ԐMar y arenaЗ
Esta vez no vamos en camioneta todo el camino, no me avisan así que me toma por sorpresa cuando llegamos al aeropuerto, supongo que debería de haberlo adivinado cuando Eren empezó a ponerse los auriculares aislantes, unos anticuados guantes de motociclista y unos lentes de sol. (En aspectos de moda definitivamente se lleva premio a la mejor idea, su forma de vestir es por demás decir que es ridícula, pero intento no pensar en ello)
Es la primera vez que viajo en avión, no se los digo, admito que me da algo de vergüenza, pero supongo que igual será algo interesante de experimentar. Eren me toma de la mano mientras su mamá hace todos los trámites pertinentes, manda nuestro equipaje a las áreas necesarias y después nos dice si queremos algo para comer antes de subir al avión. Debemos esperar a que nos llamen.
Hablamos un poco, al parecer la mamá de Eren ha rentado una cabaña en una playa un poco alejada de la zona turística. Privilegios de gente con dinero, supongo. No me quejo, me alegra disfrutar de ellos.
—Solo son unos cuarenta minutos de viaje. —explica ella. —Aunque a Eren le da algo de miedo volar aún, así que usualmente uso algún tipo de somnífero para que no sufra mucho.
—Hay turbulencias. —explica el chico. —Además, no me dejan ver qué el avión este completo. ¿Cómo voy a saberlo entonces?
—Cariño, hemos hablado de ello. —la señora Carla le pone una mano en su rodilla menuda.
No esperamos mucho, nos llaman para tomar el vuelo, nos formamos, dejamos que nos revisen y todo el chequeo normativo, buscamos nuestros lugares en el avión, Eren se lanza a su sitio y palmea el que está a lado suyo, indicando que es el lugar que me corresponde. Su mamá se sienta delante, habla con una aeromoza y le explica la situación de su hijo, la chica amablemente le dice que estará atenta a cualquier cosa que se necesite.
—Cielo, no olvides ponerte el gafete.
El chico saca de su bolsillo un colgante azul del que hay una credencial que lo cataloga como una persona autista que requiere de ciertos cuidados a la hora de volar a otro lado. ¿Cómo le hacen cuando tienen que salir del país? Ha dicho que le da somníferos, pero ¿Es suficiente?
Antes de empezar a volar, Eren se aferra a mi brazo, aprieta los ojos, en algún momento antes de que el trasto se eleve, oculta su rostro en mi pecho, se empeña en regular su respiración, murmura potencias de números. Una vez estabilizados, acaricio su espalda para decirle que todo va bien. Se queda un rato más pegado a mi antes de decidir que todo está bajo control.
—Horripilante. —se queja.
Como el viaje es corto, no hay películas, pero nos ofrecen botanas y algunos dulces, yo tomo unas barritas de chocolates, una bolsa de gomitas y una lata de refresco.
—¿Esto lo cobran aparte? —pregunto un poco tarde.
—No, esto no, viene incluido. —Eren mira su gafete y luego a mí.
Sorprendentemente, el tiempo pasa rápido, la experiencia es corta y al final, viajar en avión es simplemente una forma más de transportarse. Creo que puedo sobrevivir a ello, ha habido cosas peores a las que enfrentarse.
Hacemos un chequeo para salir, recogemos nuestras cosas y después la mujer hace una llamada, ha rentado una camioneta para poder movernos por el lugar. No es diferente a la que usa usualmente en casa, supongo que tiene que ver con su hijo. Conduce por otros veinte minutos hasta que nos desviamos de la zona turística, salimos por la carretera, hasta llegar a la casa de renta, es grande, bonita, veraniega, bastante acogedora. Nos recibe una mujer mayor, nos da la bienvenida, habla un momento con la señora Jaeger antes de dejarnos solos.
Eren corre escaleras arriba, familiarizado con el lugar, seguro no es la primera vez que vienen.
—Cariño. —grita desde el piso de arriba. —Esta es nuestra habitación.
—Es una habitación de cama doble. —explica la mujer a mi lado, como leyendo mis pensamientos.
Cómo serán pocos días los que nos quedaremos, Eren se cambia de ropa y pregunta a qué hora iremos a la playa.
La casita está a unos cinco minutos de la playa, como ya son más de las siete, la noche empieza a caer, así que el lugar está vacío, hace calor, pero se compensa con el viento fresco. Mi compañero corre por la arena, le gusta sentirla en sus pies descalzos, me llama varias veces, pero en realidad preferiría solo verlo, no me gusta este lugar, aunque se vea bonito, me es algo desagradable, lo único que puedo admirar es tenerlo a él como parte del paisaje, verlo dar saltos con emoción, no tiene expresión en el rostro, pero el brillo de sus ojos es más que suficiente para hacerme sentir feliz.
—Lamento tener que arrastrarte con nosotros a todos lados. —murmura su madre a mi lado.
—Está bien. No me siento comprometido en realidad.
—Jamás lo había visto así antes. —al girarme a verla, ella mantiene su vista fija en su hijo, noto la tranquilidad y aceptación por ello. Como si por ahora todas sus preocupaciones se hicieran a un lado. —Gracias, creo que no te lo digo mucho, pero de verdad estoy agradecida contigo.
Tiene el mismo rostro de Eren, el mismo tono de piel dorado, los mismos ojos, aunque los de ella sean castaños, el mismo tono chocolate de cabello, incluso las mismas largas pestañas curvas.
—Lo quiero, por eso lo hago. —vuelvo a fijar mi vista al frente, quizás un poco avergonzado por decir eso.
—Él a ti también te quiere mucho. Aunque supongo que te lo dice constantemente.
—Mamá. —Eren vuelve dando trompicones, tiene la cara llena de granitos blancos de la arena. —¿Puedo meterme al agua?
—Mañana, cielo, ahorita es muy tarde.
—Mamá. —se queja él. —Solo los pies, por favor.
El color azulado del agua y el cielo pasando del lila al cobalto, le dan un aspecto de piedra preciosa, de criatura del mar, un pez hermoso que ha salido de las profundidades del océano a visitarnos.
—Yo iré con él. —me ofrezco.
—Solo los pies, Eren, luego debes volver para que te bañes y vayamos a comer algo.
—Está bien, lo prometo. —no está convencido, pero es más de lo que uno podría obtener.
Me toma de la mano, guiándome hasta la orilla del agua, las olas son suaves, llevan espuma blanca al chocar contra nosotros. Siento como presiona más mi mano cuando la frialdad llega a sus pies, tiembla emocionado, mueve los dedos dejando que el agua salada entre por entre cada dedo. Para mí no es más que agua, no resulta muy espectacular, pero para él es diferente. Ambos somos distintos, es como si viniéramos de mundos completamente distantes y diferentes.
No sé si es la playa como tal, pero me hace sentir tranquilo y un poco fuera de mi mismo, me giro para tomar su rostro y besarlo, sus labios saben a sal y arena, me pregunto si así podría catalogar el sabor a mar. Se deja hacer, toma mis manos en su rostro, me sigue el ritmo. Podría besarlo siempre.
—Otra vez. —murmura cuando me separo.
—Me gustas. —digo antes de volver a besarlo.
—A mí también me gustas y también me gusta el mar. —replica.
Sus ojos brillan, como si estuvieran hechos de agua cristalina.
Gracias por leer.
Parlev.
