.


CAPÍTULO 24

"Lecciones y elecciones"


.

Blaine lo miró preocupado al darse cuenta de que se había perdido en sus pensamientos mientras lloraba, y respiró profundamente sin estar seguro de cómo actuar porque sabía que desde hacía un tiempo Kurt no lo quería cerca cuando se ponía mal, pero no podía quedarse de brazos cruzados mientras lo único que deseaba era ayudarlo a sentirse mejor.

Con una segunda respiración lenta y profunda, se aproximó despacio y abrió los brazos esperando que su esposo diera el siguiente paso.

Kurt reaccionó al movimiento y terminó de eliminar la distancia, tomándolo con brío de la camisa a pesar de que sus manos temblaban. Entonces Blaine lo abrazó lo mejor que pudo porque su cuerpo se sentía frágil y agotado entre sus brazos.

No quería decir ninguna cosa incorrecta que pudiera afectarlo más o desencadenar una situación parecida a la de la noche anterior, pero quería reconfortarlo de algún modo.

De todo lo que le había escuchado decir, dos palabras taladraron de pronto su interior "tengo miedo". Y como si se tratara de una película, su cerebro rebobinó a una velocidad impresionante lo ocurrido minutos atrás.

"A veces siento miedo, un miedo tan irracional que me paraliza, y no dejo de imaginar situaciones terribles en las que todo va a terminar mal. Trato de controlar esos pensamientos, pero no lo consigo y eso me llena de más estrés, de más aprensión y… es horrible".

—Estás a salvo, amor —susurró arrastrando los dedos suavemente a lo largo de su espalda—. Sé que no es fácil por lo que estás pasando ni lo que estás sintiendo, pero te aseguro que estás a salvo y que todo va a estar bien.

Al escuchar esas palabras, Kurt se tensó y no tardó en intentar apartarlo empujándolo ligeramente, pero luego sus brazos cedieron y se dejó caer como si confiara en que no lo soltaría, y fue en ese momento en el que se dio cuenta de que estaba llorando a todo pulmón por lo abrumado y triste que se sentía debido a la situación que enfrentaba.

—No te quiero perder —gimoteó contra el pecho de su esposo, sin estar seguro de si este lo había escuchado—, pero no soy bueno para ti.

Su llanto se tornó aún más fuerte, al punto de que le costaba respirar, sin embargo, no podía detenerse. Sabía que hacía lo correcto, Blaine merecía ser feliz, tener una vida tranquila llena del amor y la atención que él no le podía dar en esos momentos.

Tal vez si se esforzara mucho para estar bien entonces… No, no, debía de dejar de buscar excusas. Tenía que romper esa cadena y liberarlo.

—A-así co-como c-cuando… te… f-fuis-te pa-para pro-tejer-nos —tartamudeó con la respiración acelerada— yo… yo…

—Kurt, por favor, cálmate. Inhala despacio.

—No p-pue…do… no…

—Sí puedes, amor. Respira conmigo. Ven, vamos a sentarnos.

—Tú… tú…

—Ahora no. Sólo concéntrate en respirar y calmar tu mente —lo ayudó a acomodarse en el mueble.

—No… no…

—Enseguida regreso.

—¿Q-q-qué?

—Te prometo que no me tardo —se levantó y se fue corriendo.

El pecho de Kurt subía y bajaba con fuerza, su corazón latía demasiado rápido provocando que se asustara más con cada segundo que transcurría, lo cual sólo volvía más errática su respiración.

»Abre tus manos —dijo Blaine al regresar presuroso y le colocó un cubo de hielo en cada palma—. Ahora ciérralas y sostenlos hasta que se derritan.

En la nuca le acomodó una bolsa hermética con varios hielos, y tomó un par más de la bandeja que había llevado, friccionándoselos lentamente sobre las muñecas y antebrazos.

—¿Q-qué… qué ha-haces?

—Respira, por favor, y concéntrate en la sensación. Confía en mí.

Kurt lo miró desconcertado, pero hizo lo que le pidió.

—Está muy frío —dijo al poco tiempo.

—Lo sé, sólo manten tu atención en eso.

—Blaine… —su voz tembló ligeramente tras otro par de minutos y abrió las manos mojadas— Muy frío.

—¿Cómo te sientes?

—¿Ah?

—¿Cómo te sientes de lo que te estaba ocurriendo? —no le gustaba la palabra "ataque" por todo lo que simbolizaba.

La expresión del menor cambió a una de asombro al darse cuenta de que se había apaciguado.

—¿Cómo? ¿Qué pasó?

Blaine dejó a un costado las cosas y le entregó a su esposo una toalla, secándose las manos con una esquina.

—He estado investigando acerca de diversas técnicas para ayudar a controlar esos episodios que te dan.

La ansiedad o el pánico se presentan porque empiezas a pensar en muchas cosas que hacen que te angusties y en consecuencia se presentan varias situaciones a nivel físico. Eso a su vez te asusta porque sientes que no puedes controlarlo, por lo tanto, la ansiedad aumenta y se vuelve un ciclo, ¿cierto?

Kurt asintió.

»Provocar un estímulo inesperado como el frío en varias partes de tu cuerpo hace que tu cerebro active una alerta inmediata y vuelque su atención a ello, de esta forma los pensamientos que estabas teniendo se detienen automáticamente, en consecuencia la ansiedad también lo hace junto con todos sus síntomas.

—¡Oh! Vaya… No tenía idea.

—Como dije, he estado investigando formas de ayudarte. Obviamente cada persona es diferente y no todas las técnicas van a funcionar igual para todos, pero dicen que esta es prácticamente infalible, y sí te sirvió.

—Sí… No sé en qué momento pasó, pero sí… Gracias por actuar tan rápido. Estaba muy asustado.

Blaine esbozó una minúscula sonrisa y se movió para quedar un poco más cerca.

—Hay muchas opciones que te pueden ayudar a estar mejor además de la terapia.

Kurt suspiró y cerró los ojos durante varios segundos.

—Tal vez debí decirle a la doctora que me recetara una dosis más fuerte en esa inyección.

—Esa no es la solución. Es como tomar las pastillas que no quieres.

—Pero esto es momentáneo, es… —negó con la cabeza— La doctora me explicó la diferencia y… Bueno, ya no importa. Lo que me gustaría es continuar con la conversación.

—No creo que deberías.

—Necesito que me escuches, por favor.

—Kurt…

—Por favor. Es muy importante para mí resolver todo esto hoy.

—¿Por qué hoy? ¿Tanta prisa tienes por irte?

El castaño lo observó por unos segundos y luego desvió la mirada.

—Sé que te estoy lastimando con esto, pero te hago más daño al quedarme. No es que tenga prisa por irme sino por liberarte para que puedas tener una vida tranquila.

—¿De verdad crees que me voy a sentir tranquilo sin saber dónde o cómo estás? ¿Qué pasaría si tienes uno de esos episodios y estás solo? ¿O qué tal si estás con Steph en ese momento? ¿Has pensado en ello?

Kurt exhaló con fuerza y llevó una mano hacia su boca al darse cuenta de que no había tomado en cuenta esas posibilidades.

—Blaine… yo… —cerró los ojos con fuerza— No, no… No sé lo que estoy haciendo. Sólo estaba buscando lo mejor para ti —sollozó.

Creí que… Es que cuando te alejaste durante ese tiempo lo hiciste para…

—No hacerles daño. Eso es correcto, y sé que deseas hacer lo mismo para protegerme, y te amo más por eso. Sin embargo, quiero recordarte que estar alejado de todos no fue nada agradable. Lo elegí por todo el dolor que estaba sintiendo del cual no quería hacerlos partícipes, además de las cosas que me atormentaban en las que tenía que pensar y procesar, pero fue difícil pasar por toda la angustia, el sufrimiento, la culpa, las pesadillas y demás estando solo.

Fue una etapa tan oscura de la cual tenía miedo de no poder salir, pero que te presentaras y permanecieras a mi lado me dio esperanzas. A través de mi tormenta te mantuviste firme apoyándome, cuidándome y amándome profundamente. ¿Cómo puedes pensar que no haría lo mismo por ti?

—Sé que lo harías, pero no quiero porque te estoy haciendo sufrir con mi problema.

—En las buenas y en las malas, ¿recuerdas?

—Sí, pero…

—Tú no viviste en un lecho de rosas precisamente cuando estuve mal.

—Eso no significa que debas pasar por lo mismo.

—Aislarme no fue lo que me ayudó sino ir a terapia, como lo sugeriste. Haberte escuchado ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

Aquel día en el que comprendí la magnitud de mi problema te dije que te amaba y que tú y Steph eran lo más importante para mí, pero que debía convertirme en mi prioridad y trabajar en sanar para poder encontrar mi felicidad y bienestar por mí y para mí. Esa era la única forma de estar bien para ustedes.

Parte del proceso fue aceptar que no podía hacerlo todo yo solo, que tenía que dejar que me apoyaran, que me cuidaran y que estuvieran a mi lado.

Sé que lo que tienes es diferente a lo mío, no obstante, el trasfondo es igual. No puedes aislarte cuando lo que necesitas es un sistema de apoyo. ¿Y qué mejor que tu familia?

Kurt cerró los ojos e inhaló profundamente, reteniendo el aire unos segundos antes de liberarlo.

—Quiero hacer las cosas bien, quiero tomar las mejores decisiones para todos, y cuando creo haberlo hecho me doy cuenta de que no es así y eso me llena de pánico porque significa que soy un lío horrible.

—Lo primero es hablar con las personas que te aman, porque en los momentos en los que no tienes claridad, te pueden ayudar a evaluar las cosas y a encontrar una respuesta adecuada. Además, hablar de lo que nos pasa nos ayuda a darnos cuenta de la verdadera magnitud del problema.

Compartir lo que pensamos y sentimos con alguien de confianza es liberador porque al no llevar la carga solos, se quita un peso enorme de encima.

—La doctora nos explicó eso, pero lo que no dijo es que iba a sentir un dolor terrible al ver la expresión de tu rostro cuando… —se mordió el labio y negó con la cabeza con vehemencia.

—No, por favor —lo tomó de la mano—. Guardar todas esas cosas son las que te han llevado a que la ansiedad siguiera creciendo y que te sientas tan confundido.

—Soy un enorme desastre.

—Deja de decir eso porque no es verdad —lo haló suavemente para que se acostara y reposara la cabeza en sus piernas. Lentamente introdujo los dedos en la larga y descuidada cabellera realizando caricias suaves en forma aleatoria. El suspiro que escuchó fue la invitación a continuar.

Vamos a buscar toda la ayuda que necesites. Hay más cosas a parte de la terapia que pueden ser beneficiosas para ti. Y si sientes que la doctora no es la persona adecuada, entonces conseguiremos a alguien más, pero hagámoslo juntos.

Kurt cerró los ojos permitiendo que las lágrimas rodaran por su rostro y abrazó la pierna de su esposo.

—Te amo, Blaine, pero tengo mucho miedo porque sé que no estoy bien y que de una u otra manera termino afectándote, y no debería ser así.

¿Recuerdas cuando la doctora nos dijo que amar a alguien es protegerlo de nuestra capacidad para hacerle daño? —exhaló conteniendo el nudo que se formó en su garganta— Yo… yo hago lo contrario… no intencionalmente, pero lo hago, y tú sufres y vas a seguir haciéndolo cada día mientras yo siga aquí.

—Esa idea de que todo lo que viene va a ser cada vez más difícil, más duro, más complicado, no tiene por qué volverse realidad. Si trabajamos en ello adecuadamente no será así. Las cosas pueden mejorar.

—Eres tan dulce al pensar eso, pero yo no puedo. Por más que lo intento, estoy aterrado.

El empresario notó que a su pareja le temblaban las manos y su respiración se estaba volviendo errática nuevamente.

—Kurt, cariño…

—Déjame seguir, por favor —sollozó—. Sé que eres bueno, que me amas, que intentas comprenderme y apoyarme, pero tampoco puedo escudarme en mi problema.

No quiero irme, porque te amo, pero también porque te amo siento que no debería quedarme.

—Sé que podemos salir adelante, lo estábamos haciendo bien.

—Antes de que abandonara la terapia.

—Exacto, y puedes retomarla.

—Quiero hacerlo, pero…

—Lo que sea que esté ocurriendo, vamos a resolverlo.

—Tengo tanto miedo de que todo salga mal. De que nos esforcemos y lo intentemos, pero que al final no funcione y termines enfermo y odiándome.

—Nunca podría odiarte.

—Eso no lo sabes. Si continúo comportándome como lo hago…

—Si buscamos la ayuda que necesitas, vas a estar bien.

—Puede tomar mucho tiempo.

—Lo más importante es que lo hagas, no lo que tarde.

—Blaine…

—Respira, amor. Despacio, con calma —empezó a acariciarle la espalda—. Intenta relajarte.

—Esto que me pasa… no me gusta. Mis ideas van a gran velocidad y siento que cosas malas van a suceder y… y… No siempre es así, pero no lo puedo evitar ni el miedo que siento, aunque no tenga sentido y… Quiero sanar, quiero estar bien.

—Así va a ser.

—¿Puedes abrazarme?

—Claro que sí —se inclinó y lo envolvió en sus brazos—. Voy a estar a tu lado a lo largo del camino, y no te voy a soltar. Sólo dime lo que necesitas de mí, y te lo daré con todo mi amor.

—Si me quedo, necesito que me digas si estoy cruzando los límites, que me lances un zapato cuando la esté jodiendo. No literalmente, me refiero a un llamado de atención fuerte o algo así que me haga reaccionar.

—Sí, entiendo, y no creo que sea la forma porque no depende de ti, pero vamos a encontrar lo que funcione.

—¿Y si nunca logro estar bien?

—Kurt…

—Lo siento, lo siento. Esto es más fuerte que yo.

—No, cariño. Tú eres más fuerte, es sólo que en este momento no te das cuenta —un sollozo se le escapó, pero rápidamente se recompuso.

—¿Te das cuenta que estás sufriendo? No importa cuánto trates de negármelo, te hago daño, y el amor no debe ser así. El amor no te lastima, no te hiere, no te rompe, no te causa conflictos.

—Me duele verte así, que es diferente.

Kurt cerró los ojos y acarició la pierna de su esposo intentando una vez más ordenar sus ideas.

Antes de que todo se pusiera tan mal, Blaine siempre fue su lugar seguro en el cual encontró amor, conexión, comprensión, apoyo y confianza. Fue su hogar, su fortaleza, su paz y su alegría. Todo eso sigue ahí esperando por él, y suena muy tentador, pero no significa que sea correcto quedarse cuando él no puede ofrecer lo mismo.

Y si no lo ha hecho no es porque no lo ame. Lo hace, lo ama más que nunca probablemente, y por eso quiere irse.

Lo que lo hace actuar de forma errónea es su problema. Pero si lograra estar bien podría darle todo lo bueno que se merece. Aunque también está la posibilidad de que nunca logre estar bien, entonces…

¡No, no! ¡Basta! —su respiración se agitó— Todos esos pensamientos habían estado dando vueltas en su mente por mucho tiempo agobiándolo y haciéndolo sentir demasiado confundido.

—Tal vez debería ir a una de esas clínicas a internarme —dijo repentinamente—. No un hospital psiquiátrico sino uno de esos lugares que son para relajarse y donde hay especialistas que te ayudan.

—¿Una clínica de reposo?

—Sí, eso mismo. Quizá ahí puedan ayudarme.

—Pienso que lo primero es hablar con la doctora o algún otro especialista para que te evalúe, y si cree que esa es una buena opción, y tú realmente quieres ir, entonces lo hacemos. No hay que tomar decisiones al azar.

—Gracias por apoyarme —gimoteó y continuó rastrillando los dedos a lo largo de la pierna donde estaba recostado.

Debía hacer algo para eliminar su ansiedad, o por lo menos tenerla bajo control para que dejara de interferir en su vida y en su matrimonio. Por otro lado, estaba ese sentimiento que aún guardaba por la ausencia de Blaine. Por más ridículo que fuera, era un dedo en la herida que no había podido quitar, y tenía que encontrar una forma de remediarlo.

—Lo siento tanto. Lamento haberte dejado solo. Lamento que lo ocurrido durante mi ausencia desencadenara todo esto.

Kurt abrió los ojos asustado. ¿Por qué le estaba diciendo eso? ¿Acaso había expresado en voz alta sus pensamientos? Se sentó tan rápido como pudo y volteó para verlo.

—Blaine…

—Perdón —se frotó el rostro furiosamente y luego cerró las manos con fuerza, intentando controlar su respiración.

—¡No hagas eso! —dijo alarmado— ¿Por qué te contienes de esa forma? ¿Qué hay con lo que me estabas diciendo sobre hablar acerca de lo que uno siente y el daño que hace reprimirse? ¿Eran palabras vacías o es que sólo crees que funcionan si se trata de mí?

Blaine sintió que su garganta se cerraba e intentó varias respiraciones cortas por la nariz. Algunas lágrimas rodaron por sus mejillas a pesar de estar luchando con todas sus fuerzas para evitarlas, sin embargo, bastaron unos segundos para que lograra calmarse y mostrarse sereno, como si nada hubiese ocurrido.

Kurt lo miró horrorizado y un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza preguntándose cuántas veces este habría hecho lo mismo. Ahora comprendía que había mucho dolor que su esposo todavía guardaba pero que había aprendido a disimular.

Se levantó del sofá y se agachó frente a él, tomándolo de las manos.

»Tu dolor es tan válido como el mío, y no quiero que creas ni por un instante que debes hacer esto para ayudarme a estar bien. Necesito que me digas lo que piensas, como te sientes, que no te calles nada, y más aún si estoy haciendo algo que te lastima.

Eres un hombre maravilloso, extremadamente bueno y te estás sacrificando por mí, y eso no es justo.

—No me estoy sacrificando.

—Lo haces al reprimirte de esa forma… —negó con la cabeza sintiendo rabia contra sí mismo— Nunca ha sido mi intención que creas que debes ser fuerte todo el tiempo. No sé en qué momento llegaste a pensar que era lo correcto, pero te aseguro que no lo es. Quiero que estés bien, no que finjas estarlo.

—Tengo tantos remordimientos por lo que hice ya que eso contribuyó a que estés así, y no sé si algún día podrás perdonarme de verdad —su voz se apagó y bajó la cabeza.

—Blaine…

—Me confesaste que no lo has superado del todo.

—Es verdad, pero también te dije que no es tu culpa, que tiene que ver con mis heridas del pasado.

—Sin embargo, me guardas rencor.

—No es rencor, es sólo algo que aún no supero, pero, aunque cuestiono muchas cosas, en mi corazón no hay la menor duda del amor que sientes por mí ni de cuanto te amo.

Se levantó y con cuidado se fue acomodando sobre el regazo de su pareja, mirándolo a los ojos mientras terminaba de sentarse y enganchó las piernas alrededor de sus caderas, agradeciendo que el sofá fuera lo suficientemente grande para permitirle hacerlo.

Blaine lo observó confundido, pues no tenía idea de lo que este estaba haciendo ni hacia dónde se dirigía.

Kurt fue deslizando sus brazos, uno alrededor de la ancha espalda y otro alrededor de los hombros, moviendo su mano suavemente hasta llegar a los oscuros rizos, enterrándola en ellos para acariciarlos.

Esa posición era una de sus favoritas por la cercanía y la intimidad que ofrecía, haciéndolo sentir siempre amado, seguro y que estaba en su hogar, y esperaba poder transmitirle algo de eso al empresario.

Lentamente inclinó la cabeza para besarle la frente y susurrarle que todo estaría bien, que ambos lo estarían. Por un instante la realización de que su ansiedad había desaparecido lo impactó, pero al parecer Blaine tenía razón cuando le explicó que al centrar su atención abruptamente en otra cosa, sus pensamientos fatalistas se disipaban.

Al comprender lo que su esposo estaba haciendo, Anderson cerró los ojos y varias lágrimas comenzaron a brotar, las cuales intentó limpiar, mas Kurt le sujetó la mano al notarlo, impidiendo que lo hiciera.

—Déjalo salir todo. No lo sigas conteniendo.

—No puedo —hipó con voz temblorosa—. Es como un piloto automático, simplemente se enciende y no puedo apagarlo.

Kurt le besó la mejilla antes de atraerlo hacia él hasta que sus pechos quedaron presionados.

—Te amo, te amo, te amo, te amo, y siento mucho haberte llevado a esto. Te libero de cualquier atadura a la que te hayas amarrado, te libero de toda culpa que puedas sentir, te libero del peso que te has autoimpuesto. Eres libre, Blaine, libre de ser quien eres, libre de actuar como deseas, libre de explorar tus sentimientos, libre de expresar tus emociones —sollozó—. Si me vas a amar, hazlo desde la libertad.

Blaine cerró los ojos con fuerza sintiendo como si algo estuviera a punto de explotar en su interior, y por más que lo intentó, esta vez no pudo evitar llorar, y algo le decía que ahora que había empezado, no podría detenerse.

»Aquí estoy para ti —susurró Kurt acariciándole la espalda—. Déjalo salir, mi amor —La forma en la que su esposo comenzó a temblar lo hizo exhalar de manera áspera con una gran preocupación creciente, así que lo sostuvo con más ímpetu esperando que eso ayudara de algún modo—. Tienes derecho a sentirte de esta manera, está bien, eres libre de sacarlo de tu interior.

Esto provocó que Blaine llorara más fuerte, y conforme el llanto se volvía más intenso, los sonidos empezaron a brotar incontenibles. Lloró y lloró desde lo más profundo de su ser por todas las cosas que había guardado, por todas las preocupaciones que lo aquejaban, por todas las culpas que le pesaban, por todas las pérdidas que lo lastimaban y por todos los miedos que lo sobrepasaban.

Exhaló con dificultad en busca de aire, y sus manos, que hasta ese momento se habían mantenido levemente apoyadas en los costados de las caderas de Kurt, fueron ascendiendo hasta llegar a la espalda y lo abrazó con fuerza. Entonces lloró como un niño perdido y asustado porque era así como se sentía.

Quiso detenerse, porque se suponía que era un adulto responsable que tenía una familia por la cual velar, pero ese pensamiento lo hizo llorar más porque quería un breve descanso, sólo una pequeña pausa en donde pudiera ser amado y cuidado sin tener nada por lo cual preocuparse, pero no se le permitía… o al menos él no se lo había permitido.

Esa era una de las cosas en las que había trabajado mucho durante sus terapias en el pasado porque todo lo que había vivido lo había llevado a tener la idea de que siempre debía ser fuerte y estar listo para afrontar todo con valentía. Sabía que eso no estaba bien, él mismo se lo había dicho a Kurt minutos atrás, sin embargo, no podía aplicarlo dadas las circunstancias que estaban atravesando. Era el mayor de los dos en la relación y su pareja lo necesitaba. Ni siquiera debería haberse roto de esa forma frente a él.

De inmediato la voz de la doctora retumbó en su cabeza con todo lo que le había dicho respecto a esa idea, y tal vez tenía razón. Él había aprendido a confiar y dejarse apoyar, de hecho, lo hizo durante un tiempo, pero esa vieja conducta se había vuelto a presentar.

Sus lamentos se volvieron más y más fuertes hasta que un grito desgarrador brotó desde lo más profundo de su ser, y se sintió tan bien que su cuerpo finalmente logró relajarse.

»Sí, mi amor, así. Deja que todo salga —susurró Kurt mientras continuaba frotándole la espalda.

Paulatinamente el llanto fue disminuyendo hasta convertirse en pequeños sollozos y gimoteos.

Kurt giró la cabeza y se apartó un poco para poder mirarlo. Blaine lucía tan triste y agotado, y lo que más deseaba era poder aliviarlo de todo ese dolor, pero no sabía cómo, así que sólo siguió sosteniéndolo de forma firme y amorosa, luego le besó la frente y rogó por ayuda.

Los ojos como la miel se encontraron con los de su pareja y ambos dijeron tanto sin necesidad de usar las palabras.

Para los dos resultaba difícil ver al otro abrumado, triste y en un estado tan emocional. No les gustaba en lo absoluto, y por un momento sus respectivas preocupaciones los invadieron.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Kurt hipando.

—Buscar ayuda.

—Ya lo hicimos.

—Hay más formas. No podemos rendirnos. No voy a permitir que lo hagas —le acarició el rostro y enjugó sus lágrimas.

No fue hasta ese instante en el que Kurt se dio cuenta de que estaba llorando, y lo había hecho con fuerza por lo ahogado que se sentía… O quizá era su ansiedad que había escogido el peor momento para regresar.

—No voy a permitir que te hundas y tomes más responsabilidades de las que debes —sus manos temblaban y cerró los ojos pensando "no por favor, no ahora".

Blaine continuó acariciándole el rostro y le pidió en voz suave que respiraran juntos.

Ambos empezaron con inhalaciones y exhalaciones erráticas hasta que fueron descendiendo de esa cima abrumadora y les resultó más fácil encontrar un ritmo adecuado.

»No entiendo cómo terminamos así —dijo Kurt—. Como cualquier pareja, teníamos tropiezos, desacuerdos y pasamos por momentos difíciles, ¿pero llegar a este punto? —resopló por la nariz—. Sé que no es falta de amor o que nuestra relación no funcione porque teníamos un matrimonio feliz.

—Los dos hemos cargado con muchas cosas.

—Pero estábamos bien.

—No es así. Lo intentábamos, lo ignorábamos para seguir con nuestras vidas, pero todo siguió creciendo y a la larga nos terminó cobrando factura.

La salud mental es algo a lo que la mayoría de las personas no le presta atención por creer que no es importante, por miedo, por vergüenza, y por tantas otras razones, sin darse cuenta de lo fundamental que es para poder tener una vida en equilibrio.

—Dices tantas cosas que son ciertas, pero… —se mordió el labio— no las pones en práctica en su totalidad. ¿Por qué? La depresión es algo muy serio que no puedes ignorar, y lo que haces te está afectando. Me aconsejas y tratas de ayudarme para que esté bien, pero ¿qué hay de ti?

El mayor lo miró perplejo y se hizo la misma pregunta. Con los ojos llenos de lágrimas se sinceró y empezó a explicarle sus razones.

Kurt escuchó con atención, dándose cuenta de que muchas de ellas, sino es que la mayoría, este las había expuesto durante sus terapias en pareja, y se suponía que con el tiempo había aprendido a gestionar sus miedos y emociones, entonces ¿en qué momento retrocedió?

Varias lágrimas rodaron por sus mejillas y hundió el rostro en el hombro de Blaine.

—Perdón por no notarlo. Estaba sumido en mis cosas y… —negó con la cabeza— Perdóname por no ser lo que mereces. Te amo tanto y no te quiero perder, sin embargo, lo único que hago es arruinar todo.

—Shh… —le frotó la espalda— No hagas eso. Sabes que es producto de lo que te ocurre. Tu problema también es serio, no son sólo cosas. No lo minimices, por favor.

—Ni tú tampoco. Prométemelo.

—Te lo prometo. Pero tú también prométeme que vas a buscar ayuda.

—Sí, sí… —exhaló— Tengo tanto miedo.

—Vamos a estar bien.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Porque como dijiste, no es falta de amor ni que nuestra relación no funcione, y por esto tan grande que tenemos, sé que lo vamos a hacer mejor a partir de ahora y que vamos a trabajar muy duro para estar bien. Confío en nosotros, confío en el amor que sentimos, en la familia que hemos formado, y de verdad creo que podremos superarlo.

Kurt se estremeció ante la convicción con la que Blaine lo dijo, y fue tan fuerte que él también lo creyó.

—¿Alguna vez te has preguntado por qué la vida nos juntó si tenemos tanto que resolver y tanto que sanar? No me refiero a que no debió suceder sino a cuál fue el propósito —enterró el rostro en el hombro del empresario.

—Tengo mil respuestas para eso —suspiró y lo sujetó con más fuerza.

—Dime una.

Blaine le susurró al oído por varios minutos durante los cuales Kurt asintió enredando entre sus dedos los oscuros rizos.

—Y esas son sólo unas cuantas.

El de ojos claros levantó la cabeza para mirar a su esposo y trazó los contornos de su rostro.

—Te amo.

—También te amo.

—Creo en nosotros Blaine Anderson.

—También creo en nosotros Kurt Anderson.

—Kurt Anderson… —susurró y sonrió. Fue una sonrisa pequeña, pero genuina— Amo como suena.

—Y yo amo que seas mi esposo. Sin importar qué, no hay un solo día en el que me arrepienta de haberte conocido —le besó la mejilla—. Tú y Steph son lo mejor de mi vida.

Durante los siguientes minutos hablaron acerca de las diferentes posibilidades de lo que deberían hacer, sacando varias conclusiones.

—Hoy voy a llamar a mis tíos —dijo Blaine.

—No tengo duda de que ellos vayan a aceptar. Aun así, necesitamos que alguien más esté aquí porque Ezequiel pasa todo el día en el trabajo y Michelle también tiene sus ocupaciones.

—¿A quién más podemos contar como sistema de apoyo?

El celular retumbando en la mesa los interrumpió.

—¿No vas a contestar?

—Nada es más importante que esta conversación.

—Pueden ser tus tíos —se inclinó hacia la mesa y vio el nombre de Pam en la pantalla del dispositivo.