ԐPalabras dulcesЗ

Tengo prácticamente la agenda llena, entre trámites, hablar con personas, entregar documentos, firmas papeles, paso muy poco tiempo pensando en cosas ajenas a la escuela.

A mitad de semana mamá tiene que firmar unos permisos, como aún soy menor de edad y ella sigue haciéndose cargo de mí, esa responsabilidad cae sobre ella aún. Los papeles dictan que permite que yo sea parte del proyecto, así como acudir a todas las actividades en un país extranjero. Ella no tiene ningún problema, pero por primera vez me pregunta a mí sí es realmente lo que quiero hacer.

—Solo firmaré un permiso de un par de meses, pero la decisión es tuya desde ahora. Ya eres un orgullo para mí. —dice con una sonrisa.

—Está bien, quiero esto. Es una oportunidad única.

Porque lo es.

Para nosotros salir de país en realidad es algo difícil, por no decir imposible, nuestro sustento económico es limitado, tenemos que trabajar los tres para mantenernos como lo hacemos hasta ahora, ni siquiera tenemos casa propia, seguimos viviendo en un departamento de quinta. Así que ir al extranjero es un lujo que aún no podemos permitirnos y si puedo hacerlo por haberlo ganado gracias a mi inteligencia, no voy a desperdiciarlo. Y ella sabe eso.

La semana se va rápido y no tengo mucho tiempo libre en realidad, el viaje será en pocos días, yo aún no he podido hablar con Eren al respecto.

Mamá habla con la señora Jaeger para preparar a Eren con respecto a la noticia de que me iré por algún tiempo. Así que solo esperan que yo haga mi parte explicándole todo a más detalle. Aunque si soy sincero no sé qué voy a decirle realmente, ¿Cómo lo va a tomar?

No es tan sencillo.

Al llegar a casa Yura está con Mika en la sala jugando algún tipo de juego de mesa extraño dónde tienen que ponerse cosas en la cabeza, ambas lucen ridículas con ello. Es extraño verlas de ese modo, conocí a Yura como una amiga, verla como pareja de mi hermana es realmente otra experiencia.

—¿Qué tal? —saluda la chica con una placa en la frente de un dibujo de un conejo con un tractor.

—Bien. ¿Y ustedes?

—Yura es malísima adivinando cosas. —mi hermana se ríe suavemente.

—En realidad Mika tú eres mala dando descripciones.

Ninguna va a decir nada más productivo al respecto ni otra cosa que pueda ser de mi interés, así que pasó directamente a la cocina a ver qué hay de cenar.

Ver la relación melosa de alguien más da algo de repelús, como si fuera ajeno a ello, me hace preguntarme si luzco de esa manera frente a los otros y si esos otros pensaran lo mismo que yo respecto a sus propias relaciones. Pensamientos que desencadenan otros y no resuelven nada, a fin de cuentas. Supongo que en lo que a mí respecta todo es por parte de Eren, es demasiado cursi para algunas cosas.

¿Qué voy a hacer con él?

No quisiera dejarlo, al menos terminar de esta manera no entraba dentro de mis planes, imaginar su expresión o lo que podría decir me parte el corazón.

Es seguro que no estaré por aquí durante al menos un año, no podré volver ni siquiera para las festividades o vacaciones, no tendré un boleto de regreso hasta el final del proyecto. Y si este se alarga más tiempo, no solo me iré un año. Pensarlo realmente me pone algo nervioso. ¿Qué va a hacer? Es egoísta pensarlo porque antes de mí, él se las arreglaba por su cuenta, su madre y él, claro, ahora hay más gente, mi madre, mi hermana, nuestros amigos en común, la escuela, sus terapeutas, quiero pensar que estará bien, ellos serán suficientes.

Pero al mismo tiempo...

Veo la agenda de eventos para el día siguiente, que es lo que tengo que hacer y hasta qué momento me desocupo. Aún tengo que hacer algunos trámites con respecto al lugar a donde voy a llegar, quién va a ser mi tuyos por este tiempo y hablar con algunas personas. Estaré libre hasta después de las siete de la tarde.

Es muy tarde, pero entre más lo deje pasar, peor será.

Tomo el teléfono y llamo a su casa, su mamá contesta al segundo timbrazo.

—Levi. —saluda, por su tono de voz sé que no esperaba que fuera yo. —Eren está por irse a dormir.

—En realidad quería ver si mañana puedo ir a verlo luego de las siete. —digo.

No contesta de inmediato, escucho su silencio a través de la línea telefónica. Como si se lo preguntara a ella misma y se respondiera del mismo modo. Supongo que ya ha hablado con él respecto a mi ida, así como también que las cosas no fueron como esperaba.

—Si, claro. —termina por decir. —Pero tendrá que ser rápido.

Una parte de mi piensa que está molesta conmigo.

—Gracias.

Después de eso, corta la llamada. Haciendo que el sentimiento crezca un poco más. Tendría sentido, Eren ha progresado muchísimo desde que nos conocemos, ha ido a la escuela, ha hecho amigos, ha participado en un concurso de excelencia académica, es más expresivo, su hijo se ha hecho mucho más funcional que antes, más sociable, más estable y ahora, las cosas pueden irse al suelo y fracturarse sin reparo.

Lo quiero, pero no puedo quedarme. Necesito salir de aquí, por mí, por mi familia y también por él. Es un futuro que no puedo simplemente desperdiciar.

Intento convencerme de ello mientras voy a dormir.

Al día siguiente hago todos mis deberes desde temprano.

Tengo la opción de vivir con una familia huésped, pero también vivir en la residencia universitaria. Pienso en que será más cómodo vivir por mi cuenta, además de que tendré más libertades, no deberle a la gente es parte de mi filosofía.

Recibo más papeles, pláticas informativas, más firma de documentos y nuevos formatos que llenar para que todo esté en orden, me piden que reserve los boletos de mi vuelo para que pueda salir el mismo día que los otros seleccionados, uno nunca sabe lo fastidioso que puede ser el papeleo hasta que se enfrenta a ello.

A las siente estoy de vuelta a casa, con un montón de cosas y pensando si aún tengo energía para visitar a Eren. Emocionalmente no estoy preparado, pero me digo que, si pasa un día más, el día en el que me tenga que ir llegará más rápido, haciendo las cosas más difíciles de lo que ya serán. Con todo y todo tomo mi humanidad y la llevo hasta su casa.

La señora Jaeger me abre la puerta, tiene ojeras obscuras bajo los ojos, además de que va muy desaliñada, supongo que tampoco la ha tenido fácil. Me sonríe cuando me ve.

—Creo que no te di mis felicitaciones antes. —dice, esta vez parece más sincera. —Felicidades por la selección.

La sonrisa en sus labios se nota cansada.

—Gracias. ¿Cómo está?

—Ha tenido problemas para dormir, no los tenía desde los diez. Sufre de insomnio y terrores nocturnos.

Pienso que es mi culpa y ella no lo niega, aunque no sepa lo que pienso.

—¿Está bien que hable con él? —me aventuró un poco tarde.

—Si no se lo dices ahora, el golpe será peor después. Al menos debe tener tiempo de procesarlo hasta que te vayas.

Eren está en la sala viendo televisión, es un programa acerca de dragones, mitos y leyendas sobre seres fantásticos. Se gira de inmediato cuando escucha que entramos.

Su sonrisa se extiende por toda su cara, es una un poco rara, pero es genuina, una de él y no una imitada de la TV.

—Cariño. —espero a qué salte hasta donde estoy, pero en su lugar se queda dónde está.

—Hola. —saludo.

—Mamá dijo que vendrías, pero no pensé que sería ahora. ¿No deberías estar en tu casa?

Ya, claro, los horarios.

—Vine porque tengo algo importante que decirte. —siento algo pesado en los hombros cuando lo digo.

—¿Vas a pedirme matrimonio? —pregunta tan seriamente que me saca de contexto.

—Eren. —llama su mamá, entre divertida como alarmada.

—¿Qué? En la novela que veías ayer así dijo uno de los personajes.

—Esto no es una novela, cielo.

Siempre puede confiarse en él para hacer el ambiente más liviano.

—No, no es eso. —aclaro.

—Ah. —¿Luce decepcionado? —Bueno, entonces no debe ser tan importante. ¿Qué es más importante que el matrimonio? Si nos casamos no podrás...

—Eren. —esta vez, la advertencia tiene otro tono viniendo de su madre.

Él se encoge de hombros, toma el control remoto y apaga la televisión.

—¿De qué vamos a hablar?

—¿Podemos salir al patio? —señalo y él asiente.

Caminamos hasta salir, la noche es fresca, perfecto para tratar la situación. Toma asiento en una de las sillas y junta sus manos sobre la mesa, preparado para escuchar todo lo que tengo que decir, mejor preparado que yo que tengo que explicar toda la situación sin perder los estribos y sin alterar todo.

Recta final.
Gracias por leer.
Parlev.