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Entre más leo la carta, menos entiendo su contenido. Es decir, no es realmente difícil, mamá la lee también en voz alta, completamente emocionada, mientras Mikasa repite las palabras haciendo un ridículo baile de la victoria, diciendo cosas como mi hermano no es un completo imbécil.

Ellas están allí, en la sala, brincando, gritando, felicitándome, diciendo incoherencias al respecto de mis resultados.

Tomo la carta de nuevo y vuelvo a repasar lo que viene allí escrito. En letras mayúsculas está escrito el ACEPTADO, eso no se puede negar, me alegra, por supuesto, se siente como haber Sido liberado de una carga muy grande que no sabía que llevaba en la espalda. Pero después viene lo que no puedo comprender del todo.

Debido a la temática tratada en la tesis presentada, se ha puesto a discusión con el jurado pertinente acerca de un posible cambio de sede ya que cumple con los requisitos deseados para el proyecto a futuro que tiene la universidad en la sede ubicada en Adelaida, Australia. Con esto, la respuesta del jurado ha sido positiva, haciendo que el aspirante Ackerman Levi sea aceptado para el proyecto programado en el siguiente ciclo escolar, por lo que sus estudios iniciarían en la sede australiana.

El proyecto tiene una duración aproximada de un año, pero si tiene más éxito del esperado, se alargaría los años que sean necesarios, es decir, de uno a cinco años.

Los gastos estimados académicos correrían a cargo de la escuela...

Leo, una y otra y otra vez, tratando de comprender a qué se refiere exactamente.

—Puedes estudiar en otro país. —grita mamá no por primera vez, mientras me toma del rostro y me besa realmente emocionada. —Dios mío, ese es mi hijo.

Entiendo su emoción, pasar de ser el hijo de buenas calificaciones, pero con problemas para controlar el mal humor, problemático y buscapleitos, a un aspirante requerido para estudiar en otro lado solo por presentar una tesis de un tema en específico.

Vuelve a quitarme la carta de las manos y lee la última hoja, dónde viene detallado todo lo que necesitaré en la siguiente semana si acepto irme a Australia a iniciar mis estudios universitarios. Ellos cubrirán todo, excepto el vuelo del avión y mi pasaporte. Mamá empieza a murmurar que tiene el dinero necesario para ambas cosas, así que no debo preocuparme por nada más que por tener mis cosas preparadas.

—He sacado una cita para sacar el pasaporte mañana. —dice mi hermana con el teléfono en la mano. —Di algo, pareces...

—No sé qué decir. —exclamo.

—¿Te emociona, ¿no? —dice ella preocupada.

—Si, pero no lo creo. Debe haber un error, no puedo ser yo. No tan fácil.

—¿Fácil? Estudiaste como nunca para esos exámenes y te la pasabas metido en los centros de terapia para escribir esa tesis, fácil no fue. Definitivamente. —se queja ella.

—Pero, jamás he ganado nada por ello. Las cosas no suceden de este modo.

—Tómalo y no te quejes.

Aun con esas palabras, siento que es demasiado. Como si no fuera realmente para mí porque...

—Debe haber un error.

Mamá sonríe y me vuelve a abrazar, dice que debemos celebrar y que mañana después de sacar el pasaporte iremos a comer a algún lugar especial por ello.

»Deseos de cosas imposibles«

No es mucho dinero, pero tampoco es poco, ver las cantidades para pagar el pasaporte y más aparte lo que debemos pagar para el vuelo, más los pasajes una vez esté en Australia, las cosas se ponen algo incómodas. Si yo me voy, ellas quedarían justas de dinero, aún con los ahorros que yo tengo y lo de mi hermana, sigue siendo un gasto fuerte, intento convencerlas de que puedo quedarme y estudiar aquí, pero ellas se niegan.

—Nos recuperaremos. —dice mamá. —Pero esta oportunidad no puede simplemente desperdiciarse solo por un par de problemas.

El trámite del pasaporte no es muy laborioso, aunque si algo tardado, tomar datos, fotos, firmas, preguntas extrañas, toma bastante más de lo que creía. Aun con eso, obtengo el papel después de algún par de horas de estar sentado en la sala blanca.

Recibo una llamada de la universidad para confirmar que recibí la carta y para indicarme los siguientes pasos a realizar, entrega de documentos, establecer unas fechas, todo será rápido porque las clases inician en dos semanas, aunque debo viajar antes para realizar todos los trámites pertinentes en la sede australiana. Mañana debo presentarme a la sede de la ciudad para firmar algunas cosas y como aún no soy mayor de edad como tal, mi mamá debe firmar otras formas legales.

—Felicidades, señor Ackerman. —dicen del otro lado de la línea con voz animosa.

—Gracias. —contesto algo cohibido.

—¿Ves? Si eres tú. —dice mi hermana.

Cómo había dicho mamá, vamos a celebrar a un restaurante italiano, nos llenamos de pasta y pizza como si el mundo se fuese a acabar, reímos, conversamos y hacen comentarios de orgullo total. No puedo no sentirme feliz con eso, porque es algo para festejar después de todo.

La noticia de mi aceptación corre como pólvora y de repente tengo videollamada de Farlan, Isabel y Yura felicitándome con gritos emocionados.

—Nadie pensaría que el matón de la preparatoria va a irse a Australia a estudiar para un ambicioso proyecto médico. —dice Farlan con burla.

—Oh, debes enviarnos muchas fotos. —Isabel tiene las mejillas encendidas como si ella hubiera recibido la noticia.

—Muchas felicidades. De verdad lo mereces, hiciste mucho por ese puesto. —Yura alza su termo con soda fría al aire.

—Esto tiene que celebrarse en grande, propongo una fiesta. —como siempre, Farlan va primero a ello. —Tenemos que despedirte como se debe.

Todos se ríen y se unen de manera virtual a la celebración, es raro sentirse el centro de atención por algo así, pero no puedo no disfrutarlo.

Farlan e Isabel dicen que harán todo de manera rápida para antes de que yo me vaya, harán recuerdos para que los lleve conmigo. Yura se queda al final, me pide que cambie a llamada de voz solo necesita preguntarme algo.

—¿Eren ya lo sabe? —pregunta, hay emoción, pero también seriedad en la voz.

Oh, oh... Lo olvide por completo.

—Creo que no. —se responde ella sola. —¿Necesitaras ayuda?

Ni siquiera lo recordé, en ningún momento. Estaba bastante sumido en el caos de la emotividad que nunca pensé en ello. Tampoco pensé en Farlan, Isabel o Yura, eso fue por parte de mi hermana que no podía quedarse callada, además, mi madre y hermana saben porque recibieron la carta, si no...

—Ya pensaré en algo.

—Tienes poco tiempo.

—Las cosas fueron demasiado rápido en realidad. —me excuso.

—Así es esto después de todo. Bueno, felicidades de nuevo y suerte.

Dicho eso, corta la llamada, dejándome una duda nueva en la cabeza. Al verme, mamá pregunta con la mirada, le digo que había olvidado contárselo a Eren.

—Oh. —es su respuesta.

Mikasa mira los cubiertos con algo de tensión.

—No debes cambiar tus planes por él. —termina por decir y sé por su rostro que le costó decir eso. —Es tu futuro después de todo.

Nuestros caminos en algún momento van a separarse.

—Ya sé. —respondo al ver que toda la felicidad se les ha ido por los poros a las dos. —Pero no sé cómo va a tomarlo.

—Habla con su madre primero. —comenta mamá. —Ella se lo tratara de mejor manera antes.

Supongo que tiene razón, después de todo, ella sabe cómo tratar con este tipo de casos después de todo. ¿No?

Nota:
Cuando me dieron los resultados de la universidad, solo tuve una semana para los trámites :v por lo que aparte de conveniente para la trama, sucede en la vida real(?) Y lo del pasaporte, tampoco me costó más de un día tramitarlo y que me lo dieran el mismo día (Cómo dato curioso porque no sé cómo sea en otro país)

Recta final.
Gracias por leer.
Parlev.