ԐTraslucidoЗ
Aunque cuando llegamos el clima era pasable, durante la noche hay cambios bruscos, a eso de las dos de la mañana hace mucho frío, pero a las cuatro empieza a hacer mucho calor, el cual se regula medianamente hasta las seis, pero resulta insoportable, por lo que terminó despertándome y sintiéndome algo frustrado porque no he descansado como se debe. Digo, no es que este demasiado cansado, pero igual es molesto.
Eren sigue profundamente dormido, respira calmadamente, lleva puesto un pijama de short-camiseta, me sigue perturbado la imagen luego de la última vez. Porque es una prenda holgada y medianamente corta que puede ir de un lado a otro por sus caderas. No sabía que uno podría tener gustos culposos con las piernas de alguien. Es que son tan...
Algo rendido me levanto a ponerle la sábana delgada encima, digo, solo porque es un poco hipnotizante.
Por otro lado, está su cara, aún tiene facciones infantiles cuando duerme, las mejillas abultadas y rosas, los labios hinchados llenos de baba, sus pestañas inusualmente largas y curvas, su nariz es forma de botón, tiene un hilillo de saliva corriéndole por la comisura derecha de la boca, además de que ronca ligeramente, como exhalaciones suaves.
Es tan lindo.
Cómo ya no voy a poder volver a dormirme, decido salir al balcón que da directamente a la playa, el aire es refrescante pero cálido, como si alguien soplará directamente en mi rostro. El cielo es de un azul opaco y poco obscuro, libre de nubes, apenas está saliendo el sol por una esquina del cielo, se notan las motas rosas por unas partes y otras blancas. Cómo rayones. Es un paisaje relajante de una u otra forma, como si formara parte de un vídeo musical, no podría acostumbrarme a este sitio, pero tampoco está del todo mal.
No fue una mala decisión después de todo.
Cuando el sol está iluminando todo dando inicio a la mañana, escucho el movimiento de Eren despertándose.
—Buenos días. —digo volviendo a la habitación.
—Buenos días. —responde en un bostezo.
Tiene el cabello hecho un desastre, mechones castaños disparados en todas direcciones, los párpados pesados a medio abrir, la piel colorida y sus labios llenos de baba. Es un caos completo.
—¿Dormiste bien?
—Si ¿Y tú? —salta de la cama, mueve sus dedos sobre el piso.
—Bien también.
Tomamos un baño rápido para quitarnos el sudor de la mañana, la señora Jaeger nos prepara el desayuno, así que cuando bajamos, toda la planta baja está llena de olor a mantequilla y mariscos. Debo decir que eso no es parte de mi comida favorita, pero no digo nada, después de todo, venir al mar tiene como contexto comer seres que vienen de allí.
—¿Durmieron bien, chicos? —dice ella.
Diferente a como luce en el día a día en la ciudad, ahora viste un vestido delgado que deja ver si traje de baño completo debajo, imagino que después de aquí iremos a dar un paseo a la playa para que Eren pueda nadar lo que no hizo anoche. Él también lo nota porque de inmediato comenta que lleva su traje de baño debajo de la ropa. Mientras come no deja de removerse en su asiento, decir lo mucho que le emociona estar aquí y como es que ama las olas que van y vienen sobre la arena.
Me ofrezco a lavar los platos, debemos hacer algunas visitas antes de ir a nadar, porque uno no puede meterse al agua después de comer. A Eren no le parece la idea, pero se contiene porque sabe que su madre tiene razón.
Damos una vuelta a los alrededores, la mujer compra algunos recuerdos para regalar a sus conocidos, también algunos dulces típicos del lugar.
Aun cuando hace calor, no es tan insoportable como creía. Puedo tolerarlo, así que la estancia y el paseo no es realmente una molestia como tal, aunque el aire acondicionado de las tiendas a las que vamos hace también un excelente trabajo quitando el bochorno que hay fuera.
Antes del mediodía, la señora Jaeger baña en bloqueador solar a su hijo por segunda ocasión, pero está vez es literalmente un baño porque el tono dorado de su piel de repente se vuelve a un blanco perturbador. Tengo que aguantarme la risa, es algo que no creería hasta no haberlo visto, como otras tantas cosas que usualmente Eren también hace. Él no se queja, en lo absoluto, se deja embadurnar, mientras da saltitos sobre sus puntas mirando ansiosamente el mar. Se quita la camiseta hawaiana, dejando su pecho al desnudo, ni siquiera puedo pensar mucho sobre eso cuando le ponen la plasta blanca de la crema protectora.
—Las horas correctas de visitar la playa son muy temprano o muy tarde para evitar el punto máximo del sol, pero no creo que pueda perdonármelo mucho si sigo tardándome. —me explica la mujer, aun cuando no he dicho nada. —¿No nadaras?
Al ver que no traigo el bañador debajo de la ropa, pregunta.
—No me gusta, ni sé nadar. —explico.
—Lo siento.
Por su parte, Eren sale disparado hacía el agua cuando el tiempo de espera para que el bloqueador haga su trabajo termina. Se lanza a las olas como si fuera un pez.
Su madre suspira mientras se pone bloqueador a sí misma, un poco menos que a su hijo, luego se sienta en una de las sillas reclinables debajo de la sombrilla.
—Si llega a quemarse la piel, tendré un mes seguro de visitas diarias al dermatólogo.
—¿Demasiado delicado? —tanteo.
—Hipersensibilidad. Eso incluye una larga exposición bajo el sol. Usualmente viste siempre manga larga pero aquí, difícilmente puede.
Eren salta entre las olas bajas, se zambulle y sale de golpe, parece saber lo que hace, porque su madre no está sobre él de ningún modo. Lo deja estar, pero, aun así, yo no le quitó la mirada de encima. Parece realmente disfrutarlo, me pregunto porque no tiene ya una alberca en casa si le gusta tanto el agua. Escarba en la arena, deja que las olas que vienen con más fuerza lo golpeen, flota, nada, se hunde, nada y aparece en otro sitio. Siempre sabe cómo sorprenderme con cosas nuevas. No podría imaginar que un lugar como este le gustase tanto que parece otra persona. Es decir, lo he visto feliz en muchas situaciones, decir abiertamente lo que ama, pero estar aquí, es una faceta nueva de felicidad genuina.
Después de un largo rato, se queda flotando en la orilla, con la cara directa al sol. El bloqueador que lleva debe ser de buena marca, porque sigue igual de blanco que al inicio. Como si no se le hubiera lavado en lo absoluto. Nada unos segundos más y luego sale del agua, escurriendo como un cubo, el cabello le cae pesadamente sobre la cara, tiene arena en todos lados y también sal.
—¿Has tenido suficiente? —pregunto.
—No, pero si me quedo más tiempo, mi piel se arrugará.
—Como una pasa. —completo.
—Eso es una metáfora. —señala alegre.
—¿Cómo te sientes, cielo? —dice su madre alzándose los lentes de sol a la cabeza.
—Bien. —se deja caer sobre la arena, importándole poco que se le pegue al bañador. —Cariño, ¿Hacemos castillos de arena?
—Claro, hagamos uno.
De dentro de la maleta que traía la señora Carla, busca una cubeta color rosa con materiales para hacer figuras sobre la arena. No debería sorprenderme que tenga eso con él, pero de igual manera lo hace. No lo esperaba, que estuviera preparado hasta ese punto.
—No es un viaje a la playa si no hay castillos de arena. —declara, llenando la primera cubeta de arena blanca.
Gracias por leer.
Parlev.
