ԐMalentendidoЗ

Nuestro castillo de arena termina sintiéndose como una de esas guerras de soldaditos, infantil pero muy serio, lo suficientemente serio como para poner real atención en los detalles y las formas. No pasar por alto la arquitectura y estructura, la ciencia detrás de un castillo de arena es más seria de lo que parece. Especialmente para él.

Su madre no opina al respecto, mira de vez en vez nuestro progreso, algunos niños que aparecen para eso de las tres de la tarde se quedan a admirar la obra de arte que hemos estado construyendo. Uno nunca pensaría que esto tiene lo suyo hasta hacerlo. Una cosa más a la lista de sorpresas que no creerías hasta vivirlo. Me propongo a disfrutarlo porque no creo volver a repetir algo como esto, la playa de verdad no es mi lugar favorito y preferiría mantenerme alejado de estos sitios lo más posible.

—Tengo sed. —Eren se pasa el dorso del brazo por la frente, el bloqueador se corre de manera graciosa.

De verdad debe ser una buena crema porque no parece tener ganas de irse muy pronto.

—¿Quieres ir por algo a la tienda o voy yo? —pregunta su mamá.

—Vamos. —replica él.

Se incorpora y se pone a lado de la mujer, esperando paciente a que ella lo lleve, al ver que yo no me muevo, hace una mueca, abre y cierra los puños diciendo que tome su mano.

—¿Quién va a quedarse a cuidar el castillo? —pregunto, obviando el asunto.

—Es un castillo de arena, no es de verdad. —obvia con mayor fuerza.

—Podría deshacerse. —explico.

—No importa, ya lo hice, no va a quedarse toda la vida.

Me hace sentir algo tonto.

—Le tomaré una foto en todo caso. —la mujer saca su teléfono celular.

Cómo odio las fotografías, porque nunca sé que cara poner, me hago a un lado.

—Vamos, entonces.

Hay un local playero no muy lejos de donde estamos, hay poca gente, algunas familias y parejas, hay música ambientada, meseros en ropa estilo Hawái, es bastante temático si me atrevería a decir.

Tomamos asiento en una mesa cerca de la entrada, el aire acondicionado hace que el sudor se nos pegue en la piel, pero se siente refrescante. Eren sobresale demasiado con su exceso de bloqueador, causa un par de miradas indiscretas cuando llegamos.

Una mesera se acerca a darnos la bienvenida y traernos cartas para ordenar, luego se aleja mientras de sus tobillos suena algo parecido a cascabeles, provocando que Eren se cubra los oídos. Al llegar no sonaron, pero al irse si, no sé si sea un fallo en el disfraz, que suenen o no. La señora Jaeger piensa lo mismo porque hace una mueca.

—Tranquilo, cielo, pide algo, anda. —suspira un poco apesadumbrada. —¿Quieren comer algo?

—Yo sí. —recuperado de la molestia, Eren pasa su dedo por cada renglón del menú.

Leo la carta, aunque no hay nada más allá de comida a base de mariscos, se entiende, es lo llamativo de este lugar, pero igual, me gustaría que hubiera algo para quien no gusta de eso.

—Quiero fajitas de pescado y camarones con queso. —dice Eren cuando ya ha elegido. —Y una limonada.

—Muy bien, cielo.

—¿Tú qué vas a pedir, cariño?

Ya me había acostumbrado a escuchar el mote, vaya, ya ni siquiera me hacía ruido cuando fuera que lo dijera, hasta que de repente noto ciertas miradas de otra mesa, como si les hubiesen llamado por nombre. Se siente raro, nuevamente.

—Una hamburguesa con papas. —digo.

Al final, elijo algo del menú infantil, tiene una variedad lamentable, pero al menos no es pescado, lo único salvable de ello.

—¿De beber? —pregunta la mujer.

—Un agua mineral.

Luego de algunos minutos más, la mesera vuelve, hace el pedido y dice que nos los traerá en poco tiempo, nos dejará una carta por si necesitamos o queremos algo más. En esta ocasión los cascabeles no suenan, así que supongo que debió haber sido un fallo en el disfraz. No creo que sea cómodo de todos modos ir de un lado a otro sonando como un gato.

Las bebidas son las primeras en llegar, porque técnicamente son por las que hemos venido en primer lugar, ciertamente. Nos terminamos rápidamente la primera ronda y eso nos obliga a tener que pedir una más, además de una jarra de agua fría para podernos servir más adelante.

—Mamá. —llama Eren cuando se termina su segundo vaso. —¿Por qué en la carta mencionan que la gente tiene sexo en la playa?

La reacción, tanto de nosotros como de la mesa continua es inmediata, se hace un coro de toses incómodas.

—¿A qué te refieres cielo? —pregunta la mujer alarmada.

—Si, aquí. —abre la carta, señalando en la sección de bebidas. La señora Carla suspira ligeramente aliviada.

—No, mi vida, así se llama la bebida.

—¿Por qué le pusieron de ese modo?

—No lo sé, alguien con mucha creatividad de seguro. —se burla.

Algo me dice que el tema no va a quedarse allí estático. Y por supuesto, tengo razón.

—¿La gente puede tener relaciones sexuales en la playa? ¿No es incómodo? —pregunta con curiosidad.

La incomodidad vuelve al rostro de su madre, ligeramente acostumbrada a las preguntas impertinentes de su hijo.

—No sé, cielo. Pero no hagas esas preguntas aquí. ¿Ok?

—¿Levi y yo podemos tener relaciones sexuales? —suelta de golpe.

—¡Eren! —el grito es unísono.

Con eso llamamos más la atención.

—Es una reacción corporal normal, además de una necesidad, como el hambre o el sueño, algunas especies animales lo hacen con fines reproductivos, sin embargo...

—Cielo, cielo. —interrumpe su madre rápidamente. —Ese no es un tema para hablar aquí. Por favor.

—Pero tengo dudas. —se defiende.

—Ya sé, mi vida, pero no aquí, espera a que volvamos a casa. —la cara de la mujer ya estaba roja por el calor, pero ahora parece que va a explotar por la vergüenza.

—No es un tema malo, mamá, todas las personas han tenido relaciones sexuales en su vida, de esa manera nacen las personas, sin embargo, si Levi y yo...

Sin quererlo, o queriéndolo, estampo mi mano sobre su boca para detenerlo, definitivamente no quiero escuchar lo que sea que tenga que decir después de ello.

Ahora tenemos más miradas de las deseadas sobre nosotros.

—Escucha a tu mamá. —replico, sucumbido ante la vergüenza pública. —Habla de ello cuando volvamos a casa.

Frunce el ceño con molestia, siento su lengua sobre la palma de mi mano, llenándome de baba, que asco. ¿Cuándo se volvió insolente?

Y la gente empieza a murmurar sobre lo sucedido, con eso, solo la madre de Eren y yo somos capaces de sentir la presión social de llamar la atención de manera poco aceptable. Con eso sobre ella, la señora Carla saca un billete de su bolso y lo pone sobre la mesa, toma de la mano a su hijo, con ello los tres salimos del restaurante a toda prisa, aún afuera puedo sentir la mirada de las otras personas. No eran muchos los comensales, pero parece que de repente se multiplicaron.

» Deseos de cosas imposibles«

Mañana debemos volver a casa, es una lástima que las últimas horas hayan tratado sobre cómo superar un evento vergonzoso.

Por su parte, Eren ni siquiera parece comprender por qué salimos sin comer del lugar, aunque tampoco parece afectado por ello. Solo dice que tiene hambre en todo caso.

—Ve a darte una ducha. —le indica su madre. —Preparare algo.

Eren sube al baño, bastante relajado, muy contrario a su madre, que se deja caer sobre una silla alta, totalmente abatida.

—No es que no esté acostumbrada. —explica. —No es tampoco la primera vez que me pone en una situación embarazosa, solo que... parece que nunca estoy lo suficientemente preparada.

Supongo que no soy el único tomado por sorpresa ante sus ocurrencias. No todo es fácil, nadie lo ha dicho. ¿Cierto?

No sé qué decir para consolarla. ¿Existe algo para ello?

—Lo siento mucho. —se disculpa.

—Está bien, creo que no simplemente somos diferentes y pensamos diferente. —vaya excusa.

Me sonríe apenada.

—¿Él... ha hablado de ello contigo? —inquiere.

—No para nada. —me apresuro a contestar.

—Ni han...

—No. —jamás había respondido tan rápido. —No, nosotros, eso... No...

Definitivamente no quiero hablar sobre ese tipo de temas y mucho menos con ella, ya es vergonzoso tal cual estamos justo ahora.

—Lo suponía. Ahora debo prepararme mentalmente para sus preguntas cuando volvamos a casa. —se cubre la cara. —Ya sabía que el día llegaría, claro, pero para mí sigue siendo un bebé.

Si bueno, ese bebé ha hecho más cosas de las que uno esperaría.

Recta final.
Gracias por leer.
Parlev.