomó suavemente por el brazo para detenerlo.

—¿Qué ocurre? ¿Acaso estás aburrido?

—No. ¿Por qué?

—Porque cada vez que te pregunto si probamos un juego o atracción, me respondes con una excusa. Si ya te quieres ir o si te sientes incómodo de alguna forma, dímelo.

—En lo absoluto. ¿Y por qué habría de estar incómodo?

—Por lo que sucedió en la noria.

—¡No! ¡Jamás! ¿Cómo se te ocurre?

—Bueno, ya estabas actuando raro, pero después de que nos bajamos se volvió peor. Te siento esquivo y no dejo de preguntarme si fue por lo que dije o por lo que ocurrió. Francamente no lo entiendo porque pensé que estábamos bien.

—Te juro que no. ¿Cómo podría algo de eso ponerme mal? Al contrario, me siento tan feliz que no sé si estoy soñando o qué.

—¿Entonces?

Blaine desvió la mirada luchando contra sus pensamientos.

Hummel le soltó el brazo y lo tomó suavemente de la barbilla.

»Mírame, por favor. ¿Qué está ocurriendo?

—Umm… Es… —negó con la cabeza.

El de ojos claros extendió algunos dedos, sin soltarle la barbilla, y empezó a acariciarlo.

—Dime, por favor.

—Me da pena contigo.

—¿Pena de qué?

—Has sido tan bueno y generoso durante este tiempo, y no quiero que pienses que yo… —se mordió el labio.

—¿Que piense qué? —elevó las manos en señal de confusión— Hay tantas cosas dando vueltas en mi mente en este momento.

La preocupación en el rostro y voz de Kurt lo hicieron sentir mal, y pasó saliva con dificultad. No podía permitir que este siguiera teniendo ideas equivocadas.

—Aún faltan unos días para irnos y me estoy quedando sin dinero.

—¿Por qué no lo mencionaste antes?

—Porque te conozco y sé que insistirías en que me invitaste a este viaje y que vas a pagar todo.

—¿Y qué hay de malo en eso?

—Que yo trabajo, y no está bien.

—¿Quién dice?

—Emm… Bueno… —exhaló por la nariz.

—Yo también trabajo, y tú has pagado la mayoría de cosas aquí en la feria para los dos, y no me has escuchado quejarme.

—Es diferente.

—¿Por qué?

—Quiero retribuirte de algún modo todo lo que has hecho por mí.

—¿Me estás diciendo que lo haces por obligación?

—¡No! Cuando digo en retribución me refiero a que quiero demostrarte lo agradecido que me siento. Todo lo he hecho con cariño.

El diseñador volvió a tomarlo de la barbilla.

—Te lo dije hace unos días y fui totalmente honesto, ver tu sonrisa es el mejor pago.

—Kurt…

—Permíteme hacerme cargo. Nada me hace más feliz que verte feliz.

El chico suspiró y sus ojos se tornaron en un tono verde profundo y cristalino.

Kurt sonrió. Amaba los ojos de Blaine y como estos eran capaces de cambiar de color de un momento a otro. Incluso había descubierto cuándo ocurría, y sabía que ese tono verde lo adquiría cuando estaba muy emocionado o feliz.

»Di que sí, precioso. Permíteme hacerme cargo.

—Emm… —se perdió por un instante en ese cielo azul que lo contemplaba con expectación— Te ayudo con la gasolina o alguna otra cosa que se presente.

—No es necesario.

—Pero quiero. Siempre me he hecho cargo de mí como he podido, y ahora que tengo un trabajo… Es que… ¿cómo te explico?

—No tienes que hacerlo. Sé que para ti es importante esto.

—Así es, y… —pestañeó un par de veces al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Kurt había aceptado que pagara por los juegos y los refrigerios— Tú… —sonrió— Gracias por entenderme.

—Siempre.

—Significa mucho para mí.

Hummel le devolvió la sonrisa y lo tomó de la mano.

—¿Vas a permitirme…?

—Sí, está bien, pero recuerda que te debo como mínimo una comida.

—Puedes estar seguro de que no lo he olvidado.

—Gracias.

—Gracias a ti también.

Blaine suspiró y acortó la distancia para abrazarlo. Kurt no tardó en envolverlo con sus brazos, pero el momento fue interrumpido por un par de empujones y palabras soeces.

—No hagas caso —susurró el mayor apretando los puños, y le besó el costado de la cabeza.

—No lo haré. Nada ni nadie va a arruinar este día.

ღ кℓαΐиε ღ

—¿Te has subido al carrusel? —preguntó Blaine después de que salieron de un juego.

—Sí. En algunas ocasiones.

—Supongo que nunca te mareaste.

—No, pero conozco personas que sí a pesar de que gira despacio.

—Mmm…

—¿Tú te has subido?

—Nunca.

—Entonces vamos de inmediato.

—Me gustaría, pero me da recelo. ¿Qué pasa si me mareo? No voy a poder bajarme hasta que se detenga.

—No te mareaste en esa cosa a la que te subiste, así que dudo mucho que te ocurra. El movimiento es suave.

—Pero mientras gira, los caballos suben y bajan, y es esa combinación lo que me preocupa —exhaló.

—Hay diferentes tipos de carruseles, no sabemos de cuál tienen aquí. Deberíamos al menos ir a verlo.

—¡Oh! No sabía eso.

Una vez frente al carrusel, ambos lo observaron mientras giraba.

—Mira —señaló Kurt—. Tiene varios caballos estáticos. Puedes subirte en uno de esos, y sí te gusta, en una segunda ronda podrías probar con los otros.

—Sí, suena bien.

—Voy a comprarte los boletos.

—Espera —lo sujetó del brazo—. ¿Cómo que comprarme? ¿Tú no te vas a subir?

—Yo ya no estoy en edad para eso.

—¿Y yo soy un niño?

—Claro que no, pero eres más joven.

—Mira a ese grupo de chicas subidas ahí.

—Son como de tu edad, Blaine.

—Ahora soy yo quien te pregunta qué sucede, porque te has divertido desde que llegamos y en ningún momento has mencionado nada de la edad. ¿Cuál es la diferencia entre el carrusel y lo demás que hemos hecho?

—Ninguna. Son cosas mías.

Anderson se acercó y le besó el borde de la oreja.

Kurt se estremeció por completo y luego de exhalar con fuerza lo miró sorprendido.

—¿Qué fue eso?

—Me dijiste que, si en algún momento te dejabas llevar por tus viejos patrones, te diera un fuerte tirón de orejas. Pero como no quiero hacer eso porque te lastimaría, decidí cambiar un poco el método.

—Tu versión me gusta más —le dio una sonrisa traviesa.

—¿Entonces, vas a comprar boletos para los dos o necesitas un poco más de reprimenda?

—Creo que me voy a resistir durante un rato.

El rostro de Blaine se puso de todos los colores.

—Kurt… —susurró con una risita.

—Tú preguntaste.

—¿Y si te subes conmigo y después te agradezco? Una recompensa es mejor que un llamado de atención.

—Me gusta como piensas.

Ambos se miraron de forma intensa antes de que Kurt se formara para comprar los boletos.

Ya en el carrusel, Blaine empezó a buscar lo que tenía en mente. En realidad, siempre había tenido el sueño de hacer eso con la persona a la que amaba. Lo había visto en varias películas y le parecía romántico, pero un sueño al final porque nunca estuvo seguro de que encontraría a alguien con quien cumplirlo. Era increíble lo fuerte que su corazón latía ante la sola idea de que estaba a punto de suceder.

Mientras tanto, en una esquina se encontraba el castaño completamente inmóvil con su mente en otro lado.

—¡Mira ese carrusel! ¡Es hermoso! —dijo Kurt emocionado.

—Sí, está bonito —respondió Dante.

—¿Nos subimos?

El magnate le soltó la mano y lo miró con seriedad.

—Espero que sea una broma.

—No. Quiero subirme.

—¿Es que acaso has perdido la razón o qué te pasa? —inquirió molesto.

—¿A ti qué te pasa? ¿Qué tiene de malo?

—Te traje al parque de diversiones porque has estado insistiendo desde hace un mes, pero bajo ningún motivo voy a permitir que te subas en esa cosa, y mucho menos lo voy a hacer yo.

—No entiendo qué te ocurrió para que cambiaras de esa forma.

—Todos maduramos, y ya es tiempo de que tú también lo hagas.

—No tiene nada que ver con la madurez. Que me guste hacer algo no significa que…

—¡Por todos los cielos, Kurt! —gruñó en tono severo— ¡Tienes veintiún años! ¡Compórtate como un hombre!

—¿Kurt? ¿Kurt? —Anderson lo sacudió del hombro.

—¿Ah? —volteó aturdido.

—¿Qué tienes?

—¿Blaine? —sacudió la cabeza para despejarse de aquel recuerdo.

—¿Quieres bajarte? Estamos a tiempo.

—No, descuida. Estoy bien.

—No parece. Estás pálido.

—Todo está bien, sólo me acordé de algo —intentó sonreír—. ¿Elegiste un caballo?

—Sí, pero…

—Quiero que disfrutes este momento al máximo.

—No puedo sabiendo que te pasa algo.

—No me pasa nada —lo tomó de la mano—. Vamos, esto está a punto de empezar.

—Kurt…

—Dame el celular, quiero filmarte.

—No bromees.

—No lo hago. Siempre te digo que me encanta tu frescura y que seas tú siempre. Es una de las cosas más hermosas que hay en ti, y ruego porque jamás permitas que nadie te lo arrebate.

кℓαΐиε

—¡Qué divertido estuvo! —dijo Blaine con una gran sonrisa cuando se bajaron de la atracción— De hecho, fue todo lo que había soñado.

—¿Soñabas con subirte a un carrusel?

—Más que eso —lo tomó de la mano—. Me dio tanto gusto verte sonreír. Al comienzo estabas tenso, pero luego fue como si te hubieras liberado y de verdad empezaste a disfrutarlo.

—Lo hice —le sonrió mirándolo con ternura—. Gracias.

—No entiendo.

—No es necesario que lo hagas. Simplemente, desde el fondo de mi corazón, gracias —se acercó y le besó la comisura de los labios.

Blaine se quedó en shock. No esperaba algo así, y esta vez no había sido un accidente.

»¿Vamos a comer? Tengo hambre… Blaine… —tiró de él ligeramente.

—¿Qué?

—Que vayamos a comer algo.

—Sí, sí, claro —suspiró—. A donde tú quieras.

кℓαΐиε

—¡Eso estuvo delicioso! —dijo Kurt frotando su estómago con satisfacción cuando se retiraron del local de comida— Uff… —resopló— A penas si puedo caminar. Nunca había probado ninguna de esas cosas, y francamente, espero volver a hacerlo porque me gustaron mucho.

—Me alegra saberlo. Me preocupaba un poco porque es muy distinto a lo que estás acostumbrado a comer.

—Ha sido sin duda una de las mejores cenas que he tenido.

—¿Tanto así?

—Te lo aseguro —sonrió—. Gracias por la invitación.

—Fue un placer —sonrió también—. ¿Y ahora qué sigue?

—La feria va a cerrar dentro de una hora, pero creo que ya la recorrimos toda, a menos que quieras volver a algún juego o atracción.

—No, ya lo hicimos todo aquí.

—Le pregunté a mi hermana por algún lugar para divertirse en el pueblo, y me recomendó un par, sin embargo, me advirtió que a menos que pensemos quedarnos a dormir, deberíamos irnos porque el camino de regreso es largo y la carretera es muy oscura.

—Y si nos quedamos, ¿dónde lo haríamos?

—Hay un hostal cerca.

—¿Qué es un hostal?

—Es como un hotel, pero más económico, y tiene varias diferencias en cuanto a los servicios que ofrece. Es como si fuera una pequeña casa compartida por todos sus inquilinos.

—¡Oh! ¿Y alguna vez te has quedado en uno?

—Jamás. No pretendo sonar burgués, pero no es la clase de cosas que me gustan.

—Entiendo. Entonces deberíamos irnos. Me preocupa que la carretera esté a oscuras.

—Descuida, soy un excelente conductor, y muy prudente además.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

El camino de regreso fue tranquilo y transcurrió entre diversas pláticas, silencios agradables y algo de música.

—Gracias por este día —dijo Blaine después de abrir la puerta de su habitación—. No tienes idea de todo el significado que tiene para mí. Cada momento compartido y cada conversación se quedarán por siempre guardados en un lugar especial en mi alma.

—Gracias a ti también —lo tomó de la mano y la elevó hasta la altura del pecho, acariciando lentamente cada dedo sin dejar de contemplarla—. Ha sido una de las mejores experiencias de toda mi vida —dirigió la mirada hacia el chico y su corazón se detuvo por un instante para latir con fuerza al segundo siguiente.

La forma en la que aquellos ojos lo miraban con tal amor y adoración, lo dejó sin aliento. Aquella sonrisa dulce que sabía que era por él y para él, le provocó una corriente placentera por todo su cuerpo. Siguió acariciando la mano y luego entrelazó sus dedos. Definitivamente no tenía mariposas en su interior sino toda una jauría persiguiendo a un gato astuto, porque podía sentir como corrían a toda velocidad en el fondo de su estómago.

»Me debes algo —susurró sin dejar de mirarlo a los ojos.

Blaine hizo un gesto tratando de entender a qué se refería.

—¿Qué te debo?

—Cuando estábamos en la feria me dijiste que era mejor una recompensa que un llamado de atención. Bueno, estoy esperando.

—Te divertiste, esa es una gran recompensa —dijo en tono juguetón.

—Fue un beneficio obtenido, pero lo que me ofreciste es personal.

—Ooh… —asintió varias veces de forma suave mientras su sonrisa se ampliaba— Tienes razón —guardó silencio durante unos segundos porque todo lo que estaba sintiendo era muy fuerte—. Mereces algo especial y personal, y debido a la situación, esto es lo mejor que puedo ofrecer.

Elevó su mano libre y la colocó entre el cuello y el rostro de Kurt, se acercó y le dio un beso en la mejilla, luego otro cerca de la oreja seguido de un tercero en otro lugar, un cuarto y continuó hasta haber cubierto cada centímetro, a excepción de los labios.

El castaño emitió pequeños sonidos de todo tipo con cada ósculo, sujetando con más fuerza la mano ajena. Cuando Blaine se apartó, abrió los ojos y lo contempló durante varios segundos.

Todo lo que estuvo sucediendo en su interior había formado una gran nube oscura que cubrió una verdad que estuvo frente a él todo el tiempo. Hubo señales que lograron hacer pequeños agujeros en esa nube, señales que le resultaron confusas durante un tiempo, pero que finalmente habían logrado abrirse paso hasta despejar toda la oscuridad, reemplazándola con la más impresionante y brillante luz.

Una luz que a pesar de su fuerza y resplandor no era cegadora, no lastimaba, por el contrario, calentaba su alma, iluminaba su camino y se asentaba en su interior permitiéndole ver cosas que hacía mucho había dejado de creer que serían posibles, y esa luz provenía de la persona frente a él.

—¿Te gustó tu recompensa? —preguntó el de rizos irrumpiendo en sus pensamientos.

—Fue perfecta, aunque muy corta. Creo que podrías extenderla un poco más.

Blaine suspiró y pasó con dificultad el nudo en su garganta. Al parecer él también tenía una jauría en su interior.

—Fue un día inolvidable —sonrió—. Claro que puedo extenderla —llevó su mano hacia el rostro de Kurt y empezó a repartir tibios besos.

Hummel suspiró complacido y le susurró al oído.

—Me haces sentir vivo cuando estás a mi lado —deslizó un poco la cabeza y capturó los labios ajenos en un suave movimiento.

Anderson abrió los ojos por el impacto. No sabía si había sido accidental o si estaba alucinando. Cuando sintió una mano sosteniéndolo por la cintura y atrayéndolo con firmeza, comprendió que era real y cerró los ojos dejándose llevar.

El beso era delicado, cauteloso, pero al mismo tiempo pintado de dulces matices sensuales que los tenía volando alto.

Al separarse, ambos estaban sin aliento y no podían dejar de mirarse mientras suspiraban con satisfacción y sus corazones latían al mismo ritmo.

Blaine exhaló y se lamió los labios, pero antes de que pudiera decir algo, Kurt lo atrajo nuevamente hacia él para besarlo con la misma dulzura, aunque esta vez con un poco más de fervor.

Cuando se separaron por segunda ocasión, Blaine estaba temblando. Nada de lo que había imaginado o soñado podía compararse con lo que sentía en ese instante. No podía terminar ahí, no después de haber descubierto todas las emociones que un beso era capaz de producir, y en un acto de valentía acarició con el pulgar los labios que anheló durante mucho tiempo.

—¿Te quedarías conmigo esta noche? —preguntó en un susurro y la respiración acelerada.

Kurt no pronunció palabra alguna, su única respuesta fue un cálido suspiro mientras ingresaba a la habitación, cerrando la puerta con llave.